Diferencia entre revisiones de «FONTE José De.»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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==BIBLIOGRAFÍA==
 
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BRADING David, El ocaso novohispano: testimonios documentales. CONACULTA, México, 1996
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BRADING David, ''El ocaso novohispano: testimonios documentales''. CONACULTA, México, 1996
  
GARCÍA Genaro, El clero en México y la guerra de independencia. Documentos del arzobispado de México. Ed. BOURET, México, 1906
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GARCÍA Genaro, ''El clero en México y la guerra de independencia. Documentos del arzobispado de México''. Ed. BOURET, México, 1906
  
OROZCO FARÍAS Rogelio, Fuentes históricas (1821-1867) PROGRESO. México, 1965
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OROZCO FARÍAS Rogelio, ''Fuentes históricas (1821-1867)'' PROGRESO. México, 1965
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PEREZ MEMEN Fernando, ''El episcopado y la independencia en México (1810-1836''. JUS, México, 1977
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SCHLARMAN Joseph L. ''México, tierra de volcanes'', PORRÚA, México, 1987
  
PEREZ MEMEN Fernando, El episcopado y la independencia en México (1810-1836. JUS, México, 1977
 
  
SCHLARMAN Joseph L. México, tierra de volcanes, PORRÚA, México, 1987
 
  
 
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''
 
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''

Revisión del 18:53 15 abr 2024

(Linares, 1777 - Madrid, 1839) Arzobispo, Político regalista

José de Fonte y Hernández fue Arzobispo de México desde 1815 hasta 1838, aunque en realidad solo gobernó su Arquidiócesis ocho años, pues debido a su acendrado regalismo, ante el triunfo del Movimiento de Independencia encabezado por Agustín de Iturbide, el arzobispo De Fonte abandonó su Diócesis en 1823 y huyó a España, sin presentar renuncia alguna ni al Cabildo Metropolitano ni a la Santa Sede. Por tal razón en la práctica, la Arquidiócesis de México estuvo sin pastor 15 años. Fue en 1838 cuando el Papa Gregorio XVI le exigió que regresara a atener su Diócesis o que presentara su dimisión y así poder nombrar a un sucesor, lo que finalmente ocurrió en la persona de Mons. Manuel Posada y Garduño.

Breves datos biográficos

José de Fonte nació el 13 de mayo de 1777 en la Villa de Linares, Provincia de Aragón, siendo sus padres Juan Francisco Fonte y María Ramona Hernández. Realizó sus estudios en el Seminario Conciliar de Zaragoza, obteniendo después el grado de Doctor en Jurisprudencia civil y canónica en la Universidad de Zaragoza. Fue ordenado Sacerdote en febrero de 1802 y nombrado fiscal eclesiástico de la Diócesis de Teruel; poco después fue designado vicario general interino de dicha diócesis.

Se trasladó a México a finales de 1803 acompañando al entonces recién nombrado arzobispo de México Francisco Javier de Lizana quien le nombró provisor y vicario general de la Iglesia Metropolitana. Fue nombrado «Académico de Honor» de la Real Academia de San Carlos; a la muerte del Arzobispo Lizana en 1815, el rey Fernando VII, quien acababa de ser liberado de su cautiverio en Francia, lo presentó a la Santa Sede como candidato al Arzobispado de México, conforme a lo establecido en el Real Patronato.

Su labor como Arzobispo

La Santa Sede confirmó la candidatura de José de Fonte, y el 29 de junio de 1815 fue consagrado obispo en la Catedral de México por el obispo de Oaxaca Antonio Bergosa. Uno de sus primeras acciones fue redactar una «circular» en la que se declaraba «instrumento del Rey» pues éste «con benéfica y recta voluntad» trabajaba para el bien de sus vasallos.[1]

En la misma «circular» recordaba los títulos legítimos que el Real Patronato había dado a los monarcas de Castilla y Aragón desde el siglo XV, pero deformados por los regalistas a partir de la doctrina protestante del supuesto «derecho divino de los reyes».[2]Siguiendo esa misma línea política regalista, el Arzobispo Fonte ordenaba a su clero predicar esa doctrina, afirmando que según ella la religión era favorecida por la Corona.

Pero la radicalidad del regalismo que profesaba el arzobispo Fonte quedó del todo manifiesta cuando el 10 de marzo de 1820 el rey Fernando VII fue obligado a jurar la Constitución de 1812 y que él mismo derogó al regresar de su exilio en 1814. Sin señalar la menor objeción, Fonte siguió al rey en el viraje que dio para gobernar en un régimen absolutista a uno constitucional. En el caso del Monarca este viraje se explica por el alzamiento militar (verdadero «golpe de estado») realizado el 1° de enero de 1820 por el coronel Rafael Riego en el puerto sevillano de Cabezas de San Juan; pero en el caso del Arzobispo solo se explica por su regalismo desbordado.

Fonte se apresuró a justificar al Rey mediante una «Carta Pastoral»[3]en la que hacía apología de las bondades de la Constitución; al final de esa Carta ordenaba a los párrocos de su arquidiócesis que explicaran a los fieles que el régimen instaurado en Madrid por medio de las bayonetas tenía por objetivo “la felicidad de la nación y de los individuos”.

En ese contexto resulta muy importante tener presente que otros obispos novohispanos tomaron una actitud muy diferente, pues vieron que los acontecimientos en España significaban dos situaciones muy preocupantes: primero, que el rey Fernando VII estaba nuevamente prisionero –ahora no de un extranjero, sino de sus mismas tropas-, y segundo, que los principios liberales-revolucionarios sobre los que se promulgó la Constitución en 1812, volvían a ser restaurados para convertirse en los criterios de gobierno.

Por esa preocupación, en la Iglesia de La Profesa de la ciudad de México y convocados por su Capellán, el Canónigo Matías de Monteagudo, clandestinamente se reunieron varias personalidades para elaborar un «plan» para hacer frente a la situación que planteaban los acontecimientos en España. Entre los participantes en las juntas de la Profesa estuvieron el obispo de Puebla Antonio Joaquín Pérez Rodríguez, y el obispo de Guadalajara Juan Ruíz de Cabañas.

De esas reuniones surgió el «Plan de la Profesa» en base al cual Agustín de Iturbide redactó el «Plan de Iguala» que, protocolizado en los «Tratados de Córdoba», firmados por Iturbide y el último virrey Juan O´ Donojú, logró la Independencia de México. Mientras el movimiento insurgente se desarrollaba conforme al Plan de Iguala, el arzobispo Fonte seguía escribiendo castas pastorales exhortando a la obediencia a la Constitución española y al monarca.

El arzobispo Fonte ante la Independencia

El 27 de septiembre de 1821 entró a la ciudad de México el Ejército Trigarante encabezado por Agustín de Iturbide; la independencia era un hecho consumado. La columna militar se dirigió inmediatamente a la Catedral Metropolitana donde el arzobispo Fonte no tuvo más remedio que cantar el «Te Deum» en acción de gracias no solo por la independencia, sino por haberse logrado de manera casi incruenta. Igualmente, un mes después, el 28 de octubre, muy a su pesar, Fonte tuvo que celebrar la misa de acción de gracias por la independencia.

En esos días el arzobispo adoptó públicamente una actitud ambigua y tibia en relación a las nuevas autoridades, y a finales de octubre, pretextando problemas de salud se fue a vivir a la ciudad de Cuernavaca, distante 80 kilómetros de la ciudad de México.

El Pastor asalariado que abandona a sus ovejas (cf. Jn. 10,13)

Los «Tratados de Córdoba» establecieron lo siguiente: “Art.1°. Esta América se reconocerá por Nación soberana e Independiente, y se llamará en lo sucesivo «Imperio Mejicano».

2°. El gobierno del Imperio será Monárquico, Constitucional Moderado.

3°. Será llamado a reinar el Imperio (previo juramento que designa el art.4) en primer lugar el señor don Fernando VII, Rey católico de España, y por su renuncia o no admisión, el serenísimo don Francisco de Paula; por su renuncia o no admisión, el señor don Carlos Luis, infante de España, antes heredero de Etruria, hoy de Luca; y por la renuncia o no admisión de éste, el que las Cortes del Imperio designaren.”

4°. El Emperador fijará su Corte en Méjico, que será la capital del Imperio.”

Estas cláusulas explican la conducta tibia y ambigua del regalista arzobispo durante los primeros meses del México independiente. El 18 de mayo de 1822 llegó a la ciudad de México la «Gaceta de Madrid» que traía la respuesta a lo señalado en los «Tratados de Córdoba»: Fernando VII y sus parientes Francisco de Paula y Carlos Luis rechazaban la propuesta y declaraban nulos e ilegítimos lo firmado en Córdoba por el último virrey. Al conocerse la noticia, el pueblo de la capital salió a las calles gritando «¡viva Agustín de Iturbide, Emperador de México!». Al día siguiente 45 diputados encabezados por Valentín Gómez Farías proponían formalmente la designación de Iturbide como Emperador, y el 21 de mayo las Cortes, en asamblea de más de cien diputados, declararon haber “tenido a bien elegir para Emperador Constitucional del Imperio Mexicano al Sr. Don Agustín de Iturbide, primero de este nombre, bajo las bases proclamadas en el Plan de Iguala.”.

El 21 de julio de 1822 en la Catedral de México, Agustín de Iturbide fue coronado Emperador por el obispo de Guadalajara don Juan Ruiz de Cabañas, quien fue acompañado por el obispo de Puebla Antonio Joaquín Pérez. El arzobispo de México José de Fonte se excusó de asistir y empezó a preparar su huida. Fingiendo una «visita pastoral» a su diócesis, pero ya con la decisión de abandonar la grey de la que era espiritualmente responsable, en febrero de 1823 huyó hacía Tamaulipas, abordando en Tampico un barco que lo trasladó a España.

El arzobispo de México en su autoexilio

Llegado a España y debido a su fidelidad al Rey, Fonte fue nombrado «arcediano mayor» de la arquidiócesis de Valencia. Por su parte, Fernando VII, quien nunca aceptó reconocer la independencia de ningún país de Hispanoamérica, en una torcida interpretación del «Patronato Real»,[4]amenazó al Papa con un cisma de la Iglesia en España si nombraba obispos para Hispanoamérica que no fueran propuestos por él.

Dado que la Iglesia en España era también «hija» de la Iglesia, prudentemente y en espera de un cambio en las circunstancias, la Santa Sede se abstuvo de nombrar obispos para la América española. El resultado fue que poco a poco Hispanoamérica se fue quedando sin pastores.

Por lo que se refiere a México, el obispo de Guadalajara falleció en 1824; en 1825 fallecieron los de Sonora y Durango; en 1827 el de Yucatán, al mismo tiempo que el obispo de Oaxaca, también regalista, seguía el ejemplo de Fonte y abandonaba a su grey para huir a España. Quedaba ya únicamente en toda la República el obispo de Puebla Joaquín Pérez, pero este falleció el 26 de abril de 1829. México se quedó sin obispos en los momentos en que los lobos se lanzaban contra la Iglesia.

Como la situación pastoral de la Iglesia Hispanoamericana se volvía cada vez más delicada, y el nombramiento de «vicarios apostólicos»[5]demostró ser del todo insuficiente, en 1827 el Papa León XII desafió al Monarca español y nombró seis obispos titulares para otras tantas diócesis de Colombia, Venezuela y Ecuador. Fernando VII no cumplió su amenaza de cisma y se conformó con expulsar de Madrid al Nuncio apostólico.

Al fallecimiento de León XII en 1831, de inmediato su sucesor Gregorio XVI decidió en el Consistorio del 28 de febrero nombrar seis obispos titulares para México: Linares, Durango, Chiapas, Guadalajara, Michoacán y Puebla. Pero dado que Fonte seguía siendo el titular de la Arquidiócesis de México, esta siguió sin Pastor. Por la exigencia reiterada del Papa de que el arzobispo Fonte regresara a hacerse cargo de su Arquidiócesis o bien presentara su renuncia, finalmente el regalista arzobispo presentó su renuncia en 1838. Gregorio XVI designó como arzobispo titular a Mons. Manuel Posada y Garduño. El 11 de junio del año siguiente, José de Fonte falleció en Madrid.


NOTAS

  1. Circular del arzobispo Fonte a los Curas y ministros de las parroquias de su diócesis. 22 de junio de 1815. Citada en Perez Memen, El episcopado y la independencia de México, pp.112-113.
  2. La tesis del “derecho divino de los reyes” (El Rey recibe el poder directamente de Dios, por lo que toda restricción al poder del Rey es contraria a la voluntad de Dios) fue creada por el rey Jacobo I de Inglaterra (1566-1625) y desmentida en su momento por el Doctor Eximius Francisco Suárez S.J. Formalmente fue condenada por el Papa Pío IX en la Constitución Pastor Aeternus.
  3. Pastoral del 18 de julio de 1820, citado por Pérez Memen, óp. cit., pp.173-174
  4. El regalismo de los Borbones había desvirtuado el Patronato Real al considerarlo como un derecho inherente de los monarcas de España, y no como lo que era desde que se instituyó: una «concesión» de la Santa Sede a la Corona de Castilla.
  5. Para evitar darle pretextos a Fernando VII, el libertador de Chile, Bernardo O´Higgins sugirió a la Santa Sede que en lugar de obispos nombrara «vicarios apostólicos». El Papa Pío VII nombró a Mons. Giovanni Muzi como «vicario apostólico» para Chile. Muzi trajo como asistente a un joven sacerdote: Giovanni Mastai Ferreti quien años después llegaría al Trono de San Pedro con el nombre de Pío IX.


BIBLIOGRAFÍA

BRADING David, El ocaso novohispano: testimonios documentales. CONACULTA, México, 1996

GARCÍA Genaro, El clero en México y la guerra de independencia. Documentos del arzobispado de México. Ed. BOURET, México, 1906

OROZCO FARÍAS Rogelio, Fuentes históricas (1821-1867) PROGRESO. México, 1965

PEREZ MEMEN Fernando, El episcopado y la independencia en México (1810-1836. JUS, México, 1977

SCHLARMAN Joseph L. México, tierra de volcanes, PORRÚA, México, 1987


JUAN LOUVIER CALDERÓN