<?xml version="1.0"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xml:lang="es">
	<id>https://dhial.org/diccionario/api.php?action=feedcontributions&amp;feedformat=atom&amp;user=172.16.56.146</id>
	<title>Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina - Contribuciones del usuario [es]</title>
	<link rel="self" type="application/atom+xml" href="https://dhial.org/diccionario/api.php?action=feedcontributions&amp;feedformat=atom&amp;user=172.16.56.146"/>
	<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Especial:Contribuciones/172.16.56.146"/>
	<updated>2026-05-01T16:49:14Z</updated>
	<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
	<generator>MediaWiki 1.33.1</generator>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5271</id>
		<title>MOCTEZUMA XOCOYOTZIN</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5271"/>
		<updated>2014-07-07T19:03:49Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* BIBLIOGRAFÍA */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==Tenochtitlán, 1475 – Tenochtitlán, 1520) Emperador azteca.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su nombre quiere decir “''«Encolerizado Señor, El Chico»'', o ''«Señor Sañudo, El Joven»''”&amp;lt;ref&amp;gt;Carrillo de Albornoz, p. 19.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Poderoso Hueytlatoani que gobernaba México Tenochtitlán a la llegada de los españoles. Nació en la ciudad de Tenochtitlán; sus padres fueron el rey azteca Axayácatl, nieto de Moctezuma Ilhuicamina, y Aztcalxóchitl Xochiquetzal, hija de Nezahualcóyotl rey de Texcoco. Al morir su padre, Moctezuma tenía trece años de edad, y fue elegido su tío Tizoc como nuevo emperador; a la muerte de éste fue elegido para ocupar el trono su hermano Ahuitzotl. Como la poligamia era práctica común, especialmente entre las clases superiores, Moctezuma tuvo muchas mujeres; entre ellas se encuentran una hija del soberano de Ehecatepec; Miahuaxochitl, descendiente de los grandes linajes toltecas; y la princesa Teotlalco, hija de Totoquihuatzin II de Tlacopán. Con esta última procreó a la princesa Tecuixpo Ixtlaxóchitl, quien posteriormente sería bautizada como Isabel Moctezuma y tendría descendientes con conquistadores españoles, los cuales serían reconocidos por la corona española otorgándoles el título de Condes de Miravalle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al morir el hueytlatoani Ahuitzol en 1502, Moctezuma, quien había alcanzado los títulos de general y sumo sacerdote o teotecuhtli, fue coronado rey y se convirtió en el noveno Tlatoani de Tenochtitlán, Supremo Señor de la Triple Alianza de los reinos de Texcoco, Tlacopán y Tenochtitlán; adoptó el nombre de Xocoyotzin que significa “el joven” para distinguirse de su bisabuelo. De acuerdo a la costumbre establecida anteriormente, Moctezuma debía probar su valor en una campaña militar antes de ser coronado, por lo que dirigió sus ejércitos a Nopallán con la finalidad de capturar prisioneros para los sacrificios de la ceremonia de coronación; se sacrificaron a cientos de personas durante los cuatro días que solía durar esta ceremonia.&lt;br /&gt;
Al subir al trono llevó a cabo varios cambios en la corte: nadie tendría permiso de dirigirse a él si no eran llamados, sólo tendrían acceso a la persona del emperador aquellos príncipes de sangre o nobles, ningún macehual (plebeyo) ennoblecido tendría preferencia de paso sobre un noble o un gran señor, por venido a menos que fuera éste, y todos aquellos que desempeñaran un cargo en el palacio deberían tener sangre noble. Para él era prioritario el cumplimiento puntual de las leyes, así como la honradez de los jueces algunos de los cuales mandó matar por haber incumplido su deber. Construyó grandes palacios y creó jardines con distintas especies animales y vegetales. Siguiendo la costumbre azteca, mantuvo constantes guerras con sus vecinos, especialmente con los de Tlaxcala y Huejotzingo, dedicándose al ''“sofocamiento de continuas rebeliones y la recolección de los nuevos tributos”''&amp;lt;ref&amp;gt;García Rivas, p. 46.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Su reinado duró diecisiete años hasta la llegada de los españoles al mando de Hernán Cortés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1518 tuvo las primeras noticias del arribo de Hernán Cortés y su expedición al litoral del Golfo de México. Hay quienes afirman que Moctezuma lo creyó reencarnación del dios Quetzalcóatl y que por esta razón lo recibió en Tenochtitlán, aunque otros aseguran que el emperador azteca permitió que entraran a la ciudad para matarlos ahí, lo cierto es que ''“cuando Hernán Cortés y sus hombres salieron de Cempoala, el monarca azteca dio órdenes para que se les tratase bien durante su trayecto hacia el interior”''&amp;lt;ref&amp;gt;Carrillo de Albornoz, p. 231.&amp;lt;/ref&amp;gt;, aunque los caciques de Cholula señalaron que la emboscada preparada en esa ciudad fue por órdenes de Moctezuma. Finalmente Cortés y sus hombres llegaron hasta Tenochtitlán en noviembre de 1519, donde Moctezuma les dio la bienvenida en persona; intercambiaron regalos y fueron alojados en el palacio de Axayácatl; en este palacio Moctezuma fue aprisionado después de que Cortés lo invitara a comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permaneció en este cautiverio durante algún tiempo hasta el 28 de octubre de 1520, cuando salió a la terraza del palacio a tratar de calmar a una multitud enfurecida porque los españoles impidieron violentamente una ceremonia en honor del dios Tezcatlipoca;  instigados por los sacerdotes y por los sobrinos de Moctezuma, la multitud le arrojó una lluvia de piedras que acabó con su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo de Albornoz, José Miguel. ''Moctezuma el semidiós destronado''. Espasa, México, 2004.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
García Rivas, Heriberto. 150 ''Biografías de Mexicanos Ilustres''. Diana, 2ª edición, México, 1964.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SIGRID MARÍA LOUVIER NAVA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5270</id>
		<title>MOCTEZUMA XOCOYOTZIN</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5270"/>
		<updated>2014-07-07T18:49:46Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==Tenochtitlán, 1475 – Tenochtitlán, 1520) Emperador azteca.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su nombre quiere decir “''«Encolerizado Señor, El Chico»'', o ''«Señor Sañudo, El Joven»''”&amp;lt;ref&amp;gt;Carrillo de Albornoz, p. 19.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Poderoso Hueytlatoani que gobernaba México Tenochtitlán a la llegada de los españoles. Nació en la ciudad de Tenochtitlán; sus padres fueron el rey azteca Axayácatl, nieto de Moctezuma Ilhuicamina, y Aztcalxóchitl Xochiquetzal, hija de Nezahualcóyotl rey de Texcoco. Al morir su padre, Moctezuma tenía trece años de edad, y fue elegido su tío Tizoc como nuevo emperador; a la muerte de éste fue elegido para ocupar el trono su hermano Ahuitzotl. Como la poligamia era práctica común, especialmente entre las clases superiores, Moctezuma tuvo muchas mujeres; entre ellas se encuentran una hija del soberano de Ehecatepec; Miahuaxochitl, descendiente de los grandes linajes toltecas; y la princesa Teotlalco, hija de Totoquihuatzin II de Tlacopán. Con esta última procreó a la princesa Tecuixpo Ixtlaxóchitl, quien posteriormente sería bautizada como Isabel Moctezuma y tendría descendientes con conquistadores españoles, los cuales serían reconocidos por la corona española otorgándoles el título de Condes de Miravalle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al morir el hueytlatoani Ahuitzol en 1502, Moctezuma, quien había alcanzado los títulos de general y sumo sacerdote o teotecuhtli, fue coronado rey y se convirtió en el noveno Tlatoani de Tenochtitlán, Supremo Señor de la Triple Alianza de los reinos de Texcoco, Tlacopán y Tenochtitlán; adoptó el nombre de Xocoyotzin que significa “el joven” para distinguirse de su bisabuelo. De acuerdo a la costumbre establecida anteriormente, Moctezuma debía probar su valor en una campaña militar antes de ser coronado, por lo que dirigió sus ejércitos a Nopallán con la finalidad de capturar prisioneros para los sacrificios de la ceremonia de coronación; se sacrificaron a cientos de personas durante los cuatro días que solía durar esta ceremonia.&lt;br /&gt;
Al subir al trono llevó a cabo varios cambios en la corte: nadie tendría permiso de dirigirse a él si no eran llamados, sólo tendrían acceso a la persona del emperador aquellos príncipes de sangre o nobles, ningún macehual (plebeyo) ennoblecido tendría preferencia de paso sobre un noble o un gran señor, por venido a menos que fuera éste, y todos aquellos que desempeñaran un cargo en el palacio deberían tener sangre noble. Para él era prioritario el cumplimiento puntual de las leyes, así como la honradez de los jueces algunos de los cuales mandó matar por haber incumplido su deber. Construyó grandes palacios y creó jardines con distintas especies animales y vegetales. Siguiendo la costumbre azteca, mantuvo constantes guerras con sus vecinos, especialmente con los de Tlaxcala y Huejotzingo, dedicándose al ''“sofocamiento de continuas rebeliones y la recolección de los nuevos tributos”''&amp;lt;ref&amp;gt;García Rivas, p. 46.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Su reinado duró diecisiete años hasta la llegada de los españoles al mando de Hernán Cortés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1518 tuvo las primeras noticias del arribo de Hernán Cortés y su expedición al litoral del Golfo de México. Hay quienes afirman que Moctezuma lo creyó reencarnación del dios Quetzalcóatl y que por esta razón lo recibió en Tenochtitlán, aunque otros aseguran que el emperador azteca permitió que entraran a la ciudad para matarlos ahí, lo cierto es que ''“cuando Hernán Cortés y sus hombres salieron de Cempoala, el monarca azteca dio órdenes para que se les tratase bien durante su trayecto hacia el interior”''&amp;lt;ref&amp;gt;Carrillo de Albornoz, p. 231.&amp;lt;/ref&amp;gt;, aunque los caciques de Cholula señalaron que la emboscada preparada en esa ciudad fue por órdenes de Moctezuma. Finalmente Cortés y sus hombres llegaron hasta Tenochtitlán en noviembre de 1519, donde Moctezuma les dio la bienvenida en persona; intercambiaron regalos y fueron alojados en el palacio de Axayácatl; en este palacio Moctezuma fue aprisionado después de que Cortés lo invitara a comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permaneció en este cautiverio durante algún tiempo hasta el 28 de octubre de 1520, cuando salió a la terraza del palacio a tratar de calmar a una multitud enfurecida porque los españoles impidieron violentamente una ceremonia en honor del dios Tezcatlipoca;  instigados por los sacerdotes y por los sobrinos de Moctezuma, la multitud le arrojó una lluvia de piedras que acabó con su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo de Albornoz, José Miguel. Moctezuma el semidiós destronado. Espasa, México, 2004.&lt;br /&gt;
García Rivas, Heriberto. 150 Biografías de Mexicanos Ilustres. Diana, 2ª edición, México, 1964.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SIGRID MARÍA LOUVIER NAVA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5269</id>
		<title>MOCTEZUMA XOCOYOTZIN</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5269"/>
		<updated>2014-07-07T18:47:22Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* Tenochtitlán, 1475 – Tenochtitlán, 1520) Emperador azteca. */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==Tenochtitlán, 1475 – Tenochtitlán, 1520) Emperador azteca.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su nombre quiere decir “«Encolerizado Señor, El Chico», o «Señor Sañudo, El Joven»”&amp;lt;ref&amp;gt;Carrillo de Albornoz, p. 19.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Poderoso Hueytlatoani que gobernaba México Tenochtitlán a la llegada de los españoles. Nació en la ciudad de Tenochtitlán; sus padres fueron el rey azteca Axayácatl, nieto de Moctezuma Ilhuicamina, y Aztcalxóchitl Xochiquetzal, hija de Nezahualcóyotl rey de Texcoco. Al morir su padre, Moctezuma tenía trece años de edad, y fue elegido su tío Tizoc como nuevo emperador; a la muerte de éste fue elegido para ocupar el trono su hermano Ahuitzotl. Como la poligamia era práctica común, especialmente entre las clases superiores, Moctezuma tuvo muchas mujeres; entre ellas se encuentran una hija del soberano de Ehecatepec; Miahuaxochitl, descendiente de los grandes linajes toltecas; y la princesa Teotlalco, hija de Totoquihuatzin II de Tlacopán. Con esta última procreó a la princesa Tecuixpo Ixtlaxóchitl, quien posteriormente sería bautizada como Isabel Moctezuma y tendría descendientes con conquistadores españoles, los cuales serían reconocidos por la corona española otorgándoles el título de Condes de Miravalle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al morir el hueytlatoani Ahuitzol en 1502, Moctezuma, quien había alcanzado los títulos de general y sumo sacerdote o teotecuhtli, fue coronado rey y se convirtió en el noveno Tlatoani de Tenochtitlán, Supremo Señor de la Triple Alianza de los reinos de Texcoco, Tlacopán y Tenochtitlán; adoptó el nombre de Xocoyotzin que significa “el joven” para distinguirse de su bisabuelo. De acuerdo a la costumbre establecida anteriormente, Moctezuma debía probar su valor en una campaña militar antes de ser coronado, por lo que dirigió sus ejércitos a Nopallán con la finalidad de capturar prisioneros para los sacrificios de la ceremonia de coronación; se sacrificaron a cientos de personas durante los cuatro días que solía durar esta ceremonia.&lt;br /&gt;
Al subir al trono llevó a cabo varios cambios en la corte: nadie tendría permiso de dirigirse a él si no eran llamados, sólo tendrían acceso a la persona del emperador aquellos príncipes de sangre o nobles, ningún macehual (plebeyo) ennoblecido tendría preferencia de paso sobre un noble o un gran señor, por venido a menos que fuera éste, y todos aquellos que desempeñaran un cargo en el palacio deberían tener sangre noble. Para él era prioritario el cumplimiento puntual de las leyes, así como la honradez de los jueces algunos de los cuales mandó matar por haber incumplido su deber. Construyó grandes palacios y creó jardines con distintas especies animales y vegetales. Siguiendo la costumbre azteca, mantuvo constantes guerras con sus vecinos, especialmente con los de Tlaxcala y Huejotzingo, dedicándose al “sofocamiento de continuas rebeliones y la recolección de los nuevos tributos”&amp;lt;ref&amp;gt;García Rivas, p. 46.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Su reinado duró diecisiete años hasta la llegada de los españoles al mando de Hernán Cortés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1518 tuvo las primeras noticias del arribo de Hernán Cortés y su expedición al litoral del Golfo de México. Hay quienes afirman que Moctezuma lo creyó reencarnación del dios Quetzalcóatl y que por esta razón lo recibió en Tenochtitlán, aunque otros aseguran que el emperador azteca permitió que entraran a la ciudad para matarlos ahí, lo cierto es que “cuando Hernán Cortés y sus hombres salieron de Cempoala, el monarca azteca dio órdenes para que se les tratase bien durante su trayecto hacia el interior”&amp;lt;ref&amp;gt;Carrillo de Albornoz, p. 231.&amp;lt;/ref&amp;gt;, aunque los caciques de Cholula señalaron que la emboscada preparada en esa ciudad fue por órdenes de Moctezuma. Finalmente Cortés y sus hombres llegaron hasta Tenochtitlán en noviembre de 1519, donde Moctezuma les dio la bienvenida en persona; intercambiaron regalos y fueron alojados en el palacio de Axayácatl; en este palacio Moctezuma fue aprisionado después de que Cortés lo invitara a comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permaneció en este cautiverio durante algún tiempo hasta el 28 de octubre de 1520, cuando salió a la terraza del palacio a tratar de calmar a una multitud enfurecida porque los españoles impidieron violentamente una ceremonia en honor del dios Tezcatlipoca;  instigados por los sacerdotes y por los sobrinos de Moctezuma, la multitud le arrojó una lluvia de piedras que acabó con su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo de Albornoz, José Miguel. Moctezuma el semidiós destronado. Espasa, México, 2004.&lt;br /&gt;
García Rivas, Heriberto. 150 Biografías de Mexicanos Ilustres. Diana, 2ª edición, México, 1964.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SIGRID MARÍA LOUVIER NAVA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5268</id>
		<title>MOCTEZUMA XOCOYOTZIN</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5268"/>
		<updated>2014-07-07T18:44:47Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* NOTAS */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==Tenochtitlán, 1475 – Tenochtitlán, 1520) Emperador azteca.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su nombre quiere decir “«Encolerizado Señor, El Chico», o «Señor Sañudo, El Joven»” . Poderoso Hueytlatoani que gobernaba México Tenochtitlán a la llegada de los españoles. Nació en la ciudad de Tenochtitlán; sus padres fueron el rey azteca Axayácatl, nieto de Moctezuma Ilhuicamina, y Aztcalxóchitl Xochiquetzal, hija de Nezahualcóyotl rey de Texcoco. Al morir su padre, Moctezuma tenía trece años de edad, y fue elegido su tío Tizoc como nuevo emperador; a la muerte de éste fue elegido para ocupar el trono su hermano Ahuitzotl. Como la poligamia era práctica común, especialmente entre las clases superiores, Moctezuma tuvo muchas mujeres; entre ellas se encuentran una hija del soberano de Ehecatepec; Miahuaxochitl, descendiente de los grandes linajes toltecas; y la princesa Teotlalco, hija de Totoquihuatzin II de Tlacopán. Con esta última procreó a la princesa Tecuixpo Ixtlaxóchitl, quien posteriormente sería bautizada como Isabel Moctezuma y tendría descendientes con conquistadores españoles, los cuales serían reconocidos por la corona española otorgándoles el título de Condes de Miravalle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al morir el hueytlatoani Ahuitzol en 1502, Moctezuma, quien había alcanzado los títulos de general y sumo sacerdote o teotecuhtli, fue coronado rey y se convirtió en el noveno Tlatoani de Tenochtitlán, Supremo Señor de la Triple Alianza de los reinos de Texcoco, Tlacopán y Tenochtitlán; adoptó el nombre de Xocoyotzin que significa “el joven” para distinguirse de su bisabuelo. De acuerdo a la costumbre establecida anteriormente, Moctezuma debía probar su valor en una campaña militar antes de ser coronado, por lo que dirigió sus ejércitos a Nopallán con la finalidad de capturar prisioneros para los sacrificios de la ceremonia de coronación; se sacrificaron a cientos de personas durante los cuatro días que solía durar esta ceremonia.&lt;br /&gt;
Al subir al trono llevó a cabo varios cambios en la corte: nadie tendría permiso de dirigirse a él si no eran llamados, sólo tendrían acceso a la persona del emperador aquellos príncipes de sangre o nobles, ningún macehual (plebeyo) ennoblecido tendría preferencia de paso sobre un noble o un gran señor, por venido a menos que fuera éste, y todos aquellos que desempeñaran un cargo en el palacio deberían tener sangre noble. Para él era prioritario el cumplimiento puntual de las leyes, así como la honradez de los jueces algunos de los cuales mandó matar por haber incumplido su deber. Construyó grandes palacios y creó jardines con distintas especies animales y vegetales. Siguiendo la costumbre azteca, mantuvo constantes guerras con sus vecinos, especialmente con los de Tlaxcala y Huejotzingo, dedicándose al “sofocamiento de continuas rebeliones y la recolección de los nuevos tributos” . Su reinado duró diecisiete años hasta la llegada de los españoles al mando de Hernán Cortés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1518 tuvo las primeras noticias del arribo de Hernán Cortés y su expedición al litoral del Golfo de México. Hay quienes afirman que Moctezuma lo creyó reencarnación del dios Quetzalcóatl y que por esta razón lo recibió en Tenochtitlán, aunque otros aseguran que el emperador azteca permitió que entraran a la ciudad para matarlos ahí, lo cierto es que “cuando Hernán Cortés y sus hombres salieron de Cempoala, el monarca azteca dio órdenes para que se les tratase bien durante su trayecto hacia el interior” , aunque los caciques de Cholula señalaron que la emboscada preparada en esa ciudad fue por órdenes de Moctezuma. Finalmente Cortés y sus hombres llegaron hasta Tenochtitlán en noviembre de 1519, donde Moctezuma les dio la bienvenida en persona; intercambiaron regalos y fueron alojados en el palacio de Axayácatl; en este palacio Moctezuma fue aprisionado después de que Cortés lo invitara a comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permaneció en este cautiverio durante algún tiempo hasta el 28 de octubre de 1520, cuando salió a la terraza del palacio a tratar de calmar a una multitud enfurecida porque los españoles impidieron violentamente una ceremonia en honor del dios Tezcatlipoca;  instigados por los sacerdotes y por los sobrinos de Moctezuma, la multitud le arrojó una lluvia de piedras que acabó con su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo de Albornoz, José Miguel. Moctezuma el semidiós destronado. Espasa, México, 2004.&lt;br /&gt;
García Rivas, Heriberto. 150 Biografías de Mexicanos Ilustres. Diana, 2ª edición, México, 1964.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SIGRID MARÍA LOUVIER NAVA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5267</id>
		<title>MOCTEZUMA XOCOYOTZIN</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MOCTEZUMA_XOCOYOTZIN&amp;diff=5267"/>
		<updated>2014-07-07T18:44:12Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: Página creada con '==Tenochtitlán, 1475 – Tenochtitlán, 1520) Emperador azteca.==  Su nombre quiere decir “«Encolerizado Señor, El Chico», o «Señor Sañudo, El Joven»” . Poderoso Hue…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==Tenochtitlán, 1475 – Tenochtitlán, 1520) Emperador azteca.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su nombre quiere decir “«Encolerizado Señor, El Chico», o «Señor Sañudo, El Joven»” . Poderoso Hueytlatoani que gobernaba México Tenochtitlán a la llegada de los españoles. Nació en la ciudad de Tenochtitlán; sus padres fueron el rey azteca Axayácatl, nieto de Moctezuma Ilhuicamina, y Aztcalxóchitl Xochiquetzal, hija de Nezahualcóyotl rey de Texcoco. Al morir su padre, Moctezuma tenía trece años de edad, y fue elegido su tío Tizoc como nuevo emperador; a la muerte de éste fue elegido para ocupar el trono su hermano Ahuitzotl. Como la poligamia era práctica común, especialmente entre las clases superiores, Moctezuma tuvo muchas mujeres; entre ellas se encuentran una hija del soberano de Ehecatepec; Miahuaxochitl, descendiente de los grandes linajes toltecas; y la princesa Teotlalco, hija de Totoquihuatzin II de Tlacopán. Con esta última procreó a la princesa Tecuixpo Ixtlaxóchitl, quien posteriormente sería bautizada como Isabel Moctezuma y tendría descendientes con conquistadores españoles, los cuales serían reconocidos por la corona española otorgándoles el título de Condes de Miravalle.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al morir el hueytlatoani Ahuitzol en 1502, Moctezuma, quien había alcanzado los títulos de general y sumo sacerdote o teotecuhtli, fue coronado rey y se convirtió en el noveno Tlatoani de Tenochtitlán, Supremo Señor de la Triple Alianza de los reinos de Texcoco, Tlacopán y Tenochtitlán; adoptó el nombre de Xocoyotzin que significa “el joven” para distinguirse de su bisabuelo. De acuerdo a la costumbre establecida anteriormente, Moctezuma debía probar su valor en una campaña militar antes de ser coronado, por lo que dirigió sus ejércitos a Nopallán con la finalidad de capturar prisioneros para los sacrificios de la ceremonia de coronación; se sacrificaron a cientos de personas durante los cuatro días que solía durar esta ceremonia.&lt;br /&gt;
Al subir al trono llevó a cabo varios cambios en la corte: nadie tendría permiso de dirigirse a él si no eran llamados, sólo tendrían acceso a la persona del emperador aquellos príncipes de sangre o nobles, ningún macehual (plebeyo) ennoblecido tendría preferencia de paso sobre un noble o un gran señor, por venido a menos que fuera éste, y todos aquellos que desempeñaran un cargo en el palacio deberían tener sangre noble. Para él era prioritario el cumplimiento puntual de las leyes, así como la honradez de los jueces algunos de los cuales mandó matar por haber incumplido su deber. Construyó grandes palacios y creó jardines con distintas especies animales y vegetales. Siguiendo la costumbre azteca, mantuvo constantes guerras con sus vecinos, especialmente con los de Tlaxcala y Huejotzingo, dedicándose al “sofocamiento de continuas rebeliones y la recolección de los nuevos tributos” . Su reinado duró diecisiete años hasta la llegada de los españoles al mando de Hernán Cortés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1518 tuvo las primeras noticias del arribo de Hernán Cortés y su expedición al litoral del Golfo de México. Hay quienes afirman que Moctezuma lo creyó reencarnación del dios Quetzalcóatl y que por esta razón lo recibió en Tenochtitlán, aunque otros aseguran que el emperador azteca permitió que entraran a la ciudad para matarlos ahí, lo cierto es que “cuando Hernán Cortés y sus hombres salieron de Cempoala, el monarca azteca dio órdenes para que se les tratase bien durante su trayecto hacia el interior” , aunque los caciques de Cholula señalaron que la emboscada preparada en esa ciudad fue por órdenes de Moctezuma. Finalmente Cortés y sus hombres llegaron hasta Tenochtitlán en noviembre de 1519, donde Moctezuma les dio la bienvenida en persona; intercambiaron regalos y fueron alojados en el palacio de Axayácatl; en este palacio Moctezuma fue aprisionado después de que Cortés lo invitara a comer.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Permaneció en este cautiverio durante algún tiempo hasta el 28 de octubre de 1520, cuando salió a la terraza del palacio a tratar de calmar a una multitud enfurecida porque los españoles impidieron violentamente una ceremonia en honor del dios Tezcatlipoca;  instigados por los sacerdotes y por los sobrinos de Moctezuma, la multitud le arrojó una lluvia de piedras que acabó con su vida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carrillo de Albornoz, José Miguel. Moctezuma el semidiós destronado. Espasa, México, 2004.&lt;br /&gt;
García Rivas, Heriberto. 150 Biografías de Mexicanos Ilustres. Diana, 2ª edición, México, 1964.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SIGRID MARÍA LOUVIER NAVA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5266</id>
		<title>Glosario</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5266"/>
		<updated>2014-07-07T18:42:32Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* M */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOLMAN; Convento de San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOSTA Zurita Darío]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACUÑA Y MANRIQUE, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADORATRICES PERPETUAS; de Santa María de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁGREDA María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIAR Y SEIJAS, Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIRRE Moctezuma, Rafael ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLBUM DE LA CORONACIÓN de la Santísima Virgen de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALCALDE Y BARRIGA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALEGRE, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALFARO, Luis Felipe Neri de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ HERRERA, Bernardino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANALES ANTIGUOS de México y sus contornos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁNGEL; a los pies de la Guadalupana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARABESCO; estilo artístico]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARANEDA BRAVO, Fidel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARENAS Pedro De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTESANÍAS MEXICANAS, en la liturgia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AYORA, Fray Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZNAR Barbachano, Tomás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARTOLACHE y Díaz Posada, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASALENQUE, Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASASIO Arnaldo fray ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASÍLICA DE GUADALUPE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BELAUNZARÁN Y UREÑA, José María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENZONI, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BIENVENIDA, Fray Lorenzo de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BITTI, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BORDONE Benedetto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTERO Giovanni]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTURINI BENADUCCI, Lorenzo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BRAVO Ugarte, José S.J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BURRUS, Ernest Joseph]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUSTAMANTE, fray Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABILDO ECLESIÁSTICO DE MÉXICO; sus actas capitulares]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASANOVA CASANOVA, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASTELLANOS Y CASTELLANOS, Leonardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATALÁ Y GUASCH, FRAY MAGÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO y cultura en el nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CERVANTES de Salazar Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHAVEZ Jerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CISNEROS, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIUDAD RODRIGO, Fray Antonio de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE FLORENTINO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE OSUNA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICES precolombinos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE VATICANO B]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIOS APOSTÓLICOS de Propaganda Fide]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIO  VIZCAÍNAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCHA, Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORREA MAGALLANES, San Mateo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORUÑA AGUSTÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRISTIADA ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[D'ANANIA, GIOVANNI LORENZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DE BRY, Theodor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EGUIARA Y EGUREN, Juan José de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ELÍZAGA PRADO, José Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERMITA DEL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCALANTE y Escalante, Alonso M]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN; su impacto en un nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA; los primeros evangelizadores y sus métodos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE URIBE y Casarejos José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERRI Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES y Troncoso, Francisco de Asís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRACASTORO, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRANCISCANOS  en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GACETA OFICIAL del Arzobispado de México 1897-2011]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GANTE, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARIBAY y Kintana, Ángel María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GERSON, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GIUSTINIANI Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GLAREANUS, Henricus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ Loza, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZAGA Francesco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ FLORES,  Anacleto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ OBREGÓN, Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ VALENCIA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GREMIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antiaparicionismo]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antigüedad del culto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Añadidos y retoques a la imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Aprobación implícita]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE;en la independencia de México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informe sobre aspectos de conservación y restauración  de  la imagen original]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Raíz del mundo católico iberoamericano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUERRERO, Gonzalo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUIZAR Y VALENCIA, San Rafael]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEI TLAMAHUIZOLTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUERTA GUTIÉRREZ, Ezequiel y Salvador]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUTTEN, Ulrich Von]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
'''[[IBARRA Y GONZÁLEZ, José Ramón]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA ANTIGUA de los indios en el Tepeyac.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; procesos de beatificación y de canonización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KINO, Eusebio Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA CRUZ, SOR JUANA INÉS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEDESMA, Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEÓN CALDERÓN, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEVINUS APOLLONIUS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIBERALES Y CONSERVADORES; su posición frente a la Iglesia en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE HERRERA, Fray Alonso  ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ, Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LUMNIUS IOANNES Fredericus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGAÑA SERVÍN, Luis ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARGIL DE JESÚS, Fray Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTÍN Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAHUAYO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAN JOAQUÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES MEXICANOS EN JAPÓN (1597, 1627 Y 1632)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIRIO Cristiano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIROLOGIO MEXICANO ( 1914- 1940)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MATRIMONIO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDINA, PEDRO DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEERMAN Arnould OFM]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MERCATOR, Gerard]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Constitución de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Reforma, Guerra y Leyes de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOCTEZUMA XOCOYOTZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONARDES, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOYA DE CONTRERAS PEDRO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOYA Y VALENZUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ CAMARGO, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÜNSTER, Sebastian]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NERVO,  Amado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NIÑOS MÁRTIRES DE TLAXCALA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[O´GORMAN, Edmundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OROZCO Y JIMÉNEZ, FRANCISCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANÉ,Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAYNO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEÑAFIEL Barranco, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIÓN Y MARTIRIO EN TABASCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIONES Y MARTIRIOS EN EL SIGLO XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA y RELIGIÓN en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PORFIRISMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POSSEVINO Antonio, SJ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMIREZ Álvarez José Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMÍREZ, FRAY JUAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMUSIO, Giambattista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAUW, Johann]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES  OCHOA, Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REVUELTAS Sánchez Silvestre]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RIVA PALACIO Guerrero Vicente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  San José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RULFO Juan ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUSCELLI GIROLAMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DE TAGLE, Varela Francisco Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANCHEZ DEL RÍO, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERMONES GUADALUPANOS en la formación de la identidad mexicana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERRA, Fray Junípero]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SILVANO Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SPAGNOLI Battista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TAPIA,  Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TORQUEMADA, FRAY JUAN DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATADO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALADÉS,  Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALVERDE Téllez Emeterio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 1]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 2]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARGAS GONZÁLEZ,  Jorge y Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERACRUZ, Fray Alonso de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILASECA AGUILERA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLAGRÁ Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[XOCHIMILCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YERMO Y PARRES, SAN JOSÉ MARÍA DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YUCATÁN EN EL TIEMPO. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZARCO, Francisco.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORITA Alonso de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZUMÁRRAGA, Fray Juan de]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5258</id>
		<title>ZUMÁRRAGA, Fray Juan de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5258"/>
		<updated>2014-06-23T22:55:06Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al convento de San Francisco en Valladolid, más conocido como “Convento del Abrojo”, llegó a pasar en oración la Semana Santa de 1527 el rey Carlos I de España y V de Alemania. El Padre Guardián de ese convento era un fraile vasco de sesenta años llamado Juan de Zumárraga. Al despedirse el domingo de Pascua, el rey quiso hacerle al Padre Guardián un fuerte donativo a lo que éste se rehusó, y ante la insistencia del monarca decidió entregársela a los pobres. Impresionado por la actitud del franciscano, en 1528 el rey Carlos propuso a la Santa Sede que el primer titular de la entonces recién erigida diócesis de México, fuera fray Juan de Zumárraga, quien  de inmediato embarcó hacia Nueva España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las primeras acciones que Zumárraga tuvo que realizar al llegar el 6 de diciembre de 1528 a la ciudad de México, fue enfrentarse a las autoridades de la Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán, debido a los abusos y crueldades que estaban cometiendo en contra de los indígenas. El obispo reprendió a los integrantes de la Audiencia desde el púlpito ''&amp;quot;con amonestaciones muy recias (…) replicaron los de la Audiencia con pregón público, amenazando con pena de muerte al indígena o español que presentara queja ante el obispo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui y Zubillaga, p. 345&amp;lt;/ref&amp;gt;. Zumárraga escribió a Carlos V dándole cuenta de esa situación. En ausencia del rey quien se encontraba fuera de España, su esposa, la reina Isabel de Portugal, ordenó la destitución y arresto de Nuño de Guzmán y los demás oidores de la Audiencia&amp;lt;ref&amp;gt;Chávez Ezequiel, p. 190&amp;lt;/ref&amp;gt;, quienes no tuvieron empacho en propagar diversas calumnias contra su acusador Zumárraga. Pero esas calumnias también debían ser investigadas por lo que, tras quedar demostrada su inocencia y ser nombrado «Protector de los indios», su consagración como obispo se realizó hasta abril de 1533 en el “Convento del Abrojo”. En 1547 la diócesis se trasformó en arquidiócesis y Zumárraga recibió el nombramiento de primer Arzobispo de México. A Juan de Zumárraga le tocó consagrar a tres obispos: Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, Juan López de Zárate, obispo de Nueva Antequera (Oaxaca) y a Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los veinte años que estuvo al frente de la diócesis-arquidiócesis (1528-1548) se distinguió, además de su labor como protector de los indios, por los siguientes hechos incuestionables que hacen manifiesta  su preocupación por elevar el nivel cultural de todos los habitantes: fomentó y subvencionó las célebres escuelas para indios erigidas por sus hermanos de Orden, la cuales fueron “''hijas del idealismo práctico (y) de incorporación y de transfusión de una cultura y de una raza, en otra cultura y otra raza''”;&amp;lt;ref&amp;gt;Chávez Ezequiel, p. 180&amp;lt;/ref&amp;gt;la fundación en 1536 del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, “''obra meritísima, debida principalmente a fray Juan de Zumárraga (en el cual) se formó entre los indios un laicado católico selecto y la afirmación práctica de la igualdad de las razas en sus manifestaciones más elevadas.''”&amp;lt;ref&amp;gt;Mendieta y Nuñez, p. 37&amp;lt;/ref&amp;gt;, la petición hecha en 1537 al rey para  fundar una Universidad en México, la cual no vio realizada pues Felipe II firmó la cédula de fundación de dicha Universidad hasta septiembre de 1551; el establecimiento de la primera imprenta que hubo en el Nuevo Mundo, la cual, bajo la dirección del impresor Juan Pablos &amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablos fue traído  por Zumárraga de la ciudad de Sevilla, donde había aprendido el oficio  con el célebre Juan Cromberger.&amp;lt;/ref&amp;gt;empezó a funcionar a finales de 1539 en la casa del Obispo, y en  la que también unos años atrás había formado la primera biblioteca que hubo en el Continente y trasladada después al Colegio de Tlatelolco. Pero también patrocinó otras obras significativas, como la introducción del gusano de seda y la fundación del Hospital del Amor de Dios, destinado también a los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vertiente polémica de la trayectoria del obispo Zumárraga surge de dos hechos: el proceso contra un indígena que fue ejecutado, y la destrucción de innumerables ídolos y códices. Por lo que se refiere al primero de estos hechos, el asunto surge en 1536 cuando fue nombrado «inquisidor apostólico»; con tal cargo procesó a un cacique de Texcoco llamado Carlos Ometochtzin a  quien se acusaba de seguir practicando sacrificios humanos. Zumárraga investigó el caso y halló culpable al cacique, entregándolo a las autoridades civiles quienes procedieron a ejecutarlo en la hoguera. El rey Carlos V censuró fuertemente al obispo, pues consideró que los indígenas no debían ser juzgados por herejía y Zumárraga aceptó humildemente la reprimenda. El juicio al cacique Ometochtzin sirvió para que el rey Felipe II, al erigir el Tribunal de la Inquisición en América (25 de enero de 1569), decretara que dicho Tribunal no tuviera jurisdicción ni poder sobre los indígenas, lo cual quedó asentado en las «Leyes de Indias»&amp;lt;ref&amp;gt;Libro I, Título 18, Ley 17; también en el Libro VI, Título I, Ley 35&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por lo que se refiere a la destrucción de ídolos y códices, el mismo Zumárraga afirma en una carta del 12 de junio de 1531 que “''se han destruido más de quinientos templos y veinte mil ídolos''”&amp;lt;ref&amp;gt;Citada por Ricard Robert, p. 106&amp;lt;/ref&amp;gt;, pero no dice que él los haya destruido. Sin embargo en tiempos de la conquista “''conservar algunos ídolos, algunos templos, como pensó Cortés, hubiera parecido una locura; fundar un museo, algo más extravagante aún (…) Icazbalceta ha hallado la frase exacta cuando dijo « un misionero no es un anticuario»''.”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, pp.  105-106&amp;lt;/ref&amp;gt;José Vasconcelos escribe al respecto: “''no habría que pensar en guardar ídolos o restaurar groseras tallas en piedra, trabajo minúsculo de arqueólogos y antropólogos. Cuando se puede sustituir un teocalli con una catedral, no vale el argumento de que podría haberse buscado otro sitio…''”&amp;lt;ref&amp;gt;Vasconcelos, p. 125.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En lo referente a la destrucción de los códices, “''acusan a Zumárraga de haber quemado en gigantesca hoguera los archivos de Texcoco. Pero esos archivos habían sido destruidos desde 1520, cuando los tlaxcaltecas entraron allí con Cortés y quemaron los palacios principales. Los misioneros tuvieron gran empeño en la destrucción de ídolos y templos, pero se preocuparon poco por los manuscritos''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, p. 107&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se debe tener en cuenta que la conducta de los tlaxcaltecas no tenía nada de extraño, pues como señala Riva Palacio, entre todos los pueblos prehispánicos y no sólo con los tlaxcaltecas “''era costumbre en las guerras, al tomar un pueblo por la fuerza, incendiar su templo y destruir sus ídolos''”&amp;lt;ref&amp;gt;''México a través de los siglos''. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los ídolos eran “dioses aldeanos” y por eso el politeísmo prehispánico no fue proselitista. La indudable destrucción de cientos de códices no fue total; muchos fueron conservados por los mismos misioneros: “''el tonalamatl, que Sahagún deseaba ver destruido, no lo fue, sino que se conservó en el convento de San Francisco de México.''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, p. 108&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero sobre todo lo anterior, fray Juan de Zumárraga es recordado por su protagonismo en el Acontecimiento Guadalupano, pues fue ante él que San Juan Diego Cuahutlatoatzin desplegó su ayate, y fueron sus ojos los que vieron plasmarse en ese burdo lienzo la preciosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. “''Es una verdad históricamente demostrada con sobra de documentos que la crítica más severa no ha logrado destruir, que en diciembre de 1531 un indio plebeyo y desconocido se presentó al primer obispo de México, don Fray Juan de Zumárraga, como mensajero de la Virgen maría que le pedía un templo en el que se mostraría Madre tierna y amorosa de cuantos la invocaran''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Enciclopedia Guadalupana'', p. 393&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y también ese protagonismo ha sido motivo de polémica, pues los antiaparicionistas argumentan que Zumárraga y los franciscanos de esos años nunca escribieron una línea sobre el Acontecimiento Guadalupano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo quienes tal cosa alegan, no se preguntan el porqué de ese  “silencio” de Zumárraga y sus compañeros de Orden. “''Podemos afirmar que el testimonio del silencio puede ser también «elocuente» cuando lleva a preguntarse el porqué del mismo, y a  intuir los motivos de un silencio, que a veces es deliberado. Por ello, a la objeción corriente de que este silencio es incomprensible, a menos que no se sepa nada de la historia, se tiene que responder intentando explicar sus porqués, sobre todo si uno se encuentra ante la evidencia, como lo demuestran las fuentes históricas, de un culto arrollador a ese cuadro particular guadalupano y precisamente en un lugar tan concreto como el cerro del Tepeyac. Para entender y explicar el silencio de los franciscanos, es necesario diferenciar fechas y etapas en esta historia (…) Lo contrario sería desconocer los complejos factores que explican sus actitudes; sería caer en una especie de anacronismo histórico y en un desconocimiento de su naturaleza. No se pueden proyectar criterios actuales sobre una situación de hace siglos, ignorando los distintos factores que la constituyeron. Para comprender objetivamente lo sucedido es necesario profundizar las distintas circunstancias y problemas de la evangelización en aquel entonces, sobre todo mirando desde la perspectiva misma de sus protagonistas, los frailes misioneros.''”&amp;lt;ref&amp;gt;González Fernández Fidel. ''Guadalupe; el problema de los silencios''. Voz en el presente ''Diccionario de Historia Cultural de la Iglesia en América Latina.''&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan de Zumárraga, fiel observante de las reglas de la Orden de San Francisco, falleció en la ciudad de México el 3 de junio de 1548. Sus restos mortales fueron depositados en la Catedral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Obras==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Doctrina breve para la enseñanza de los indios'', 1543;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Doctrina breve muy provechosa'', 1543;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Doctrina cristiana cierta y verdadera'', 1546;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Regla cristiana'', 1547.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Chávez Ezequiel. ''Fray Pedro de Gante'', JUS, México, 1962&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
http://www.franciscanos.org/enciclopedia/jzumaraga.html&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia Guadalupana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lopetegui y Zubillaga, ''Historia de la Iglesia en la América Española''. BAC, Madrid, 1965&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mendieta y Nuñez Lucio. ''Ensayo sociológico sobre la Universidad''. UNAM, México, 1980&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ricard Robert. ''La conquista espiritual de México''. FCE, México, 7 reimpresión, 2002&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Riva Palacio Mariano. ''México a través de los siglos''. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vasconcelos José. ''Hernán Cortés, creador de la nacionalidad mexicana''. Tradición, México, 1975&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5227</id>
		<title>ZUMÁRRAGA, Fray Juan de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5227"/>
		<updated>2014-06-18T01:33:58Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* (Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al convento de San Francisco en Valladolid, más conocido como “Convento del Abrojo”, llegó a pasar en oración la Semana Santa de 1527 el rey Carlos I de España y V de Alemania. El Padre Guardián de ese convento era un fraile vasco de sesenta años llamado Juan de Zumárraga. Al despedirse el domingo de Pascua, el rey quiso hacerle al Padre Guardián un fuerte donativo a lo que éste se rehusó, y ante la insistencia del monarca decidió entregársela a los pobres. Impresionado por la actitud del franciscano, en 1528 el rey Carlos propuso a la Santa Sede que el primer titular de la entonces recién erigida diócesis de México, fuera fray Juan de Zumárraga, quien  de inmediato embarcó hacia Nueva España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las primeras acciones que Zumárraga tuvo que realizar al llegar el 6 de diciembre de 1528 a la ciudad de México, fue enfrentarse a las autoridades de la Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán, debido a los abusos y crueldades que estaban cometiendo en contra de los indígenas. El obispo reprendió a los integrantes de la Audiencia desde el púlpito &amp;quot;con amonestaciones muy recias (…) replicaron los de la Audiencia con pregón público, amenazando con pena de muerte al indígena o español que presentara queja ante el obispo”&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui y Zubillaga, p. 345&amp;lt;/ref&amp;gt;. Zumárraga escribió a Carlos V dándole cuenta de esa situación. En ausencia del rey quien se encontraba fuera de España, su esposa, la reina Isabel de Portugal, ordenó la destitución y arresto de Nuño de Guzmán y los demás oidores de la Audiencia&amp;lt;ref&amp;gt;Chávez Ezequiel, p. 190&amp;lt;/ref&amp;gt;, quienes no tuvieron empacho en propagar diversas calumnias contra su acusador Zumárraga. Pero esas calumnias también debían ser investigadas por lo que, tras quedar demostrada su inocencia y ser nombrado «Protector de los indios», su consagración como obispo se realizó hasta abril de 1533 en el “Convento del Abrojo”. En 1547 la diócesis se trasformó en arquidiócesis y Zumárraga recibió el nombramiento de primer Arzobispo de México. A Juan de Zumárraga le tocó consagrar a tres obispos: Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, Juan López de Zárate, obispo de Nueva Antequera (Oaxaca) y a Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los veinte años que estuvo al frente de la diócesis-arquidiócesis (1528-1548) se distinguió, además de su labor como protector de los indios, por los siguientes hechos incuestionables que hacen manifiesta  su preocupación por elevar el nivel cultural de todos los habitantes: fomentó y subvencionó las célebres escuelas para indios erigidas por sus hermanos de Orden, la cuales fueron “hijas del idealismo práctico (y) de incorporación y de transfusión de una cultura y de una raza, en otra cultura y otra raza”;&amp;lt;ref&amp;gt;Chávez Ezequiel, p. 180&amp;lt;/ref&amp;gt;la fundación en 1536 del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, “obra meritísima, debida principalmente a fray Juan de Zumárraga (en el cual) se formó entre los indios un laicado católico selecto y la afirmación práctica de la igualdad de las razas en sus manifestaciones más elevadas.”&amp;lt;ref&amp;gt;Mendieta y Nuñez, p. 37&amp;lt;/ref&amp;gt;; la petición hecha en 1537 al rey para  fundar una Universidad en México, la cual no vio realizada pues Felipe II firmó la cédula de fundación de dicha Universidad hasta septiembre de 1551; el establecimiento de la primera imprenta que hubo en el Nuevo Mundo, la cual, bajo la dirección del impresor Juan Pablos &amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablos fue traído  por Zumárraga de la ciudad de Sevilla, donde había aprendido el oficio  con el célebre Juan Cromberger.&amp;lt;/ref&amp;gt;empezó a funcionar a finales de 1539 en la casa del Obispo, y en  la que también unos años atrás había formado la primera biblioteca que hubo en el Continente y trasladada después al Colegio de Tlatelolco. Pero también patrocinó otras obras significativas, como la introducción del gusano de seda y la fundación del Hospital del Amor de Dios, destinado también a los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vertiente polémica de la trayectoria del obispo Zumárraga surge de dos hechos: el proceso contra un indígena que fue ejecutado, y la destrucción de innumerables ídolos y códices. Por lo que se refiere al primero de estos hechos, el asunto surge en 1536 cuando fue nombrado «inquisidor apostólico»; con tal cargo procesó a un cacique de Texcoco llamado Carlos Ometochtzin a  quien se acusaba de seguir practicando sacrificios humanos. Zumárraga investigó el caso y halló culpable al cacique, entregándolo a las autoridades civiles quienes procedieron a ejecutarlo en la hoguera. El rey Carlos V censuró fuertemente al obispo, pues consideró que los indígenas no debían ser juzgados por herejía y Zumárraga aceptó humildemente la reprimenda. El juicio al cacique Ometochtzin sirvió para que el rey Felipe II, al erigir el Tribunal de la Inquisición en América (25 de enero de 1569), decretara que dicho Tribunal no tuviera jurisdicción ni poder sobre los indígenas, lo cual quedó asentado en las «Leyes de Indias»&amp;lt;ref&amp;gt;Libro I, Título 18, Ley 17; también en el Libro VI, Título I, Ley 35&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por lo que se refiere a la destrucción de ídolos y códices, el mismo Zumárraga afirma en una carta del 12 de junio de 1531 que “se han destruido más de quinientos templos y veinte mil ídolos”&amp;lt;ref&amp;gt;Citada por Ricard Robert, p. 106&amp;lt;/ref&amp;gt;, pero no dice que él los haya destruido. Sin embargo en tiempos de la conquista “conservar algunos ídolos, algunos templos, como pensó Cortés, hubiera parecido una locura; fundar un museo, algo más extravagante aún (…) Icazbalceta ha hallado la frase exacta cuando dijo « un misionero no es un anticuario».”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, pp.  105-106&amp;lt;/ref&amp;gt;José Vasconcelos escribe al respecto: “no habría que pensar en guardar ídolos o restaurar groseras tallas en piedra, trabajo minúsculo de arqueólogos y antropólogos. Cuando se puede sustituir un teocalli con una catedral, no vale el argumento de que podría haberse buscado otro sitio…”&amp;lt;ref&amp;gt;Vasconcelos, p. 125.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En lo referente a la destrucción de los códices, “acusan a Zumárraga de haber quemado en gigantesca hoguera los archivos de Texcoco. Pero esos archivos habían sido destruidos desde 1520, cuando los tlaxcaltecas entraron allí con Cortés y quemaron los palacios principales. Los misioneros tuvieron gran empeño en la destrucción de ídolos y templos, pero se preocuparon poco por los manuscritos”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, p. 107&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se debe tener en cuenta que la conducta de los tlaxcaltecas no tenía nada de extraño, pues como señala Riva Palacio, entre todos los pueblos prehispánicos y no sólo con los tlaxcaltecas “era costumbre en las guerras, al tomar un pueblo por la fuerza, incendiar su templo y destruir sus ídolos”&amp;lt;ref&amp;gt;México a través de los siglos. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los ídolos eran “dioses aldeanos” y por eso el politeísmo prehispánico no fue proselitista. La indudable destrucción de cientos de códices no fue total; muchos fueron conservados por los mismos misioneros: “el tonalamatl, que Sahagún deseaba ver destruido, no lo fue, sino que se conservó en el convento de San Francisco de México.”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, p. 108&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero sobre todo lo anterior, fray Juan de Zumárraga es recordado por su protagonismo en el Acontecimiento Guadalupano, pues fue ante él que San Juan Diego Cuahutlatoatzin desplegó su ayate, y fueron sus ojos los que vieron plasmarse en ese burdo lienzo la preciosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. “Es una verdad históricamente demostrada con sobra de documentos que la crítica más severa no ha logrado destruir, que en diciembre de 1531 un indio plebeyo y desconocido se presentó al primer obispo de México, don Fray Juan de Zumárraga, como mensajero de la Virgen maría que le pedía un templo en el que se mostraría Madre tierna y amorosa de cuantos la invocaran”&amp;lt;ref&amp;gt;Enciclopedia Guadalupana, p. 393&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y también ese protagonismo ha sido motivo de polémica, pues los antiaparicionistas argumentan que Zumárraga y los franciscanos de esos años nunca escribieron una línea sobre el Acontecimiento Guadalupano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo quienes tal cosa alegan, no se preguntan el porqué de ese  “silencio” de Zumárraga y sus compañeros de Orden. “Podemos afirmar que el testimonio del silencio puede ser también «elocuente» cuando lleva a preguntarse el porqué del mismo, y a  intuir los motivos de un silencio, que a veces es deliberado. Por ello, a la objeción corriente de que este silencio es incomprensible, a menos que no se sepa nada de la historia, se tiene que responder intentando explicar sus porqués, sobre todo si uno se encuentra ante la evidencia, como lo demuestran las fuentes históricas, de un culto arrollador a ese cuadro particular guadalupano y precisamente en un lugar tan concreto como el cerro del Tepeyac. Para entender y explicar el silencio de los franciscanos, es necesario diferenciar fechas y etapas en esta historia (…) Lo contrario sería desconocer los complejos factores que explican sus actitudes; sería caer en una especie de anacronismo histórico y en un desconocimiento de su naturaleza. No se pueden proyectar criterios actuales sobre una situación de hace siglos, ignorando los distintos factores que la constituyeron. Para comprender objetivamente lo sucedido es necesario profundizar las distintas circunstancias y problemas de la evangelización en aquel entonces, sobre todo mirando desde la perspectiva misma de sus protagonistas, los frailes misioneros.”&amp;lt;ref&amp;gt;González Fernández Fidel. Guadalupe; el problema de los silencios. Voz en el presente Diccionario de Historia Cultural de la Iglesia en América Latina.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan de Zumárraga, fiel observante de las reglas de la Orden de San Francisco, falleció en la ciudad de México el 3 de junio de 1548. Sus restos mortales fueron depositados en la Catedral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Obras==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doctrina breve para la enseñanza de los indios, 1543: &lt;br /&gt;
Doctrina breve muy provechosa, 1543; &lt;br /&gt;
Doctrina cristiana cierta y verdadera, 1546; &lt;br /&gt;
Regla cristiana, 1547.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Chávez Ezequiel. Fray Pedro de Gante, JUS, México, 1962&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
http://www.franciscanos.org/enciclopedia/jzumaraga.html&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia Guadalupana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lopetegui y Zubillaga, Historia de la Iglesia en la América Española. BAC, Madrid, 1965&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mendieta y Nuñez Lucio. Ensayo sociológico sobre la Universidad. UNAM, México, 1980&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ricard Robert. La conquista espiritual de México. FCE, México, 7 reimpresión, 2002&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Riva Palacio Mariano. México a través de los siglos. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vasconcelos José. Hernán Cortés, creador de la nacionalidad mexicana. Tradición, México, 1975&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5226</id>
		<title>ZUMÁRRAGA, Fray Juan de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5226"/>
		<updated>2014-06-18T01:33:34Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* (Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al convento de San Francisco en Valladolid, más conocido como “Convento del Abrojo”, llegó a pasar en oración la Semana Santa de 1527 el rey Carlos I de España y V de Alemania. El Padre Guardián de ese convento era un fraile vasco de sesenta años llamado Juan de Zumárraga. Al despedirse el domingo de Pascua, el rey quiso hacerle al Padre Guardián un fuerte donativo a lo que éste se rehusó, y ante la insistencia del monarca decidió entregársela a los pobres. Impresionado por la actitud del franciscano, en 1528 el rey Carlos propuso a la Santa Sede que el primer titular de la entonces recién erigida diócesis de México, fuera fray Juan de Zumárraga, quien  de inmediato embarcó hacia Nueva España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las primeras acciones que Zumárraga tuvo que realizar al llegar el 6 de diciembre de 1528 a la ciudad de México, fue enfrentarse a las autoridades de la Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán, debido a los abusos y crueldades que estaban cometiendo en contra de los indígenas. El obispo reprendió a los integrantes de la Audiencia desde el púlpito &amp;quot;con amonestaciones muy recias (…) replicaron los de la Audiencia con pregón público, amenazando con pena de muerte al indígena o español que presentara queja ante el obispo”&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui y Zubillaga, p. 345&amp;lt;/ref&amp;gt;. Zumárraga escribió a Carlos V dándole cuenta de esa situación. En ausencia del rey quien se encontraba fuera de España, su esposa, la reina Isabel de Portugal, ordenó la destitución y arresto de Nuño de Guzmán y los demás oidores de la Audiencia&amp;lt;ref&amp;gt;Chávez Ezequiel, p. 190&amp;lt;/ref&amp;gt;, quienes no tuvieron empacho en propagar diversas calumnias contra su acusador Zumárraga. Pero esas calumnias también debían ser investigadas por lo que, tras quedar demostrada su inocencia y ser nombrado «Protector de los indios», su consagración como obispo se realizó hasta abril de 1533 en el “Convento del Abrojo”. En 1547 la diócesis se trasformó en arquidiócesis y Zumárraga recibió el nombramiento de primer Arzobispo de México. A Juan de Zumárraga le tocó consagrar a tres obispos: Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, Juan López de Zárate, obispo de Nueva Antequera (Oaxaca) y a Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los veinte años que estuvo al frente de la diócesis-arquidiócesis (1528-1548) se distinguió, además de su labor como protector de los indios, por los siguientes hechos incuestionables que hacen manifiesta  su preocupación por elevar el nivel cultural de todos los habitantes: fomentó y subvencionó las célebres escuelas para indios erigidas por sus hermanos de Orden, la cuales fueron “hijas del idealismo práctico (y) de incorporación y de transfusión de una cultura y de una raza, en otra cultura y otra raza”;&amp;lt;ref&amp;gt;Chávez Ezequiel, p. 180&amp;lt;/ref&amp;gt; la fundación en 1536 del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, “obra meritísima, debida principalmente a fray Juan de Zumárraga (en el cual) se formó entre los indios un laicado católico selecto y la afirmación práctica de la igualdad de las razas en sus manifestaciones más elevadas.”&amp;lt;ref&amp;gt;Mendieta y Nuñez, p. 37&amp;lt;/ref&amp;gt;; la petición hecha en 1537 al rey para  fundar una Universidad en México, la cual no vio realizada pues Felipe II firmó la cédula de fundación de dicha Universidad hasta septiembre de 1551; el establecimiento de la primera imprenta que hubo en el Nuevo Mundo, la cual, bajo la dirección del impresor Juan Pablos &amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablos fue traído  por Zumárraga de la ciudad de Sevilla, donde había aprendido el oficio  con el célebre Juan Cromberger.&amp;lt;/ref&amp;gt;empezó a funcionar a finales de 1539 en la casa del Obispo, y en  la que también unos años atrás había formado la primera biblioteca que hubo en el Continente y trasladada después al Colegio de Tlatelolco. Pero también patrocinó otras obras significativas, como la introducción del gusano de seda y la fundación del Hospital del Amor de Dios, destinado también a los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vertiente polémica de la trayectoria del obispo Zumárraga surge de dos hechos: el proceso contra un indígena que fue ejecutado, y la destrucción de innumerables ídolos y códices. Por lo que se refiere al primero de estos hechos, el asunto surge en 1536 cuando fue nombrado «inquisidor apostólico»; con tal cargo procesó a un cacique de Texcoco llamado Carlos Ometochtzin a  quien se acusaba de seguir practicando sacrificios humanos. Zumárraga investigó el caso y halló culpable al cacique, entregándolo a las autoridades civiles quienes procedieron a ejecutarlo en la hoguera. El rey Carlos V censuró fuertemente al obispo, pues consideró que los indígenas no debían ser juzgados por herejía y Zumárraga aceptó humildemente la reprimenda. El juicio al cacique Ometochtzin sirvió para que el rey Felipe II, al erigir el Tribunal de la Inquisición en América (25 de enero de 1569), decretara que dicho Tribunal no tuviera jurisdicción ni poder sobre los indígenas, lo cual quedó asentado en las «Leyes de Indias»&amp;lt;ref&amp;gt;Libro I, Título 18, Ley 17; también en el Libro VI, Título I, Ley 35&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por lo que se refiere a la destrucción de ídolos y códices, el mismo Zumárraga afirma en una carta del 12 de junio de 1531 que “se han destruido más de quinientos templos y veinte mil ídolos”&amp;lt;ref&amp;gt;Citada por Ricard Robert, p. 106&amp;lt;/ref&amp;gt;, pero no dice que él los haya destruido. Sin embargo en tiempos de la conquista “conservar algunos ídolos, algunos templos, como pensó Cortés, hubiera parecido una locura; fundar un museo, algo más extravagante aún (…) Icazbalceta ha hallado la frase exacta cuando dijo « un misionero no es un anticuario».”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, pp.  105-106&amp;lt;/ref&amp;gt;José Vasconcelos escribe al respecto: “no habría que pensar en guardar ídolos o restaurar groseras tallas en piedra, trabajo minúsculo de arqueólogos y antropólogos. Cuando se puede sustituir un teocalli con una catedral, no vale el argumento de que podría haberse buscado otro sitio…”&amp;lt;ref&amp;gt;Vasconcelos, p. 125.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En lo referente a la destrucción de los códices, “acusan a Zumárraga de haber quemado en gigantesca hoguera los archivos de Texcoco. Pero esos archivos habían sido destruidos desde 1520, cuando los tlaxcaltecas entraron allí con Cortés y quemaron los palacios principales. Los misioneros tuvieron gran empeño en la destrucción de ídolos y templos, pero se preocuparon poco por los manuscritos”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, p. 107&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se debe tener en cuenta que la conducta de los tlaxcaltecas no tenía nada de extraño, pues como señala Riva Palacio, entre todos los pueblos prehispánicos y no sólo con los tlaxcaltecas “era costumbre en las guerras, al tomar un pueblo por la fuerza, incendiar su templo y destruir sus ídolos”&amp;lt;ref&amp;gt;México a través de los siglos. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los ídolos eran “dioses aldeanos” y por eso el politeísmo prehispánico no fue proselitista. La indudable destrucción de cientos de códices no fue total; muchos fueron conservados por los mismos misioneros: “el tonalamatl, que Sahagún deseaba ver destruido, no lo fue, sino que se conservó en el convento de San Francisco de México.”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, p. 108&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero sobre todo lo anterior, fray Juan de Zumárraga es recordado por su protagonismo en el Acontecimiento Guadalupano, pues fue ante él que San Juan Diego Cuahutlatoatzin desplegó su ayate, y fueron sus ojos los que vieron plasmarse en ese burdo lienzo la preciosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. “Es una verdad históricamente demostrada con sobra de documentos que la crítica más severa no ha logrado destruir, que en diciembre de 1531 un indio plebeyo y desconocido se presentó al primer obispo de México, don Fray Juan de Zumárraga, como mensajero de la Virgen maría que le pedía un templo en el que se mostraría Madre tierna y amorosa de cuantos la invocaran”&amp;lt;ref&amp;gt;Enciclopedia Guadalupana, p. 393&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y también ese protagonismo ha sido motivo de polémica, pues los antiaparicionistas argumentan que Zumárraga y los franciscanos de esos años nunca escribieron una línea sobre el Acontecimiento Guadalupano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo quienes tal cosa alegan, no se preguntan el porqué de ese  “silencio” de Zumárraga y sus compañeros de Orden. “Podemos afirmar que el testimonio del silencio puede ser también «elocuente» cuando lleva a preguntarse el porqué del mismo, y a  intuir los motivos de un silencio, que a veces es deliberado. Por ello, a la objeción corriente de que este silencio es incomprensible, a menos que no se sepa nada de la historia, se tiene que responder intentando explicar sus porqués, sobre todo si uno se encuentra ante la evidencia, como lo demuestran las fuentes históricas, de un culto arrollador a ese cuadro particular guadalupano y precisamente en un lugar tan concreto como el cerro del Tepeyac. Para entender y explicar el silencio de los franciscanos, es necesario diferenciar fechas y etapas en esta historia (…) Lo contrario sería desconocer los complejos factores que explican sus actitudes; sería caer en una especie de anacronismo histórico y en un desconocimiento de su naturaleza. No se pueden proyectar criterios actuales sobre una situación de hace siglos, ignorando los distintos factores que la constituyeron. Para comprender objetivamente lo sucedido es necesario profundizar las distintas circunstancias y problemas de la evangelización en aquel entonces, sobre todo mirando desde la perspectiva misma de sus protagonistas, los frailes misioneros.”&amp;lt;ref&amp;gt;González Fernández Fidel. Guadalupe; el problema de los silencios. Voz en el presente Diccionario de Historia Cultural de la Iglesia en América Latina.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan de Zumárraga, fiel observante de las reglas de la Orden de San Francisco, falleció en la ciudad de México el 3 de junio de 1548. Sus restos mortales fueron depositados en la Catedral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Obras==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doctrina breve para la enseñanza de los indios, 1543: &lt;br /&gt;
Doctrina breve muy provechosa, 1543; &lt;br /&gt;
Doctrina cristiana cierta y verdadera, 1546; &lt;br /&gt;
Regla cristiana, 1547.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Chávez Ezequiel. Fray Pedro de Gante, JUS, México, 1962&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
http://www.franciscanos.org/enciclopedia/jzumaraga.html&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia Guadalupana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lopetegui y Zubillaga, Historia de la Iglesia en la América Española. BAC, Madrid, 1965&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mendieta y Nuñez Lucio. Ensayo sociológico sobre la Universidad. UNAM, México, 1980&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ricard Robert. La conquista espiritual de México. FCE, México, 7 reimpresión, 2002&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Riva Palacio Mariano. México a través de los siglos. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vasconcelos José. Hernán Cortés, creador de la nacionalidad mexicana. Tradición, México, 1975&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5225</id>
		<title>ZUMÁRRAGA, Fray Juan de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5225"/>
		<updated>2014-06-18T01:33:05Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* (Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al convento de San Francisco en Valladolid, más conocido como “Convento del Abrojo”, llegó a pasar en oración la Semana Santa de 1527 el rey Carlos I de España y V de Alemania. El Padre Guardián de ese convento era un fraile vasco de sesenta años llamado Juan de Zumárraga. Al despedirse el domingo de Pascua, el rey quiso hacerle al Padre Guardián un fuerte donativo a lo que éste se rehusó, y ante la insistencia del monarca decidió entregársela a los pobres. Impresionado por la actitud del franciscano, en 1528 el rey Carlos propuso a la Santa Sede que el primer titular de la entonces recién erigida diócesis de México, fuera fray Juan de Zumárraga, quien  de inmediato embarcó hacia Nueva España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las primeras acciones que Zumárraga tuvo que realizar al llegar el 6 de diciembre de 1528 a la ciudad de México, fue enfrentarse a las autoridades de la Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán, debido a los abusos y crueldades que estaban cometiendo en contra de los indígenas. El obispo reprendió a los integrantes de la Audiencia desde el púlpito &amp;quot;con amonestaciones muy recias (…) replicaron los de la Audiencia con pregón público, amenazando con pena de muerte al indígena o español que presentara queja ante el obispo”&amp;lt;ref&amp;gt;Lopetegui y Zubillaga, p. 345&amp;lt;/ref&amp;gt;. Zumárraga escribió a Carlos V dándole cuenta de esa situación. En ausencia del rey quien se encontraba fuera de España, su esposa, la reina Isabel de Portugal, ordenó la destitución y arresto de Nuño de Guzmán y los demás oidores de la Audiencia&amp;lt;ref&amp;gt;Chávez Ezequiel, p. 190&amp;lt;/ref&amp;gt;, quienes no tuvieron empacho en propagar diversas calumnias contra su acusador Zumárraga. Pero esas calumnias también debían ser investigadas por lo que, tras quedar demostrada su inocencia y ser nombrado «Protector de los indios», su consagración como obispo se realizó hasta abril de 1533 en el “Convento del Abrojo”. En 1547 la diócesis se trasformó en arquidiócesis y Zumárraga recibió el nombramiento de primer Arzobispo de México. A Juan de Zumárraga le tocó consagrar a tres obispos: Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, Juan López de Zárate, obispo de Nueva Antequera (Oaxaca) y a Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los veinte años que estuvo al frente de la diócesis-arquidiócesis (1528-1548) se distinguió, además de su labor como protector de los indios, por los siguientes hechos incuestionables que hacen manifiesta  su preocupación por elevar el nivel cultural de todos los habitantes: fomentó y subvencionó las célebres escuelas para indios erigidas por sus hermanos de Orden, la cuales fueron “hijas del idealismo práctico (y) de incorporación y de transfusión de una cultura y de una raza, en otra cultura y otra raza”&amp;lt;ref&amp;gt;Chávez Ezequiel, p. 180&amp;lt;/ref&amp;gt;; la fundación en 1536 del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, “obra meritísima, debida principalmente a fray Juan de Zumárraga (en el cual) se formó entre los indios un laicado católico selecto y la afirmación práctica de la igualdad de las razas en sus manifestaciones más elevadas.”&amp;lt;ref&amp;gt;Mendieta y Nuñez, p. 37&amp;lt;/ref&amp;gt;; la petición hecha en 1537 al rey para  fundar una Universidad en México, la cual no vio realizada pues Felipe II firmó la cédula de fundación de dicha Universidad hasta septiembre de 1551; el establecimiento de la primera imprenta que hubo en el Nuevo Mundo, la cual, bajo la dirección del impresor Juan Pablos &amp;lt;ref&amp;gt;Juan Pablos fue traído  por Zumárraga de la ciudad de Sevilla, donde había aprendido el oficio  con el célebre Juan Cromberger.&amp;lt;/ref&amp;gt;empezó a funcionar a finales de 1539 en la casa del Obispo, y en  la que también unos años atrás había formado la primera biblioteca que hubo en el Continente y trasladada después al Colegio de Tlatelolco. Pero también patrocinó otras obras significativas, como la introducción del gusano de seda y la fundación del Hospital del Amor de Dios, destinado también a los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vertiente polémica de la trayectoria del obispo Zumárraga surge de dos hechos: el proceso contra un indígena que fue ejecutado, y la destrucción de innumerables ídolos y códices. Por lo que se refiere al primero de estos hechos, el asunto surge en 1536 cuando fue nombrado «inquisidor apostólico»; con tal cargo procesó a un cacique de Texcoco llamado Carlos Ometochtzin a  quien se acusaba de seguir practicando sacrificios humanos. Zumárraga investigó el caso y halló culpable al cacique, entregándolo a las autoridades civiles quienes procedieron a ejecutarlo en la hoguera. El rey Carlos V censuró fuertemente al obispo, pues consideró que los indígenas no debían ser juzgados por herejía y Zumárraga aceptó humildemente la reprimenda. El juicio al cacique Ometochtzin sirvió para que el rey Felipe II, al erigir el Tribunal de la Inquisición en América (25 de enero de 1569), decretara que dicho Tribunal no tuviera jurisdicción ni poder sobre los indígenas, lo cual quedó asentado en las «Leyes de Indias»&amp;lt;ref&amp;gt;Libro I, Título 18, Ley 17; también en el Libro VI, Título I, Ley 35&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por lo que se refiere a la destrucción de ídolos y códices, el mismo Zumárraga afirma en una carta del 12 de junio de 1531 que “se han destruido más de quinientos templos y veinte mil ídolos”&amp;lt;ref&amp;gt;Citada por Ricard Robert, p. 106&amp;lt;/ref&amp;gt;, pero no dice que él los haya destruido. Sin embargo en tiempos de la conquista “conservar algunos ídolos, algunos templos, como pensó Cortés, hubiera parecido una locura; fundar un museo, algo más extravagante aún (…) Icazbalceta ha hallado la frase exacta cuando dijo « un misionero no es un anticuario».”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, pp.  105-106&amp;lt;/ref&amp;gt;José Vasconcelos escribe al respecto: “no habría que pensar en guardar ídolos o restaurar groseras tallas en piedra, trabajo minúsculo de arqueólogos y antropólogos. Cuando se puede sustituir un teocalli con una catedral, no vale el argumento de que podría haberse buscado otro sitio…”&amp;lt;ref&amp;gt;Vasconcelos, p. 125.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En lo referente a la destrucción de los códices, “acusan a Zumárraga de haber quemado en gigantesca hoguera los archivos de Texcoco. Pero esos archivos habían sido destruidos desde 1520, cuando los tlaxcaltecas entraron allí con Cortés y quemaron los palacios principales. Los misioneros tuvieron gran empeño en la destrucción de ídolos y templos, pero se preocuparon poco por los manuscritos”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, p. 107&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se debe tener en cuenta que la conducta de los tlaxcaltecas no tenía nada de extraño, pues como señala Riva Palacio, entre todos los pueblos prehispánicos y no sólo con los tlaxcaltecas “era costumbre en las guerras, al tomar un pueblo por la fuerza, incendiar su templo y destruir sus ídolos”&amp;lt;ref&amp;gt;México a través de los siglos. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los ídolos eran “dioses aldeanos” y por eso el politeísmo prehispánico no fue proselitista. La indudable destrucción de cientos de códices no fue total; muchos fueron conservados por los mismos misioneros: “el tonalamatl, que Sahagún deseaba ver destruido, no lo fue, sino que se conservó en el convento de San Francisco de México.”&amp;lt;ref&amp;gt;Ricard, p. 108&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero sobre todo lo anterior, fray Juan de Zumárraga es recordado por su protagonismo en el Acontecimiento Guadalupano, pues fue ante él que San Juan Diego Cuahutlatoatzin desplegó su ayate, y fueron sus ojos los que vieron plasmarse en ese burdo lienzo la preciosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. “Es una verdad históricamente demostrada con sobra de documentos que la crítica más severa no ha logrado destruir, que en diciembre de 1531 un indio plebeyo y desconocido se presentó al primer obispo de México, don Fray Juan de Zumárraga, como mensajero de la Virgen maría que le pedía un templo en el que se mostraría Madre tierna y amorosa de cuantos la invocaran”&amp;lt;ref&amp;gt;Enciclopedia Guadalupana, p. 393&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y también ese protagonismo ha sido motivo de polémica, pues los antiaparicionistas argumentan que Zumárraga y los franciscanos de esos años nunca escribieron una línea sobre el Acontecimiento Guadalupano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo quienes tal cosa alegan, no se preguntan el porqué de ese  “silencio” de Zumárraga y sus compañeros de Orden. “Podemos afirmar que el testimonio del silencio puede ser también «elocuente» cuando lleva a preguntarse el porqué del mismo, y a  intuir los motivos de un silencio, que a veces es deliberado. Por ello, a la objeción corriente de que este silencio es incomprensible, a menos que no se sepa nada de la historia, se tiene que responder intentando explicar sus porqués, sobre todo si uno se encuentra ante la evidencia, como lo demuestran las fuentes históricas, de un culto arrollador a ese cuadro particular guadalupano y precisamente en un lugar tan concreto como el cerro del Tepeyac. Para entender y explicar el silencio de los franciscanos, es necesario diferenciar fechas y etapas en esta historia (…) Lo contrario sería desconocer los complejos factores que explican sus actitudes; sería caer en una especie de anacronismo histórico y en un desconocimiento de su naturaleza. No se pueden proyectar criterios actuales sobre una situación de hace siglos, ignorando los distintos factores que la constituyeron. Para comprender objetivamente lo sucedido es necesario profundizar las distintas circunstancias y problemas de la evangelización en aquel entonces, sobre todo mirando desde la perspectiva misma de sus protagonistas, los frailes misioneros.”&amp;lt;ref&amp;gt;González Fernández Fidel. Guadalupe; el problema de los silencios. Voz en el presente Diccionario de Historia Cultural de la Iglesia en América Latina.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan de Zumárraga, fiel observante de las reglas de la Orden de San Francisco, falleció en la ciudad de México el 3 de junio de 1548. Sus restos mortales fueron depositados en la Catedral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Obras==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doctrina breve para la enseñanza de los indios, 1543: &lt;br /&gt;
Doctrina breve muy provechosa, 1543; &lt;br /&gt;
Doctrina cristiana cierta y verdadera, 1546; &lt;br /&gt;
Regla cristiana, 1547.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Chávez Ezequiel. Fray Pedro de Gante, JUS, México, 1962&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
http://www.franciscanos.org/enciclopedia/jzumaraga.html&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia Guadalupana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lopetegui y Zubillaga, Historia de la Iglesia en la América Española. BAC, Madrid, 1965&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mendieta y Nuñez Lucio. Ensayo sociológico sobre la Universidad. UNAM, México, 1980&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ricard Robert. La conquista espiritual de México. FCE, México, 7 reimpresión, 2002&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Riva Palacio Mariano. México a través de los siglos. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vasconcelos José. Hernán Cortés, creador de la nacionalidad mexicana. Tradición, México, 1975&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5224</id>
		<title>ZUMÁRRAGA, Fray Juan de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5224"/>
		<updated>2014-06-18T01:08:48Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al convento de San Francisco en Valladolid, más conocido como “Convento del Abrojo”, llegó a pasar en oración la Semana Santa de 1527 el rey Carlos I de España y V de Alemania. El Padre Guardián de ese convento era un fraile vasco de sesenta años llamado Juan de Zumárraga. Al despedirse el domingo de Pascua, el rey quiso hacerle al Padre Guardián un fuerte donativo a lo que éste se rehusó, y ante la insistencia del monarca decidió entregársela a los pobres. Impresionado por la actitud del franciscano, en 1528 el rey Carlos propuso a la Santa Sede que el primer titular de la entonces recién erigida diócesis de México, fuera fray Juan de Zumárraga, quien  de inmediato embarcó hacia Nueva España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las primeras acciones que Zumárraga tuvo que realizar al llegar el 6 de diciembre de 1528 a la ciudad de México, fue enfrentarse a las autoridades de la Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán, debido a los abusos y crueldades que estaban cometiendo en contra de los indígenas. El obispo reprendió a los integrantes de la Audiencia desde el púlpito &amp;quot;con amonestaciones muy recias (…) replicaron los de la Audiencia con pregón público, amenazando con pena de muerte al indígena o español que presentara queja ante el obispo.”  Zumárraga escribió a Carlos V dándole cuenta de esa situación. En ausencia del rey quien se encontraba fuera de España, su esposa, la reina Isabel de Portugal, ordenó la destitución y arresto de Nuño de Guzmán y los demás oidores de la Audiencia , quienes no tuvieron empacho en propagar diversas calumnias contra su acusador Zumárraga. Pero esas calumnias también debían ser investigadas por lo que, tras quedar demostrada su inocencia y ser nombrado «Protector de los indios», su consagración como obispo se realizó hasta abril de 1533 en el “Convento del Abrojo”. En 1547 la diócesis se trasformó en arquidiócesis y Zumárraga recibió el nombramiento de primer Arzobispo de México. A Juan de Zumárraga le tocó consagrar a tres obispos: Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, Juan López de Zárate, obispo de Nueva Antequera (Oaxaca) y a Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los veinte años que estuvo al frente de la diócesis-arquidiócesis (1528-1548) se distinguió, además de su labor como protector de los indios, por los siguientes hechos incuestionables que hacen manifiesta  su preocupación por elevar el nivel cultural de todos los habitantes: fomentó y subvencionó las célebres escuelas para indios erigidas por sus hermanos de Orden, la cuales fueron “hijas del idealismo práctico (y) de incorporación y de transfusión de una cultura y de una raza, en otra cultura y otra raza” ; la fundación en 1536 del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, “obra meritísima, debida principalmente a fray Juan de Zumárraga (en el cual) se formó entre los indios un laicado católico selecto y la afirmación práctica de la igualdad de las razas en sus manifestaciones más elevadas.” ; la petición hecha en 1537 al rey para  fundar una Universidad en México, la cual no vio realizada pues Felipe II firmó la cédula de fundación de dicha Universidad hasta septiembre de 1551; el establecimiento de la primera imprenta que hubo en el Nuevo Mundo, la cual, bajo la dirección del impresor Juan Pablos  empezó a funcionar a finales de 1539 en la casa del Obispo, y en  la que también unos años atrás había formado la primera biblioteca que hubo en el Continente y trasladada después al Colegio de Tlatelolco. Pero también patrocinó otras obras significativas, como la introducción del gusano de seda y la fundación del Hospital del Amor de Dios, destinado también a los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vertiente polémica de la trayectoria del obispo Zumárraga surge de dos hechos: el proceso contra un indígena que fue ejecutado, y la destrucción de innumerables ídolos y códices. Por lo que se refiere al primero de estos hechos, el asunto surge en 1536 cuando fue nombrado «inquisidor apostólico»; con tal cargo procesó a un cacique de Texcoco llamado Carlos Ometochtzin a  quien se acusaba de seguir practicando sacrificios humanos. Zumárraga investigó el caso y halló culpable al cacique, entregándolo a las autoridades civiles quienes procedieron a ejecutarlo en la hoguera. El rey Carlos V censuró fuertemente al obispo, pues consideró que los indígenas no debían ser juzgados por herejía y Zumárraga aceptó humildemente la reprimenda. El juicio al cacique Ometochtzin sirvió para que el rey Felipe II, al erigir el Tribunal de la Inquisición en América (25 de enero de 1569), decretara que dicho Tribunal no tuviera jurisdicción ni poder sobre los indígenas, lo cual quedó asentado en las «Leyes de Indias».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por lo que se refiere a la destrucción de ídolos y códices, el mismo Zumárraga afirma en una carta del 12 de junio de 1531 que “se han destruido más de quinientos templos y veinte mil ídolos” , pero no dice que él los haya destruido. Sin embargo en tiempos de la conquista “conservar algunos ídolos, algunos templos, como pensó Cortés, hubiera parecido una locura; fundar un museo, algo más extravagante aún (…) Icazbalceta ha hallado la frase exacta cuando dijo « un misionero no es un anticuario».”  José Vasconcelos escribe al respecto: “no habría que pensar en guardar ídolos o restaurar groseras tallas en piedra, trabajo minúsculo de arqueólogos y antropólogos. Cuando se puede sustituir un teocalli con una catedral, no vale el argumento de que podría haberse buscado otro sitio…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En lo referente a la destrucción de los códices, “acusan a Zumárraga de haber quemado en gigantesca hoguera los archivos de Texcoco. Pero esos archivos habían sido destruidos desde 1520, cuando los tlaxcaltecas entraron allí con Cortés y quemaron los palacios principales. Los misioneros tuvieron gran empeño en la destrucción de ídolos y templos, pero se preocuparon poco por los manuscritos”.  Se debe tener en cuenta que la conducta de los tlaxcaltecas no tenía nada de extraño, pues como señala Riva Palacio, entre todos los pueblos prehispánicos y no sólo con los tlaxcaltecas “era costumbre en las guerras, al tomar un pueblo por la fuerza, incendiar su templo y destruir sus ídolos”.  Los ídolos eran “dioses aldeanos” y por eso el politeísmo prehispánico no fue proselitista. La indudable destrucción de cientos de códices no fue total; muchos fueron conservados por los mismos misioneros: “el tonalamatl, que Sahagún deseaba ver destruido, no lo fue, sino que se conservó en el convento de San Francisco de México.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero sobre todo lo anterior, fray Juan de Zumárraga es recordado por su protagonismo en el Acontecimiento Guadalupano, pues fue ante él que San Juan Diego Cuahutlatoatzin desplegó su ayate, y fueron sus ojos los que vieron plasmarse en ese burdo lienzo la preciosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. “Es una verdad históricamente demostrada con sobra de documentos que la crítica más severa no ha logrado destruir, que en diciembre de 1531 un indio plebeyo y desconocido se presentó al primer obispo de México, don Fray Juan de Zumárraga, como mensajero de la Virgen maría que le pedía un templo en el que se mostraría Madre tierna y amorosa de cuantos la invocaran”.  Y también ese protagonismo ha sido motivo de polémica, pues los antiaparicionistas argumentan que Zumárraga y los franciscanos de esos años nunca escribieron una línea sobre el Acontecimiento Guadalupano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo quienes tal cosa alegan, no se preguntan el porqué de ese  “silencio” de Zumárraga y sus compañeros de Orden. “Podemos afirmar que el testimonio del silencio puede ser también «elocuente» cuando lleva a preguntarse el porqué del mismo, y a  intuir los motivos de un silencio, que a veces es deliberado. Por ello, a la objeción corriente de que este silencio es incomprensible, a menos que no se sepa nada de la historia, se tiene que responder intentando explicar sus porqués, sobre todo si uno se encuentra ante la evidencia, como lo demuestran las fuentes históricas, de un culto arrollador a ese cuadro particular guadalupano y precisamente en un lugar tan concreto como el cerro del Tepeyac. Para entender y explicar el silencio de los franciscanos, es necesario diferenciar fechas y etapas en esta historia (…) Lo contrario sería desconocer los complejos factores que explican sus actitudes; sería caer en una especie de anacronismo histórico y en un desconocimiento de su naturaleza. No se pueden proyectar criterios actuales sobre una situación de hace siglos, ignorando los distintos factores que la constituyeron. Para comprender objetivamente lo sucedido es necesario profundizar las distintas circunstancias y problemas de la evangelización en aquel entonces, sobre todo mirando desde la perspectiva misma de sus protagonistas, los frailes misioneros.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan de Zumárraga, fiel observante de las reglas de la Orden de San Francisco, falleció en la ciudad de México el 3 de junio de 1548. Sus restos mortales fueron depositados en la Catedral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Obras==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doctrina breve para la enseñanza de los indios, 1543: &lt;br /&gt;
Doctrina breve muy provechosa, 1543; &lt;br /&gt;
Doctrina cristiana cierta y verdadera, 1546; &lt;br /&gt;
Regla cristiana, 1547.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Notas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Chávez Ezequiel. Fray Pedro de Gante, JUS, México, 1962&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
http://www.franciscanos.org/enciclopedia/jzumaraga.html&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia Guadalupana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lopetegui y Zubillaga, Historia de la Iglesia en la América Española. BAC, Madrid, 1965&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mendieta y Nuñez Lucio. Ensayo sociológico sobre la Universidad. UNAM, México, 1980&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ricard Robert. La conquista espiritual de México. FCE, México, 7 reimpresión, 2002&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Riva Palacio Mariano. México a través de los siglos. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vasconcelos José. Hernán Cortés, creador de la nacionalidad mexicana. Tradición, México, 1975&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5223</id>
		<title>ZUMÁRRAGA, Fray Juan de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5223"/>
		<updated>2014-06-18T01:07:54Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al convento de San Francisco en Valladolid, más conocido como “Convento del Abrojo”, llegó a pasar en oración la Semana Santa de 1527 el rey Carlos I de España y V de Alemania. El Padre Guardián de ese convento era un fraile vasco de sesenta años llamado Juan de Zumárraga. Al despedirse el domingo de Pascua, el rey quiso hacerle al Padre Guardián un fuerte donativo a lo que éste se rehusó, y ante la insistencia del monarca decidió entregársela a los pobres. Impresionado por la actitud del franciscano, en 1528 el rey Carlos propuso a la Santa Sede que el primer titular de la entonces recién erigida diócesis de México, fuera fray Juan de Zumárraga, quien  de inmediato embarcó hacia Nueva España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las primeras acciones que Zumárraga tuvo que realizar al llegar el 6 de diciembre de 1528 a la ciudad de México, fue enfrentarse a las autoridades de la Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán, debido a los abusos y crueldades que estaban cometiendo en contra de los indígenas. El obispo reprendió a los integrantes de la Audiencia desde el púlpito &amp;quot;con amonestaciones muy recias (…) replicaron los de la Audiencia con pregón público, amenazando con pena de muerte al indígena o español que presentara queja ante el obispo.”  Zumárraga escribió a Carlos V dándole cuenta de esa situación. En ausencia del rey quien se encontraba fuera de España, su esposa, la reina Isabel de Portugal, ordenó la destitución y arresto de Nuño de Guzmán y los demás oidores de la Audiencia , quienes no tuvieron empacho en propagar diversas calumnias contra su acusador Zumárraga. Pero esas calumnias también debían ser investigadas por lo que, tras quedar demostrada su inocencia y ser nombrado «Protector de los indios», su consagración como obispo se realizó hasta abril de 1533 en el “Convento del Abrojo”. En 1547 la diócesis se trasformó en arquidiócesis y Zumárraga recibió el nombramiento de primer Arzobispo de México. A Juan de Zumárraga le tocó consagrar a tres obispos: Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, Juan López de Zárate, obispo de Nueva Antequera (Oaxaca) y a Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los veinte años que estuvo al frente de la diócesis-arquidiócesis (1528-1548) se distinguió, además de su labor como protector de los indios, por los siguientes hechos incuestionables que hacen manifiesta  su preocupación por elevar el nivel cultural de todos los habitantes: fomentó y subvencionó las célebres escuelas para indios erigidas por sus hermanos de Orden, la cuales fueron “hijas del idealismo práctico (y) de incorporación y de transfusión de una cultura y de una raza, en otra cultura y otra raza” ; la fundación en 1536 del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, “obra meritísima, debida principalmente a fray Juan de Zumárraga (en el cual) se formó entre los indios un laicado católico selecto y la afirmación práctica de la igualdad de las razas en sus manifestaciones más elevadas.” ; la petición hecha en 1537 al rey para  fundar una Universidad en México, la cual no vio realizada pues Felipe II firmó la cédula de fundación de dicha Universidad hasta septiembre de 1551; el establecimiento de la primera imprenta que hubo en el Nuevo Mundo, la cual, bajo la dirección del impresor Juan Pablos  empezó a funcionar a finales de 1539 en la casa del Obispo, y en  la que también unos años atrás había formado la primera biblioteca que hubo en el Continente y trasladada después al Colegio de Tlatelolco. Pero también patrocinó otras obras significativas, como la introducción del gusano de seda y la fundación del Hospital del Amor de Dios, destinado también a los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vertiente polémica de la trayectoria del obispo Zumárraga surge de dos hechos: el proceso contra un indígena que fue ejecutado, y la destrucción de innumerables ídolos y códices. Por lo que se refiere al primero de estos hechos, el asunto surge en 1536 cuando fue nombrado «inquisidor apostólico»; con tal cargo procesó a un cacique de Texcoco llamado Carlos Ometochtzin a  quien se acusaba de seguir practicando sacrificios humanos. Zumárraga investigó el caso y halló culpable al cacique, entregándolo a las autoridades civiles quienes procedieron a ejecutarlo en la hoguera. El rey Carlos V censuró fuertemente al obispo, pues consideró que los indígenas no debían ser juzgados por herejía y Zumárraga aceptó humildemente la reprimenda. El juicio al cacique Ometochtzin sirvió para que el rey Felipe II, al erigir el Tribunal de la Inquisición en América (25 de enero de 1569), decretara que dicho Tribunal no tuviera jurisdicción ni poder sobre los indígenas, lo cual quedó asentado en las «Leyes de Indias».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por lo que se refiere a la destrucción de ídolos y códices, el mismo Zumárraga afirma en una carta del 12 de junio de 1531 que “se han destruido más de quinientos templos y veinte mil ídolos” , pero no dice que él los haya destruido. Sin embargo en tiempos de la conquista “conservar algunos ídolos, algunos templos, como pensó Cortés, hubiera parecido una locura; fundar un museo, algo más extravagante aún (…) Icazbalceta ha hallado la frase exacta cuando dijo « un misionero no es un anticuario».”  José Vasconcelos escribe al respecto: “no habría que pensar en guardar ídolos o restaurar groseras tallas en piedra, trabajo minúsculo de arqueólogos y antropólogos. Cuando se puede sustituir un teocalli con una catedral, no vale el argumento de que podría haberse buscado otro sitio…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En lo referente a la destrucción de los códices, “acusan a Zumárraga de haber quemado en gigantesca hoguera los archivos de Texcoco. Pero esos archivos habían sido destruidos desde 1520, cuando los tlaxcaltecas entraron allí con Cortés y quemaron los palacios principales. Los misioneros tuvieron gran empeño en la destrucción de ídolos y templos, pero se preocuparon poco por los manuscritos”.  Se debe tener en cuenta que la conducta de los tlaxcaltecas no tenía nada de extraño, pues como señala Riva Palacio, entre todos los pueblos prehispánicos y no sólo con los tlaxcaltecas “era costumbre en las guerras, al tomar un pueblo por la fuerza, incendiar su templo y destruir sus ídolos”.  Los ídolos eran “dioses aldeanos” y por eso el politeísmo prehispánico no fue proselitista. La indudable destrucción de cientos de códices no fue total; muchos fueron conservados por los mismos misioneros: “el tonalamatl, que Sahagún deseaba ver destruido, no lo fue, sino que se conservó en el convento de San Francisco de México.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero sobre todo lo anterior, fray Juan de Zumárraga es recordado por su protagonismo en el Acontecimiento Guadalupano, pues fue ante él que San Juan Diego Cuahutlatoatzin desplegó su ayate, y fueron sus ojos los que vieron plasmarse en ese burdo lienzo la preciosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. “Es una verdad históricamente demostrada con sobra de documentos que la crítica más severa no ha logrado destruir, que en diciembre de 1531 un indio plebeyo y desconocido se presentó al primer obispo de México, don Fray Juan de Zumárraga, como mensajero de la Virgen maría que le pedía un templo en el que se mostraría Madre tierna y amorosa de cuantos la invocaran”.  Y también ese protagonismo ha sido motivo de polémica, pues los antiaparicionistas argumentan que Zumárraga y los franciscanos de esos años nunca escribieron una línea sobre el Acontecimiento Guadalupano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo quienes tal cosa alegan, no se preguntan el porqué de ese  “silencio” de Zumárraga y sus compañeros de Orden. “Podemos afirmar que el testimonio del silencio puede ser también «elocuente» cuando lleva a preguntarse el porqué del mismo, y a  intuir los motivos de un silencio, que a veces es deliberado. Por ello, a la objeción corriente de que este silencio es incomprensible, a menos que no se sepa nada de la historia, se tiene que responder intentando explicar sus porqués, sobre todo si uno se encuentra ante la evidencia, como lo demuestran las fuentes históricas, de un culto arrollador a ese cuadro particular guadalupano y precisamente en un lugar tan concreto como el cerro del Tepeyac. Para entender y explicar el silencio de los franciscanos, es necesario diferenciar fechas y etapas en esta historia (…) Lo contrario sería desconocer los complejos factores que explican sus actitudes; sería caer en una especie de anacronismo histórico y en un desconocimiento de su naturaleza. No se pueden proyectar criterios actuales sobre una situación de hace siglos, ignorando los distintos factores que la constituyeron. Para comprender objetivamente lo sucedido es necesario profundizar las distintas circunstancias y problemas de la evangelización en aquel entonces, sobre todo mirando desde la perspectiva misma de sus protagonistas, los frailes misioneros.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan de Zumárraga, fiel observante de las reglas de la Orden de San Francisco, falleció en la ciudad de México el 3 de junio de 1548. Sus restos mortales fueron depositados en la Catedral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Obras==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doctrina breve para la enseñanza de los indios, 1543: &lt;br /&gt;
Doctrina breve muy provechosa, 1543; &lt;br /&gt;
Doctrina cristiana cierta y verdadera, 1546; &lt;br /&gt;
Regla cristiana, 1547.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Chávez Ezequiel. Fray Pedro de Gante, JUS, México, 1962&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
http://www.franciscanos.org/enciclopedia/jzumaraga.html&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia Guadalupana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lopetegui y Zubillaga, Historia de la Iglesia en la América Española. BAC, Madrid, 1965&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mendieta y Nuñez Lucio. Ensayo sociológico sobre la Universidad. UNAM, México, 1980&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ricard Robert. La conquista espiritual de México. FCE, México, 7 reimpresión, 2002&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Riva Palacio Mariano. México a través de los siglos. Tomo I, p. IV, Cumbre, México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vasconcelos José. Hernán Cortés, creador de la nacionalidad mexicana. Tradición, México, 1975&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5222</id>
		<title>ZUMÁRRAGA, Fray Juan de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5222"/>
		<updated>2014-06-18T01:06:56Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* (Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al convento de San Francisco en Valladolid, más conocido como “Convento del Abrojo”, llegó a pasar en oración la Semana Santa de 1527 el rey Carlos I de España y V de Alemania. El Padre Guardián de ese convento era un fraile vasco de sesenta años llamado Juan de Zumárraga. Al despedirse el domingo de Pascua, el rey quiso hacerle al Padre Guardián un fuerte donativo a lo que éste se rehusó, y ante la insistencia del monarca decidió entregársela a los pobres. Impresionado por la actitud del franciscano, en 1528 el rey Carlos propuso a la Santa Sede que el primer titular de la entonces recién erigida diócesis de México, fuera fray Juan de Zumárraga, quien  de inmediato embarcó hacia Nueva España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una de las primeras acciones que Zumárraga tuvo que realizar al llegar el 6 de diciembre de 1528 a la ciudad de México, fue enfrentarse a las autoridades de la Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán, debido a los abusos y crueldades que estaban cometiendo en contra de los indígenas. El obispo reprendió a los integrantes de la Audiencia desde el púlpito &amp;quot;con amonestaciones muy recias (…) replicaron los de la Audiencia con pregón público, amenazando con pena de muerte al indígena o español que presentara queja ante el obispo.”  Zumárraga escribió a Carlos V dándole cuenta de esa situación. En ausencia del rey quien se encontraba fuera de España, su esposa, la reina Isabel de Portugal, ordenó la destitución y arresto de Nuño de Guzmán y los demás oidores de la Audiencia , quienes no tuvieron empacho en propagar diversas calumnias contra su acusador Zumárraga. Pero esas calumnias también debían ser investigadas por lo que, tras quedar demostrada su inocencia y ser nombrado «Protector de los indios», su consagración como obispo se realizó hasta abril de 1533 en el “Convento del Abrojo”. En 1547 la diócesis se trasformó en arquidiócesis y Zumárraga recibió el nombramiento de primer Arzobispo de México. A Juan de Zumárraga le tocó consagrar a tres obispos: Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, Juan López de Zárate, obispo de Nueva Antequera (Oaxaca) y a Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En los veinte años que estuvo al frente de la diócesis-arquidiócesis (1528-1548) se distinguió, además de su labor como protector de los indios, por los siguientes hechos incuestionables que hacen manifiesta  su preocupación por elevar el nivel cultural de todos los habitantes: fomentó y subvencionó las célebres escuelas para indios erigidas por sus hermanos de Orden, la cuales fueron “hijas del idealismo práctico (y) de incorporación y de transfusión de una cultura y de una raza, en otra cultura y otra raza” ; la fundación en 1536 del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, “obra meritísima, debida principalmente a fray Juan de Zumárraga (en el cual) se formó entre los indios un laicado católico selecto y la afirmación práctica de la igualdad de las razas en sus manifestaciones más elevadas.” ; la petición hecha en 1537 al rey para  fundar una Universidad en México, la cual no vio realizada pues Felipe II firmó la cédula de fundación de dicha Universidad hasta septiembre de 1551; el establecimiento de la primera imprenta que hubo en el Nuevo Mundo, la cual, bajo la dirección del impresor Juan Pablos  empezó a funcionar a finales de 1539 en la casa del Obispo, y en  la que también unos años atrás había formado la primera biblioteca que hubo en el Continente y trasladada después al Colegio de Tlatelolco. Pero también patrocinó otras obras significativas, como la introducción del gusano de seda y la fundación del Hospital del Amor de Dios, destinado también a los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La vertiente polémica de la trayectoria del obispo Zumárraga surge de dos hechos: el proceso contra un indígena que fue ejecutado, y la destrucción de innumerables ídolos y códices. Por lo que se refiere al primero de estos hechos, el asunto surge en 1536 cuando fue nombrado «inquisidor apostólico»; con tal cargo procesó a un cacique de Texcoco llamado Carlos Ometochtzin a  quien se acusaba de seguir practicando sacrificios humanos. Zumárraga investigó el caso y halló culpable al cacique, entregándolo a las autoridades civiles quienes procedieron a ejecutarlo en la hoguera. El rey Carlos V censuró fuertemente al obispo, pues consideró que los indígenas no debían ser juzgados por herejía y Zumárraga aceptó humildemente la reprimenda. El juicio al cacique Ometochtzin sirvió para que el rey Felipe II, al erigir el Tribunal de la Inquisición en América (25 de enero de 1569), decretara que dicho Tribunal no tuviera jurisdicción ni poder sobre los indígenas, lo cual quedó asentado en las «Leyes de Indias».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y por lo que se refiere a la destrucción de ídolos y códices, el mismo Zumárraga afirma en una carta del 12 de junio de 1531 que “se han destruido más de quinientos templos y veinte mil ídolos” , pero no dice que él los haya destruido. Sin embargo en tiempos de la conquista “conservar algunos ídolos, algunos templos, como pensó Cortés, hubiera parecido una locura; fundar un museo, algo más extravagante aún (…) Icazbalceta ha hallado la frase exacta cuando dijo « un misionero no es un anticuario».”  José Vasconcelos escribe al respecto: “no habría que pensar en guardar ídolos o restaurar groseras tallas en piedra, trabajo minúsculo de arqueólogos y antropólogos. Cuando se puede sustituir un teocalli con una catedral, no vale el argumento de que podría haberse buscado otro sitio…”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En lo referente a la destrucción de los códices, “acusan a Zumárraga de haber quemado en gigantesca hoguera los archivos de Texcoco. Pero esos archivos habían sido destruidos desde 1520, cuando los tlaxcaltecas entraron allí con Cortés y quemaron los palacios principales. Los misioneros tuvieron gran empeño en la destrucción de ídolos y templos, pero se preocuparon poco por los manuscritos”.  Se debe tener en cuenta que la conducta de los tlaxcaltecas no tenía nada de extraño, pues como señala Riva Palacio, entre todos los pueblos prehispánicos y no sólo con los tlaxcaltecas “era costumbre en las guerras, al tomar un pueblo por la fuerza, incendiar su templo y destruir sus ídolos”.  Los ídolos eran “dioses aldeanos” y por eso el politeísmo prehispánico no fue proselitista. La indudable destrucción de cientos de códices no fue total; muchos fueron conservados por los mismos misioneros: “el tonalamatl, que Sahagún deseaba ver destruido, no lo fue, sino que se conservó en el convento de San Francisco de México.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero sobre todo lo anterior, fray Juan de Zumárraga es recordado por su protagonismo en el Acontecimiento Guadalupano, pues fue ante él que San Juan Diego Cuahutlatoatzin desplegó su ayate, y fueron sus ojos los que vieron plasmarse en ese burdo lienzo la preciosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. “Es una verdad históricamente demostrada con sobra de documentos que la crítica más severa no ha logrado destruir, que en diciembre de 1531 un indio plebeyo y desconocido se presentó al primer obispo de México, don Fray Juan de Zumárraga, como mensajero de la Virgen maría que le pedía un templo en el que se mostraría Madre tierna y amorosa de cuantos la invocaran”.  Y también ese protagonismo ha sido motivo de polémica, pues los antiaparicionistas argumentan que Zumárraga y los franciscanos de esos años nunca escribieron una línea sobre el Acontecimiento Guadalupano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo quienes tal cosa alegan, no se preguntan el porqué de ese  “silencio” de Zumárraga y sus compañeros de Orden. “Podemos afirmar que el testimonio del silencio puede ser también «elocuente» cuando lleva a preguntarse el porqué del mismo, y a  intuir los motivos de un silencio, que a veces es deliberado. Por ello, a la objeción corriente de que este silencio es incomprensible, a menos que no se sepa nada de la historia, se tiene que responder intentando explicar sus porqués, sobre todo si uno se encuentra ante la evidencia, como lo demuestran las fuentes históricas, de un culto arrollador a ese cuadro particular guadalupano y precisamente en un lugar tan concreto como el cerro del Tepeyac. Para entender y explicar el silencio de los franciscanos, es necesario diferenciar fechas y etapas en esta historia (…) Lo contrario sería desconocer los complejos factores que explican sus actitudes; sería caer en una especie de anacronismo histórico y en un desconocimiento de su naturaleza. No se pueden proyectar criterios actuales sobre una situación de hace siglos, ignorando los distintos factores que la constituyeron. Para comprender objetivamente lo sucedido es necesario profundizar las distintas circunstancias y problemas de la evangelización en aquel entonces, sobre todo mirando desde la perspectiva misma de sus protagonistas, los frailes misioneros.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fray Juan de Zumárraga, fiel observante de las reglas de la Orden de San Francisco, falleció en la ciudad de México el 3 de junio de 1548. Sus restos mortales fueron depositados en la Catedral.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Obras==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doctrina breve para la enseñanza de los indios, 1543: &lt;br /&gt;
Doctrina breve muy provechosa, 1543; &lt;br /&gt;
Doctrina cristiana cierta y verdadera, 1546; &lt;br /&gt;
Regla cristiana, 1547.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5221</id>
		<title>ZUMÁRRAGA, Fray Juan de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ZUM%C3%81RRAGA,_Fray_Juan_de&amp;diff=5221"/>
		<updated>2014-06-18T00:55:20Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: Página creada con '==(Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo==  Al convento de San Francisco en Valladolid, más conocido como “Convento del Abrojo”, llegó a pasar en ora…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Vizcaya, 1468; México, 1548) Religioso franciscano, Obispo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al convento de San Francisco en Valladolid, más conocido como “Convento del Abrojo”, llegó a pasar en oración la Semana Santa de 1527 el rey Carlos I de España y V de Alemania. El Padre Guardián de ese convento era un fraile vasco de sesenta años llamado Juan de Zumárraga. Al despedirse el domingo de Pascua, el rey quiso hacerle al Padre Guardián un fuerte donativo a lo que éste se rehusó, y ante la insistencia del monarca decidió entregársela a los pobres. Impresionado por la actitud del franciscano, en 1528 el rey Carlos propuso a la Santa Sede que el primer titular de la entonces recién erigida diócesis de México, fuera fray Juan de Zumárraga, quien  de inmediato embarcó hacia Nueva España.&lt;br /&gt;
Una de las primeras acciones que Zumárraga tuvo que realizar al llegar el 6 de diciembre de 1528 a la ciudad de México, fue enfrentarse a las autoridades de la Audiencia presidida por Nuño Beltrán de Guzmán, debido a los abusos y crueldades que estaban cometiendo en contra de los indígenas. El obispo reprendió a los integrantes de la Audiencia desde el púlpito &amp;quot;con amonestaciones muy recias (…) replicaron los de la Audiencia con pregón público, amenazando con pena de muerte al indígena o español que presentara queja ante el obispo.”  Zumárraga escribió a Carlos V dándole cuenta de esa situación. En ausencia del rey quien se encontraba fuera de España, su esposa, la reina Isabel de Portugal, ordenó la destitución y arresto de Nuño de Guzmán y los demás oidores de la Audiencia , quienes no tuvieron empacho en propagar diversas calumnias contra su acusador Zumárraga. Pero esas calumnias también debían ser investigadas por lo que, tras quedar demostrada su inocencia y ser nombrado «Protector de los indios», su consagración como obispo se realizó hasta abril de 1533 en el “Convento del Abrojo”. En 1547 la diócesis se trasformó en arquidiócesis y Zumárraga recibió el nombramiento de primer Arzobispo de México. A Juan de Zumárraga le tocó consagrar a tres obispos: Francisco Marroquín, obispo de Guatemala, Juan López de Zárate, obispo de Nueva Antequera (Oaxaca) y a Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán. &lt;br /&gt;
En los veinte años que estuvo al frente de la diócesis-arquidiócesis (1528-1548) se distinguió, además de su labor como protector de los indios, por los siguientes hechos incuestionables que hacen manifiesta  su preocupación por elevar el nivel cultural de todos los habitantes: fomentó y subvencionó las célebres escuelas para indios erigidas por sus hermanos de Orden, la cuales fueron “hijas del idealismo práctico (y) de incorporación y de transfusión de una cultura y de una raza, en otra cultura y otra raza” ; la fundación en 1536 del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, “obra meritísima, debida principalmente a fray Juan de Zumárraga (en el cual) se formó entre los indios un laicado católico selecto y la afirmación práctica de la igualdad de las razas en sus manifestaciones más elevadas.” ; la petición hecha en 1537 al rey para  fundar una Universidad en México, la cual no vio realizada pues Felipe II firmó la cédula de fundación de dicha Universidad hasta septiembre de 1551; el establecimiento de la primera imprenta que hubo en el Nuevo Mundo, la cual, bajo la dirección del impresor Juan Pablos  empezó a funcionar a finales de 1539 en la casa del Obispo, y en  la que también unos años atrás había formado la primera biblioteca que hubo en el Continente y trasladada después al Colegio de Tlatelolco. Pero también patrocinó otras obras significativas, como la introducción del gusano de seda y la fundación del Hospital del Amor de Dios, destinado también a los indígenas.&lt;br /&gt;
La vertiente polémica de la trayectoria del obispo Zumárraga surge de dos hechos: el proceso contra un indígena que fue ejecutado, y la destrucción de innumerables ídolos y códices. Por lo que se refiere al primero de estos hechos, el asunto surge en 1536 cuando fue nombrado «inquisidor apostólico»; con tal cargo procesó a un cacique de Texcoco llamado Carlos Ometochtzin a  quien se acusaba de seguir practicando sacrificios humanos. Zumárraga investigó el caso y halló culpable al cacique, entregándolo a las autoridades civiles quienes procedieron a ejecutarlo en la hoguera. El rey Carlos V censuró fuertemente al obispo, pues consideró que los indígenas no debían ser juzgados por herejía y Zumárraga aceptó humildemente la reprimenda. El juicio al cacique Ometochtzin sirvió para que el rey Felipe II, al erigir el Tribunal de la Inquisición en América (25 de enero de 1569), decretara que dicho Tribunal no tuviera jurisdicción ni poder sobre los indígenas, lo cual quedó asentado en las «Leyes de Indias». &lt;br /&gt;
Y por lo que se refiere a la destrucción de ídolos y códices, el mismo Zumárraga afirma en una carta del 12 de junio de 1531 que “se han destruido más de quinientos templos y veinte mil ídolos” , pero no dice que él los haya destruido. Sin embargo en tiempos de la conquista “conservar algunos ídolos, algunos templos, como pensó Cortés, hubiera parecido una locura; fundar un museo, algo más extravagante aún (…) Icazbalceta ha hallado la frase exacta cuando dijo « un misionero no es un anticuario».”  José Vasconcelos escribe al respecto: “no habría que pensar en guardar ídolos o restaurar groseras tallas en piedra, trabajo minúsculo de arqueólogos y antropólogos. Cuando se puede sustituir un teocalli con una catedral, no vale el argumento de que podría haberse buscado otro sitio…”.  &lt;br /&gt;
En lo referente a la destrucción de los códices, “acusan a Zumárraga de haber quemado en gigantesca hoguera los archivos de Texcoco. Pero esos archivos habían sido destruidos desde 1520, cuando los tlaxcaltecas entraron allí con Cortés y quemaron los palacios principales. Los misioneros tuvieron gran empeño en la destrucción de ídolos y templos, pero se preocuparon poco por los manuscritos”.  Se debe tener en cuenta que la conducta de los tlaxcaltecas no tenía nada de extraño, pues como señala Riva Palacio, entre todos los pueblos prehispánicos y no sólo con los tlaxcaltecas “era costumbre en las guerras, al tomar un pueblo por la fuerza, incendiar su templo y destruir sus ídolos”.  Los ídolos eran “dioses aldeanos” y por eso el politeísmo prehispánico no fue proselitista. La indudable destrucción de cientos de códices no fue total; muchos fueron conservados por los mismos misioneros: “el tonalamatl, que Sahagún deseaba ver destruido, no lo fue, sino que se conservó en el convento de San Francisco de México.” &lt;br /&gt;
Pero sobre todo lo anterior, fray Juan de Zumárraga es recordado por su protagonismo en el Acontecimiento Guadalupano, pues fue ante él que San Juan Diego Cuahutlatoatzin desplegó su ayate, y fueron sus ojos los que vieron plasmarse en ese burdo lienzo la preciosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. “Es una verdad históricamente demostrada con sobra de documentos que la crítica más severa no ha logrado destruir, que en diciembre de 1531 un indio plebeyo y desconocido se presentó al primer obispo de México, don Fray Juan de Zumárraga, como mensajero de la Virgen maría que le pedía un templo en el que se mostraría Madre tierna y amorosa de cuantos la invocaran”.  Y también ese protagonismo ha sido motivo de polémica, pues los antiaparicionistas argumentan que Zumárraga y los franciscanos de esos años nunca escribieron una línea sobre el Acontecimiento Guadalupano. &lt;br /&gt;
Sin embargo quienes tal cosa alegan, no se preguntan el porqué de ese  “silencio” de Zumárraga y sus compañeros de Orden. “Podemos afirmar que el testimonio del silencio puede ser también «elocuente» cuando lleva a preguntarse el porqué del mismo, y a  intuir los motivos de un silencio, que a veces es deliberado. Por ello, a la objeción corriente de que este silencio es incomprensible, a menos que no se sepa nada de la historia, se tiene que responder intentando explicar sus porqués, sobre todo si uno se encuentra ante la evidencia, como lo demuestran las fuentes históricas, de un culto arrollador a ese cuadro particular guadalupano y precisamente en un lugar tan concreto como el cerro del Tepeyac. Para entender y explicar el silencio de los franciscanos, es necesario diferenciar fechas y etapas en esta historia (…) Lo contrario sería desconocer los complejos factores que explican sus actitudes; sería caer en una especie de anacronismo histórico y en un desconocimiento de su naturaleza. No se pueden proyectar criterios actuales sobre una situación de hace siglos, ignorando los distintos factores que la constituyeron. Para comprender objetivamente lo sucedido es necesario profundizar las distintas circunstancias y problemas de la evangelización en aquel entonces, sobre todo mirando desde la perspectiva misma de sus protagonistas, los frailes misioneros.” &lt;br /&gt;
Fray Juan de Zumárraga, fiel observante de las reglas de la Orden de San Francisco, falleció en la ciudad de México el 3 de junio de 1548. Sus restos mortales fueron depositados en la Catedral. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Obras==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Doctrina breve para la enseñanza de los indios, 1543: &lt;br /&gt;
Doctrina breve muy provechosa, 1543; &lt;br /&gt;
Doctrina cristiana cierta y verdadera, 1546; &lt;br /&gt;
Regla cristiana, 1547.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5220</id>
		<title>Glosario</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5220"/>
		<updated>2014-06-18T00:54:32Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* Z */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOLMAN; Convento de San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOSTA Zurita Darío]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACUÑA Y MANRIQUE, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADORATRICES PERPETUAS; de Santa María de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁGREDA María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIAR Y SEIJAS, Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIRRE Moctezuma, Rafael ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLBUM DE LA CORONACIÓN de la Santísima Virgen de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALCALDE Y BARRIGA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALEGRE, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALFARO, Luis Felipe Neri de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ HERRERA, Bernardino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANALES ANTIGUOS de México y sus contornos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁNGEL; a los pies de la Guadalupana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARABESCO; estilo artístico]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARANEDA BRAVO, Fidel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARENAS Pedro De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTESANÍAS MEXICANAS, en la liturgia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AYORA, Fray Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZNAR Barbachano, Tomás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARTOLACHE y Díaz Posada, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASALENQUE, Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASASIO Arnaldo fray ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASÍLICA DE GUADALUPE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BELAUNZARÁN Y UREÑA, José María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENZONI, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BIENVENIDA, Fray Lorenzo de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BITTI, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BORDONE Benedetto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTERO Giovanni]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTURINI BENADUCCI, Lorenzo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BRAVO Ugarte, José S.J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUSTAMANTE, fray Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BURRUS, Ernest Joseph]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABILDO ECLESIÁSTICO DE MÉXICO; sus actas capitulares]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASANOVA CASANOVA, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASTELLANOS Y CASTELLANOS, Leonardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATALÁ Y GUASCH, FRAY MAGÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO y cultura en el nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CERVANTES de Salazar Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHAVEZ Jerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIUDAD RODRIGO, Fray Antonio de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CISNEROS, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE FLORENTINO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE OSUNA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICES precolombinos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE VATICANO B]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIOS APOSTÓLICOS de Propaganda Fide]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIO  VIZCAÍNAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCHA, Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORREA MAGALLANES, San Mateo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORUÑA AGUSTÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRISTIADA ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
'''[[DE BRY, Theodor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[D'ANANIA, GIOVANNI LORENZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EGUIARA Y EGUREN, Juan José de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ELÍZAGA PRADO, José Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERMITA DEL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCALANTE y Escalante, Alonso M]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN; su impacto en un nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA; los primeros evangelizadores y sus métodos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE URIBE y Casarejos José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERRI Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES y Troncoso, Francisco de Asís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRACASTORO, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRANCISCANOS  en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GACETA OFICIAL del Arzobispado de México 1897-2011]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GANTE, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARIBAY y Kintana, Ángel María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GERSON, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GIUSTINIANI Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GLAREANUS, Henricus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ Loza, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZAGA Francesco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ FLORES,  Anacleto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ OBREGÓN, Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ VALENCIA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GREMIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antiaparicionismo]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antigüedad del culto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Añadidos y retoques a la imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Aprobación implícita]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE;en la independencia de México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informe sobre aspectos de conservación y restauración  de  la imagen original]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Raíz del mundo católico iberoamericano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUERRERO, Gonzalo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUIZAR Y VALENCIA, San Rafael]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEI TLAMAHUIZOLTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUERTA GUTIÉRREZ, Ezequiel y Salvador]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUTTEN, Ulrich Von]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
'''[[IBARRA Y GONZÁLEZ, José Ramón]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA ANTIGUA de los indios en el Tepeyac.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; procesos de beatificación y de canonización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KINO, Eusebio Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA CRUZ, SOR JUANA INÉS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEDESMA, Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEÓN CALDERÓN, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEVINUS APOLLONIUS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIBERALES Y CONSERVADORES; su posición frente a la Iglesia en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ, Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE HERRERA, Fray Alonso  ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LUMNIUS IOANNES Fredericus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGAÑA SERVÍN, Luis ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARGIL DE JESÚS, Fray Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTÍN Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAHUAYO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAN JOAQUÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES MEXICANOS EN JAPÓN (1597, 1627 Y 1632)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIRIO Cristiano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIROLOGIO MEXICANO ( 1914- 1940)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MATRIMONIO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDINA, PEDRO DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEERMAN Arnould OFM]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MERCATOR, Gerard]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Constitución de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Reforma, Guerra y Leyes de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONARDES, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOYA DE CONTRERAS PEDRO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOYA Y VALENZUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ CAMARGO, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÜNSTER, Sebastian]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NERVO,  Amado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NIÑOS MÁRTIRES DE TLAXCALA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[O´GORMAN, Edmundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OROZCO Y JIMÉNEZ, FRANCISCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANÉ,Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAYNO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEÑAFIEL Barranco, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIÓN Y MARTIRIO EN TABASCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIONES Y MARTIRIOS EN EL SIGLO XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POSSEVINO Antonio, SJ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA y religión  en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PORFIRISMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMIREZ Álvarez José Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMÍREZ, FRAY JUAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMUSIO, Giambattista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAUW, Johann]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES  OCHOA, Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REVUELTAS Sánchez Silvestre]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RIVA PALACIO Guerrero Vicente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  San José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RULFO Juan ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUSCELLI GIROLAMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DE TAGLE, Varela Francisco Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANCHEZ DEL RÍO, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERMONES GUADALUPANOS en la formación de la identidad mexicana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERRA, Fray Junípero]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SILVANO Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SPAGNOLI Battista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TAPIA,  Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TORQUEMADA, FRAY JUAN DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATADO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALADÉS,  Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALVERDE Téllez Emeterio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 1]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 2]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARGAS GONZÁLEZ,  Jorge y Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERACRUZ, Fray Alonso de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILASECA AGUILERA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLAGRÁ Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[XOCHIMILCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YERMO Y PARRES, SAN JOSÉ MARÍA DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YUCATÁN EN EL TIEMPO. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZARCO, Francisco.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORITA Alonso de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZUMÁRRAGA, Fray Juan de]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5188</id>
		<title>Glosario</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5188"/>
		<updated>2014-06-14T15:02:46Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* O */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOLMAN; Convento de San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOSTA Zurita Darío]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACUÑA Y MANRIQUE, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADORATRICES PERPETUAS; de Santa María de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁGREDA María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIAR Y SEIJAS, Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIRRE Moctezuma, Rafael ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLBUM DE LA CORONACIÓN de la Santísima Virgen de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALCALDE Y BARRIGA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALEGRE, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALFARO, Luis Felipe Neri de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ HERRERA, Bernardino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANALES ANTIGUOS de México y sus contornos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁNGEL; a los pies de la Guadalupana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARABESCO; estilo artístico]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARANEDA BRAVO, Fidel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARENAS Pedro De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTESANÍAS MEXICANAS, en la liturgia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AYORA, Fray Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZNAR Barbachano, Tomás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARTOLACHE y Díaz Posada, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASALENQUE, Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASASIO Arnaldo fray ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASÍLICA DE GUADALUPE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENZONI, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BIENVENIDA, Fray Lorenzo de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BITTI, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BORDONE Benedetto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTERO Giovanni]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTURINI BENADUCCI, Lorenzo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BRAVO Ugarte, José S.J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUSTAMANTE, fray Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BURRUS, Ernest Joseph]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABILDO ECLESIÁSTICO DE MÉXICO; sus actas capitulares]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASANOVA CASANOVA, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASTELLANOS Y CASTELLANOS, Leonardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATALÁ Y GUASCH, FRAY MAGÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO y cultura en el nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CERVANTES de Salazar Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHAVEZ Jerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIUDAD RODRIGO, Fray Antonio de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CISNEROS, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE FLORENTINO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE OSUNA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICES precolombinos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE VATICANO B]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIOS APOSTÓLICOS de Propaganda Fide]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIO  VIZCAÍNAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCHA, Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORREA MAGALLANES, San Mateo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORUÑA AGUSTÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRISTIADA ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
'''[[DE BRY, Theodor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[D'ANANIA, GIOVANNI LORENZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EGUIARA Y EGUREN, Juan José de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ELÍZAGA PRADO, José Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERMITA DEL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCALANTE y Escalante, Alonso M]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN; su impacto en un nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA; los primeros evangelizadores y sus métodos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE URIBE y Casarejos José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERRI Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES y Troncoso, Francisco de Asís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRACASTORO, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRANCISCANOS  en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GACETA OFICIAL del Arzobispado de México 1897-2011]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GANTE, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARIBAY y Kintana, Ángel María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GERSON, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GIUSTINIANI Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GLAREANUS, Henricus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ Loza, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZAGA Francesco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ FLORES,  Anacleto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ OBREGÓN, Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ VALENCIA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GREMIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antiaparicionismo]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antigüedad del culto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Añadidos y retoques a la imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Aprobación implícita]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE;en la independencia de México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informe sobre aspectos de conservación y restauración  de  la imagen original]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Raíz del mundo católico iberoamericano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUERRERO, Gonzalo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUIZAR Y VALENCIA, San Rafael]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEI TLAMAHUIZOLTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUERTA GUTIÉRREZ, Ezequiel y Salvador]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUTTEN, Ulrich Von]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA ANTIGUA de los indios en el Tepeyac.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; procesos de beatificación y de canonización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KINO, Eusebio Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA CRUZ, SOR JUANA INÉS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEDESMA, Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEÓN CALDERÓN, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEVINUS APOLLONIUS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIBERALES Y CONSERVADORES; su posición frente a la Iglesia en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ, Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE HERRERA, Fray Alonso  ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LUMNIUS IOANNES Fredericus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGAÑA SERVÍN, Luis ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARGIL DE JESÚS, Fray Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTÍN Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAHUAYO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAN JOAQUÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES MEXICANOS EN JAPÓN (1597, 1627 Y 1632)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIRIO Cristiano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIROLOGIO MEXICANO ( 1914- 1940)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MATRIMONIO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDINA, PEDRO DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEERMAN Arnould OFM]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MERCATOR, Gerard]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Constitución de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Reforma, Guerra y Leyes de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONARDES, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ CAMARGO, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÜNSTER, Sebastian]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NERVO,  Amado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NIÑOS MÁRTIRES DE TLAXCALA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[O´GORMAN, Edmundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OROZCO Y JIMÉNEZ, FRANCISCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANÉ,Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAYNO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEÑAFIEL Barranco, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIÓN Y MARTIRIO EN TABASCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIONES Y MARTIRIOS EN EL SIGLO XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POSSEVINO Antonio, SJ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA y religión  en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PORFIRISMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMIREZ Álvarez José Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMÍREZ, FRAY JUAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMUSIO, Giambattista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAUW, Johann]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES  OCHOA, Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REVUELTAS Sánchez Silvestre]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RIVA PALACIO Guerrero Vicente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  San José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RULFO Juan ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUSCELLI GIROLAMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DE TAGLE, Varela Francisco Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANCHEZ DEL RÍO, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERMONES GUADALUPANOS en la formación de la identidad mexicana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERRA, Fray Junípero]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SILVANO Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SPAGNOLI Battista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TAPIA,  Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TORQUEMADA, FRAY JUAN DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATADO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALADÉS,  Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALVERDE Téllez Emeterio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 1]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 2]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARGAS GONZÁLEZ,  Jorge y Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERACRUZ, Fray Alonso de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILASECA AGUILERA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLAGRÁ Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[XOCHIMILCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YERMO Y PARRES, SAN JOSÉ MARÍA DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YUCATÁN EN EL TIEMPO. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZARCO, Francisco.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORITA Alonso de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5185</id>
		<title>EGUIARA Y EGUREN, Juan José de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5185"/>
		<updated>2014-06-14T15:01:24Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* (México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
José Juan Eguiara y Eguren fue uno de los primeros pensadores  que salieron a desmentir los infundios de la “Leyenda Negra”,  defendiendo y resaltando la importancia de la cultura novohispana la cual, en los inicios del siglo XVII, se encontraba en pleno desarrollo. Con ello fue también uno de los formadores de la noción de nacionalidad mexicana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De familia Vasca, nació en la capital del Virreinato de Nueva España en febrero de 1696; sus primeros estudios los realizó con maestros privados, ingresando posteriormente al Colegio de San  Ildefonso y posteriormente a la Real y Pontificia Universidad de México. En 1709, con sólo trece años de edad obtuvo el grado de bachiller en artes; el 30 de junio de 1715 alcanzó el grado de Doctor en Teología. Para 1723 obtuvo en propiedad la cátedra de Vísperas de Filosofía y en 1747 fue nombrado Rector de la Universidad. Cinco años después se le designó obispo de Mérida, pero rechazó el nombramiento debido a su ya quebrantada salud, renunciando también por tal motivo a la rectoría de la Universidad, para dedicarse por entero a la elaboración de su magna obra «Bibliotheca mexicana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde finales del siglo XVI, varios personajes europeos hostiles a la Iglesia Católica como Teodor de Bry (1528-1598) y Cornelio de Pauw (1739-1799), habían escrito diferentes obras para denostar a España, pero sobre todo para denigrar la obra que la Iglesia realizaba en América. Buscando dar mayor fuerza a sus infundios, intentaron establecer una supuesta inferioridad de toda la naturaleza americana, abarcando desde su flora y su fauna hasta la de todos los habitantes americanos. Esas obras serían el origen de la llamada “leyenda negra”, asumida acríticamente por muchos. Tal fue el caso paradójico del español Manuel Martí, Deán de Alicante, quien publicó unas «Epístolas» en las cuales afirmaba que en América, pero especialmente en la Nueva España, no había instituciones educativas ni personas que quisieran estudiar.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan José Eguiara y Eguren era ya un destacado catedrático de la Real y Pontificia Universidad de México cuando llegaron a sus manos dichas «Epístolas», y para canalizar sabiamente su justificada indignación por semejantes calumnias, decidió refutarlas mediante escritos bien fundamentados. Casi inmediatamente escribió un ensayo sobre la Universidad de México, llamándola “«insigne entre las más célebres del orbe» y nombrando a 200 graduados sobresalientes”&amp;lt;ref&amp;gt;Tanck de Estrada Dorothy y Carlos Marichal, ¿Reino o Colonia? Nueva España 1750-1804. ''En Historia General de México. Ilustrada''. El Colegio de México- LXI Legislatura Cámara de Diputados, México 2000, p.420&amp;lt;/ref&amp;gt;. Pero Eguiara entendió lo que dice el refrán “calumnia, que algo queda”, y se avocó a preparar una obra de mayor empaque que refutara mejor a la “leyenda negra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Durante los siguientes años, Eguiara preparó una réplica más amplia y contundente a Martí, «con el fin de aniquilar, detener, aplastar y convertir en aire y humo la calumnia levantada contra nuestra nación» (…) Eguiara se comunicó con colegas de todo el virreinato con el objeto de prevenirlos sobre los insultos de Martí y recabar datos acerca de los escritores de cada región. Estas redes de comunicación alcanzaron las lejanas regiones de Sonora y Yucatán y llegaron hasta Guatemala, Caracas y Cuba. En 1755 Eguiara publicó un grueso tomo titulado «Bibliotheca mexicana» que consistía de dos partes: 20 prólogos que formaban la respuesta a Martí y una bibliografía de autores «mexicanos», nombre que decidió aplicar a todos los habitantes del virreinato y no solo a los indígenas o a los moradores de la ciudad y el Valle de México. Ocho de estos prólogos versaban sobre «nuestra historia», refiriéndose a los logros culturales de los indios mexicanos antes y después de la Conquista. Otros diez de los prólogos contenían información sobre los «mexicanos» no indígenas que se habían destacado como literatos, así como descripciones de las instituciones educativas de la «América mexicana», término que usaba en lugar de Nueva España. Por primera vez, la historia cultural de la región se concebía como un proceso continuo, desde 1325 hasta 1755, incluía indios y criollos y se desarrollaba en un espacio geográfico grande, cuyo nombre era precisamente América mexicana”''&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La investigación llevada a cabo por Eguiara abarcaba ya más de dos mil autores para el año 1747, los que junto a sus «prólogos» que él llamó «Anteloquia», hicieron de su “Bibliotheca mexicana” una verdadera «summa» de la cultura mexicana. Pero Juan José Eguiara únicamente alcanzó a ver publicado el primer tomo de su magna obra, pues falleció en la ciudad de México el 29 de enero de 1763. Las honras fúnebres en su honor tuvieron lugar en la Universidad y en la Catedral, donde sus restos mortales fueron depositados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El volumen publicado abarca de la letra «A» a la «C». El resto de la obra quedó en un manuscrito que llega a letra «J», pero ese manuscrito se encuentra en la Universidad de Austin, Texas, probablemente confiscado por las tropas norteamericanas que capturaron la ciudad de México en 1847.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Enciclopedia de México'', Vol. IV, México, 1993&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia General de México. Ilustrada.'' El Colegio de México- LXI Legislatura Cámara de Diputados, México 2000&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5183</id>
		<title>EGUIARA Y EGUREN, Juan José de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5183"/>
		<updated>2014-06-14T15:00:49Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
José Juan Eguiara y Eguren fue uno de los primeros pensadores  que salieron a desmentir los infundios de la “Leyenda Negra”,  defendiendo y resaltando la importancia de la cultura novohispana la cual, en los inicios del siglo XVII, se encontraba en pleno desarrollo. Con ello fue también uno de los formadores de la noción de nacionalidad mexicana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De familia Vasca, nació en la capital del Virreinato de Nueva España en febrero de 1696; sus primeros estudios los realizó con maestros privados, ingresando posteriormente al Colegio de San  Ildefonso y posteriormente a la Real y Pontificia Universidad de México. En 1709, con sólo trece años de edad obtuvo el grado de bachiller en artes; el 30 de junio de 1715 alcanzó el grado de Doctor en Teología. Para 1723 obtuvo en propiedad la cátedra de Vísperas de Filosofía y en 1747 fue nombrado Rector de la Universidad. Cinco años después se le designó obispo de Mérida, pero rechazó el nombramiento debido a su ya quebrantada salud, renunciando también por tal motivo a la rectoría de la Universidad, para dedicarse por entero a la elaboración de su magna obra «Bibliotheca mexicana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde finales del siglo XVI, varios personajes europeos hostiles a la Iglesia Católica como Teodor de Bry (1528-1598) y Cornelio de Pauw (1739-1799), habían escrito diferentes obras para denostar a España, pero sobre todo para denigrar la obra que la Iglesia realizaba en América. Buscando dar mayor fuerza a sus infundios, intentaron establecer una supuesta inferioridad de toda la naturaleza americana, abarcando desde su flora y su fauna hasta la de todos los habitantes americanos. Esas obras serían el origen de la llamada “leyenda negra”, asumida acríticamente por muchos. Tal fue el caso paradójico del español Manuel Martí, Deán de Alicante, quien publicó unas «Epístolas» en las cuales afirmaba que en América, pero especialmente en la Nueva España, no había instituciones educativas ni personas que quisieran estudiar.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan José Eguiara y Eguren era ya un destacado catedrático de la Real y Pontificia Universidad de México cuando llegaron a sus manos dichas «Epístolas», y para canalizar sabiamente su justificada indignación por semejantes calumnias, decidió refutarlas mediante escritos bien fundamentados. Casi inmediatamente escribió un ensayo sobre la Universidad de México, llamándola “«insigne entre las más célebres del orbe» y nombrando a 200 graduados sobresalientes”&amp;lt;ref&amp;gt;Tanck de Estrada Dorothy y Carlos Marichal, ¿Reino o Colonia? Nueva España 1750-1804. En Historia General de México. Ilustrada. El Colegio de México- LXI Legislatura Cámara de Diputados, México 2000, p.420&amp;lt;/ref&amp;gt;. Pero Eguiara entendió lo que dice el refrán “calumnia, que algo queda”, y se avocó a preparar una obra de mayor empaque que refutara mejor a la “leyenda negra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Durante los siguientes años, Eguiara preparó una réplica más amplia y contundente a Martí, «con el fin de aniquilar, detener, aplastar y convertir en aire y humo la calumnia levantada contra nuestra nación» (…) Eguiara se comunicó con colegas de todo el virreinato con el objeto de prevenirlos sobre los insultos de Martí y recabar datos acerca de los escritores de cada región. Estas redes de comunicación alcanzaron las lejanas regiones de Sonora y Yucatán y llegaron hasta Guatemala, Caracas y Cuba. En 1755 Eguiara publicó un grueso tomo titulado «Bibliotheca mexicana» que consistía de dos partes: 20 prólogos que formaban la respuesta a Martí y una bibliografía de autores «mexicanos», nombre que decidió aplicar a todos los habitantes del virreinato y no solo a los indígenas o a los moradores de la ciudad y el Valle de México. Ocho de estos prólogos versaban sobre «nuestra historia», refiriéndose a los logros culturales de los indios mexicanos antes y después de la Conquista. Otros diez de los prólogos contenían información sobre los «mexicanos» no indígenas que se habían destacado como literatos, así como descripciones de las instituciones educativas de la «América mexicana», término que usaba en lugar de Nueva España. Por primera vez, la historia cultural de la región se concebía como un proceso continuo, desde 1325 hasta 1755, incluía indios y criollos y se desarrollaba en un espacio geográfico grande, cuyo nombre era precisamente América mexicana”''&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La investigación llevada a cabo por Eguiara abarcaba ya más de dos mil autores para el año 1747, los que junto a sus «prólogos» que él llamó «Anteloquia», hicieron de su “Bibliotheca mexicana” una verdadera «summa» de la cultura mexicana. Pero Juan José Eguiara únicamente alcanzó a ver publicado el primer tomo de su magna obra, pues falleció en la ciudad de México el 29 de enero de 1763. Las honras fúnebres en su honor tuvieron lugar en la Universidad y en la Catedral, donde sus restos mortales fueron depositados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El volumen publicado abarca de la letra «A» a la «C». El resto de la obra quedó en un manuscrito que llega a letra «J», pero ese manuscrito se encuentra en la Universidad de Austin, Texas, probablemente confiscado por las tropas norteamericanas que capturaron la ciudad de México en 1847.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Enciclopedia de México'', Vol. IV, México, 1993&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia General de México. Ilustrada.'' El Colegio de México- LXI Legislatura Cámara de Diputados, México 2000&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5181</id>
		<title>EGUIARA Y EGUREN, Juan José de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5181"/>
		<updated>2014-06-14T14:59:37Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* (México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
José Juan Eguiara y Eguren fue uno de los primeros pensadores  que salieron a desmentir los infundios de la “Leyenda Negra”,  defendiendo y resaltando la importancia de la cultura novohispana la cual, en los inicios del siglo XVII, se encontraba en pleno desarrollo. Con ello fue también uno de los formadores de la noción de nacionalidad mexicana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De familia Vasca, nació en la capital del Virreinato de Nueva España en febrero de 1696; sus primeros estudios los realizó con maestros privados, ingresando posteriormente al Colegio de San  Ildefonso y posteriormente a la Real y Pontificia Universidad de México. En 1709, con sólo trece años de edad obtuvo el grado de bachiller en artes; el 30 de junio de 1715 alcanzó el grado de Doctor en Teología. Para 1723 obtuvo en propiedad la cátedra de Vísperas de Filosofía y en 1747 fue nombrado Rector de la Universidad. Cinco años después se le designó obispo de Mérida, pero rechazó el nombramiento debido a su ya quebrantada salud, renunciando también por tal motivo a la rectoría de la Universidad, para dedicarse por entero a la elaboración de su magna obra «Bibliotheca mexicana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde finales del siglo XVI, varios personajes europeos hostiles a la Iglesia Católica como Teodor de Bry (1528-1598) y Cornelio de Pauw (1739-1799), habían escrito diferentes obras para denostar a España, pero sobre todo para denigrar la obra que la Iglesia realizaba en América. Buscando dar mayor fuerza a sus infundios, intentaron establecer una supuesta inferioridad de toda la naturaleza americana, abarcando desde su flora y su fauna hasta la de todos los habitantes americanos. Esas obras serían el origen de la llamada “leyenda negra”, asumida acríticamente por muchos. Tal fue el caso paradójico del español Manuel Martí, Deán de Alicante, quien publicó unas «Epístolas» en las cuales afirmaba que en América, pero especialmente en la Nueva España, no había instituciones educativas ni personas que quisieran estudiar.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan José Eguiara y Eguren era ya un destacado catedrático de la Real y Pontificia Universidad de México cuando llegaron a sus manos dichas «Epístolas», y para canalizar sabiamente su justificada indignación por semejantes calumnias, decidió refutarlas mediante escritos bien fundamentados. Casi inmediatamente escribió un ensayo sobre la Universidad de México, llamándola “«insigne entre las más célebres del orbe» y nombrando a 200 graduados sobresalientes”&amp;lt;ref&amp;gt;Tanck de Estrada Dorothy y Carlos Marichal, ¿Reino o Colonia? Nueva España 1750-1804. En Historia General de México. Ilustrada. El Colegio de México- LXI Legislatura Cámara de Diputados, México 2000, p.420&amp;lt;/ref&amp;gt;. Pero Eguiara entendió lo que dice el refrán “calumnia, que algo queda”, y se avocó a preparar una obra de mayor empaque que refutara mejor a la “leyenda negra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Durante los siguientes años, Eguiara preparó una réplica más amplia y contundente a Martí, «con el fin de aniquilar, detener, aplastar y convertir en aire y humo la calumnia levantada contra nuestra nación» (…) Eguiara se comunicó con colegas de todo el virreinato con el objeto de prevenirlos sobre los insultos de Martí y recabar datos acerca de los escritores de cada región. Estas redes de comunicación alcanzaron las lejanas regiones de Sonora y Yucatán y llegaron hasta Guatemala, Caracas y Cuba. En 1755 Eguiara publicó un grueso tomo titulado «Bibliotheca mexicana» que consistía de dos partes: 20 prólogos que formaban la respuesta a Martí y una bibliografía de autores «mexicanos», nombre que decidió aplicar a todos los habitantes del virreinato y no solo a los indígenas o a los moradores de la ciudad y el Valle de México. Ocho de estos prólogos versaban sobre «nuestra historia», refiriéndose a los logros culturales de los indios mexicanos antes y después de la Conquista. Otros diez de los prólogos contenían información sobre los «mexicanos» no indígenas que se habían destacado como literatos, así como descripciones de las instituciones educativas de la «América mexicana», término que usaba en lugar de Nueva España. Por primera vez, la historia cultural de la región se concebía como un proceso continuo, desde 1325 hasta 1755, incluía indios y criollos y se desarrollaba en un espacio geográfico grande, cuyo nombre era precisamente América mexicana”''&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La investigación llevada a cabo por Eguiara abarcaba ya más de dos mil autores para el año 1747, los que junto a sus «prólogos» que él llamó «Anteloquia», hicieron de su “Bibliotheca mexicana” una verdadera «summa» de la cultura mexicana. Pero Juan José Eguiara únicamente alcanzó a ver publicado el primer tomo de su magna obra, pues falleció en la ciudad de México el 29 de enero de 1763. Las honras fúnebres en su honor tuvieron lugar en la Universidad y en la Catedral, donde sus restos mortales fueron depositados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El volumen publicado abarca de la letra «A» a la «C». El resto de la obra quedó en un manuscrito que llega a letra «J», pero ese manuscrito se encuentra en la Universidad de Austin, Texas, probablemente confiscado por las tropas norteamericanas que capturaron la ciudad de México en 1847.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5179</id>
		<title>EGUIARA Y EGUREN, Juan José de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5179"/>
		<updated>2014-06-14T14:56:50Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* NOTAS */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
José Juan Eguiara y Eguren fue uno de los primeros pensadores  que salieron a desmentir los infundios de la “Leyenda Negra”,  defendiendo y resaltando la importancia de la cultura novohispana la cual, en los inicios del siglo XVII, se encontraba en pleno desarrollo. Con ello fue también uno de los formadores de la noción de nacionalidad mexicana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De familia Vasca, nació en la capital del Virreinato de Nueva España en febrero de 1696; sus primeros estudios los realizó con maestros privados, ingresando posteriormente al Colegio de San  Ildefonso y posteriormente a la Real y Pontificia Universidad de México. En 1709, con sólo trece años de edad obtuvo el grado de bachiller en artes; el 30 de junio de 1715 alcanzó el grado de Doctor en Teología. Para 1723 obtuvo en propiedad la cátedra de Vísperas de Filosofía y en 1747 fue nombrado Rector de la Universidad. Cinco años después se le designó obispo de Mérida, pero rechazó el nombramiento debido a su ya quebrantada salud, renunciando también por tal motivo a la rectoría de la Universidad, para dedicarse por entero a la elaboración de su magna obra «Bibliotheca mexicana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde finales del siglo XVI, varios personajes europeos hostiles a la Iglesia Católica como Teodor de Bry (1528-1598) y Cornelio de Pauw (1739-1799), habían escrito diferentes obras para denostar a España, pero sobre todo para denigrar la obra que la Iglesia realizaba en América. Buscando dar mayor fuerza a sus infundios, intentaron establecer una supuesta inferioridad de toda la naturaleza americana, abarcando desde su flora y su fauna hasta la de todos los habitantes americanos. Esas obras serían el origen de la llamada “leyenda negra”, asumida acríticamente por muchos. Tal fue el caso paradójico del español Manuel Martí, Deán de Alicante, quien publicó unas «Epístolas» en las cuales afirmaba que en América, pero especialmente en la Nueva España, no había instituciones educativas ni personas que quisieran estudiar.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan José Eguiara y Eguren era ya un destacado catedrático de la Real y Pontificia Universidad de México cuando llegaron a sus manos dichas «Epístolas», y para canalizar sabiamente su justificada indignación por semejantes calumnias, decidió refutarlas mediante escritos bien fundamentados. Casi inmediatamente escribió un ensayo sobre la Universidad de México, llamándola “«insigne entre las más célebres del orbe» y nombrando a 200 graduados sobresalientes”.  Pero Eguiara entendió lo que dice el refrán “calumnia, que algo queda”, y se avocó a preparar una obra de mayor empaque que refutara mejor a la “leyenda negra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Durante los siguientes años, Eguiara preparó una réplica más amplia y contundente a Martí, «con el fin de aniquilar, detener, aplastar y convertir en aire y humo la calumnia levantada contra nuestra nación» (…) Eguiara se comunicó con colegas de todo el virreinato con el objeto de prevenirlos sobre los insultos de Martí y recabar datos acerca de los escritores de cada región. Estas redes de comunicación alcanzaron las lejanas regiones de Sonora y Yucatán y llegaron hasta Guatemala, Caracas y Cuba. En 1755 Eguiara publicó un grueso tomo titulado «Bibliotheca mexicana» que consistía de dos partes: 20 prólogos que formaban la respuesta a Martí y una bibliografía de autores «mexicanos», nombre que decidió aplicar a todos los habitantes del virreinato y no solo a los indígenas o a los moradores de la ciudad y el Valle de México. Ocho de estos prólogos versaban sobre «nuestra historia», refiriéndose a los logros culturales de los indios mexicanos antes y después de la Conquista. Otros diez de los prólogos contenían información sobre los «mexicanos» no indígenas que se habían destacado como literatos, así como descripciones de las instituciones educativas de la «América mexicana», término que usaba en lugar de Nueva España. Por primera vez, la historia cultural de la región se concebía como un proceso continuo, desde 1325 hasta 1755, incluía indios y criollos y se desarrollaba en un espacio geográfico grande, cuyo nombre era precisamente América mexicana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La investigación llevada a cabo por Eguiara abarcaba ya más de dos mil autores para el año 1747, los que junto a sus «prólogos» que él llamó «Anteloquia», hicieron de su “Bibliotheca mexicana” una verdadera «summa» de la cultura mexicana. Pero Juan José Eguiara únicamente alcanzó a ver publicado el primer tomo de su magna obra, pues falleció en la ciudad de México el 29 de enero de 1763. Las honras fúnebres en su honor tuvieron lugar en la Universidad y en la Catedral, donde sus restos mortales fueron depositados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El volumen publicado abarca de la letra «A» a la «C». El resto de la obra quedó en un manuscrito que llega a letra «J», pero ese manuscrito se encuentra en la Universidad de Austin, Texas, probablemente confiscado por las tropas norteamericanas que capturaron la ciudad de México en 1847.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5178</id>
		<title>EGUIARA Y EGUREN, Juan José de</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EGUIARA_Y_EGUREN,_Juan_Jos%C3%A9_de&amp;diff=5178"/>
		<updated>2014-06-14T14:56:01Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: Página creada con '==(México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático==  José Juan Eguiara y Eguren fue uno de los primeros pensadores  que salieron a desmentir los i…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
José Juan Eguiara y Eguren fue uno de los primeros pensadores  que salieron a desmentir los infundios de la “Leyenda Negra”,  defendiendo y resaltando la importancia de la cultura novohispana la cual, en los inicios del siglo XVII, se encontraba en pleno desarrollo. Con ello fue también uno de los formadores de la noción de nacionalidad mexicana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De familia Vasca, nació en la capital del Virreinato de Nueva España en febrero de 1696; sus primeros estudios los realizó con maestros privados, ingresando posteriormente al Colegio de San  Ildefonso y posteriormente a la Real y Pontificia Universidad de México. En 1709, con sólo trece años de edad obtuvo el grado de bachiller en artes; el 30 de junio de 1715 alcanzó el grado de Doctor en Teología. Para 1723 obtuvo en propiedad la cátedra de Vísperas de Filosofía y en 1747 fue nombrado Rector de la Universidad. Cinco años después se le designó obispo de Mérida, pero rechazó el nombramiento debido a su ya quebrantada salud, renunciando también por tal motivo a la rectoría de la Universidad, para dedicarse por entero a la elaboración de su magna obra «Bibliotheca mexicana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde finales del siglo XVI, varios personajes europeos hostiles a la Iglesia Católica como Teodor de Bry (1528-1598) y Cornelio de Pauw (1739-1799), habían escrito diferentes obras para denostar a España, pero sobre todo para denigrar la obra que la Iglesia realizaba en América. Buscando dar mayor fuerza a sus infundios, intentaron establecer una supuesta inferioridad de toda la naturaleza americana, abarcando desde su flora y su fauna hasta la de todos los habitantes americanos. Esas obras serían el origen de la llamada “leyenda negra”, asumida acríticamente por muchos. Tal fue el caso paradójico del español Manuel Martí, Deán de Alicante, quien publicó unas «Epístolas» en las cuales afirmaba que en América, pero especialmente en la Nueva España, no había instituciones educativas ni personas que quisieran estudiar.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan José Eguiara y Eguren era ya un destacado catedrático de la Real y Pontificia Universidad de México cuando llegaron a sus manos dichas «Epístolas», y para canalizar sabiamente su justificada indignación por semejantes calumnias, decidió refutarlas mediante escritos bien fundamentados. Casi inmediatamente escribió un ensayo sobre la Universidad de México, llamándola “«insigne entre las más célebres del orbe» y nombrando a 200 graduados sobresalientes”.  Pero Eguiara entendió lo que dice el refrán “calumnia, que algo queda”, y se avocó a preparar una obra de mayor empaque que refutara mejor a la “leyenda negra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Durante los siguientes años, Eguiara preparó una réplica más amplia y contundente a Martí, «con el fin de aniquilar, detener, aplastar y convertir en aire y humo la calumnia levantada contra nuestra nación» (…) Eguiara se comunicó con colegas de todo el virreinato con el objeto de prevenirlos sobre los insultos de Martí y recabar datos acerca de los escritores de cada región. Estas redes de comunicación alcanzaron las lejanas regiones de Sonora y Yucatán y llegaron hasta Guatemala, Caracas y Cuba. En 1755 Eguiara publicó un grueso tomo titulado «Bibliotheca mexicana» que consistía de dos partes: 20 prólogos que formaban la respuesta a Martí y una bibliografía de autores «mexicanos», nombre que decidió aplicar a todos los habitantes del virreinato y no solo a los indígenas o a los moradores de la ciudad y el Valle de México. Ocho de estos prólogos versaban sobre «nuestra historia», refiriéndose a los logros culturales de los indios mexicanos antes y después de la Conquista. Otros diez de los prólogos contenían información sobre los «mexicanos» no indígenas que se habían destacado como literatos, así como descripciones de las instituciones educativas de la «América mexicana», término que usaba en lugar de Nueva España. Por primera vez, la historia cultural de la región se concebía como un proceso continuo, desde 1325 hasta 1755, incluía indios y criollos y se desarrollaba en un espacio geográfico grande, cuyo nombre era precisamente América mexicana”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La investigación llevada a cabo por Eguiara abarcaba ya más de dos mil autores para el año 1747, los que junto a sus «prólogos» que él llamó «Anteloquia», hicieron de su “Bibliotheca mexicana” una verdadera «summa» de la cultura mexicana. Pero Juan José Eguiara únicamente alcanzó a ver publicado el primer tomo de su magna obra, pues falleció en la ciudad de México el 29 de enero de 1763. Las honras fúnebres en su honor tuvieron lugar en la Universidad y en la Catedral, donde sus restos mortales fueron depositados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El volumen publicado abarca de la letra «A» a la «C». El resto de la obra quedó en un manuscrito que llega a letra «J», pero ese manuscrito se encuentra en la Universidad de Austin, Texas, probablemente confiscado por las tropas norteamericanas que capturaron la ciudad de México en 1847.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5177</id>
		<title>Glosario</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5177"/>
		<updated>2014-06-14T14:55:14Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* E */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOLMAN; Convento de San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOSTA Zurita Darío]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACUÑA Y MANRIQUE, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADORATRICES PERPETUAS; de Santa María de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁGREDA María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIAR Y SEIJAS, Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIRRE Moctezuma, Rafael ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLBUM DE LA CORONACIÓN de la Santísima Virgen de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALCALDE Y BARRIGA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALEGRE, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALFARO, Luis Felipe Neri de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ HERRERA, Bernardino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANALES ANTIGUOS de México y sus contornos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁNGEL; a los pies de la Guadalupana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARABESCO; estilo artístico]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARANEDA BRAVO, Fidel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARENAS Pedro De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTESANÍAS MEXICANAS, en la liturgia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AYORA, Fray Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZNAR Barbachano, Tomás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARTOLACHE y Díaz Posada, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASALENQUE, Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASASIO Arnaldo fray ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASÍLICA DE GUADALUPE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENZONI, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BIENVENIDA, Fray Lorenzo de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BITTI, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BORDONE Benedetto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTERO Giovanni]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTURINI BENADUCCI, Lorenzo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BRAVO Ugarte, José S.J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUSTAMANTE, fray Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BURRUS, Ernest Joseph]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABILDO ECLESIÁSTICO DE MÉXICO; sus actas capitulares]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASANOVA CASANOVA, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASTELLANOS Y CASTELLANOS, Leonardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATALÁ Y GUASCH, FRAY MAGÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO y cultura en el nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CERVANTES de Salazar Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHAVEZ Jerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIUDAD RODRIGO, Fray Antonio de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CISNEROS, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE FLORENTINO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE OSUNA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICES precolombinos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE VATICANO B]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIOS APOSTÓLICOS de Propaganda Fide]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIO  VIZCAÍNAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCHA, Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORREA MAGALLANES, San Mateo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORUÑA AGUSTÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRISTIADA ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
'''[[DE BRY, Theodor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[D'ANANIA, GIOVANNI LORENZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EGUIARA Y EGUREN, Juan José de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ELÍZAGA PRADO, José Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERMITA DEL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCALANTE y Escalante, Alonso M]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN; su impacto en un nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA; los primeros evangelizadores y sus métodos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE URIBE y Casarejos José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERRI Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES y Troncoso, Francisco de Asís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRACASTORO, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRANCISCANOS  en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GACETA OFICIAL del Arzobispado de México 1897-2011]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GANTE, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARIBAY y Kintana, Ángel María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GERSON, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GIUSTINIANI Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GLAREANUS, Henricus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ Loza, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZAGA Francesco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ FLORES,  Anacleto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ OBREGÓN, Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ VALENCIA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GREMIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antiaparicionismo]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antigüedad del culto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Añadidos y retoques a la imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Aprobación implícita]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE;en la independencia de México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informe sobre aspectos de conservación y restauración  de  la imagen original]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Raíz del mundo católico iberoamericano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUERRERO, Gonzalo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUIZAR Y VALENCIA, San Rafael]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEI TLAMAHUIZOLTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUERTA GUTIÉRREZ, Ezequiel y Salvador]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUTTEN, Ulrich Von]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA ANTIGUA de los indios en el Tepeyac.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; procesos de beatificación y de canonización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KINO, Eusebio Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA CRUZ, SOR JUANA INÉS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEDESMA, Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEÓN CALDERÓN, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEVINUS APOLLONIUS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIBERALES Y CONSERVADORES; su posición frente a la Iglesia en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ, Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE HERRERA, Fray Alonso  ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LUMNIUS IOANNES Fredericus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGAÑA SERVÍN, Luis ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARGIL DE JESÚS, Fray Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTÍN Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAHUAYO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAN JOAQUÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES MEXICANOS EN JAPÓN (1597, 1627 Y 1632)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIRIO Cristiano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIROLOGIO MEXICANO ( 1914- 1940)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MATRIMONIO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDINA, PEDRO DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEERMAN Arnould OFM]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MERCATOR, Gerard]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Constitución de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Reforma, Guerra y Leyes de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONARDES, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ CAMARGO, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÜNSTER, Sebastian]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NERVO,  Amado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NIÑOS MÁRTIRES DE TLAXCALA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[O´GORMAN, Edmundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANÉ,Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAYNO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEÑAFIEL Barranco, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIÓN Y MARTIRIO EN TABASCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIONES Y MARTIRIOS EN EL SIGLO XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POSSEVINO Antonio, SJ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA y religión  en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PORFIRISMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMIREZ Álvarez José Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMÍREZ, FRAY JUAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMUSIO, Giambattista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAUW, Johann]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES  OCHOA, Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REVUELTAS Sánchez Silvestre]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RIVA PALACIO Guerrero Vicente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  San José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RULFO Juan ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUSCELLI GIROLAMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DE TAGLE, Varela Francisco Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANCHEZ DEL RÍO, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERMONES GUADALUPANOS en la formación de la identidad mexicana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERRA, Fray Junípero]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SILVANO Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SPAGNOLI Battista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TAPIA,  Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TORQUEMADA, FRAY JUAN DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATADO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALADÉS,  Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALVERDE Téllez Emeterio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 1]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 2]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARGAS GONZÁLEZ,  Jorge y Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERACRUZ, Fray Alonso de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILASECA AGUILERA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLAGRÁ Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[XOCHIMILCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YERMO Y PARRES, SAN JOSÉ MARÍA DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YUCATÁN EN EL TIEMPO. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZARCO, Francisco.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORITA Alonso de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5176</id>
		<title>GUERRERO, Gonzalo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5176"/>
		<updated>2014-06-14T14:53:40Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* BIBLIOGRAFÍA */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena. Muere luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. Personaje controvertido porque se «aculturó» al pueblo maya, y llegó a ser jefe de los indígenas durante la conquista de Yucatán. Especialmente belicoso contra los conquistadores, fue conocido como «El Renegado» por sus compatriotas españoles, mientras que en la actualidad en México se le denomina el «Padre del Mestizaje». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. Muy poco se sabe de su infancia, salvo que nació en Palos de la Frontera, Huelva, España, en la octava década del siglo XV; es decir, era un poco más joven que Vicente Yáñez Pinzón cuando éste participo como capitán de la carabela «Niña» en la expedición de Cristóbal Colón que descubrió el Nuevo Mundo. La  juventud de Gonzalo Guerrero transcurrió llena de las muchas historias y aventuras que circulaban  sobre las nuevas tierras y mares recién hallados. Sin embargo antes de eso su destino no parecía encaminarle en esa dirección, sino más bien en la contraria. Fue más soldado que marino, y aparece como arcabucero en la conquista de Granada, en la campaña que acabó con la expulsión de los moros de España el 2 de enero de 1492, cuando las tropas de los Reyes Católicos, comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, derrotaron al rey Boabdil de Granada, poniendo fin a ocho siglos de poder islámico en la Península Ibérica. Como arcabucero siguió al Gran Capitán a Nápoles, donde España inició su influencia en Europa y sus ejércitos conformaron las unidades que luego llegarían a ser los famosos «tercios españoles»; una experiencia que luego sería muy importante en la vida de Gonzalo Guerrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Probablemente en alguna de sus estancias en Palos, debió convencerse de que tenía más posibilidades de hacer fortuna en tierras americanas que en las italianas, donde el esfuerzo de los soldados era cobrado por los señores de la tierra o sus capitanes, y no por ellos. En 1508, difuntos ya la reina Isabel y Cristóbal Colón, el rey Fernando el Católico decidió recuperar parte del poder político que había cedido a los Colón en las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492), pues su gobierno había generado muchas revueltas y enfrentamientos, y, al mismo tiempo, acelerar la exploración y conquista de Tierra Firme eludiendo el pretendido monopolio colombino e invitando a tal aventura a todo aquel que tuviera recursos o coraje para hacerlo. Fueron creadas entonces dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre el cabo de la Vela (Colombia) y el cabo Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se fijó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa. Hacia 1510 o quizá antes, Gonzalo Guerrero fue con Diego de Nicuesa a América, viéndose allí inmerso en las fratricidas luchas por el poder entre los capitanes españoles. Ojeda y Nicuesa tramitaron cédulas de posesión de Tierra Firme, y, por perseguir la fortuna en el mismo negocio, eran rivales; se odiaban a muerte. Se disputaban los límites de sus pretendidos feudos y, sobre todo, las fértiles tierras que rodeaban el Golfo de Urabá y, aunque ninguno de ellos tuviera asegurado su nombramiento, discutían sobre mapas sus arriesgados y ambiciosos proyectos. Muchos de sus hombres pensaban que, cualquier día, uno de los dos amanecería muerto. Mientras enviaban al rey cartas repletas de promesas de nuevas y ricas tierras, y de peticiones de nombramientos regios para gobernarlas, proseguían frenéticos sus exploraciones, ya que los indios morían en las plantaciones de caña, y había que sustituirlos por nuevos esclavos a los que cada vez había que capturar más lejos, pues los que conocían a los blancos huían al verlos llegar. Fueron años de desorden, en los que una desmedida ambición provocó, en contra de las leyes españolas, crímenes y abusos contra los indígenas, y demenciales luchas de todos contra todos. En esta despiadada situación, pronto comenzó a destacar Vasco Núñez de Balboa, quien se embarcó en la expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso, quien salió a socorrer al gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la proximidad de numerosos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, con las cuales hirieron en una pierna a Ojeda, decidió al gobernador a volver a La Española, dejando la ciudad a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Vasco Núñez de Balboa, merced a su buena fortuna y a su temeraria decisión, logró encontrar el Mar del Sur. Por fin se tenía constancia de que había otro océano tras de América y, por tanto, se podía volver a intentar la vieja idea de Cristóbal Colón de llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Núñez de Balboa funda Santa María de la Antigua del Darién, en septiembre de 1510, de la que se proclamó alcalde y repartió los cargos del cabildo entre sus hombres, entre ellos a su capitán Valdivia, al que hizo regidor. Sólo necesitaba que las autoridades españolas legitimaran lo que había conseguido por la fuerza de las armas, para lo cual siempre ayudaba enviarles como regalo una muestra, lo más cuantiosa posible, de las riquezas de la zona que se proyectaba conquistar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Vasco Núñez deliberó que tornase Valdivia para hacer saber al Almirante y jueces de las nuevas de la otra mar, pidiéndole que lo escribiesen al rey por que enviasen mil hombres para proseguir aquel camino... Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de oro, que son 15.000 castellanos o pesos de oro, para que enviasen al rey los oficiales de esta isla, que le habían cabido de su quinto.”&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomé de las Casas, Historia de la destrucción de las Indias, tomo II, capítulo 42, página 576&amp;lt;/ref&amp;gt;Con Juan de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a la isla Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Diego de Almagro en La Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera. Parten de Darién el 15 de agosto de 1511, con buen tiempo. Pero, al amanecer del tercer día de navegación, se desató una gran tormenta. Peces voladores saltaron a la cubierta de la nave, lo que fue considerado un mal presagio. Vientos huracanados desgarraban velas y rompían mástiles, mientras olas gigantescas barrían la cubierta. El barco era presa de los desquiciados elementos que lo arrastraban vertiginosamente por un océano despiadado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De pronto, un choque brutal y la nave se estrella. Habían naufragado en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. Sólo una veintena de personas, dieciocho hombres y dos damas, consiguen por el momento salvar sus vidas en un pequeño batel. Sin agua ni alimentos, agotados después de la terrible lucha contra la tormenta y el naufragio, el sol los martiriza y la sed es insoportable. Saben que si beben el agua del mar morirán y los tiburones que rodean la embarcación, siguiéndoles como buitres, tendrán su festín. De la veintena que subió al batel, únicamente llegan ocho a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que se mostraron bastante agresivos. Gerónimo de Aguilar, fue la principal fuente de esta historia, ya que fue el único superviviente junto a Gonzalo Guerrero, pero, a diferencia de éste, regresó y narró la aventura. Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Cocomes sacrificaron a cuatro, entre ellos a Valdivia, y se los comieron. A los cuatro restantes los metieron en unas pequeñas jaulas, hechas con ramas y de forma cúbica, para engordarlos y degustarlos en otro próximo y macabro festín en su poblado. Pero, afortunadamente, la certeza del cruel destino que les deparaban sus captores les dio fuerzas para escapar. Llegaron a la tribu de los Tutul xiúes, enemiga de los Cocomes, en la Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xaman Há, donde el cacique Taxmar los entregó como esclavos a Teohom, su sacerdote, quien, con duros trabajos y malos tratos, acabó con la vida de todos por extenuación, excepto con Gerónimo y Gonzalo. Aguilar explica bien cuál era su trabajo, que debió ser, en principio, muy similar al de Gonzalo Guerrero. No obstante, pronto vemos como la actitud de los dos supervivientes se va diferenciando. Gerónimo de Aguilar deja ver entre línea que, mientras Gonzalo Guerrero se iba «aculturando», él se mantuvo fiel a su cultura y religión, a veces con mucho sacrificio. Muy probablemente, Gonzalo Guerrero no fue tan casto como el fraile, de lo cual le sobrevendría finalmente el mal que Aguilar preveía, que el amor a una indígena, los hijos que ésta le diera y la formación de una familia, le apartaran de su cultura y de su religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En eso se diferencian ambos, mientras siguen pareciéndose en la realización de los más duros y penosos trabajos que, tanto el uno como el otro, pensaban que acabarían costándoles la vida. Compadecido Taxmar de los duros trabajos que realizaban sus esclavos, y enterado que los dos únicos supervivientes estaban al borde de la muerte, los reclama. También es verdad que han participado en algunos enfrentamientos con los enemigos de la tribu, en los cuales han destacado por su astucia y por sus dotes para desarrollar estrategias, prácticamente desconocidas entre los indios, para quienes su peculiar “guerra florida” era casi un deporte. Así que, sobre todo, los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo les enseña diferentes formas de ataque y defensa, diversas formaciones en cuadros y columnas, y también cómo no todos los combatientes tienen que pelear al mismo tiempo, sino relevándose las líneas para alternar combate y descanso, a fin de no agotarse antes que los enemigos. Además, formó una rudimentaria y peculiar falange macedonia, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanzó un gran prestigio Como una de sus pertenencias más preciadas, Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, quien, a su vez, lo regala a su Nacom (jefe de guerreros) Balam. Parece que entre ambos soldados surgió un buen entendimiento y mutuo respeto. Balam cuidaba de no agotar ni humillar a Guerrero, hasta que un día, al atravesar un río, Balam fue atacado por un caimán y Gonzalo Guerrero, en vez de aprovechar la oportunidad para escapar, se revuelve y mata al caimán, salvando la vida de su amo, quien, agradecido, le otorga la libertad. Como guerrero y hombre libre de su tribu, participa con gran éxito en varias expediciones guerreras. Se transculturiza, dejándose hacer mutilaciones y tatuajes rituales que eran propios a su rango.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há, también llamada Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pendía una bolita que se colocaba entre los ojos de los niños para que los cruzaran y acabaran siendo bizcos, lo cual era un signo de belleza para los mayas. También sufre los rituales de mutilación, por los cuales los guerreros demuestran su desprecio al dolor y la muerte. Su aculturación e integración en el pueblo que lo había adoptado fue tan grande que, incluso, su primogénita, Ixmo, fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1519, desembarca la expedición de Hernán Cortés en la Isla de Cozumel, quienes se enteraron que dos españoles vivían en esa ínsula y enviaron mensajeros para ofrecer rescatarlos. Bernal Díaz del Castillo narra que  en Cozumel algunos indígenas principales ''“dijeron que habían conocido ciertos españoles, y daban señas dellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban y los tenían por esclavos unos caciques”''&amp;lt;ref&amp;gt;Díaz del Castillo, Cap. XXVII, p. 66&amp;lt;/ref&amp;gt;. Con dos indígenas y un grupo de soldados en un navío, envió Cortés una carta a los náufragos y algunas cuentas para que pagaran algún rescate; el primero en recibir la carta de Cortés fue Jerónimo de Aguilar ''“que entonces supimos que ansí se llamaba…y desque las hubo leído y rescebido el rescate de las cuentas que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó a su amo el cacique para que le diese licencia, la cual luego se le dio para que fue a donde quisiese. Y caminó el Aguilar a donde estaba su compañero, que se decía Gonzalo Guerrero, en otro pueblo cinco leguas de allí, y como leyó las cartas, el Gonzalo Guerrero le respondió: «Hermano Aguilar: yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera! E ya veis estos mis hijitos cuán bonicos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeís para ellos, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
     &lt;br /&gt;
A diferencia del relato de Díaz del Castillo, sin más fundamento que la hostilidad de los indígenas hacia los exploradores españoles, en la obra “Historia de Yucatán” se afirma que Gonzalo Guerrero rechazó regresar con varias expediciones cristianas, y apoyó la expulsión de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés (1518). Pero es cierto que en los años siguientes, los españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruzó el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. Gonzalo Guerrero combatió a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruyó a sus guerreros para que no temieran a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono, y pese a que más adelante tomó a algunos mayas prisioneros, éstos lo engañaron diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remitió informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En realidad, Gonzalo Guerrero murió en  agosto de 1536, cuando se enfrentaba a las tropas del capitán Lorenzo de Godoy para ayudar, con cincuenta canoas, a Çiçumba, cacique de Ticamaya (Honduras), en el valle inferior del Río Ulúa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado. Luego, ironías de la vida, un disparo de arcabuz remató al que fuera arcabucero. Sus hombres le sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Todos sabían que había llegado su hora, así que ninguno intentó extraerle la flecha para no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Sólo pidió a sus más allegados que cuidaran de sus hijos y, al resto de sus hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo. Pero el combate fue encarnizado. Tuvieron que replegarse y el cadáver de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como un indio, pero barbado como un cristiano. Durante la noche, algunos de sus hombres rescataron su cuerpo y como postrero homenaje, lo lanzaron al río Ulúa, para que la corriente le llevara hasta el Océano de donde vino. El final de Gonzalo Guerrero en Puerto de Caballos, Honduras, queda relatado en la carta del Gobernador de Honduras, Andrés de Cerezeda, del día siguiente a la batalla, el 14 de agosto de 1536. Gonzalo Guerrero fue durante siglos un personaje maldito, un traidor, un renegado, un apóstata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era el hombre que combatió a sus compatriotas, que renegó de su patria, de su cultura, de su sangre y, lo que era en la época muchísimo peor, abjuró de su fe y negó a Cristo. Entre una nebulosa mítica o legendaria, los cronistas informados por Jerónimo de Aguilar, lo presentan como un ser extraño, raro e inquietante. No olvidemos que Aguilar, probablemente subdiácono, ya establece en sus relatos una comparación de su proceder contrario al de Guerrero. Él se mantuvo, con gran esfuerzo, casto y fiel a su rey y a su Dios; en cambio Gonzalo Guerrero había caído en la tentación de tomar mujer, formar una familia, mezclar su sangre con la de sus captores. Fue eso lo que, según Aguilar, le perdió, llevándole, poco a poco, a abrazar la cultura y los dioses de su nueva familia. Tal vez de su única familia, o de la única familia que recordaba y amaba, después de tantos años de guerras y desventuras por medio mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las cosas cambiaron tras la independencia de México. Entonces, curiosamente, muchos mexicanos, algunos probablemente descendientes de conquistadores españoles y ahora libertadores, comenzaron a sentir una verdadera pasión por la cultura maya que combatieron sus antepasados. Y entre los mayas, un nombre que simbolizaba la lucha contra la potencia colonial e imperialista, que simbolizaba la lucha por la libertad: Gonzalo Guerrero. Así, Guerrero pasó de villano a héroe, de traidor a paladín de las libertades, y el &amp;quot;egregio tránsfuga&amp;quot; fue objeto de honores y monumentos, entre los cuales destacan: una laguna cerca de Bacalar lleva su nombre, la Laguna Guerrero. El 4 de abril de 2008 se exhibió el boceto del mural “La cuna del mestizaje”, de Rodrigo Siller, como pieza del mes del Museo de la Cultura Maya. Paradójicamente, al final de la avenida que se denomina Prolongación del Paseo de Montejo (llamada así en memoria del conquistador a quien combatió) de la ciudad de Mérida, Yucatán, se encuentra un monumento a Gonzalo Guerrero, héroe indiscutiblemente para los habitantes de la región; obra del escultor Raúl Ayala, y que originalmente perteneció a los propietarios de la zona hotelera de Akumal, Quintana Roo. Su vida fue llevada al cine en la versión de héroe libertario en 2013 bajo el título: “Entre dos mundos, la vida de Gonzalo Guerrero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díaz del Castillo Bernal. ''Historia verdadera de la conquista de la Nueva España''. Espasa-Calpe, 8 edición, Madrid, 1989&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Diccionario Porrúa'', Historia, Biografía y Geografía de México, II, México, 1971.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Enciclopedia de México'', México, 1978.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JOSE FLORENCIO CAMARGO SOSA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5175</id>
		<title>GUERRERO, Gonzalo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5175"/>
		<updated>2014-06-14T14:52:17Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* BIBLIOGRAFÍA */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena. Muere luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. Personaje controvertido porque se «aculturó» al pueblo maya, y llegó a ser jefe de los indígenas durante la conquista de Yucatán. Especialmente belicoso contra los conquistadores, fue conocido como «El Renegado» por sus compatriotas españoles, mientras que en la actualidad en México se le denomina el «Padre del Mestizaje». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. Muy poco se sabe de su infancia, salvo que nació en Palos de la Frontera, Huelva, España, en la octava década del siglo XV; es decir, era un poco más joven que Vicente Yáñez Pinzón cuando éste participo como capitán de la carabela «Niña» en la expedición de Cristóbal Colón que descubrió el Nuevo Mundo. La  juventud de Gonzalo Guerrero transcurrió llena de las muchas historias y aventuras que circulaban  sobre las nuevas tierras y mares recién hallados. Sin embargo antes de eso su destino no parecía encaminarle en esa dirección, sino más bien en la contraria. Fue más soldado que marino, y aparece como arcabucero en la conquista de Granada, en la campaña que acabó con la expulsión de los moros de España el 2 de enero de 1492, cuando las tropas de los Reyes Católicos, comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, derrotaron al rey Boabdil de Granada, poniendo fin a ocho siglos de poder islámico en la Península Ibérica. Como arcabucero siguió al Gran Capitán a Nápoles, donde España inició su influencia en Europa y sus ejércitos conformaron las unidades que luego llegarían a ser los famosos «tercios españoles»; una experiencia que luego sería muy importante en la vida de Gonzalo Guerrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Probablemente en alguna de sus estancias en Palos, debió convencerse de que tenía más posibilidades de hacer fortuna en tierras americanas que en las italianas, donde el esfuerzo de los soldados era cobrado por los señores de la tierra o sus capitanes, y no por ellos. En 1508, difuntos ya la reina Isabel y Cristóbal Colón, el rey Fernando el Católico decidió recuperar parte del poder político que había cedido a los Colón en las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492), pues su gobierno había generado muchas revueltas y enfrentamientos, y, al mismo tiempo, acelerar la exploración y conquista de Tierra Firme eludiendo el pretendido monopolio colombino e invitando a tal aventura a todo aquel que tuviera recursos o coraje para hacerlo. Fueron creadas entonces dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre el cabo de la Vela (Colombia) y el cabo Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se fijó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa. Hacia 1510 o quizá antes, Gonzalo Guerrero fue con Diego de Nicuesa a América, viéndose allí inmerso en las fratricidas luchas por el poder entre los capitanes españoles. Ojeda y Nicuesa tramitaron cédulas de posesión de Tierra Firme, y, por perseguir la fortuna en el mismo negocio, eran rivales; se odiaban a muerte. Se disputaban los límites de sus pretendidos feudos y, sobre todo, las fértiles tierras que rodeaban el Golfo de Urabá y, aunque ninguno de ellos tuviera asegurado su nombramiento, discutían sobre mapas sus arriesgados y ambiciosos proyectos. Muchos de sus hombres pensaban que, cualquier día, uno de los dos amanecería muerto. Mientras enviaban al rey cartas repletas de promesas de nuevas y ricas tierras, y de peticiones de nombramientos regios para gobernarlas, proseguían frenéticos sus exploraciones, ya que los indios morían en las plantaciones de caña, y había que sustituirlos por nuevos esclavos a los que cada vez había que capturar más lejos, pues los que conocían a los blancos huían al verlos llegar. Fueron años de desorden, en los que una desmedida ambición provocó, en contra de las leyes españolas, crímenes y abusos contra los indígenas, y demenciales luchas de todos contra todos. En esta despiadada situación, pronto comenzó a destacar Vasco Núñez de Balboa, quien se embarcó en la expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso, quien salió a socorrer al gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la proximidad de numerosos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, con las cuales hirieron en una pierna a Ojeda, decidió al gobernador a volver a La Española, dejando la ciudad a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Vasco Núñez de Balboa, merced a su buena fortuna y a su temeraria decisión, logró encontrar el Mar del Sur. Por fin se tenía constancia de que había otro océano tras de América y, por tanto, se podía volver a intentar la vieja idea de Cristóbal Colón de llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Núñez de Balboa funda Santa María de la Antigua del Darién, en septiembre de 1510, de la que se proclamó alcalde y repartió los cargos del cabildo entre sus hombres, entre ellos a su capitán Valdivia, al que hizo regidor. Sólo necesitaba que las autoridades españolas legitimaran lo que había conseguido por la fuerza de las armas, para lo cual siempre ayudaba enviarles como regalo una muestra, lo más cuantiosa posible, de las riquezas de la zona que se proyectaba conquistar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Vasco Núñez deliberó que tornase Valdivia para hacer saber al Almirante y jueces de las nuevas de la otra mar, pidiéndole que lo escribiesen al rey por que enviasen mil hombres para proseguir aquel camino... Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de oro, que son 15.000 castellanos o pesos de oro, para que enviasen al rey los oficiales de esta isla, que le habían cabido de su quinto.”&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomé de las Casas, Historia de la destrucción de las Indias, tomo II, capítulo 42, página 576&amp;lt;/ref&amp;gt;Con Juan de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a la isla Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Diego de Almagro en La Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera. Parten de Darién el 15 de agosto de 1511, con buen tiempo. Pero, al amanecer del tercer día de navegación, se desató una gran tormenta. Peces voladores saltaron a la cubierta de la nave, lo que fue considerado un mal presagio. Vientos huracanados desgarraban velas y rompían mástiles, mientras olas gigantescas barrían la cubierta. El barco era presa de los desquiciados elementos que lo arrastraban vertiginosamente por un océano despiadado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De pronto, un choque brutal y la nave se estrella. Habían naufragado en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. Sólo una veintena de personas, dieciocho hombres y dos damas, consiguen por el momento salvar sus vidas en un pequeño batel. Sin agua ni alimentos, agotados después de la terrible lucha contra la tormenta y el naufragio, el sol los martiriza y la sed es insoportable. Saben que si beben el agua del mar morirán y los tiburones que rodean la embarcación, siguiéndoles como buitres, tendrán su festín. De la veintena que subió al batel, únicamente llegan ocho a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que se mostraron bastante agresivos. Gerónimo de Aguilar, fue la principal fuente de esta historia, ya que fue el único superviviente junto a Gonzalo Guerrero, pero, a diferencia de éste, regresó y narró la aventura. Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Cocomes sacrificaron a cuatro, entre ellos a Valdivia, y se los comieron. A los cuatro restantes los metieron en unas pequeñas jaulas, hechas con ramas y de forma cúbica, para engordarlos y degustarlos en otro próximo y macabro festín en su poblado. Pero, afortunadamente, la certeza del cruel destino que les deparaban sus captores les dio fuerzas para escapar. Llegaron a la tribu de los Tutul xiúes, enemiga de los Cocomes, en la Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xaman Há, donde el cacique Taxmar los entregó como esclavos a Teohom, su sacerdote, quien, con duros trabajos y malos tratos, acabó con la vida de todos por extenuación, excepto con Gerónimo y Gonzalo. Aguilar explica bien cuál era su trabajo, que debió ser, en principio, muy similar al de Gonzalo Guerrero. No obstante, pronto vemos como la actitud de los dos supervivientes se va diferenciando. Gerónimo de Aguilar deja ver entre línea que, mientras Gonzalo Guerrero se iba «aculturando», él se mantuvo fiel a su cultura y religión, a veces con mucho sacrificio. Muy probablemente, Gonzalo Guerrero no fue tan casto como el fraile, de lo cual le sobrevendría finalmente el mal que Aguilar preveía, que el amor a una indígena, los hijos que ésta le diera y la formación de una familia, le apartaran de su cultura y de su religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En eso se diferencian ambos, mientras siguen pareciéndose en la realización de los más duros y penosos trabajos que, tanto el uno como el otro, pensaban que acabarían costándoles la vida. Compadecido Taxmar de los duros trabajos que realizaban sus esclavos, y enterado que los dos únicos supervivientes estaban al borde de la muerte, los reclama. También es verdad que han participado en algunos enfrentamientos con los enemigos de la tribu, en los cuales han destacado por su astucia y por sus dotes para desarrollar estrategias, prácticamente desconocidas entre los indios, para quienes su peculiar “guerra florida” era casi un deporte. Así que, sobre todo, los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo les enseña diferentes formas de ataque y defensa, diversas formaciones en cuadros y columnas, y también cómo no todos los combatientes tienen que pelear al mismo tiempo, sino relevándose las líneas para alternar combate y descanso, a fin de no agotarse antes que los enemigos. Además, formó una rudimentaria y peculiar falange macedonia, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanzó un gran prestigio Como una de sus pertenencias más preciadas, Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, quien, a su vez, lo regala a su Nacom (jefe de guerreros) Balam. Parece que entre ambos soldados surgió un buen entendimiento y mutuo respeto. Balam cuidaba de no agotar ni humillar a Guerrero, hasta que un día, al atravesar un río, Balam fue atacado por un caimán y Gonzalo Guerrero, en vez de aprovechar la oportunidad para escapar, se revuelve y mata al caimán, salvando la vida de su amo, quien, agradecido, le otorga la libertad. Como guerrero y hombre libre de su tribu, participa con gran éxito en varias expediciones guerreras. Se transculturiza, dejándose hacer mutilaciones y tatuajes rituales que eran propios a su rango.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há, también llamada Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pendía una bolita que se colocaba entre los ojos de los niños para que los cruzaran y acabaran siendo bizcos, lo cual era un signo de belleza para los mayas. También sufre los rituales de mutilación, por los cuales los guerreros demuestran su desprecio al dolor y la muerte. Su aculturación e integración en el pueblo que lo había adoptado fue tan grande que, incluso, su primogénita, Ixmo, fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1519, desembarca la expedición de Hernán Cortés en la Isla de Cozumel, quienes se enteraron que dos españoles vivían en esa ínsula y enviaron mensajeros para ofrecer rescatarlos. Bernal Díaz del Castillo narra que  en Cozumel algunos indígenas principales ''“dijeron que habían conocido ciertos españoles, y daban señas dellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban y los tenían por esclavos unos caciques”''&amp;lt;ref&amp;gt;Díaz del Castillo, Cap. XXVII, p. 66&amp;lt;/ref&amp;gt;. Con dos indígenas y un grupo de soldados en un navío, envió Cortés una carta a los náufragos y algunas cuentas para que pagaran algún rescate; el primero en recibir la carta de Cortés fue Jerónimo de Aguilar ''“que entonces supimos que ansí se llamaba…y desque las hubo leído y rescebido el rescate de las cuentas que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó a su amo el cacique para que le diese licencia, la cual luego se le dio para que fue a donde quisiese. Y caminó el Aguilar a donde estaba su compañero, que se decía Gonzalo Guerrero, en otro pueblo cinco leguas de allí, y como leyó las cartas, el Gonzalo Guerrero le respondió: «Hermano Aguilar: yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera! E ya veis estos mis hijitos cuán bonicos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeís para ellos, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
     &lt;br /&gt;
A diferencia del relato de Díaz del Castillo, sin más fundamento que la hostilidad de los indígenas hacia los exploradores españoles, en la obra “Historia de Yucatán” se afirma que Gonzalo Guerrero rechazó regresar con varias expediciones cristianas, y apoyó la expulsión de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés (1518). Pero es cierto que en los años siguientes, los españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruzó el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. Gonzalo Guerrero combatió a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruyó a sus guerreros para que no temieran a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono, y pese a que más adelante tomó a algunos mayas prisioneros, éstos lo engañaron diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remitió informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En realidad, Gonzalo Guerrero murió en  agosto de 1536, cuando se enfrentaba a las tropas del capitán Lorenzo de Godoy para ayudar, con cincuenta canoas, a Çiçumba, cacique de Ticamaya (Honduras), en el valle inferior del Río Ulúa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado. Luego, ironías de la vida, un disparo de arcabuz remató al que fuera arcabucero. Sus hombres le sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Todos sabían que había llegado su hora, así que ninguno intentó extraerle la flecha para no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Sólo pidió a sus más allegados que cuidaran de sus hijos y, al resto de sus hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo. Pero el combate fue encarnizado. Tuvieron que replegarse y el cadáver de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como un indio, pero barbado como un cristiano. Durante la noche, algunos de sus hombres rescataron su cuerpo y como postrero homenaje, lo lanzaron al río Ulúa, para que la corriente le llevara hasta el Océano de donde vino. El final de Gonzalo Guerrero en Puerto de Caballos, Honduras, queda relatado en la carta del Gobernador de Honduras, Andrés de Cerezeda, del día siguiente a la batalla, el 14 de agosto de 1536. Gonzalo Guerrero fue durante siglos un personaje maldito, un traidor, un renegado, un apóstata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era el hombre que combatió a sus compatriotas, que renegó de su patria, de su cultura, de su sangre y, lo que era en la época muchísimo peor, abjuró de su fe y negó a Cristo. Entre una nebulosa mítica o legendaria, los cronistas informados por Jerónimo de Aguilar, lo presentan como un ser extraño, raro e inquietante. No olvidemos que Aguilar, probablemente subdiácono, ya establece en sus relatos una comparación de su proceder contrario al de Guerrero. Él se mantuvo, con gran esfuerzo, casto y fiel a su rey y a su Dios; en cambio Gonzalo Guerrero había caído en la tentación de tomar mujer, formar una familia, mezclar su sangre con la de sus captores. Fue eso lo que, según Aguilar, le perdió, llevándole, poco a poco, a abrazar la cultura y los dioses de su nueva familia. Tal vez de su única familia, o de la única familia que recordaba y amaba, después de tantos años de guerras y desventuras por medio mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las cosas cambiaron tras la independencia de México. Entonces, curiosamente, muchos mexicanos, algunos probablemente descendientes de conquistadores españoles y ahora libertadores, comenzaron a sentir una verdadera pasión por la cultura maya que combatieron sus antepasados. Y entre los mayas, un nombre que simbolizaba la lucha contra la potencia colonial e imperialista, que simbolizaba la lucha por la libertad: Gonzalo Guerrero. Así, Guerrero pasó de villano a héroe, de traidor a paladín de las libertades, y el &amp;quot;egregio tránsfuga&amp;quot; fue objeto de honores y monumentos, entre los cuales destacan: una laguna cerca de Bacalar lleva su nombre, la Laguna Guerrero. El 4 de abril de 2008 se exhibió el boceto del mural “La cuna del mestizaje”, de Rodrigo Siller, como pieza del mes del Museo de la Cultura Maya. Paradójicamente, al final de la avenida que se denomina Prolongación del Paseo de Montejo (llamada así en memoria del conquistador a quien combatió) de la ciudad de Mérida, Yucatán, se encuentra un monumento a Gonzalo Guerrero, héroe indiscutiblemente para los habitantes de la región; obra del escultor Raúl Ayala, y que originalmente perteneció a los propietarios de la zona hotelera de Akumal, Quintana Roo. Su vida fue llevada al cine en la versión de héroe libertario en 2013 bajo el título: “Entre dos mundos, la vida de Gonzalo Guerrero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díaz del Castillo Bernal. ''Historia verdadera de la conquista de la Nueva España''. Espasa-Calpe, 8 edición, Madrid, 1989&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Diccionario Porrúa'', Historia, Biografía y Geografía de México, II, México, 1971.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Enciclopedia de México'', México, 1978.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JOSE FLORENCIO CAMARGO SOSA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5174</id>
		<title>GUERRERO, Gonzalo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5174"/>
		<updated>2014-06-14T14:51:24Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* (Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano. */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena. Muere luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. Personaje controvertido porque se «aculturó» al pueblo maya, y llegó a ser jefe de los indígenas durante la conquista de Yucatán. Especialmente belicoso contra los conquistadores, fue conocido como «El Renegado» por sus compatriotas españoles, mientras que en la actualidad en México se le denomina el «Padre del Mestizaje». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. Muy poco se sabe de su infancia, salvo que nació en Palos de la Frontera, Huelva, España, en la octava década del siglo XV; es decir, era un poco más joven que Vicente Yáñez Pinzón cuando éste participo como capitán de la carabela «Niña» en la expedición de Cristóbal Colón que descubrió el Nuevo Mundo. La  juventud de Gonzalo Guerrero transcurrió llena de las muchas historias y aventuras que circulaban  sobre las nuevas tierras y mares recién hallados. Sin embargo antes de eso su destino no parecía encaminarle en esa dirección, sino más bien en la contraria. Fue más soldado que marino, y aparece como arcabucero en la conquista de Granada, en la campaña que acabó con la expulsión de los moros de España el 2 de enero de 1492, cuando las tropas de los Reyes Católicos, comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, derrotaron al rey Boabdil de Granada, poniendo fin a ocho siglos de poder islámico en la Península Ibérica. Como arcabucero siguió al Gran Capitán a Nápoles, donde España inició su influencia en Europa y sus ejércitos conformaron las unidades que luego llegarían a ser los famosos «tercios españoles»; una experiencia que luego sería muy importante en la vida de Gonzalo Guerrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Probablemente en alguna de sus estancias en Palos, debió convencerse de que tenía más posibilidades de hacer fortuna en tierras americanas que en las italianas, donde el esfuerzo de los soldados era cobrado por los señores de la tierra o sus capitanes, y no por ellos. En 1508, difuntos ya la reina Isabel y Cristóbal Colón, el rey Fernando el Católico decidió recuperar parte del poder político que había cedido a los Colón en las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492), pues su gobierno había generado muchas revueltas y enfrentamientos, y, al mismo tiempo, acelerar la exploración y conquista de Tierra Firme eludiendo el pretendido monopolio colombino e invitando a tal aventura a todo aquel que tuviera recursos o coraje para hacerlo. Fueron creadas entonces dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre el cabo de la Vela (Colombia) y el cabo Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se fijó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa. Hacia 1510 o quizá antes, Gonzalo Guerrero fue con Diego de Nicuesa a América, viéndose allí inmerso en las fratricidas luchas por el poder entre los capitanes españoles. Ojeda y Nicuesa tramitaron cédulas de posesión de Tierra Firme, y, por perseguir la fortuna en el mismo negocio, eran rivales; se odiaban a muerte. Se disputaban los límites de sus pretendidos feudos y, sobre todo, las fértiles tierras que rodeaban el Golfo de Urabá y, aunque ninguno de ellos tuviera asegurado su nombramiento, discutían sobre mapas sus arriesgados y ambiciosos proyectos. Muchos de sus hombres pensaban que, cualquier día, uno de los dos amanecería muerto. Mientras enviaban al rey cartas repletas de promesas de nuevas y ricas tierras, y de peticiones de nombramientos regios para gobernarlas, proseguían frenéticos sus exploraciones, ya que los indios morían en las plantaciones de caña, y había que sustituirlos por nuevos esclavos a los que cada vez había que capturar más lejos, pues los que conocían a los blancos huían al verlos llegar. Fueron años de desorden, en los que una desmedida ambición provocó, en contra de las leyes españolas, crímenes y abusos contra los indígenas, y demenciales luchas de todos contra todos. En esta despiadada situación, pronto comenzó a destacar Vasco Núñez de Balboa, quien se embarcó en la expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso, quien salió a socorrer al gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la proximidad de numerosos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, con las cuales hirieron en una pierna a Ojeda, decidió al gobernador a volver a La Española, dejando la ciudad a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Vasco Núñez de Balboa, merced a su buena fortuna y a su temeraria decisión, logró encontrar el Mar del Sur. Por fin se tenía constancia de que había otro océano tras de América y, por tanto, se podía volver a intentar la vieja idea de Cristóbal Colón de llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Núñez de Balboa funda Santa María de la Antigua del Darién, en septiembre de 1510, de la que se proclamó alcalde y repartió los cargos del cabildo entre sus hombres, entre ellos a su capitán Valdivia, al que hizo regidor. Sólo necesitaba que las autoridades españolas legitimaran lo que había conseguido por la fuerza de las armas, para lo cual siempre ayudaba enviarles como regalo una muestra, lo más cuantiosa posible, de las riquezas de la zona que se proyectaba conquistar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Vasco Núñez deliberó que tornase Valdivia para hacer saber al Almirante y jueces de las nuevas de la otra mar, pidiéndole que lo escribiesen al rey por que enviasen mil hombres para proseguir aquel camino... Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de oro, que son 15.000 castellanos o pesos de oro, para que enviasen al rey los oficiales de esta isla, que le habían cabido de su quinto.”&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomé de las Casas, Historia de la destrucción de las Indias, tomo II, capítulo 42, página 576&amp;lt;/ref&amp;gt;Con Juan de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a la isla Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Diego de Almagro en La Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera. Parten de Darién el 15 de agosto de 1511, con buen tiempo. Pero, al amanecer del tercer día de navegación, se desató una gran tormenta. Peces voladores saltaron a la cubierta de la nave, lo que fue considerado un mal presagio. Vientos huracanados desgarraban velas y rompían mástiles, mientras olas gigantescas barrían la cubierta. El barco era presa de los desquiciados elementos que lo arrastraban vertiginosamente por un océano despiadado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De pronto, un choque brutal y la nave se estrella. Habían naufragado en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. Sólo una veintena de personas, dieciocho hombres y dos damas, consiguen por el momento salvar sus vidas en un pequeño batel. Sin agua ni alimentos, agotados después de la terrible lucha contra la tormenta y el naufragio, el sol los martiriza y la sed es insoportable. Saben que si beben el agua del mar morirán y los tiburones que rodean la embarcación, siguiéndoles como buitres, tendrán su festín. De la veintena que subió al batel, únicamente llegan ocho a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que se mostraron bastante agresivos. Gerónimo de Aguilar, fue la principal fuente de esta historia, ya que fue el único superviviente junto a Gonzalo Guerrero, pero, a diferencia de éste, regresó y narró la aventura. Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Cocomes sacrificaron a cuatro, entre ellos a Valdivia, y se los comieron. A los cuatro restantes los metieron en unas pequeñas jaulas, hechas con ramas y de forma cúbica, para engordarlos y degustarlos en otro próximo y macabro festín en su poblado. Pero, afortunadamente, la certeza del cruel destino que les deparaban sus captores les dio fuerzas para escapar. Llegaron a la tribu de los Tutul xiúes, enemiga de los Cocomes, en la Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xaman Há, donde el cacique Taxmar los entregó como esclavos a Teohom, su sacerdote, quien, con duros trabajos y malos tratos, acabó con la vida de todos por extenuación, excepto con Gerónimo y Gonzalo. Aguilar explica bien cuál era su trabajo, que debió ser, en principio, muy similar al de Gonzalo Guerrero. No obstante, pronto vemos como la actitud de los dos supervivientes se va diferenciando. Gerónimo de Aguilar deja ver entre línea que, mientras Gonzalo Guerrero se iba «aculturando», él se mantuvo fiel a su cultura y religión, a veces con mucho sacrificio. Muy probablemente, Gonzalo Guerrero no fue tan casto como el fraile, de lo cual le sobrevendría finalmente el mal que Aguilar preveía, que el amor a una indígena, los hijos que ésta le diera y la formación de una familia, le apartaran de su cultura y de su religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En eso se diferencian ambos, mientras siguen pareciéndose en la realización de los más duros y penosos trabajos que, tanto el uno como el otro, pensaban que acabarían costándoles la vida. Compadecido Taxmar de los duros trabajos que realizaban sus esclavos, y enterado que los dos únicos supervivientes estaban al borde de la muerte, los reclama. También es verdad que han participado en algunos enfrentamientos con los enemigos de la tribu, en los cuales han destacado por su astucia y por sus dotes para desarrollar estrategias, prácticamente desconocidas entre los indios, para quienes su peculiar “guerra florida” era casi un deporte. Así que, sobre todo, los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo les enseña diferentes formas de ataque y defensa, diversas formaciones en cuadros y columnas, y también cómo no todos los combatientes tienen que pelear al mismo tiempo, sino relevándose las líneas para alternar combate y descanso, a fin de no agotarse antes que los enemigos. Además, formó una rudimentaria y peculiar falange macedonia, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanzó un gran prestigio Como una de sus pertenencias más preciadas, Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, quien, a su vez, lo regala a su Nacom (jefe de guerreros) Balam. Parece que entre ambos soldados surgió un buen entendimiento y mutuo respeto. Balam cuidaba de no agotar ni humillar a Guerrero, hasta que un día, al atravesar un río, Balam fue atacado por un caimán y Gonzalo Guerrero, en vez de aprovechar la oportunidad para escapar, se revuelve y mata al caimán, salvando la vida de su amo, quien, agradecido, le otorga la libertad. Como guerrero y hombre libre de su tribu, participa con gran éxito en varias expediciones guerreras. Se transculturiza, dejándose hacer mutilaciones y tatuajes rituales que eran propios a su rango.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há, también llamada Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pendía una bolita que se colocaba entre los ojos de los niños para que los cruzaran y acabaran siendo bizcos, lo cual era un signo de belleza para los mayas. También sufre los rituales de mutilación, por los cuales los guerreros demuestran su desprecio al dolor y la muerte. Su aculturación e integración en el pueblo que lo había adoptado fue tan grande que, incluso, su primogénita, Ixmo, fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1519, desembarca la expedición de Hernán Cortés en la Isla de Cozumel, quienes se enteraron que dos españoles vivían en esa ínsula y enviaron mensajeros para ofrecer rescatarlos. Bernal Díaz del Castillo narra que  en Cozumel algunos indígenas principales ''“dijeron que habían conocido ciertos españoles, y daban señas dellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban y los tenían por esclavos unos caciques”''&amp;lt;ref&amp;gt;Díaz del Castillo, Cap. XXVII, p. 66&amp;lt;/ref&amp;gt;. Con dos indígenas y un grupo de soldados en un navío, envió Cortés una carta a los náufragos y algunas cuentas para que pagaran algún rescate; el primero en recibir la carta de Cortés fue Jerónimo de Aguilar ''“que entonces supimos que ansí se llamaba…y desque las hubo leído y rescebido el rescate de las cuentas que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó a su amo el cacique para que le diese licencia, la cual luego se le dio para que fue a donde quisiese. Y caminó el Aguilar a donde estaba su compañero, que se decía Gonzalo Guerrero, en otro pueblo cinco leguas de allí, y como leyó las cartas, el Gonzalo Guerrero le respondió: «Hermano Aguilar: yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera! E ya veis estos mis hijitos cuán bonicos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeís para ellos, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
     &lt;br /&gt;
A diferencia del relato de Díaz del Castillo, sin más fundamento que la hostilidad de los indígenas hacia los exploradores españoles, en la obra “Historia de Yucatán” se afirma que Gonzalo Guerrero rechazó regresar con varias expediciones cristianas, y apoyó la expulsión de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés (1518). Pero es cierto que en los años siguientes, los españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruzó el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. Gonzalo Guerrero combatió a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruyó a sus guerreros para que no temieran a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono, y pese a que más adelante tomó a algunos mayas prisioneros, éstos lo engañaron diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remitió informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En realidad, Gonzalo Guerrero murió en  agosto de 1536, cuando se enfrentaba a las tropas del capitán Lorenzo de Godoy para ayudar, con cincuenta canoas, a Çiçumba, cacique de Ticamaya (Honduras), en el valle inferior del Río Ulúa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado. Luego, ironías de la vida, un disparo de arcabuz remató al que fuera arcabucero. Sus hombres le sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Todos sabían que había llegado su hora, así que ninguno intentó extraerle la flecha para no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Sólo pidió a sus más allegados que cuidaran de sus hijos y, al resto de sus hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo. Pero el combate fue encarnizado. Tuvieron que replegarse y el cadáver de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como un indio, pero barbado como un cristiano. Durante la noche, algunos de sus hombres rescataron su cuerpo y como postrero homenaje, lo lanzaron al río Ulúa, para que la corriente le llevara hasta el Océano de donde vino. El final de Gonzalo Guerrero en Puerto de Caballos, Honduras, queda relatado en la carta del Gobernador de Honduras, Andrés de Cerezeda, del día siguiente a la batalla, el 14 de agosto de 1536. Gonzalo Guerrero fue durante siglos un personaje maldito, un traidor, un renegado, un apóstata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era el hombre que combatió a sus compatriotas, que renegó de su patria, de su cultura, de su sangre y, lo que era en la época muchísimo peor, abjuró de su fe y negó a Cristo. Entre una nebulosa mítica o legendaria, los cronistas informados por Jerónimo de Aguilar, lo presentan como un ser extraño, raro e inquietante. No olvidemos que Aguilar, probablemente subdiácono, ya establece en sus relatos una comparación de su proceder contrario al de Guerrero. Él se mantuvo, con gran esfuerzo, casto y fiel a su rey y a su Dios; en cambio Gonzalo Guerrero había caído en la tentación de tomar mujer, formar una familia, mezclar su sangre con la de sus captores. Fue eso lo que, según Aguilar, le perdió, llevándole, poco a poco, a abrazar la cultura y los dioses de su nueva familia. Tal vez de su única familia, o de la única familia que recordaba y amaba, después de tantos años de guerras y desventuras por medio mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las cosas cambiaron tras la independencia de México. Entonces, curiosamente, muchos mexicanos, algunos probablemente descendientes de conquistadores españoles y ahora libertadores, comenzaron a sentir una verdadera pasión por la cultura maya que combatieron sus antepasados. Y entre los mayas, un nombre que simbolizaba la lucha contra la potencia colonial e imperialista, que simbolizaba la lucha por la libertad: Gonzalo Guerrero. Así, Guerrero pasó de villano a héroe, de traidor a paladín de las libertades, y el &amp;quot;egregio tránsfuga&amp;quot; fue objeto de honores y monumentos, entre los cuales destacan: una laguna cerca de Bacalar lleva su nombre, la Laguna Guerrero. El 4 de abril de 2008 se exhibió el boceto del mural “La cuna del mestizaje”, de Rodrigo Siller, como pieza del mes del Museo de la Cultura Maya. Paradójicamente, al final de la avenida que se denomina Prolongación del Paseo de Montejo (llamada así en memoria del conquistador a quien combatió) de la ciudad de Mérida, Yucatán, se encuentra un monumento a Gonzalo Guerrero, héroe indiscutiblemente para los habitantes de la región; obra del escultor Raúl Ayala, y que originalmente perteneció a los propietarios de la zona hotelera de Akumal, Quintana Roo. Su vida fue llevada al cine en la versión de héroe libertario en 2013 bajo el título: “Entre dos mundos, la vida de Gonzalo Guerrero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díaz del Castillo Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Espasa-Calpe, 8 edición, Madrid, 1989&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diccionario Porrúa, Historia, Biografía y Geografía de México, II, México, 1971.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia de México, México, 1978.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JOSE FLORENCIO CAMARGO SOSA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5173</id>
		<title>GUERRERO, Gonzalo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5173"/>
		<updated>2014-06-14T14:49:42Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* (Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano. */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena. Muere luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. Personaje controvertido porque se «aculturó» al pueblo maya, y llegó a ser jefe de los indígenas durante la conquista de Yucatán. Especialmente belicoso contra los conquistadores, fue conocido como «El Renegado» por sus compatriotas españoles, mientras que en la actualidad en México se le denomina el «Padre del Mestizaje». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. Muy poco se sabe de su infancia, salvo que nació en Palos de la Frontera, Huelva, España, en la octava década del siglo XV; es decir, era un poco más joven que Vicente Yáñez Pinzón cuando éste participo como capitán de la carabela «Niña» en la expedición de Cristóbal Colón que descubrió el Nuevo Mundo. La  juventud de Gonzalo Guerrero transcurrió llena de las muchas historias y aventuras que circulaban  sobre las nuevas tierras y mares recién hallados. Sin embargo antes de eso su destino no parecía encaminarle en esa dirección, sino más bien en la contraria. Fue más soldado que marino, y aparece como arcabucero en la conquista de Granada, en la campaña que acabó con la expulsión de los moros de España el 2 de enero de 1492, cuando las tropas de los Reyes Católicos, comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, derrotaron al rey Boabdil de Granada, poniendo fin a ocho siglos de poder islámico en la Península Ibérica. Como arcabucero siguió al Gran Capitán a Nápoles, donde España inició su influencia en Europa y sus ejércitos conformaron las unidades que luego llegarían a ser los famosos «tercios españoles»; una experiencia que luego sería muy importante en la vida de Gonzalo Guerrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Probablemente en alguna de sus estancias en Palos, debió convencerse de que tenía más posibilidades de hacer fortuna en tierras americanas que en las italianas, donde el esfuerzo de los soldados era cobrado por los señores de la tierra o sus capitanes, y no por ellos. En 1508, difuntos ya la reina Isabel y Cristóbal Colón, el rey Fernando el Católico decidió recuperar parte del poder político que había cedido a los Colón en las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492), pues su gobierno había generado muchas revueltas y enfrentamientos, y, al mismo tiempo, acelerar la exploración y conquista de Tierra Firme eludiendo el pretendido monopolio colombino e invitando a tal aventura a todo aquel que tuviera recursos o coraje para hacerlo. Fueron creadas entonces dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre el cabo de la Vela (Colombia) y el cabo Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se fijó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa. Hacia 1510 o quizá antes, Gonzalo Guerrero fue con Diego de Nicuesa a América, viéndose allí inmerso en las fratricidas luchas por el poder entre los capitanes españoles. Ojeda y Nicuesa tramitaron cédulas de posesión de Tierra Firme, y, por perseguir la fortuna en el mismo negocio, eran rivales; se odiaban a muerte. Se disputaban los límites de sus pretendidos feudos y, sobre todo, las fértiles tierras que rodeaban el Golfo de Urabá y, aunque ninguno de ellos tuviera asegurado su nombramiento, discutían sobre mapas sus arriesgados y ambiciosos proyectos. Muchos de sus hombres pensaban que, cualquier día, uno de los dos amanecería muerto. Mientras enviaban al rey cartas repletas de promesas de nuevas y ricas tierras, y de peticiones de nombramientos regios para gobernarlas, proseguían frenéticos sus exploraciones, ya que los indios morían en las plantaciones de caña, y había que sustituirlos por nuevos esclavos a los que cada vez había que capturar más lejos, pues los que conocían a los blancos huían al verlos llegar. Fueron años de desorden, en los que una desmedida ambición provocó, en contra de las leyes españolas, crímenes y abusos contra los indígenas, y demenciales luchas de todos contra todos. En esta despiadada situación, pronto comenzó a destacar Vasco Núñez de Balboa, quien se embarcó en la expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso, quien salió a socorrer al gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la proximidad de numerosos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, con las cuales hirieron en una pierna a Ojeda, decidió al gobernador a volver a La Española, dejando la ciudad a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Vasco Núñez de Balboa, merced a su buena fortuna y a su temeraria decisión, logró encontrar el Mar del Sur. Por fin se tenía constancia de que había otro océano tras de América y, por tanto, se podía volver a intentar la vieja idea de Cristóbal Colón de llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Núñez de Balboa funda Santa María de la Antigua del Darién, en septiembre de 1510, de la que se proclamó alcalde y repartió los cargos del cabildo entre sus hombres, entre ellos a su capitán Valdivia, al que hizo regidor. Sólo necesitaba que las autoridades españolas legitimaran lo que había conseguido por la fuerza de las armas, para lo cual siempre ayudaba enviarles como regalo una muestra, lo más cuantiosa posible, de las riquezas de la zona que se proyectaba conquistar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Vasco Núñez deliberó que tornase Valdivia para hacer saber al Almirante y jueces de las nuevas de la otra mar, pidiéndole que lo escribiesen al rey por que enviasen mil hombres para proseguir aquel camino... Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de oro, que son 15.000 castellanos o pesos de oro, para que enviasen al rey los oficiales de esta isla, que le habían cabido de su quinto.”&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomé de las Casas, Historia de la destrucción de las Indias, tomo II, capítulo 42, página 576&amp;lt;/ref&amp;gt;Con Juan de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a la isla Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Diego de Almagro en La Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera. Parten de Darién el 15 de agosto de 1511, con buen tiempo. Pero, al amanecer del tercer día de navegación, se desató una gran tormenta. Peces voladores saltaron a la cubierta de la nave, lo que fue considerado un mal presagio. Vientos huracanados desgarraban velas y rompían mástiles, mientras olas gigantescas barrían la cubierta. El barco era presa de los desquiciados elementos que lo arrastraban vertiginosamente por un océano despiadado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De pronto, un choque brutal y la nave se estrella. Habían naufragado en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. Sólo una veintena de personas, dieciocho hombres y dos damas, consiguen por el momento salvar sus vidas en un pequeño batel. Sin agua ni alimentos, agotados después de la terrible lucha contra la tormenta y el naufragio, el sol los martiriza y la sed es insoportable. Saben que si beben el agua del mar morirán y los tiburones que rodean la embarcación, siguiéndoles como buitres, tendrán su festín. De la veintena que subió al batel, únicamente llegan ocho a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que se mostraron bastante agresivos. Gerónimo de Aguilar, fue la principal fuente de esta historia, ya que fue el único superviviente junto a Gonzalo Guerrero, pero, a diferencia de éste, regresó y narró la aventura. Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Cocomes sacrificaron a cuatro, entre ellos a Valdivia, y se los comieron. A los cuatro restantes los metieron en unas pequeñas jaulas, hechas con ramas y de forma cúbica, para engordarlos y degustarlos en otro próximo y macabro festín en su poblado. Pero, afortunadamente, la certeza del cruel destino que les deparaban sus captores les dio fuerzas para escapar. Llegaron a la tribu de los Tutul xiúes, enemiga de los Cocomes, en la Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xaman Há, donde el cacique Taxmar los entregó como esclavos a Teohom, su sacerdote, quien, con duros trabajos y malos tratos, acabó con la vida de todos por extenuación, excepto con Gerónimo y Gonzalo. Aguilar explica bien cuál era su trabajo, que debió ser, en principio, muy similar al de Gonzalo Guerrero. No obstante, pronto vemos como la actitud de los dos supervivientes se va diferenciando. Gerónimo de Aguilar deja ver entre línea que, mientras Gonzalo Guerrero se iba «aculturando», él se mantuvo fiel a su cultura y religión, a veces con mucho sacrificio. Muy probablemente, Gonzalo Guerrero no fue tan casto como el fraile, de lo cual le sobrevendría finalmente el mal que Aguilar preveía, que el amor a una indígena, los hijos que ésta le diera y la formación de una familia, le apartaran de su cultura y de su religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En eso se diferencian ambos, mientras siguen pareciéndose en la realización de los más duros y penosos trabajos que, tanto el uno como el otro, pensaban que acabarían costándoles la vida. Compadecido Taxmar de los duros trabajos que realizaban sus esclavos, y enterado que los dos únicos supervivientes estaban al borde de la muerte, los reclama. También es verdad que han participado en algunos enfrentamientos con los enemigos de la tribu, en los cuales han destacado por su astucia y por sus dotes para desarrollar estrategias, prácticamente desconocidas entre los indios, para quienes su peculiar “guerra florida” era casi un deporte. Así que, sobre todo, los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo les enseña diferentes formas de ataque y defensa, diversas formaciones en cuadros y columnas, y también cómo no todos los combatientes tienen que pelear al mismo tiempo, sino relevándose las líneas para alternar combate y descanso, a fin de no agotarse antes que los enemigos. Además, formó una rudimentaria y peculiar falange macedonia, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanzó un gran prestigio Como una de sus pertenencias más preciadas, Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, quien, a su vez, lo regala a su Nacom (jefe de guerreros) Balam. Parece que entre ambos soldados surgió un buen entendimiento y mutuo respeto. Balam cuidaba de no agotar ni humillar a Guerrero, hasta que un día, al atravesar un río, Balam fue atacado por un caimán y Gonzalo Guerrero, en vez de aprovechar la oportunidad para escapar, se revuelve y mata al caimán, salvando la vida de su amo, quien, agradecido, le otorga la libertad. Como guerrero y hombre libre de su tribu, participa con gran éxito en varias expediciones guerreras. Se transculturiza, dejándose hacer mutilaciones y tatuajes rituales que eran propios a su rango.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há, también llamada Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pendía una bolita que se colocaba entre los ojos de los niños para que los cruzaran y acabaran siendo bizcos, lo cual era un signo de belleza para los mayas. También sufre los rituales de mutilación, por los cuales los guerreros demuestran su desprecio al dolor y la muerte. Su aculturación e integración en el pueblo que lo había adoptado fue tan grande que, incluso, su primogénita, Ixmo, fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1519, desembarca la expedición de Hernán Cortés en la Isla de Cozumel, quienes se enteraron que dos españoles vivían en esa ínsula y enviaron mensajeros para ofrecer rescatarlos. Bernal Díaz del Castillo narra que  en Cozumel algunos indígenas principales “dijeron que habían conocido ciertos españoles, y daban señas dellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban y los tenían por esclavos unos caciques”&amp;lt;ref&amp;gt;Díaz del Castillo, Cap. XXVII, p. 66&amp;lt;/ref&amp;gt;. Con dos indígenas y un grupo de soldados en un navío, envió Cortés una carta a los náufragos y algunas cuentas para que pagaran algún rescate; el primero en recibir la carta de Cortés fue Jerónimo de Aguilar “que entonces supimos que ansí se llamaba…y desque las hubo leído y rescebido el rescate de las cuentas que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó a su amo el cacique para que le diese licencia, la cual luego se le dio para que fue a donde quisiese. Y caminó el Aguilar a donde estaba su compañero, que se decía Gonzalo Guerrero, en otro pueblo cinco leguas de allí, y como leyó las cartas, el Gonzalo Guerrero le respondió: «Hermano Aguilar: yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera! E ya veis estos mis hijitos cuán bonicos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeís para ellos, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra».”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
     &lt;br /&gt;
A diferencia del relato de Díaz del Castillo, sin más fundamento que la hostilidad de los indígenas hacia los exploradores españoles, en la obra “Historia de Yucatán” se afirma que Gonzalo Guerrero rechazó regresar con varias expediciones cristianas, y apoyó la expulsión de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés (1518). Pero es cierto que en los años siguientes, los españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruzó el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. Gonzalo Guerrero combatió a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruyó a sus guerreros para que no temieran a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono, y pese a que más adelante tomó a algunos mayas prisioneros, éstos lo engañaron diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remitió informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En realidad, Gonzalo Guerrero murió en  agosto de 1536, cuando se enfrentaba a las tropas del capitán Lorenzo de Godoy para ayudar, con cincuenta canoas, a Çiçumba, cacique de Ticamaya (Honduras), en el valle inferior del Río Ulúa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado. Luego, ironías de la vida, un disparo de arcabuz remató al que fuera arcabucero. Sus hombres le sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Todos sabían que había llegado su hora, así que ninguno intentó extraerle la flecha para no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Sólo pidió a sus más allegados que cuidaran de sus hijos y, al resto de sus hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo. Pero el combate fue encarnizado. Tuvieron que replegarse y el cadáver de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como un indio, pero barbado como un cristiano. Durante la noche, algunos de sus hombres rescataron su cuerpo y como postrero homenaje, lo lanzaron al río Ulúa, para que la corriente le llevara hasta el Océano de donde vino. El final de Gonzalo Guerrero en Puerto de Caballos, Honduras, queda relatado en la carta del Gobernador de Honduras, Andrés de Cerezeda, del día siguiente a la batalla, el 14 de agosto de 1536. Gonzalo Guerrero fue durante siglos un personaje maldito, un traidor, un renegado, un apóstata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era el hombre que combatió a sus compatriotas, que renegó de su patria, de su cultura, de su sangre y, lo que era en la época muchísimo peor, abjuró de su fe y negó a Cristo. Entre una nebulosa mítica o legendaria, los cronistas informados por Jerónimo de Aguilar, lo presentan como un ser extraño, raro e inquietante. No olvidemos que Aguilar, probablemente subdiácono, ya establece en sus relatos una comparación de su proceder contrario al de Guerrero. Él se mantuvo, con gran esfuerzo, casto y fiel a su rey y a su Dios; en cambio Gonzalo Guerrero había caído en la tentación de tomar mujer, formar una familia, mezclar su sangre con la de sus captores. Fue eso lo que, según Aguilar, le perdió, llevándole, poco a poco, a abrazar la cultura y los dioses de su nueva familia. Tal vez de su única familia, o de la única familia que recordaba y amaba, después de tantos años de guerras y desventuras por medio mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las cosas cambiaron tras la independencia de México. Entonces, curiosamente, muchos mexicanos, algunos probablemente descendientes de conquistadores españoles y ahora libertadores, comenzaron a sentir una verdadera pasión por la cultura maya que combatieron sus antepasados. Y entre los mayas, un nombre que simbolizaba la lucha contra la potencia colonial e imperialista, que simbolizaba la lucha por la libertad: Gonzalo Guerrero. Así, Guerrero pasó de villano a héroe, de traidor a paladín de las libertades, y el &amp;quot;egregio tránsfuga&amp;quot; fue objeto de honores y monumentos, entre los cuales destacan: una laguna cerca de Bacalar lleva su nombre, la Laguna Guerrero. El 4 de abril de 2008 se exhibió el boceto del mural “La cuna del mestizaje”, de Rodrigo Siller, como pieza del mes del Museo de la Cultura Maya. Paradójicamente, al final de la avenida que se denomina Prolongación del Paseo de Montejo (llamada así en memoria del conquistador a quien combatió) de la ciudad de Mérida, Yucatán, se encuentra un monumento a Gonzalo Guerrero, héroe indiscutiblemente para los habitantes de la región; obra del escultor Raúl Ayala, y que originalmente perteneció a los propietarios de la zona hotelera de Akumal, Quintana Roo. Su vida fue llevada al cine en la versión de héroe libertario en 2013 bajo el título: “Entre dos mundos, la vida de Gonzalo Guerrero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díaz del Castillo Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Espasa-Calpe, 8 edición, Madrid, 1989&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diccionario Porrúa, Historia, Biografía y Geografía de México, II, México, 1971.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia de México, México, 1978.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JOSE FLORENCIO CAMARGO SOSA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5171</id>
		<title>GUERRERO, Gonzalo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5171"/>
		<updated>2014-06-14T14:48:13Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* NOTAS */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena. Muere luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. Personaje controvertido porque se «aculturó» al pueblo maya, y llegó a ser jefe de los indígenas durante la conquista de Yucatán. Especialmente belicoso contra los conquistadores, fue conocido como «El Renegado» por sus compatriotas españoles, mientras que en la actualidad en México se le denomina el «Padre del Mestizaje». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. Muy poco se sabe de su infancia, salvo que nació en Palos de la Frontera, Huelva, España, en la octava década del siglo XV; es decir, era un poco más joven que Vicente Yáñez Pinzón cuando éste participo como capitán de la carabela «Niña» en la expedición de Cristóbal Colón que descubrió el Nuevo Mundo. La  juventud de Gonzalo Guerrero transcurrió llena de las muchas historias y aventuras que circulaban  sobre las nuevas tierras y mares recién hallados. Sin embargo antes de eso su destino no parecía encaminarle en esa dirección, sino más bien en la contraria. Fue más soldado que marino, y aparece como arcabucero en la conquista de Granada, en la campaña que acabó con la expulsión de los moros de España el 2 de enero de 1492, cuando las tropas de los Reyes Católicos, comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, derrotaron al rey Boabdil de Granada, poniendo fin a ocho siglos de poder islámico en la Península Ibérica. Como arcabucero siguió al Gran Capitán a Nápoles, donde España inició su influencia en Europa y sus ejércitos conformaron las unidades que luego llegarían a ser los famosos «tercios españoles»; una experiencia que luego sería muy importante en la vida de Gonzalo Guerrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Probablemente en alguna de sus estancias en Palos, debió convencerse de que tenía más posibilidades de hacer fortuna en tierras americanas que en las italianas, donde el esfuerzo de los soldados era cobrado por los señores de la tierra o sus capitanes, y no por ellos. En 1508, difuntos ya la reina Isabel y Cristóbal Colón, el rey Fernando el Católico decidió recuperar parte del poder político que había cedido a los Colón en las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492), pues su gobierno había generado muchas revueltas y enfrentamientos, y, al mismo tiempo, acelerar la exploración y conquista de Tierra Firme eludiendo el pretendido monopolio colombino e invitando a tal aventura a todo aquel que tuviera recursos o coraje para hacerlo. Fueron creadas entonces dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre el cabo de la Vela (Colombia) y el cabo Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se fijó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa. Hacia 1510 o quizá antes, Gonzalo Guerrero fue con Diego de Nicuesa a América, viéndose allí inmerso en las fratricidas luchas por el poder entre los capitanes españoles. Ojeda y Nicuesa tramitaron cédulas de posesión de Tierra Firme, y, por perseguir la fortuna en el mismo negocio, eran rivales; se odiaban a muerte. Se disputaban los límites de sus pretendidos feudos y, sobre todo, las fértiles tierras que rodeaban el Golfo de Urabá y, aunque ninguno de ellos tuviera asegurado su nombramiento, discutían sobre mapas sus arriesgados y ambiciosos proyectos. Muchos de sus hombres pensaban que, cualquier día, uno de los dos amanecería muerto. Mientras enviaban al rey cartas repletas de promesas de nuevas y ricas tierras, y de peticiones de nombramientos regios para gobernarlas, proseguían frenéticos sus exploraciones, ya que los indios morían en las plantaciones de caña, y había que sustituirlos por nuevos esclavos a los que cada vez había que capturar más lejos, pues los que conocían a los blancos huían al verlos llegar. Fueron años de desorden, en los que una desmedida ambición provocó, en contra de las leyes españolas, crímenes y abusos contra los indígenas, y demenciales luchas de todos contra todos. En esta despiadada situación, pronto comenzó a destacar Vasco Núñez de Balboa, quien se embarcó en la expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso, quien salió a socorrer al gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la proximidad de numerosos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, con las cuales hirieron en una pierna a Ojeda, decidió al gobernador a volver a La Española, dejando la ciudad a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Vasco Núñez de Balboa, merced a su buena fortuna y a su temeraria decisión, logró encontrar el Mar del Sur. Por fin se tenía constancia de que había otro océano tras de América y, por tanto, se podía volver a intentar la vieja idea de Cristóbal Colón de llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Núñez de Balboa funda Santa María de la Antigua del Darién, en septiembre de 1510, de la que se proclamó alcalde y repartió los cargos del cabildo entre sus hombres, entre ellos a su capitán Valdivia, al que hizo regidor. Sólo necesitaba que las autoridades españolas legitimaran lo que había conseguido por la fuerza de las armas, para lo cual siempre ayudaba enviarles como regalo una muestra, lo más cuantiosa posible, de las riquezas de la zona que se proyectaba conquistar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Vasco Núñez deliberó que tornase Valdivia para hacer saber al Almirante y jueces de las nuevas de la otra mar, pidiéndole que lo escribiesen al rey por que enviasen mil hombres para proseguir aquel camino... Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de oro, que son 15.000 castellanos o pesos de oro, para que enviasen al rey los oficiales de esta isla, que le habían cabido de su quinto.”  Con Juan de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a la isla Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Diego de Almagro en La Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera. Parten de Darién el 15 de agosto de 1511, con buen tiempo. Pero, al amanecer del tercer día de navegación, se desató una gran tormenta. Peces voladores saltaron a la cubierta de la nave, lo que fue considerado un mal presagio. Vientos huracanados desgarraban velas y rompían mástiles, mientras olas gigantescas barrían la cubierta. El barco era presa de los desquiciados elementos que lo arrastraban vertiginosamente por un océano despiadado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De pronto, un choque brutal y la nave se estrella. Habían naufragado en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. Sólo una veintena de personas, dieciocho hombres y dos damas, consiguen por el momento salvar sus vidas en un pequeño batel. Sin agua ni alimentos, agotados después de la terrible lucha contra la tormenta y el naufragio, el sol los martiriza y la sed es insoportable. Saben que si beben el agua del mar morirán y los tiburones que rodean la embarcación, siguiéndoles como buitres, tendrán su festín. De la veintena que subió al batel, únicamente llegan ocho a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que se mostraron bastante agresivos. Gerónimo de Aguilar, fue la principal fuente de esta historia, ya que fue el único superviviente junto a Gonzalo Guerrero, pero, a diferencia de éste, regresó y narró la aventura. Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Cocomes sacrificaron a cuatro, entre ellos a Valdivia, y se los comieron. A los cuatro restantes los metieron en unas pequeñas jaulas, hechas con ramas y de forma cúbica, para engordarlos y degustarlos en otro próximo y macabro festín en su poblado. Pero, afortunadamente, la certeza del cruel destino que les deparaban sus captores les dio fuerzas para escapar. Llegaron a la tribu de los Tutul xiúes, enemiga de los Cocomes, en la Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xaman Há, donde el cacique Taxmar los entregó como esclavos a Teohom, su sacerdote, quien, con duros trabajos y malos tratos, acabó con la vida de todos por extenuación, excepto con Gerónimo y Gonzalo. Aguilar explica bien cuál era su trabajo, que debió ser, en principio, muy similar al de Gonzalo Guerrero. No obstante, pronto vemos como la actitud de los dos supervivientes se va diferenciando. Gerónimo de Aguilar deja ver entre línea que, mientras Gonzalo Guerrero se iba «aculturando», él se mantuvo fiel a su cultura y religión, a veces con mucho sacrificio. Muy probablemente, Gonzalo Guerrero no fue tan casto como el fraile, de lo cual le sobrevendría finalmente el mal que Aguilar preveía, que el amor a una indígena, los hijos que ésta le diera y la formación de una familia, le apartaran de su cultura y de su religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En eso se diferencian ambos, mientras siguen pareciéndose en la realización de los más duros y penosos trabajos que, tanto el uno como el otro, pensaban que acabarían costándoles la vida. Compadecido Taxmar de los duros trabajos que realizaban sus esclavos, y enterado que los dos únicos supervivientes estaban al borde de la muerte, los reclama. También es verdad que han participado en algunos enfrentamientos con los enemigos de la tribu, en los cuales han destacado por su astucia y por sus dotes para desarrollar estrategias, prácticamente desconocidas entre los indios, para quienes su peculiar “guerra florida” era casi un deporte. Así que, sobre todo, los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo les enseña diferentes formas de ataque y defensa, diversas formaciones en cuadros y columnas, y también cómo no todos los combatientes tienen que pelear al mismo tiempo, sino relevándose las líneas para alternar combate y descanso, a fin de no agotarse antes que los enemigos. Además, formó una rudimentaria y peculiar falange macedonia, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanzó un gran prestigio Como una de sus pertenencias más preciadas, Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, quien, a su vez, lo regala a su Nacom (jefe de guerreros) Balam. Parece que entre ambos soldados surgió un buen entendimiento y mutuo respeto. Balam cuidaba de no agotar ni humillar a Guerrero, hasta que un día, al atravesar un río, Balam fue atacado por un caimán y Gonzalo Guerrero, en vez de aprovechar la oportunidad para escapar, se revuelve y mata al caimán, salvando la vida de su amo, quien, agradecido, le otorga la libertad. Como guerrero y hombre libre de su tribu, participa con gran éxito en varias expediciones guerreras. Se transculturiza, dejándose hacer mutilaciones y tatuajes rituales que eran propios a su rango.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há, también llamada Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pendía una bolita que se colocaba entre los ojos de los niños para que los cruzaran y acabaran siendo bizcos, lo cual era un signo de belleza para los mayas. También sufre los rituales de mutilación, por los cuales los guerreros demuestran su desprecio al dolor y la muerte. Su aculturación e integración en el pueblo que lo había adoptado fue tan grande que, incluso, su primogénita, Ixmo, fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1519, desembarca la expedición de Hernán Cortés en la Isla de Cozumel, quienes se enteraron que dos españoles vivían en esa ínsula y enviaron mensajeros para ofrecer rescatarlos. Bernal Díaz del Castillo narra que  en Cozumel algunos indígenas principales “dijeron que habían conocido ciertos españoles, y daban señas dellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban y los tenían por esclavos unos caciques”.  Con dos indígenas y un grupo de soldados en un navío, envió Cortés una carta a los náufragos y algunas cuentas para que pagaran algún rescate; el primero en recibir la carta de Cortés fue Jerónimo de Aguilar “que entonces supimos que ansí se llamaba…y desque las hubo leído y rescebido el rescate de las cuentas que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó a su amo el cacique para que le diese licencia, la cual luego se le dio para que fue a donde quisiese. Y caminó el Aguilar a donde estaba su compañero, que se decía Gonzalo Guerrero, en otro pueblo cinco leguas de allí, y como leyó las cartas, el Gonzalo Guerrero le respondió: «Hermano Aguilar: yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera! E ya veis estos mis hijitos cuán bonicos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeís para ellos, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra».”   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
     &lt;br /&gt;
A diferencia del relato de Díaz del Castillo, sin más fundamento que la hostilidad de los indígenas hacia los exploradores españoles, en la obra “Historia de Yucatán” se afirma que Gonzalo Guerrero rechazó regresar con varias expediciones cristianas, y apoyó la expulsión de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés (1518). Pero es cierto que en los años siguientes, los españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruzó el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. Gonzalo Guerrero combatió a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruyó a sus guerreros para que no temieran a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono, y pese a que más adelante tomó a algunos mayas prisioneros, éstos lo engañaron diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remitió informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En realidad, Gonzalo Guerrero murió en  agosto de 1536, cuando se enfrentaba a las tropas del capitán Lorenzo de Godoy para ayudar, con cincuenta canoas, a Çiçumba, cacique de Ticamaya (Honduras), en el valle inferior del Río Ulúa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado. Luego, ironías de la vida, un disparo de arcabuz remató al que fuera arcabucero. Sus hombres le sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Todos sabían que había llegado su hora, así que ninguno intentó extraerle la flecha para no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Sólo pidió a sus más allegados que cuidaran de sus hijos y, al resto de sus hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo. Pero el combate fue encarnizado. Tuvieron que replegarse y el cadáver de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como un indio, pero barbado como un cristiano. Durante la noche, algunos de sus hombres rescataron su cuerpo y como postrero homenaje, lo lanzaron al río Ulúa, para que la corriente le llevara hasta el Océano de donde vino. El final de Gonzalo Guerrero en Puerto de Caballos, Honduras, queda relatado en la carta del Gobernador de Honduras, Andrés de Cerezeda, del día siguiente a la batalla, el 14 de agosto de 1536. Gonzalo Guerrero fue durante siglos un personaje maldito, un traidor, un renegado, un apóstata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era el hombre que combatió a sus compatriotas, que renegó de su patria, de su cultura, de su sangre y, lo que era en la época muchísimo peor, abjuró de su fe y negó a Cristo. Entre una nebulosa mítica o legendaria, los cronistas informados por Jerónimo de Aguilar, lo presentan como un ser extraño, raro e inquietante. No olvidemos que Aguilar, probablemente subdiácono, ya establece en sus relatos una comparación de su proceder contrario al de Guerrero. Él se mantuvo, con gran esfuerzo, casto y fiel a su rey y a su Dios; en cambio Gonzalo Guerrero había caído en la tentación de tomar mujer, formar una familia, mezclar su sangre con la de sus captores. Fue eso lo que, según Aguilar, le perdió, llevándole, poco a poco, a abrazar la cultura y los dioses de su nueva familia. Tal vez de su única familia, o de la única familia que recordaba y amaba, después de tantos años de guerras y desventuras por medio mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las cosas cambiaron tras la independencia de México. Entonces, curiosamente, muchos mexicanos, algunos probablemente descendientes de conquistadores españoles y ahora libertadores, comenzaron a sentir una verdadera pasión por la cultura maya que combatieron sus antepasados. Y entre los mayas, un nombre que simbolizaba la lucha contra la potencia colonial e imperialista, que simbolizaba la lucha por la libertad: Gonzalo Guerrero. Así, Guerrero pasó de villano a héroe, de traidor a paladín de las libertades, y el &amp;quot;egregio tránsfuga&amp;quot; fue objeto de honores y monumentos, entre los cuales destacan: una laguna cerca de Bacalar lleva su nombre, la Laguna Guerrero. El 4 de abril de 2008 se exhibió el boceto del mural “La cuna del mestizaje”, de Rodrigo Siller, como pieza del mes del Museo de la Cultura Maya. Paradójicamente, al final de la avenida que se denomina Prolongación del Paseo de Montejo (llamada así en memoria del conquistador a quien combatió) de la ciudad de Mérida, Yucatán, se encuentra un monumento a Gonzalo Guerrero, héroe indiscutiblemente para los habitantes de la región; obra del escultor Raúl Ayala, y que originalmente perteneció a los propietarios de la zona hotelera de Akumal, Quintana Roo. Su vida fue llevada al cine en la versión de héroe libertario en 2013 bajo el título: “Entre dos mundos, la vida de Gonzalo Guerrero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díaz del Castillo Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Espasa-Calpe, 8 edición, Madrid, 1989&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diccionario Porrúa, Historia, Biografía y Geografía de México, II, México, 1971.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia de México, México, 1978.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JOSE FLORENCIO CAMARGO SOSA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5170</id>
		<title>GUERRERO, Gonzalo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5170"/>
		<updated>2014-06-14T14:46:45Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena. Muere luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. Personaje controvertido porque se «aculturó» al pueblo maya, y llegó a ser jefe de los indígenas durante la conquista de Yucatán. Especialmente belicoso contra los conquistadores, fue conocido como «El Renegado» por sus compatriotas españoles, mientras que en la actualidad en México se le denomina el «Padre del Mestizaje». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. Muy poco se sabe de su infancia, salvo que nació en Palos de la Frontera, Huelva, España, en la octava década del siglo XV; es decir, era un poco más joven que Vicente Yáñez Pinzón cuando éste participo como capitán de la carabela «Niña» en la expedición de Cristóbal Colón que descubrió el Nuevo Mundo. La  juventud de Gonzalo Guerrero transcurrió llena de las muchas historias y aventuras que circulaban  sobre las nuevas tierras y mares recién hallados. Sin embargo antes de eso su destino no parecía encaminarle en esa dirección, sino más bien en la contraria. Fue más soldado que marino, y aparece como arcabucero en la conquista de Granada, en la campaña que acabó con la expulsión de los moros de España el 2 de enero de 1492, cuando las tropas de los Reyes Católicos, comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, derrotaron al rey Boabdil de Granada, poniendo fin a ocho siglos de poder islámico en la Península Ibérica. Como arcabucero siguió al Gran Capitán a Nápoles, donde España inició su influencia en Europa y sus ejércitos conformaron las unidades que luego llegarían a ser los famosos «tercios españoles»; una experiencia que luego sería muy importante en la vida de Gonzalo Guerrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Probablemente en alguna de sus estancias en Palos, debió convencerse de que tenía más posibilidades de hacer fortuna en tierras americanas que en las italianas, donde el esfuerzo de los soldados era cobrado por los señores de la tierra o sus capitanes, y no por ellos. En 1508, difuntos ya la reina Isabel y Cristóbal Colón, el rey Fernando el Católico decidió recuperar parte del poder político que había cedido a los Colón en las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492), pues su gobierno había generado muchas revueltas y enfrentamientos, y, al mismo tiempo, acelerar la exploración y conquista de Tierra Firme eludiendo el pretendido monopolio colombino e invitando a tal aventura a todo aquel que tuviera recursos o coraje para hacerlo. Fueron creadas entonces dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre el cabo de la Vela (Colombia) y el cabo Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se fijó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa. Hacia 1510 o quizá antes, Gonzalo Guerrero fue con Diego de Nicuesa a América, viéndose allí inmerso en las fratricidas luchas por el poder entre los capitanes españoles. Ojeda y Nicuesa tramitaron cédulas de posesión de Tierra Firme, y, por perseguir la fortuna en el mismo negocio, eran rivales; se odiaban a muerte. Se disputaban los límites de sus pretendidos feudos y, sobre todo, las fértiles tierras que rodeaban el Golfo de Urabá y, aunque ninguno de ellos tuviera asegurado su nombramiento, discutían sobre mapas sus arriesgados y ambiciosos proyectos. Muchos de sus hombres pensaban que, cualquier día, uno de los dos amanecería muerto. Mientras enviaban al rey cartas repletas de promesas de nuevas y ricas tierras, y de peticiones de nombramientos regios para gobernarlas, proseguían frenéticos sus exploraciones, ya que los indios morían en las plantaciones de caña, y había que sustituirlos por nuevos esclavos a los que cada vez había que capturar más lejos, pues los que conocían a los blancos huían al verlos llegar. Fueron años de desorden, en los que una desmedida ambición provocó, en contra de las leyes españolas, crímenes y abusos contra los indígenas, y demenciales luchas de todos contra todos. En esta despiadada situación, pronto comenzó a destacar Vasco Núñez de Balboa, quien se embarcó en la expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso, quien salió a socorrer al gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la proximidad de numerosos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, con las cuales hirieron en una pierna a Ojeda, decidió al gobernador a volver a La Española, dejando la ciudad a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Vasco Núñez de Balboa, merced a su buena fortuna y a su temeraria decisión, logró encontrar el Mar del Sur. Por fin se tenía constancia de que había otro océano tras de América y, por tanto, se podía volver a intentar la vieja idea de Cristóbal Colón de llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Núñez de Balboa funda Santa María de la Antigua del Darién, en septiembre de 1510, de la que se proclamó alcalde y repartió los cargos del cabildo entre sus hombres, entre ellos a su capitán Valdivia, al que hizo regidor. Sólo necesitaba que las autoridades españolas legitimaran lo que había conseguido por la fuerza de las armas, para lo cual siempre ayudaba enviarles como regalo una muestra, lo más cuantiosa posible, de las riquezas de la zona que se proyectaba conquistar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Vasco Núñez deliberó que tornase Valdivia para hacer saber al Almirante y jueces de las nuevas de la otra mar, pidiéndole que lo escribiesen al rey por que enviasen mil hombres para proseguir aquel camino... Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de oro, que son 15.000 castellanos o pesos de oro, para que enviasen al rey los oficiales de esta isla, que le habían cabido de su quinto.”  Con Juan de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a la isla Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Diego de Almagro en La Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera. Parten de Darién el 15 de agosto de 1511, con buen tiempo. Pero, al amanecer del tercer día de navegación, se desató una gran tormenta. Peces voladores saltaron a la cubierta de la nave, lo que fue considerado un mal presagio. Vientos huracanados desgarraban velas y rompían mástiles, mientras olas gigantescas barrían la cubierta. El barco era presa de los desquiciados elementos que lo arrastraban vertiginosamente por un océano despiadado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De pronto, un choque brutal y la nave se estrella. Habían naufragado en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. Sólo una veintena de personas, dieciocho hombres y dos damas, consiguen por el momento salvar sus vidas en un pequeño batel. Sin agua ni alimentos, agotados después de la terrible lucha contra la tormenta y el naufragio, el sol los martiriza y la sed es insoportable. Saben que si beben el agua del mar morirán y los tiburones que rodean la embarcación, siguiéndoles como buitres, tendrán su festín. De la veintena que subió al batel, únicamente llegan ocho a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que se mostraron bastante agresivos. Gerónimo de Aguilar, fue la principal fuente de esta historia, ya que fue el único superviviente junto a Gonzalo Guerrero, pero, a diferencia de éste, regresó y narró la aventura. Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Cocomes sacrificaron a cuatro, entre ellos a Valdivia, y se los comieron. A los cuatro restantes los metieron en unas pequeñas jaulas, hechas con ramas y de forma cúbica, para engordarlos y degustarlos en otro próximo y macabro festín en su poblado. Pero, afortunadamente, la certeza del cruel destino que les deparaban sus captores les dio fuerzas para escapar. Llegaron a la tribu de los Tutul xiúes, enemiga de los Cocomes, en la Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xaman Há, donde el cacique Taxmar los entregó como esclavos a Teohom, su sacerdote, quien, con duros trabajos y malos tratos, acabó con la vida de todos por extenuación, excepto con Gerónimo y Gonzalo. Aguilar explica bien cuál era su trabajo, que debió ser, en principio, muy similar al de Gonzalo Guerrero. No obstante, pronto vemos como la actitud de los dos supervivientes se va diferenciando. Gerónimo de Aguilar deja ver entre línea que, mientras Gonzalo Guerrero se iba «aculturando», él se mantuvo fiel a su cultura y religión, a veces con mucho sacrificio. Muy probablemente, Gonzalo Guerrero no fue tan casto como el fraile, de lo cual le sobrevendría finalmente el mal que Aguilar preveía, que el amor a una indígena, los hijos que ésta le diera y la formación de una familia, le apartaran de su cultura y de su religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En eso se diferencian ambos, mientras siguen pareciéndose en la realización de los más duros y penosos trabajos que, tanto el uno como el otro, pensaban que acabarían costándoles la vida. Compadecido Taxmar de los duros trabajos que realizaban sus esclavos, y enterado que los dos únicos supervivientes estaban al borde de la muerte, los reclama. También es verdad que han participado en algunos enfrentamientos con los enemigos de la tribu, en los cuales han destacado por su astucia y por sus dotes para desarrollar estrategias, prácticamente desconocidas entre los indios, para quienes su peculiar “guerra florida” era casi un deporte. Así que, sobre todo, los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo les enseña diferentes formas de ataque y defensa, diversas formaciones en cuadros y columnas, y también cómo no todos los combatientes tienen que pelear al mismo tiempo, sino relevándose las líneas para alternar combate y descanso, a fin de no agotarse antes que los enemigos. Además, formó una rudimentaria y peculiar falange macedonia, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanzó un gran prestigio Como una de sus pertenencias más preciadas, Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, quien, a su vez, lo regala a su Nacom (jefe de guerreros) Balam. Parece que entre ambos soldados surgió un buen entendimiento y mutuo respeto. Balam cuidaba de no agotar ni humillar a Guerrero, hasta que un día, al atravesar un río, Balam fue atacado por un caimán y Gonzalo Guerrero, en vez de aprovechar la oportunidad para escapar, se revuelve y mata al caimán, salvando la vida de su amo, quien, agradecido, le otorga la libertad. Como guerrero y hombre libre de su tribu, participa con gran éxito en varias expediciones guerreras. Se transculturiza, dejándose hacer mutilaciones y tatuajes rituales que eran propios a su rango.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há, también llamada Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pendía una bolita que se colocaba entre los ojos de los niños para que los cruzaran y acabaran siendo bizcos, lo cual era un signo de belleza para los mayas. También sufre los rituales de mutilación, por los cuales los guerreros demuestran su desprecio al dolor y la muerte. Su aculturación e integración en el pueblo que lo había adoptado fue tan grande que, incluso, su primogénita, Ixmo, fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1519, desembarca la expedición de Hernán Cortés en la Isla de Cozumel, quienes se enteraron que dos españoles vivían en esa ínsula y enviaron mensajeros para ofrecer rescatarlos. Bernal Díaz del Castillo narra que  en Cozumel algunos indígenas principales “dijeron que habían conocido ciertos españoles, y daban señas dellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban y los tenían por esclavos unos caciques”.  Con dos indígenas y un grupo de soldados en un navío, envió Cortés una carta a los náufragos y algunas cuentas para que pagaran algún rescate; el primero en recibir la carta de Cortés fue Jerónimo de Aguilar “que entonces supimos que ansí se llamaba…y desque las hubo leído y rescebido el rescate de las cuentas que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó a su amo el cacique para que le diese licencia, la cual luego se le dio para que fue a donde quisiese. Y caminó el Aguilar a donde estaba su compañero, que se decía Gonzalo Guerrero, en otro pueblo cinco leguas de allí, y como leyó las cartas, el Gonzalo Guerrero le respondió: «Hermano Aguilar: yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera! E ya veis estos mis hijitos cuán bonicos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeís para ellos, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra».”   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
     &lt;br /&gt;
A diferencia del relato de Díaz del Castillo, sin más fundamento que la hostilidad de los indígenas hacia los exploradores españoles, en la obra “Historia de Yucatán” se afirma que Gonzalo Guerrero rechazó regresar con varias expediciones cristianas, y apoyó la expulsión de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés (1518). Pero es cierto que en los años siguientes, los españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruzó el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. Gonzalo Guerrero combatió a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruyó a sus guerreros para que no temieran a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono, y pese a que más adelante tomó a algunos mayas prisioneros, éstos lo engañaron diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remitió informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En realidad, Gonzalo Guerrero murió en  agosto de 1536, cuando se enfrentaba a las tropas del capitán Lorenzo de Godoy para ayudar, con cincuenta canoas, a Çiçumba, cacique de Ticamaya (Honduras), en el valle inferior del Río Ulúa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado. Luego, ironías de la vida, un disparo de arcabuz remató al que fuera arcabucero. Sus hombres le sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Todos sabían que había llegado su hora, así que ninguno intentó extraerle la flecha para no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Sólo pidió a sus más allegados que cuidaran de sus hijos y, al resto de sus hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo. Pero el combate fue encarnizado. Tuvieron que replegarse y el cadáver de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como un indio, pero barbado como un cristiano. Durante la noche, algunos de sus hombres rescataron su cuerpo y como postrero homenaje, lo lanzaron al río Ulúa, para que la corriente le llevara hasta el Océano de donde vino. El final de Gonzalo Guerrero en Puerto de Caballos, Honduras, queda relatado en la carta del Gobernador de Honduras, Andrés de Cerezeda, del día siguiente a la batalla, el 14 de agosto de 1536. Gonzalo Guerrero fue durante siglos un personaje maldito, un traidor, un renegado, un apóstata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era el hombre que combatió a sus compatriotas, que renegó de su patria, de su cultura, de su sangre y, lo que era en la época muchísimo peor, abjuró de su fe y negó a Cristo. Entre una nebulosa mítica o legendaria, los cronistas informados por Jerónimo de Aguilar, lo presentan como un ser extraño, raro e inquietante. No olvidemos que Aguilar, probablemente subdiácono, ya establece en sus relatos una comparación de su proceder contrario al de Guerrero. Él se mantuvo, con gran esfuerzo, casto y fiel a su rey y a su Dios; en cambio Gonzalo Guerrero había caído en la tentación de tomar mujer, formar una familia, mezclar su sangre con la de sus captores. Fue eso lo que, según Aguilar, le perdió, llevándole, poco a poco, a abrazar la cultura y los dioses de su nueva familia. Tal vez de su única familia, o de la única familia que recordaba y amaba, después de tantos años de guerras y desventuras por medio mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las cosas cambiaron tras la independencia de México. Entonces, curiosamente, muchos mexicanos, algunos probablemente descendientes de conquistadores españoles y ahora libertadores, comenzaron a sentir una verdadera pasión por la cultura maya que combatieron sus antepasados. Y entre los mayas, un nombre que simbolizaba la lucha contra la potencia colonial e imperialista, que simbolizaba la lucha por la libertad: Gonzalo Guerrero. Así, Guerrero pasó de villano a héroe, de traidor a paladín de las libertades, y el &amp;quot;egregio tránsfuga&amp;quot; fue objeto de honores y monumentos, entre los cuales destacan: una laguna cerca de Bacalar lleva su nombre, la Laguna Guerrero. El 4 de abril de 2008 se exhibió el boceto del mural “La cuna del mestizaje”, de Rodrigo Siller, como pieza del mes del Museo de la Cultura Maya. Paradójicamente, al final de la avenida que se denomina Prolongación del Paseo de Montejo (llamada así en memoria del conquistador a quien combatió) de la ciudad de Mérida, Yucatán, se encuentra un monumento a Gonzalo Guerrero, héroe indiscutiblemente para los habitantes de la región; obra del escultor Raúl Ayala, y que originalmente perteneció a los propietarios de la zona hotelera de Akumal, Quintana Roo. Su vida fue llevada al cine en la versión de héroe libertario en 2013 bajo el título: “Entre dos mundos, la vida de Gonzalo Guerrero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díaz del Castillo Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Espasa-Calpe, 8 edición, Madrid, 1989&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Diccionario Porrúa, Historia, Biografía y Geografía de México, II, México, 1971.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Enciclopedia de México, México, 1978.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JOSE FLORENCIO CAMARGO SOSA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5169</id>
		<title>GUERRERO, Gonzalo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5169"/>
		<updated>2014-06-14T14:45:48Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: Página creada con '==(Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano.==  Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una…'&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena. Muere luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. Personaje controvertido porque se «aculturó» al pueblo maya, y llegó a ser jefe de los indígenas durante la conquista de Yucatán. Especialmente belicoso contra los conquistadores, fue conocido como «El Renegado» por sus compatriotas españoles, mientras que en la actualidad en México se le denomina el «Padre del Mestizaje». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. Muy poco se sabe de su infancia, salvo que nació en Palos de la Frontera, Huelva, España, en la octava década del siglo XV; es decir, era un poco más joven que Vicente Yáñez Pinzón cuando éste participo como capitán de la carabela «Niña» en la expedición de Cristóbal Colón que descubrió el Nuevo Mundo. La  juventud de Gonzalo Guerrero transcurrió llena de las muchas historias y aventuras que circulaban  sobre las nuevas tierras y mares recién hallados. Sin embargo antes de eso su destino no parecía encaminarle en esa dirección, sino más bien en la contraria. Fue más soldado que marino, y aparece como arcabucero en la conquista de Granada, en la campaña que acabó con la expulsión de los moros de España el 2 de enero de 1492, cuando las tropas de los Reyes Católicos, comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, derrotaron al rey Boabdil de Granada, poniendo fin a ocho siglos de poder islámico en la Península Ibérica. Como arcabucero siguió al Gran Capitán a Nápoles, donde España inició su influencia en Europa y sus ejércitos conformaron las unidades que luego llegarían a ser los famosos «tercios españoles»; una experiencia que luego sería muy importante en la vida de Gonzalo Guerrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Probablemente en alguna de sus estancias en Palos, debió convencerse de que tenía más posibilidades de hacer fortuna en tierras americanas que en las italianas, donde el esfuerzo de los soldados era cobrado por los señores de la tierra o sus capitanes, y no por ellos. En 1508, difuntos ya la reina Isabel y Cristóbal Colón, el rey Fernando el Católico decidió recuperar parte del poder político que había cedido a los Colón en las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492), pues su gobierno había generado muchas revueltas y enfrentamientos, y, al mismo tiempo, acelerar la exploración y conquista de Tierra Firme eludiendo el pretendido monopolio colombino e invitando a tal aventura a todo aquel que tuviera recursos o coraje para hacerlo. Fueron creadas entonces dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre el cabo de la Vela (Colombia) y el cabo Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se fijó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa. Hacia 1510 o quizá antes, Gonzalo Guerrero fue con Diego de Nicuesa a América, viéndose allí inmerso en las fratricidas luchas por el poder entre los capitanes españoles. Ojeda y Nicuesa tramitaron cédulas de posesión de Tierra Firme, y, por perseguir la fortuna en el mismo negocio, eran rivales; se odiaban a muerte. Se disputaban los límites de sus pretendidos feudos y, sobre todo, las fértiles tierras que rodeaban el Golfo de Urabá y, aunque ninguno de ellos tuviera asegurado su nombramiento, discutían sobre mapas sus arriesgados y ambiciosos proyectos. Muchos de sus hombres pensaban que, cualquier día, uno de los dos amanecería muerto. Mientras enviaban al rey cartas repletas de promesas de nuevas y ricas tierras, y de peticiones de nombramientos regios para gobernarlas, proseguían frenéticos sus exploraciones, ya que los indios morían en las plantaciones de caña, y había que sustituirlos por nuevos esclavos a los que cada vez había que capturar más lejos, pues los que conocían a los blancos huían al verlos llegar. Fueron años de desorden, en los que una desmedida ambición provocó, en contra de las leyes españolas, crímenes y abusos contra los indígenas, y demenciales luchas de todos contra todos. En esta despiadada situación, pronto comenzó a destacar Vasco Núñez de Balboa, quien se embarcó en la expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso, quien salió a socorrer al gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la proximidad de numerosos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, con las cuales hirieron en una pierna a Ojeda, decidió al gobernador a volver a La Española, dejando la ciudad a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Vasco Núñez de Balboa, merced a su buena fortuna y a su temeraria decisión, logró encontrar el Mar del Sur. Por fin se tenía constancia de que había otro océano tras de América y, por tanto, se podía volver a intentar la vieja idea de Cristóbal Colón de llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Núñez de Balboa funda Santa María de la Antigua del Darién, en septiembre de 1510, de la que se proclamó alcalde y repartió los cargos del cabildo entre sus hombres, entre ellos a su capitán Valdivia, al que hizo regidor. Sólo necesitaba que las autoridades españolas legitimaran lo que había conseguido por la fuerza de las armas, para lo cual siempre ayudaba enviarles como regalo una muestra, lo más cuantiosa posible, de las riquezas de la zona que se proyectaba conquistar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Vasco Núñez deliberó que tornase Valdivia para hacer saber al Almirante y jueces de las nuevas de la otra mar, pidiéndole que lo escribiesen al rey por que enviasen mil hombres para proseguir aquel camino... Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de oro, que son 15.000 castellanos o pesos de oro, para que enviasen al rey los oficiales de esta isla, que le habían cabido de su quinto.”  Con Juan de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a la isla Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Diego de Almagro en La Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera. Parten de Darién el 15 de agosto de 1511, con buen tiempo. Pero, al amanecer del tercer día de navegación, se desató una gran tormenta. Peces voladores saltaron a la cubierta de la nave, lo que fue considerado un mal presagio. Vientos huracanados desgarraban velas y rompían mástiles, mientras olas gigantescas barrían la cubierta. El barco era presa de los desquiciados elementos que lo arrastraban vertiginosamente por un océano despiadado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De pronto, un choque brutal y la nave se estrella. Habían naufragado en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. Sólo una veintena de personas, dieciocho hombres y dos damas, consiguen por el momento salvar sus vidas en un pequeño batel. Sin agua ni alimentos, agotados después de la terrible lucha contra la tormenta y el naufragio, el sol los martiriza y la sed es insoportable. Saben que si beben el agua del mar morirán y los tiburones que rodean la embarcación, siguiéndoles como buitres, tendrán su festín. De la veintena que subió al batel, únicamente llegan ocho a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que se mostraron bastante agresivos. Gerónimo de Aguilar, fue la principal fuente de esta historia, ya que fue el único superviviente junto a Gonzalo Guerrero, pero, a diferencia de éste, regresó y narró la aventura. Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Cocomes sacrificaron a cuatro, entre ellos a Valdivia, y se los comieron. A los cuatro restantes los metieron en unas pequeñas jaulas, hechas con ramas y de forma cúbica, para engordarlos y degustarlos en otro próximo y macabro festín en su poblado. Pero, afortunadamente, la certeza del cruel destino que les deparaban sus captores les dio fuerzas para escapar. Llegaron a la tribu de los Tutul xiúes, enemiga de los Cocomes, en la Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xaman Há, donde el cacique Taxmar los entregó como esclavos a Teohom, su sacerdote, quien, con duros trabajos y malos tratos, acabó con la vida de todos por extenuación, excepto con Gerónimo y Gonzalo. Aguilar explica bien cuál era su trabajo, que debió ser, en principio, muy similar al de Gonzalo Guerrero. No obstante, pronto vemos como la actitud de los dos supervivientes se va diferenciando. Gerónimo de Aguilar deja ver entre línea que, mientras Gonzalo Guerrero se iba «aculturando», él se mantuvo fiel a su cultura y religión, a veces con mucho sacrificio. Muy probablemente, Gonzalo Guerrero no fue tan casto como el fraile, de lo cual le sobrevendría finalmente el mal que Aguilar preveía, que el amor a una indígena, los hijos que ésta le diera y la formación de una familia, le apartaran de su cultura y de su religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En eso se diferencian ambos, mientras siguen pareciéndose en la realización de los más duros y penosos trabajos que, tanto el uno como el otro, pensaban que acabarían costándoles la vida. Compadecido Taxmar de los duros trabajos que realizaban sus esclavos, y enterado que los dos únicos supervivientes estaban al borde de la muerte, los reclama. También es verdad que han participado en algunos enfrentamientos con los enemigos de la tribu, en los cuales han destacado por su astucia y por sus dotes para desarrollar estrategias, prácticamente desconocidas entre los indios, para quienes su peculiar “guerra florida” era casi un deporte. Así que, sobre todo, los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo les enseña diferentes formas de ataque y defensa, diversas formaciones en cuadros y columnas, y también cómo no todos los combatientes tienen que pelear al mismo tiempo, sino relevándose las líneas para alternar combate y descanso, a fin de no agotarse antes que los enemigos. Además, formó una rudimentaria y peculiar falange macedonia, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanzó un gran prestigio Como una de sus pertenencias más preciadas, Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, quien, a su vez, lo regala a su Nacom (jefe de guerreros) Balam. Parece que entre ambos soldados surgió un buen entendimiento y mutuo respeto. Balam cuidaba de no agotar ni humillar a Guerrero, hasta que un día, al atravesar un río, Balam fue atacado por un caimán y Gonzalo Guerrero, en vez de aprovechar la oportunidad para escapar, se revuelve y mata al caimán, salvando la vida de su amo, quien, agradecido, le otorga la libertad. Como guerrero y hombre libre de su tribu, participa con gran éxito en varias expediciones guerreras. Se transculturiza, dejándose hacer mutilaciones y tatuajes rituales que eran propios a su rango.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há, también llamada Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pendía una bolita que se colocaba entre los ojos de los niños para que los cruzaran y acabaran siendo bizcos, lo cual era un signo de belleza para los mayas. También sufre los rituales de mutilación, por los cuales los guerreros demuestran su desprecio al dolor y la muerte. Su aculturación e integración en el pueblo que lo había adoptado fue tan grande que, incluso, su primogénita, Ixmo, fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1519, desembarca la expedición de Hernán Cortés en la Isla de Cozumel, quienes se enteraron que dos españoles vivían en esa ínsula y enviaron mensajeros para ofrecer rescatarlos. Bernal Díaz del Castillo narra que  en Cozumel algunos indígenas principales “dijeron que habían conocido ciertos españoles, y daban señas dellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban y los tenían por esclavos unos caciques”.  Con dos indígenas y un grupo de soldados en un navío, envió Cortés una carta a los náufragos y algunas cuentas para que pagaran algún rescate; el primero en recibir la carta de Cortés fue Jerónimo de Aguilar “que entonces supimos que ansí se llamaba…y desque las hubo leído y rescebido el rescate de las cuentas que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó a su amo el cacique para que le diese licencia, la cual luego se le dio para que fue a donde quisiese. Y caminó el Aguilar a donde estaba su compañero, que se decía Gonzalo Guerrero, en otro pueblo cinco leguas de allí, y como leyó las cartas, el Gonzalo Guerrero le respondió: «Hermano Aguilar: yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera! E ya veis estos mis hijitos cuán bonicos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeís para ellos, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra».”   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
     &lt;br /&gt;
A diferencia del relato de Díaz del Castillo, sin más fundamento que la hostilidad de los indígenas hacia los exploradores españoles, en la obra “Historia de Yucatán” se afirma que Gonzalo Guerrero rechazó regresar con varias expediciones cristianas, y apoyó la expulsión de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés (1518). Pero es cierto que en los años siguientes, los españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruzó el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. Gonzalo Guerrero combatió a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruyó a sus guerreros para que no temieran a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono, y pese a que más adelante tomó a algunos mayas prisioneros, éstos lo engañaron diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remitió informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En realidad, Gonzalo Guerrero murió en  agosto de 1536, cuando se enfrentaba a las tropas del capitán Lorenzo de Godoy para ayudar, con cincuenta canoas, a Çiçumba, cacique de Ticamaya (Honduras), en el valle inferior del Río Ulúa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado. Luego, ironías de la vida, un disparo de arcabuz remató al que fuera arcabucero. Sus hombres le sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Todos sabían que había llegado su hora, así que ninguno intentó extraerle la flecha para no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Sólo pidió a sus más allegados que cuidaran de sus hijos y, al resto de sus hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo. Pero el combate fue encarnizado. Tuvieron que replegarse y el cadáver de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como un indio, pero barbado como un cristiano. Durante la noche, algunos de sus hombres rescataron su cuerpo y como postrero homenaje, lo lanzaron al río Ulúa, para que la corriente le llevara hasta el Océano de donde vino. El final de Gonzalo Guerrero en Puerto de Caballos, Honduras, queda relatado en la carta del Gobernador de Honduras, Andrés de Cerezeda, del día siguiente a la batalla, el 14 de agosto de 1536. Gonzalo Guerrero fue durante siglos un personaje maldito, un traidor, un renegado, un apóstata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era el hombre que combatió a sus compatriotas, que renegó de su patria, de su cultura, de su sangre y, lo que era en la época muchísimo peor, abjuró de su fe y negó a Cristo. Entre una nebulosa mítica o legendaria, los cronistas informados por Jerónimo de Aguilar, lo presentan como un ser extraño, raro e inquietante. No olvidemos que Aguilar, probablemente subdiácono, ya establece en sus relatos una comparación de su proceder contrario al de Guerrero. Él se mantuvo, con gran esfuerzo, casto y fiel a su rey y a su Dios; en cambio Gonzalo Guerrero había caído en la tentación de tomar mujer, formar una familia, mezclar su sangre con la de sus captores. Fue eso lo que, según Aguilar, le perdió, llevándole, poco a poco, a abrazar la cultura y los dioses de su nueva familia. Tal vez de su única familia, o de la única familia que recordaba y amaba, después de tantos años de guerras y desventuras por medio mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las cosas cambiaron tras la independencia de México. Entonces, curiosamente, muchos mexicanos, algunos probablemente descendientes de conquistadores españoles y ahora libertadores, comenzaron a sentir una verdadera pasión por la cultura maya que combatieron sus antepasados. Y entre los mayas, un nombre que simbolizaba la lucha contra la potencia colonial e imperialista, que simbolizaba la lucha por la libertad: Gonzalo Guerrero. Así, Guerrero pasó de villano a héroe, de traidor a paladín de las libertades, y el &amp;quot;egregio tránsfuga&amp;quot; fue objeto de honores y monumentos, entre los cuales destacan: una laguna cerca de Bacalar lleva su nombre, la Laguna Guerrero. El 4 de abril de 2008 se exhibió el boceto del mural “La cuna del mestizaje”, de Rodrigo Siller, como pieza del mes del Museo de la Cultura Maya. Paradójicamente, al final de la avenida que se denomina Prolongación del Paseo de Montejo (llamada así en memoria del conquistador a quien combatió) de la ciudad de Mérida, Yucatán, se encuentra un monumento a Gonzalo Guerrero, héroe indiscutiblemente para los habitantes de la región; obra del escultor Raúl Ayala, y que originalmente perteneció a los propietarios de la zona hotelera de Akumal, Quintana Roo. Su vida fue llevada al cine en la versión de héroe libertario en 2013 bajo el título: “Entre dos mundos, la vida de Gonzalo Guerrero”&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5168</id>
		<title>Glosario</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=Glosario&amp;diff=5168"/>
		<updated>2014-06-14T14:44:42Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* G */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOLMAN; Convento de San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOSTA Zurita Darío]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACUÑA Y MANRIQUE, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADORATRICES PERPETUAS; de Santa María de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁGREDA María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIAR Y SEIJAS, Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIRRE Moctezuma, Rafael ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLBUM DE LA CORONACIÓN de la Santísima Virgen de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALCALDE Y BARRIGA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALEGRE, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALFARO, Luis Felipe Neri de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ HERRERA, Bernardino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANALES ANTIGUOS de México y sus contornos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁNGEL; a los pies de la Guadalupana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARABESCO; estilo artístico]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARANEDA BRAVO, Fidel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARENAS Pedro De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTESANÍAS MEXICANAS, en la liturgia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AYORA, Fray Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZNAR Barbachano, Tomás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARTOLACHE y Díaz Posada, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASALENQUE, Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASASIO Arnaldo fray ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASÍLICA DE GUADALUPE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENZONI, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BIENVENIDA, Fray Lorenzo de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BITTI, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BORDONE Benedetto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTERO Giovanni]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTURINI BENADUCCI, Lorenzo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BRAVO Ugarte, José S.J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUSTAMANTE, fray Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BURRUS, Ernest Joseph]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABILDO ECLESIÁSTICO DE MÉXICO; sus actas capitulares]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASANOVA CASANOVA, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASTELLANOS Y CASTELLANOS, Leonardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATALÁ Y GUASCH, FRAY MAGÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO y cultura en el nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CERVANTES de Salazar Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHAVEZ Jerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIUDAD RODRIGO, Fray Antonio de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CISNEROS, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE FLORENTINO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE OSUNA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICES precolombinos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE VATICANO B]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIOS APOSTÓLICOS de Propaganda Fide]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIO  VIZCAÍNAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCHA, Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORREA MAGALLANES, San Mateo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRISTIADA ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
'''[[DE BRY, Theodor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[D'ANANIA, GIOVANNI LORENZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ELÍZAGA PRADO, José Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERMITA DEL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCALANTE y Escalante, Alonso M]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN; su impacto en un nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA; los primeros evangelizadores y sus métodos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE URIBE y Casarejos José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERRI Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES y Troncoso, Francisco de Asís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRACASTORO, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRANCISCANOS  en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GACETA OFICIAL del Arzobispado de México 1897-2011]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GANTE, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARIBAY y Kintana, Ángel María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GERSON, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GIUSTINIANI Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GLAREANUS, Henricus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ Loza, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZAGA Francesco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ FLORES,  Anacleto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ OBREGÓN, Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ VALENCIA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GREMIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Acontecimiento Guadalupano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antiaparicionismo]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Antigüedad del culto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Añadidos y retoques a la imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Aprobación implícita]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE;en la independencia de México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes españolas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Fuentes indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informaciones jurídicas de 1666]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Informe sobre aspectos de conservación y restauración  de  la imagen original]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La hipótesis de imágenes en sus ojos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; La Virgen María y Juan Diego.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Misterio de los ojos en la pintura]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; Raíz del mundo católico iberoamericano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUERRERO, Gonzalo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUIZAR Y VALENCIA, San Rafael]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEI TLAMAHUIZOLTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUERTA GUTIÉRREZ, Ezequiel y Salvador]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUTTEN, Ulrich Von]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA ANTIGUA de los indios en el Tepeyac.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; procesos de beatificación y de canonización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KINO, Eusebio Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA CRUZ, SOR JUANA INÉS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEDESMA, Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEÓN CALDERÓN, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEVINUS APOLLONIUS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIBERALES Y CONSERVADORES; su posición frente a la Iglesia en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ, Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE HERRERA, Fray Alonso  ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LUMNIUS IOANNES Fredericus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGAÑA SERVÍN, Luis ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARGIL DE JESÚS, Fray Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTÍN Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAHUAYO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAN JOAQUÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES MEXICANOS EN JAPÓN (1597, 1627 Y 1632)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIRIO Cristiano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIROLOGIO MEXICANO ( 1914- 1940)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MATRIMONIO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDINA, PEDRO DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEERMAN Arnould OFM]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MERCATOR, Gerard]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Constitución de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Reforma, Guerra y Leyes de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONARDES, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ CAMARGO, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÜNSTER, Sebastian]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NERVO,  Amado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NIÑOS MÁRTIRES DE TLAXCALA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[O´GORMAN, Edmundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANÉ,Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAYNO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEÑAFIEL Barranco, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIÓN Y MARTIRIO EN TABASCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIONES Y MARTIRIOS EN EL SIGLO XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POSSEVINO Antonio, SJ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA y religión  en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PORFIRISMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMIREZ Álvarez José Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMÍREZ, FRAY JUAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMUSIO, Giambattista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAUW, Johann]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES  OCHOA, Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REVUELTAS Sánchez Silvestre]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RIVA PALACIO Guerrero Vicente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  San José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RULFO Juan ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUSCELLI GIROLAMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DE TAGLE, Varela Francisco Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANCHEZ DEL RÍO, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERMONES GUADALUPANOS en la formación de la identidad mexicana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERRA, Fray Junípero]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SILVANO Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SPAGNOLI Battista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TAPIA,  Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TORQUEMADA, FRAY JUAN DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATADO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALADÉS,  Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALVERDE Téllez Emeterio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 1]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación; Parte 2]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARGAS GONZÁLEZ,  Jorge y Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERACRUZ, Fray Alonso de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILASECA AGUILERA, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLAGRÁ Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[XOCHIMILCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YERMO Y PARRES, SAN JOSÉ MARÍA DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YUCATÁN EN EL TIEMPO. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZARCO, Francisco.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORITA Alonso de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5167</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5167"/>
		<updated>2014-06-14T14:42:15Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* Veneración de todo un pueblo */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, ''Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio'', Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada ''Informatio'' y en el ''Sumarium'' (abreviado: ''Summ.'',) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo'', Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en ''Summ''., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. ''Summ''., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; ''Summ''., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; ''Summ''., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ.'', Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ.'', Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ.'', Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace varios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la estación para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que salen los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la calle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5166</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5166"/>
		<updated>2014-06-14T14:41:10Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* El martirio */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, ''Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio'', Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada ''Informatio'' y en el ''Sumarium'' (abreviado: ''Summ.'',) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo'', Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en ''Summ''., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. ''Summ''., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; ''Summ''., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; ''Summ''., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ.'', Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ.'', Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ.'', Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5165</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5165"/>
		<updated>2014-06-14T14:40:30Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, ''Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio'', Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada ''Informatio'' y en el ''Sumarium'' (abreviado: ''Summ.'',) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo'', Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en ''Summ''., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. ''Summ''., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; ''Summ''., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; ''Summ''., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ.'', Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ.'', Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5164</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5164"/>
		<updated>2014-06-14T14:40:01Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* En las mazmorras policiales */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, ''Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio'', Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada ''Informatio'' y en el ''Sumarium'' (abreviado: ''Summ.'',) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo'', Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en ''Summ''., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. ''Summ''., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; ''Summ''., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; ''Summ''., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ.'', Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5163</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5163"/>
		<updated>2014-06-14T14:37:26Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, ''Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio'', Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada ''Informatio'' y en el ''Sumarium'' (abreviado: ''Summ.'',) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo'', Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en ''Summ''., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. ''Summ''., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; ''Summ''., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; ''Summ''., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5162</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5162"/>
		<updated>2014-06-14T14:36:48Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* El Viernes Santo de los Mártires */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, ''Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio'', Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada ''Informatio'' y en el ''Sumarium'' (abreviado: ''Summ.'',) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo'', Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en ''Summ''., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. ''Summ''., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; ''Summ''., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; ''Summ''., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5161</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5161"/>
		<updated>2014-06-14T14:36:13Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, ''Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio'', Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada ''Informatio'' y en el ''Sumarium'' (abreviado: ''Summ.'',) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo'', Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en ''Summ''., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. ''Summ''., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; ''Summ''., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; ''Summ''., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo''.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5160</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5160"/>
		<updated>2014-06-14T14:00:30Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, ''Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio'', Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada ''Informatio'' y en el ''Sumarium'' (abreviado: ''Summ.'',) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo'', Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en ''Summ''., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. ''Summ''., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. ''Summ''., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; ''Summ''., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; ''Summ''., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5159</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5159"/>
		<updated>2014-06-14T13:57:03Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores e&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, ''Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio'', Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada ''Informatio'' y en el ''Sumarium'' (abreviado: ''Summ.'',) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, ''Yo fui testigo'', Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en ''Summ''., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;''Summ''., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5155</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5155"/>
		<updated>2014-06-13T01:44:06Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* El martirio */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo, Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en Summ., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5154</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5154"/>
		<updated>2014-06-13T01:42:44Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo, Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en Summ., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5153</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5153"/>
		<updated>2014-06-13T01:41:40Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* En las mazmorras policiales */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo, Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en Summ., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5152</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5152"/>
		<updated>2014-06-13T01:39:43Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo, Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en Summ., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5151</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5151"/>
		<updated>2014-06-13T01:36:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* El Viernes Santo de los Mártires */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo, Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en Summ., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en ma¬no...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5150</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5150"/>
		<updated>2014-06-13T01:35:08Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo, Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en Summ., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa)..&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en ma¬no...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5149</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5149"/>
		<updated>2014-06-13T01:30:06Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927) */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo, Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en Summ., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa)..&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en ma¬no...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5148</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5148"/>
		<updated>2014-06-13T01:25:28Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493. Beatos  y Mártires */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo, Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en Summ., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios” .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa)..&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en ma¬no...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5147</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5147"/>
		<updated>2014-06-13T01:15:25Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt; Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instruc¬ción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios” .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa)..&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en ma¬no...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5146</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5146"/>
		<updated>2014-06-13T01:13:08Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* En las mazmorras policiales */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt; Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instruc¬ción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios” .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa)..&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en ma¬no...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe [la otra hermana], salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez [que entonces era magistrado] y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, ¬llego a la casa de [la calle de] Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5145</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5145"/>
		<updated>2014-06-13T01:10:13Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.146: /* Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt; Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instruc¬ción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios” .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa)..&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en ma¬no...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: “De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto [González] y a Luis [Padilla];  sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: “Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla [otro de los Mártires], cuya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban ¬constantemente por él]. Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]” .&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe [la otra hermana], salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez [que entonces era magistrado] y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, ¬llego a la casa de [la calle de] Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”.   El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.».   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.146</name></author>
		
	</entry>
</feed>