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	<title>Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina - Contribuciones del usuario [es]</title>
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	<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
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		<title>GARCÍA Pantaleón</title>
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		<updated>2016-01-22T01:09:35Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.232: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Buenos Aires, 1757 ; Córdoba, 1827) Religioso franciscano, Profesor, Patricio'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El último Rector de la regencia franciscana en la Universidad de Córdoba fue Fray Pantaleón García, nacido en Buenos Aires en 1757, donde ingresó a la Orden Franciscana cuando contaba con dieciocho años. Llegado a Córdoba comenzó a enseñar Vísperas en 1784; pasó a enseñar Prima en 1791 hasta 1802, y se desempeñó como Rector entre 1802 y 1807, para volver a enseñar Teología en 1819 ya bajo el gobierno de los seculares; siguió su tarea docente efectiva hasta 1824; aunque su nombre figura entre los profesores hasta 1827, año de su muerte, seguramente por razones de salud dejó de dictar clases tres años antes. Como famoso orador sagrado mereció el título de &amp;quot;Bossuet argentino&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si se recorren cuidadosamente los seis volúmenes de sus «Sermones» que fray Teodoro de Ocampo hizo publicar en Madrid,&amp;lt;ref&amp;gt;Pantaleón García. A) FUENTES: Sermones panegíricos y varios misterios, festividades y santos, 6 vols., Prólogo (atribuido a fray Teodoro de Ocampo) , imprenta de Collado, Madrid, 1810. B) BIBLIOGRAFIA: Miguel Rodríguez de la Torre, &amp;quot;Fray Pantaleón Carcía&amp;quot;, en El País 15, junio, 1926, p. 6, col. 4-6, Córdoba; Mons. Zenón Bustos, Génesis de la idea de la emancipación política de 1810 en la Universidad de Córdoba, p. 16-49, Tipografía &amp;quot;La Industrial&amp;quot;, Córdoba, 1908.&amp;lt;/ref&amp;gt;apenas si es posible deducir las grandes líneas de su posición filosófica. A fin de publicar estos trabajos, todos ellos pronunciados en la Iglesia Catedral de Córdoba y otros templos de la ciudad, el prologuista declara que antes de emprender el viaje a España, &amp;quot;pasé por la ciudad de Córdoba del Tucumán, y aprovechándome de una ocasión oportuna, robé al autor una porción de manuscritos&amp;quot;.&amp;lt;ref&amp;gt;Sermones, panegíricos, vol. 1, p. IX.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tan convencido está el improvisado editor de la alta calidad de los Sermones del P. García que reprocha a los críticos no mirar hacia América, su patria, y lamenta que en España se tenga que mendigar &amp;quot;en las malas traducciones&amp;quot;.&amp;lt;ref&amp;gt;Sermones, vol. 1, p. XI&amp;lt;/ref&amp;gt;En esta obra múltiple, son frecuentes las citas teológicas de Santo Tomás de Aquino,&amp;lt;ref&amp;gt;Sermones, vol. 1, p. 78-80, p. 176 que reenvía a STh., IIae IIae, 82, l.&amp;lt;/ref&amp;gt;de San Anselmo,&amp;lt;ref&amp;gt;Sermones, vol. 1, p. 80&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y otros padres; respecto del primero, en un fervoroso sermón a él dedicado, trata de explicar el porqué de su título de &amp;quot;Ángel de las Escuelas&amp;quot; respecto del cual dice: &amp;quot;Santo Tomás es un compendio de todos los Santos Padres, a quienes parece haber sucedido en el orden de los tiempos, dice el gran Cardenal de Vío (lib. 2, q. 128, a 4), para recopilar su espíritu y sus luces. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el conocimiento de las supersticiones paganas era un Tertuliano, en teología un San Agustín, en la interpretación de las Escrituras un San Jerónimo, en lo moral un San Gregorio, en la dulzura, un San Ambrosio.&amp;lt;ref&amp;gt;Sermones, vol. 1, p. 239.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por fin, como puede observarse en diversos autores cordobeses de la época, nunca faltan los panegíricos de Santa Catalina de Siena,&amp;lt;ref&amp;gt;Sermones, vol. II, p. 164 y ss; vol. V, p. 254 y ss ,&amp;lt;/ref&amp;gt;Sermones, vol. II, p. 164 y ss; vol. V, p. 254 y ss ,&amp;lt;/ref&amp;gt;y Santa Teresa de Jesús.&amp;lt;ref&amp;gt;Sermones, vol. II, p. 330 y ss; vol. IV, p. 270 y ss.&amp;lt;/ref&amp;gt;46. Pero quizá uno de los méritos mayores que se le han atribuido consiste en haber propugnado, junto con su amigo fray Cayetano Rodríguez, la idea de la emancipación americana; idea que hacían correr de modo tal que eludiera la acción de los españoles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En tal sentido, estos frailes franciscanos serían verdaderos &amp;quot;precursores de la independencia americana&amp;quot;.&amp;lt;ref&amp;gt;Miguel Rodríguez de la Torre, &amp;quot;Fray Pantaleón García&amp;quot;, El País, 15. VI. 1926, p. 6, col. 4 6, Córdoba.&amp;lt;/ref&amp;gt;Resulta evidente que la regencia franciscana de la Universidad estuvo por lo menos a la altura de sus antecesores y representa un momento muy importante del desarrollo del pensamiento filosófico nacional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ALBERTO CATURELLI'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.232</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MURIEL_Domingo&amp;diff=26202</id>
		<title>MURIEL Domingo</title>
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		<updated>2016-01-21T00:19:06Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.232: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Tamanes, 1718; Faenza, 1795) Sacerdote jesuita, profesor y filósofo==&lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FORMACIÓN Y DOCENCIA. DE VALLADOLID A LAS INDIAS'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El desarrollo cultural del Río de La Plata y particularmente el de la ciudad de Córdoba, habían de recibir un fuerte impulso a mediados del siglo XVIII por la obra intelectual y la acción personal de Domingo Muriel. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nacido en la villa de 'I'amanes en el reino de León en el seno de un hogar cristiano, Córdoba de la Nueva Andalucía será para Muriel, su patria de adopción, tanto por su obra intelectual como por sus múltiples tareas de gobierno. Felizmente contamos con una excelente biografía escrita por su discípulo, el P. Francisco Javier Miranda, de quien recogemos los principales datos de esta reseña.&amp;lt;ref&amp;gt;Francisco Javier Miranda. Vida del venerable sacerdote don Domingo Muriel, 551 pp., Biblioteca del Tercer Centenario de la Universidad Nacional de Córdoba, Tipografía Cubas, Córdoba, 1916.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dieciséis años después ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús y dos años más tarde, en 1736, &amp;quot;hechos sus votos y perfeccionado en los estudios de la humanidad, fue destinado a oír filosofía en el colegio de Santiago de Galicia, bajo el magisterio del P. Juan de San Cristóbal.&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Op. cit., p. 39; según nos enseña el P. Guillermo Furlong, fue autor de una voluminosa obra sobre la Filosofía natural aristotélica que Muriel habría estudiado con ahínco: d. Domingo Muriel y su relación de las Misiones, p. 10, Librería del Plata, Buenos Aires, 1955.&amp;lt;/ref&amp;gt;Este su maestro de filosofía, testimonió su veneración por las virtudes de Muriel de quien llegó a decir: &amp;quot;Dios nos conserve aquel santo, de quien yo, siendo su maestro en filosofía, me tenía por su discípulo en la virtud.&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Concluida la filosofía, estudió teología en el Colegio de Salamanca,&amp;lt;ref&amp;gt;Op. cit., p. 45.&amp;lt;/ref&amp;gt;anidando en su ánimo el deseo de pasar después a América. Estuvo en Valladolid enseñando Gramática en el Colegio de San Ambrosio, y en 1740 fue ordenado sacerdote. Al año siguiente fue designado compañero (quizá una suerte de secretario) del ilustre P. Luis de Lossada (1681-1748), conocido por la incorporación a la filosofía escolástica de las cuestiones principales de la física de su tiempo como, igualmente, de la filosofía moderna; todo lo cual puede comprobarse en su célebre Curso en tres volúmenes que fuera también texto filosófico en las aulas cordobesas.&amp;lt;ref&amp;gt;Cursus philosophicus Regalis Collegii Salmanticensis Societatis lesu, in tres partes divisus, Salamanea, 1724 y varias ediciones posteriores.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque le acompañó por poco tiempo, Miranda le atribuye influencia sobre Muriel, no solamente filosófica sino, por su ejemplo, de virtudes cristianas.&amp;lt;ref&amp;gt;Op, cit., p. 63.&amp;lt;/ref&amp;gt;Luego de esta relación con el P. Lossada pasó como ministro (Vicerrector) al Colegio de Medina del Campo, y poco después a Villagarcía. Entre los años 1745 y 1747 enseñó Latinidad en Villagarcía. Allí fue su alumno Francisco J. Miranda, su futuro biógrafo. Pasó inmediatamente al Colegio de San Ambrosio en Valladolid donde dictó filosofía durante sólo seis meses.&amp;lt;ref&amp;gt;Op, cit., p. 74.&amp;lt;/ref&amp;gt;Por este tiempo, esperaba Muriel que se cumpliera su deseo de pasar a las Indias, hasta que recibió la licencia correspondiente en marzo de 1748.&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit., p. 81&amp;lt;/ref&amp;gt;Se disponía así a comenzar una vida nueva en las lejanas tierras del Río de La Plata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CÓRDOBA DEL TUCUMÁN, SU PATRIA DE ELECCIÓN.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Partió así a Lisboa donde se encontró con el P. Ladislao Orosz y, desde allí, viajó a Buenos Aires adonde llegó en diciembre de 1749.&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit.; p. 95 Y 105.&amp;lt;/ref&amp;gt;Lo esperaba el P. Querini (profesor y Rector de la Universidad cordobesa) y fue destinado a Córdoba donde comenzó a desempeñarse como profesor de filosofía; ya en el largo viaje entre Buenos Aires y Córdoba explicaba la lógica elemental a los jóvenes,&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit., p. 106 y 111.&amp;lt;/ref&amp;gt;al mismo tiempo que descubría la pampa ilimitada, aquel &amp;quot;gran mar verdoso&amp;quot; como le llama Miranda. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De inmediato en Córdoba se dedicó a dictar el curso completo de filosofía, adentrándose simultáneamente en el medio ambiente y en el carácter propio de la Universidad, &amp;quot;tan célebre, en la América meridional como la de Salamanca en España y la Sorbona en Francia&amp;quot;.&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit., p. 128.&amp;lt;/ref&amp;gt;Al concluir el curso filosófico fue designado Vicerrector de la Universidad, cargo que desempeñó durante dos años, mientras enseñaba la Teología Moral primero y más tarde, la Teología escolástica.&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit., p. 149, 191, 205·8, 209.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llegamos así al año 1757 durante el cual fue designado Rector del convictorio de Monserrat, que por entonces, según Miranda, &amp;quot;entre todos los colegios de América Meridional destinados para la educación de la juventud secular en virtud y letras, era aquel el principal sin controversia&amp;quot;.&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit., p. 212.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Luego, de su breve rectorado, pues no alcanzó a desempeñarlo un año (1757), fue designado Secretario del Padre Provincial, visitó las diversas Casas y estuvo en las Misiones guaraníes; poco después fue Secretario del Visitador General, P. Nicolás Contucci.&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit., p. 223, 231, 235, 245, 262.&amp;lt;/ref&amp;gt;El P. Furlong hacer notar que, por esta época, debe colocarse la primera redacción de su obra Fasti Novi Orbis.&amp;lt;ref&amp;gt;Op, cit., p. 34.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras tanto se preparaba el decreto de expulsión de la Compañía de Jesús, cuya promulgación lo sorprendió en Europa adonde había viajado como procurador general (junto al P. José de Robles) y desde donde debía regresar con unos ochenta misioneros para el Paraguay. En cambio, debió comenzar una dura peregrinación hasta radicarse en Faenza, Italia, (1768) donde tuvo la emoción de encontrarse con estudiantes de Córdoba. En Faenza concluyó varias obras, fue Rector y luego Provincial. Ascético, fino, espiritual, murió el 23 de enero de 1795,&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit., p. 440 y ss.&amp;lt;/ref&amp;gt;lejos de la Córdoba que tanto había amado y cuya presencia está viva en todos sus escritos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''CARÁCTER Y FAMA DE SANTIDAD'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Padre Muriel, &amp;quot;de mediana estatura, bien conformado en todo el cuerpo, el talle siempre derecho&amp;quot;, el rostro &amp;quot;majestuosamente hermoso&amp;quot;; ojos rasgados, vivos y brillantes: &amp;quot;La frente espaciosa; la nariz cumplida sin exceso y algo aguileña&amp;quot;; todo esto dice devotamente&lt;br /&gt;
Miranda y agrega: &amp;quot;La boca, más antes pequeña; bien poblada la barba; la voz clara, aguda y apacible; el natural, fogoso y colérico; pero tan domado con la continua mortificación, que parecía flemático&amp;quot;. Este aspecto físico era signo exterior de sus &amp;quot;dotes de ingenio penetrante, de memoria tenaz, de índole inclinada a lo bueno, de prudencia, de madurez aún en los verdes años... &amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit., p. 475-6.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quizá el rasgo de carácter que más impresiona en Muriel sea su espíritu de sacrificio y de mortificación, un gran sentido de la justicia unido a &amp;quot;una extrema piedad, clemencia y disimulo en perdonar el castigo”,&amp;lt;ref&amp;gt;Fco. Javier Miranda, Op, cit., p. 183.&amp;lt;/ref&amp;gt;Miranda abunda en ejemplos de un heroísmo singular.&amp;lt;ref&amp;gt;Op. cit., p. 141, 143, 150, 151, 153, 156, 183, 190, 232-3, 421.&amp;lt;/ref&amp;gt;El mismo Miranda, que le conoció mejor que nadie y fue su alumno en la Universidad de Córdoba, cuenta que &amp;quot;trabajaba las materias o tratados que había de dictar con tal precisión, método, claridad y solidez, que no había más que desear,&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;Op, cit., p. 191.&amp;lt;/ref&amp;gt;lo cual viene a coincidir con el testimonio del P. Luego quien dice de él que &amp;quot;era hombre sólido, y verdaderamente sabio, y todavía más santo que docto; y su carácter en una y otra cosa consistía en el conato, esmero, y exactitud en hacerlo todo a la perfección. . . y así su verdadero renombre, o apellido debía ser, el hombre exacto en todo&amp;quot;.&amp;lt;ref&amp;gt;Diario de la expulsión, citado in extenso por el P. Guillermo Furlong, Op., cit., p.110&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miranda sostiene que sabía &amp;quot;la filosofía antigua y moderna&amp;quot;, toda la Teología, versadísimo en Sagrada Escritura, todos los derechos y lenguas como la latina, bastante griego perfeccionado más tarde, francesa, portuguesa, italiana y más tarde la hebrea.  Su vida, principalmente, fue ejemplar y por eso, ejemplar fue su muerte, emotivamente narrada en el tantas veces citado P. Miranda y que explica, como broche final, la iniciación de la causa de beatificación y canonización del P. Muriel poco después de su partida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ESCRITOS ÉDITOS E INÉDITOS'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fuente principal para conocer la nómina de trabajos de Muriel es la obra de Miranda, a la que es necesario agregar el insustituible trabajo del Padre Furlong, bajo cuyos ojos han pasado también las obras de los bibliógrafos como, por ejemplo, el P. Sommervogel. En efecto, tanto las obras éditas como las inéditas figuran citadas en la nota correspondiente.  &lt;br /&gt;
Sólo por su expresa referencia al derecho municipal castellano y sus implicaciones americanas, cito: Fasti Novi Orbis et ordinationum apostolicarum ad Indias pertinentium breviarum cum adnotationibus; aunque publicada en Venecia en 1786, su primera redacción tuvo lugar en Córdoba donde dejó el original debiendo redactar en Italia nuevamente la obra;  como su título lo indica, los Fasti constituyen una historia de América hasta 1771 y las Ordinationes son una colección de bulas pontificias referidas a América hasta 1766. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De los Rudimenta Juris Naturae et Gentium dispongo copia fotográfica de la edición veneciana de 1791 y la traducción castellana de la Biblioteca Centenario de la Universidad de La Plata (1911); esta obra, además de constituir una completa filosofía del derecho, contiene toda la reflexión del P. Muriel sobre América como, igualmente, sobre otros temas íntimamente ligados y que permiten reconstruir su pensamiento original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se capta su espíritu apologético en su Lettre a l'auteur de l'article “Jésuite&amp;quot; dans le Dictionnaire Encyclopédique, cuyas sabrosas 287 páginas fueron halladas por el P. Furlong en Valencia y que he leído en copia fotográfica. Por último, en los apéndices de la obra de Miranda apareció la notable Carta sobre el modo de conservar el espíritu religioso de la Compañía de Jesús y especialmente, para la ascética murielana, el De imstituiione vitae religiosae. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''LA ERUDICIÓN DE MURIEL'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes de emprender la exposición de su pensamiento, bueno es hacer un breve paréntesis sobre la notable erudición de Muriel que demuestra también su extraordinaria formación. Además de los testimonio de su discípulo Miranda, si nos concentramos en una sola obra suya, los Rudimenta Iuris Naturae et Gentium, podemos hacer un recuento de los autores citados por Muriel, los cuales pasan de 230.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al cabo de un minucioso índice elaborado página por página, nos encontramos con lo siguiente: Su conocimiento de los clásicos griegos y latinos era casi completo, citados con profusión y exactitud: Hesíodo, Homero, Sófocles, Eurípides, Píndaro, Orfeo, entre los filósofos, los escritos pitagóricos, Epícuro, Empédocles, Sócrates sobre todo a través del testimonio de Jenofonte, Platón, Aristóteles (particularmente la Política y la Ética nicomaquea) Teofrastro, Porfirio, Simplicio, los testimonios de Diógenes Laercio y el infaltable Plutarco; entre. los clásicos latinos, los más citados son Horacio, Virgilio, Cicerón, Ovidio (a quienes parece conocer en su totalidad) y le siguen Quinto Cursio, Julio César, los Plínio, Valerio Flaco, Cornelio Nepote, Suetonio, los hispánicos Séneca, Marcial y Quintiliano; luego vemos aparecer a Tito Livio, Terencío, Tácito, Epicteto, Juvenal, Lucrecio, Varrón. Volviendo  a los griegos, Muriel cita siempre los testimonios históricos de Estrabón, de Heródoto, Pausanias, Polibio, Dionisio de Halicarnaso y otros.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Entre las Padres de la Iglesia, los autores citados con preferencia son San Jerónimo, San Agustín, San Ambrosio, Clemente de Alejandría, San Basilio, Tertuliano, San Gregorio Magno y San Juan Crisóstomo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son legión los escolásticos citados por Muriel: San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, Egidio Romano, San Buenaventura y, aunque menos, Duns Escoto. De la segunda escolástica hacen acto de presencia Tomás de Vío Cayetano, Gabriel Vázquez, Francisco de&lt;br /&gt;
Vitoria, Francisco de Toledo y sobre todo el gran pensador de la Orden Francisco Suárez el más citado y seguido; agréguense Tomás Sánchez, Melchor Cano, Lacroix, el famoso El Tostado, Lessius, el Cardenal de Lugo, Gotti, Conink, Amíco, el escriturista Calmet, Lipsius.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los modernos son especialmente estudiados, y aunque no citado en los Rudimenta, se percibe la presencia de Descartes; Muriel cita a Maquiavelo (debido a sus preocupaciones por la filosofía política), a Teófilo Reynaud (de una de cuyas obras hizo un resumen), Erasmo; Muriel tiene muy presente la obra de Leizniz y además, Enrique von Cocceji y Samuel von Coceeji, Christian Wolf y los iusnaturalistas Grocio, Pufendorf, Heineeius, Thomasius, Maier y B. Stattler quien oscila entre la escolástica y la influencia leibniziana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los filósofos políticos, Hobbes y Rousseau, sobre todo el primero; Montesquieu, el protestante H. Boehmer, citado, con frecuencia y otros autores de menor relieve. A todos estos nombres hay que agregar los clásicos del derecho como Justiniano, Ulpiano, Salviano,&lt;br /&gt;
sobre todo los dos primeros citados con profusión y otros como Miguel Medina (el fundador del derecho penal) y Tadeo Varenko, a los que habría que agregar otros nombres como Santiago Zallinger y el entonces famoso casuista Busembaum. Muriel parece tener al alcance de la mano los historiadores como Casaubon, Jacobo Platel y el famoso Guyón con su historia de los persas citada por nuestro filósofo. Naturalmente, aparecen siempre, por un lado, las Mémoires de Trévoux y, por otro, la Enciclopedia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y dejo para el final la notable erudición de Muriel en temas americanos, particularmente los referidos a su historia, costumbres, legislación: Garcilaso de la Vega, el célebre José de Acosta, Pedro Lozano, Pedro Francisco Javier Charlevoix, nuestros Martín Dobrizhoffer y Tomás Falkner, José Cardiel, Juan Domingo Coleti, la obra sobre los Incas de Marmontel, sobre el Paraguay de Fernando de Rivera, sobre el Orinoco de Salvador Gil, sobre Paraguay de José Quiroga, las obras de Prévost y Antonio de Herrera y, en la cuestión de la licitud de la conquista de América, analizará las obras de Ginés de Sepúlveda, Bartolomé de Las Casas y Francisco Suárez, sin descuidar la ingente obra jurídica de Solórzano Pereira. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal es, en pocas líneas, la erudición real y vivida de Domingo Muriel, en la que pueden detectarse siempre no solamente los temas americanos sino aquellas obras que han constituido el acervo principal de la Biblioteca Grande de la Universidad de Córdoba y que volvería a encontrar en las bibliotecas de Faneza, donde falleció el 23 de enero de 1795.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.232</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=TEJEDA_Y_GUZM%C3%81N_Luis_De&amp;diff=26135</id>
		<title>TEJEDA Y GUZMÁN Luis De</title>
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		<updated>2016-01-08T00:38:26Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.232: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Córdoba, 1604; Córdoba, 1680) Religioso dominico y primer poeta Argentino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y formación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luis José de Tejeda y Guzmán  era nieto del valeroso capitán don Tristán de Tejeda, llegado a Córdoba de la Nueva Andalucía junto con Cabrera y don Hernán Mejía Mirabal, maestre de campo. 'I'ristán se casó con una hija de este último, Leonor Mejía Mirabal, de cuyo matrimonio nacieron siete hijos, entre ellos don Juan de Tejeda, padre de nuestro Luis José de 'I'ejeda , don Juan contrajo enlace con doña María de Guzmán, hija del General Pablo de Guzmán que llegó del Perú comisionado por el Virrey y que terminó afincándose definitivamente en Córdoba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De los cinco hijos habidos por este matrimonio, fue el primero José Luis de Tejeda. Si hemos de dar fe con las debidas precauciones al ensayo sobre la genealogía de los Tejeda (contra cuya objetividad ya hemos sido varias veces advertidos),&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;Ensayo sobre la genealogía de los Tejeda&amp;quot;, La Revista de Buenos Aires, IV, N° 45, enero 1867, p. 29-58; IV, N° 46, febrero 1867, p. 177-198; IV, NI&amp;gt; 47, marzo 1867, p. 321-342; IV, N° 48, abril 1867, p. 481-498. Códice original de A. J. Carranza, N° 6625 bis  de la Biblioteca Nacional (Manuscritos); la publicación de la Rev. de Bs. As. contiene parte del manuscrito; el manuscrito más importante es el que fue de Mons. Pablo Cabrera, 2 vols., Instituto de Estudios Americanistas 252 y 139 ff., 9-4, N° 2555, Córdoba.&amp;lt;/ref&amp;gt;al menos podemos asegurar que Luis recibió esmerada educación y fue muy pronto puesto bajo la dirección de los Padres jesuitas. Es sumamente probable que Tejeda haya sido estudiante de la aun joven Universidad entre los años 1616 Y 1621 y por consiguiente, alumno de los Padres Juan de Albis y Miguel de Ampuero ; según el testimonio del propio Tejeda, alcanzó el grado de Maestro en Artes o Filosofía,&amp;lt;ref&amp;gt;Coronas líricas, pág. 28, 342 pp. Precedido por una noticia histórica y crítica por Enrique Martínez Paz y anotado por Pablo Cabrera, Biblioteca del Tercer Centenario. Córdoba, 1917; edición hecha sobre el códice manuscrito que se conserva en la Biblioteca del Monasterio de Carmelitas de Córdoba: Libro de Varios/ tratados, y noticias,/ escrito por el Reverendo/ Padre Luis de Texeda] Religioso del sagrado Orden/ de Predicadores desta/ Provincia del Tucumán./ Año del Señor de 1663; ejemplar. en pergamino, 311 ff., 10 x 14 cm., Córdoba. Sobre este mismo manuscrito, Libro de varios tratados y noticias, 365 pp., Lección y notas&lt;br /&gt;
de Jorge M. Furt, Coni, Buenos Aires, 1947; además, Peregrino en Babilonia y otros poemas de Don Luis de Tejeda (poeta cordobés del siglo XVII), 287 pp., Noticia preliminar, por Ricardo Rojas (p. 11-77), Librería La Facultad, Buenos Aires, 1916. (Utilizo el ejemplar del Instituto de Estudios Americanistas de la Universidad de Córdoba, minuciosamente anotado, glosado y corregido de puño y letra de Mons. Pablo Cabrera). No hay mucha bibliografía sobre Tejeda: Antonio E. Serrano Redonnet, &amp;quot;Pico della Mirandola en Córdoba del Tucumán&amp;quot;, Sección de Crítica, t. 2, N°8, Instituto de Literatura Argentina, Fac. de Fil. y Letras, Univ. de Bs. As., 1943; Osvaldo Horacio Dondo, &amp;quot;Sobre la poesía de Luis José de Tejeda&amp;quot;, Ortodoxia, N° 7,&lt;br /&gt;
p. 273-282, Bs. As., 1944.; Daniel Devoto, &amp;quot;Escolio sobre Tejeda&amp;quot; Revista de Estudios Clásicos, II, 1946-7, Mendoza, p. 93-132.&amp;lt;/ref&amp;gt; aunque es probable que siguiera cursos de Teología sin llegar a graduarse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al parecer, fue tanto el aprovechamiento del joven Luis que el Obispo Julián de Cortázar, con ocasión de un certamen sostenido por Tejeda, manifestó que &amp;quot;Este joven habrá de ser con el tiempo el maestro universal de la literatura tucumana&amp;quot;. Y la profecía resultó verdadera respecto de quien habría de ser el primer poeta argentino y no sólo poeta sino filósofo y teólogo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según la exagerada Genealogía de los Tejeda, &amp;quot;fue sentimiento común que poseyendo perfectísimamente varios idiomas versificaba en todos ellos con la mayor facilidad. Además de esto entendía en griego o hebreo cuya versión le facilitó mucho la lectura de los filósofos y poetas antiguos, y las Sagradas Escrituras en que hacía su principal lectura y afición: En fin a impulsos de un profundo estudio y meditación logró en tan breves años adquirir no vulgares instrucciones en las matemáticas, medicina, jurisprudencia, filosofía y teología y se formó un excelente mitólogo, orador elocuente, y poeta consumado según lo demuestran las pocas piezas que de esta clase se han conservado hasta estos tiempos.”&amp;lt;ref&amp;gt;Jorge M. Furt,  Libro de varios tratados y noticias, Buenos Aires 1947 p. 338.&amp;lt;/ref&amp;gt;Ante tan rotundo testimonio referido a una ciudad y un ambiente que estaba en los comienzos, se justifica la desconfianza de Martínez Paz,  y su reserva en creer que todo lo que manifiesta el citado párrafo sea verídico; pero, al menos podemos estar ciertos que no era común el nivel de formación logrado por Tejeda en Córdoba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su vida transcurre luego entre su personal entrega a violentas pasiones y amoríos: &amp;quot;Eran lynzes los desseos /los afectos eran armas escalas los pensamientos/ y llaves las esperanzas&amp;quot;. Para el pobre Luis, su &amp;quot;sentido&amp;quot; es una &amp;quot;laguna de llamas&amp;quot; que le condujo a comuniones sacrílegas y traiciones repetidas, hasta el momento terrible de su conversión: &amp;quot;un Rayo de su Piedad/ no de su Justicia rara/ enbuelto en luz arrojó/ asta el centro de mi Alma&amp;quot;. Así pues, esta vida tumultuosa que se desarrolla entre un casamiento impuesto, una dura carrera militar, sus diez hijos y su propia deuda con la justicia, le llevó un día a profesar en el Convento de Santo Domingo donde tomó el hábito de novicio en 1663 y donde vivió dedicado a pensar, a escribir y a esperar la muerte que llegó a visitarle el 19 de setiembre de 1680. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Obras y erudición'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De las obras de Tejeda que han llegado hasta nosotros, la más importante es, sin duda, la que tiene en la portada del códice un título escrito por otra mano y que dice: Libro de varios tratados y noticias; escrito por el Reverendo Padre Fray Luis de Texeda Religiosso del Sagrado Orden de Predicadores de esta Provincia del Tucumán - Año del Señor 1663;  esta obra fue editada por Martínez Paz con el título de Coronas líricas en 1917 y con el título de la portada y minucioso estudio y notas por Jorge M. Furt, en 1948. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las Coronas líricas constituyen un poema teológico, filosófico, moral y aun místico y está formado por tres partes: en la primera se comienza por dos cantos dedicados a la Inmaculada Concepción;&lt;br /&gt;
allí se contiene después el &amp;quot;Romance sobre su vida&amp;quot; y luego de larga prosa, el bello poema (bastante filosófico) &amp;quot;El Fénix de amor&amp;quot;; las otras dos partes (prosas extensas y poemas) constituyen una mística &amp;quot;corona lírica de rosas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si nos fijamos en las citas de estos escritos y tenemos en cuenta las advertencias de Furt sobre algunas que serían indirectas, se puede afirmar que fray Luis había frecuentado las obras de Santo Tomás, el De fide spe et charitate de Domingo Bañez, San Agustín (que estaba completo en la Librería jesuitica) , San Alberto Magno, San Buenaventura en menor medida, Gerson, San Pedro Damiano, San Roberto Belarmino, el beato Antoníno de Florenda, San Bernardo, San Jerónimo, San Juan Damasceno, San Juan Crisóstomo, Orígenes, (cuyas obras estuvieron en la Librería jesuítica y fueron remitidas después a Buenos Aires); naturalmente, Francisco Suárez y, especialmente, Santa Teresa de Avila ; entre los renacentistas italianos, parece haber conocido a Pico de la Mirándola, y entre los clásicos, Platón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguramente o pasaron por sus manos los autores ascéticos españoles como Eusebio de Nierenberg, principalmente. Esta simple enumeración, que es selectiva, con ser realmente importante para su época, modera bastante el juicio de la Genealogía sobre la erudición de Tejeda. Sin embargo me atrevo a decir que era muy extraordinaria para el medio y la época. Solo resta realizar el intento de internarnos en  su pensamiento filisófico-teológico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un pensamiento itinerante&lt;br /&gt;
Como resultado del desengaño del mundo, Tejeda ve el todo como si por primera vez lo hubiese descubierto después de haber estado dormido: &amp;quot;Ya la luz de la razón/por su horizonte rayaba/de mis dormidas potencias / la región obscura y vaga&amp;quot;.  Las potencias, para Tejeda como para la tradición patrística, están &amp;quot;dormidas&amp;quot; mientras estoy olvidado de mí, derramado en Babilonia, es decir, en la exterioridad del mundo. Tales potencias son la memoria, el entendimiento y la voluntad; Esto evoca la doctrina agustiniana sobre las potencias;  en Tejeda, la doctrina es de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para San Juan, la memoria está como ofuscada en las tinieblas del apetito; lo mismo el entendimiento mientras no ve a Dios que es la &amp;quot;salud del entendimiento&amp;quot; y la voluntad está &amp;quot;vacía&amp;quot;&lt;br /&gt;
como resultado de su &amp;quot;hambre de Dios&amp;quot;.  Mientras las potencias se encuentran &amp;quot;divertidas&amp;quot; mirando el mundo creado, no pueden re-conocer la luz de sí mismas que es luz increada: &amp;quot;Y ellas siempre divertidas/ en la Hermosura Criada/ la luz no reconocían/ de la Beldad soberana&amp;quot;. Por eso, en cuanto vuelvo sobre mí y allí hacia la Fuente de la luz in-creada, no puedo no descubrir a Dios, causa primera y &amp;quot;centro&amp;quot; del alma: &amp;quot;Estaba el sumo Hacedor/mi Padre, y primera causa/diciendo desta manera/ en el centro de mi Alma&amp;quot;. Hasta este punto, Tejeda ha descripto el estado de las potencias adormecidas en lo creado, hasta que descubren a Dios en el &amp;quot;centro&amp;quot; del alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta idea del &amp;quot;centro&amp;quot; es propia de los místicos y de la escolástica cristiana; Dios está en el alma por presencia, esencia y potencia. Es esta doctrina tomista, pero también propia de los místicos como San Juan quien dice que &amp;quot;El centro del alma es Dios, el cual, cuando ella hubiere llegado según toda la capacidad de su ser y según la fuerza de su operación e inclinación, habrá llegado al último y más profundo centro suyo en Dios, que será cuando con todas sus fuerzas entienda y ame y goce a Dios &amp;quot;.  Lo cual viene a coincidir con Santa Teresa quien, al hablar del ensanchamiento del corazón dice que tal cosa nace &amp;quot;de otra parte aún más interior, como una cosa profunda. Pienso que debe ser el centro del alma&amp;quot;...  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el &amp;quot;centro&amp;quot; del alma, la &amp;quot;primera causa&amp;quot; habla interiormente al hombre. Tejeda expresa poéticamente este diálogo interior: &amp;quot;Este que ha poco saqué/ del Abismo de la nada/ y oy tiene por su individual la naturaleza Humana&amp;quot;; es decir, el hombre supone la nada de la cual Dios por creación le ha puesto en la existencia. Y agrega: &amp;quot;Ya ha tenido un ser Eterno/ en mi idea soberana/ a donde estuvo conmigo/ quando consigo no estaba&amp;quot;; con lo cual fray Luis viene a afirmar (como toda la Patrística y toda la Escolástica y la mística) que lo existente (el hombre en este caso), cada existente, ha sido y es una idea de Dios, es decir, un posible en Dios; en otras palabras tiene y &amp;quot;ha tenido un ser eterno&amp;quot; en Dios que, al conocerle, lo crea. Mientras no ha sido creado y es solamente una &amp;quot;idea&amp;quot;, aun no estaba consigo, como lo está después. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, supuesta la creación ex nihilo sui, el hombre recibe de sus padres el cuerpo y el alma de Dios: &amp;quot;Sólo tiene de sus Padres/ la materia vil y Baxa/ en que el alma le infundí/ quando estuvo organizada. Apenas fue concebido/ cuando por custodio y guarda/ le di un spíritu Bello/ de mis Angélicas Guardas”. Yo he sido una idea en Dios quien se comporta como &amp;quot;el divino ejemplar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lo expuesto se ve que la subyacente ontología de Tejeda implica una antropología, una muy clara idea de la naturaleza del hombre como compuesto de alma y cuerpo, participante de la naturaleza de Dios, causa no causada de todo lo que es. Pero esta antropología es, simultáneamente, teológica e iluminada por la fe. En el estado de la Caída original (&amp;quot;su antigua Heredada Mancha&amp;quot;) y pese a la posterior &amp;quot;vestidura de la Gracia&amp;quot;, en su estado de peregrinaje, el alma del hombre está como dormida: &amp;quot;su memoria aún no se acuerda/ su voluntad aun no ama./ Su entendimiento aun no advierte/ dignidad tan soberana/ que obxetos la solicitan/ de diversiones más vanas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vuelta el alma de su exteriorización, de su estar dormida, puede escuchar la voz de Dios que le habla (agustinianamente) desde la interioridad; Dios mismo le dice al alma que pudiera llevarla donde Él quiere, con Él, sin que nada mereciera: &amp;quot;Pero quiero que merezca/ con su esfuerzo y con mi gracia/ y que el coronarla sea/ diferente que el criarla&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la presencia de la Gracia la recrea y es, por eso, diferente de lo que era; las tres potencias (memoria, entendimiento, voluntad) manifiestan su semejanza con Él y en su querer o no querer encontrará el alma su beatitud o su desgracia: &amp;quot;Con esas sus tres potencias/hechas a mi semaxanza /y mi auxilio vencer puede/ una conquista tan ardua&amp;quot;. Por eso, la libertad del hombre, don de Dios, le sirve para peregrinar por la tierra de Babilonia, &amp;quot;esta Ciudad sin Dios&amp;quot;. Todo lo que es creado es, pues como para San Buenaventura, escala hacia Dios y el hombre por esa escala peregrina aguzando progresivamente sus potencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tejeda podía ahondar lo que queda expuesto más arriba y en realidad, aunque poéticamente, le dio una nueva y más trabada estructura. Pero esta estructura doctrinal no es sino una doctrina sobre&lt;br /&gt;
el amor radicado en el centro del alma y distendido hacia el Sol increado que es Dios, amado en los seres que le muestran en lo creado. Según el mismo Tejeda lo declara, fue Pico de la Mirándola su maestro en esta doctrina aunque cuidadoso de su ortodoxia católica, estuvo lejos de seguirle servilmente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vale la pena transcribir el texto venerable por ser uno de los primeros textos filosóficos escritos por&lt;br /&gt;
un argentino: &amp;quot;El insigne Pico mirandulano, en la exposición docta y erudita de una canción de Gerónimo Beni Beni al amor según la doctrina de Platón; dio motivo a la que queda escrita sin exceder los términos cathólicos, que en ella y en su exposición solamente, no pueden seguir, en prueva de que en S. Joseph no fuera imposible aun naturalmente, ser muy enamorado de la hermosura de su esposa, sin desdoro alguno de su virginal decoro. Pues este amor puro es tan compatible con los afectos de la naturaleza gobernados por la recta razón del entendimiento; confusión de los herejes, que en el mejor individuo della aun prevenido con tan sobrenaturales esfuerzos como atrás quedan representados por tan  sabias y santas plumas no asienten a lo que en los límites ordinarios de la naturaleza, sintió por posible en la definición del amor un filósofo gentil.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.232</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=TEJEDA_Y_GUZM%C3%81N_Luis_De&amp;diff=26131</id>
		<title>TEJEDA Y GUZMÁN Luis De</title>
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		<updated>2016-01-07T00:12:41Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.232: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Córdoba, 1604; Córdoba, 1680) Religioso dominico y primer poeta Argentino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y formación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luis José de Tejeda y Guzmán  era nieto del valeroso capitán don Tristán de Tejeda, llegado a Córdoba de la Nueva Andalucía junto con Cabrera y don Hernán Mejía Mirabal, maestre de campo. 'I'ristán se casó con una hija de este último, Leonor Mejía Mirabal, de cuyo matrimonio nacieron siete hijos, entre ellos don Juan de Tejeda, padre de nuestro Luis José de 'I'ejeda , don Juan contrajo enlace con doña María de Guzmán, hija del General Pablo de Guzmán que llegó del Perú comisionado por el Virrey y que terminó afincándose definitivamente en Córdoba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De los cinco hijos habidos por este matrimonio, fue el primero José Luis de Tejeda. Si hemos de dar fe con las debidas precauciones al ensayo sobre la genealogía de los Tejeda (contra cuya objetividad ya hemos sido varias veces advertidos),  al menos podemos asegurar que Luis recibió esmerada educación y fue muy pronto puesto bajo la dirección de los Padres jesuitas. Es sumamente probable que Tejeda haya sido estudiante de la aun joven Universidad entre los años 1616 Y 1621 y por consiguiente, alumno de los Padres Juan de Albis y Miguel de Ampuero ; según el testimonio del propio Tejeda, alcanzó el grado de Maestro en Artes o Filosofía,  aunque es probable que siguiera cursos de Teología sin llegar a graduarse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al parecer, fue tanto el aprovechamiento del joven Luis que el Obispo Julián de Cortázar, con ocasión de un certamen sostenido por Tejeda, manifestó que &amp;quot;Este joven habrá de ser con el tiempo el maestro universal de la literatura tucumana&amp;quot;. Y la profecía resultó verdadera respecto de quien habría de ser el primer poeta argentino y no sólo poeta sino filósofo y teólogo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según la exagerada Genealogía de los Tejeda, &amp;quot;fue sentimiento común que poseyendo perfectísimamente varios idiomas versificaba en todos ellos con la mayor facilidad. Además de esto entendía en griego o hebreo cuya versión le facilitó mucho la lectura de los filósofos y poetas antiguos, y las Sagradas Escrituras en que hacía su principal lectura y afición: En fin a impulsos de un profundo estudio y meditación logró en tan breves años adquirir no vulgares instrucciones en las matemáticas, medicina, jurisprudencia, filosofía y teología y se formó un excelente mitólogo, orador elocuente, y poeta consumado según lo demuestran las pocas piezas que de esta clase se han conservado hasta estos tiempos.”  Ante tan rotundo testimonio referido a una ciudad y un ambiente que estaba en los comienzos, se justifica la desconfianza de Martínez Paz,  y su reserva en creer que todo lo que manifiesta el citado párrafo sea verídico; pero, al menos podemos estar ciertos que no era común el nivel de formación logrado por Tejeda en Córdoba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su vida transcurre luego entre su personal entrega a violentas pasiones y amoríos: &amp;quot;Eran lynzes los desseos /los afectos eran armas escalas los pensamientos/ y llaves las esperanzas&amp;quot;. Para el pobre Luis, su &amp;quot;sentido&amp;quot; es una &amp;quot;laguna de llamas&amp;quot; que le condujo a comuniones sacrílegas y traiciones repetidas, hasta el momento terrible de su conversión: &amp;quot;un Rayo de su Piedad/ no de su Justicia rara/ enbuelto en luz arrojó/ asta el centro de mi Alma&amp;quot;. Así pues, esta vida tumultuosa que se desarrolla entre un casamiento impuesto, una dura carrera militar, sus diez hijos y su propia deuda con la justicia, le llevó un día a profesar en el Convento de Santo Domingo donde tomó el hábito de novicio en 1663 y donde vivió dedicado a pensar, a escribir y a esperar la muerte que llegó a visitarle el 19 de setiembre de 1680. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Obras y erudición'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De las obras de Tejeda que han llegado hasta nosotros, la más importante es, sin duda, la que tiene en la portada del códice un título escrito por otra mano y que dice: Libro de varios tratados y noticias; escrito por el Reverendo Padre Fray Luis de Texeda Religiosso del Sagrado Orden de Predicadores de esta Provincia del Tucumán - Año del Señor 1663;  esta obra fue editada por Martínez Paz con el título de Coronas líricas en 1917 y con el título de la portada y minucioso estudio y notas por Jorge M. Furt, en 1948. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las Coronas líricas constituyen un poema teológico, filosófico, moral y aun místico y está formado por tres partes: en la primera se comienza por dos cantos dedicados a la Inmaculada Concepción;&lt;br /&gt;
allí se contiene después el &amp;quot;Romance sobre su vida&amp;quot; y luego de larga prosa, el bello poema (bastante filosófico) &amp;quot;El Fénix de amor&amp;quot;; las otras dos partes (prosas extensas y poemas) constituyen una mística &amp;quot;corona lírica de rosas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si nos fijamos en las citas de estos escritos y tenemos en cuenta las advertencias de Furt sobre algunas que serían indirectas, se puede afirmar que fray Luis había frecuentado las obras de Santo Tomás, el De fide spe et charitate de Domingo Bañez, San Agustín (que estaba completo en la Librería jesuitica) , San Alberto Magno, San Buenaventura en menor medida, Gerson, San Pedro Damiano, San Roberto Belarmino, el beato Antoníno de Florenda, San Bernardo, San Jerónimo, San Juan Damasceno, San Juan Crisóstomo, Orígenes, (cuyas obras estuvieron en la Librería jesuítica y fueron remitidas después a Buenos Aires); naturalmente, Francisco Suárez y, especialmente, Santa Teresa de Avila ; entre los renacentistas italianos, parece haber conocido a Pico de la Mirándola, y entre los clásicos, Platón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguramente o pasaron por sus manos los autores ascéticos españoles como Eusebio de Nierenberg, principalmente. Esta simple enumeración, que es selectiva, con ser realmente importante para su época, modera bastante el juicio de la Genealogía sobre la erudición de Tejeda. Sin embargo me atrevo a decir que era muy extraordinaria para el medio y la época. Solo resta realizar el intento de internarnos en  su pensamiento filisófico-teológico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un pensamiento itinerante&lt;br /&gt;
Como resultado del desengaño del mundo, Tejeda ve el todo como si por primera vez lo hubiese descubierto después de haber estado dormido: &amp;quot;Ya la luz de la razón/por su horizonte rayaba/de mis dormidas potencias / la región obscura y vaga&amp;quot;.  Las potencias, para Tejeda como para la tradición patrística, están &amp;quot;dormidas&amp;quot; mientras estoy olvidado de mí, derramado en Babilonia, es decir, en la exterioridad del mundo. Tales potencias son la memoria, el entendimiento y la voluntad; Esto evoca la doctrina agustiniana sobre las potencias;  en Tejeda, la doctrina es de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para San Juan, la memoria está como ofuscada en las tinieblas del apetito; lo mismo el entendimiento mientras no ve a Dios que es la &amp;quot;salud del entendimiento&amp;quot; y la voluntad está &amp;quot;vacía&amp;quot;&lt;br /&gt;
como resultado de su &amp;quot;hambre de Dios&amp;quot;.  Mientras las potencias se encuentran &amp;quot;divertidas&amp;quot; mirando el mundo creado, no pueden re-conocer la luz de sí mismas que es luz increada: &amp;quot;Y ellas siempre divertidas/ en la Hermosura Criada/ la luz no reconocían/ de la Beldad soberana&amp;quot;. Por eso, en cuanto vuelvo sobre mí y allí hacia la Fuente de la luz in-creada, no puedo no descubrir a Dios, causa primera y &amp;quot;centro&amp;quot; del alma: &amp;quot;Estaba el sumo Hacedor/mi Padre, y primera causa/diciendo desta manera/ en el centro de mi Alma&amp;quot;. Hasta este punto, Tejeda ha descripto el estado de las potencias adormecidas en lo creado, hasta que descubren a Dios en el &amp;quot;centro&amp;quot; del alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta idea del &amp;quot;centro&amp;quot; es propia de los místicos y de la escolástica cristiana; Dios está en el alma por presencia, esencia y potencia. Es esta doctrina tomista, pero también propia de los místicos como San Juan quien dice que &amp;quot;El centro del alma es Dios, el cual, cuando ella hubiere llegado según toda la capacidad de su ser y según la fuerza de su operación e inclinación, habrá llegado al último y más profundo centro suyo en Dios, que será cuando con todas sus fuerzas entienda y ame y goce a Dios &amp;quot;.  Lo cual viene a coincidir con Santa Teresa quien, al hablar del ensanchamiento del corazón dice que tal cosa nace &amp;quot;de otra parte aún más interior, como una cosa profunda. Pienso que debe ser el centro del alma&amp;quot;...  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el &amp;quot;centro&amp;quot; del alma, la &amp;quot;primera causa&amp;quot; habla interiormente al hombre. Tejeda expresa poéticamente este diálogo interior: &amp;quot;Este que ha poco saqué/ del Abismo de la nada/ y oy tiene por su individual la naturaleza Humana&amp;quot;; es decir, el hombre supone la nada de la cual Dios por creación le ha puesto en la existencia. Y agrega: &amp;quot;Ya ha tenido un ser Eterno/ en mi idea soberana/ a donde estuvo conmigo/ quando consigo no estaba&amp;quot;; con lo cual fray Luis viene a afirmar (como toda la Patrística y toda la Escolástica y la mística) que lo existente (el hombre en este caso), cada existente, ha sido y es una idea de Dios, es decir, un posible en Dios; en otras palabras tiene y &amp;quot;ha tenido un ser eterno&amp;quot; en Dios que, al conocerle, lo crea. Mientras no ha sido creado y es solamente una &amp;quot;idea&amp;quot;, aun no estaba consigo, como lo está después. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, supuesta la creación ex nihilo sui, el hombre recibe de sus padres el cuerpo y el alma de Dios: &amp;quot;Sólo tiene de sus Padres/ la materia vil y Baxa/ en que el alma le infundí/ quando estuvo organizada. Apenas fue concebido/ cuando por custodio y guarda/ le di un spíritu Bello/ de mis Angélicas Guardas”. Yo he sido una idea en Dios quien se comporta como &amp;quot;el divino ejemplar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lo expuesto se ve que la subyacente ontología de Tejeda implica una antropología, una muy clara idea de la naturaleza del hombre como compuesto de alma y cuerpo, participante de la naturaleza de Dios, causa no causada de todo lo que es. Pero esta antropología es, simultáneamente, teológica e iluminada por la fe. En el estado de la Caída original (&amp;quot;su antigua Heredada Mancha&amp;quot;) y pese a la posterior &amp;quot;vestidura de la Gracia&amp;quot;, en su estado de peregrinaje, el alma del hombre está como dormida: &amp;quot;su memoria aún no se acuerda/ su voluntad aun no ama./ Su entendimiento aun no advierte/ dignidad tan soberana/ que obxetos la solicitan/ de diversiones más vanas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vuelta el alma de su exteriorización, de su estar dormida, puede escuchar la voz de Dios que le habla (agustinianamente) desde la interioridad; Dios mismo le dice al alma que pudiera llevarla donde Él quiere, con Él, sin que nada mereciera: &amp;quot;Pero quiero que merezca/ con su esfuerzo y con mi gracia/ y que el coronarla sea/ diferente que el criarla&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la presencia de la Gracia la recrea y es, por eso, diferente de lo que era; las tres potencias (memoria, entendimiento, voluntad) manifiestan su semejanza con Él y en su querer o no querer encontrará el alma su beatitud o su desgracia: &amp;quot;Con esas sus tres potencias/hechas a mi semaxanza /y mi auxilio vencer puede/ una conquista tan ardua&amp;quot;. Por eso, la libertad del hombre, don de Dios, le sirve para peregrinar por la tierra de Babilonia, &amp;quot;esta Ciudad sin Dios&amp;quot;. Todo lo que es creado es, pues como para San Buenaventura, escala hacia Dios y el hombre por esa escala peregrina aguzando progresivamente sus potencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tejeda podía ahondar lo que queda expuesto más arriba y en realidad, aunque poéticamente, le dio una nueva y más trabada estructura. Pero esta estructura doctrinal no es sino una doctrina sobre&lt;br /&gt;
el amor radicado en el centro del alma y distendido hacia el Sol increado que es Dios, amado en los seres que le muestran en lo creado. Según el mismo Tejeda lo declara, fue Pico de la Mirándola su maestro en esta doctrina aunque cuidadoso de su ortodoxia católica, estuvo lejos de seguirle servilmente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vale la pena transcribir el texto venerable por ser uno de los primeros textos filosóficos escritos por&lt;br /&gt;
un argentino: &amp;quot;El insigne Pico mirandulano, en la exposición docta y erudita de una canción de Gerónimo Beni Beni al amor según la doctrina de Platón; dio motivo a la que queda escrita sin exceder los términos cathólicos, que en ella y en su exposición solamente, no pueden seguir, en prueva de que en S. Joseph no fuera imposible aun naturalmente, ser muy enamorado de la hermosura de su esposa, sin desdoro alguno de su virginal decoro. Pues este amor puro es tan compatible con los afectos de la naturaleza gobernados por la recta razón del entendimiento; confusión de los herejes, que en el mejor individuo della aun prevenido con tan sobrenaturales esfuerzos como atrás quedan representados por tan  sabias y santas plumas no asienten a lo que en los límites ordinarios de la naturaleza, sintió por posible en la definición del amor un filósofo gentil.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.232</name></author>
		
	</entry>
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		<title>ARGENTINA; consecuencias de la expulsión de los jesuitas</title>
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		<updated>2016-01-06T23:07:52Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.56.232: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''Las circunstancias históricas y el significado de la expulsión'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las consecuencias que la expulsión de la Compañía de Jesús tuvo para la cultura y la vida del Virreinato de la Plata rige particularmente para Córdoba, cuya Universidad le pertenecía y porque su influencia educativa y cultural fue de enorme importancia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Naturalmente la expulsión no tiene sentido si no se atiende a las circunstancias no solamente políticas sino principalmente doctrinales de Europa del siglo XVIII.  La enseñanza de la filosofía en Córdoba en manos de los jesuitas, significó la afirmación de la tradición recogida por la segunda escolástica sin menoscabo de lo sanamente nuevo y moderno. Nuestros filósofos, como Muriel, Rufo o Peramás (para citar solamente a los más importantes)  se opusieron tenazmente a una concepción del pensamiento que reduce su ámbito al de la mera naturaleza donde la razón es el criterio de todo (iluminismo y enciclopedismo). También encontraron sus más enconados enemigos en el jansenismo y el regalismo y en el consiguiente avance del poder secular sobre la independencia de la Iglesia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fueron precisamente la ilustración y el enciclopedismo, el jansenismo y el absolutismo de Estado (despotismo borbónico) las verdaderas causas de la expulsión de los jesuitas de los principales reinos europeos y del vasto territorio del Imperio Español. Causa desazón repasar las interminables intrigas y presiones, hasta en la misma Roma, para allanar el camino tanto de la expulsión como de la extinción de la Compañía.&amp;lt;ref&amp;gt;Cf L. von Pastor, Historia de los Papas, vols. 27-39, trad. esp. Barcelona, 1949/61: M. Aragones Virgili, Historia del Pontificado, 3 vols. Barcelona, 1945; Feo. J. Montalvan - B. Llorca - R. Villoslada, Historia de la Iglesia Católica, vol. IV, c. 8, p. 301-326, 3a ed., Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1963.&amp;lt;/ref&amp;gt;Asistimos primero, a la acción anticatólica y racionalista del Marqués de Pombal en Portugal hasta lograr la expulsión de la Compañía el 19 de febrero de 1759; en segundo lugar asistimos a la acción más profunda, si cabe, del racionalismo galicano que, como hace notar el P. Montalvan,&amp;lt;ref&amp;gt;Francisco J. Montalvan, Historia de la Iglesia Católica, IV, p. 311.&amp;lt;/ref&amp;gt;no ataca ya a los individuos de la Compañía sino al Instituto de San Ignacio en cuanto tal hasta decretar la expulsión, por obra del ministro Choiseul, el 6 de agosto de&lt;br /&gt;
1762; asistimos por fin a las intrigas de los representantes de la ilustración española por medio de los ministros del rey Carlos III, Campomanes y el Conde Aranda, este último ejecutor de la expulsión por decreto del 27 de febrero de 1767. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se ha insistido que el rey Carlos III era un buen cristiano y que actuó no por espíritu anticatólico. Esta afirmación puede ser subjetivamente verdadera, pero no lo es menos que a él le cabía la suprema responsabilidad de un acto evidentemente injusto. Si a ello se agrega el contagio de las ideas racionalistas del ambiente, cabe a la Casa de Barbón la grave responsabilidad de lo que, en el fondo, constituía un ataque a la Iglesia Católica dentro del progresivo cerco que contra Ella ha ido construyendo el inmanentismo moderno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Papa Clemente XIII resistió estoicamente las presiones y murió el 2 de febrero de 1769. Su sucesor, Clemente XIV, no tuvo ni la energía ni la entereza necesarias al ceder a las presiones de las cortes borbónicas de toda Europa, y decretar por fin la extinción de la Compañía. Los enemigos del Instituto de San Ignacio fueron los encargados de la preparación de la bula; pese a las dilaciones, el 21 de julio de 1773, el Pontífice que tanto había cedido, no tuvo más remedio que poner su firma en tan trascendental documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Consecuencias de la expulsión en la Universidad de Córdoba.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las consecuencias que siguieron a la expulsión fueron de tal magnitud en las Provincias americanas del Imperio que, pese a las múltiples investigaciones ya existentes, no han sido aun suficientemente valoradas;&amp;lt;ref&amp;gt;Cayetano Bruno, Historia de la Iglesia en la Argentina, vol. VI, caps. 3 y 4, Editorial Don Bosco, Buenos Aires, 1970.&amp;lt;/ref&amp;gt;basta recordar las secuelas que, en la filosofía tuvo la expulsión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, encargado de la ejecución de la Bula el gobernador de Buenos Aires, don Francisco de Paula Bucareli y Ursúa, envió a Córdoba a un sargento mayor, don Fernando Fabro, para hacer efectiva la expulsión. Este acto fue sorpresivo e indigno y los Padres fueron conducidos en carretas hasta Buenos Aires. En esas condiciones estuvieron conocidos nuestros como el ex-rector Juan Andreu, el P. Gaspar Pfitzer, el ex-rector Manuel Querini, Ladislao Orosz, Luis de Los Santos, Tomás Falkner, José Guevara, Mariano Suárez, Gaspar Juárez y el propio Peramás que ha dejado una dramática narración de aquel acontecimiento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las temporalidades de los jesuitas fueron víctimas del desorden, de la codicia y de la incuria. El archivo del Colegio Máximo, lo mismo que la Librería Grande de la Universidad, fueron las víctimas principales del expolio y con ello, la misma cultura universitaria de Córdoba y del Río de la Plata.&amp;lt;ref&amp;gt;Cayetano Bruno, ''Op. cit''., VI, c.5; Juan M. Garro, ''Bosquejo histórico de la Universidad de Córdoba,'' p. 119·123, Buenos Aires 1882.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la pertinente Instrucción del ministro Conde de Aranda, se ordenaba sustituir a los jesuitas en la Universidad ''“con eclesiásticos seculares, que no sean de su doctrina&amp;quot;''. Es sabido que el clero de Córdoba en su totalidad había sido educado por los Padres de la Compañía. Esto creaba una situación especial y se prefirió desobedecer la letra del decreto obedeciendo el ''espíritu'' contrario a la Compañía, encargando la regencia de la Universidad no a los seculares sino a los Padres Franciscanos.&amp;lt;ref&amp;gt;Juan M. Garro, ''op. cit.'', p. 127/8.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En verdad, la expresión &amp;quot;que no sean de su doctrina&amp;quot; tiene mucho significado considerada desde el punto de vista filosófico y teológico. Para el despotismo ilustrado, el racionalismo y  el regalismo, no era deseable que los jesuitas siguieran enseñando, por ejemplo, la doctrina de Suárez sobre la soberanía y los límites del poder del Príncipe, poder que a su vez está subordinado al bien común trascendente que es Dios. No era tampoco conveniente que sus profesores, aunque mucho más  al&lt;br /&gt;
día que los &amp;quot;ilustrados&amp;quot; españoles y más &amp;quot;modernos&amp;quot; que la mayoría de ellos, mantuvieran a toda costa la esencia del pensamiento tradicional.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta conjunción de pensamiento tradicional y moderno, de ciencia y filosofía, de saber profano y teología, no podía ser bien mirado por el espíritu iluminista (y siempre naturalista) de fines del siglo XVIII. Y fue precisamente esta suerte de síntesis entre lo tradicional y lo moderno lo que había caracterizado la enseñanza de la filosofía y de la teología en la ciudad de Córdoba del Tucumán, irradiando su doctrina en los vastos territorios del Virreinato del Río de La Plata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo dicho no' agota cuánto podría decirse acerca de los perjuicios que acarreó la expulsión de la Compañía; el Padre Francisco Javier Miranda describió, en apretada sinopsis, los daños que se siguieron tanto en el orden espiritual cuanto en el orden temporal.&amp;lt;ref&amp;gt;Cf, Guillenno Furlong, ''Francisco J. Miranda y su Sinopsis,'' ed. Theoría Buenos Aires, 1963,p. 57·92. El título completo de la obra de Miranda: ''Sinopsis o ensayo de los daños en lo espiritual y en lo temporal, seguidos del destierro de los jesuitas de la Provincia que fue del Paraguay; y  por 'identidad o semejanza de razón, de los daños de una y otra clase seguidos en las dos Américas septentrional y meridional.''&amp;lt;/ref&amp;gt;En la filosofía enseñada en la Universidad, ese daño no se produjo afortunadamente, gracias a la buena calidad intelectual de los frailes franciscanos que siguieron a los jesuitas en la enseñanza de la filosofía. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por supuesto que hubo todo un tejido de intrigas y sordas luchas que se siguieron del reemplazo de los jesuitas por los franciscanos, contradiciendo los deseos de los seculares a quienes correspondía&lt;br /&gt;
la regencia de la Universidad de acuerdo a la letra de la Instrucción del Conde de Aranda. Los seculares, encabezados por el Dr. Gregorio Funes y su hermano Ambrosío, no cejarán hasta que se cumpla la letra del decreto, lo cual ocurrirá mucho más tarde en 1807.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es verdad, como se ha insistido con razón, que al cesar la Compañía de Jesús, a la cual pertenecía la Universidad de Córdoba con independencia del Estado, hasta el punto de nombrar sus autoridades y profesores, la Universidad cesaba legalmente. Se había producido un corte. Pero también es verdad que, de hecho, como dice el P. Bruno, ''&amp;quot;los estudios de Córdoba siguieron funcionando con título de Universidad bajo la dirección de la Orden franciscana&amp;quot;''.&amp;lt;ref&amp;gt;Cayetano Bruno, ''Op. cit.'', VI, 515.&amp;lt;/ref&amp;gt;El Estado así lo avaló de hecho y la Universidad de Córdoba continuó con una breve interrupción de las clases de sólo treinta y nueve días: la Casa fue abandonada por los Padres jesuitas el día' 12 de julio y las clases recomenzaron el 22 de agosto. Durante cuarenta años alternaron en las cátedras de la Universidad profesores franciscanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ALBERTO CATURELLI'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.56.232</name></author>
		
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