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	<title>Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina - Contribuciones del usuario [es]</title>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ILUSTRACI%C3%93N_EUROPEA_EN_AM%C3%89RICA&amp;diff=26448</id>
		<title>ILUSTRACIÓN EUROPEA EN AMÉRICA</title>
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		<updated>2016-03-11T15:32:04Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.96.195: /* LA ILUSTRACIÓN EN AMÉRICA */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==PRÓLOGO==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ningún escolástico se plantea un tema tan complejo como este sin precisar previamente los términos de su disertación. Por ejemplo, la voz «Ilustración» la utilizamos en España, pero en Francia hablan del «Siglo de las luces», y en Alemania traducen el vocablo «aufklarung» por «iluminismo». Nosotros, naturalmente, utilizamos el español, pero sin renunciar definitivamente al francés; no así al alemán, que puede traemos a confusión, pues hubo en España una secta mística de iluminados que tuvo mucho que ver con la Inquisición; y no es el caso. Así, pues, hablaremos de «Ilustración».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si buscamos una definición real y acudimos a un manual de uso corriente, es posible que nos diga algo como esto: «se trata de un movimiento de ideas que se dio entre las revoluciones de Inglaterra y Francia, y que supuso un cambio profundo en lo político, lo económico, lo cultural y lo religioso». Es una buena descripción, pero como definición deja mucho que desear: no nos dice en qué consistió ese movimiento de ideas, ni el cambio profundo a que dio lugar. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así que me fui a ver qué decía uno de los protagonistas, Manuel Kant, y, en efecto, encontré en él una definición mucho más precisa: «es el triunfo de la razón natural, frente a los prejuicios de la autoridad y la tradición; y un intento de cambiarlos por otros juicios más libres». Creo que es una buena definición. Kant murió en 1804, y es, por tanto, una definición antigua; pero eso no importa si es buena; más antigua es la definición de ley de Tomás de Aquino, y mucho más la de eternidad de Severino Boecio, y ahí siguen, insuperables hasta la fecha. Por lo demás, esa definición de Kant la  han hecho suya modernamente Paul Hazard en El pensamiento europeo del Siglo XVIII (1938, que tradujo al castellano hace años Julián Marías) y Ernesto Casires en La filosofía de la Ilustración (1950).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==LA ILUSTRACIÓN EUROPEA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Razón y naturaleza forman binomio en los ilustrados: lo racional es natural, y viceversa. En efecto, estudian la naturaleza, uno de sus temas favoritos, como aparece en los títulos de sus obras. Recurren a la naturaleza, para explicar lo inexplicable, como la escolástica recurría a Dios. Recurso que fue bueno para la ciencia experimental, pero filosóficamente contradictorio; pues si, como dicen, no conocemos la esencia, la naturaleza de las cosas, el recurso a ella será solamente teórico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El propio Voltaire escribía inquieto: «¿quién eres tú, naturaleza? Vivo en ti, hace 50 años que te busco y todavía no he podido encontrarte». Voltaire, que no es propiamente un filósofo, fue un magnífico escritor; su fuerza no reside en su filosofía, sino en la forma de decirlo: gráfica, irónica y sarcástica. Hagamos un breve apunte de las corrientes ilustradas que más influyeron en América:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La Escuela inglesa''', cuyas características fundamentales son el Deísmo y el Liberalismo. Herbert de Cherbury fue el padre del Deismo; en su obra De religione gentilium negaba lo sobrenatural y, por consiguiente, la revelación y la providencia. Tan solo admite verdades religiosas «de sentido común». Por el mismo camino, Hobbes llegó mucho más lejos. El liberalismo está representado por Locke, y muy bien representado: con él Inglaterra se constituyó, en cuanto a libertades, en maestra del mundo occidental. Aunque yo sigo pensando que la figura más importante de la Ilustración inglesa fue David Hume.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La Escuela francesa''', con un precursor notable: Pierre Bayle; es increíble la difusión que tuvo en América su Dietionnaire historique et critique. Por supuesto que fue el triángulo Mostesquieu-Voltaire-Rouseau, el que encarnó las ideas y los sentimientos del Siglo XVIII francés y las difundió por todo el mundo. Montesquieu, con El espíritu de las leyes, su obra maestra, es casi un conservador comparado con los enciclopedistas. Voltaire, escéptico y burlón, difundió los Elementos de la filosofía de Newton; un genio para la destrucción, menos para construir. Rousseau es el más grande, innovador y original; su Contrato social es una obra frecuente en las bibliotecas americanas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Aunque el símbolo más exacto de la Ilustración francesa será la Enciclopedia. Sin olvidar su faceta materialista (muy presente en muchos espíritus americanos), representada en tres nombres capitales y sus obras: La Mettrie y su Historia natural del alma, Holbach y su Sistema de la naturaleza, y Helvetius y su Sobre el espíritu, en el que, buscando una solución imposible, distingue el cuerpo (que deriva de la naturaleza), y el espíritu (que deriva de la educación). Hasta Voltaire la calificó de «trivial».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La Ilustración española'''. No son infrecuentes afirmaciones como ésta: en España, Ilustración sensu stricto, no se dio hasta la segunda mitad del siglo XVIII, en concreto entre 1760 y 1790. Es decir, que según estos informantes, si se dio, la Ilustración española fue breve y limitada. Me parece una maliciosa exageración; yo veo ya en la primera mitad del siglo XVIII, rasgos muy significativos: reacciones contra el clima intelectual del momento, más dado a condenar que a conocer lo nuevo; reacciones contra una escolástica que no supo renovarse con las nuevas corrientes físico-matemáticas; reacciones contra el argumento de autoridad y tradición; y se echa de ver una simpatía -un tanto ingenua- hacia toda la cultura francesa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y no sólo esto, hay ya creaciones oficiales que contribuyen a levantar el espíritu científico, que ciertamente andaba bastante alicaído: la Biblioteca Nacional de Madrid, la Real Academia de la Lengua, la Real Academia de Medicina, la de la Historia, la de Bellas Artes... De donde concluyo que hay una postura reflexiva y crítica que encarna como nadie la simpática figura de Feijoo, estudioso –como buen benedictino- y erudito, como hombre de su tiempo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sé que muchos lo consideran un simple pre-ilustrado, pero no estoy de acuerdo: Feijoo es el hombre que con más razón puede llamarse «ilustrado»: se preocupa por las ciencias experimentales, desprecia la autoridad y la tradición como argumento, contrapone al aristotelismo los logros de la física experimental, y escribe cosas como ésta: «para examinar la naturaleza sensible las ideas abstractas son inútiles; valen más las reglas mecánicas». Y, con su admirado Bacon, sentencia: «natura non est abstraenda, sed secanda». Y, claro, le tildaron de empirista, lo que acusó como un insulto. Y aclaró: «yo lo que condeno son las especulaciones filosóficas...» Y es que el bueno de Feijoo quería ilustrar a sus compatriotas, pero la tarea era bien difícil, pues tenía que navegar entre dos escollos contrapuestos: la impiedad y la superstición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==LA ILUSTRACIÓN EN AMÉRICA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Difícil empeño explicar en pocas palabras un asunto tan complejo; para hacer un sencillo repaso de ello vamos a fijarnos en las grandes instituciones: los virreyes, la jerarquía eclesiástica, y  las Universidades y seminarios, y en las lecturas más difundidas en América, atendiendo a la circulación de esos libros. Comencemos por las instituciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los virreyes''', que en la segunda mitad del siglo XVIII fueron 35:  ocho en Lima, catorce en Nueva España, ocho en el Nuevo Reino de Granada, y siete en el Virreinato del Plata. Los más fueron peninsulares, pero hay también criollos y algunos extranjeros. Llama la atención la escasez de títulos nobiliarios: no más de media docena, lo que significa un descenso social en la representación regia; se podía ser alter ego del Rey sin ser noble, ser representado el monarca por un alto funcionario, procedente casi siempre del Ejército o de la Armada. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, todos o casi todos los virreyes de la segunda mitad del siglo XVIII fueron militares o marinos; exceptuados, como es natural, el arzobispo-virrey de México, Núñez de Haro, y Caballero y Góngora, que lo fue del Nuevo Reino de Granada. Todos tuvieron experiencia americana, es decir, que previamente, habían prestado destacados servicios castrenses en capitanías generales, como Chile, o gobiernos en Cuba, Guatemala, Filipinas, Nueva Galicia, o Buenos Aires ... Y así se hacía realidad la idea, ya vieja, de que altos jefes militares, con experiencia y ejercicio en Indias ocuparan los virreinatos; idea que se remonta a 1739, cuando D. Sebastián de Eslava defendió la plaza de Cartagena de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y a lo que estamos: todos ellos fueron ilustrados. Con una tarea común: modernizar las ciudades y fundar instituciones científico-culturales. En cuanto a lo primero, destacó en Lima el virrey Amat: la dividió en barrios, puso servicios de alumbrado y empedrado, paseos y acequias, y en su tiempo se hizo su famosa plaza de toros. De igual modo Bucareli transformó la ciudad de México: desagües, plazas y jardines, alumbrado ... Gálvez editó de nuevo la Gaceta literaria. Flores compartía paseo y tertulia con los sabios Alzate, Elhúyar y León y Gama. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Revillagigedo ordena archivos, levanta planos de ciudades, fomenta la investigación e integra el Colegio de Minería. Y en las postrimerías del siglo, el virrey Azanza fundó una Universidad en Guadalajara. En el Nuevo Reino de Granada no faltan propuestas, pero su ejecución era más difícil: los virreyes alternaban residencia entre Cartagena y Santa Fe, de modo que carecían prácticamente de verdadero palacio virreinal; no obstante, hay algo que reseñar: los expulsas habían mantenido una universidad en Santa Fe, y al quedar libre, se intentó en ella una universidad real, con un plan de estudios de lo más avanzado de Europa; pero no pasó de ser un proyecto. Aunque hay muchas mejoras: Mutis enseña matemáticas y realiza sus famosas expediciones botánicas; se crea la primera imprenta en Santa Fe y la primera biblioteca pública. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Plata, el más brillante fue Vértiz, criollo de Mérida de Yucatán, típico representante del reformismo ilustrado: impulsó la política de poblamiento, urbanizó Buenos Aires, impulsó la actividad cultural con el colegio de San Carlos y el teatro de comedias, e incentivó las expediciones a la Patagonia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cuanto a instituciones educativas especiales, se fundaron muchas; por ejemplo, la Escuela de Minería, en México, con catedráticos tan señeros como los españoles Fausto de Elhúyar, Andrés del Río, o el mexicano Antonio León y Gama; las Academias de Bellas Artes de México, Guatemala, y otras muchas ciudades; el Jardín Botánico de México, el de Guatemala y el de Lima; el Museo de Historia Natural y el Observatorio Astronómico de Bogotá; sin olvidar la Escuela Náutica de Buenos Aires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son simplemente algunos ejemplos. Alexander von Humboldt, uno de los mejores observadores de la realidad americana, escribía al comienzo del siglo XIX: «ninguna ciudad del Nuevo Mundo, sin exceptuar las de Estados Unidos, poseía establecimientos científicos tan grandes y sólidos como los de la capital mexicana (...) ni había en Europa biblioteca especial de botánica comparable a la del grupo de investigadores que dirigían Mutis y Caldas en Bogotá». El sabio alemán habla con entusiasmo de todos, saludando a la vez las iniciativas de los gobiernos ilustrados, a los sabios españoles, y, lógicamente, a los sabios criollos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La jerarquía de la Iglesia.''' En la segunda mitad del siglo XVIII, 168 obispos rigieron las diócesis americanas. Todos fueron elegidos para ellas: sólo regresaron a la península 15; los demás murieron allá, con las botas puestas. Fueron peninsulares y criollos, mitad por mitad; seculares más que regulares, en proporción de un 75% a 25%. Sólida su formación intelectual: el 72% fueron doctores o maestros, títulos conseguidos en universidades americanas y peninsulares en proporción de 53% a 47%. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay dos rasgos fundamentales en ellos: Todos fueron regalistas, aunque en grados distintos. Todos fueron elegidos por el Rey, a quien prestaban juramento de fidelidad. Este regalismo se manifestó en su talante frente a las dos grandes manifestaciones regalistas de esta época: la expulsión y extinción de la Compañía de Jesús, y los concilios del Tomo Regio; en el de México se pidió la extinción, en Lima no llegaron a condenar el probabilismo, pero se intentó; y en Charcas el presidente Argandoña le aseguraba al Rey una lealtad tan fuerte que «obedecería a S. M. antes que al concilio».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Justo es preguntar: y tanto regalismo, ¿no tiene cierto sabor a galicanismo? Creo que no. Galicanos, en un sentido estricto, yo no encuentro ninguno, ni creo que lo hubiera: Lorenzana y Fuero, protagonistas del Concilio Mexicano, fueron regalistas duros; pero cuando el ministro Caballero apuntó maneras de una iglesia nacional alejada de la Santa Sede, se enfrentaron con el poder y fueron desterrados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra cosa es que, al hilo de la vida cotidiana, encontremos manifestaciones sospechosas: el origen divino de los reyes, o la preferencia por autores como Van Spen, Bossuet, Natal Alexandro... Todos fueron ilustrados, más o menos, por supuesto. Algunos de forma notoria, como Lorenzana, Fuero, Pérez Calama, Antonio de San Alberto, Ruiz Cabañas... Ilustrados y abiertos a los problemas sociales, pues su caridad revestía un aire filantrópico y de asistencia social tal como exigía el espíritu del Siglo de las Luces. Ahí quedan para testimonio el Hospital de Guadalajara, construido por el obispo Alcalde, o el Hospicio de Pobres, soberbio edificio que, en la misma ciudad, levantó a sus expensas el obispo Ruiz Cabañas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay otros que no son tan famosos, pero son igualmente notables ilustrados: como Antonio de San Miguel, que en sus pastorales recurre a la autoridad de Montesquieu; Ozes y Azúa, que proyectó un seminario en Cuba con estudios de dibujo, física experimental y medicina práctica, porque «sin estos estudios, no hay médicos competentes»; y Caballero y Góngora, de quien antes hablaba, que propuso ese plan de estudios para la Universidad de Santa Fe, en el que apuesta por las ciencias experimentales y aplicadas: la matemática -en su relación con la industria y el comercio-, la física -aplicada a las artes industriales y a las dos cátedras de medicina-, y la botánica, con un animador tan especial como Celestina Mutis. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y el mismo Caballero y Góngora escribió: «en un reino tan lleno de posibilidades de producción, son más necesarios los que saben observar la naturaleza y manejar la regla de cálculo y el compás, que aquellos que entienden y discuten del ente de razón o de la esencia y la existencia».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los centros de enseñanza.''' En cuanto a éstos, hay reformas en las universidades, seminarios y convictorios, que miran a Salamanca, Alcalá, Valencia... centros peninsulares que habían aceptado las doctrinas de Francia. Así, los seminarios de Puebla y Arequipa, que imitan a San Isidro de Madrid; el convictorio de Lima, cuyo plan de reforma se centra en Alcalá y propone a Heinecio como texto de derecho natural y a Rollín como autoridad indiscutible en educación; y en general, todos los textos de reforma son los recomendados por Mabillon, Mayans, y Feijoo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una última cita respecto a este punto concreto: D. Benito María Moxó, arzobispo de Charcas, profesor de Humanidades en la Universidad de Cervera, en la que ya los jesuitas habían creado un clima ecléctico y crítico que marca la transición, al menos, de la Escolástica a la Ilustración. A veces, cuando se habla de las universidades americanas, se subraya peyorativamente que en ellas imperaba el sistema escolástico de enseñanza, que se centraba en la teología y la jurisprudencia y también en la medicina, pero ajena ésta a cualquier experimento. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues bien, por una parte, como en todas las demás universidades, pero para evitar polémicas, admito que así era, y añado que abiertas ya a Descartes, Galileo o Newton. He visto en el Archivo General de Indias una relación de temas de tesis doctorales presentadas en la Universidad de Guatemala, y había títulos como estos: La duda metódica de Descartes, La teoría de Newton sobre la gravitación, Los experimentos de Franklin sobre la electricidad, o Los últimos desarrollos hidráulicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Las lecturas.''' ¿Y qué ocurría con el común de las gentes? Es muy difícil conocer sus inquietudes y su forma de pensar. Sólo encuentro un camino para acercamos a ello, y además muy complicado y de arriesgada valoración, y en muchos casos difícilmente posible de seguir: sus lecturas: ¿qué libros circulaban?; ¿qué libros se vendían y compraban?; ¿qué libros iban a parar a las bibliotecas públicas y privadas? Pero, ¿cómo saberlo? Y recurrí al Archivo General de Indias: cualquier pasajero al Nuevo Mundo declaraba su equipaje; y parte importante del mismo en esa declaración eran los libros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De este modo, la Sección de Contratación de dicho Archivo es una mina de listados de obras que pasaban, abierta o clandestinamente, a tierras americanas. He recogido muchísimos de estos listados, y en un primer y apresurado análisis puedo reseñar los siguientes grupos de libros:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Profesionales, que son muchísimos; militares (tratados de fortificaciones, por ejemplo), marinos, médicos, jurídicos, de ingeniería ... Lo que nos hace pensar que estaban muy al día de lo que se hacía en la Europa ilustrada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Científicos, como la obra del padre Vicente Tosca Compendio matemático, en nueve volúmenes, o la Física experimental del Abate Mollet, galicano y colaborador de la Enciclopedia, y la de Muschembrock, que fue incluida en el plan de estudios de la Universidad de Salamanca en 1771. Y en esta línea encontramos muchísimos más. Este es este un dato muy importante; porque los ilustrados pretendían cambiar al hombre y a la sociedad a través de la ciencia, pero no de la ciencia especulativa, sino de la ciencia experimental: sus autores favoritos no eran ni Aristóteles ni Santo Tomás sino Locke, Newton, Galileo... Incluso Descartes les parecía demasiado metafísico. Y sus ciencias preferidas eran la física, la matemática y la astronomía.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Sobre los jesuitas, lo que no deja de constituir una sorpresa, pues estaba rigurosamente prohibido hablar del tema bajo gravísimas penas. Pero los Ejercicios de San Ignacio se cuentan por centenares, y casi lo mismo las Reflexiones sobre el Memorial que el General de la Compañía presentó a Clemente XIV.  El tema, pues, seguía interesando; no sé si estos lectores estarían en pro o en contra de la expulsión, pero es de suponer que, si arriesgaban tanto llevando estos libros, serían partidarios de los Hijos de Loyola. Un dato significativo: el mismo año de la expulsión, 1767, el Tribunal de la Inquisición mandó retirar una obra titulada Anales de la Compañía, anónima, en francés, y publicada sin licencia; sabemos que este último detalle era suficiente para la prohibición, pero se dio como razón que la obrita despreciaba a la Compañía y al Papa y que contenía la herejía de Jansenio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pues bien, un ejemplar de esta obra llegó a manos de un oidor de Lima, que lo entregó al virrey Amat, quien, en lugar de entregarlo al Tribunal, se quedó con él. No he podido averiguar si lo haría más tarde, pero sí sé que en 1813, entre los libros depositados en los sótanos inquisitoriales, figuraba un ejemplar de los Anales, que bien podía ser el de esta historia. El mismo virrey Amat que había cumplido con toda fidelidad las órdenes de expulsión de la Compañía de Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Libros de tinte jansenista. En efecto, desde mediados del siglo XVIII circularon profusamente por América, a pesar de las prohibiciones. He aquí algunos datos: el libro del flamenco Van Spen Ius ecclesiasticum universum fue divulgadísimo (se le podía encontrar en la biblioteca de la Universidad de San Marcos de Lima, y en las particulares del oidor chileno don Hipólito Suárez Trespalacios y Escandón y del letrado rioplatense don Francisco Pombo de Otero). Igualmente la obra del francés Carlos Rollín, uno de los herederos de la tradición pedagógica de Port Royal, De la manera de enseñar y de estudiar, (la tenía el oidor santiaguino don Luis de Santa Cruz, por ejemplo). Del jansenista moderado abate Noel Antoine Pluche encontramos dos obras de amplísima difusión en España, Italia y América, donde fueron instructoras de muchos ilustrados: El espectáculo de la naturaleza, con traducción del jesuita Padre Terreros, en la que se estudia la creación desde la óptica de un deísmo suave; y la Historia del cielo (ambas se hallaban en las librerías del oidor santiaguino don José de Traslaviña y del contador limeño don Miguel Feijoo de Sosa). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También hallamos los textos del gran Bossuet, galicano que nunca perdió su fidelidad a la Iglesia: veinte cuerpos de sus Obras estaban en la biblioteca del contador Feijoo, y algunos en la del oidor chileno Trespalacios. Juan Mabillon, de la Congregación de San Mauro, que estudia la Historia eclesiástica con desprecio de la escolástica y apego exagerado a la teología positiva, coincidía con el jansenismo en su defensa de la antigua disciplina, y no disimulaba sus ribetes galicanos; su obra más divulgada fue el Tratado de los estudios monásticos (que tenía el oidor chileno don Domingo Martínez de Aldunate). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De Claudio Fleury, amigo de Fenelon y de Bossuet, defensor del sistema cartesiano frente al escolasticismo medieval, rigorista en moral y de postura galicana, fueron muy difundidas su Histoire eclesiastique y sus Instituciones de derecho eclesiástico, que podían encontrarse en la librería del oidor Traslaviña.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Obras anti-jansenistas también circulaban profusamente. Por ejemplo, la Medulla theologica de Luis Abelli, muy criticada por probabilista y laxista, la tenía el regente de la Audiencia de Santiago don Francisco Moreno y Escandón, quien también tenía la de Pedro Annatus Methodicus ad positivam theologiam apparatus. El Cursus theologico-moralis, de Domingo Vivas, enemigo de Jansenio, estaba en la librería del oidor Traslaviña. Las Resolutionum moralium, de Antonio Diana, en 12 volúmenes, la poseían todos los oídores de Santiago. Y por último, la Prompta bibliotheca de Lucio Ferraris, obra instrumental de criterio probabilista, estaba en manos del letrado rioplatense don Francisco Pombo y Otero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Clásicos literarios, tanto latinos como castellanos: Virgilio, Cicerón, Quevedo, Lope de Vega ... , y mucho teatro francés. Pero quiero destacar la repetida presencia de obras del francés Jean Francois Marmontel, educado por los jesuitas y protegido por Voltaire. Y en particular su obra más famosa, el Belisario, en la que encomia la tolerancia más amplia, traducido a varios idiomas. Por cierto que en 1780 la autoridad civil mandó a la Inquisición estrechar la vigilancia para frenar la circulación de libros prohibidos, y ordenó recoger algunos que pasaban libremente de Montesquieu, Voltaire, Rouseau, Maquiavelo, la Enciclopedia... Y en concreto, el Belisario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los inquisidores respondieron que era prácticamente imposible impedir la circulación de libros: falsificaban los títulos, cambiaban las cubiertas, los ocultaban entre la ropa, fuera de los cajones de libros; y eran estos los que podían registrar los comisarios. (Al llegar a este punto me asalta una duda: ¿dónde se podían adquirir estos libros en España? Pues, por lo menos, en Cádiz, que en el siglo XVIII compartía protagonismo con Sevilla: allí estaba la Casa de Contratación, con lo cual creció el comercio, el número de habitantes, y también las librerías. Había 17 en la ciudad, lo que supone una gran oferta de libros, consecuencia sin duda de una gran demanda. Pues bien, en 1772, el comisario del Santo Oficio de Cádiz, maestrescuela de la catedral, giró una visita a estas librerías y envió a la «Suprema» la relación de libros heterodoxos que se expendían habitualmente en ellas. Y entre estos libros, las obras de Marmontel, que, al parecer, difícilmente podía encontrarse en la península, pero en Cádiz sí. La verdad es que ese informe del comisario merece un análisis reposado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Obras de autores franceses. El fiscal del Tribunal de la Inquisición de México escribía al Consejo en 1769: «se habla y se lee impunemente (... ) hasta los libros de Voltaire, La Metrie y otros inicuos». En efecto, entre las gentes educadas de la América hispana hubo mucha afición a la lectura, como podemos deducir de lo que venimos diciendo. Podemos añadir que en esta segunda mitad del XVIII circulaban todos los libros de orientación moderna: la Enciclopedia, las obras de Bacon, Descartes, Copérnico, Cassendi, Leibniz, Locke, Condillac, Buffon, Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Lavoisier, Laplace ...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No hay exageración en estas palabras. Bastará con dos ejemplos: el virrey Amat, a quien nos hemos referido repetidamente, ha sido considerado habitualmente como una persona muy alejada de las letras; sin embargo, lo hemos visto sindicado por la Inquisición como lector de obras prohibidas; entre otras, De l' esprit, de Helvetius, condenada por Clemente XII como «obra subversiva no sólo de la doctrina cristiana, sino de la ley natural». Realmente es un libro indignante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El otro ejemplo se refiere al coronel don José Manuel González, en cuya biblioteca se podían encontrar obras de Condillac, perteneciente a la escuela materialista de la Ilustración francesa, como su Tratado de las sensaciones, o el Tratado de delitos y penas del Marqués de Beccaria, muy difundido por Europa -y cuya azarosa aventura para entrar en España describió magistralmente Francisco Tomás y Valiente-, que critica el procedimiento jurídico de su época, y rechaza la tortura, la falta de garantía procesal, la desigualdad de penas, etc. Y poseía también las obras de Montesquieu, de Voltaire y de Rousseau, que como hemos repetido encarnaban las ideas del siglo XVIII francés.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cuáles son las características de esta Ilustración? Creo que para entender la Ilustración americana, hay que tener en cuenta tres rasgos esenciales que a mi entender le son propias:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Es una '''Ilustración cristiana''', lo que no ha de extrañar si tenemos en cuenta que Feijoo, los obispos, los virreyes, y la inmensa mayoría de lectores, lo eran.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
* Es una '''Ilustración ecléctica''', y esto también es claro: cierto que aparecen disciplinas nuevas -física, matemáticas, astronomía…, pero siguen perennes las cátedras de teología escolástica y de derecho canónico; es cierto que en los planes de estudio aparecen nuevos autores ilustrados –Van Spen, Natal Alexandro, Fleury-, pero siguen presentes la Suma de Tomás de Aquino y el tratado De locis, de Melchor Cano. Por eso algunos autores, acertadamente, califican esta etapa de ecléctica; así Furlong o Kossok, quien afirma que «la Ilustración en América representa una amalgama de ideas y conceptos heterogénea y contradictoria». Nada más cierto.&lt;br /&gt;
Un ejemplo: los jesuitas coincidían con los prelados de la iglesia en muchas ideas ilustradas, pero discrepaban en otras tantas: el origen del poder, la libertad de la Iglesia respecto al estado, la autoridad del Papa...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Es una '''Ilustración tardía''', que sintetizamos así: en mi opinión, en la segunda mitad del siglo XVIII entran en América muy tímidamente, los comienzos de una Ilustración española que nada, o muy poco tenía que ver con las rebeliones americanas. Creo, con muchos autores, que la mayoría seguía las doctrinas tradicionales, que por cierto, no enseñaban la obediencia ciega al Rey; de modo que, para combatir el absolutismo regio, bastaba con leer a los teólogos del siglo XVI - sobre todo a Suárez- sin necesidad de recurrir a Voltaire o a Rousseau. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Creo que no es seria la tesis de que, antes de 1780, Rousseau era ya leído por el pueblo: Jefferson, en un estudio de excelente investigación, y de mucho gasto, concluyó que para encontrar en América rastros del Contrato social había que llegar a la última década del siglo XVIII. Y creo que a finales del XVIII y primeras décadas del XIX empieza a influir en algunos individuos no ya la Ilustración española, sino la filosofía de las revoluciones -Francia y Estados Unidos-, cuyo impacto fue mucho más fuerte que la asidua lectura de libros ilustrados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
APUNTE SOBRE EL «RETORNO» DE LA ILUSTRACIÓN DE AMÉRICA A EUROPA&lt;br /&gt;
Queda por dilucidar una última cuestión: la Ilustración americana ¿aportó algo a la europea? Es un tema todavía por investigar a fondo, pero aquí aportaremos algunos datos breves.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En principio, el hecho del descubrimiento de América exigió cambios radicales en lo jurídico, lo filosófico, lo teológico, y aun en lo canónico. Pero hablamos del siglo XVIII; y también en esta época es allí donde los europeos se vieron obligados a modificar y ensanchar sus conceptos de astronomía, de geografía física, de zoología, de botánica ... &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todos los países de América aparecen hombres dedicados a la ciencia, que leen lo producido en Europa y hacen trabajos que fueron útiles contribuciones para la consolidación de la ciencia moderna. Veamos aquí algunos ejemplos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En metalurgia hubo en América importantes innovaciones técnicas, como fue el nuevo sistema de beneficiar la plata. En 1784, Francisco Javier de Sarriá publicó su Ensayo de metalurgia en la imprenta de don Felipe de Zúñiga y Ontiveros. Importantes fueron también las Observaciones astronómicas y geográficas, como las de don Joaquín Velázquez de Cárdenas y don Antonio León y Gama; y las Observaciones físicas, como las de Caldas, director del Semanario Ilustrado del Nuevo Reino de Granada, o las Clasificaciones y descripciones de plantas y animales, algunas tan notables como las del mexicano José Mariano Mociño. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son dignas de atención las expediciones científicas costeadas por la Corona, como las ya citadas de Celestina Mutis o la de don Martín Sesé, fundador del Jardín Botánico de México.&lt;br /&gt;
También es importante la arqueología de las culturas indígenas, que entonces se iniciaba, siendo su principal monumento la Historia antigua de México, del padre Francisco Javier Clavijero. Por último, reseñemos con mucho gusto el Diccionario geográfico-histórico de las Indias Occidentales o América, en 6 volúmenes, de don Antonio de Alcedo, obra muy notable para su tiempo y que aún hoy seguimos utilizando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y un apunte final: entre los descendientes de europeos que volvieron a sus raíces sobresale el mexicano Juan Ruiz de Alarcón, que se trasladó a Madrid cuando contaba 33 años, y aquí dio a la escena sus comedias. Fue uno de los grandes del teatro español, con Lope, Tirso y Calderón. Adopta el sistema dramático español de su tiempo, la comedia de «capa y espada», matizado con las notas graves de su espíritu reflexivo. Su comedia más conocida, La verdad sospechosa, fue imitada en Francia por Corneille en Le menteur, resultando un antecedente, al menos mediato, del propio Moliere. Sirvan estos ejemplos como un mero acercamiento a ese «retorno», pendiente aún de ser estudiado en profundidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''PAULINO CASTAÑEDA DELGADO © Cuadernos Americanos Francisco de Vitoria'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.96.195</name></author>
		
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		<title>TEJEDA Y GUZMÁN Luis De</title>
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		<updated>2016-01-07T16:25:40Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.96.195: /* (Córdoba, 1604; Córdoba, 1680) Religioso dominico y primer poeta Argentino */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Córdoba, 1604; Córdoba, 1680) Religioso dominico y primer poeta Argentino==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Vida y formación'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Luis José de Tejeda y Guzmán  era nieto del valeroso capitán don Tristán de Tejeda, llegado a Córdoba de la Nueva Andalucía junto con Cabrera y don Hernán Mejía Mirabal, maestre de campo. 'I'ristán se casó con una hija de este último, Leonor Mejía Mirabal, de cuyo matrimonio nacieron siete hijos, entre ellos don Juan de Tejeda, padre de nuestro Luis José de 'I'ejeda , don Juan contrajo enlace con doña María de Guzmán, hija del General Pablo de Guzmán que llegó del Perú comisionado por el Virrey y que terminó afincándose definitivamente en Córdoba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De los cinco hijos habidos por este matrimonio, fue el primero José Luis de Tejeda. Si hemos de dar fe con las debidas precauciones al ensayo sobre la genealogía de los Tejeda (contra cuya objetividad ya hemos sido varias veces advertidos),&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;Ensayo sobre la genealogía de los Tejeda&amp;quot;, La Revista de Buenos Aires, IV, N° 45, enero 1867, p. 29-58; IV, N° 46, febrero 1867, p. 177-198; IV, NI&amp;gt; 47, marzo 1867, p. 321-342; IV, N° 48, abril 1867, p. 481-498. Códice original de A. J. Carranza, N° 6625 bis  de la Biblioteca Nacional (Manuscritos); la publicación de la Rev. de Bs. As. contiene parte del manuscrito; el manuscrito más importante es el que fue de Mons. Pablo Cabrera, 2 vols., Instituto de Estudios Americanistas 252 y 139 ff., 9-4, N° 2555, Córdoba.&amp;lt;/ref&amp;gt;al menos podemos asegurar que Luis recibió esmerada educación y fue muy pronto puesto bajo la dirección de los Padres jesuitas. Es sumamente probable que Tejeda haya sido estudiante de la aun joven Universidad entre los años 1616 Y 1621 y por consiguiente, alumno de los Padres Juan de Albis y Miguel de Ampuero ; según el testimonio del propio Tejeda, alcanzó el grado de Maestro en Artes o Filosofía,&amp;lt;ref&amp;gt;Coronas líricas, pág. 28, 342 pp. Precedido por una noticia histórica y crítica por Enrique Martínez Paz y anotado por Pablo Cabrera, Biblioteca del Tercer Centenario. Córdoba, 1917; edición hecha sobre el códice manuscrito que se conserva en la Biblioteca del Monasterio de Carmelitas de Córdoba: Libro de Varios/ tratados, y noticias,/ escrito por el Reverendo/ Padre Luis de Texeda] Religioso del sagrado Orden/ de Predicadores desta/ Provincia del Tucumán./ Año del Señor de 1663; ejemplar. en pergamino, 311 ff., 10 x 14 cm., Córdoba. Sobre este mismo manuscrito, Libro de varios tratados y noticias, 365 pp., Lección y notas&lt;br /&gt;
de Jorge M. Furt, Coni, Buenos Aires, 1947; además, Peregrino en Babilonia y otros poemas de Don Luis de Tejeda (poeta cordobés del siglo XVII), 287 pp., Noticia preliminar, por Ricardo Rojas (p. 11-77), Librería La Facultad, Buenos Aires, 1916. (Utilizo el ejemplar del Instituto de Estudios Americanistas de la Universidad de Córdoba, minuciosamente anotado, glosado y corregido de puño y letra de Mons. Pablo Cabrera). No hay mucha bibliografía sobre Tejeda: Antonio E. Serrano Redonnet, &amp;quot;Pico della Mirandola en Córdoba del Tucumán&amp;quot;, Sección de Crítica, t. 2, N°8, Instituto de Literatura Argentina, Fac. de Fil. y Letras, Univ. de Bs. As., 1943; Osvaldo Horacio Dondo, &amp;quot;Sobre la poesía de Luis José de Tejeda&amp;quot;, Ortodoxia, N° 7,&lt;br /&gt;
p. 273-282, Bs. As., 1944.; Daniel Devoto, &amp;quot;Escolio sobre Tejeda&amp;quot; Revista de Estudios Clásicos, II, 1946-7, Mendoza, p. 93-132.&amp;lt;/ref&amp;gt;aunque es probable que siguiera cursos de Teología sin llegar a graduarse. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al parecer, fue tanto el aprovechamiento del joven Luis que el Obispo Julián de Cortázar, con ocasión de un certamen sostenido por Tejeda, manifestó que &amp;quot;Este joven habrá de ser con el tiempo el maestro universal de la literatura tucumana&amp;quot;. Y la profecía resultó verdadera respecto de quien habría de ser el primer poeta argentino y no sólo poeta sino filósofo y teólogo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Según la exagerada Genealogía de los Tejeda, &amp;quot;fue sentimiento común que poseyendo perfectísimamente varios idiomas versificaba en todos ellos con la mayor facilidad. Además de esto entendía en griego o hebreo cuya versión le facilitó mucho la lectura de los filósofos y poetas antiguos, y las Sagradas Escrituras en que hacía su principal lectura y afición: En fin a impulsos de un profundo estudio y meditación logró en tan breves años adquirir no vulgares instrucciones en las matemáticas, medicina, jurisprudencia, filosofía y teología y se formó un excelente mitólogo, orador elocuente, y poeta consumado según lo demuestran las pocas piezas que de esta clase se han conservado hasta estos tiempos.”Ante tan rotundo testimonio referido a una ciudad y un ambiente que estaba en los comienzos, se justifica la desconfianza de Martínez Paz,  y su reserva en creer que todo lo que manifiesta el citado párrafo sea verídico; pero, al menos podemos estar ciertos que no era común el nivel de formación logrado por Tejeda en Córdoba.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su vida transcurre luego entre su personal entrega a violentas pasiones y amoríos: &amp;quot;Eran lynzes los desseos /los afectos eran armas escalas los pensamientos/ y llaves las esperanzas&amp;quot;. Para el pobre Luis, su &amp;quot;sentido&amp;quot; es una &amp;quot;laguna de llamas&amp;quot; que le condujo a comuniones sacrílegas y traiciones repetidas, hasta el momento terrible de su conversión: &amp;quot;un Rayo de su Piedad/ no de su Justicia rara/ enbuelto en luz arrojó/ asta el centro de mi Alma&amp;quot;. Así pues, esta vida tumultuosa que se desarrolla entre un casamiento impuesto, una dura carrera militar, sus diez hijos y su propia deuda con la justicia, le llevó un día a profesar en el Convento de Santo Domingo donde tomó el hábito de novicio en 1663 y donde vivió dedicado a pensar, a escribir y a esperar la muerte que llegó a visitarle el 19 de setiembre de 1680. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Obras y erudición'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De las obras de Tejeda que han llegado hasta nosotros, la más importante es, sin duda, la que tiene en la portada del códice un título escrito por otra mano y que dice: Libro de varios tratados y noticias; escrito por el Reverendo Padre Fray Luis de Texeda Religiosso del Sagrado Orden de Predicadores de esta Provincia del Tucumán - Año del Señor 1663;  esta obra fue editada por Martínez Paz con el título de Coronas líricas en 1917 y con el título de la portada y minucioso estudio y notas por Jorge M. Furt, en 1948. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las Coronas líricas constituyen un poema teológico, filosófico, moral y aun místico y está formado por tres partes: en la primera se comienza por dos cantos dedicados a la Inmaculada Concepción;&lt;br /&gt;
allí se contiene después el &amp;quot;Romance sobre su vida&amp;quot; y luego de larga prosa, el bello poema (bastante filosófico) &amp;quot;El Fénix de amor&amp;quot;; las otras dos partes (prosas extensas y poemas) constituyen una mística &amp;quot;corona lírica de rosas”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si nos fijamos en las citas de estos escritos y tenemos en cuenta las advertencias de Furt sobre algunas que serían indirectas, se puede afirmar que fray Luis había frecuentado las obras de Santo Tomás, el De fide spe et charitate de Domingo Bañez, San Agustín (que estaba completo en la Librería jesuitica) , San Alberto Magno, San Buenaventura en menor medida, Gerson, San Pedro Damiano, San Roberto Belarmino, el beato Antoníno de Florenda, San Bernardo, San Jerónimo, San Juan Damasceno, San Juan Crisóstomo, Orígenes, (cuyas obras estuvieron en la Librería jesuítica y fueron remitidas después a Buenos Aires); naturalmente, Francisco Suárez y, especialmente, Santa Teresa de Avila ; entre los renacentistas italianos, parece haber conocido a Pico de la Mirándola, y entre los clásicos, Platón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguramente o pasaron por sus manos los autores ascéticos españoles como Eusebio de Nierenberg, principalmente. Esta simple enumeración, que es selectiva, con ser realmente importante para su época, modera bastante el juicio de la Genealogía sobre la erudición de Tejeda. Sin embargo me atrevo a decir que era muy extraordinaria para el medio y la época. Solo resta realizar el intento de internarnos en  su pensamiento filisófico-teológico. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un pensamiento itinerante&lt;br /&gt;
Como resultado del desengaño del mundo, Tejeda ve el todo como si por primera vez lo hubiese descubierto después de haber estado dormido: &amp;quot;Ya la luz de la razón/por su horizonte rayaba/de mis dormidas potencias / la región obscura y vaga&amp;quot;.  Las potencias, para Tejeda como para la tradición patrística, están &amp;quot;dormidas&amp;quot; mientras estoy olvidado de mí, derramado en Babilonia, es decir, en la exterioridad del mundo. Tales potencias son la memoria, el entendimiento y la voluntad; Esto evoca la doctrina agustiniana sobre las potencias;  en Tejeda, la doctrina es de Santa Teresa y San Juan de la Cruz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para San Juan, la memoria está como ofuscada en las tinieblas del apetito; lo mismo el entendimiento mientras no ve a Dios que es la &amp;quot;salud del entendimiento&amp;quot; y la voluntad está &amp;quot;vacía&amp;quot;&lt;br /&gt;
como resultado de su &amp;quot;hambre de Dios&amp;quot;.  Mientras las potencias se encuentran &amp;quot;divertidas&amp;quot; mirando el mundo creado, no pueden re-conocer la luz de sí mismas que es luz increada: &amp;quot;Y ellas siempre divertidas/ en la Hermosura Criada/ la luz no reconocían/ de la Beldad soberana&amp;quot;. Por eso, en cuanto vuelvo sobre mí y allí hacia la Fuente de la luz in-creada, no puedo no descubrir a Dios, causa primera y &amp;quot;centro&amp;quot; del alma: &amp;quot;Estaba el sumo Hacedor/mi Padre, y primera causa/diciendo desta manera/ en el centro de mi Alma&amp;quot;. Hasta este punto, Tejeda ha descripto el estado de las potencias adormecidas en lo creado, hasta que descubren a Dios en el &amp;quot;centro&amp;quot; del alma. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta idea del &amp;quot;centro&amp;quot; es propia de los místicos y de la escolástica cristiana; Dios está en el alma por presencia, esencia y potencia. Es esta doctrina tomista, pero también propia de los místicos como San Juan quien dice que &amp;quot;El centro del alma es Dios, el cual, cuando ella hubiere llegado según toda la capacidad de su ser y según la fuerza de su operación e inclinación, habrá llegado al último y más profundo centro suyo en Dios, que será cuando con todas sus fuerzas entienda y ame y goce a Dios &amp;quot;.  Lo cual viene a coincidir con Santa Teresa quien, al hablar del ensanchamiento del corazón dice que tal cosa nace &amp;quot;de otra parte aún más interior, como una cosa profunda. Pienso que debe ser el centro del alma&amp;quot;...  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el &amp;quot;centro&amp;quot; del alma, la &amp;quot;primera causa&amp;quot; habla interiormente al hombre. Tejeda expresa poéticamente este diálogo interior: &amp;quot;Este que ha poco saqué/ del Abismo de la nada/ y oy tiene por su individual la naturaleza Humana&amp;quot;; es decir, el hombre supone la nada de la cual Dios por creación le ha puesto en la existencia. Y agrega: &amp;quot;Ya ha tenido un ser Eterno/ en mi idea soberana/ a donde estuvo conmigo/ quando consigo no estaba&amp;quot;; con lo cual fray Luis viene a afirmar (como toda la Patrística y toda la Escolástica y la mística) que lo existente (el hombre en este caso), cada existente, ha sido y es una idea de Dios, es decir, un posible en Dios; en otras palabras tiene y &amp;quot;ha tenido un ser eterno&amp;quot; en Dios que, al conocerle, lo crea. Mientras no ha sido creado y es solamente una &amp;quot;idea&amp;quot;, aun no estaba consigo, como lo está después. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entonces, supuesta la creación ex nihilo sui, el hombre recibe de sus padres el cuerpo y el alma de Dios: &amp;quot;Sólo tiene de sus Padres/ la materia vil y Baxa/ en que el alma le infundí/ quando estuvo organizada. Apenas fue concebido/ cuando por custodio y guarda/ le di un spíritu Bello/ de mis Angélicas Guardas”. Yo he sido una idea en Dios quien se comporta como &amp;quot;el divino ejemplar”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con lo expuesto se ve que la subyacente ontología de Tejeda implica una antropología, una muy clara idea de la naturaleza del hombre como compuesto de alma y cuerpo, participante de la naturaleza de Dios, causa no causada de todo lo que es. Pero esta antropología es, simultáneamente, teológica e iluminada por la fe. En el estado de la Caída original (&amp;quot;su antigua Heredada Mancha&amp;quot;) y pese a la posterior &amp;quot;vestidura de la Gracia&amp;quot;, en su estado de peregrinaje, el alma del hombre está como dormida: &amp;quot;su memoria aún no se acuerda/ su voluntad aun no ama./ Su entendimiento aun no advierte/ dignidad tan soberana/ que obxetos la solicitan/ de diversiones más vanas&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vuelta el alma de su exteriorización, de su estar dormida, puede escuchar la voz de Dios que le habla (agustinianamente) desde la interioridad; Dios mismo le dice al alma que pudiera llevarla donde Él quiere, con Él, sin que nada mereciera: &amp;quot;Pero quiero que merezca/ con su esfuerzo y con mi gracia/ y que el coronarla sea/ diferente que el criarla&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero la presencia de la Gracia la recrea y es, por eso, diferente de lo que era; las tres potencias (memoria, entendimiento, voluntad) manifiestan su semejanza con Él y en su querer o no querer encontrará el alma su beatitud o su desgracia: &amp;quot;Con esas sus tres potencias/hechas a mi semaxanza /y mi auxilio vencer puede/ una conquista tan ardua&amp;quot;. Por eso, la libertad del hombre, don de Dios, le sirve para peregrinar por la tierra de Babilonia, &amp;quot;esta Ciudad sin Dios&amp;quot;. Todo lo que es creado es, pues como para San Buenaventura, escala hacia Dios y el hombre por esa escala peregrina aguzando progresivamente sus potencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tejeda podía ahondar lo que queda expuesto más arriba y en realidad, aunque poéticamente, le dio una nueva y más trabada estructura. Pero esta estructura doctrinal no es sino una doctrina sobre&lt;br /&gt;
el amor radicado en el centro del alma y distendido hacia el Sol increado que es Dios, amado en los seres que le muestran en lo creado. Según el mismo Tejeda lo declara, fue Pico de la Mirándola su maestro en esta doctrina aunque cuidadoso de su ortodoxia católica, estuvo lejos de seguirle servilmente. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vale la pena transcribir el texto venerable por ser uno de los primeros textos filosóficos escritos por&lt;br /&gt;
un argentino: &amp;quot;El insigne Pico mirandulano, en la exposición docta y erudita de una canción de Gerónimo Beni Beni al amor según la doctrina de Platón; dio motivo a la que queda escrita sin exceder los términos cathólicos, que en ella y en su exposición solamente, no pueden seguir, en prueva de que en S. Joseph no fuera imposible aun naturalmente, ser muy enamorado de la hermosura de su esposa, sin desdoro alguno de su virginal decoro. Pues este amor puro es tan compatible con los afectos de la naturaleza gobernados por la recta razón del entendimiento; confusión de los herejes, que en el mejor individuo della aun prevenido con tan sobrenaturales esfuerzos como atrás quedan representados por tan  sabias y santas plumas no asienten a lo que en los límites ordinarios de la naturaleza, sintió por posible en la definición del amor un filósofo gentil.”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.96.195</name></author>
		
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