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	<title>Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina - Contribuciones del usuario [es]</title>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUADALUPE;_Antig%C3%BCedad_del_culto&amp;diff=5392</id>
		<title>GUADALUPE; Antigüedad del culto</title>
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		<updated>2014-07-25T15:37:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Es delicioso recordar los manuscritos de aquel momento, en los que se narran el admirable fervor con que, tanto indígenas como españoles, acudían a la pequeña ermita del Tepeyac. El Licenciado Primo Feliciano Velázquez va recogiendo testimonios de la época que describen la fuerza histórica con que la Virgen de Guadalupe había entrado en las preferencias de los fieles: &amp;quot;''Enarbolada la cruz por los castellanos sobre las ruinas del teocalli mayor, así conquistadores como misioneros diéronse prisa en despedazar y aventar los numerosos ídolos, que habían poblado casas y cerros y caminos. Los vapores de sangre de las víctimas se disiparon con el humo del incienso, ofrecido en las aras del verdadero Dios y de sus santos. Donde antes reinaba Telpochtli, el mancebo Tezcatlipoca, se puso a san Juan Bautista; tuvo santa Ana su altar en Chiauhtempan, morada antigua de Toci, nuestra abuela; y donde veneraron a la Tonantzin, se erigió el templo de Santa María de Guadalupe''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto ganaban los plebeyos con las prácticas de la religión cristiana y mayormente con la abolición de los sacrificios humanos, tanto debió ser el gozo de su alma, para siempre redimida de absurdas y horrorosas supersticiones. Torquemada asienta que &amp;quot;''prevalecía la devoción de los dioses Telpochtli, Toci, Tonan, cuando nuestros frailes vinieron a esta tierra, y que cabalmente, por remediar el daño, que no todos lo saben, determinaron de hacer iglesia en el pueblo de Chiauhtempan, donde pusieron a Santa Ana, abuela de Nuestro Señor, porque viniese con la festividad antigua, en lo que toca a la gloriosa santa y celebración de su día, aunque no en el abuso e intención idolátrica. Así, en Tianquizmanalco construyeron casa a San Juan Bautista; y en Tonantzin, junto a México, a la Virgen Sacratísima, que es nuestra señora y madre...''&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nadie niega la remota antigüedad de la imagen y su templo. Citado queda el México en 1554, cuyo autor señaló, entre otras, la iglesia de Tepeaquilla, casi a la par pintada por el cosmógrafo Santa Cruz en su plano. Citado está también Bernal Díaz del Castillo, que habló conjuntamente de la santa casa de Guadalupe en Tepeaquilla y de la imagen, de quien dijo: &amp;quot;''miren los santos milagros que ha hecho y hace cada día''&amp;quot;. Verosímil es que el conquistador historiógrafo partió de México en 1540, cuando, rogado de Cortés, fuese a la corte a demandar ante el Consejo de Indias. Por su libro sabemos que de España, de donde había vuelto en 1550, se vino en derechura a Guatemala, para ya no salir. Es, por tanto, más que probable que su noticia de Guadalupe atañe a tiempo anterior a 1550; igual que la de fray Juan de Cisneros, quien, fijando hacia 1540 los principios del santuario de los Remedios, escribió por 1616 ser más antiguo el de Guadalupe, &amp;quot;''que es una Imagen de gran devoción y concurso, casi desde que se ganó la tierra, que hace y ha hecho muchos milagros''&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En junio de 1554, cuando llegó el arzobispo don fray Alonso de Montúfar, la casa de Nuestra Señora de Guadalupe no era más que una ermitilla. Pero apenas se publicó que, yendo a ella, cobró la salud un ganadero, empezó a crecer la devoción y fueron en aumento las limosnas, fundándose luego una cofradía; por lo cual determinó el prelado edificar una iglesia, que en septiembre de 1556 estaba ya abierta al culto. Claramente se distingue el templo original o primitivo y el de 1556. No pudo el señor Montúfar ser el fundador de la ermitilla, que existía &amp;quot;''antes de que él viniese; lo fué de la iglesia, adonde se trasladó la imagen que en aquélla estaba''”. Y de no escaso valor sobre la preexistencia de la ermitilla es una declaración de Juan de Masseguer. Dijo en 24 de septiembre de 1556 que todo el pueblo a una tenía gran devoción a la dicha imagen de Nuestra Señora y la iba con gran frecuencia a visitar todo género de gente, &amp;quot;''nobles ciudadanos y indios, aunque sabe que algunos indios an atibiado en la dicha devoción, porque los frayles se lo an mandado...''&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los españoles tomó la devoción tal impulso que, según el decir de los contemporáneos, &amp;quot;''ya no se platicaba en la tierra sino: ¿dónde queréis que vayamos? ¡vamos a Nuestra Señora de Guadalupe!; pareciéndoles estar en Madrid, que decían ¡vamos a Nuestra Señora de Atocha!, o en Valladolid, ¡vamos a Nuestra Señora del Prado! También entre los indios crecía, a pesar de los empeños en contrario; y así lo proclamaba su concurrencia a la ermita''&amp;quot;. El 8 de septiembre del año en que va el relato, hallándose en Guadalupe Juan de Salazar, procurador de la real audiencia, salió con algunos amigos a recibir al señor Montúfar, quien, llegado a la iglesia, hizo oración, &amp;quot;''y hecha, se volvió a hablar a muchos indios que allí estaban; y como no sabía la lengua, para podelles hablar mandó a un sacerdote, que se llama (Francisco) de Manjarrés, que les declarase lo que el dicho señor arzobispo les quería decir; el cual, como lengua que es, les dijo cómo habían de entender la devoción de la imagen de Nuestra Señora; cómo no se hace la reverencia a la tabla ni a la pintura sino a la imagen, por razón de lo que representa, que es a la Virgen María, nuestra Señora, y como la reverencia que a la imagen hace no para allí, sino va a lo representado por ella''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Públicos, además, eran los milagros obrados mediante la venerada imagen; y andaban haciendo la información, de orden de su ilustrísima, a fin de que, &amp;quot;''según lo que se hallase por cierto y verdadero, aquello se predicaría o se disimularía''&amp;quot;. A lo que se entiende, eran curaciones repentinas, como la del ganadero y la declarada por Juan de Masseguer en la ocasión precitada: &amp;quot;''ayer particularmente fue allá a llevar a una hija suya, que estaba mala de tose, y que se ahogaba, y la encomendó allá a Nuestra Señora y dio su limosna, y le hizo decir una misa, y bendito Dios, la niña está buena''&amp;quot;. Comprendía entonces el distrito de Guadalupe seis estancias de españoles y cinco de indios de lengua mexicana, sujetos a la ciudad de México, a Santiago Tlatilolco, que tenían por nombres Santa Isabel Tola, San Pedro Zacatenco, Tecoman, San Juan Ixhuatépec y Santiago Atzaqualco, notados en el plano del primero de ellos, conforme a sus títulos. Les administraba los sacramentos y enseñaba la doctrina cristiana &amp;quot;''en latín y en su lengua''&amp;quot;, el presbítero Antonio Freire, de las ilustres alcuñas de los Contiños, Alvarez y Freires, natural de Allandra en el arzobispado de Lisboa; el cual vino a estas partes con una dimisoria de don Juan Alburquerque, obispo de Goa en la India de Portugal, y después de residir en la diócesis de Michoacán, como cura y vicario de Pungarabato y de las minas de Espíritu Santo, obtuvo licencia por 1550 de celebrar en el arzobispado de México, donde fue cura de Tanchinoltípac y finalmente capellán de Guadalupe en Tepeaquilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así lo dictó él mismo en 10 de enero de 1570, agregando que podía haber catorce años que el señor Montúfar edificó la iglesia &amp;quot;''con las limosnas que le dieron''&amp;quot;, la que se sustentaba asimismo de limosnas y con una renta de siete u ocho mil pesos, cuya cuenta llevaban dos mayordomos, personas abonadas de México. Entre los devotos sobresalió el creso de aquel siglo, don Alonso de Villaseca, que si abrió generosamente la mano para el convento de San Francisco, no se quedó corto en el favorecer después a los jesuitas. Uno de éstos refiere que, a la muerte de Villaseca, fue su cadáver trasladado de Ixmiquilpan al santuario de Guadalupe, donde se detuvo tres días, ''pagándole así Dios las cuantiosas limosnas con que había procurado promover el culto de su Madre''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre ellas y una capellanía de misas, ofrendó una rica colgadura de terciopelo carmesí: prueba todo de que miró como suya la iglesia de Tepeyácac, quimo teopanti tepeyacac, según expresa Juan Bautista en sus anales, al narrar la solemnidad del 15 de septiembre de 1566: &amp;quot;''en la cual (traducción), octava de la Natividad de María nuestra Madre, fueron a Tepeyácac todos a celebrar la fiesta de Santa María de Guadalupe. Regaló Villaseca una imagen que hizo de pura plata; y edificó unos aposentos donde duermen los enfermos. Hubo procesión, en qué iban los señores oidores y el arzobispo, con todos nosotros los indios. Dio, Villaseca de comer a los señores, para hacer saber que miraba como suyo el templo de Tepeyácac. Hubo asimismo danzas: cantaron los mexicanos el michcuicatl y los tlatilolcas el yaocuicatl''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''' p. 47-49&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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		<title>GUADALUPE; Antigüedad del culto</title>
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		<updated>2014-07-25T15:37:28Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Es delicioso recordar los manuscritos de aquel momento, en los que se narran el admirable fervor con que, tanto indígenas como españoles, acudían a la pequeña ermita del Tepeyac. El Licenciado Primo Feliciano Velázquez va recogiendo testimonios de la época que describen la fuerza histórica con que la Virgen de Guadalupe había entrado en las preferencias de los fieles: &amp;quot;''Enarbolada la cruz por los castellanos sobre las ruinas del teocalli mayor, así conquistadores como misioneros diéronse prisa en despedazar y aventar los numerosos ídolos, que habían poblado casas y cerros y caminos. Los vapores de sangre de las víctimas se disiparon con el humo del incienso, ofrecido en las aras del verdadero Dios y de sus santos. Donde antes reinaba Telpochtli, el mancebo Tezcatlipoca, se puso a san Juan Bautista; tuvo santa Ana su altar en Chiauhtempan, morada antigua de Toci, nuestra abuela; y donde veneraron a la Tonantzin, se erigió el templo de Santa María de Guadalupe''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuanto ganaban los plebeyos con las prácticas de la religión cristiana y mayormente con la abolición de los sacrificios humanos, tanto debió ser el gozo de su alma, para siempre redimida de absurdas y horrorosas supersticiones. Torquemada asienta que &amp;quot;''prevalecía la devoción de los dioses Telpochtli, Toci, Tonan, cuando nuestros frailes vinieron a esta tierra, y que cabalmente, por remediar el daño, que no todos lo saben, determinaron de hacer iglesia en el pueblo de Chiauhtempan, donde pusieron a Santa Ana, abuela de Nuestro Señor, porque viniese con la festividad antigua, en lo que toca a la gloriosa santa y celebración de su día, aunque no en el abuso e intención idolátrica. Así, en Tianquizmanalco construyeron casa a San Juan Bautista; y en Tonantzin, junto a México, a la Virgen Sacratísima, que es nuestra señora y madre...''&amp;quot; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nadie niega la remota antigüedad de la imagen y su templo. Citado queda el México en 1554, cuyo autor señaló, entre otras, la iglesia de Tepeaquilla, casi a la par pintada por el cosmógrafo Santa Cruz en su plano. Citado está también Bernal Díaz del Castillo, que habló conjuntamente de la santa casa de Guadalupe en Tepeaquilla y de la imagen, de quien dijo: &amp;quot;''miren los santos milagros que ha hecho y hace cada día''&amp;quot;. Verosímil es que el conquistador historiógrafo partió de México en 1540, cuando, rogado de Cortés, fuese a la corte a demandar ante el Consejo de Indias. Por su libro sabemos que de España, de donde había vuelto en 1550, se vino en derechura a Guatemala, para ya no salir. Es, por tanto, más que probable que su noticia de Guadalupe atañe a tiempo anterior a 1550; igual que la de fray Juan de Cisneros, quien, fijando hacia 1540 los principios del santuario de los Remedios, escribió por 1616 ser más antiguo el de Guadalupe, &amp;quot;''que es una Imagen de gran devoción y concurso, casi desde que se ganó la tierra, que hace y ha hecho muchos milagros''&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En junio de 1554, cuando llegó el arzobispo don fray Alonso de Montúfar, la casa de Nuestra Señora de Guadalupe no era más que una ermitilla. Pero apenas se publicó que, yendo a ella, cobró la salud un ganadero, empezó a crecer la devoción y fueron en aumento las limosnas, fundándose luego una cofradía; por lo cual determinó el prelado edificar una iglesia, que en septiembre de 1556 estaba ya abierta al culto. Claramente se distingue el templo original o primitivo y el de 1556. No pudo el señor Montúfar ser el fundador de la ermitilla, que existía &amp;quot;''antes de que él viniese; lo fué de la iglesia, adonde se trasladó la imagen que en aquélla estaba''”. Y de no escaso valor sobre la preexistencia de la ermitilla es una declaración de Juan de Masseguer. Dijo en 24 de septiembre de 1556 que todo el pueblo a una tenía gran devoción a la dicha imagen de Nuestra Señora y la iba con gran frecuencia a visitar todo género de gente, &amp;quot;''nobles ciudadanos y indios, aunque sabe que algunos indios an atibiado en la dicha devoción, porque los frayles se lo an mandado...''&amp;quot;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre los españoles tomó la devoción tal impulso que, según el decir de los contemporáneos, &amp;quot;''ya no se platicaba en la tierra sino: ¿dónde queréis que vayamos? ¡vamos a Nuestra Señora de Guadalupe!; pareciéndoles estar en Madrid, que decían ¡vamos a Nuestra Señora de Atocha!, o en Valladolid, ¡vamos a Nuestra Señora del Prado! También entre los indios crecía, a pesar de los empeños en contrario; y así lo proclamaba su concurrencia a la ermita''&amp;quot;. El 8 de septiembre del año en que va el relato, hallándose en Guadalupe Juan de Salazar, procurador de la real audiencia, salió con algunos amigos a recibir al señor Montúfar, quien, llegado a la iglesia, hizo oración, &amp;quot;''y hecha, se volvió a hablar a muchos indios que allí estaban; y como no sabía la lengua, para podelles hablar mandó a un sacerdote, que se llama (Francisco) de Manjarrés, que les declarase lo que el dicho señor arzobispo les quería decir; el cual, como lengua que es, les dijo cómo habían de entender la devoción de la imagen de Nuestra Señora; cómo no se hace la reverencia a la tabla ni a la pintura sino a la imagen, por razón de lo que representa, que es a la Virgen María, nuestra Señora, y como la reverencia que a la imagen hace no para allí, sino va a lo representado por ella''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Públicos, además, eran los milagros obrados mediante la venerada imagen; y andaban haciendo la información, de orden de su ilustrísima, a fin de que, &amp;quot;''según lo que se hallase por cierto y verdadero, aquello se predicaría o se disimularía''&amp;quot;. A lo que se entiende, eran curaciones repentinas, como la del ganadero y la declarada por Juan de Masseguer en la ocasión precitada: &amp;quot;''ayer particularmente fue allá a llevar a una hija suya, que estaba mala de tose, y que se ahogaba, y la encomendó allá a Nuestra Señora y dio su limosna, y le hizo decir una misa, y bendito Dios, la niña está buena''&amp;quot;. Comprendía entonces el distrito de Guadalupe seis estancias de españoles y cinco de indios de lengua mexicana, sujetos a la ciudad de México, a Santiago Tlatilolco, que tenían por nombres Santa Isabel Tola, San Pedro Zacatenco, Tecoman, San Juan Ixhuatépec y Santiago Atzaqualco, notados en el plano del primero de ellos, conforme a sus títulos. Les administraba los sacramentos y enseñaba la doctrina cristiana &amp;quot;''en latín y en su lengua''&amp;quot;, el presbítero Antonio Freire, de las ilustres alcuñas de los Contiños, Alvarez y Freires, natural de Allandra en el arzobispado de Lisboa; el cual vino a estas partes con una dimisoria de don Juan Alburquerque, obispo de Goa en la India de Portugal, y después de residir en la diócesis de Michoacán, como cura y vicario de Pungarabato y de las minas de Espíritu Santo, obtuvo licencia por 1550 de celebrar en el arzobispado de México, donde fue cura de Tanchinoltípac y finalmente capellán de Guadalupe en Tepeaquilla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así lo dictó él mismo en 10 de enero de 1570, agregando que podía haber catorce años que el señor Montúfar edificó la iglesia &amp;quot;''con las limosnas que le dieron''&amp;quot;, la que se sustentaba asimismo de limosnas y con una renta de siete u ocho mil pesos, cuya cuenta llevaban dos mayordomos, personas abonadas de México. Entre los devotos sobresalió el creso de aquel siglo, don Alonso de Villaseca, que si abrió generosamente la mano para el convento de San Francisco, no se quedó corto en el favorecer después a los jesuitas. Uno de éstos refiere que, a la muerte de Villaseca, fue su cadáver trasladado de Ixmiquilpan al santuario de Guadalupe, donde se detuvo tres días, ''pagándole así Dios las cuantiosas limosnas con que había procurado promover el culto de su Madre''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobre ellas y una capellanía de misas, ofrendó una rica colgadura de terciopelo carmesí: prueba todo de que miró como suya la iglesia de Tepeyácac, quimo teopanti tepeyacac, según expresa Juan Bautista en sus anales, al narrar la solemnidad del 15 de septiembre de 1566: &amp;quot;''en la cual (traducción), octava de la Natividad de María nuestra Madre, fueron a Tepeyácac todos a celebrar la fiesta de Santa María de Guadalupe. Regaló Villaseca una imagen que hizo de pura plata; y edificó unos aposentos donde duermen los enfermos. Hubo procesión, en qué iban los señores oidores y el arzobispo, con todos nosotros los indios. Dio, Villaseca de comer a los señores, para hacer saber que miraba como suyo el templo de Tepeyácac. Hubo asimismo danzas: cantaron los mexicanos el michcuicatl y los tlatilolcas el yaocuicatl''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 '''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''' p. 47-49&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=CALDER%C3%93N_DE_LA_BARCA,_Erskine_Frances,_Marquesa_de&amp;diff=5390</id>
		<title>CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de</title>
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		<updated>2014-07-25T15:35:15Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de (Edimburgo, 1806; Madrid, 1882).'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Originaria de Edimburgo, Escocia, y establecida con su familia en Boston, hizo amistad con el historiador William H. Prescott y el hispanista George Ticknor. En dicha ciudad se casó con don Ángel Calderón de la Barca, primer ministro plenipotenciario de España en México, adonde llegaron a fines de diciembre de 1839, y permanecieron aquí hasta mediados de enero de 1842. A su regreso a los Estados Unidos se convirtió del protestantismo al catolicismo, acompañó a su esposo a España y, viuda en 1861, tuvo actuación destacada como educadora y dama de compañía de la infanta Isabel, a la que acompañó al destierro. Alfonso XII le concedió en 1878 el título de ''Marquesa de Calderón de la Barca'', que es como se le conoce. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sumamente observadora, sostuvo desde México copiosa correspondencia con su familia, de la que se publicaron cincuenta y cuatro cartas bajo el título de ''Life in México, during a Residence of Two Years in that Country.'' By Mme. C. de la B. Boston, 1843, 2 vols. De esa obra se han hecho muchas ediciones, también en español con el título de ''La Vida en México.'' En la quinta carta describe el traje de la «China Poblana», la legendaria princesa india que vino como esclava del capitán Miguel Sosa, el cual le dio una esmerada educación, hasta constituirse en un modelo de virtud para la sociedad de Puebla. ''&amp;quot;El traje de la campesina es hermoso, especialmente en los días festivos. Una camisa de muselina blanca, adornada con encajes alrededor de la cintura, el cuello y las mangas&amp;quot;''. La China Poblana está enterrada en la iglesia jesuita del Espíritu Santo de Puebla, con una lápida muy encomiástica: ''&amp;quot;A Dios Optimo Todopoderoso Guarda este sepulcro a la venerable en Cristo Virgen Catarina de San Juan, que la tierra del Mogor le dio al mundo y la Puebla de los Ángeles al cielo Después de vivir 82 años, amada principalmente de Dios y no menos de los hombres, humilde y pobre en la esclavitud, aunque ilustre por su sangre real, acaeció su fallecimiento, seguido de gran aclamación por parte del pueblo y del clero, en la víspera de los tres Santos Reyes, el año de 1688&amp;quot;''. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay quien se indigna porque se atribuyen a Catarina de San Juan muchas obras de caridad, ya que era muy pobre y se mantenía con el producto de los bordados que salían de su mano, labor siempre mal pagada, y es que toman caridad por la entrega material de cantidades de dinero, y no por lo que es: amor, amor de Cristo, que Mirrha dio abundantemente a los pobres, que lloraron su muerte. La marquesa de Calderón de la Barca describe también con pinceladas plenas de colorido los paseos y lugares bellos de la ciudad. De la Calzada de Guadalupe afirma que es ''&amp;quot;sumamente concurrida y bella, con carruajes vistosísimos, tirados por percherones de gran alzada, ómnibus amarillos de dieciséis asientos, a manera de barcos, simones de pesadas ruedas, que se abren paso majestuosamente, entre los numerosos transeúntes&amp;quot;''. En carta de enero de 1840 comenta, hablando del Congreso Constituyente instalado en el Palacio Nacional ''&amp;quot;Frente a la silla del Presidente se encuentra una imagen de cuerpo entero de Nuestra Señora de Guadalupe&amp;quot;'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''' pp. 167-168&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MU%C3%91OZ,_Juan_Bautista&amp;diff=5389</id>
		<title>MUÑOZ, Juan Bautista</title>
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		<updated>2014-07-25T15:33:04Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Valencia, 1745; Valencia, 1803) Historiador.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perteneciente a la corriente de la ilustración, fue nombrado cronista de Indias en 1775. Radicalmente antiguadalupano y contrario a la sencilla piedad popular, escribió ''Memoria sobre las Apariciones y el Culto de Nuestra Señora de Guadalupe'', obra que dio inicio a la cadena de opositores al Acontecimiento Guadalupano. La finalidad de ese libro fue promover dudas y sospechas sobre las devociones más populares, apariciones y santuarios célebres, a fin de que de este modo se disminuyera en los fieles el respeto a la autoridad eclesiástica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el libro ''Testimonios Históricos Guadalupanos'' de Ernesto de la Torre, se desarrolla un juicio objetivo sobre este tema: &amp;quot;''El historiador racionalista que fue Juan Bautista Muñoz, como muchos de los ilustrados, buscó pruebas objetivas de cuanto necesitaba narrar. No conoció algunas, otras las desestimó y del examen de las que tuvo a la mano y pudo estudiar, derivó lo que se conoce como el argumento negativo de la historia de las apariciones. Muñoz, que seguía las tendencias racionalistas de la historiografía ilustrada, combate, con base en la erudición cientificista de la época, incluso la eclesiástica que trataba de depurar su propia historia, las interpretaciones devotas de los hechos y no acepta sino fundamentos objetivos. Muñoz no pudo conocer la rica literatura indígena, que sólo hasta nuestros días ha sido estudiada y valorada entre otros por los beneméritos nahuatlatos, Ángel Ma. Garibay y Miguel León Portilla: de ahí no sólo su ignorancia en torno de ella y la mala opinión que tuvo sobre la producción literaria indígena que denominó «pintoresca» y la cual considera es fruto de la embriaguez, de la cual nada se puede esperar. El cronista de Indias a más de desconsiderar la literatura indígena, desconsidera a los propios indígenas, a los que cree de fantasía acalorada, propicia a visiones imaginarias, crédulos y fáciles de engañar. De toda suerte, si niega la aparición por carecer de fuentes, no puede negar Muñoz la antigüedad del culto que estima es «muy razonable y justo». Cronista de Indias, aureolado por sus conocimientos y la fama que ellos le habían conseguido, tuvo numerosos seguidores, pero también muchos contradictores. Si entre los primeros se cuenta a don Joaquín García Icazbalceta, sereno, objetivo y acucioso, entre los impugnadores tuvo a hombres muy destacados que figuraron en el desarrollo de la vida del México independiente. Un siglo duró el eco de la negación de Muñoz y sólo una nueva voz calmó aquélla e inició nueva polémica. Personajes salientes en la vida cultural y política de México, como Miguel Guridi y Alcocer y Carlos María de Bustamante, fueron fervorosos guadalupanos y por ello contradictores de las afirmaciones del cronista de Indias. Ellos y otros muchos, entre los cuales don Luis G. Duarte no es el último, impugnaron las desviaciones de Muñoz.''”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''' p. 567-568&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MU%C3%91OZ,_Juan_Bautista&amp;diff=5388</id>
		<title>MUÑOZ, Juan Bautista</title>
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		<updated>2014-07-25T15:32:23Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
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'''(Valencia, 1745; Valencia, 1803) Historiador.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Perteneciente a la corriente de la ilustración, fue nombrado cronista de Indias en 1775. Radicalmente antiguadalupano y contrario a la sencilla piedad popular, escribió ''Memoria sobre las Apariciones y el Culto de Nuestra Señora de Guadalupe'', obra que dio inicio a la cadena de opositores al Acontecimiento Guadalupano. La finalidad de ese libro fue promover dudas y sospechas sobre las devociones más populares, apariciones y santuarios célebres, a fin de que de este modo se disminuyera en los fieles el respeto a la autoridad eclesiástica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el libro ''Testimonios Históricos Guadalupanos'' de Ernesto de la Torre, se desarrolla un juicio objetivo sobre este tema: &amp;quot;''El historiador racionalista que fue Juan Bautista Muñoz, como muchos de los ilustrados, buscó pruebas objetivas de cuanto necesitaba narrar. No conoció algunas, otras las desestimó y del examen de las que tuvo a la mano y pudo estudiar, derivó lo que se conoce como el argumento negativo de la historia de las apariciones. Muñoz, que seguía las tendencias racionalistas de la historiografía ilustrada, combate, con base en la erudición cientificista de la época, incluso la eclesiástica que trataba de depurar su propia historia, las interpretaciones devotas de los hechos y no acepta sino fundamentos objetivos. Muñoz no pudo conocer la rica literatura indígena, que sólo hasta nuestros días ha sido estudiada y valorada entre otros por los beneméritos nahuatlatos, Ángel Ma. Garibay y Miguel León Portilla: de ahí no sólo su ignorancia en torno de ella y la mala opinión que tuvo sobre la producción literaria indígena que denominó «pintoresca» y la cual considera es fruto de la embriaguez, de la cual nada se puede esperar. El cronista de Indias a más de desconsiderar la literatura indígena, desconsidera a los propios indígenas, a los que cree de fantasía acalorada, propicia a visiones imaginarias, crédulos y fáciles de engañar. De toda suerte, si niega la aparición por carecer de fuentes, no puede negar Muñoz la antigüedad del culto que estima es «muy razonable y justo». Cronista de Indias, aureolado por sus conocimientos y la fama que ellos le habían conseguido, tuvo numerosos seguidores, pero también muchos contradictores. Si entre los primeros se cuenta a don Joaquín García Icazbalceta, sereno, objetivo y acucioso, entre los impugnadores tuvo a hombres muy destacados que figuraron en el desarrollo de la vida del México independiente. Un siglo duró el eco de la negación de Muñoz y sólo una nueva voz calmó aquélla e inició nueva polémica. Personajes salientes en la vida cultural y política de México, como Miguel Guridi y Alcocer y Carlos María de Bustamante, fueron fervorosos guadalupanos y por ello contradictores de las afirmaciones del cronista de Indias. Ellos y otros muchos, entre los cuales don Luis G. Duarte no es el último, impugnaron las desviaciones de Muñoz.''”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 567-568&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUADALUPE;_Aprobaci%C3%B3n_impl%C3%ADcita&amp;diff=5387</id>
		<title>GUADALUPE; Aprobación implícita</title>
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		<updated>2014-07-25T15:30:21Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
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Que otorga fray Juan de Zumárraga a la aparición guadalupana. Es Luis Becerra Tanco, en su ''Felicidad de México'' quien mejor desarrolla este argumento de la aprobación plena que dio el señor Zumárraga, a través de la prueba que él mismo pidiera a Juan Diego y que la Virgen le envió, en forma de rosas y de un retrato que nadie humano pintó, sobre la tilma del indio: ''&amp;quot;El testigo que hoy tenemos vivo, más formal y verídico, y al que, como examinado «incontinenti» luego que sucedió el milagro, se debe más crédito, es la bendita imagen que hoy se conserva intacta. Lo que afirma la tradición es que en la tilma o manta, que servía de capa al indio Juan Diego, a su usanza, y saco de su posada, y según su pobreza y humildad, por no ser de los nobles, que usaban solos entonces mantas tejidas de hilo blanco de algodón, porque es hilo de palma, está pintada la sagrada imagen, como se ve el día de hoy, y consta de su orla, que se le ha ido cercenando para reliquias. A esto se llega, que para que no se pudiese poner objeción al milagro, permitió y dispuso Dios Nuestro Señor, que cuando se estampó en la manta el retrato de la Virgen María, no fuese el indio de intento a llevar las señas que le había pedido el señor obispo, sino a llamar a un sacerdote que administrase los sacramentos de la penitencia y extremaunción a su tío, que estaba enfermo y de riesgo. Y lo que es más, habiéndose divertido por otra senda para que no le detuviese la Virgen Santísima, juzgando con su candidez que no le vería: con que cesa la sospecha de ficción contra el indio; y no sabiendo él mismo de la pintura, sino de las flores que llevaba en el regazo de la manta; en que no hay duda que haría el señor obispo el escrutinio necesario para publicar el milagro, en el modo que refiere la tradición y que comprobaron las rosas que no había en el montecillo. Y de presumirse lo contrario, es forzoso culpar al señor obispo de ligero en la creencia, cuando por dos veces no le había dado crédito, y culpar también a sus ministros y otras personas de seso y prudencia, que creyeron el caso, siendo tan prodigioso y raro, sin haberlo examinado con toda circunspección; y en especial cuando los españoles vecinos de esta ciudad pretendían dar a entender que los indios eran brutos, incapaces de razón y discurso. De que se concluye, que la pintura no se hizo por mano de hombre, así por haberse figurado instantáneamente, como por las razones arriba dichas&amp;quot;.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
p. 61-62&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUADALUPE;_A%C3%B1adidos_y_retoques_a_la_imagen&amp;diff=5386</id>
		<title>GUADALUPE; Añadidos y retoques a la imagen</title>
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		<updated>2014-07-25T15:29:33Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
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&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un tema intensamente controversial, que ha llevado a varios críticos a multiplicar y extender dichas &amp;quot;profanaciones&amp;quot; hasta partes del cuadro que nunca fueron cambiadas. Por ejemplo, Philip S. Callahan aventura, tras el estudio de sus placas infrarrojas, que le pintaron los hombres las estrellas, el ángel, los rayos, la luna y un sin fin más de elementos, que ya existían antes de 1629, fecha del traslado a catedral por la gran inundación; fecha también que señala Callahan para estos malaventurados retoques. En la magnifica copia de Baltasar Echave Orio, &amp;quot;el Viejo&amp;quot; de esa familia de egregios pintores, la datación clarísima es 1606 (23 años antes) y está la Virgen con todos los elementos con que hoy la conocemos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre Francisco de Florencia nos habla de querubines sobrepuestos. Se transcriben sus palabras: ''&amp;quot;Una cosa me refirió el Señor don Francisco de Siles, canónigo lectoral de la Santa Iglesia de México... y fue que a los principios del aparecimiento de la bendita imagen, pareció a la piedad de los que cuidaban su culto y lucimientos, que sería bueno adornarla de querubines, que alrededor de los rayos del sol le hicieran compañía y representasen el reverente obsequio que los soberanos espíritus hacen a su Reina del Cielo. Así se ejecutó. Pero en breve tiempo se desfiguró, de suerte que todo lo sobrepuesto al pincel milagroso, que por la deformidad que causaba, a vista de la permanente belleza y viveza de los colores de la Santa Efigie, se vieron al fin obligados a borrarlos&amp;quot;'' (La Estrella del Norte de México, México 1688, p.30 vuelta, y 31. número marginal 75). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Largamente discurre sobre lo postizo el padre Mariano Cuevas, y suyas son las siguientes apreciaciones: ''&amp;quot;No creemos que estos querubines hayan sido pintados tan sólo alrededor del sol, sino también dentro de ese sol, cual se ve en muchas imágenes españolas y, en la actualidad, en la de Nuestra Señora de los Angeles, en esta misma ciudad de México. Y, porque comenzaron a destruirse con el salitre, esos querubines quedaron suprimidos; para lo cual hubo necesidad de raspar sobre el lienzo. De ahí la necesidad de los empastes y de los retoques humanos, visibles hasta hoy e indiscutibles: Viéndose el nefasto retocador con su pincel mojado en oro, pensamos que se dio vuelo y le pintó una dizque corona muy mal hecha, sin perspectiva y todo en un solo plano. Con el tiempo se fue casi borrando esta corona de la que todavía quedaban algunos restos por el año 1890. Estos son los que, según algunos dicen, que fueron borrados por el pintor Salomé Pina. Si tal fue, no debe haber en lo de la llamada corona ningún misterio: la pintó un hombre y la borró, porque debía borrarla por mal hecha, otro hombre. Fue, en tal caso, imprudente el hacerlo a ocultas. La luna que está a los pies de la Virgen está también retocada y de allí que haya dos lunas concéntricas, siendo la interior la original primitiva. Retoques y malos, evidentemente, los hay asimismo en las manos y esto no por otra razón, sino por el deterioro que en ellas causaron todas esas fricciones y piadosos besos a que acabamos de referirnos. Los pintores y peritos de 1666, lo mismo que los de 1751, dijeron acordes, cómo puede verse en sus declaraciones, que no había aparejo. Y no sólo lo dijeron sino que lo probaron, puesto que por el reverso de la imagen, que detenidamente examinaron, vieron que había manchones de diversos colores&amp;quot;. (AHG-IV-C págs. 206-207).''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
p. 50-51&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUADALUPE;_Antiaparicionismo&amp;diff=5385</id>
		<title>GUADALUPE; Antiaparicionismo</title>
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		<updated>2014-07-25T15:23:37Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Segundo momento: la memoria de Juan Bautista Muñoz- */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Siempre han existido antiguadalupanos; ya sea porque rechazan el consolador influjo de la Virgen de Guadalupe sobre los dolores de las gentes que sufren, o porque niegan lo sobrenatural de la devoción, atribuyéndolo todo a engaño de la Iglesia, de la que dicen “inventó” la aparición para ganarse la adhesión de los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El antiaparicionismo ha tenido tres momentos cruciales: a.) La llamarada de petate que levantó fray Francisco de Bustamante en 1556. b.) La tecnificación de ese antiaparicionismo con la “memoria” de Muñoz en España. c.) La carta de García Icazbalceta en México. A esto hay que agregar el escándalo promovido a raíz de la coronación de la Virgen en 1895 y la ampliación de la basílica para alargar el presbiterio y quitar el coro central, que restaba espacio y visibilidad a las multitudes, crecientes cada año. Añádase a esto la insistencia de los protestantes que atacan la devoción a la Virgen como supuesta muestra de una idolatría que se empeñan en ver dentro de la piedad católica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Primer momento: el sermón de Francisco de Bustamante'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera fuente de oposición viene de un hombre desconcertante, docto, virtuoso, superior provincial de la Orden de San Francisco y con varios otros cargos de responsabilidad: fray Francisco de Bustamante, quien llenaba los templos donde iba a predicar: también estaba al tope de ávidos oyentes suyos, la capilla de San José en el convento de San Francisco de la capital, en aquel 8 de septiembre de 1556, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora. Entre esos oyentes se contaban el virrey, oidores de la audiencia y demás mandatarios de aquel México piadoso y pintoresco. Habló de la devoción y culto a la Virgen del Tepeyac. Nunca lo hubiera hecho ni puesto juntos tantos dislates. Fray Alonso de Montúfar, arzobispo sucesor de Zumárraga, dispuso una información oficial, con ocho testigos llamados a declarar y un noveno, Juan de Masseguer, que se presentó espontáneamente, movido por la indignación general que había suscitado el sermón de Bustamante. Entre sus disparates, decía que la Virgen de Guadalupe había sido pintada por un indio; que la adoraban como si fuera Dios; que tal devoción carecía de sólido fundamento y que se dieran cien azotes al primero que dijo que esta Virgen hacía milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El efecto de estas aseveraciones fue contrario a lo que pretendía Bustamante; lejos de apagar la devoción hacia la Guadalupana, la encendió aún más, pues la reacción fue de escándalo contra el predicador y desagravio hacia la imagen tan desconcertantemente atacada. Ocho años nada más habían pasado desde que murieran Juan Diego y fray Juan de Zumárraga, de quienes todos habían escuchado la narración de los hechos históricos, tal como hoy los conocemos. Por eso Juan de Masseguer aseveraba: “''Hubo gran escándalo en el auditorio y lo ha habido en la Ciudad''”. Bien a bien los muchos que han tratado este tema no han logrado explicar por qué Bustamante actuó así, con un exabrupto tan imprudente y ofensivo para la general aceptación de la devoción guadalupana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mariano Cuevas S.J. es quien mejor ha trazado la línea psicológica por la que Bustamante llegó a este frenético ataque, &amp;quot;''todo temblando y demudada la color. No fue obra de la cabeza, dice Cuevas, ni menos de la crítica; fue tan sólo la explosión de un corazón herido y humillado''&amp;quot;. Al llegar el nuevo arzobispo, fray Alonso de Montúfar, tomó personalmente el cuidado de la incipiente devoción guadalupana, puso de capellán de la ermita levantada por Zumárraga a un sacerdote secular, y se dio con generosidad y celo a reunir recursos para levantar un templo más digno de la petición de la Virgen, pues la anterior ermita era &amp;quot;''muy moderadita, de adobe, sin género de cal y canto''&amp;quot;. Montúfar bendijo e inauguró su templo diez años después de este sermón, en el año de 1566 y sus medidas (10 x 6 metros y casi siete de alto) eran como tres veces mayores a la ermita que levantó Zumárraga en las prisas de 1531, dos semanas después de las apariciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sermón de Bustamante ya entonces, fue la mejor ayuda que inconscientemente podía dar a la causa guadalupana. Promovió su culto, encendió mayor devoción y, en lo que a nosotros interesa, demostró que los ataques a nuestra Virgen provienen, no de la severidad crítica y acuciosa, sino de pasiones temperamentales y motivos mezquinos, que no alcanzan categoría como para ser llamados argumentos. Bustamante aceptó con humildad el fallo, se retiró a Cuernavaca, por lo que el arzobispo Montúfar sobreseyó la causa, archivó el proceso, que permaneció inédito hasta el siglo XIX. (v. Bustamante fray Francisco de)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Segundo momento: la memoria de Juan Bautista Muñoz==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Existe entre los eruditos, a partir de Juan B. Muñoz y de su fiel seguidor Joaquín García Icazbalceta, una especie de fruición por desmantelar todo lo que pueda apoyar el origen sobrenatural y a las mismas apariciones de María a Juan Diego en el Tepeyac. Se advierte un intenso regusto al desacreditar la tradición guadalupana. Ante el gozoso testimonio que desde Perú escribe el jesuita Juan de Alloza (1654), dicen que &amp;quot;''aventajó en mentiras a Miguel Sánchez''&amp;quot;. También fray Luis de Cisneros, mercedario mexicano, en su Historia de la Virgen María de los Remedios, impresa en México el año de 1621, habla ciertamente de Nuestra Señora de Guadalupe, pero no como aparecida: (sino que Dios para manifestar lo grato que le es el culto de las imágenes, obra por su medio singulares favores o milagros), diciendo que es una imagen que se venera «casi» desde que se ganó la tierra. &amp;quot;''Ese casi no puede referirse a 1531, es decir, doce años después de conquistada: tal vez se refiere a 1524, que fue el año en que llegaron los doce franciscanos a la Nueva España y, como queda dicho, pusieron una imagen en sustitución al ídolo de la madre de los dioses''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se insiste, para desprestigiar la verdad histórica de la aparición, en que la Virgen quería el templo en el cerro, sin hacer caso de que expresamente le dice a Juan Diego: &amp;quot;''y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que «aquí en el llano» me edifiquen un templo.''&amp;quot; Afirman pues que no respetaron la voluntad de la aparecida, y que por eso se confirma que, lejos de ser histórica su aparición, es una fábula. Hasta del preciso y precioso informe de Bernal Díaz del Castillo, que en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España dice: &amp;quot;''... y la santa casa de Nuestra Señora de Guadalupe, que está en lo de Tepeaquilla... y miren los santos milagros que ha hecho y hace cada día, y démosle muchas gracias a Dios y a su bendita Madre nuestra Señora por ello...''&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ernesto de la Torre comenta en su libro Testimonios Históricos Guadalupanos: &amp;quot;''Brillante oportunidad para decir algo que nos indicase la aparición, pues de las palabras citadas, en rigurosa lógica, lo único que se deduce es que la Virgen de Guadalupe hacía milagros en su santa casa… Dureza mental de tantos «eruditos», empeñados en negar que hiciera a México la singular merced de aparecerse a uno de sus más pequeños, Juan Diego y, en él, a todos los que el Evangelio alaba: «te doy gracias, padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los sencillos».''”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También desprecian el valioso y directo testimonio de Suárez de Peralta (1589) sobre la entrada del virrey a México: “''llegó a nuestra Señora de Huadalupe, que es una imagen devotísima, que está de México como dos lehuechuelas, la cual ha hecho muchos milagros (aparecióse entre unos riscos, y a esta devoción acude toda la tierra), y de ahí entró en México, y aquel día se le hizo gran fiesta de a caballo, con libreas de seda, que fue una escaramuza de muchos de a caballo, muy costosa”. Sin argumento alguno, reparan para sacar adelante su prejuicio; “Esta aparición no es la del Ayate…, aunque fuese entre unos riscos y acuda a ella toda la tierra''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''', pp. 42-44&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUADALUPE;_Antiaparicionismo&amp;diff=5384</id>
		<title>GUADALUPE; Antiaparicionismo</title>
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		<updated>2014-07-25T15:23:09Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
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&lt;div&gt;Siempre han existido antiguadalupanos; ya sea porque rechazan el consolador influjo de la Virgen de Guadalupe sobre los dolores de las gentes que sufren, o porque niegan lo sobrenatural de la devoción, atribuyéndolo todo a engaño de la Iglesia, de la que dicen “inventó” la aparición para ganarse la adhesión de los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El antiaparicionismo ha tenido tres momentos cruciales: a.) La llamarada de petate que levantó fray Francisco de Bustamante en 1556. b.) La tecnificación de ese antiaparicionismo con la “memoria” de Muñoz en España. c.) La carta de García Icazbalceta en México. A esto hay que agregar el escándalo promovido a raíz de la coronación de la Virgen en 1895 y la ampliación de la basílica para alargar el presbiterio y quitar el coro central, que restaba espacio y visibilidad a las multitudes, crecientes cada año. Añádase a esto la insistencia de los protestantes que atacan la devoción a la Virgen como supuesta muestra de una idolatría que se empeñan en ver dentro de la piedad católica. &lt;br /&gt;
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'''Primer momento: el sermón de Francisco de Bustamante'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera fuente de oposición viene de un hombre desconcertante, docto, virtuoso, superior provincial de la Orden de San Francisco y con varios otros cargos de responsabilidad: fray Francisco de Bustamante, quien llenaba los templos donde iba a predicar: también estaba al tope de ávidos oyentes suyos, la capilla de San José en el convento de San Francisco de la capital, en aquel 8 de septiembre de 1556, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora. Entre esos oyentes se contaban el virrey, oidores de la audiencia y demás mandatarios de aquel México piadoso y pintoresco. Habló de la devoción y culto a la Virgen del Tepeyac. Nunca lo hubiera hecho ni puesto juntos tantos dislates. Fray Alonso de Montúfar, arzobispo sucesor de Zumárraga, dispuso una información oficial, con ocho testigos llamados a declarar y un noveno, Juan de Masseguer, que se presentó espontáneamente, movido por la indignación general que había suscitado el sermón de Bustamante. Entre sus disparates, decía que la Virgen de Guadalupe había sido pintada por un indio; que la adoraban como si fuera Dios; que tal devoción carecía de sólido fundamento y que se dieran cien azotes al primero que dijo que esta Virgen hacía milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El efecto de estas aseveraciones fue contrario a lo que pretendía Bustamante; lejos de apagar la devoción hacia la Guadalupana, la encendió aún más, pues la reacción fue de escándalo contra el predicador y desagravio hacia la imagen tan desconcertantemente atacada. Ocho años nada más habían pasado desde que murieran Juan Diego y fray Juan de Zumárraga, de quienes todos habían escuchado la narración de los hechos históricos, tal como hoy los conocemos. Por eso Juan de Masseguer aseveraba: “''Hubo gran escándalo en el auditorio y lo ha habido en la Ciudad''”. Bien a bien los muchos que han tratado este tema no han logrado explicar por qué Bustamante actuó así, con un exabrupto tan imprudente y ofensivo para la general aceptación de la devoción guadalupana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mariano Cuevas S.J. es quien mejor ha trazado la línea psicológica por la que Bustamante llegó a este frenético ataque, &amp;quot;''todo temblando y demudada la color. No fue obra de la cabeza, dice Cuevas, ni menos de la crítica; fue tan sólo la explosión de un corazón herido y humillado''&amp;quot;. Al llegar el nuevo arzobispo, fray Alonso de Montúfar, tomó personalmente el cuidado de la incipiente devoción guadalupana, puso de capellán de la ermita levantada por Zumárraga a un sacerdote secular, y se dio con generosidad y celo a reunir recursos para levantar un templo más digno de la petición de la Virgen, pues la anterior ermita era &amp;quot;''muy moderadita, de adobe, sin género de cal y canto''&amp;quot;. Montúfar bendijo e inauguró su templo diez años después de este sermón, en el año de 1566 y sus medidas (10 x 6 metros y casi siete de alto) eran como tres veces mayores a la ermita que levantó Zumárraga en las prisas de 1531, dos semanas después de las apariciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sermón de Bustamante ya entonces, fue la mejor ayuda que inconscientemente podía dar a la causa guadalupana. Promovió su culto, encendió mayor devoción y, en lo que a nosotros interesa, demostró que los ataques a nuestra Virgen provienen, no de la severidad crítica y acuciosa, sino de pasiones temperamentales y motivos mezquinos, que no alcanzan categoría como para ser llamados argumentos. Bustamante aceptó con humildad el fallo, se retiró a Cuernavaca, por lo que el arzobispo Montúfar sobreseyó la causa, archivó el proceso, que permaneció inédito hasta el siglo XIX. (v. Bustamante fray Francisco de)&lt;br /&gt;
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==Segundo momento: la memoria de Juan Bautista Muñoz&amp;lt;ref&amp;gt;-&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
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Existe entre los eruditos, a partir de Juan B. Muñoz y de su fiel seguidor Joaquín García Icazbalceta, una especie de fruición por desmantelar todo lo que pueda apoyar el origen sobrenatural y a las mismas apariciones de María a Juan Diego en el Tepeyac. Se advierte un intenso regusto al desacreditar la tradición guadalupana. Ante el gozoso testimonio que desde Perú escribe el jesuita Juan de Alloza (1654), dicen que &amp;quot;''aventajó en mentiras a Miguel Sánchez''&amp;quot;. También fray Luis de Cisneros, mercedario mexicano, en su Historia de la Virgen María de los Remedios, impresa en México el año de 1621, habla ciertamente de Nuestra Señora de Guadalupe, pero no como aparecida: (sino que Dios para manifestar lo grato que le es el culto de las imágenes, obra por su medio singulares favores o milagros), diciendo que es una imagen que se venera «casi» desde que se ganó la tierra. &amp;quot;''Ese casi no puede referirse a 1531, es decir, doce años después de conquistada: tal vez se refiere a 1524, que fue el año en que llegaron los doce franciscanos a la Nueva España y, como queda dicho, pusieron una imagen en sustitución al ídolo de la madre de los dioses''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
Se insiste, para desprestigiar la verdad histórica de la aparición, en que la Virgen quería el templo en el cerro, sin hacer caso de que expresamente le dice a Juan Diego: &amp;quot;''y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que «aquí en el llano» me edifiquen un templo.''&amp;quot; Afirman pues que no respetaron la voluntad de la aparecida, y que por eso se confirma que, lejos de ser histórica su aparición, es una fábula. Hasta del preciso y precioso informe de Bernal Díaz del Castillo, que en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España dice: &amp;quot;''... y la santa casa de Nuestra Señora de Guadalupe, que está en lo de Tepeaquilla... y miren los santos milagros que ha hecho y hace cada día, y démosle muchas gracias a Dios y a su bendita Madre nuestra Señora por ello...''&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ernesto de la Torre comenta en su libro Testimonios Históricos Guadalupanos: &amp;quot;''Brillante oportunidad para decir algo que nos indicase la aparición, pues de las palabras citadas, en rigurosa lógica, lo único que se deduce es que la Virgen de Guadalupe hacía milagros en su santa casa… Dureza mental de tantos «eruditos», empeñados en negar que hiciera a México la singular merced de aparecerse a uno de sus más pequeños, Juan Diego y, en él, a todos los que el Evangelio alaba: «te doy gracias, padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los sencillos».''”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También desprecian el valioso y directo testimonio de Suárez de Peralta (1589) sobre la entrada del virrey a México: “''llegó a nuestra Señora de Huadalupe, que es una imagen devotísima, que está de México como dos lehuechuelas, la cual ha hecho muchos milagros (aparecióse entre unos riscos, y a esta devoción acude toda la tierra), y de ahí entró en México, y aquel día se le hizo gran fiesta de a caballo, con libreas de seda, que fue una escaramuza de muchos de a caballo, muy costosa”. Sin argumento alguno, reparan para sacar adelante su prejuicio; “Esta aparición no es la del Ayate…, aunque fuese entre unos riscos y acuda a ella toda la tierra''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''', pp. 42-44&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUADALUPE;_Antiaparicionismo&amp;diff=5383</id>
		<title>GUADALUPE; Antiaparicionismo</title>
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		<updated>2014-07-25T15:21:32Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Primer momento: el sermón de Francisco de Bustamante- */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Siempre han existido antiguadalupanos; ya sea porque rechazan el consolador influjo de la Virgen de Guadalupe sobre los dolores de las gentes que sufren, o porque niegan lo sobrenatural de la devoción, atribuyéndolo todo a engaño de la Iglesia, de la que dicen “inventó” la aparición para ganarse la adhesión de los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El antiaparicionismo ha tenido tres momentos cruciales: a.) La llamarada de petate que levantó fray Francisco de Bustamante en 1556. b.) La tecnificación de ese antiaparicionismo con la “memoria” de Muñoz en España. c.) La carta de García Icazbalceta en México. A esto hay que agregar el escándalo promovido a raíz de la coronación de la Virgen en 1895 y la ampliación de la basílica para alargar el presbiterio y quitar el coro central, que restaba espacio y visibilidad a las multitudes, crecientes cada año. Añádase a esto la insistencia de los protestantes que atacan la devoción a la Virgen como supuesta muestra de una idolatría que se empeñan en ver dentro de la piedad católica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primer momento: el sermón de Francisco de Bustamante&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera fuente de oposición viene de un hombre desconcertante, docto, virtuoso, superior provincial de la Orden de San Francisco y con varios otros cargos de responsabilidad: fray Francisco de Bustamante, quien llenaba los templos donde iba a predicar: también estaba al tope de ávidos oyentes suyos, la capilla de San José en el convento de San Francisco de la capital, en aquel 8 de septiembre de 1556, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora. Entre esos oyentes se contaban el virrey, oidores de la audiencia y demás mandatarios de aquel México piadoso y pintoresco. Habló de la devoción y culto a la Virgen del Tepeyac. Nunca lo hubiera hecho ni puesto juntos tantos dislates. Fray Alonso de Montúfar, arzobispo sucesor de Zumárraga, dispuso una información oficial, con ocho testigos llamados a declarar y un noveno, Juan de Masseguer, que se presentó espontáneamente, movido por la indignación general que había suscitado el sermón de Bustamante. Entre sus disparates, decía que la Virgen de Guadalupe había sido pintada por un indio; que la adoraban como si fuera Dios; que tal devoción carecía de sólido fundamento y que se dieran cien azotes al primero que dijo que esta Virgen hacía milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El efecto de estas aseveraciones fue contrario a lo que pretendía Bustamante; lejos de apagar la devoción hacia la Guadalupana, la encendió aún más, pues la reacción fue de escándalo contra el predicador y desagravio hacia la imagen tan desconcertantemente atacada. Ocho años nada más habían pasado desde que murieran Juan Diego y fray Juan de Zumárraga, de quienes todos habían escuchado la narración de los hechos históricos, tal como hoy los conocemos. Por eso Juan de Masseguer aseveraba: “''Hubo gran escándalo en el auditorio y lo ha habido en la Ciudad''”. Bien a bien los muchos que han tratado este tema no han logrado explicar por qué Bustamante actuó así, con un exabrupto tan imprudente y ofensivo para la general aceptación de la devoción guadalupana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mariano Cuevas S.J. es quien mejor ha trazado la línea psicológica por la que Bustamante llegó a este frenético ataque, &amp;quot;''todo temblando y demudada la color. No fue obra de la cabeza, dice Cuevas, ni menos de la crítica; fue tan sólo la explosión de un corazón herido y humillado''&amp;quot;. Al llegar el nuevo arzobispo, fray Alonso de Montúfar, tomó personalmente el cuidado de la incipiente devoción guadalupana, puso de capellán de la ermita levantada por Zumárraga a un sacerdote secular, y se dio con generosidad y celo a reunir recursos para levantar un templo más digno de la petición de la Virgen, pues la anterior ermita era &amp;quot;''muy moderadita, de adobe, sin género de cal y canto''&amp;quot;. Montúfar bendijo e inauguró su templo diez años después de este sermón, en el año de 1566 y sus medidas (10 x 6 metros y casi siete de alto) eran como tres veces mayores a la ermita que levantó Zumárraga en las prisas de 1531, dos semanas después de las apariciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sermón de Bustamante ya entonces, fue la mejor ayuda que inconscientemente podía dar a la causa guadalupana. Promovió su culto, encendió mayor devoción y, en lo que a nosotros interesa, demostró que los ataques a nuestra Virgen provienen, no de la severidad crítica y acuciosa, sino de pasiones temperamentales y motivos mezquinos, que no alcanzan categoría como para ser llamados argumentos. Bustamante aceptó con humildad el fallo, se retiró a Cuernavaca, por lo que el arzobispo Montúfar sobreseyó la causa, archivó el proceso, que permaneció inédito hasta el siglo XIX. (v. Bustamante fray Francisco de)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Segundo momento: la memoria de Juan Bautista Muñoz&amp;lt;ref&amp;gt;-&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Existe entre los eruditos, a partir de Juan B. Muñoz y de su fiel seguidor Joaquín García Icazbalceta, una especie de fruición por desmantelar todo lo que pueda apoyar el origen sobrenatural y a las mismas apariciones de María a Juan Diego en el Tepeyac. Se advierte un intenso regusto al desacreditar la tradición guadalupana. Ante el gozoso testimonio que desde Perú escribe el jesuita Juan de Alloza (1654), dicen que &amp;quot;''aventajó en mentiras a Miguel Sánchez''&amp;quot;. También fray Luis de Cisneros, mercedario mexicano, en su Historia de la Virgen María de los Remedios, impresa en México el año de 1621, habla ciertamente de Nuestra Señora de Guadalupe, pero no como aparecida: (sino que Dios para manifestar lo grato que le es el culto de las imágenes, obra por su medio singulares favores o milagros), diciendo que es una imagen que se venera «casi» desde que se ganó la tierra. &amp;quot;''Ese casi no puede referirse a 1531, es decir, doce años después de conquistada: tal vez se refiere a 1524, que fue el año en que llegaron los doce franciscanos a la Nueva España y, como queda dicho, pusieron una imagen en sustitución al ídolo de la madre de los dioses''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se insiste, para desprestigiar la verdad histórica de la aparición, en que la Virgen quería el templo en el cerro, sin hacer caso de que expresamente le dice a Juan Diego: &amp;quot;''y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que «aquí en el llano» me edifiquen un templo.''&amp;quot; Afirman pues que no respetaron la voluntad de la aparecida, y que por eso se confirma que, lejos de ser histórica su aparición, es una fábula. Hasta del preciso y precioso informe de Bernal Díaz del Castillo, que en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España dice: &amp;quot;''... y la santa casa de Nuestra Señora de Guadalupe, que está en lo de Tepeaquilla... y miren los santos milagros que ha hecho y hace cada día, y démosle muchas gracias a Dios y a su bendita Madre nuestra Señora por ello...''&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ernesto de la Torre comenta en su libro Testimonios Históricos Guadalupanos: &amp;quot;''Brillante oportunidad para decir algo que nos indicase la aparición, pues de las palabras citadas, en rigurosa lógica, lo único que se deduce es que la Virgen de Guadalupe hacía milagros en su santa casa… Dureza mental de tantos «eruditos», empeñados en negar que hiciera a México la singular merced de aparecerse a uno de sus más pequeños, Juan Diego y, en él, a todos los que el Evangelio alaba: «te doy gracias, padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los sencillos».''”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También desprecian el valioso y directo testimonio de Suárez de Peralta (1589) sobre la entrada del virrey a México: “''llegó a nuestra Señora de Huadalupe, que es una imagen devotísima, que está de México como dos lehuechuelas, la cual ha hecho muchos milagros (aparecióse entre unos riscos, y a esta devoción acude toda la tierra), y de ahí entró en México, y aquel día se le hizo gran fiesta de a caballo, con libreas de seda, que fue una escaramuza de muchos de a caballo, muy costosa”. Sin argumento alguno, reparan para sacar adelante su prejuicio; “Esta aparición no es la del Ayate…, aunque fuese entre unos riscos y acuda a ella toda la tierra''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''', pp. 42-44&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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		<title>GUADALUPE; Antiaparicionismo</title>
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		<updated>2014-07-25T15:20:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Segundo momento: la memoria de Juan Bautista Muñoz- */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Siempre han existido antiguadalupanos; ya sea porque rechazan el consolador influjo de la Virgen de Guadalupe sobre los dolores de las gentes que sufren, o porque niegan lo sobrenatural de la devoción, atribuyéndolo todo a engaño de la Iglesia, de la que dicen “inventó” la aparición para ganarse la adhesión de los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El antiaparicionismo ha tenido tres momentos cruciales: a.) La llamarada de petate que levantó fray Francisco de Bustamante en 1556. b.) La tecnificación de ese antiaparicionismo con la “memoria” de Muñoz en España. c.) La carta de García Icazbalceta en México. A esto hay que agregar el escándalo promovido a raíz de la coronación de la Virgen en 1895 y la ampliación de la basílica para alargar el presbiterio y quitar el coro central, que restaba espacio y visibilidad a las multitudes, crecientes cada año. Añádase a esto la insistencia de los protestantes que atacan la devoción a la Virgen como supuesta muestra de una idolatría que se empeñan en ver dentro de la piedad católica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primer momento: el sermón de Francisco de Bustamante&amp;lt;ref&amp;gt;-&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera fuente de oposición viene de un hombre desconcertante, docto, virtuoso, superior provincial de la Orden de San Francisco y con varios otros cargos de responsabilidad: fray Francisco de Bustamante, quien llenaba los templos donde iba a predicar: también estaba al tope de ávidos oyentes suyos, la capilla de San José en el convento de San Francisco de la capital, en aquel 8 de septiembre de 1556, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora. Entre esos oyentes se contaban el virrey, oidores de la audiencia y demás mandatarios de aquel México piadoso y pintoresco. Habló de la devoción y culto a la Virgen del Tepeyac. Nunca lo hubiera hecho ni puesto juntos tantos dislates. Fray Alonso de Montúfar, arzobispo sucesor de Zumárraga, dispuso una información oficial, con ocho testigos llamados a declarar y un noveno, Juan de Masseguer, que se presentó espontáneamente, movido por la indignación general que había suscitado el sermón de Bustamante. Entre sus disparates, decía que la Virgen de Guadalupe había sido pintada por un indio; que la adoraban como si fuera Dios; que tal devoción carecía de sólido fundamento y que se dieran cien azotes al primero que dijo que esta Virgen hacía milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El efecto de estas aseveraciones fue contrario a lo que pretendía Bustamante; lejos de apagar la devoción hacia la Guadalupana, la encendió aún más, pues la reacción fue de escándalo contra el predicador y desagravio hacia la imagen tan desconcertantemente atacada. Ocho años nada más habían pasado desde que murieran Juan Diego y fray Juan de Zumárraga, de quienes todos habían escuchado la narración de los hechos históricos, tal como hoy los conocemos. Por eso Juan de Masseguer aseveraba: “''Hubo gran escándalo en el auditorio y lo ha habido en la Ciudad''”. Bien a bien los muchos que han tratado este tema no han logrado explicar por qué Bustamante actuó así, con un exabrupto tan imprudente y ofensivo para la general aceptación de la devoción guadalupana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mariano Cuevas S.J. es quien mejor ha trazado la línea psicológica por la que Bustamante llegó a este frenético ataque, &amp;quot;''todo temblando y demudada la color. No fue obra de la cabeza, dice Cuevas, ni menos de la crítica; fue tan sólo la explosión de un corazón herido y humillado''&amp;quot;. Al llegar el nuevo arzobispo, fray Alonso de Montúfar, tomó personalmente el cuidado de la incipiente devoción guadalupana, puso de capellán de la ermita levantada por Zumárraga a un sacerdote secular, y se dio con generosidad y celo a reunir recursos para levantar un templo más digno de la petición de la Virgen, pues la anterior ermita era &amp;quot;''muy moderadita, de adobe, sin género de cal y canto''&amp;quot;. Montúfar bendijo e inauguró su templo diez años después de este sermón, en el año de 1566 y sus medidas (10 x 6 metros y casi siete de alto) eran como tres veces mayores a la ermita que levantó Zumárraga en las prisas de 1531, dos semanas después de las apariciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sermón de Bustamante ya entonces, fue la mejor ayuda que inconscientemente podía dar a la causa guadalupana. Promovió su culto, encendió mayor devoción y, en lo que a nosotros interesa, demostró que los ataques a nuestra Virgen provienen, no de la severidad crítica y acuciosa, sino de pasiones temperamentales y motivos mezquinos, que no alcanzan categoría como para ser llamados argumentos. Bustamante aceptó con humildad el fallo, se retiró a Cuernavaca, por lo que el arzobispo Montúfar sobreseyó la causa, archivó el proceso, que permaneció inédito hasta el siglo XIX. (v. Bustamante fray Francisco de)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Segundo momento: la memoria de Juan Bautista Muñoz&amp;lt;ref&amp;gt;-&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Existe entre los eruditos, a partir de Juan B. Muñoz y de su fiel seguidor Joaquín García Icazbalceta, una especie de fruición por desmantelar todo lo que pueda apoyar el origen sobrenatural y a las mismas apariciones de María a Juan Diego en el Tepeyac. Se advierte un intenso regusto al desacreditar la tradición guadalupana. Ante el gozoso testimonio que desde Perú escribe el jesuita Juan de Alloza (1654), dicen que &amp;quot;''aventajó en mentiras a Miguel Sánchez''&amp;quot;. También fray Luis de Cisneros, mercedario mexicano, en su Historia de la Virgen María de los Remedios, impresa en México el año de 1621, habla ciertamente de Nuestra Señora de Guadalupe, pero no como aparecida: (sino que Dios para manifestar lo grato que le es el culto de las imágenes, obra por su medio singulares favores o milagros), diciendo que es una imagen que se venera «casi» desde que se ganó la tierra. &amp;quot;''Ese casi no puede referirse a 1531, es decir, doce años después de conquistada: tal vez se refiere a 1524, que fue el año en que llegaron los doce franciscanos a la Nueva España y, como queda dicho, pusieron una imagen en sustitución al ídolo de la madre de los dioses''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se insiste, para desprestigiar la verdad histórica de la aparición, en que la Virgen quería el templo en el cerro, sin hacer caso de que expresamente le dice a Juan Diego: &amp;quot;''y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que «aquí en el llano» me edifiquen un templo.''&amp;quot; Afirman pues que no respetaron la voluntad de la aparecida, y que por eso se confirma que, lejos de ser histórica su aparición, es una fábula. Hasta del preciso y precioso informe de Bernal Díaz del Castillo, que en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España dice: &amp;quot;''... y la santa casa de Nuestra Señora de Guadalupe, que está en lo de Tepeaquilla... y miren los santos milagros que ha hecho y hace cada día, y démosle muchas gracias a Dios y a su bendita Madre nuestra Señora por ello...''&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ernesto de la Torre comenta en su libro Testimonios Históricos Guadalupanos: &amp;quot;''Brillante oportunidad para decir algo que nos indicase la aparición, pues de las palabras citadas, en rigurosa lógica, lo único que se deduce es que la Virgen de Guadalupe hacía milagros en su santa casa… Dureza mental de tantos «eruditos», empeñados en negar que hiciera a México la singular merced de aparecerse a uno de sus más pequeños, Juan Diego y, en él, a todos los que el Evangelio alaba: «te doy gracias, padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los sencillos».''”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También desprecian el valioso y directo testimonio de Suárez de Peralta (1589) sobre la entrada del virrey a México: “''llegó a nuestra Señora de Huadalupe, que es una imagen devotísima, que está de México como dos lehuechuelas, la cual ha hecho muchos milagros (aparecióse entre unos riscos, y a esta devoción acude toda la tierra), y de ahí entró en México, y aquel día se le hizo gran fiesta de a caballo, con libreas de seda, que fue una escaramuza de muchos de a caballo, muy costosa”. Sin argumento alguno, reparan para sacar adelante su prejuicio; “Esta aparición no es la del Ayate…, aunque fuese entre unos riscos y acuda a ella toda la tierra''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''', pp. 42-44&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ACU%C3%91A_Y_MANRIQUE,_Juan&amp;diff=5380</id>
		<title>ACUÑA Y MANRIQUE, Juan</title>
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		<updated>2014-07-25T15:14:17Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Lima, 1658; México, 1734) Virrey de Nueva España.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su padre fue Juan Vázquez de Acuña, Marqués de Escalona y Casa Fuerte. Inició su carrera militar como capitán de infantería, llegando a ser general de artillería y gobernador de Messina en Sicilia, donde fue después capitán general; comandante general de Aragón y Mallorca; caballero de la orden militar de Santiago; comendador de Aldea, de la de Alcántara; capitán general de los reales ejércitos y del Consejo de su Majestad. En 1722 fue nombrado trigésimo séptimo virrey, gobernador y capitán general de la Nueva España, así como presidente de su real Audiencia; hizo su entrada solemne a la ciudad de México el 15 de octubre del mismo año de 1722.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Logró la reducción definitiva de Nayarit; estableció en Orizaba una fundición de cañones; aceleró el desagüe de las minas de estaño. En 1724 reorganizó las provincias internas y especialmente las guarniciones de Ulúa, El Carmen, Panzacola y Bahía del Espíritu Santo, reglamentando las de México y Veracruz. Luchó contra los ingleses en Belice. Acuña y Manrique se encargó de reunir a todos los plateros en la antigua calle de San Francisco, que apartir de esde momento se llamaría calle de Plateros  (hoy calle Francisco I. Madero) con el fin de reglamentar el peso y el costo de su mercancía. En 1728 reanudó la publicación de la Gaceta de México, que publicaba Castoreña y Ursúa, desde 1722 y que se había suspendido; en 1730 se estrenó, en el coro de la catedral de México, la magnífica reja, construida en Macao, China.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1731 construyó la Aduana y la Casa de Moneda, mandando acuñar más de 10 millones de pesos en plata y 151,560 en oro, prohibiendo la moneda cortada y reglamentando la redonda, fijando la ley que debería tener. También en ese año asistió al II Centenario de las Apariciones Guadalupanas, en compañía de la Real Audiencia, Tribunales y Noble Ayuntamiento, luciendo la indumentaria de gala propia de su rango. Durante su gobierno, en 1725, Su Santidad Benedicto XIII expidió la bula de erección de la Insigne y Real Colegiata de Santa María de Guadalupe, la cual no se llevó a cabo por la muerte del arzobispo fray José Lanciego, comisionado para ello. Juan de Acuña fue considerado un buen virrey; por ello la Corona prorrogó su mandato hasta su fallecimiento, ocurrido en la ciudad de México en 1734.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* '''© ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''', p. 4.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=ACU%C3%91A_Y_MANRIQUE,_Juan&amp;diff=5379</id>
		<title>ACUÑA Y MANRIQUE, Juan</title>
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		<updated>2014-07-25T15:13:38Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
'''(Lima, 1658; México, 1734) Virrey de Nueva España.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su padre fue Juan Vázquez de Acuña, Marqués de Escalona y Casa Fuerte. Inició su carrera militar como capitán de infantería, llegando a ser general de artillería y gobernador de Messina en Sicilia, donde fue después capitán general; comandante general de Aragón y Mallorca; caballero de la orden militar de Santiago; comendador de Aldea, de la de Alcántara; capitán general de los reales ejércitos y del Consejo de su Majestad. En 1722 fue nombrado trigésimo séptimo virrey, gobernador y capitán general de la Nueva España, así como presidente de su real Audiencia; hizo su entrada solemne a la ciudad de México el 15 de octubre del mismo año de 1722.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Logró la reducción definitiva de Nayarit; estableció en Orizaba una fundición de cañones; aceleró el desagüe de las minas de estaño. En 1724 reorganizó las provincias internas y especialmente las guarniciones de Ulúa, El Carmen, Panzacola y Bahía del Espíritu Santo, reglamentando las de México y Veracruz. Luchó contra los ingleses en Belice. Acuña y Manrique se encargó de reunir a todos los plateros en la antigua calle de San Francisco, que apartir de esde momento se llamaría calle de Plateros  (hoy calle Francisco I. Madero) con el fin de reglamentar el peso y el costo de su mercancía. En 1728 reanudó la publicación de la Gaceta de México, que publicaba Castoreña y Ursúa, desde 1722 y que se había suspendido; en 1730 se estrenó, en el coro de la catedral de México, la magnífica reja, construida en Macao, China.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1731 construyó la Aduana y la Casa de Moneda, mandando acuñar más de 10 millones de pesos en plata y 151,560 en oro, prohibiendo la moneda cortada y reglamentando la redonda, fijando la ley que debería tener. También en ese año asistió al II Centenario de las Apariciones Guadalupanas, en compañía de la Real Audiencia, Tribunales y Noble Ayuntamiento, luciendo la indumentaria de gala propia de su rango. Durante su gobierno, en 1725, Su Santidad Benedicto XIII expidió la bula de erección de la Insigne y Real Colegiata de Santa María de Guadalupe, la cual no se llevó a cabo por la muerte del arzobispo fray José Lanciego, comisionado para ello. Juan de Acuña fue considerado un buen virrey; por ello la Corona prorrogó su mandato hasta su fallecimiento, ocurrido en la ciudad de México en 1734.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* '''©ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''', p. 4.&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MONUMENTA_CARTOGR%C3%81FICA_VATICANA&amp;diff=5378</id>
		<title>MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA</title>
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		<updated>2014-07-24T22:10:15Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Biliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblioteca Apostólica Vaticana (BAV) posee un  patrimonio cultural inestimable: 82mil manuscritos, reunidos a lo largo de los siglos y conservados con sumo cuidado. Ha comenzado la digitalización de los mismos. Tiene firmado un acuerdo la Ntt Data para tal finalidad, un proyecto que irá adelante a lo largo de varios años, dada la cantidad inmensa de manuscritos presentes en la Biblioteca. Será una obra  en favor de la conservación y de la divulgación de esta montaña de documentos que suman no menos de 40 millones de páginas. De entre los manuscritos cartográficos presentes en dicha Biblioteca podemos citar los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) Girolamo da Verrazano, Planisferio, Roma 1529: BAV Borgiano 1: Planisferio en pergamino de 130 x 260 cm, en color; trazado según un « padrón real» ibérico; tiene forma de carta geográfica. La autoría consta por una inscripción en alto: «Hyeronimus da Verrazano faciebat». El autor fue hermano del famoso navegante florentino Giovanni da Verrazano.&lt;br /&gt;
Bellio, ''Notizia'', 135-137; Almagia, ''Planisferi'', 53-55, láms. XXIX-XXVI; Rainero, « Manoscritti cartografici », 30, n° 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) Anónimo, ''Planisferio'', c. 1530: BAV Borgiano II: Enorme planisferio en pergamino de 146 x 209 cm, en color; hecho en forma de carta náutica, con el Nuevo Mundo en el centro. Deriva de un «padrón real» ibérico copiado por un autor italiano, probablemente veneziano, poco práctico en el diseño cartográfico y descuidado en la trascripción y traducción de las palabras. &lt;br /&gt;
Bellio, ''Notizia'', 138-39; Almagia,'' Planisferi'', 56-57; Rainero, «Manoscritti cartografici», 30-31, n° 29.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) Diego Ribero, ''Planisferio'', Sevilla 1529: BAV Borgiano III: Planisferio en perg. de 84,2 x 197 cm, en color; representa el mundo conocido hasta entonces. A lo largo de los márgenes superior e inferior está esta inscripción: «Carta universal en que se contiene todo lo que del mundo se ha descubierto fasta agora hizola Diego Ribero cosmographo de Su Magestad Ano de 1529 en Sevilla / La qual se devide en dos partes conforme a la capitulación que Hicieron los catholicos Reyes de España y el rey don Juan de Portugal en Tordesillas ano 1494». Diego Ribero, portugués, trabajó en Sevilla y fue uno de los cosmógrafos de la «Casa de Contratación», los cuales se encargaban de tener al día la carta náutica oficial, que servía de modelo o «padrón real» para los demás cosmógrafos. Por sus aportaciones a los nuevos conocimientos geográficos y por la elegancia y finura de sus líneas, el planisferio vaticano de Ribero es uno de los más preciosos documentos cartográficos de la época de los grandes descubrimientos.&lt;br /&gt;
Bellio, ''Notizia'', 127-31; Almagiá, ''Planisferi'', 50-52, láms XXI-XXIII; Rainero, «Manoscritti cartografici», 29, n° 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4) Anónimo, ''Atlante'', 1536: BAV Vat. Lat. 7586: Atlante en perg. de 37 x 55 cm; en color; interesan los ff. 6v-7r, con un mapa de América (cf. Fig. 183), y los ff. 7v- 8r, con un mapamundi (cf. Fig. 184). Es obra de B. Agnese o de su laboratorio. &lt;br /&gt;
Almagia, ''Planisferi'', 62; Rainero, «Manoscritti cartografici», 35, n° 36. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5) Battista Agnese, Atlante, 1542: BAV Palat. lat. 1886: Atlante en perg. de 19,5 x 29,5 cm, en color; de las 14 láminas que comprende, interesa señalar: ff. 2v-3r, mapamundi (con América); ff. 3v-4r, mapa de América; ff. 4v-5r, carta náutica (con América) (cf. Fig. 186); ff. 12v-13r, mapamundi; ff. 13v-14r, mapamundi. Battista Agnese, genovés, es uno de los más conocidos cartógrafos italianos de la mitad del siglo XVI. &lt;br /&gt;
Almagia, ''Planisferi'', 64-67; Rainero, «Manoscritti cartografici», 36-37, n° 38. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
6) Laboratorio de Agnese, ''Atlante'', c. 1542: BAV Barb. lat. 4313: Atlante en perg. del 19,5 x 29,5 cm, en color; ff. 4v-5r, carta náutica de América y Africa; ff. 12v-13r, planisferio oval (con América). No es de Agnese, pero sí de su laboratorio. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 70; Rainero, «Manoscritti cartografici», 38, n° 40. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7) Laboratorio de Agnese, ''Atlante'', Venecia c. 1542: BAV Barb. lato 4431°: Atlante en perg. de 44 x 64,5 cm, en color; ff. 7v-8r, mapa con América y Africa; ff. 8v-9r, mapamundi oval. Obra del laboratorio de Agnese. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 63; Rainero, «Manoscritti cartografici», 35-36, n° 37. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8) Laboratorio de Agnese, ''Atlante'', c. 1542: BAV Barb. lato 4357: Atlante en perg. de 21,8 x 35,5 cm, en color; trazado en forma de cartas náuticas; ff. 4v-5r, Nuevo Mundo y Océano Pacífico; ff. 5v-6r, Nuevo Mundo, Océano Atlántico y Africa; ff. 13v-14r, planisferio oval. Se admite que el atlante proviene del laboratorio de Agnese. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 68-69; Rainero, «Manoscritti cartografici»,37, n° 39. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9) Laboratorio de B. Olives, ''Atlante'', Messina 1562: BAV Urb. lato 283: Atlante en perg. de 31,3 x 43,5 cm, en color; los 14 mapas que comprende están todos trazados en forma de cartas náuticas; los lugares costeros van indicados en castellano-mallorquín; ff. 9v-lOr, costas meridionales de la América del Sur; ff. 12v-13r, costas de la América meridional; ff. 13v-14r, Centroamérica. Bartolomé Olives fue un cartógrafo mallorquín que trabajó en Mesina. Se conocen varios atlantes suyos. Este es el más rico y completo. Es uno de los documentos cartográficos más bellos que posee la Biblioteca Vaticana. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 72-75; Rainero, «Manoscritti cartografici», 39-40, n° 42, láms. XIII-XIV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
10) Anónimo, ''Atlante'', segunda mitad del s. XVI: BAV Rossiano 214: Atlante en perg. de 20,5 x 32,3 cm, en color; ff. 3v-4r, carta náutica con América; ff. 13v-14r, planisferio oval. Muy semejante al Palat. lat. 1886, por lo cual se le considera como una copia fiel del atlante de Agnese hecha en la segunda mitad de S. XVI. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 71; Rainero, «Manoscritti cartografici», 38-39, n° 41. &lt;br /&gt;
En 1944, presentando el primer volumen de Monumenta Cartographica Vaticana de Roberto Almagiá, el entonces Prefecto de la Biblioteca Vaticana, A. M. Albareda, escribía: «Questi monumenti Cartografici Vaticani renderanno, tra l'altro, palese come in Roma, centro della Chiesa e dell'apostolato universale, la scienza geografica sia stata coltivata e promossa con un intento di utílitá reale e diretta. come quella che doveva aprire e illuminare le nuove e sempre piú lontane strade ai messi pacifici dei Principi degli Apostoli», A. M. Albareda, «Presentazione», ''Monumenta Cartographica Vaticana'' 1 (Cittá del Vaticano 1944) V.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Biliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acerca de la Cartografía americana del siglo XVI en general, además de la bibliografía ya citada, véanse los siguientes autores: &lt;br /&gt;
E.L. Stevenson, ''Maps illustrating Early Discovery and Exploration in America 1502-1530'', ''reproduced by Photography from the original Manuscrits'' (New Brunswick, New Jersey, 1903); P. Revelli, ''Terre d'America e archivi d'Italia'' (Milano 1926); Almagiá, ''Carte geografiche''; Duque de Alba, ''Mapas españoles de América''. ''Siglos XV-XVI'' (Madrid 1951); C. Sanz, ''La Geografia de Ptolomeo ampliada con los primeros mapas impresos de América (desde 1507). Estudio bibliográfico y critico, con catálogo de las ediciones aparecidas desde 1475 a 1883, comentado e ilustrado (Madrid 1959);'' A. Cortesao-A. Teixeira da Mota, ''Portugaliae Monumenta Cartographica'' 1-6 (Lisboa 1:- 1962); E. Klemp, ''America in Maps dating from 1500 to 1856'' (New York-London 1976). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992.222-233)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=RAUW,_Johann&amp;diff=5326</id>
		<title>RAUW, Johann</title>
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		<updated>2014-07-23T15:07:03Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''RAUW Johann. (Meimbressen, ? ; Wetter, 1600) Pastor luterano; cosmógrafo.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde 1569 fue pastor [protestante luterano] en Kirchlothheim y luego en Wetter, población donde murió. En su ''Cosmographia''. D''as ist: Ein schone, richtige vnd volkomliche Beschreibung dess Gottliche Geschöpffs, Himmels vnd der Erden'' ... , Franckfort am Mayn, Durch N. Bassaeum, 1597 , dedica a la descripción «der Newen Welt» (del Nuevo Mundo) sólo cuatro páginas (pp. 1027-1031) de las 1076 que integran su inmenso in-folio con un formato de 36,5 por 23 cm. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo más interesante es el mapamundi grabado en la página 139, a imitación del de G. Mercator, pero con la imagen de Cristo colocada al norte del Nuevo Mundo, dentro de una cornisa oval de 31,5 por 21,5 cm, y una inscripción en torno que dice: «Dominus noster Iesus Christus totius mundi conditor, redemptor et futurus iudex». El dibujo del Nuevo Mundo es todavía muy impreciso y desproporcionadamente grande en la parte septentrional y reducido en la meridional; el mapa, plano, tanto en las tierras del polo norte como en las que llama “Terra Australis nondum cognita”, forman dos inmensas plataformas que corren a lo largo de todo el mapa terrestre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al pie de la cornisa, esta sentencia de Cicerón: «Quid ei potest videri magnum in rebus humanis cui aeternitas omnis totiusque mundi nota sit magnitudo. Cicero [Cic., Tuscul 4, 37]». Indudablemente, desde el punto de vista protestante en que se encuentra Rauw, su visión de América queda ilustrada coherentemente: se trata del Cristo creador, redentor y último juez, no del Cristo evangelizador   que llevaban los misioneros y los conquistadores. Eficaz también su sentenciosa advertencia: ¿qué cuenta la potencia humana frente a la eternidad y a la magnitud del universo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* F. Rassel, «Rauw, Johannes», ''Allgemeine Deutsche Biographie'' 27 (Leipzig 1888) 461-63; ''Acta Cartographica: A series of monographs and studies on the history of cartography, reprinted from periodicals since 1800 from periodicals since 1800'', 4 (1969) 58; 20 (1975) 428.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=M%C3%9CNSTER,_Sebastian&amp;diff=5324</id>
		<title>MÜNSTER, Sebastian</title>
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		<updated>2014-07-23T15:05:31Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Biliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(Ingelheim, 1489; Basel, 1552) Cosmógrafo y políglota'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se hizo franciscano y más tarde pasó a la Reforma protestante. Además de sabio hebraísta, fue uno de los buenos geógrafos y matemáticos de su tiempo.  Sus obras cartográficas son: ''Geographia universalis vetus et nova'', Basileae, per Henricum Petrum, 1545 (en BAV R. I. II.64); ''Cosmographiae universalis libri VI'', Basileae, apud Henricum Petrum, 1550, mense martio (en BAV RG ''Geografia II.112'').&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su ''Geographia universalis vetus et nova'' lleva al final una serie de mapas relativos a las diversas regiones de Europa, Asia y África, abriendo la serie una «Descriptio orbis generalis» o «Typus orbis a Ptol[omaeo] descriptvs» y, a continuación, sigue una «Orbis vniversalis descriptio» o « Typus vniversalis », que incluye también a América; es un planisferio en forma oval de 34 cm de ancho por 17 cm de alto, colocado dentro de una plancha rectangular de 34 x 26 cm. La ''Cosmographia universalis libri VI'' es, sin duda, la obra más importante de Münster, no sólo por su amplitud temática, sino también por su voluminosa mole de 1.175 páginas. Está dedicada al emperador Carlos V en marzo de 1550. Después de la dedicatoria y del «Index cosmographicus» va intercalado un atlante de 14 cuadernillos, de los que interesa señalar el primero y el último.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El primero presenta un planisferio que incluye a América y lleva por título: ''Typus orbis vniversalis''; de las mismas proporciones que el anterior, aunque con modalidades diversas; el último cuadernillo contiene un mapa de América, de 33,5 x 25,5 cm, con este título: ''Tabula nouarum insularum, quas diuersis respectibus Occidentales et Indianas uocant''. A los descubrimientos de los portugueses en Asia y de los españoles en América están dedicadas sólo las últimas catorce páginas del libro V de este inmenso in-folio. Por lo que se refiere a América, cronológicamente se quedan en los primeros años del siglo XVI y se ocupan sólo de los tres primeros viajes colombinos y de los cuatro de Américo Vespucio. De aquí se puede pensar que sus fuentes fueron las tres primeras décadas de Pedro Mártir de Anglería y las relaciones de Vespucio. Pero las usa a su modo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A pesar de su brevedad, dedica todo un apartado para describir como los «Hispani abutuntur officio insulanorum» (pp. 1102-03). En toda la parte dedicada a América no se dice una palabra ni sobre la religión de los naturales ni sobre los comienzos de la evangelización, y eso que en la Primera Década de P. Mártir,  Münster tuvo que haber visto la relación de fray Ramón Pané sobre ritos y creencias religiosas de los isleños. Este silencio sobre el factor religioso es tanto más extraño cuanto que Münster promete desde el título mismo de la obra describir «omnium gentium mores, leges, religio», según los autores más fidedignos. Es de creer que no haya querido mezclar la cruz con la espada. Pero en este supuesto tampoco se mostraba coherente consigo mismo. En la dedicatoria elogia a Carlos V por sus dos expediciones militares a Africa, «cum summa gloria factas», de las que «deuicto saevo christiani nominis hoste, magno cum triumpho rediit»; los enemigos del nombre cristiano eran obviamente los que seguían «epilecticum Mahometum et illius vesanum dogma». Münster, como se ve, no condena la guerra en sí misma. No cita, en cambio, las victorias que Carlos V había cosechado en América mediante sus capitanes. [El mapa de América, como resulta del ''Cosmographiae…libri'' VI muy imaginaria y aproximativa, aunque contiene nombres geográficos reales impuestos tras los descubrimientos].&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ''Cosmografía de Münster'' conoció hasta 1650 unas cuarenta y seis entre ediciones y traducciones (de las cuales diecisiete son alemanas)&amp;lt;ref&amp;gt;La Biblioteca Vaticana posee, además del ya citado, ejemplares de las siguientes: Basilea 1558 (en alemán): Palatina II. 234; Basilea 1558 (en italiano): ''Barberini P. IX. 24, Chigi II''. 862; Basilea 1561 (en alemán): Rossiana 3037; Basilea 1572: ''Barberini P. IX. 26''; París 1575 (en francés): ''Barberini P. IX'', 27-28; Colonia 1575 (en italiano): ''RG Geografía 11. 74, Barberini P. IX. 25, Capponi III. 125''; Basilea 1578 (en alemán): ''Palatina I. 20''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por su difusión, la obra de Münster puede ser considerada como uno de los mayores vehículos de la caricatura de América en Europa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Biliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sebastian Münster, ''Geographia universalis vetus et nova'', Basileae, per Henricum Petrum, 1545 (en BAV R. 1. 11. 64); ''Cosmographiae universalis libri VI'', Basileae, apud Henricum Petrum, 1550, mense martio (en BAV RG Geografia 11. 112); V. Hantzsch, ''Sebastian Müster. Leben, Werk, Wissenschaftliche Bedeutung'' (Leipzig 1898); H. Phillips Jr., «An account of two maps of America published respectively in 1550 and 1555», ''Proceedings of the New Jersey Historical Society'' 6 (1880) 105-09; ''Acta cartographica'' 7 (1970) 327-31. '''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MONUMENTA_CARTOGR%C3%81FICA_VATICANA&amp;diff=5323</id>
		<title>MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA</title>
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		<updated>2014-07-23T15:04:28Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Biliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Biblioteca Apostólica Vaticana (BAV) posee un  patrimonio cultural inestimable: 82mil manuscritos, reunidos a lo largo de los siglos y conservados con sumo cuidado. Ha comenzado la digitalización de los mismos. Tiene firmado un acuerdo la Ntt Data para tal finalidad, un proyecto que irá adelante a lo largo de varios años, dada la cantidad inmensa de manuscritos presentes en la Biblioteca. Será una obra  en favor de la conservación y de la divulgación de esta montaña de documentos que suman no menos de 40 millones de páginas. De entre los manuscritos cartográficos presentes en dicha Biblioteca podemos citar los siguientes:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
1) Girolamo da Verrazano, Planisferio, Roma 1529: BAV Borgiano 1: Planisferio en pergamino de 130 x 260 cm, en color; trazado según un « padrón real» ibérico; tiene forma de carta geográfica. La autoría consta por una inscripción en alto: «Hyeronimus da Verrazano faciebat». El autor fue hermano del famoso navegante florentino Giovanni da Verrazano.&lt;br /&gt;
Bellio, ''Notizia'', 135-137; Almagia, ''Planisferi'', 53-55, láms. XXIX-XXVI; Rainero, « Manoscritti cartografici », 30, n° 28.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
2) Anónimo, ''Planisferio'', c. 1530: BAV Borgiano II: Enorme planisferio en pergamino de 146 x 209 cm, en color; hecho en forma de carta náutica, con el Nuevo Mundo en el centro. Deriva de un «padrón real» ibérico copiado por un autor italiano, probablemente veneziano, poco práctico en el diseño cartográfico y descuidado en la trascripción y traducción de las palabras. &lt;br /&gt;
Bellio, ''Notizia'', 138-39; Almagia,'' Planisferi'', 56-57; Rainero, «Manoscritti cartografici», 30-31, n° 29.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
3) Diego Ribero, ''Planisferio'', Sevilla 1529: BAV Borgiano III: Planisferio en perg. de 84,2 x 197 cm, en color; representa el mundo conocido hasta entonces. A lo largo de los márgenes superior e inferior está esta inscripción: «Carta universal en que se contiene todo lo que del mundo se ha descubierto fasta agora hizola Diego Ribero cosmographo de Su Magestad Ano de 1529 en Sevilla / La qual se devide en dos partes conforme a la capitulación que Hicieron los catholicos Reyes de España y el rey don Juan de Portugal en Tordesillas ano 1494». Diego Ribero, portugués, trabajó en Sevilla y fue uno de los cosmógrafos de la «Casa de Contratación», los cuales se encargaban de tener al día la carta náutica oficial, que servía de modelo o «padrón real» para los demás cosmógrafos. Por sus aportaciones a los nuevos conocimientos geográficos y por la elegancia y finura de sus líneas, el planisferio vaticano de Ribero es uno de los más preciosos documentos cartográficos de la época de los grandes descubrimientos.&lt;br /&gt;
Bellio, ''Notizia'', 127-31; Almagiá, ''Planisferi'', 50-52, láms XXI-XXIII; Rainero, «Manoscritti cartografici», 29, n° 27.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
4) Anónimo, ''Atlante'', 1536: BAV Vat. Lat. 7586: Atlante en perg. de 37 x 55 cm; en color; interesan los ff. 6v-7r, con un mapa de América (cf. Fig. 183), y los ff. 7v- 8r, con un mapamundi (cf. Fig. 184). Es obra de B. Agnese o de su laboratorio. &lt;br /&gt;
Almagia, ''Planisferi'', 62; Rainero, «Manoscritti cartografici», 35, n° 36. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
5) Battista Agnese, Atlante, 1542: BAV Palat. lat. 1886: Atlante en perg. de 19,5 x 29,5 cm, en color; de las 14 láminas que comprende, interesa señalar: ff. 2v-3r, mapamundi (con América); ff. 3v-4r, mapa de América; ff. 4v-5r, carta náutica (con América) (cf. Fig. 186); ff. 12v-13r, mapamundi; ff. 13v-14r, mapamundi. Battista Agnese, genovés, es uno de los más conocidos cartógrafos italianos de la mitad del siglo XVI. &lt;br /&gt;
Almagia, ''Planisferi'', 64-67; Rainero, «Manoscritti cartografici», 36-37, n° 38. &lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
6) Laboratorio de Agnese, ''Atlante'', c. 1542: BAV Barb. lat. 4313: Atlante en perg. del 19,5 x 29,5 cm, en color; ff. 4v-5r, carta náutica de América y Africa; ff. 12v-13r, planisferio oval (con América). No es de Agnese, pero sí de su laboratorio. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 70; Rainero, «Manoscritti cartografici», 38, n° 40. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
7) Laboratorio de Agnese, ''Atlante'', Venecia c. 1542: BAV Barb. lato 4431°: Atlante en perg. de 44 x 64,5 cm, en color; ff. 7v-8r, mapa con América y Africa; ff. 8v-9r, mapamundi oval. Obra del laboratorio de Agnese. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 63; Rainero, «Manoscritti cartografici», 35-36, n° 37. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
8) Laboratorio de Agnese, ''Atlante'', c. 1542: BAV Barb. lato 4357: Atlante en perg. de 21,8 x 35,5 cm, en color; trazado en forma de cartas náuticas; ff. 4v-5r, Nuevo Mundo y Océano Pacífico; ff. 5v-6r, Nuevo Mundo, Océano Atlántico y Africa; ff. 13v-14r, planisferio oval. Se admite que el atlante proviene del laboratorio de Agnese. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 68-69; Rainero, «Manoscritti cartografici»,37, n° 39. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
9) Laboratorio de B. Olives, ''Atlante'', Messina 1562: BAV Urb. lato 283: Atlante en perg. de 31,3 x 43,5 cm, en color; los 14 mapas que comprende están todos trazados en forma de cartas náuticas; los lugares costeros van indicados en castellano-mallorquín; ff. 9v-lOr, costas meridionales de la América del Sur; ff. 12v-13r, costas de la América meridional; ff. 13v-14r, Centroamérica. Bartolomé Olives fue un cartógrafo mallorquín que trabajó en Mesina. Se conocen varios atlantes suyos. Este es el más rico y completo. Es uno de los documentos cartográficos más bellos que posee la Biblioteca Vaticana. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 72-75; Rainero, «Manoscritti cartografici», 39-40, n° 42, láms. XIII-XIV.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
10) Anónimo, ''Atlante'', segunda mitad del s. XVI: BAV Rossiano 214: Atlante en perg. de 20,5 x 32,3 cm, en color; ff. 3v-4r, carta náutica con América; ff. 13v-14r, planisferio oval. Muy semejante al Palat. lat. 1886, por lo cual se le considera como una copia fiel del atlante de Agnese hecha en la segunda mitad de S. XVI. &lt;br /&gt;
Almagiá, ''Planisferi'', 71; Rainero, «Manoscritti cartografici», 38-39, n° 41. &lt;br /&gt;
En 1944, presentando el primer volumen de Monumenta Cartographica Vaticana de Roberto Almagiá, el entonces Prefecto de la Biblioteca Vaticana, A. M. Albareda, escribía: «Questi monumenti Cartografici Vaticani renderanno, tra l'altro, palese come in Roma, centro della Chiesa e dell'apostolato universale, la scienza geografica sia stata coltivata e promossa con un intento di utílitá reale e diretta. come quella che doveva aprire e illuminare le nuove e sempre piú lontane strade ai messi pacifici dei Principi degli Apostoli», A. M. Albareda, «Presentazione», ''Monumenta Cartographica Vaticana'' 1 (Cittá del Vaticano 1944) V.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Biliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acerca de la Cartografía americana del siglo XVI en general, además de la bibliografía ya citada, véanse los siguientes autores: &lt;br /&gt;
E.L. Stevenson, ''Maps illustrating Early Discovery and Exploration in America 1502-1530'', ''reproduced by Photography from the original Manuscrits'' (New Brunswick, New Jersey, 1903); P. Revelli, ''Terre d'America e archivi d'Italia'' (Milano 1926); Almagiá, ''Carte geografiche''; Duque de Alba, ''Mapas españoles de América''. ''Siglos XV-XVI'' (Madrid 1951); C. Sanz, ''La Geografia de Ptolomeo ampliada con los primeros mapas impresos de América (desde 1507). Estudio bibliográfico y critico, con catálogo de las ediciones aparecidas desde 1475 a 1883, comentado e ilustrado (Madrid 1959);'' A. Cortesao-A. Teixeira da Mota, ''Portugaliae Monumenta Cartographica'' 1-6 (Lisboa 1:- 1962); E. Klemp, ''America in Maps dating from 1500 to 1856'' (New York-London 1976). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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		<title>MONARDES, Nicolás</title>
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		<updated>2014-07-23T15:02:54Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(Sevilla, 1512 ? ; Sevilla, 1588) Médico y botánico.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estudió medicina en la Universidad de Sevilla y la ejerció por más de treinta años. Lo que fue Pedro Mártir de Anglería para los historiadores y humanistas europeos del siglo XVI, eso fue el médico Monardes para con sus colegas de Europa: desde su puesto privilegiado de Sevilla les informaba puntualmente y técnicamente de las plantas medicinales que iban llegando de las Indias. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se hicieron famosas sus obras: ''Dos libros, el vno qve trata de todas las cosas que traen de nuestras Indias Occidentales, que siruen al vso de la Medicina, y el otro que trata de la Piedra Bezaar; y de la Yerua Escurçonera, Sevilla, Heruando Diaz, 1569 &amp;lt;ref&amp;gt;BAV RG Medicina V. 2167. De ''Dos libros'', además de la edición citada, la BAV posee las siguientes ediciones y traducciones del siglo XVI: a) Sevilla, Alonso Escribano, 1574: ''Rossiana'' 4789; b) ''Instruction sur... la recine Mechiocan'', por Jacques Gohory, París, Galliot du Pré, 1572: ''Ferraioli'' V. 4718; c) ''Due libri'', por Annibale Briganti, con anotaciones de C. Clusius, Venecia 1582: R.I. V. 1398.&amp;lt;/ref&amp;gt;De simplicibvs medicamentis ex Occdentali India delatis, qvorum medicina vs est'', Antverpiae, Ch. Plantinus, 1574&amp;lt;ref&amp;gt;BAV Palatina V. 568 (int. 1). El ''De simplicibus'' fue traducido y anotado por Carlos Clusius. En la BAV existen otras dos ediciones latinas del siglo XVI: a) Amberes, C. Plantina, 1579: ''Palatina V. 1490 (int. 3)''; b) Amberes, C. Plantina, 1582: ''RO Medicina V. 161 (int. 3)''.&amp;lt;/ref&amp;gt;.En ''Dos libros'', presenta, entre otras, dos plantas que conviene resaltar aquí. La primera es la « mechoacán», cuya virtud, conocida por los indios, fue experimentada y divulgada primeramente por los misioneros franciscanos y luego dada a conocer en Europa por el mismo Monardes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El conocimiento de esta medicina es un ejemplo de cómo los misioneros se fiaban de los indígenas y sabían apreciar su arte médica, y cómo éstos se preocupaban por el bienestar de sus evangelizadores. Esto es lo que se recaba de la encantadora y precisa descripción que ofrece Monardes. Entre otras cosas, escribe: «''El Mechoacán es una rayz que avrá veyte años que se descubrió en la prouincia de nueua España... Luego que aquella prouincia se ganó de indios, fueron allí ciertos frayles franciscos y fundaron un monasterio de su Orden, y como en tierra nueua y tan distante de su naturaleza, enfermaron algunos, entre los quales enfermó el guardián, con quien tenía muy estrecha amistad Caconcin, cacique y señor de toda aquella tierra; el Padre Guardián tuvo muy larga enfermedad, que le puso en mucho estrecho. El cacique como viesse que su mal yua adelante, díxole un día que él le traerya un indio suyo que era médico, con quien él se curaua, que podría ser que le daría remedio de su mal. Lo qual oydo por el Padre Guardián, e visto el poco aparejo que de médico e beneficios allí tenía, agradecióselo e dixole que se lo truxesse; el qual vino e vista su enfermedad, dixo al cacique, que si él tomaua unos poluos que él le daría de una rayz, que él le sanaría. Lo qual sabido por el Padre, con el deseo que tenía de salud, vino a ello, y tomó los poluos ... en un poco de vino, con los cuales purgó tanto e tan sin passión, que se aliuió mucho aquel día y mucho más de ay adelante, de modo que sanó de su enfermedad. Los demás Padres que estauan enfermos y algunos españoles que assí mismo lo estauan, siguieron al Padre Guardián... ; les fue tan bien que todos sanaron. Los Padres embiaron relación de sto al Padre Provincial a México... , el qual lo comunicó con los de la tierra, dándoles de la rayz... , la qual usada por muchos e visto las obras marauillosas que hazía, se fue estendiendo su fama, que en breue tiempo toda la tierra se hinchó de sus loores... desterrando el vso del ruybarbo de Barbería y tomándole su nombre llamándole ruybarbo de las Indias, que assí lo llaman todos comunmente. Assí mesmo le llaman Mechoacán... y en tanto grado se ha estendido el vso dél, que es ya común en todo el mundo, y se purgan con él no solo en Nueva España y prouincias del Perú, pero en nuestra España e toda Italia, Alemania e Flandes; yo he embiado grandes relaciones dél, casi a toda Europa, assí en latín, como en nuestra lengua... Yo he investigado mucho, de los que vienen de Nueva España... la manera de la planta que lleua esta rayz, y que forma y figura tiene..., y es tanto el descuydo de todos..., y no saben más della, de que los Indios en Mechoacán les venden las rayzes secas y limpias, como aquí las traen... Pues andando investigando la planta de la rayz del Mechoacán, un passagero que auía venido de aquella Provincia, me auisó que vn Padre francisco, que auía venido de aquella tierra auía traydo en el nauío donde él vino, la propia yerua verde del Mechoacán, en un barril grande, y que con mucho cuydado la auía traydo..., y que la tenía en el monasterio de Sant Francisco desta ciudad... y as sí fui luego al monasterio, y en la puerta de la enfermería estaua una como media pipa, en la qual estaua vna yerua muy verde que dixeron ser el Mechoacán que el Padre auía traydo de Nueua España, no con pequeño trabajo. Ella es una yerua que va trepando...'' » (pp. 110-22). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La segunda planta es el «Guayacán» o guayaco, «llamándole también ''Palo de las Indias''», o también «por sus maravillosos efectos le llaman ''Palo sancto'', et cierto con razón». Dice Monardes que «''deste Palo han escripto muchos e mucho''»; [aquí hay que reseñar: U. von Hütten, G. Fracastoro y A. Ferri]. El «Palo santo» era la panacea para curar el mal incurable de entonces, «el mal de las bubas»,  que desde la terrible epidemia europea de finales del siglo XV en ocasión de las guerras de Nápoles, fue recibiendo los siguientes nombres, según la procedencia que se le atribuía: «mal francés» (« morbus gallicus»), «mal napolitano», «sarna española» y, por último, «''sarampión de las Indias, con mucha razón, pues de allí vino el mal...''»; gracias a la fábula inventada por Fracastoro, le quedaría para siempre el nombre de sífilis, que Monardes no cita. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Monardes estaba convencido, como lo estaban todos entonces, de que la sífilis había sido importada de América, y primeramente de Santo Domingo, por la gente de Colón; pero viendo que también de allá venía el guayacán, comenta: «''Quiso nuestro Señor que de a do vino el mal de las bubas, viniese el remedio para ellas''». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* F. Guerra, Nicolás Bautista Monardes. ''Su vida y su obra'' (México 1961); &lt;br /&gt;
* C. R. Boxer, ''Two Pioneers of Tropical Medicine: Carda d'Orta and Nicolas Monardes'' (London 1963); &lt;br /&gt;
* Johnson, ''The Book in the Americas''. ''The Role of Books and Printing in the Development of Culture and Society in Colonial Latin America. Catalogue of an Exhibition'', (John Carter Library, Providence, Rhode Island, 1888, 23); &lt;br /&gt;
* D. C. Landis, ''The Literature of the Encounter''. ''A Selection of Books from European Americana. Catalogue of an Exhibition'' (John Carter Library, Providence, Rhode Island, 1991,61-2). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MERCATOR,_Gerard&amp;diff=5321</id>
		<title>MERCATOR, Gerard</title>
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		<updated>2014-07-23T15:01:02Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''MERCATOR Gerard  (Rupelmonde, 1512 ; Duisburg, 1594). Geógrafo y Cartógrafo.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es autor de ''Atlas sive cosmographicae meditationes de frabrica mvndi et fabricati figvra'', [Dvsseldorpii, Albertus Busius, 1595]. La obra contiene una colección de cartas geográficas, sin numerar, de 42,5 por 20 cm, sobre diversos países (unos 107), con breves textos explicativos. Interesa el doble folio que se titula ''Orbis terrae typvs'', que contiene el «mapa-mundi», dividido en dos círculos: en uno está incluido el Nuevo Mundo y en el otro las demás partes del mundo. Lo mandó hacer en 1587 el hijo de Gerardo, Rumoldus, que no es sino una reducción del «mapamundi» trazado por el padre. Su disertación sobre la creación y fábrica del mundo fue condenada por la Iglesia a causa de ciertas afirmaciones sobre el pecado original.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
E. F. Hall, «Gérard Mercador. His life and works», ''Journal of the American Geographical Society 10'' (1878) 163-96.reprod. anastática en ''Acta Cartographica: A series of monographs and studies on the history of cartography, reprinted from periodicals since 1800 from periodicals since 1800'', 7 (1970) 171-205; ''L 'Amerique vue par l’europe'', Paris 1976, 28-9; D. C. Landis, ''The Literature of the Encounter. A Selection of Books from European Americana. Catalogue of an Exhibition'' (John Carter Library, Providence, Rhode Island, 1991, 25-6. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO'''  (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=MEERMAN_Arnould_OFM&amp;diff=5320</id>
		<title>MEERMAN Arnould OFM</title>
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		<updated>2014-07-23T15:00:34Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Biliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''MEERMAN Arnould OFM''' (Alost, Flandes ¿; Lovaina, 1578) Franciscano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Mermannus» perteneció a la provincia franciscana de la «Germania Inferior»; desempeñó los cargos de profesor y de ministro provincial. Se distinguió por sus controversias contra los herejes.. Su obra ''Theatrvm conversionis gentivm totivs orbis, sive, Chronologia de vocatione omnivm populorum et propagatae per vniuersum orbem fidei, Christianaeque religionis descriptio'', Antverpiae [Amberes], Ch. Plantinus [Platina]1563. Tendrá una nueva impresión en también en Amberes en 1572 (BAV R.l. V. 1635).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es una historia de la expansión de la Iglesia a través de los siglos en orden cronológico: «qua aetate... , quibus apostolis, apostolicisve viris, quibus pontificibus maximis, demum imperatoribus seu regibus seu principibus, provinciae quaeque ac populi ad christianam religionem verumque Dei cultum, abdicata superstitione, venerint». Después de exponer el desarrollo de la Iglesia en Asia, Africa y Europa, se ocupa de las Indias, «in quas ex hisce apostolicis laboribus et plantationibus propagata crevit hodieque crescit Ecclesia» (p. 163). En el fragor de las guerras religiosas de los Países Bajos, piensa en la Iglesia de Bélgica: «Quid itaque existimanda est agere hic iam nunc Ecclesia Belgiana ni si divorum hominumque opem et fidem implorare». Y recordando los mejores tiempos del pasado, suplica: «Et fidei et vitae me redde priori». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Biliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
S. Dirks, ''Histoire littéraire et bibliographique des Freres Mineurs de l'Observance de St-Francois en Belgique et dans les Pays-Bas'' (An-vers 1886) 93-5; ''Bibliotheca Missionum'' (BM) 1, 50. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=LEVINUS_APOLLONIUS&amp;diff=5318</id>
		<title>LEVINUS APOLLONIUS</title>
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		<updated>2014-07-23T14:59:21Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Biliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No se sabe a quien pueda corresponder el nombre latinizado de este autor belga. Después de haber escrito su obra, ''De Peruuiae Regionis, inter Noui Orbis prouincias celeberrimae, inuentione et rebus in eadem gestis libri V'', Antverpiae, Apud loannem Bellerum, 1567&amp;lt;ref&amp;gt;BAV Barberini S. XI. 52.&amp;lt;/ref&amp;gt;, viajó por España y llegó hasta el Perú; se cree que murió en las Canarias en 1570. Se propuso describir los nuevos territorios descubiertos y conquistados del Perú, continuando la descripción del Nuevo Mundo hecha por Pedro Mártir de Anglería y S. Münster, únicos autores que cita. Da la preferencia a los acontecimientos bélicos, descuidando la historia natural y religiosa del país. Es digno de notarse entre los ff. 16v y 17r el mapa de América plegado, de 16,5 x 13,5 cm., con las costas atlánticas del continente, desde la parte más septentrional hasta el estrecho de Magallanes, señaladas con una larga lista de nombres, y lo mismo la parte del Pacífico desde las tierras de la “Hispania Nova”. Lleva inciso el escudo imperial del águila bicéfala coronada pero sólo con la correspondencia en sus “cuarteles” del Reino de Castilla-León y las dos columnas de Hércules con el “non plus ultra” incluido por Carlos V.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Biliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
B. de Saint-Genois, «Apollonius», '''Biographie Nationale''' 1 (Bruxelles 1866) 350-51. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=HUTTEN,_Ulrich_Von&amp;diff=5317</id>
		<title>HUTTEN, Ulrich Von</title>
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		<updated>2014-07-23T14:58:26Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(Fulda, 1488; Ufenau, 1523) Humanista.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El inquieto caballero y humanista Ulrich von Hutten, nació el 21 de abril de 1488 en el castillo de Steckelberg, cerca de Fuld, y murió   29 de agosto de 1523 en la  isla de Ufenau, en el lago de Zurich. En 1499 ingresó en la Abadía de Fulda, pero  pocos años después la abandonó. Estudió en la universidad de Colonia, abandonándola también para cambiarse a la de Frankfurt; para 1508 estaba estudiando en la Universidad de Leipzig, y en esa ciudad contrajo la sífilis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De las plantas medicinales que comenzaban a llegar del Nuevo Mundo, ninguna tal vez obtuvo tanta fama en toda Europa como el guayaco o guayacán, llamado también «''palo de las Indias''» y, por sus efectos maravillosos, «''palo santo''». Era eficacísimo para curar la enfermedad más temible de la época; la sífilis, la enfermedad venérea llamada «mal de bubas», que se consideraba incurable. Sintiéndose aliviado de esa enfermedad por haberse aplicado la medicina del guayaco, Hutten escribió el tratado, De ''Gvaiaci medicina et morbo gallico liber vnvs'' [Moguntiae, Ioannes Scheffer, 1519, mense Aprili]  para explicar su uso y recomendar su eficacia. Después de él escribirán sobre el tema G. Fracastoro, A. Ferri y N. Monardes. El tratado tuvo grande aceptación. En el siglo XVI se publicaron varias ediciones de esta obra: Bolonia 1521; Maguncia 1524; Maguncia 1531.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, Ulrich von Hutten murió a consecuencias de la sífilis, el 2 de agosto de 1523 en una residencia de su protector y amigo Ulrich Zwinglio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* J. Benzing, ''Ulrich von Hutten und seine Drucker,'' (Wiesbaden 1956); Y. Cangar, «Hutten, Ulrich van», ''Catholicisme hier, aujourd'hui, demain'' 5 (Paris 1962) 1113-14. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GLAREANUS,_Henricus&amp;diff=5316</id>
		<title>GLAREANUS, Henricus</title>
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		<updated>2014-07-23T14:55:52Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''GLAREANUS, Henricus (Mollis, 1488; Friburgo, 1563) Matemático, poeta y  músico.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su nombre verdadero era Heinrich Loriti, y como su ciudad natal se encuentra en el Cantón de Glaris, Suiza, adoptó el sobre nombre de ''Glareanus''. Enseñó matemáticas en Basilea y estudió música en la Universidad de Colonia; en esa ciudad escribió un poema en homenaje al emperador Maximiliano I de Habsburgo. Su obra el ''Dodecachordon'', publicado en Basilea en 1547, es uno de los tratados musicales renacentistas más famosos e influyentes En sus últimos años de vida se adhirió a la Reforma Protestante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su libro ''De Geographia liber vnvs'' (Parisis. Apud Hieronymum de Marnef, et Gulielmum Cauellat, 1572), fue publicada por primera vez en Basilea en 1527. La información sobre la geografía americana es escasísima; menciona sólo (p. 65) dos islas, la Española y la Isabela. Interesa más el «mapamundi» oval en una hoja plegada de 38 cm de largo por 18 de alto, que va al final, y lleva por título: «''Typus cosmographicus universalis''», en el que se “insinúa” apenas el Nuevo Mundo. La parte sur que ya lleva el nombre de “América” y la parte septentrional con el nombre de “Terre de Cuba”; la parte euro-asiática y africana es desproporcionadamente amplia, respecto al resto. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO &lt;br /&gt;
'''  (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=FRACASTORO,_Girolamo&amp;diff=5315</id>
		<title>FRACASTORO, Girolamo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=FRACASTORO,_Girolamo&amp;diff=5315"/>
		<updated>2014-07-23T14:53:52Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Biliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Verona, 1483; Incaffi, 1555) Médico.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se doctoró en medicina en Padua y fue el médico de los asistentes al Concilio de Trento; cultivó los estudios humanísticos y mantuvo amistad con Ramusio, con Pietro Bembo y con Fernández de Oviedo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fracastoro se relaciona con América de una manera algo extraña. Todo fue debido al ''mal de bubas'' (sífilis), el mal venéreo que en forma de epidemia comenzó a desolar Europa en los últimos años del siglo XV, precisamente los años de juventud de Fracastoro. A este mal se le llamó «morbus gallicus»  por creer que había sido esparcido por los soldados de los ejércitos franceses durante las campañas de Nápoles. Pero se pensó también que los gérmenes, dada su desacostumbrada virulencia, debían de proceder de algún lugar extraño. Y fue común opinión de que venían de las nuevas tierras americanas, concretamente de Santo Domingo; hombres de Colón los habrían traído a Europa y, encontrándose también en las guerras de Nápoles, se los trasmitieron a los franceses. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero si de América había venido el mal, de América vino también el remedio: éste fue el «guayaco», o «palo santo» («lignum sanctum»), el grande y verde árbol traído de Santo Domingo, de cuyas virtudes curativas se hacían lenguas todos, médicos y enfermos. Cuando hacia 1530, Fracastoro escribía su poema, estas opiniones estaban ya sólidamente arraigadas. El, como médico, trató de dar una explicación científica de la procedencia americana del «morbus», mediante su teoría de los «semina morbi», que le mereció el título de «padre de la epidemiología». Pero lo que más nos interesa destacar aquí es cómo Fracastoro, dejando de lado su condición de médico, intentó dar, como humanista, una interpretación religiosa, teológica, sobre el origen del terrible «morbus». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A esto dedica los 419 versos del Libro III de su alegórico y célebre poema. El incurable mal de la epidemia que amenazaba con destruir la humanidad tuvo su origen en un pecado de rebelión del hombre frente a Dios. Fracastoro echa mano de una fábula para explicarlo. Fue, pues, el caso - «ut fama est»- que el pastor Sífilo, al servicio de Alcitoo, rey de Ofiria (así llama Fracastoro a Santo Domingo) apacentaba 2.000 reses entre bueyes y ovejas con los pastos que crecían en una verde pradera al lado de un río: pero ante los excesos de un riguroso estío, las fuentes y el río se secaron, los pastos se quemaron, los árboles se quedaron sin hoja y sin sombra, y las reses expiraban bajo los efectos de la implacable calura. Compadeciéndose de su ganado («Ille gregem miseratus», v. 294), Sífilo se volvió hacia el dios Sol y le apostrofó: «¿por qué, oh Sol, te llamamos padre y dios de las cosas?, ¿por qué nosotros, vulgo ignorante, te dedicamos altares y te veneramos, si luego no te preocupas lo más mínimo ni de nosotros ni de nuestros ganados?»; «¿deberé pensar que los dioses se dejan devorar por la envidia?». Después de esto, Sífilo comenzó a levantar altares y a rendir culto por todas partes al rey Alcitoo, en lo cual le siguieron los demás ciudadanos y «pastorum cetera turba» (v. 312). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obviamente, el dios Sol mandó el castigo; e inmediatamente apareció sobre la profanada tierra una peste desconocida («Protinus illuvies terris ignota profanis / exoritur... », vv. 326-27). Y el primero en notar sobre el cuerpo repugnantes úlceras fue Sífilo; de ahí que su nombre fuese aplicado a la nueva enfermedad («Siphilidemque ab eo labem dixere coloni », v. 332). La peste contagió a todas las demás gentes e incluso al rey. Y todos, desesperados, comenzaron a preguntarse sobre cuál pudo haber sido la causa del mal y cuál podrá ser el remedio. Responde la Ninfa Americe, intérprete de los dioses: la peste fue motivada por haber ultrajado al Sol, queriendo ser como él, pues a ningún mortal es lícito medirse con los dioses («nulli fas est se aequare deorum mortalem», v. 340). Y el remedio está en tributarle de nuevo el culto debido («date tura deo, et sua ducite sacra», v. 341). Cierto, la peste que os mandó como castigo será perpetua y no será ya más revocada: todo el que vendrá a este mundo la experimentará; así lo juró él («Quam tulit, aeterna est, nec iam revocabilis unquam / pestis erit: quicumque solo nascetur in isto / sentiet; ille.../ iuravit», vv. 343-46). Pero, si le sacrificáis víctimas y se lo suplicáis, el Sol os procurará la medicina que os dejará limpios del mal. Así habló la Ninfa Americe. Dispuestos a poner en práctica sus consejos, y creyendo que se tratase de víctimas humanas, echaron a suertes y fue destinado a ser la primera víctima el mismo Sífilo. Pero por intervención del buen Apolo, fue sustituido por un toro. A fin de que quedase memoria eterna de este hecho establecieron los antiguos padres la costumbre anual de los sacrificios. Aplacado de este modo el dios Sol hizo brotar en la selva profunda un «árbol sagrado» (v. 357), del cual manaba un líquido que aplicado al cuerpo del apestado lo curaba completamente. Fue el «guayaco» («jaco », le llama Fracastoro).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin pretender analizar aquí una a una las continuas metáforas, creo poder afirmar que bajo la corteza de las mismas, Fracastoro va hilvanando las diversas etapas de la historia bíblica del hombre o de la humanidad, en la que, por supuesto, incluye también a los habitantes de Ofiria: la creación («Sol, te, inquit, rerum patremque deumque / dicimus», vv. 296-97), el pecado original que se extiende a todo hombre («quicumque in solo nascetur in isto / sentiet», vv. 344-45), y, en fin, la redención que obtiene el hombre por el culto a Dios, por los sacrificios y, sobre todo, por la eficacia del «santo árbol» (« libamine cuius / vi mira infandae labis contagia pellunt», vv. 378-79). Pero Fracastoro parece quedarse a mitad del camino en la narración de esa historia. O mejor, parece querer señalar a la historia de la salvación nuevos derroteros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El santo o sacro árbol que él describe no es el que fue levantado sobre el Calvario, sino el que hizo brotar el dios Sol en Ofiria. Por tanto, ese árbol, en forma de Cruz, no fue llevado del viejo al nuevo mundo sobre el pecho de los misioneros y menos todavía en las naves de descubridores y conquistadores. Al contrario, vino de allá para acá. A este propósito, Fracastoro narra con grande imaginación cómo, al llegar los hispanos o « hesperios» a Ofiria, huyeron, espantadas, las aves del sol, pero una de ellas, más agorera, antes de internarse en el bosque, les presagió en nombre de Apolo, entre otras cosas, lo siguiente: «no está lejos el día en que vosotros, miserables, lacerados vuestros miembros por desconocido mal, pediréis ayuda a esta selva, hasta que os arrepintáis de vuestros delitos («nec sera manet vos / illa dies, foedi ignoto quum corpora morbo / auxilium silva miseri poscetis ab ista, / donec poeniteat scelerum», vv. 189-92). Y de hecho -continúa narrando Fracastoro-, cuando Colón («dux»), en uno de los primeros encuentros amigables con los naturales de Santo Domingo, observó cómo éstos se curaban del terrible mal, se dio cuenta de que éste era el mal que había pronosticado la agorera ave de Febo, y tanto él como sus compañeros procuraron hacerse con el fármaco. y así llegó el «guayaco» a Europa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es el único mérito que Fracastoro reconoce a los Iberos: el haber sido los primeros en recibir y usar el preciado don y haberlo hecho conocer a los franceses, a los germanos, a los escitas, a los italianos, en una palabra, a toda Europa («Munera vos divum primi accepistis, Iberi, / praesens mirati auxilium: nunc cognita Gallis, / Germanisque, Scythisque, orbe et gavisa Latino / iam nunc Europam vecta est Huyacos in omnem» /, vv. 401-04).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciencia médica hoy ha demostrado suficientemente que el terrible azote que tantos genocidios causó en Europa a caballo entre el siglo XV y el XVI, no vino de América: existía ya en el viejo mundo desde que era mundo, si bien bajo otro nombre; de América recibió sólo el nuevo nombre de «sífilis», gracias a la fábula de Fracastoro. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pietro Bembo, a quien va dedicado el poema de Fracastoro, escribe en una carta a éste que la fábula le gustó mucho. Probablemente gustó también en Europa, pues el libro se convirtió en un «best-seller». Después de la editio princeps de 1530, conoció 43 ediciones latinas, 23 traducciones italianas, 4 francesas, otras 4 alemanas, 9 inglesas, 1 portuguesa y 1 española (1863).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Biliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* G. Fracastoro, ''Sifilide, ossia Del mal francese Libri III''. Traduzione, introduzione e note di F. Winspeare (Firenze 1955); L. Baurngartner-J. F. Fulton, ''A Bibliography of the poem Syphilis sive Morbus gallicus by Girolamo Fracastoro of Verona'' (New Haven 1935). La Biblioteca Vaticana está muy bien provista de ejemplares: ''Syphilis sive morbvs gallicvs'', Veronae 1530, mense Augusto (in BAV R. 1. IV. 477 (int. 2) (Verona 1530) y otros bajo las siguientes signaturas: a) R.I.lV.1729(2); b) RG Medicina IV. 660; c) RG Scienze IV. 1315(2); Roma 1531: a) Palatina V.42 (4); b) RG Medicina IV. 4539; Basilea 1536: RG Medicina V.1404; Venecia 1555: RG Scienze IV. 1993; Amberes 1562: Barberini D./.146 (int. 3); Venecia 1574 (''Opera omnia''): a) Barberini 0.lII.39; b) R.I.lII.139; c) RG Medicina II/.4S1; Venecia 1584 (''Opera omnia''): a) Barberini 0.11/.40; b) Chigi /; c) RG Medicina /V.100; d) RG Medicina /V.4524. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=DE_BRY,_Theodor&amp;diff=5313</id>
		<title>DE BRY, Theodor</title>
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		<updated>2014-07-23T14:47:00Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bilbiografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''(Lieja, 1528; Frankfurt, 1598) Orfebre, grabador e impresor.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Theodor de Bry nació en Lieja, y en 1570 se estableció definitivamente en Frankfurt, en donde abrió una editorial para dar a conocer  libros de viajes, los que él mismo ilustraba con diseños y grabados de gran habilidad y maestría. Entre las obras consagradas a América hay que señalar: a) ''Americae Tertia Pars'', Francofurti ad Moenum, apud Ioannem Wechelum, 1592; b) ''Americae Pars Quarta'', Francofurti, Typis Feyrabend, 1594; e) ''Americae Pars Qvinta'' ... , 1595&amp;lt;ref&amp;gt;BAV ''Barberini P. IX. 4'' (3-4, 5a-5b, 6a-6b).&amp;lt;/ref&amp;gt;''Americae Pars Sexta'' ... , 1596&amp;lt;ref&amp;gt;BAV ''Barberini P. IX. 5''(la-lb).&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al morir en 1598 continuaron llevando la empresa sus dos hijos, especialmente Johann Theodor de Bry (l561- 1623), y el yerno de éste, Matías Merian (1593-1650). Su fogosa fe de reformado protestante, llevó a Theodor senior a usar sus pinceles y buriles como armas para demoler a la Iglesia allí donde a la sazón se mostraba más pujante, que era precisamente en la América Central y Meridional. Dedicó cuatro series de su colección a este tema, editando textos de otros autores, cuidadosamente seleccionados y anotados y profusamente ilustrados. Sus ilustraciones son a veces obscenas, a veces macabras, y siempre irreales; H. Jantz ve en ellas «some brutal undertones». Bry fue el gran viñetista de la «leyenda negra» americana. Lo que él se propone fue demostrar e ilustrar que la única causa que empujó a los españoles a ir a América fue el oro, no la Religión. Condensó su propósito en este categórico epigrama estampado en apertura de la ''Americae pars quarta'' (p. 9): «Ergo, Hispane audax, lucrum fuit unica causa: / Tantae Relligio non tibi causa viae».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con buen sentido de la propaganda, Bry lanzaba sus series en forma de monografías de pequeño volumen, aunque de gran formato (35 X 24,5 cm); tipográficamente, cada serie constituía una unidad autónoma. He aquí algunas indicaciones más sobre el contenido y forma de las cuatro series relativas a América española y portuguesa: Así entre sus series, por citar algunos ejemplos particularmente significativos, se encuentran las dedicadas a: la Historia del Brasil de Johann Staden; a. la primera parte de la Historia del Benzoni (con más 25 láminas en apéndice); la segunda parte de la ''Historia del Benzoni'', de 92 pp., más 22 láminas en apéndice; en 108 pp., más 28 láminas en apéndice, con la siguiente portada: ''Seqvvntvr icones artificiosae ordine Historiam praecedentem illustrantes, additis ad singulas suis explicationibus''; contiene la tercera parte de la ''Historia'' del Benzoni. Las series de Theodor de Bry tuvieron un éxito extraordinario. Como dice Jantz (p. 101): «they contributed centrally to developing the christian and humanist poetic image of the Noble Savage».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bilbiografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* S. Lorant, ''The New World. The First Pictures of America made by John White and Jacques Le Moyne and engraved by Theodore de Bry'' (New York 1946); H. Jantz, «Images of America in the German Renaissance», ''First Images of America. The impact of the New World on the Old'', ed. F. Chiapelli, 1-2, (University of California Press, Los Angeles 1976, 91-106; W. C. Sturtevant, «First Visual Images of Native America», ''First Images'' 419-20, 437-38; ''L 'Amerique vue par l’europe'', Paris 1976, 73-4; J.-P. Duriols, «Théodore de Bry et ses modeles francais», ''Caravelle'', n° 58 (1991) 7-16.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO''' (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=BENZONI,_Girolamo&amp;diff=5311</id>
		<title>BENZONI, Girolamo</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=BENZONI,_Girolamo&amp;diff=5311"/>
		<updated>2014-07-23T14:44:15Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''BENZONI Girolamo. Historiador anti-hispanista (probablemente ficticio).'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acerca de Girolamo Benzoni [del que figura una representación icnonográfica en su obra ''La Historia del Mondo Nvovo'' (Nuovo): Venetia, Appresso Franeesco Rampazetto, 1565] se presentan, de entrada, dos cuestiones: primera, ¿Girolamo Benzoni es un personaje histórico o simplemente un pseudónimo?; segunda, ¿el autor, quienquiera que sea, viajó por América de hecho o sólo con la fantasía? Hay respuestas, actualmente, para ambas cuestiones y en uno u otro sentido. Por caer fuera de nuestro tema, soslayamos completamente la primera cuestión: nos interesa sólo la obra, lo que ella pretende y lo que contiene, sea quien sea el autor. En cuanto a la segunda cuestión, dejándonos llevar, por una parte, de impresiones personales, y acogiéndonos, por otra parte, al viejo principio de «in dubiis libertas», hemos optado, en la práctica, por excluir a este autor de la nómina de escritores que estuvieron en Indias y que figuran en la Primera Sección de nuestro Catálogo “''Caeli novi et terra nova''” (BAV 1992)., relegándolo, en cambio, a esta Quinta Sección, dedicada a los autores que opinan sobre América desde Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Girolamo Benzoni es -permítase la comparación- algo así como un Homero. Todo y sólo lo que de él se sabe está contenido en su obra. Su vida discurre entre dos mundos: comienza y termina en Europa con un intervalo de 14 años pasados en América. Un buen día de 1541, a sus 22 años de edad, (por tanto, habría nacido en 1519) decide también él, como tantos otros, irse al Nuevo Mundo; sale, pues, de Milán, llega a Sevilla, y luego a San Lúcar de Barrameda, de donde parte para las Canarias y desde allí para las Indias. Aunque si en un lugar de su ''Historia'' dice que se siente «''abrazado a la doctrina de Cristo, nuestro Dios y Salvador''» (p. 176; citaré siempre por la trad. y ed. de Marisa Vannini de Gerulewicz; Caracas 1967), sin embargo, Benzoni no llegó al Nuevo Mundo como evangelizador; fue allá, dice en otro lugar, (p. 19), porque «''no solo deseaba ver nuevos países, sino también hacerme rico''». El primer deseo parece haberlo satisfecho con creces; no hay lugar de la geografía hispanoamericana que él no haya visitado: todas las islas antillanas, todas las repúblicas del Centro y Sudamérica. Confiesa que también se hizo rico; pero el modo cómo lo logró es un misterio; unas veces se mueve en torno a algún gobernador, otras se enrola en alguna expedición, pero, en general, actúa como “reporter” solitario, conversa con los indios, se hospeda en su casa, entrevista a los corsarios franceses, dialoga con un fraile flamenco, siempre a la caza de noticias; ¿cuál potente agencia de prensa hubiera podido sostener hoy un corresponsal de este tipo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso fue que -cuenta Benzoni- «''tres años después de mi llegada al Perú, encontrándome con varios miles de ducados, ya cansado de estar en aquellos países... pensé irme''» (p. 267). Efectivamente, emprendió el viaje de vuelta desde Guayaquil, exactamente, el 8 de mayo de 1550; pero entre enfermedades suyas y naufragios de embarcaciones, le tocó permanecer entre Panamá y La Habana otros seis años largos. Finalmente, el 13 de septiembre de 1556 -puntualiza con toda precisión «''entramos en San Lúcar de Barrameda y luego en Sevilla; arreglados mis asuntos, me dirigí a Cádiz; de allí..., al cabo de dos meses llegué a Génova, de lo que tuve gran regocijo, y pronto estuve en Milán''» (p. 270). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casi con aire de un sacrificado misionero, Benzoni concluye su Historia con una especie de Te Deum: «''Siempre alabando la Magestad de Dios, y la omnipotencia suya y de nuestro Salvador, que me ha concedido la gracia de ver tantas novedades, y tanto mundo, y tantos países extraños, librándome de innumerables trabajos; cuando yo lo pienso, me parece increíble que un cuerpo humano haya podido soportar tanto''» (ibid.). Una vez recuperadas sus energías, Benzoni se puso a redactar su Historia, que saldría a la luz en 1565, no en Milán, dominada por los españoles, sino en Venecia. El autor se preocupó de dejar bien claro en el mismo título que se trataba de la historia de islas, mares y ciudades «''da lui proprio vedute, per aqua e per terra in quattordici anni''»; algunos biógrafos señalan que la editio princeps veneciana salió a la luz «ad instantia di Gabriel Benzoni», que podría ser un hermano o pariente del autor; la historicidad de éste cobraría así mayor consistencia; pero debo decir que el ejemplar de la misma edición que se conserva en la Biblioteca Vaticana no contiene este dato; así como tampoco lo contiene el ejemplar descrito por Fumagalli, n° 1033. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Benzoni es un periodista, pero no se contentó con escribir sólo lo que vio y observó durante su real o imaginaria «tournée» americana, sino que se propuso contar la historia del descubrimiento y de la conquista de América, al menos en sus principales etapas, valiéndose de fuentes, que ordinariamente no cita, pero que hoy están identificadas en su mayor parte; trátase, sobre todo, de Pedro Mártir de Anglería y de los historiadores y cronistas españoles Pedro Cieza de León, Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara, Agustín de Zárate, etc. Las afirmaciones que, hoy por hoy, se pueden continuar considerando como de su propia cosecha, se reducen a tan poco y son tan personales que pudo tranquilamente hacerlas sentado en su cómodo «tavolino» de Milán, sin necesidad de exponerse a los «innumerables trabajos» de 14 años de viajes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además de sus afanes turísticos y crematísticos, Benzoni declara sin tapujos que tuvo la intención de recoger datos directos para demoler totalmente el mito de las gestas españolas en América, alimentado y divulgado por los historiadores nacionales. No es que Benzoni se constituya en defensor de los indios; éstos no le preocupan, pues los califica, por las buenas, de «brutti animali». Lo único que le interesa es derrumbar las glorias que los españoles alcanzaban o decían que alcanzaban. Y la principal de todas, que él se propone, ante todo, combatir, es la evangelización. Lo confiesa él mismo: «''Sobre todas las cosas, lo que yo he especialmente procurado saber acerca de esta nación india, ha sido lo que sienten y piensan de nuestra fe; así quiero dar noticia tanto de lo que públicamente he oído decir a algunos sacerdotes y frailes, como de lo que yo mismo he visto y oído de los propios indios, a fin de que los lectores puedan considerar cuán escandalizados han quedado por nuestras malas acciones. Suplico a los discretos, prudentes lectores prestar atención, y oirán dichos y sentencias verdaderamente dignos de grandísima admiración''» (p. 178). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la conclusión a que llegó Benzoni tras sus diversas «pesquisas» fue que los indios no se convertían sinceramente a la religión cristiana, aunque lo aparentaban. Y la culpa es sola de los españoles: conquistadores, gobernadores, encomenderos, obispos, curas y frailes. Benzoni saca a relucir las pruebas directas. Ante todo, los indios se quejan de que los españoles les predican los mandamientos de su Dios, que son buenos, pero ellos mismos no los observan (p. 178). Además, lo que interesa a los españoles no es la fe, sino el oro. Dice Benzoni: «''Los indios conocen nuestra tremenda codicia y nuestra desmesurada avaricia; hay algunos que toman un pedazo de oro en la mano y dicen: Este es el Dios de los cristianos, por esto han venido de Castilla a nuestros países, por esto nos han sojuzgado, atormentado, vendido como esclavos y nos han hecho otras muchas afrentas; por esto pelean, se matan; por esto no descansan nunca, juegan, blasfeman, reniegan, litigan, roban, se raptan las mujeres el uno al otro y, finalmente, por esto cometen toda clase de maldades''» (p. 179).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De esto no quedan exentos los frailes y curas: «''hay frailes que durante el día hacen cosas que a otros les daría vergüenza hacerlas durante la noche...'' »; «''hubo uno de la Orden de San Francisco que públicamente decía que en todas la Indias no había ni un sacerdote, ni un fraile, ni un obispo que fuese virtuoso, (ibid.)''.» «''Yo mismo he oído conversaciones de sacerdotes que decían entre ellos que habían ido de España a Indias para ganar dinero, y no por otra cosa''» (p. 179). Después de citar casos semejantes, concluye Benzoni: «''He aquí parte de los milagros que los españoles han hecho en las Indias''» (p. 180). Y convirtiéndose en crítico de los historiadores que usa como fuentes, escribe Benzoni: «''a pesar de que tanto se jactaban en sus historias de haber siempre combatido por la fe cristiana, la experiencia, especialmente en estos países, demuestra abiertamente que han combatido por la codicia''» (p. 153). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra de las razones de la imposibilidad de la verdadera conversión de los indios está en la crueldad que usaron los españoles con ellos; y aquí Benzoni, refiriéndose a Santo Domingo, alega los tópicos ya conocidos: los indígenas que, por desesperación, se ahorcaban y mataban a sus hijos, y las mujeres que interrumpían los embarazos; todo lo cual dio por resultado que la isla, de dos millones de habitantes que tenía, contaba en su tiempo apenas unos ciento cincuenta. Y comenta, sarcástico, Benzoni: «''Esta ha sido su manera de hacerlos cristianos» (p. 94). Benzoni cree haber demostrado que la conversión de los indios al cristianismo era un mito: «Habiendo yo recorrido este Nuevo Mundo por espacio de catorce años ..., y leído las historias que los españoles han escrito sobre sus empresas en estos países, encuentro que en algunas cosas ellos se han alabado un poco más de la cuenta, particularmente cuando afirman que son dignos de gran laude por haber convertido y hecho cristianos a todos los pueblos y naciones que han conquistado y sojuzgado en las Indias: así dicen ellos, que los han hecho cristianos... Pero yo... encuentro que hay mucha diferencia entre serlo de nombre y serlo de hecho''» (pp. 176-77). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En vez de convertir a los indios, lo que han hecho los españoles fue aterrorizarlos y estimularlos al odio. Así sentencia definitivamente Benzoni: «''En conclusión, yo digo, que donde quiera que los españoles han desplegado sus banderas, han dejado recuerdo de grandísima crueldad y huella de odio perpetuo entre los naturales''» (p. 94). Pero, no obstante su aparente humanitarismo y su acendrado anti-hispanismo, a Benzoni le interesaban bien poco tanto las desgracias de los indios como las crueldades de los españoles; una sola cosa le preocupaba: que innumerables pueblos hubiesen abrazado el cristianismo. Y, según su propia confesión, se propuso demostrar que ese hecho era un mito. En una palabra, Benzoni quiere poner sobre el tapete la acción evangelizadora de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El nombre de Girolamo Benzoni, sea quien sea el autor que se encubre bajo él, va unido a los orígenes de la «leyenda negra» americana. Su Historia fue usada por la Reforma [protestante] como un arma eficacísima para tratar de destrozar a la Iglesia [católica] desde dentro, ya que aparecía escrita por un italiano que se profesaba católico -«abrazado a la doctrina de Cristo»- y que decía haber visto y observado personalmente los hechos que describe, y estaba dedicada, además, nada menos que al papa Pío IV. En ella se contiene todo lo que de negativo se podía decir contra la evangelización americana: genocidios, crueldades, vida depravada de clérigos y religiosos, sed de oro, conversiones forzadas. Ninguno de los ideólogos modernos ha podido añadir algo nuevo a esta sarta de improperios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La obra, además de la editio princeps, conoció en los tres siglos siguientes más de 30 ediciones, de las cuales, quince son en latín, siete en alemán, cinco en holandés, tres en francés, dos en inglés, y sólo una en Italiano. El calvinista francés y pastor en Ginebra, Urbano Chauveton, fue uno de los que contribuyó mayormente a difundirla. La tradujo al latín y la editó, por primera vez, en Ginebra en 1578, y nuevamente en 1586. Chauveton preparó también la traducción francesa y la publicó junto con la historia del «massacre » de hugonotes en un mismo volumen que lleva el siguiente título: ''Histoire nouvelle du nouveau monde ... Ensemble une petite histoire d'un massacre commis par les hespagnols sur quelques fran¬cois en la Floride...'', Geneve, Eustache Vignon, 1579. Es digno de notarse cómo una simple escaramuza entre unos cuantos soldados españoles y «quelques » corsarios hugonotes se convierte en un auténtico «massacre» por arte del lenguaje. Otro grande propagandista de la Historia de Benzoni será Theodor de Bry, quien con sus caricaturescos diseños y comentarios contribuirá a hacer más agradable su lectura. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Benzoni, G. ''La Historia del Mundo Nuevo''. Traducción y notas de Marisa Vannini de Gerulewicz. Estudio preliminar de León Croizat (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia; Caracas 1967)&lt;br /&gt;
* M. Allegri, «Di Girolamo Benzoni e della sua ''Historia del Mondo Nuovo''», Raccolta, 5/3, 133-54&lt;br /&gt;
* C. Pereyra, ''Quimeras y verdades en la historia'' (Madrid 1945) 354-62 (en torno a la personalidad de Benzoni y al valor documental de su obra)&lt;br /&gt;
* Romeo, Le scoperte'', 86 («si potrebbe persino dubitare che in America egli sia stato effettivamente; tanto piu che il vanto di viaggi inesistenti e tutt'altro che raro in quel tempo (si ricordi per tutti l'esempio del Botero)»)&lt;br /&gt;
* ''L'Amerique vue par l’Europe'', Paris 1976, 70. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO'''  (© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=BENZONI,_Girolamo&amp;diff=5310</id>
		<title>BENZONI, Girolamo</title>
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		<updated>2014-07-23T14:44:00Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''BENZONI Girolamo. Historiador anti-hispanista (probablemente ficticio).'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acerca de Girolamo Benzoni [del que figura una representación icnonográfica en su obra ''La Historia del Mondo Nvovo'' (Nuovo): Venetia, Appresso Franeesco Rampazetto, 1565] se presentan, de entrada, dos cuestiones: primera, ¿Girolamo Benzoni es un personaje histórico o simplemente un pseudónimo?; segunda, ¿el autor, quienquiera que sea, viajó por América de hecho o sólo con la fantasía? Hay respuestas, actualmente, para ambas cuestiones y en uno u otro sentido. Por caer fuera de nuestro tema, soslayamos completamente la primera cuestión: nos interesa sólo la obra, lo que ella pretende y lo que contiene, sea quien sea el autor. En cuanto a la segunda cuestión, dejándonos llevar, por una parte, de impresiones personales, y acogiéndonos, por otra parte, al viejo principio de «in dubiis libertas», hemos optado, en la práctica, por excluir a este autor de la nómina de escritores que estuvieron en Indias y que figuran en la Primera Sección de nuestro Catálogo “''Caeli novi et terra nova''” (BAV 1992)., relegándolo, en cambio, a esta Quinta Sección, dedicada a los autores que opinan sobre América desde Europa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Girolamo Benzoni es -permítase la comparación- algo así como un Homero. Todo y sólo lo que de él se sabe está contenido en su obra. Su vida discurre entre dos mundos: comienza y termina en Europa con un intervalo de 14 años pasados en América. Un buen día de 1541, a sus 22 años de edad, (por tanto, habría nacido en 1519) decide también él, como tantos otros, irse al Nuevo Mundo; sale, pues, de Milán, llega a Sevilla, y luego a San Lúcar de Barrameda, de donde parte para las Canarias y desde allí para las Indias. Aunque si en un lugar de su ''Historia'' dice que se siente «''abrazado a la doctrina de Cristo, nuestro Dios y Salvador''» (p. 176; citaré siempre por la trad. y ed. de Marisa Vannini de Gerulewicz; Caracas 1967), sin embargo, Benzoni no llegó al Nuevo Mundo como evangelizador; fue allá, dice en otro lugar, (p. 19), porque «''no solo deseaba ver nuevos países, sino también hacerme rico''». El primer deseo parece haberlo satisfecho con creces; no hay lugar de la geografía hispanoamericana que él no haya visitado: todas las islas antillanas, todas las repúblicas del Centro y Sudamérica. Confiesa que también se hizo rico; pero el modo cómo lo logró es un misterio; unas veces se mueve en torno a algún gobernador, otras se enrola en alguna expedición, pero, en general, actúa como “reporter” solitario, conversa con los indios, se hospeda en su casa, entrevista a los corsarios franceses, dialoga con un fraile flamenco, siempre a la caza de noticias; ¿cuál potente agencia de prensa hubiera podido sostener hoy un corresponsal de este tipo? &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El caso fue que -cuenta Benzoni- «''tres años después de mi llegada al Perú, encontrándome con varios miles de ducados, ya cansado de estar en aquellos países... pensé irme''» (p. 267). Efectivamente, emprendió el viaje de vuelta desde Guayaquil, exactamente, el 8 de mayo de 1550; pero entre enfermedades suyas y naufragios de embarcaciones, le tocó permanecer entre Panamá y La Habana otros seis años largos. Finalmente, el 13 de septiembre de 1556 -puntualiza con toda precisión «''entramos en San Lúcar de Barrameda y luego en Sevilla; arreglados mis asuntos, me dirigí a Cádiz; de allí..., al cabo de dos meses llegué a Génova, de lo que tuve gran regocijo, y pronto estuve en Milán''» (p. 270). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Casi con aire de un sacrificado misionero, Benzoni concluye su Historia con una especie de Te Deum: «''Siempre alabando la Magestad de Dios, y la omnipotencia suya y de nuestro Salvador, que me ha concedido la gracia de ver tantas novedades, y tanto mundo, y tantos países extraños, librándome de innumerables trabajos; cuando yo lo pienso, me parece increíble que un cuerpo humano haya podido soportar tanto''» (ibid.). Una vez recuperadas sus energías, Benzoni se puso a redactar su Historia, que saldría a la luz en 1565, no en Milán, dominada por los españoles, sino en Venecia. El autor se preocupó de dejar bien claro en el mismo título que se trataba de la historia de islas, mares y ciudades «''da lui proprio vedute, per aqua e per terra in quattordici anni''»; algunos biógrafos señalan que la editio princeps veneciana salió a la luz «ad instantia di Gabriel Benzoni», que podría ser un hermano o pariente del autor; la historicidad de éste cobraría así mayor consistencia; pero debo decir que el ejemplar de la misma edición que se conserva en la Biblioteca Vaticana no contiene este dato; así como tampoco lo contiene el ejemplar descrito por Fumagalli, n° 1033. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Benzoni es un periodista, pero no se contentó con escribir sólo lo que vio y observó durante su real o imaginaria «tournée» americana, sino que se propuso contar la historia del descubrimiento y de la conquista de América, al menos en sus principales etapas, valiéndose de fuentes, que ordinariamente no cita, pero que hoy están identificadas en su mayor parte; trátase, sobre todo, de Pedro Mártir de Anglería y de los historiadores y cronistas españoles Pedro Cieza de León, Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gómara, Agustín de Zárate, etc. Las afirmaciones que, hoy por hoy, se pueden continuar considerando como de su propia cosecha, se reducen a tan poco y son tan personales que pudo tranquilamente hacerlas sentado en su cómodo «tavolino» de Milán, sin necesidad de exponerse a los «innumerables trabajos» de 14 años de viajes. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Además de sus afanes turísticos y crematísticos, Benzoni declara sin tapujos que tuvo la intención de recoger datos directos para demoler totalmente el mito de las gestas españolas en América, alimentado y divulgado por los historiadores nacionales. No es que Benzoni se constituya en defensor de los indios; éstos no le preocupan, pues los califica, por las buenas, de «brutti animali». Lo único que le interesa es derrumbar las glorias que los españoles alcanzaban o decían que alcanzaban. Y la principal de todas, que él se propone, ante todo, combatir, es la evangelización. Lo confiesa él mismo: «''Sobre todas las cosas, lo que yo he especialmente procurado saber acerca de esta nación india, ha sido lo que sienten y piensan de nuestra fe; así quiero dar noticia tanto de lo que públicamente he oído decir a algunos sacerdotes y frailes, como de lo que yo mismo he visto y oído de los propios indios, a fin de que los lectores puedan considerar cuán escandalizados han quedado por nuestras malas acciones. Suplico a los discretos, prudentes lectores prestar atención, y oirán dichos y sentencias verdaderamente dignos de grandísima admiración''» (p. 178). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y la conclusión a que llegó Benzoni tras sus diversas «pesquisas» fue que los indios no se convertían sinceramente a la religión cristiana, aunque lo aparentaban. Y la culpa es sola de los españoles: conquistadores, gobernadores, encomenderos, obispos, curas y frailes. Benzoni saca a relucir las pruebas directas. Ante todo, los indios se quejan de que los españoles les predican los mandamientos de su Dios, que son buenos, pero ellos mismos no los observan (p. 178). Además, lo que interesa a los españoles no es la fe, sino el oro. Dice Benzoni: «''Los indios conocen nuestra tremenda codicia y nuestra desmesurada avaricia; hay algunos que toman un pedazo de oro en la mano y dicen: Este es el Dios de los cristianos, por esto han venido de Castilla a nuestros países, por esto nos han sojuzgado, atormentado, vendido como esclavos y nos han hecho otras muchas afrentas; por esto pelean, se matan; por esto no descansan nunca, juegan, blasfeman, reniegan, litigan, roban, se raptan las mujeres el uno al otro y, finalmente, por esto cometen toda clase de maldades''» (p. 179).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De esto no quedan exentos los frailes y curas: «''hay frailes que durante el día hacen cosas que a otros les daría vergüenza hacerlas durante la noche...'' »; «''hubo uno de la Orden de San Francisco que públicamente decía que en todas la Indias no había ni un sacerdote, ni un fraile, ni un obispo que fuese virtuoso, (ibid.)''.» «''Yo mismo he oído conversaciones de sacerdotes que decían entre ellos que habían ido de España a Indias para ganar dinero, y no por otra cosa''» (p. 179). Después de citar casos semejantes, concluye Benzoni: «''He aquí parte de los milagros que los españoles han hecho en las Indias''» (p. 180). Y convirtiéndose en crítico de los historiadores que usa como fuentes, escribe Benzoni: «''a pesar de que tanto se jactaban en sus historias de haber siempre combatido por la fe cristiana, la experiencia, especialmente en estos países, demuestra abiertamente que han combatido por la codicia''» (p. 153). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otra de las razones de la imposibilidad de la verdadera conversión de los indios está en la crueldad que usaron los españoles con ellos; y aquí Benzoni, refiriéndose a Santo Domingo, alega los tópicos ya conocidos: los indígenas que, por desesperación, se ahorcaban y mataban a sus hijos, y las mujeres que interrumpían los embarazos; todo lo cual dio por resultado que la isla, de dos millones de habitantes que tenía, contaba en su tiempo apenas unos ciento cincuenta. Y comenta, sarcástico, Benzoni: «''Esta ha sido su manera de hacerlos cristianos» (p. 94). Benzoni cree haber demostrado que la conversión de los indios al cristianismo era un mito: «Habiendo yo recorrido este Nuevo Mundo por espacio de catorce años ..., y leído las historias que los españoles han escrito sobre sus empresas en estos países, encuentro que en algunas cosas ellos se han alabado un poco más de la cuenta, particularmente cuando afirman que son dignos de gran laude por haber convertido y hecho cristianos a todos los pueblos y naciones que han conquistado y sojuzgado en las Indias: así dicen ellos, que los han hecho cristianos... Pero yo... encuentro que hay mucha diferencia entre serlo de nombre y serlo de hecho''» (pp. 176-77). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En vez de convertir a los indios, lo que han hecho los españoles fue aterrorizarlos y estimularlos al odio. Así sentencia definitivamente Benzoni: «''En conclusión, yo digo, que donde quiera que los españoles han desplegado sus banderas, han dejado recuerdo de grandísima crueldad y huella de odio perpetuo entre los naturales''» (p. 94). Pero, no obstante su aparente humanitarismo y su acendrado anti-hispanismo, a Benzoni le interesaban bien poco tanto las desgracias de los indios como las crueldades de los españoles; una sola cosa le preocupaba: que innumerables pueblos hubiesen abrazado el cristianismo. Y, según su propia confesión, se propuso demostrar que ese hecho era un mito. En una palabra, Benzoni quiere poner sobre el tapete la acción evangelizadora de la Iglesia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El nombre de Girolamo Benzoni, sea quien sea el autor que se encubre bajo él, va unido a los orígenes de la «leyenda negra» americana. Su Historia fue usada por la Reforma [protestante] como un arma eficacísima para tratar de destrozar a la Iglesia [católica] desde dentro, ya que aparecía escrita por un italiano que se profesaba católico -«abrazado a la doctrina de Cristo»- y que decía haber visto y observado personalmente los hechos que describe, y estaba dedicada, además, nada menos que al papa Pío IV. En ella se contiene todo lo que de negativo se podía decir contra la evangelización americana: genocidios, crueldades, vida depravada de clérigos y religiosos, sed de oro, conversiones forzadas. Ninguno de los ideólogos modernos ha podido añadir algo nuevo a esta sarta de improperios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La obra, además de la editio princeps, conoció en los tres siglos siguientes más de 30 ediciones, de las cuales, quince son en latín, siete en alemán, cinco en holandés, tres en francés, dos en inglés, y sólo una en Italiano. El calvinista francés y pastor en Ginebra, Urbano Chauveton, fue uno de los que contribuyó mayormente a difundirla. La tradujo al latín y la editó, por primera vez, en Ginebra en 1578, y nuevamente en 1586. Chauveton preparó también la traducción francesa y la publicó junto con la historia del «massacre » de hugonotes en un mismo volumen que lleva el siguiente título: ''Histoire nouvelle du nouveau monde ... Ensemble une petite histoire d'un massacre commis par les hespagnols sur quelques fran¬cois en la Floride...'', Geneve, Eustache Vignon, 1579. Es digno de notarse cómo una simple escaramuza entre unos cuantos soldados españoles y «quelques » corsarios hugonotes se convierte en un auténtico «massacre» por arte del lenguaje. Otro grande propagandista de la Historia de Benzoni será Theodor de Bry, quien con sus caricaturescos diseños y comentarios contribuirá a hacer más agradable su lectura. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Benzoni, G. ''La Historia del Mundo Nuevo''. Traducción y notas de Marisa Vannini de Gerulewicz. Estudio preliminar de León Croizat (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia; Caracas 1967)&lt;br /&gt;
* M. Allegri, «Di Girolamo Benzoni e della sua ''Historia del Mondo Nuovo''», Raccolta, 5/3, 133-54&lt;br /&gt;
* C. Pereyra, ''Quimeras y verdades en la historia'' (Madrid 1945) 354-62 (en torno a la personalidad de Benzoni y al valor documental de su obra)&lt;br /&gt;
* Romeo, Le scoperte'', 86 («si potrebbe persino dubitare che in America egli sia stato effettivamente; tanto piu che il vanto di viaggi inesistenti e tutt'altro che raro in quel tempo (si ricordi per tutti l'esempio del Botero)»)&lt;br /&gt;
* ''L'Amerique vue par l’Europe'', Paris 1976, 70. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ISAAC VAZQUES JANEIRO'''(© Caeli Novi et  Terra Nova- BAV 1992)&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=EDUCACI%C3%93N_EN_AM%C3%89RICA_LATINA&amp;diff=5307</id>
		<title>EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA</title>
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		<updated>2014-07-22T22:31:08Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;&lt;br /&gt;
''' (ÉPOCA VIRREINAL)'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conforme los territorios de las ''Indias Occidentales'' fueron siendo conquistados, la Corona Española se advocó a la integración de los habitantes del Nuevo Mundo a la cultura occidental cristiana; la evangelización y la educación fueron los pilares principales en que descansó éste proceso integrador, y es por ello que la fe y el alfabeto fueron propagados simultáneamente. Como profética coincidencia, en el mismo 1492,  año del Descubrimiento de América, Antonio de Nebrija publicaba en España su célebre ''Gramática'' que sistematizó la lengua castellana, la cual en relativamente pocos años permitiría darle al Continente la unidad lingüística de la que hoy goza, y que sustituyó a la “''babel''” prehispánica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Iglesia, depositaria no sólo de la fe sino también de la sabiduría acumulada en Occidente durante siglos, no renunció a su misión de Maestra en las nuevas tierras recién descubiertas. Fueron los misioneros de las órdenes religiosas –franciscanos, dominicos, agustinos, jerónimos, mercedarios y jesuitas- los que, desde su llegada a las Antillas, asumieron el reto de incorporarlos al seno de la Iglesia y de la Corona. ''“Ya en 1511 se ordena fundar un monasterio de franciscanos en la isla de San Juan, con cargo de «que se tuviese mucho cuidado de los niños para ynstruirlos» (…) en 1518 se insiste sobre lo mismo, y se señala la necesidad de crear internados, a cargo de franciscanos y dominicos, «para que los dichos frayles les mostrasen a leer, escribir y todas las otras cosas de nuestra sancta fe, y que después que les hubiesen mostrado cuatro años, se les volviesen a las personas que se los hubiesen dado» (Ordenanzas de Zaragoza), para que siguieran actuando como instructores de lo que hubieran aprendido.”&amp;lt;ref&amp;gt;Sierra Vicente D. Así se hizo América. Cultura Hispánica, Madrid, 1955, p.176&amp;lt;/ref&amp;gt;En el mismo sentido fueron las Instrucciones dadas al gobernador de la Española, Nicolás de Ovando, al que  se le ordenaba: “Que se hiziese hazer una casa adonde dos vezes en cada día se juntasen los niños de cada población, y el sacerdote les enseñase a leer, escribir y la doctrina cristiana, con mucha caridad.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jamás estimaron los misioneros que los naturales fueran incapaces de incorporarse a la cultura europea, de asimilar los valores occidentales, lo mismo los religiosos que los intelectuales; nunca albergaron sentimientos de menosprecio hacia los indígenas por motivos de raza u origen. Ello no quiere decir que no dejaran de extrañarse, e incluso alarmarse, por algunas de las costumbres y conductas de los indígenas; sin embargo, como escribió Fray Bernardino de Sahagún, ''“es certísimo que estas gentes todas son nuestros hermanos, procedentes del tronco de Adán como nosotros, son nuestros prójimos, a quienes somos obligados a amar como a nosotros mismos.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Sahagún Bernardino de, Historia general de las cosa de la Nueva España. Porrúa, México, 1989. Prólogo&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ernesto de la Torre Villar escribe: “Con esa fuerza extraordinaria que da la idea de cumplir una misión, los religiosos volcaron todo su entusiasmo, saber, energías, y amor en los indios. A ellos se entregaron y fueron padres amantísimos y maestros de tan excelentes calidades que podemos decir, sin exagerar, que la cultura y salvación del indio, débense primordialmente a ellos, quienes con su ejemplo, ideas renovadoras y labor permanente pusieron las bases de nuestra civilización. Enseñar a los indios la religión cristiana y los más valiosos principios de la cultura occidental, esto es, formas de civilidad política, y los conocimientos científicos y humanísticos más relevantes, representó la misión esencial de los religiosos.”&amp;lt;ref&amp;gt;De la Torre Villar Ernesto, Los catecismos, instrumentos de evangelización y cultura. Preliminar a la edición facsimilar De Gante Pedro Fray, Doctrina cristiana en lengua mexicana. Centro de estudios históricos Fray Bernardino de Sahagún, México, 1981, p.16&amp;lt;/ref&amp;gt;Los misioneros de las diferentes órdenes y congregaciones estimaron que su labor esencial consistía en la evangelización y educación de los naturales, exigiendo a las autoridades – el Rey incluido- que participaran en esa misión que debe estar por encima que cualquier otra. Ello lleva a Fray Pedro de Gante, primer educador de la Nueva España, a escribir en febrero de 1552 una carta a su pariente, el rey Carlos V  en la que le dice: ''“Cristo Nuestro Redentor no vino a derramar su preciosísima sangre por sus tributos (de los indios), sino por sus ánimas, pues vale más un ánima que se salve que todo el mundo de cosas temporales.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, p. 18&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Para cumplir con esa misión era indispensable la enseñanza de la escritura y la lectura. ''“El pensamiento pedagógico español respecto de los indios fue concretado por el virrey del Perú Francisco de Toledo al decir: «Para aprender a ser cristianos tienen primero necesidad de ser hombres»: o sea, que el problema de la conversión era, esencialmente, de cultura y civilización.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Sierra, obra citada, p. 176&amp;lt;/ref&amp;gt;Para ello los misioneros elaboraron ''“cartillas”'' adecuadas que facilitaran dicha enseñanza. En un principio dichas cartillas fueron impresas en España. “Las primeras referencias a este respecto son las de 1512, cuando la ''Casa de Contratación'' compró en Sevilla dos mil ejemplares de cartillas que se entregaron a Fray Alonso de Espinar, franciscano que regresaba a Santo Domingo. Al año siguiente se entregaron al bachiller Suárez que iba a Santo Domingo, veinte ejemplares del ''Arte de la Lengua Castellana de Nebrija'', destinados a enseñar gramática a los hijos de los caciques de las islas del Caribe. En 1530, el librero Pedro Ximenez vendió a la Casa de Contratación trescientas cartillas encuadernadas en pergamino, y en 1533 Diego de Arana, criado del obispo de México Juan de Zumárraga, recibió de la misma Casa de Contratación veinte mil maravedíes para que pagara en Alcalá de Henares doce mil cartillas que se imprimieron destinadas a la Nueva España. En 1539, cuando ya hubo imprenta en México, la Corona otorgó  a Juan Cromberger e hijos el privilegio de imprimir cartillas, asignándole el precio de medio real por cada una”.&amp;lt;ref&amp;gt;De la Torre Villar, obra citada, pp. 30-31&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Es importante hacer notar que durante la primera parte del siglo XVI, los misioneros aprendieron primero las lenguas indígenas y, una vez conocidas y dominadas, enseñaron el evangelio y la cultura a los naturales en su propia lengua, obteniendo notables resultados. Pero, buscando establecer un vínculo de gran fuerza en sus dominios americanos, en 1550 Carlos V expidió en Valladolid una disposición para que se enseñase a los indios el castellano, iniciándose así una enseñanza bilingüe que también fue exitosa. No fue sino hasta finales del siglo XVII cuando la disminución del celo apostólico y el creciente desinterés por los indígenas llevó a las autoridades españolas a ordenar tajantemente al clero indiano que curas y doctrineros enseñasen solo en castellano (disposición del 7 de julio de 1685)&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, p.41&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El deseo común de la Iglesia y la Corona de integrar a los naturales, dio lugar a un complejo sistema educativo que se iniciaba en los patios de las iglesias. Según  el Códice franciscano, los religiosos separaban a los hijos de  caciques y principales de los hijos de labradores y gente común; a éstos últimos se les repartía por el patio sentados en diversas ''turnas o corrillos'' conforme a lo que cada uno había de aprender “porque a unos, que son los principiantes, se les enseña el Per signum y a otros el Pater noster, y a otros los Mandamientos, según vayan aprovechando; y vanlos examinando y requiriendo para subir de grado en grado, y cuando ya saben toda la doctrina y dan buena cuenta della, tiénese cuidado de despedirlos y enviarlos a sus casas, para que los varones ayuden a sus padres en la agricultura o en los oficios que tuvieren, y a las muchachas tengan compañía a sus madres y aprendan los oficios mujeriles con que han de servir a sus maridos.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los hijos de los principales, “después de que han aprendido la doctrina cristiana, que para todos es el primer fundamento, luego son enseñados a leer y escribir”. Pero siendo esto insuficiente los misioneros adicionaron otra estrategia educativa: la de ''internados'' ya que, como escribía Fray Pedro de Gante en varias de sus cartas a sus superiores: “por ser la tierra grandísima, poblada de infinita gente y los frailes que predican pocos para enseñar tanta multitud, nosotros los frailes, recogimos en nuestras casas a los hijos de los señores y principales para instruirlos en la fe católica, y aquellos después enseñan a sus padres… saben estos muchachos leer, escribir, cantar y predicar y celebrar el oficio divino a uso de la iglesia.”&amp;lt;ref&amp;gt;Carta citada por De la Torre Villar. Obra citada, p.18&amp;lt;/ref&amp;gt;Y en 1531, el entonces oidor de la segunda Audiencia de México, Vasco de Quiroga, comunicaba al Consejo de Indias que los religiosos tenían en sus casas a numerosos muchachos, “tan bien doctrinados y enseñados, que muchos dellos, además de saber lo que a buenos cristianos conviene, saben leer y escribir en su lengua, y en la nuestra y en latín, y cantan canto llano y de órgano, saben apuntar libros dello harto bien, y otros predican; cosa, cierto, mucho para ver y para dar gracias a nuestro Señor.”&amp;lt;ref&amp;gt;Sierra Vicente, obra citada, p.177&amp;lt;/ref&amp;gt;En aquellas regiones donde la estrategia de los internados fue implementada –y que se llevó a cabo en casi toda la geografía de Hispanoamérica-, se logró formar grupos selectos de indígenas que ayudaron enormemente a la evangelización y al surgimiento del mestizaje cultural. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 8 de agosto de 1533 Sebastián Ramírez de Fuenleal, arzobispo de Santo Domingo y Presidente interino de la Real Audiencia de México, escribió al Emperador Carlos V que había hablado con los franciscanos sobre el propósito de enseñar “''gramática romanzada en lengua mexicana a los naturales''”, y que los frailes habían consentido y encargado a una de sus comunidades que emprendiese la tarea. Es importante recordar que en ese entonces, el curso de gramática era el nombre genérico del estudio de filosofía,  latín y física. El propósito de enseñar latín a los indígenas no era un capricho de los frailes, sino dotarlos de una habilidad que les permitiría acercarse a las fuentes de la más alta cultura, pues en toda Europa se escribían en latín las obras de filosofía, física, astronomía, ciencias y artes en general.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La iniciativa de Ramírez de Fuenleal cristalizó con la organización del primer colegio de América: el ''Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco'', inaugurado en la fiesta de la Epifanía del Señor 6 de enero de 1536 y destinado a la educación secundaria de los indios. El plan de estudios fue preparado, de acuerdo a las normas vigentes en Europa, en dos cursos: el «''trívium''» integrado por los cursos de lógica, gramática y retórica, y el «''cuadrivium''», que se componía de los cursos de aritmética, geometría, astronomía y música. Fray Gerónimo de Mendieta narra que poco después se añadieron algunos cursos de medicina, dada la urgencia de servicios médicos en algunas poblaciones. García Icazbalceta dice que el Colegio de Tlatelolco engendró “''alumnos aventajadísimos que no solo llegaron a ocupar cátedras en el Colegio, sino que sirvieron también para enseñar a religiosos  jóvenes''”&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Sierra V. Obra citada, p. 182&amp;lt;/ref&amp;gt;.Algunos de los indios graduados en ese Colegio fueron: Antonio Valeriano↗, autor del Nican Mopohua y quien llegó a ser Rector del mismo así como Gobernador de Indios en Tlatelolco; Pedro Nazareo, quien también fue Rector del Colegio; Pedro Juan Antonio, quien en 1568 pasó a España  graduándose en Derecho en la Universidad de Salamanca, y Martín de la Cruz, autor de un texto sobre hierbas medicinales que fue traducido al latín por su condiscípulo Juan Badiano&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, pp. 183-184,&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un informe que la Provincia del Santo Evangelio de la orden franciscana envió a España en 1570, se daban las siguientes noticias acerca de este Colegio: “A los principios leyeron (enseñaron) allí latinidad a los indios y las Artes, y aun parte de la Teología Escolástica, tres personas de las eminentes que han pasado a Indias, así en letras como en religión, que fueron Fr. Juan de Gaona, Fr. Francisco de Bustamante y Fr. Juan Fucher, los cuales, como tales maestros, sacaron algunos indios buenos discípulos que han leído (enseñado) la Gramática muchos años, así en el mismo colegio a los indios como en otras partes a los Religiosos de todas las Ordenes; y a los que han deprendido (aprendido) su lengua, ellos son los que principalmente se la han enseñado, y les han enseñado a traducir en ella los libros que están escritos en dicha lengua, y han servido de intérpretes en las Audiencias, y han sido hábiles para encomendárseles los oficios de jueces y gobernadores y otros cargos de la república, mejor que a otros, de manera que no fue frustrado el intento del que fundó aquel colegio”&amp;lt;ref&amp;gt; Borgia Steck Francisco OFM, El primer colegio de América: Santa Cruz de Tlatelolco. México, 1944, citado por Sierra, obra citada, p. 182.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al Colegio de Tlatelolco siguió el ''Colegio de San Nicolás'', fundado en Pátzcuaro en 1540 por Vasco de Quiroga y que tuvo la modalidad de no ser exclusivamente para indígenas; a éste siguió el Colegio de ''Tiripetio'', fundado por iniciativa de fray Alonso de la Veracruz quien años más tarde, en 1575, erigió en la ciudad de México el ''Colegio de San Pablo'', el cual fue considerado por mucho tiempo como uno de los mejores centros de estudios teológicos de América. Gran renombre alcanzó también el ''Colegio de San Luis'', erigido en la ciudad de Puebla por los dominicos, y que llegó a conferir grados académicos. Muchos otros centros de enseñanza religiosa fueron extendiéndose; entre otros podemos citar el ''Colegio de San Pedro'' en Guadalajara; el de ''San Bartolomé en Oaxaca''; el ''Colegio Real de Michoacán'', para españoles, indios y mestizos y, también en Michoacán, el ''Colegio de Santiago'', para indios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El ''Tercer Concilio Provincial Mexicano'' celebrado en 1585, reglamentó la forma en que se debía impartir la educación a los indios y recomendó la creación de colegios y seminarios para la formación de los jóvenes criollos. La instrucción en la doctrina cristiana se haría en los atrios de las iglesias los días festivos; las parroquias que tuvieran ingresos suficientes para mantenerlas debían erigir escuelas de enseñanza. La educación de la juventud española –considerados como españoles tanto los peninsulares como los criollos- se confió a una orden religiosa de reciente llegada a tierras americanas y que había demostrado su eficiencia en el terreno pedagógico: la Compañía de Jesús.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El arribo de la Compañía de Jesús a tierras de América significó un empuje formidable a la tarea educativa. Los jesuitas trasladaron al Nuevo Mundo los métodos educativos que les había dado excelentes resultados en Europa. En las ''Constituciones'' redactadas por San Ignacio de Loyola se definía la organización de los estudios y la finalidad pedagógica encomendada a los miembros de la Compañía de Jesús. Los maestros jesuitas elaboraron un método llamado ''Ratio atque Institutio Societatis Jesu'' (orden y método de los estudios de la Compañía de Jesús) aplicable a todas sus escuelas y cuyo objetivo era la formación de hombres trabajadores, responsables, caritativos, conscientes de sus obligaciones y útiles a su comunidad. “''Los jesuitas trasladaron a la Nueva España (y a toda América) los métodos educativos que les habían dado excelentes resultados en Europa. El humanismo encontró sus cauces propios en los colegios de la Compañía, y tradición y modernidad se armonizaron en un sistema ordenado, práctico y de infalible impacto psicológico.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Gonzalbo Pilar, El humanismo y la educación en la Nueva España. SEP. México, 1985, p.19&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la Nueva España los jesuitas crearon escuelas para los indígenas en varias partes, siendo la primera de éstas la de ''San Miguel'' en Puebla (1583), seguidas por la de ''San Gregorio'' en la ciudad de México (1586) y después las escuelas  en Parras, San Luis de la Paz, Tepotzotlán y Sinaloa. Pero donde la Compañía de Jesús puso sus más decididos esfuerzos fue en la erección de sus ''Colegios Mayores''; apenas un año después de su arribo a Nueva España ocurrido en 1572, el superior de los jesuitas, padre Pedro Sánchez, inauguraba los cursos del ''Colegio de San Pedro y San Pablo'', institución que constituyó el primer colegio máximo de la Compañía de Jesús en el Continente. De sus aulas salieron, al correr de los años, muchas célebres personalidades: Sigüenza y Góngora, La Rea, Bartoloche, Castorena y Urzua, Alzate, León y Gama, muchos obispos y centenares de religiosos de las distintas Órdenes. Otros colegios fundados por los jesuitas en la Nueva España fueron: el de Pátzcuaro, en 1574; el de Oaxaca, en 1575;  en Puebla el Padre Hernando Suárez de la Concha fundó en 1578 el ''Colegio del Espíritu Santo'', y después en 1579 también en la misma ciudad, los jesuitas erigieron el ''Colegio de San Ildefonso''; el de Tepotzotlán, en 1585; el de Zacatecas, en 1593. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La acción educativa de la Iglesia y la Corona no se detiene en México pues América, extensa y llena de promesas y problemas, obligó a dispersar hacia los cuatro puntos cardinales la corriente civilizadora; si en lugar de ello dicha acción se hubiera concentrado en una sola región –como lo hizo Inglaterra en el norte del Continente- los frutos habrían sobrepasado lo imaginable. El 18 de diciembre de 1535, el Rey Carlos I de España y la Reina Juana expedían una real cédula ordenando que, para los caciques que habían de gobernar a los indios -pues entonces predominaba la idea de no separar a los naturales de sus autoridades ancestrales- fueran instruidos desde niños en escuelas y colegios que les formaran en fe y ciencia. Esta resolución dio origen a la creación de numerosos colegios en el virreinato del Perú, dotados con renta de la Real Hacienda. Felipe II, desde San Lorenzo, reiteró esa cédula el 22 de julio de 1579. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guatemala esta cédula fue puesta en práctica desde 1536 por operarios de la Orden mercedaria congregados conventualmente; un informe de la Real Audiencia de 1554 decía que los religiosos de la Orden de la Merced ''“fueron los primeros que tuvieron escuelas, y en ellos mostraron a los hijos de los principales de estas partes, la doctrina cristiana, y los comenzaron a poner en policía (vida ordenada dentro de la ciudad), y les enseñaron a leer, escribir y cantar y ayudar a misa y otras muchas cosas convenientes a nuestra sancta fe y salvación de sus almas; y esto no sólo en esta ciudad, pero en la provincia de Chiapa y Honduras.” En 1561 fue enviado a México el dominico fray Francisco de Céspedes para hacer imprimir las artes de la lengua de Chiapas, zoques, cendales y cinacantlecas. “El irlandés Tomás Gage, que fue misionero en Guatemala de la Orden de Predicadores, escribía en Londres después de su apostasía: «En la mayor parte de las aldeas tienen escuelas, donde (los indios) aprenden a leer, cantar y algunos a escribir».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Sierra, obra citada, p. 188&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Perú, los altercados violentos perturbaron un tiempo la labor misional y educativa entre los naturales, pero no la detuvieron. Franciscanos, dominicos, mercedarios y agustinos trabajaron con empeño desde los primeros momentos, al punto que, en 1551, una real cédula daba cuenta de que la Orden de Predicadores había fundado sesenta escuelas de indios y que otras tantas había en el Obispado de Charcas, debidas al esfuerzo de su prelado, el franciscano fray Tomás de San Martín. El esplendor en el Perú se inicia con la llegada del virrey Francisco de Toledo al cual, antes de salir de España, Felipe II lo proveyó de un cuerpo de ''instrucciones secretas'' (es decir, ajenas a todo propósito de fama o exteriorización) en uno de cuyos apartados decía: ''“Para la instrucción de los indios y para plantar en ellos la doctrina cristiana con más fundamentos y más de raíz, se tiene por medio muy substancial el de las escuelas, donde aprendan los niños, y el de los seminarios y colegios donde se críen, y el de los estudios donde aprendan. Y así ha parecido se debe dar orden cómo las dichas escuelas las haya en todos los lugares y repartimientos, donde sean enseñados los indios con cartillas y libros a propósito de la Doctrina Cristiana; y que en los lugares principales haya colegios y seminarios; y que también se mire en lo de los estudios, y Vos trataréis asimismo y conferiréis esto con los dichos Prelados y procuraréis se dé la mejor orden que se pueda para que se haga lo de las escuelas, colegios y seminarios, mirando por qué orden esto se pueda asentar, y cómo y de qué se puedan sostener, proveyendo en el entretanto lo que se pudiere, nos daréis aviso con vuestro parecer; visto lo cual, se podrá con más fundamento ordenar.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, p.189&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Virrey Francisco de Toledo cumplió con toda energía las instrucciones del Rey; por ello Antonio de León le dio el sobrenombre de Solón del Perú. En su tarea, tras el arribo de la Compañía de Jesús al Perú en 1567, Toledo encontró un gran apoyo pero nunca dejó de reconocer la gran labor realizada con anterioridad por las otras Ordenes; así señalaba a los franciscanos de quienes decía que “''no se les puede negar sino que cuadran más para las conversiones destos naturales que otra religión (Orden religiosa) de las que han pasado por estos reinos''”. De los mercedarios decía que ellos son “''los más dispuestos para ir a doctrinar a las punas desiertas''”. El Virrey Toledo y el Santo Arzobispo de Lima, Toribio de Mogrovejo, solicitaron a los jesuitas hacerse cargo de la doctrina de los indios de Huarochiri, formada por setenta y siete pueblecillos en lo más abrupto de la Cordillera de los Andes. En 1570 la Compañía de Jesús inició la doctrina de los indios de Lima en un arrabal llamado ''Santiago del Cercado''. En la ''Historia general de la Compañía de Jesús en la Provincia del Perú'' escrita en 1600, se dice que en Santiago del Cercado tenían no solamente escuela de niños donde se les enseñaba a leer y escribir y la doctrina cristiana, sino también otra escuela de música, donde aprendían a cantar y a tañer chirimías, cornetas, orlos y otros instrumentos, ''“lo cual sirve de que por una parte ganen de comer, siendo los que de ordinario acuden a todas las fiestas de la ciudad (de Lima), recibiendo por ello muy buena paga”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Historia general de la Compañía de Jesús en la Provincia del Perú. (1600) Reeditada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1944. Citada por Sierra Vicente, obra citada, p. 199&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Quito fueron los franciscanos quienes iniciaron la instrucción primaria desde mediados del siglo XVI al instalar la escuela de ''San Andrés'', para enseñar a leer y escribir, canto y música, así como los oficios de carpintería, zapatería, herrería, y usar los arados para cultivar la tierra. Siguieron los agustinos, fundadores de una escuela de pintores, escultores e imagineros, que llegaron a dar tanta fama a la ''escuela quiteña'' de bellas artes. En esa misma ciudad los jesuitas fundaron el Colegio Real con su famosa biblioteca, conocida con el nombre de ''Seminario de San Luis''. El virreinato del Perú cierra el siglo XVI con una organización educacional completa, al alcance de todas las clases y razas. Las Órdenes religiosas mantenían, anexos a sus monasterios, escuelas primarias, colegios y estudios mayores en Cuzco, Potosí, Arequipa, La Paz, Quito, Santiago de Chile, Trujillo, Callao, Chiclayo, Cajamarca, Arica, Oruro, y las misiones se extendían hasta Santa Cruz de la Sierra y Tucumán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Nuevo Reino de Granada (después elevado a Virreinato), los dominicos establecieron en 1563 la primera cátedra de Gramática en su convento de Santa Fe de Bogotá; cinco años más tarde ese convento conocido como del ''Rosario'', fue transformado en ''Estudios Generales'' con facultades de Artes y Teología. El cronista de la Orden de Predicadores refiere el regocijo del fundador de Bogotá, Jiménez de Quesada, “''de ver Estudios en la cabeza del Reyno que había conquistado''”. Jiménez de Quesada legó al establecimiento su magnífica biblioteca, pues, como es sabido, fue un hombre de letras dotado de altísima cultura. Por bula de 18 de junio de 1580, S.S. Gregorio XIII erigió en Universidad los ''Estudios Generales del Convento del Rosario.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1535 Pedro de Mendoza funda la población de  ''Santa María del Buen Aire'', pero un año después el desierto y el hambre obligaron a sus habitantes a abandonarla y concentrarse en Asunción del Paraguay, población enclavada en el centro de la selva chaqueño-paraguaya y prácticamente aislada de España lo mismo que del resto del Continente. La labor educativa en Asunción fue iniciada por el presbítero Francisco de Zaldívar y continuada por el padre Alonso de Barzana, uno de los más extraordinarios evangelizadores del Tucumán y Paraguay, y quien escribiera con entusiasmo sobre la enseñanza de los niños en la escuela por él fundada, señalando que los alumnos progresaban en ''catecismo y abecedario''. En Tucumán fueron los franciscanos quienes organizaron las primeras ''reducciones'' entre los guaraníes, preludio de la extraordinaria labor que poco después realizarían los jesuitas en esa región.  En 1585 arriba al Paraguay la primera misión jesuítica proveniente del Perú; en ella iba un hermano coadjutor llamado Juan de Villegas, quien se dedicó a la enseñanza elemental entre los niños guaraníes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Antes de cerrar el siglo XVI,  la obra educacional emprendida por la Iglesia y la Corona completa su organización en las Indias Occidentales con la erección de varias universidades. La primera Universidad en tierras americanas fue la'' Universidad de San Marcos'', en la ciudad de Lima, fundada por cédula real de Felipe II fechada el 12 de mayo de 1551; el 21 de septiembre del mismo año, el Rey firmaba la cédula para la erección de la ''Real y Pontificia Universidad de México''; sin embargo, la primera en iniciar sus cursos fue la de México el 25 de enero de 1553. En la misma fecha de la cédula para la Universidad de México, el mismo  Rey Felipe II emite otra real cédula que, como complemento a las anteriores dice: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Para servir a Dios y bien público de nuestros reinos, conviene que nuestros vasallos y súbditos naturales tengan en ellos Universidades y Estudios Generales donde sean instruidos en todas las ciencias y facultades y por el mucho amor y voluntad que tenemos en favorecer y honrar a los de nuestras Indias, y desterrar dellas las tinieblas de la ignorancia, creamos, fundamos y construimos en la ciudad de Lima, de los reinos del Perú, y en la ciudad de México, de la Nueva España, Universidades y Estudios Generales, y tenemos por bien y concedemos a todas las personas que en dichas Universidades fueren graduados, que gocen en nuestras Indias, Islas y Tierra firme del mar océano, de las libertades y franquicias que gozan en otros reinos los que se gradúan en la Universidad y estudios de Salamanca, así en el no pechar como en todo lo demás.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Sierra, obra citada p. 191&amp;lt;/ref&amp;gt;La Universidad de San Marcos se erigió sobre la base del Colegio de los dominicos en Lima, quienes la dotaron de una renta de 350 pesos, a los que, en 1576, el virrey Cañete agregó 400, lo que nos habla de un inicio precario. En cambio la Universidad de México contó desde un principio con un estipendio por parte de la Corona de diez mil pesos oro, más el producto de una estancia de ganado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En un escrito fechado en Madrid el 30 de diciembre de 1571, Felipe II decía a Toledo,  Virrey del Perú, que “''conviene favorecer a las universidades y que no se funden en monasterios de religiosos.”'' El 2 de julio de 1572, el claustro académico de la Universidad de San Marcos nombró rector entre sus componentes seglares, siendo designado el doctor en medicina Antonio Sánchez Renedo. Como no era justo que se eliminara totalmente a los religiosos, Felipe II, desde Aranjuez, el 13 de mayo de 1590 dispuso que un año el rector fuera eclesiástico y al otro seglar, y por otra cédula fechada el 24 de mayo de 1597, mandó que el decano de las universidades de México y Lima fuera el doctor más antiguo en la Facultad de Cánones, aunque fuera oidor en la Real Audiencia. El Virrey Toledo se preocupó no sólo de dotar de mayores recursos a la universidad limeña, sino también de aumentar el número de sus cátedras y crear otras nuevas, como fueron las de Leyes, Medicina y Lenguas Indígenas; esta última confiada a Juan Balboa, primer doctor criollo que recibió grados en la Universidad de San Marcos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Universidad de México tuvo como primera sede la casa de Juan Guerrero (esquina de la Moneda y Seminario); pero a medida que aumentaron las cátedras y fue mayor el número de alumnos, hacia 1561 hubo necesidad de cambiar de local, ocupando las casas que pertenecían al Hospital de Jesús. En éstas casas permaneció la Universidad hasta el año de 1591 cuando pasó a ocupar las casas del Marqués del Valle hasta principios del siglo XVII, donde se estableció definitivamente en el hermoso edificio construido ex profeso para la Universidad, edificio que fue demolido torpemente en 1910. Los grados profesionales que otorgaba la Universidad eran los de Bachiller, Licenciado, Maestro y Doctor en las siguientes facultades: Artes, Cánones, Leyes y Teología, y Medicina, aunque el grado de Maestro sólo se recibía en Artes y Teología. Para recibir el Bachillerato en Artes se necesitaba, además del Latín y Retórica, haber cursado tres años de Dialéctica, Lógica, Ontología, Física, Matemáticas, Organografía, Teodicea y Ética. En el siglo XVI, es decir, desde su fundación en 1551 hasta el año 1600, los graduados en la Universidad de México alcanzaron la cifra de 595.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
== Notas ==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Bibliografía==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*DE LA TORRE Villar Ernesto,'' Los catecismos, instrumentos de evangelización y cultura''. Preliminar a la edición facsimilar De Gante Pedro Fray, ''Doctrina cristiana en lengua mexicana''. Centro de estudios históricos Fray Bernardino de Sahagún, México, 1981,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*SIERRA  Vicente D. ''Así se hizo América''. Cultura Hispánica, Madrid, 1955&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*SAHAGUN  Bernardino de, ''Historia general de las cosa de la Nueva España''. Porrúa, México, 1989&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*GONZALBO  Pilar, ''El humanismo y la educación en la Nueva España''. SEP. México, 1985,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=AGUASCALIENTES&amp;diff=5306</id>
		<title>AGUASCALIENTES</title>
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		<updated>2014-07-22T21:51:55Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Ciudad mexicana; capital del Estado del mismo nombre=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con una extensión territorial de 5,471 km², el ''Estado de Aguascalientes'' es, después de Tlaxcala, el más pequeño de la República Mexicana. Está situado en el centro-norte del país entre los estados de Zacatecas y Jalisco y es atravesado por la Sierra Madre Occidental; su principal elevación es el Cerro de la Ardilla, con una altitud de 3050 metros sobre el nivel del mar. El clima del estado de Aguascalientes es en su mayor parte templado semi-seco. Su capital es la ''ciudad de Aguascalientes'', de la que toma su nombre, y que, con una altitud de 1889 msnm, se encuentra en la zona centro del estado. El censo de 2010 señala que la ciudad cuenta con 797,010 habitantes, y sumadas las localidades de Pocitos y Jesús María, su zona conurbada tiene 896,600 habitantes. La población de todo el Estado es de 1 184,996 habitantes&amp;lt;ref&amp;gt;www.censo2010.org.mx&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Historia=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la época prehispánica el territorio donde se levanta la ciudad de Aguascalientes estuvo habitado por tribus a quienes los aztecas consideraban como bárbaros y que llamaban “chichimecas”. Sumamente belicosos vivían en pequeños grupos remontados en las serranías; no conocían la agricultura y vivían en cuevas o en efímeras chozas. Hacia 1560 el virrey Luis de Velasco mandó construir, en la región chichimeca del camino que unía a las ciudades de México y Zacatecas, tres «''presidios''» como protección y refugio a los viajeros; al amparo del presidio de Ciénega Grande se establecieron varios vecinos españoles. En 1575 Juan de Montoro, en nombre de once vecinos solicitó a Jerónimo Orozco, Gobernador del Reino de ''Nueva Galicia'', la fundación de la ''Villa de la Asunción de Nuestra Señora de las Aguas Calientes''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El nombre fue debido a unos manantiales situados al oriente del Presidio de ''Ciénega Grande'' que habían permitido la supervivencia de los vecinos en tan árida e inhóspita región. El 22 de octubre de 1575, el gobernador Orozco expidió la cédula de fundación, en la que se ordenaba hacer el trazo de la villa, repartir los solares y nombrar las autoridades correspondientes. El rey Felipe II confirmó la erección de la ''Villa de la Asunción de Nuestra Señora de Aguascalientes'' como Alcaldía Mayor dependiente del ''Reino de Nueva Galicia''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A principios del siglo XVII se logró la reducción de los chichimecas y para su mejor inserción  en la vida civilizada, en 1620 se fundó para ellos el pueblo de San Marcos. Indígenas de otras latitudes –incluso tlaxcaltecas- fueron llevados a San Marcos para que enseñaran a los chichimecas labores agrícolas y artesanales. Con ellos fue posible construir las Iglesias de San Diego, de San Marcos y de Nuestra Señora de la Asunción; ésta última, reedificada totalmente a principios del siglo XVIII en estilo barroco primitivo, es hoy la Catedral de Aguascalientes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1791 el territorio de Aguascalientes fue agregado a la Intendencia de Zacatecas; después de la Independencia, mediante un decreto de  Antonio López de Santa Ana↗ fechado el 23 de mayo de 1835 se le consideró independiente de Zacatecas, siendo refrendado como “estado autónomo” en la Constitución de 1857↗. Por lo que se refiere a su Capital, en 1816 las autoridades virreinales concedieron a la Villa de Aguascalientes el título de «ciudad». Durante el Porfirismo↗ la ciudad de Aguascalientes se convirtió en uno de los principales centros ferroviarios del país al establecerse en ella la empresa del Ferrocarril Central Mexicano y sus talleres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1914 y  tras  caída del régimen de Victoriano Huerta, las distintas facciones revolucionarias (Carrancistas, Zapatistas, Villistas, Obregonistas) acordaron reunirse en una “''Soberana Convención''”&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. ''Historia General de México (Ilustrada)''. Vol. II El Colegio de México- LXI Legislatura Cámara de Diputados, México, 2010, pp. 290-291  &amp;lt;/ref&amp;gt;para dirimir sus diferencias y determinar el rumbo de la Nación. La “Convención” dio inicio en la ciudad de México pero sin la facción zapatista por lo cual acordaron trasladarla  a la ciudad de Aguascalientes por ser territorio “neutral” a todas las facciones. Las sesiones de la “''Soberana Convención de Aguascalientes''” tuvieron lugar en el Teatro Morelos desde el 10 de octubre hasta el 9 de noviembre de 1914; los principales acuerdos tomados fueron: destituir a Venustiano Carranza↗ de su autonombramiento como “primer jefe” y designar como “presidente provisional” al general Eulalio Gutiérrez. Carranza y Obregón no aceptaron las decisiones de la Convención, pero  Francisco Villa y los representantes de Emiliano Zapata si las aceptaron y buscaron ponerlas en práctica por lo que, de hecho, la “Convención de Aguascalientes” se convirtió en una “declaración de guerra” entre las facciones revolucionarias, dando origen a la etapa más violenta y destructiva de la revolución mexicana↗.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la guerra cristera (1926-1929) ↗ resultado de la persecución religiosa desatada por el presidente Calles ↗, el Estado de Aguascalientes fue teatro de  importantes combates entre las tropas de la federación y los cristeros. Meyer narra que “en Aguascalientes, ya en agosto de 1928, «es evidente, a pesar de desmentirlo el gobierno, que las partidas de rebeldes (cristeros) operan de nuevo». En una semana fueron atacados tres trenes militares; en septiembre, la situación era tal que los trenes dejaron de correr de noche, y tardaban 12 horas más en el viaje de Aguascalientes a México; el teléfono estaba cortado y las partidas se hallaban a 12 kilómetros de la capital. En octubre hubo «reanudación general de actividades rebeldes en los alrededores inmediatos de Aguascalientes»; (…) Todos los trenes iban precedidos de un tren militar. José Velasco (jefe cristero) tomó a Jesús María y Calvillo (…) La única satisfacción de la federación fue poder anunciar la muerte del jefe Lucas López, ex villista, como Velasco, pero ésta fue la única y última, porque a partir de diciembre de 1928 el estado quedó directamente unido a Gorostieta (el general en jefe de la Guardia Nacional Cristera), y las actividades guerreras de Velasco coordinadas con las de Jalisco y Guanajuato.”&amp;lt;ref&amp;gt;Meyer Jean La Cristiada. Vol. I,  La guerra de los cristeros. Ed. Siglo XXI quinta edición, 1977 pp. 268-269&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la actualidad Aguascalientes se distingue por una intensa actividad industrial, ganadera y comercial, y dada su posición geográfica es punto de enlace de modernas vías de comunicación entre las zonas económicas más importantes del país. Anualmente, desde finales del mes de abril hasta principios de mayo, en Aguascalientes se lleva a cabo la «Feria Nacional de San Marcos», llamada también «La Feria de México»&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* León Portilla de Diener Adriana ''El Estado de Aguascalientes''. Ed. Nueva Guía, México, Tercera edición. 2001&lt;br /&gt;
* ''Historia General de México (Ilustrada)''. Vol. II El Colegio de México- LXI Legislatura Cámara de Diputados, México, 2010&lt;br /&gt;
* Meyer, Jean. La Cristiada. Vol. I,  La guerra de los cristeros. Ed. Siglo XXI, México, quinta edición, 1977&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=AM%C3%89RICA;_nacimiento_y_personalidad&amp;diff=5304</id>
		<title>AMÉRICA; nacimiento y personalidad</title>
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		<updated>2014-07-21T14:24:07Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Espíritu de conquista, de aventura y de codicia */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Aciertos y equívocos de Colón=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La misteriosa presencia de Dios en la Historia, que es la Providencia» (''Centesimus Annus'', 59) --según la expresión insuperable de Juan Pablo II-llevó a Cristóbal Colón en su memorable viaje de 1492, desde Puerto de Palos hasta una isla del Caribe, donde llegó el 12 de octubre de aquel año. Sin entrar a juzgar lo que pudiera ser imperfecto en su conducta, era un cristiano rancio y un creyente. Y como eran cristianos también quienes lo acompañaban, oyeron Misa, confesaron y comulgaron en la preparación para acometer su gran aventura. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Colón quiso ir a la India y murió con la idea de haber llegado al Asia, atravesando el Océano Atlántico por la vía de Occidente. Se equivocó: no importa. Por otra parte, se insiste en que otros europeos antes que él habían estado en nuestro continente: tampoco importa. Por lo demás, numerosos habitantes de origen no europeo vivían en diversas porciones del territorio americano cuando llegaron los nuevos exploradores. Ello no tiene importancia para calificar su hazaña. Lo que verdaderamente importa es que ese primer viaje de Colón y sus compañeros (que habría quedado en el misterio si no hubieran logrado regresar) es, sin disputa, el hecho más importante y de mayores consecuencias ocurrido en el Universo en el segundo milenio de la Cristiandad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esos mil años no hubo otro acontecimiento cuyas repercusiones hayan sido mayores en profundidad y en extensión, no sólo para quienes estamos radicados en el Hemisferio occidental, sino para quienes moran en otros meridianos y en otras latitudes. Como dice el Senador italiano Paolo Emilio Taviani, el más acucioso de los historiadores modernos sobre la vida y sobre los viajes de Colón: «Las consecuencias del gran descubrimiento se difundieron, se multiplicaron con el correr de los años y de los siglos. Todavía hoy están vivos, y provocan nuevas consecuencias. De esta manera, el genio de Colón llegó a ser y sigue siendo, el símbolo del recodo que cambió el curso de la historia».&amp;lt;ref&amp;gt;Taviani, Paolo Emilio. ''Los Viajes de Colón'', edición castellana, I, 262.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se equivocó el Almirante genovés sobre el destino final de su viaje, pero no sobre el propósito fundamental del mismo: demostrar que la tierra era tal que podía recorrerse íntegramente, ponerse proa al Oeste para llegar a los países de Oriente. Por él, la humanidad tuvo prueba fehaciente de la unidad y continuidad del Universo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Espíritu de conquista, de aventura y de codicia=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llevó a España prueba documental de lo que había encontrado. Naturaleza viva y muerta y seres racionales lo acompañaron, para que nadie pudiera creer que estaba fabulando. Su éxito encendió en muchos el espíritu aventurero y el irrenunciable deseo de conocer que ya dominaban en su época. El escenario de los caballeros andan¬tes, que un siglo después sepultaría Miguel de Cervantes con su inmortal relato de la vida del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, se trasladó al mundo nuevo a través de múltiples expediciones que, asumiendo a plenitud el riesgo en frágiles embarcaciones, navegaban hacia lo todavía desconocido y echaban raíces profundas en el fértil continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admitamos que no sólo los motivara la atracción caballeresca de la empresa. &lt;br /&gt;
También hizo acto de nefanda presencia la codicia dentro de la cada vez más caudalosa migración. Ni pretendemos afirmar que solamente la fe religiosa y el espíritu misionero impulsaron el flujo interminable de hombres y mujeres que salían de sus propios ambientes a aposentarse en un mundo distante: la ambición de fama y poder, la fiebre del oro y de los metales preciosos, el afán del enriquecimiento rápido empuja¬ron muchas voluntades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si es inimaginable el desprendimiento abnegado de infinidad de religiosos y religiosas, que lo dejaban todo por servir a Dios y extender su fe en cumplimiento del mandato evangélico, hubo también prototipos de crueldad; se cometieron crímenes repugnantes, se incurrió en ensañamientos innecesarios y cho¬cantes traiciones, que son la sombra de una luz que sigue iluminando la historia y señalando rumbos que aspiran a seguir la estrella de Belén en búsqueda incesante de la paz para los hombres de buena voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque después del encuentro de las nuevas comarcas vino también - y era imposible que no viniera- el hecho fatal de la conquista. Y «los conquistadores, como dice el escritor venezolano Rufino Blanco Fombona, vistos con ojos ecuánimes no resultan ni el bandolero de Heine ni menos el hermano de San Francisco. Tampoco representan al héroe paradigmático, cuyos pasos y ejemplos deban seguir los soldados de una gran potencia industrial y democrática en el siglo XX. -¿Qué son, pues? ¬En ellos vemos resplandecer virtudes del país y de la época a que pertenecen. También advertimos en ellos defectos nacionales contemporáneos, agravados tal vez por el teatro bárbaro y distante en que actúan y por la casi completa irresponsabilidad con que manifiestan y defienden su personalidad».&amp;lt;ref&amp;gt;Blanco Fombona Rufino. ''El Conquistador Español del Siglo XVI'', Madrid 1922, pp. 9-10).&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto que afirma de los españoles un historiador del siglo XX puede decirse, y en algunos aspectos hasta magnificarse, de los conquistadores de otras nacionalidades: de los portugueses, a pesar de las diferencias que pueden observarse; de los anglosajones, que fueron más pragmáticos, pero que quizás por ello mismo fueron también más recios e implacables frente a los naturales señores de los territorios que iban ocupando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Espíritu de Justicia=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero al mismo tiempo que con fuertes acentos de barbarie se desarrollaba la conquista, frente a ella surgía de la pluma bendita del maestro salmantino Francisco de Vitoria, la defensa del derecho natural y el origen de la disciplina del Derecho Internacional; pues sostuvo en sus ''Relecciones de Indias'', en los mismos días en que apenas llegaban las primeras noticias de los descubrimientos y de la conquista, y en los propios escenarios donde brillaba el emperador Carlos V, en cuyos dominios no se ponía el sol, el derecho natural e inviolable de los indígenas sobre los territorios que ocupaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo puede decirse acerca del acontecimiento histórico del Descubrimiento, pero lo afirmativo de su esencia gira en torno a la presencia de Cristo, al mensaje de Cristo, a los reclamos de la moral cristiana, siempre presentes frente a las trasgresiones, a los abusos cometidos y a los excesos de poder, impuestos en numerosas ocasiones hasta por portadores oficiales de la fe cristiana. La Iglesia no tiene ningún interés en ocultar esos errores: está interesada, más bien, en denunciarlos para repararlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de los designios inescrutables de la Providencia estuvieron las circunstancias en las cuales se desarrollaron los viajes de Colón. No llegó él a las regiones en las cuales se habían desarrollado civilizaciones avanzadas en el Continente Americano, llenas de esplendor aunque también forjadas mediante procesos de conquista no exentos de las mismas y aún peores injusticias y abusos de las de quienes llegaban de Europa. Sus naves fondearon en parajes donde la feracidad de la tierra, la suavidad del clima y la arrobadora belleza del paisaje no habían producido florecientes culturas, o si acaso las hubo, habían desaparecido ante el empuje de pueblos invasores. Apenas en su cuarto y último viaje tuvo la sorpresa de encontrar a unos mercaderes que mostraban un nivel más alto de existencia. Pero no estaba en su destino penetrar para inquirir qué había sido de la civilización Maya a que pertenecían, ni qué otras sociedades avanzadas podía haber en la extensión de nuestro continente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Descubrimiento y Encuentro=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El encuentro de los dos mundos, según la expresión que se empleó más en la ocasión del Quinto Centenario, tuvo características que lo diferencian de lo que comúnmente se entiende por encuentro. El «acto de coincidir en un punto dos o más cosas, por lo común chocando una contra otra», o «el acto de encontrarse dos o más personas», según el Diccionario, tuvo un sentido unidireccional. Los indígenas, unos en estado primitivo y otros viviendo en condiciones muy adelantadas, no se motivaron ni entonces ni después para desplazarse hacia los lugares de origen de los recién llegados, mientras de los países de donde éstos provenían continuaban llegando en las siguientes décadas verdaderas oleadas humanas. Todas las sangres de todas las naciones fueron a unirse en el más fabuloso crisol del ser humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dice la física que en los vasos comunicantes el más lleno por presión pasa a ocupar el menos lleno, en busca de nivelación. Los venidos de Europa eran portadores de variadas culturas, superpuestas en proceso de siglos. No eran españoles solamente, ni siquiera solamente europeos los que venían a América. A través de ellos se trasmitía la cultura del Egipto milenario, la severidad del hebraísmo austero, la pujanza del islamismo avasallante, la fascinación del Oriente misterioso impregnado de Buda y de Confucio. Pero todo traía un signo definitorio, incomparable: el que le imprimía al mundo nuevo que nacía la idealidad cristiana. Los hechos de conquista, por lo demás, no fueron sustancialmente diferentes de los que habían ocurrido en el resto del mundo, cuando unos grupos fueron sojuzgando a otros grupos humanos para terminar fundiéndose con ellos y adoptar su cultura; ni de los que habían formado los propios imperios existentes en México o Perú, porque en ninguna parte los hombres ha¬bían logrado eliminar la guerra, ni soñaban con una paz definitiva, ésa que se nos acerca y se nos aleja, y a veces nos parece un espejismo en el mismo inicio del siglo XXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Una nueva cultura=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conquistadores, evidentemente, trataron de trasladar su propia civilización a las tierras para ellos desconocidas a las que les abrió camino el viaje de Cristóbal Colón. No hay por qué sorprenderse de que a las ciudades que fundaban les dieran nombres europeos que sobrevivieron con frecuencia unidos a los nombres autóctonos. Bautizaban ciudades, es cierto, con los nombres de Santiago, de Santa Fe o de Nueva Cádiz, o Nueva Barcelona, o La Asunción; también lo hicieron los anglosajones en el Norte con Nueva Amsterdam o Nueva York, y los misioneros californianos con San Francisco, San Diego o Los Ángeles, iluminadas por el celo de unos cuantos Junípero Serra; pero la pervivencia de la toponimia original demostrará que no se trasladó el Viejo Mundo al otro lado del Atlántico, sino que ha nacido de verdad un Mundo Nuevo, en el cual por vez primera se reúnen, se mezclan, los ingredientes étnicos y sobre todo culturales de los otros tres grandes continentes. Se formó lo que un gran latinoamericano, el mexicano Vasconcelos, llamó «raza cósmica». Se crearon escuelas, colegios y universidades; y es timbre de orgullo para los misioneros y para los monarcas de ultramar que lo ordenaron, el que se preservaran los idiomas nativos, se dictara una noble legislación de Indias y se recogieran en anales las costumbres y tradiciones que conservaban quienes habitaban en América antes de la llegada de los europeos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=¿Cuándo nació América?=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, en medio de tantos hechos, muchos de ellos contradictorios y confusos, ocurridos en estos cinco siglos, surge la pregunta de cuándo nació América. No es fácil precisarlo. Todavía, en medio de lo mucho que se estudia para indagar nuestros orígenes y buscar explicación satisfactoria a nuestro acontecer, la duda surge. No basta el dato de que a los quince años del primer viaje y a los cinco del último viaje de Colón, en 1507, un cosmógrafo alemán divulgara en reconocimiento al florentino América Vespuccio, quien por lo demás, tenía méritos propios, el nombre de tierra de América o América para designar al Nuevo Mundo.&amp;lt;ref&amp;gt;Cf.  Levillier, Roberto.  ''América Vespuccio, El Nuevo Mundo. Editorial Nasa'', Buenos Aires&amp;lt;/ref&amp;gt;Nada pudieron los esfuerzos colombinos de gente como Fray Bartolomé de Las Casas, para la reparación de lo que se considera una injusticia al genovés. Simón Bolívar hubo de darle como compensación el nombre de Colombia a la creación más grande de su genio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se empezó a hablar, pues, en los albores del siglo XVI, de América como equivalente al Nuevo Mundo. Pero solamente era una denominación geográfica. Pero América, como unidad, tampoco existía para el momento del encuentro en 1492. No había siquiera, en los pueblos visitados durante los cuatro viajes de Colón ni en los encontrados en los inmediatos por los sucesivos viajeros, relación con los grandes imperios de los aztecas o los incas, ni conocimiento exacto de lo que muchos años atrás debió de haber ocurrido con la civilización Maya. Fue treinta años después del pri¬mer viaje de Colón cuando Cortés ocupó a México, en una hazaña saturada de audacia y penetrada de crueldad. Cuarenta trascurrieron para que otro extremeño, Francisco Pizarro, cumpliera una hazaña equivalente en el Perú. Si fue en el Norte, la ocupación se iba realizando por etapas, sin que exista constancia de que los espacios conquistados formaran parte de una unidad política y social. América, el Nuevo Mundo, era visto como una gran demarcación continental, pero en nuestras propias gentes no había conciencia de que formaran una comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un proceso de consolidación se fue cumpliendo en los siglos XVI, XVII y XVIII y vino a aflorar definitivamente en los preludios de la Independencia. Cuando va a finalizar el Ochocientos se independizan y confederan las colonias anglosajonas y adoptan el nombre de Estados Unidos de América. Su mayor poder, su mayor presencia e influencia en los acontecimientos mundiales han hecho que para los no americanos y hasta para los americanos del Centro y del Sur del Continente, el vocablo «americano» a secas se use para denominar a los anglo-norteamericanos. Cuando despunta el siglo XIX, las antiguas colonias españolas se sienten movidas a luchar también por su propia independencia política y una corriente de unidad las acerca, por encima de las demarcaciones que determinarán la formación de un número elevado de Estados. El precursor Francisco de Miranda fue un visionario de la unidad de América, considerando como talla América española. El sabio venezolano Andrés Bello, siguiendo su ejemplo, durante largos y penosos años de permanencia en Londres, editó en colaboración con otros ilustres hispanoamericanos la ''Biblioteca Americana y el Repertorio Americano'', revistas dedicadas a robustecer la conciencia de los hispanoamericanos sobre su propia realidad y sus propios problemas, y publicó la primera poesía dedicada expresamente a fomentar la literatura propia del «mundo de Colón», por lo que fue llamado por Henríquez Ureña y por otros, «libertador artístico» del Continente. Bolívar, en la cumbre de su gloria, convoca el Congreso An¬fictiónico de Panamá en 1824, inspirado en el deseo que había expresado al Libertador O'Higgins, de Chile, de hacer de nuestros pueblos «una nación de repúblicas». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras tanto, las antiguas colonias portuguesas conservaron, a través de una estrategia inteligente desplegada por la Casa de Braganza, su organización política unitaria, pero cuando se constituyeron en República la denominaron «Estados Unidos del Brasil», nombre que mantuvieron por unas cuantas décadas, sin que en él se hiciera expresa mención del gentilicio americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el tiempo se ha ido generalizando el calificativo latinoamericano para comprender a toda el área de países de América distintos de los de lengua inglesa y holandesa. Y la unidad se ha ido expresando más y más en medio de la diversidad. No se habla ya tanto de América, sino de “las Américas”: el cognomento «panamericano» se sustituyó acertadamente por el de «interamericano». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero viene de nuevo la ocasión de señalar cómo los símbolos cristianos son de manera implícita una identificación cabal del Nuevo Mundo. Especialmente, se prestan maravillosamente para expresar lo que los latinoamericanos perseguimos en nuestra integración, a saber, la «nación de repúblicas» de que habló el Libertador Simón Bolívar, o sea, como antes dije, la unidad en la diversidad. Ningún símbolo puede para ese objetivo ser más bello que la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=María y la Patria Grande=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada uno de nuestros países venera a la Virgen María, pero cada uno lo hace bajo una advocación especial. Nuestra Señora de Guadalupe es patrona de toda la América Latina y providencialmente se manifestó a un indiecito humilde, que paternal bondad ha elevado recientemente a los altares; pero Guadalupe es, especialmente, una vivencia íntima en el corazón del pueblo mexicano. Los nombres de tantas maravillosas patronas de nuestras colectividades nacionales, como la de Coromoto en Vene¬zuela, la de Chiquinquirá en Colombia, la de Aparecida en Brasil, la de Copacabana en Bolivia, la de Luján en la Argentina, y paro de contar porque la lista es interminable, expresan una conmovedora devoción, y a la vez una afirmación de propia identidad dentro de la unidad. Visitando sus santuarios con emotiva veneración, no puede uno menos que admirar esa milagrosa presencia de Dios en la Historia de que habló Juan Pablo II. Porque ha encomendado a su Madre Santísima renovar la fe y la espe-ranza de los pueblos que gimen en medio de la pobreza y de la confusión. Es antídoto contra desesperanza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es privilegio solamente de Lourdes y de Fátima, y de tan¬tos otros lugares donde se ha aparecido la celestial Señora para encender el espíritu creyente, donde los altos valores del espíritu prevalecen por encima de las tribulaciones. Juan Pablo II, fervoroso mariano, no tuvo mejor aliada para la evangeliza¬ción de nuestra América que la Virgen María, que le salvó la vida y que ha salvado al mundo en forma que no puede considerarse sino milagrosa. &lt;br /&gt;
Todos los compatriotas latinoamericanos saben que la Madre de Dios es una sola. Que bajo diferentes formas es la misma. Pero en sus diversas advocaciones, en la historia que a veces embellecida por la leyenda rodea a cada una de ellas, se manifiesta a cada pueblo con una personalidad diferente. Asimismo, los países latinoamerica¬nos sabemos que somos uno; que tenemos un común origen, una manera de ser común y nos compromete un mismo destino, pero cada uno de nuestros pueblos mantiene con firmeza su propia identidad dentro de la unidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los españoles dieron a las naciones mestizas que engendraron en América mu¬chos dones: los mayores, sin duda, la religión y el idioma. El idioma, preservado amorosamente por la genial visión de Andrés Bello, vínculo unificador. La religión, concebida y practicada dentro de un amplio ecumenismo, como lo ha definido el Concilio Vaticano II, nos lleva necesariamente a pensar en objetivos superiores a los egoísmos individuales y nacionales: nos obliga a buscar la paz, a esforzarnos en la solidaridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres lenguas se reparten casi totalmente el mundo americano. El español y el portugués son idiomas afines, entre los cuales el entendimiento y la comprensión son fáciles. El inglés, hablado como lengua materna por los grandes países del Norte y por las pequeñas comunidades del Caribe, tiende a ser cada día la segunda lengua más usada por todos los grupos humanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo ello nos lleva a afirmarnos cada vez más en la idea de que lo ocurrido hace quinientos años fue la apertura de una gran avenida para el futuro de la humanidad. Fue un acto de fe; y como lo dijera Miguel de Unamuno «creer es crear».&amp;lt;ref&amp;gt;Citado por Rosemblat Ángel, ''Estudios sobre el Español de América'', III, 122&amp;lt;/ref&amp;gt;El proceso de estos quinientos años no ha sido, para los países americanos, nada fácil. Pero en los peores momentos los ha salvado la fe. Hemos reparado con nuestros sufri¬mientos colectivos los pecados cometidos por los conquistadores y por sus herederos en la extorsión y en la crueldad. Pero hay que ver cómo la muchedumbre de esos pueblos, los más abandonados y oprimidos, acuden en silencio, muchas veces andan¬do en suelo áspero sobre sus rodillas, a los santuarios donde se conserva un docu¬mento inconfundible de su religiosidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando Colón llegó a Guanahaní, esa isla hoy casi olvidada a la que denominó San Salvador, lo primero que hizo fue besar la tierra como un acto de reconocimiento a Dios. Cuando el Papa Wojtyla besaba la tierra al llegar a cada uno de nuestros paí¬ses, estaba pronunciando, en gesto mudo, la más hermosa de las oraciones. Al fin y al cabo, la tierra es madre porque el género humano está hecho del barro al que el Creador dispuso insuflarle un alma inmortal. Y al besar a esa madre sufriente, el corazón se eleva a lo infinito, dando gracias al Padre Universal por habernos concedi-do, con la vida, el privilegio de amarlo. No importa que en la conmemoración de este medio milenio se hayan querido desempolvar  viejas controversias y echar sobre quie¬nes llevaron a América el mensaje evangélico, la imputación de errores y de crímenes que no negamos y de los cuales la propia Iglesia ha pedido reparación y penitencia. Como dijo el poeta español, «crímenes son del tiempo y no de España». Lo mismo podrían decir el anglosajón y el portugués. Pero a pesar de todos los pesares, el sol que brilló en una playa del Caribe el 12 de octubre de 1492 sigue alumbrando para los que creen en la justicia y la reclaman. Los humildes de América, como los pastores de Belén, soportan sus carencias y dolores por la esperanza irrenunciable de una vida humana mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''RAFAEL CALDERA RODRÍGUEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=AM%C3%89RICA;_nacimiento_y_personalidad&amp;diff=5303</id>
		<title>AMÉRICA; nacimiento y personalidad</title>
		<link rel="alternate" type="text/html" href="https://dhial.org/diccionario/index.php?title=AM%C3%89RICA;_nacimiento_y_personalidad&amp;diff=5303"/>
		<updated>2014-07-21T14:22:34Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Espíritu de conquista, de aventura y de codicia */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Aciertos y equívocos de Colón=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La misteriosa presencia de Dios en la Historia, que es la Providencia» (''Centesimus Annus'', 59) --según la expresión insuperable de Juan Pablo II-llevó a Cristóbal Colón en su memorable viaje de 1492, desde Puerto de Palos hasta una isla del Caribe, donde llegó el 12 de octubre de aquel año. Sin entrar a juzgar lo que pudiera ser imperfecto en su conducta, era un cristiano rancio y un creyente. Y como eran cristianos también quienes lo acompañaban, oyeron Misa, confesaron y comulgaron en la preparación para acometer su gran aventura. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Colón quiso ir a la India y murió con la idea de haber llegado al Asia, atravesando el Océano Atlántico por la vía de Occidente. Se equivocó: no importa. Por otra parte, se insiste en que otros europeos antes que él habían estado en nuestro continente: tampoco importa. Por lo demás, numerosos habitantes de origen no europeo vivían en diversas porciones del territorio americano cuando llegaron los nuevos exploradores. Ello no tiene importancia para calificar su hazaña. Lo que verdaderamente importa es que ese primer viaje de Colón y sus compañeros (que habría quedado en el misterio si no hubieran logrado regresar) es, sin disputa, el hecho más importante y de mayores consecuencias ocurrido en el Universo en el segundo milenio de la Cristiandad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esos mil años no hubo otro acontecimiento cuyas repercusiones hayan sido mayores en profundidad y en extensión, no sólo para quienes estamos radicados en el Hemisferio occidental, sino para quienes moran en otros meridianos y en otras latitudes. Como dice el Senador italiano Paolo Emilio Taviani, el más acucioso de los historiadores modernos sobre la vida y sobre los viajes de Colón: «Las consecuencias del gran descubrimiento se difundieron, se multiplicaron con el correr de los años y de los siglos. Todavía hoy están vivos, y provocan nuevas consecuencias. De esta manera, el genio de Colón llegó a ser y sigue siendo, el símbolo del recodo que cambió el curso de la historia».&amp;lt;ref&amp;gt;Taviani, Paolo Emilio. ''Los Viajes de Colón'', edición castellana, I, 262.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se equivocó el Almirante genovés sobre el destino final de su viaje, pero no sobre el propósito fundamental del mismo: demostrar que la tierra era tal que podía recorrerse íntegramente, ponerse proa al Oeste para llegar a los países de Oriente. Por él, la humanidad tuvo prueba fehaciente de la unidad y continuidad del Universo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Espíritu de conquista, de aventura y de codicia=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llevó a España prueba documental de lo que había encontrado. Naturaleza viva y muerta y seres racionales lo acompañaron, para que nadie pudiera creer que estaba fabulando. Su éxito encendió en muchos el espíritu aventurero y el irrenunciable deseo de conocer que ya dominaban en su época. El escenario de los caballeros andan¬tes, que un siglo después sepultaría Miguel de Cervantes con su inmortal relato de la vida del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, se trasladó al mundo nuevo a través de múltiples expediciones que, asumiendo a plenitud el riesgo en frágiles embarcaciones, navegaban hacia lo todavía desconocido y echaban raíces profundas en el fértil continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admitamos que no sólo los motivara la atracción caballeresca de la empresa. &lt;br /&gt;
También hizo acto de nefanda presencia la codicia dentro de la cada vez más cauda¬losa migración. Ni pretendemos afirmar que solamente la fe religiosa y el espíritu misionero impulsaron el flujo interminable de hombres y mujeres que salían de sus propios ambientes a aposentarse en un mundo distante: la ambición de fama y poder, la fiebre del oro y de los metales preciosos, el afán del enriquecimiento rápido empuja¬ron muchas voluntades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si es inimaginable el desprendimiento abnegado de infinidad de religiosos y religiosas, que lo dejaban todo por servir a Dios y extender su fe en cumplimiento del mandato evangélico, hubo también prototipos de crueldad; se cometieron crímenes repugnantes, se incurrió en ensañamientos innecesarios y cho¬cantes traiciones, que son la sombra de una luz que sigue iluminando la historia y señalando rumbos que aspiran a seguir la estrella de Belén en búsqueda incesante de la paz para los hombres de buena voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque después del encuentro de las nuevas comarcas vino también - y era imposible que no viniera- el hecho fatal de la conquista. Y «los conquistadores, como dice el escritor venezolano Rufino Blanco Fombona, vistos con ojos ecuánimes no resultan ni el bandolero de Heine ni menos el hermano de San Francisco. Tampoco representan al héroe paradigmático, cuyos pasos y ejemplos deban seguir los soldados de una gran potencia industrial y democrática en el siglo XX. -¿Qué son, pues? ¬En ellos vemos resplandecer virtudes del país y de la época a que pertenecen. También advertimos en ellos defectos nacionales contemporáneos, agravados tal vez por el teatro bárbaro y distante en que actúan y por la casi completa irresponsabilidad con que manifiestan y defienden su personalidad».&amp;lt;ref&amp;gt;Blanco Fombona Rufino. ''El Conquistador Español del SigloXVI'', Madrid 1922, pp. 9-10).&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto que afirma de los españoles un historiador del siglo XX puede decirse, y en algunos aspectos hasta magnificarse, de los conquistadores de otras nacionalidades: de los portugueses, a pesar de las diferencias que pueden observarse; de los anglosajones, que fueron más pragmáticos, pero que quizás por ello mismo fueron también más recios e implacables frente a los naturales señores de los territorios que iban ocupando.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Espíritu de Justicia=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero al mismo tiempo que con fuertes acentos de barbarie se desarrollaba la conquista, frente a ella surgía de la pluma bendita del maestro salmantino Francisco de Vitoria, la defensa del derecho natural y el origen de la disciplina del Derecho Internacional; pues sostuvo en sus ''Relecciones de Indias'', en los mismos días en que apenas llegaban las primeras noticias de los descubrimientos y de la conquista, y en los propios escenarios donde brillaba el emperador Carlos V, en cuyos dominios no se ponía el sol, el derecho natural e inviolable de los indígenas sobre los territorios que ocupaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo puede decirse acerca del acontecimiento histórico del Descubrimiento, pero lo afirmativo de su esencia gira en torno a la presencia de Cristo, al mensaje de Cristo, a los reclamos de la moral cristiana, siempre presentes frente a las trasgresiones, a los abusos cometidos y a los excesos de poder, impuestos en numerosas ocasiones hasta por portadores oficiales de la fe cristiana. La Iglesia no tiene ningún interés en ocultar esos errores: está interesada, más bien, en denunciarlos para repararlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de los designios inescrutables de la Providencia estuvieron las circunstancias en las cuales se desarrollaron los viajes de Colón. No llegó él a las regiones en las cuales se habían desarrollado civilizaciones avanzadas en el Continente Americano, llenas de esplendor aunque también forjadas mediante procesos de conquista no exentos de las mismas y aún peores injusticias y abusos de las de quienes llegaban de Europa. Sus naves fondearon en parajes donde la feracidad de la tierra, la suavidad del clima y la arrobadora belleza del paisaje no habían producido florecientes culturas, o si acaso las hubo, habían desaparecido ante el empuje de pueblos invasores. Apenas en su cuarto y último viaje tuvo la sorpresa de encontrar a unos mercaderes que mostraban un nivel más alto de existencia. Pero no estaba en su destino penetrar para inquirir qué había sido de la civilización Maya a que pertenecían, ni qué otras sociedades avanzadas podía haber en la extensión de nuestro continente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Descubrimiento y Encuentro=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El encuentro de los dos mundos, según la expresión que se empleó más en la ocasión del Quinto Centenario, tuvo características que lo diferencian de lo que comúnmente se entiende por encuentro. El «acto de coincidir en un punto dos o más cosas, por lo común chocando una contra otra», o «el acto de encontrarse dos o más personas», según el Diccionario, tuvo un sentido unidireccional. Los indígenas, unos en estado primitivo y otros viviendo en condiciones muy adelantadas, no se motivaron ni entonces ni después para desplazarse hacia los lugares de origen de los recién llegados, mientras de los países de donde éstos provenían continuaban llegando en las siguientes décadas verdaderas oleadas humanas. Todas las sangres de todas las naciones fueron a unirse en el más fabuloso crisol del ser humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dice la física que en los vasos comunicantes el más lleno por presión pasa a ocupar el menos lleno, en busca de nivelación. Los venidos de Europa eran portadores de variadas culturas, superpuestas en proceso de siglos. No eran españoles solamente, ni siquiera solamente europeos los que venían a América. A través de ellos se trasmitía la cultura del Egipto milenario, la severidad del hebraísmo austero, la pujanza del islamismo avasallante, la fascinación del Oriente misterioso impregnado de Buda y de Confucio. Pero todo traía un signo definitorio, incomparable: el que le imprimía al mundo nuevo que nacía la idealidad cristiana. Los hechos de conquista, por lo demás, no fueron sustancialmente diferentes de los que habían ocurrido en el resto del mundo, cuando unos grupos fueron sojuzgando a otros grupos humanos para terminar fundiéndose con ellos y adoptar su cultura; ni de los que habían formado los propios imperios existentes en México o Perú, porque en ninguna parte los hombres ha¬bían logrado eliminar la guerra, ni soñaban con una paz definitiva, ésa que se nos acerca y se nos aleja, y a veces nos parece un espejismo en el mismo inicio del siglo XXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Una nueva cultura=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conquistadores, evidentemente, trataron de trasladar su propia civilización a las tierras para ellos desconocidas a las que les abrió camino el viaje de Cristóbal Colón. No hay por qué sorprenderse de que a las ciudades que fundaban les dieran nombres europeos que sobrevivieron con frecuencia unidos a los nombres autóctonos. Bautizaban ciudades, es cierto, con los nombres de Santiago, de Santa Fe o de Nueva Cádiz, o Nueva Barcelona, o La Asunción; también lo hicieron los anglosajones en el Norte con Nueva Amsterdam o Nueva York, y los misioneros californianos con San Francisco, San Diego o Los Ángeles, iluminadas por el celo de unos cuantos Junípero Serra; pero la pervivencia de la toponimia original demostrará que no se trasladó el Viejo Mundo al otro lado del Atlántico, sino que ha nacido de verdad un Mundo Nuevo, en el cual por vez primera se reúnen, se mezclan, los ingredientes étnicos y sobre todo culturales de los otros tres grandes continentes. Se formó lo que un gran latinoamericano, el mexicano Vasconcelos, llamó «raza cósmica». Se crearon escuelas, colegios y universidades; y es timbre de orgullo para los misioneros y para los monarcas de ultramar que lo ordenaron, el que se preservaran los idiomas nativos, se dictara una noble legislación de Indias y se recogieran en anales las costumbres y tradiciones que conservaban quienes habitaban en América antes de la llegada de los europeos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=¿Cuándo nació América?=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, en medio de tantos hechos, muchos de ellos contradictorios y confusos, ocurridos en estos cinco siglos, surge la pregunta de cuándo nació América. No es fácil precisarlo. Todavía, en medio de lo mucho que se estudia para indagar nuestros orígenes y buscar explicación satisfactoria a nuestro acontecer, la duda surge. No basta el dato de que a los quince años del primer viaje y a los cinco del último viaje de Colón, en 1507, un cosmógrafo alemán divulgara en reconocimiento al florentino América Vespuccio, quien por lo demás, tenía méritos propios, el nombre de tierra de América o América para designar al Nuevo Mundo.&amp;lt;ref&amp;gt;Cf.  Levillier, Roberto.  ''América Vespuccio, El Nuevo Mundo. Editorial Nasa'', Buenos Aires&amp;lt;/ref&amp;gt;Nada pudieron los esfuerzos colombinos de gente como Fray Bartolomé de Las Casas, para la reparación de lo que se considera una injusticia al genovés. Simón Bolívar hubo de darle como compensación el nombre de Colombia a la creación más grande de su genio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se empezó a hablar, pues, en los albores del siglo XVI, de América como equivalente al Nuevo Mundo. Pero solamente era una denominación geográfica. Pero América, como unidad, tampoco existía para el momento del encuentro en 1492. No había siquiera, en los pueblos visitados durante los cuatro viajes de Colón ni en los encontrados en los inmediatos por los sucesivos viajeros, relación con los grandes imperios de los aztecas o los incas, ni conocimiento exacto de lo que muchos años atrás debió de haber ocurrido con la civilización Maya. Fue treinta años después del pri¬mer viaje de Colón cuando Cortés ocupó a México, en una hazaña saturada de audacia y penetrada de crueldad. Cuarenta trascurrieron para que otro extremeño, Francisco Pizarro, cumpliera una hazaña equivalente en el Perú. Si fue en el Norte, la ocupación se iba realizando por etapas, sin que exista constancia de que los espacios conquistados formaran parte de una unidad política y social. América, el Nuevo Mundo, era visto como una gran demarcación continental, pero en nuestras propias gentes no había conciencia de que formaran una comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un proceso de consolidación se fue cumpliendo en los siglos XVI, XVII y XVIII y vino a aflorar definitivamente en los preludios de la Independencia. Cuando va a finalizar el Ochocientos se independizan y confederan las colonias anglosajonas y adoptan el nombre de Estados Unidos de América. Su mayor poder, su mayor presencia e influencia en los acontecimientos mundiales han hecho que para los no americanos y hasta para los americanos del Centro y del Sur del Continente, el vocablo «americano» a secas se use para denominar a los anglo-norteamericanos. Cuando despunta el siglo XIX, las antiguas colonias españolas se sienten movidas a luchar también por su propia independencia política y una corriente de unidad las acerca, por encima de las demarcaciones que determinarán la formación de un número elevado de Estados. El precursor Francisco de Miranda fue un visionario de la unidad de América, considerando como talla América española. El sabio venezolano Andrés Bello, siguiendo su ejemplo, durante largos y penosos años de permanencia en Londres, editó en colaboración con otros ilustres hispanoamericanos la ''Biblioteca Americana y el Repertorio Americano'', revistas dedicadas a robustecer la conciencia de los hispanoamericanos sobre su propia realidad y sus propios problemas, y publicó la primera poesía dedicada expresamente a fomentar la literatura propia del «mundo de Colón», por lo que fue llamado por Henríquez Ureña y por otros, «libertador artístico» del Continente. Bolívar, en la cumbre de su gloria, convoca el Congreso An¬fictiónico de Panamá en 1824, inspirado en el deseo que había expresado al Libertador O'Higgins, de Chile, de hacer de nuestros pueblos «una nación de repúblicas». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras tanto, las antiguas colonias portuguesas conservaron, a través de una estrategia inteligente desplegada por la Casa de Braganza, su organización política unitaria, pero cuando se constituyeron en República la denominaron «Estados Unidos del Brasil», nombre que mantuvieron por unas cuantas décadas, sin que en él se hiciera expresa mención del gentilicio americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el tiempo se ha ido generalizando el calificativo latinoamericano para comprender a toda el área de países de América distintos de los de lengua inglesa y holandesa. Y la unidad se ha ido expresando más y más en medio de la diversidad. No se habla ya tanto de América, sino de “las Américas”: el cognomento «panamericano» se sustituyó acertadamente por el de «interamericano». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero viene de nuevo la ocasión de señalar cómo los símbolos cristianos son de manera implícita una identificación cabal del Nuevo Mundo. Especialmente, se prestan maravillosamente para expresar lo que los latinoamericanos perseguimos en nuestra integración, a saber, la «nación de repúblicas» de que habló el Libertador Simón Bolívar, o sea, como antes dije, la unidad en la diversidad. Ningún símbolo puede para ese objetivo ser más bello que la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=María y la Patria Grande=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada uno de nuestros países venera a la Virgen María, pero cada uno lo hace bajo una advocación especial. Nuestra Señora de Guadalupe es patrona de toda la América Latina y providencialmente se manifestó a un indiecito humilde, que paternal bondad ha elevado recientemente a los altares; pero Guadalupe es, especialmente, una vivencia íntima en el corazón del pueblo mexicano. Los nombres de tantas maravillosas patronas de nuestras colectividades nacionales, como la de Coromoto en Vene¬zuela, la de Chiquinquirá en Colombia, la de Aparecida en Brasil, la de Copacabana en Bolivia, la de Luján en la Argentina, y paro de contar porque la lista es interminable, expresan una conmovedora devoción, y a la vez una afirmación de propia identidad dentro de la unidad. Visitando sus santuarios con emotiva veneración, no puede uno menos que admirar esa milagrosa presencia de Dios en la Historia de que habló Juan Pablo II. Porque ha encomendado a su Madre Santísima renovar la fe y la espe-ranza de los pueblos que gimen en medio de la pobreza y de la confusión. Es antídoto contra desesperanza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es privilegio solamente de Lourdes y de Fátima, y de tan¬tos otros lugares donde se ha aparecido la celestial Señora para encender el espíritu creyente, donde los altos valores del espíritu prevalecen por encima de las tribulaciones. Juan Pablo II, fervoroso mariano, no tuvo mejor aliada para la evangeliza¬ción de nuestra América que la Virgen María, que le salvó la vida y que ha salvado al mundo en forma que no puede considerarse sino milagrosa. &lt;br /&gt;
Todos los compatriotas latinoamericanos saben que la Madre de Dios es una sola. Que bajo diferentes formas es la misma. Pero en sus diversas advocaciones, en la historia que a veces embellecida por la leyenda rodea a cada una de ellas, se manifiesta a cada pueblo con una personalidad diferente. Asimismo, los países latinoamerica¬nos sabemos que somos uno; que tenemos un común origen, una manera de ser común y nos compromete un mismo destino, pero cada uno de nuestros pueblos mantiene con firmeza su propia identidad dentro de la unidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los españoles dieron a las naciones mestizas que engendraron en América mu¬chos dones: los mayores, sin duda, la religión y el idioma. El idioma, preservado amorosamente por la genial visión de Andrés Bello, vínculo unificador. La religión, concebida y practicada dentro de un amplio ecumenismo, como lo ha definido el Concilio Vaticano II, nos lleva necesariamente a pensar en objetivos superiores a los egoísmos individuales y nacionales: nos obliga a buscar la paz, a esforzarnos en la solidaridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres lenguas se reparten casi totalmente el mundo americano. El español y el portugués son idiomas afines, entre los cuales el entendimiento y la comprensión son fáciles. El inglés, hablado como lengua materna por los grandes países del Norte y por las pequeñas comunidades del Caribe, tiende a ser cada día la segunda lengua más usada por todos los grupos humanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo ello nos lleva a afirmarnos cada vez más en la idea de que lo ocurrido hace quinientos años fue la apertura de una gran avenida para el futuro de la humanidad. Fue un acto de fe; y como lo dijera Miguel de Unamuno «creer es crear».&amp;lt;ref&amp;gt;Citado por Rosemblat Ángel, ''Estudios sobre el Español de América'', III, 122&amp;lt;/ref&amp;gt;El proceso de estos quinientos años no ha sido, para los países americanos, nada fácil. Pero en los peores momentos los ha salvado la fe. Hemos reparado con nuestros sufri¬mientos colectivos los pecados cometidos por los conquistadores y por sus herederos en la extorsión y en la crueldad. Pero hay que ver cómo la muchedumbre de esos pueblos, los más abandonados y oprimidos, acuden en silencio, muchas veces andan¬do en suelo áspero sobre sus rodillas, a los santuarios donde se conserva un docu¬mento inconfundible de su religiosidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando Colón llegó a Guanahaní, esa isla hoy casi olvidada a la que denominó San Salvador, lo primero que hizo fue besar la tierra como un acto de reconocimiento a Dios. Cuando el Papa Wojtyla besaba la tierra al llegar a cada uno de nuestros paí¬ses, estaba pronunciando, en gesto mudo, la más hermosa de las oraciones. Al fin y al cabo, la tierra es madre porque el género humano está hecho del barro al que el Creador dispuso insuflarle un alma inmortal. Y al besar a esa madre sufriente, el corazón se eleva a lo infinito, dando gracias al Padre Universal por habernos concedi-do, con la vida, el privilegio de amarlo. No importa que en la conmemoración de este medio milenio se hayan querido desempolvar  viejas controversias y echar sobre quie¬nes llevaron a América el mensaje evangélico, la imputación de errores y de crímenes que no negamos y de los cuales la propia Iglesia ha pedido reparación y penitencia. Como dijo el poeta español, «crímenes son del tiempo y no de España». Lo mismo podrían decir el anglosajón y el portugués. Pero a pesar de todos los pesares, el sol que brilló en una playa del Caribe el 12 de octubre de 1492 sigue alumbrando para los que creen en la justicia y la reclaman. Los humildes de América, como los pastores de Belén, soportan sus carencias y dolores por la esperanza irrenunciable de una vida humana mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''RAFAEL CALDERA RODRÍGUEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=AM%C3%89RICA;_nacimiento_y_personalidad&amp;diff=5302</id>
		<title>AMÉRICA; nacimiento y personalidad</title>
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		<updated>2014-07-21T14:20:45Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Una nueva cultura */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Aciertos y equívocos de Colón=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La misteriosa presencia de Dios en la Historia, que es la Providencia» (''Centesimus Annus'', 59) --según la expresión insuperable de Juan Pablo II-llevó a Cristóbal Colón en su memorable viaje de 1492, desde Puerto de Palos hasta una isla del Caribe, donde llegó el 12 de octubre de aquel año. Sin entrar a juzgar lo que pudiera ser imperfecto en su conducta, era un cristiano rancio y un creyente. Y como eran cristianos también quienes lo acompañaban, oyeron Misa, confesaron y comulgaron en la preparación para acometer su gran aventura. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Colón quiso ir a la India y murió con la idea de haber llegado al Asia, atravesando el Océano Atlántico por la vía de Occidente. Se equivocó: no importa. Por otra parte, se insiste en que otros europeos antes que él habían estado en nuestro continente: tampoco importa. Por lo demás, numerosos habitantes de origen no europeo vivían en diversas porciones del territorio americano cuando llegaron los nuevos exploradores. Ello no tiene importancia para calificar su hazaña. Lo que verdaderamente importa es que ese primer viaje de Colón y sus compañeros (que habría quedado en el misterio si no hubieran logrado regresar) es, sin disputa, el hecho más importante y de mayores consecuencias ocurrido en el Universo en el segundo milenio de la Cristiandad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esos mil años no hubo otro acontecimiento cuyas repercusiones hayan sido mayores en profundidad y en extensión, no sólo para quienes estamos radicados en el Hemisferio occidental, sino para quienes moran en otros meridianos y en otras latitudes. Como dice el Senador italiano Paolo Emilio Taviani, el más acucioso de los historiadores modernos sobre la vida y sobre los viajes de Colón: «Las consecuencias del gran descubrimiento se difundieron, se multiplicaron con el correr de los años y de los siglos. Todavía hoy están vivos, y provocan nuevas consecuencias. De esta manera, el genio de Colón llegó a ser y sigue siendo, el símbolo del recodo que cambió el curso de la historia».&amp;lt;ref&amp;gt;Taviani, Paolo Emilio. ''Los Viajes de Colón'', edición castellana, I, 262.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se equivocó el Almirante genovés sobre el destino final de su viaje, pero no sobre el propósito fundamental del mismo: demostrar que la tierra era tal que podía recorrerse íntegramente, ponerse proa al Oeste para llegar a los países de Oriente. Por él, la humanidad tuvo prueba fehaciente de la unidad y continuidad del Universo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Espíritu de conquista, de aventura y de codicia=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llevó a España prueba documental de lo que había encontrado. Naturaleza viva y muerta y seres racionales lo acompañaron, para que nadie pudiera creer que estaba fabulando. Su éxito encendió en muchos el espíritu aventurero y el irrenunciable deseo de conocer que ya dominaban en su época. El escenario de los caballeros andan¬tes, que un siglo después sepultaría Miguel de Cervantes con su inmortal relato de la vida del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, se trasladó al mundo nuevo a través de múltiples expediciones que, asumiendo a plenitud el riesgo en frágiles em¬barcaciones, navegaban hacia lo todavía desconocido y echaban raíces profundas en el fértil continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admitamos que no sólo los motivara la atracción caballeresca de la empresa. &lt;br /&gt;
También hizo acto de nefanda presencia la codicia dentro de la cada vez más cauda¬losa migración. Ni pretendemos afirmar que solamente la fe religiosa y el espíritu mi¬sionero impulsaron el flujo interminable de hombres y mujeres que salían de sus pro¬pios ambientes a aposentarse en un mundo distante: la ambición de fama y poder, la fiebre del oro y de los metales preciosos, el afán del enriquecimiento rápido empuja¬ron muchas voluntades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si es inimaginable el desprendimiento abnegado de infini¬dad de religiosos y religiosas, que lo dejaban todo por servir a Dios y extender su fe en cumplimiento del mandato evangélico, hubo también prototipos de crueldad; se cometieron crímenes repugnantes, se incurrió en ensañamientos innecesarios y cho¬cantes traiciones, que son la sombra de una luz que sigue iluminando la historia y se¬ñalando rumbos que aspiran a seguir la estrella de Belén en búsqueda incesante de la paz para los hombres de buena voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque después del encuentro de las nuevas comarcas vino también - y era im¬posible que no viniera- el hecho fatal de la conquista. Y «los conquistadores, como dice el escritor venezolano Rufino Blanco Fombona, vistos con ojos ecuánimes no re¬sultan ni el bandolero de Heine ni menos el hermano de San Francisco. Tampoco re¬presentan al héroe paradigmático, cuyos pasos y ejemplos deban seguir los soldados de una gran potencia industrial y democrática en el siglo XX. -¿Qué son, pues? ¬En ellos vemos resplandecer virtudes del país y de la época a que pertenecen. Tam¬bién advertimos en ellos defectos nacionales contemporáneos, agravados tal vez por el teatro bárbaro y distante en que actúan y por la casi completa irresponsabilidad con que manifiestan y defienden su personalidad».&amp;lt;ref&amp;gt;Blanco Fombona Rufino. ''El Conquistador Español del SigloXVI'', Madrid 1922, pp. 9-10).&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto que afirma de los españoles un historiador del siglo XX puede decirse, y en algunos aspectos hasta magnificarse, de los conquis¬tadores de otras nacionalidades: de los portugueses, a pesar de las diferencias que pueden observarse; de los anglosajones, que fueron más pragmáticos, pero que qui¬zás por ello mismo fueron también más recios e implacables frente a los naturales se¬ñores de los territorios que iban ocupando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Espíritu de Justicia=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero al mismo tiempo que con fuertes acentos de barbarie se desarrollaba la conquista, frente a ella surgía de la pluma bendita del maestro salmantino Francisco de Vitoria, la defensa del derecho natural y el origen de la disciplina del Derecho Internacional; pues sostuvo en sus ''Relecciones de Indias'', en los mismos días en que apenas llegaban las primeras noticias de los descubrimientos y de la conquista, y en los propios escenarios donde brillaba el emperador Carlos V, en cuyos dominios no se ponía el sol, el derecho natural e inviolable de los indígenas sobre los territorios que ocupaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo puede decirse acerca del acontecimiento histórico del Descubrimiento, pero lo afirmativo de su esencia gira en torno a la presencia de Cristo, al mensaje de Cristo, a los reclamos de la moral cristiana, siempre presentes frente a las trasgresiones, a los abusos cometidos y a los excesos de poder, impuestos en numerosas ocasiones hasta por portadores oficiales de la fe cristiana. La Iglesia no tiene ningún interés en ocultar esos errores: está interesada, más bien, en denunciarlos para repararlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de los designios inescrutables de la Providencia estuvieron las circunstancias en las cuales se desarrollaron los viajes de Colón. No llegó él a las regiones en las cuales se habían desarrollado civilizaciones avanzadas en el Continente Americano, llenas de esplendor aunque también forjadas mediante procesos de conquista no exentos de las mismas y aún peores injusticias y abusos de las de quienes llegaban de Europa. Sus naves fondearon en parajes donde la feracidad de la tierra, la suavidad del clima y la arrobadora belleza del paisaje no habían producido florecientes culturas, o si acaso las hubo, habían desaparecido ante el empuje de pueblos invasores. Apenas en su cuarto y último viaje tuvo la sorpresa de encontrar a unos mercaderes que mostraban un nivel más alto de existencia. Pero no estaba en su destino penetrar para inquirir qué había sido de la civilización Maya a que pertenecían, ni qué otras sociedades avanzadas podía haber en la extensión de nuestro continente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Descubrimiento y Encuentro=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El encuentro de los dos mundos, según la expresión que se empleó más en la ocasión del Quinto Centenario, tuvo características que lo diferencian de lo que comúnmente se entiende por encuentro. El «acto de coincidir en un punto dos o más cosas, por lo común chocando una contra otra», o «el acto de encontrarse dos o más personas», según el Diccionario, tuvo un sentido unidireccional. Los indígenas, unos en estado primitivo y otros viviendo en condiciones muy adelantadas, no se motivaron ni entonces ni después para desplazarse hacia los lugares de origen de los recién llegados, mientras de los países de donde éstos provenían continuaban llegando en las siguientes décadas verdaderas oleadas humanas. Todas las sangres de todas las naciones fueron a unirse en el más fabuloso crisol del ser humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dice la física que en los vasos comunicantes el más lleno por presión pasa a ocupar el menos lleno, en busca de nivelación. Los venidos de Europa eran portadores de variadas culturas, superpuestas en proceso de siglos. No eran españoles solamente, ni siquiera solamente europeos los que venían a América. A través de ellos se trasmitía la cultura del Egipto milenario, la severidad del hebraísmo austero, la pujanza del islamismo avasallante, la fascinación del Oriente misterioso impregnado de Buda y de Confucio. Pero todo traía un signo definitorio, incomparable: el que le imprimía al mundo nuevo que nacía la idealidad cristiana. Los hechos de conquista, por lo demás, no fueron sustancialmente diferentes de los que habían ocurrido en el resto del mundo, cuando unos grupos fueron sojuzgando a otros grupos humanos para terminar fundiéndose con ellos y adoptar su cultura; ni de los que habían formado los propios imperios existentes en México o Perú, porque en ninguna parte los hombres ha¬bían logrado eliminar la guerra, ni soñaban con una paz definitiva, ésa que se nos acerca y se nos aleja, y a veces nos parece un espejismo en el mismo inicio del siglo XXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Una nueva cultura=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conquistadores, evidentemente, trataron de trasladar su propia civilización a las tierras para ellos desconocidas a las que les abrió camino el viaje de Cristóbal Colón. No hay por qué sorprenderse de que a las ciudades que fundaban les dieran nombres europeos que sobrevivieron con frecuencia unidos a los nombres autóctonos. Bautizaban ciudades, es cierto, con los nombres de Santiago, de Santa Fe o de Nueva Cádiz, o Nueva Barcelona, o La Asunción; también lo hicieron los anglosajones en el Norte con Nueva Amsterdam o Nueva York, y los misioneros californianos con San Francisco, San Diego o Los Ángeles, iluminadas por el celo de unos cuantos Junípero Serra; pero la pervivencia de la toponimia original demostrará que no se trasladó el Viejo Mundo al otro lado del Atlántico, sino que ha nacido de verdad un Mundo Nuevo, en el cual por vez primera se reúnen, se mezclan, los ingredientes étnicos y sobre todo culturales de los otros tres grandes continentes. Se formó lo que un gran latinoamericano, el mexicano Vasconcelos, llamó «raza cósmica». Se crearon escuelas, colegios y universidades; y es timbre de orgullo para los misioneros y para los monarcas de ultramar que lo ordenaron, el que se preservaran los idiomas nativos, se dictara una noble legislación de Indias y se recogieran en anales las costumbres y tradiciones que conservaban quienes habitaban en América antes de la llegada de los europeos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=¿Cuándo nació América?=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, en medio de tantos hechos, muchos de ellos contradictorios y confusos, ocurridos en estos cinco siglos, surge la pregunta de cuándo nació América. No es fácil precisarlo. Todavía, en medio de lo mucho que se estudia para indagar nuestros orígenes y buscar explicación satisfactoria a nuestro acontecer, la duda surge. No basta el dato de que a los quince años del primer viaje y a los cinco del último viaje de Colón, en 1507, un cosmógrafo alemán divulgara en reconocimiento al florentino América Vespuccio, quien por lo demás, tenía méritos propios, el nombre de tierra de América o América para designar al Nuevo Mundo.&amp;lt;ref&amp;gt;Cf.  Levillier, Roberto.  ''América Vespuccio, El Nuevo Mundo. Editorial Nasa'', Buenos Aires&amp;lt;/ref&amp;gt;Nada pudieron los esfuerzos colombinos de gente como Fray Bartolomé de Las Casas, para la reparación de lo que se considera una injusticia al genovés. Simón Bolívar hubo de darle como compensación el nombre de Colombia a la creación más grande de su genio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se empezó a hablar, pues, en los albores del siglo XVI, de América como equivalente al Nuevo Mundo. Pero solamente era una denominación geográfica. Pero América, como unidad, tampoco existía para el momento del encuentro en 1492. No había siquiera, en los pueblos visitados durante los cuatro viajes de Colón ni en los encontrados en los inmediatos por los sucesivos viajeros, relación con los grandes imperios de los aztecas o los incas, ni conocimiento exacto de lo que muchos años atrás debió de haber ocurrido con la civilización Maya. Fue treinta años después del pri¬mer viaje de Colón cuando Cortés ocupó a México, en una hazaña saturada de audacia y penetrada de crueldad. Cuarenta trascurrieron para que otro extremeño, Francisco Pizarro, cumpliera una hazaña equivalente en el Perú. Si fue en el Norte, la ocupación se iba realizando por etapas, sin que exista constancia de que los espacios conquistados formaran parte de una unidad política y social. América, el Nuevo Mundo, era visto como una gran demarcación continental, pero en nuestras propias gentes no había conciencia de que formaran una comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un proceso de consolidación se fue cumpliendo en los siglos XVI, XVII y XVIII y vino a aflorar definitivamente en los preludios de la Independencia. Cuando va a finalizar el Ochocientos se independizan y confederan las colonias anglosajonas y adoptan el nombre de Estados Unidos de América. Su mayor poder, su mayor presencia e influencia en los acontecimientos mundiales han hecho que para los no americanos y hasta para los americanos del Centro y del Sur del Continente, el vocablo «americano» a secas se use para denominar a los anglo-norteamericanos. Cuando despunta el siglo XIX, las antiguas colonias españolas se sienten movidas a luchar también por su propia independencia política y una corriente de unidad las acerca, por encima de las demarcaciones que determinarán la formación de un número elevado de Estados. El precursor Francisco de Miranda fue un visionario de la unidad de América, considerando como talla América española. El sabio venezolano Andrés Bello, siguiendo su ejemplo, durante largos y penosos años de permanencia en Londres, editó en colaboración con otros ilustres hispanoamericanos la ''Biblioteca Americana y el Repertorio Americano'', revistas dedicadas a robustecer la conciencia de los hispanoamericanos sobre su propia realidad y sus propios problemas, y publicó la primera poesía dedicada expresamente a fomentar la literatura propia del «mundo de Colón», por lo que fue llamado por Henríquez Ureña y por otros, «libertador artístico» del Continente. Bolívar, en la cumbre de su gloria, convoca el Congreso An¬fictiónico de Panamá en 1824, inspirado en el deseo que había expresado al Libertador O'Higgins, de Chile, de hacer de nuestros pueblos «una nación de repúblicas». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras tanto, las antiguas colonias portuguesas conservaron, a través de una estrategia inteligente desplegada por la Casa de Braganza, su organización política unitaria, pero cuando se constituyeron en República la denominaron «Estados Unidos del Brasil», nombre que mantuvieron por unas cuantas décadas, sin que en él se hiciera expresa mención del gentilicio americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el tiempo se ha ido generalizando el calificativo latinoamericano para comprender a toda el área de países de América distintos de los de lengua inglesa y holandesa. Y la unidad se ha ido expresando más y más en medio de la diversidad. No se habla ya tanto de América, sino de “las Américas”: el cognomento «panamericano» se sustituyó acertadamente por el de «interamericano». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero viene de nuevo la ocasión de señalar cómo los símbolos cristianos son de manera implícita una identificación cabal del Nuevo Mundo. Especialmente, se prestan maravillosamente para expresar lo que los latinoamericanos perseguimos en nuestra integración, a saber, la «nación de repúblicas» de que habló el Libertador Simón Bolívar, o sea, como antes dije, la unidad en la diversidad. Ningún símbolo puede para ese objetivo ser más bello que la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=María y la Patria Grande=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada uno de nuestros países venera a la Virgen María, pero cada uno lo hace bajo una advocación especial. Nuestra Señora de Guadalupe es patrona de toda la América Latina y providencialmente se manifestó a un indiecito humilde, que paternal bondad ha elevado recientemente a los altares; pero Guadalupe es, especialmente, una vivencia íntima en el corazón del pueblo mexicano. Los nombres de tantas maravillosas patronas de nuestras colectividades nacionales, como la de Coromoto en Vene¬zuela, la de Chiquinquirá en Colombia, la de Aparecida en Brasil, la de Copacabana en Bolivia, la de Luján en la Argentina, y paro de contar porque la lista es interminable, expresan una conmovedora devoción, y a la vez una afirmación de propia identidad dentro de la unidad. Visitando sus santuarios con emotiva veneración, no puede uno menos que admirar esa milagrosa presencia de Dios en la Historia de que habló Juan Pablo II. Porque ha encomendado a su Madre Santísima renovar la fe y la espe-ranza de los pueblos que gimen en medio de la pobreza y de la confusión. Es antídoto contra desesperanza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es privilegio solamente de Lourdes y de Fátima, y de tan¬tos otros lugares donde se ha aparecido la celestial Señora para encender el espíritu creyente, donde los altos valores del espíritu prevalecen por encima de las tribulaciones. Juan Pablo II, fervoroso mariano, no tuvo mejor aliada para la evangeliza¬ción de nuestra América que la Virgen María, que le salvó la vida y que ha salvado al mundo en forma que no puede considerarse sino milagrosa. &lt;br /&gt;
Todos los compatriotas latinoamericanos saben que la Madre de Dios es una sola. Que bajo diferentes formas es la misma. Pero en sus diversas advocaciones, en la historia que a veces embellecida por la leyenda rodea a cada una de ellas, se manifiesta a cada pueblo con una personalidad diferente. Asimismo, los países latinoamerica¬nos sabemos que somos uno; que tenemos un común origen, una manera de ser común y nos compromete un mismo destino, pero cada uno de nuestros pueblos mantiene con firmeza su propia identidad dentro de la unidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los españoles dieron a las naciones mestizas que engendraron en América mu¬chos dones: los mayores, sin duda, la religión y el idioma. El idioma, preservado amorosamente por la genial visión de Andrés Bello, vínculo unificador. La religión, concebida y practicada dentro de un amplio ecumenismo, como lo ha definido el Concilio Vaticano II, nos lleva necesariamente a pensar en objetivos superiores a los egoísmos individuales y nacionales: nos obliga a buscar la paz, a esforzarnos en la solidaridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres lenguas se reparten casi totalmente el mundo americano. El español y el portugués son idiomas afines, entre los cuales el entendimiento y la comprensión son fáciles. El inglés, hablado como lengua materna por los grandes países del Norte y por las pequeñas comunidades del Caribe, tiende a ser cada día la segunda lengua más usada por todos los grupos humanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo ello nos lleva a afirmarnos cada vez más en la idea de que lo ocurrido hace quinientos años fue la apertura de una gran avenida para el futuro de la humanidad. Fue un acto de fe; y como lo dijera Miguel de Unamuno «creer es crear».&amp;lt;ref&amp;gt;Citado por Rosemblat Ángel, ''Estudios sobre el Español de América'', III, 122&amp;lt;/ref&amp;gt;El proceso de estos quinientos años no ha sido, para los países americanos, nada fácil. Pero en los peores momentos los ha salvado la fe. Hemos reparado con nuestros sufri¬mientos colectivos los pecados cometidos por los conquistadores y por sus herederos en la extorsión y en la crueldad. Pero hay que ver cómo la muchedumbre de esos pueblos, los más abandonados y oprimidos, acuden en silencio, muchas veces andan¬do en suelo áspero sobre sus rodillas, a los santuarios donde se conserva un docu¬mento inconfundible de su religiosidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando Colón llegó a Guanahaní, esa isla hoy casi olvidada a la que denominó San Salvador, lo primero que hizo fue besar la tierra como un acto de reconocimiento a Dios. Cuando el Papa Wojtyla besaba la tierra al llegar a cada uno de nuestros paí¬ses, estaba pronunciando, en gesto mudo, la más hermosa de las oraciones. Al fin y al cabo, la tierra es madre porque el género humano está hecho del barro al que el Creador dispuso insuflarle un alma inmortal. Y al besar a esa madre sufriente, el corazón se eleva a lo infinito, dando gracias al Padre Universal por habernos concedi-do, con la vida, el privilegio de amarlo. No importa que en la conmemoración de este medio milenio se hayan querido desempolvar  viejas controversias y echar sobre quie¬nes llevaron a América el mensaje evangélico, la imputación de errores y de crímenes que no negamos y de los cuales la propia Iglesia ha pedido reparación y penitencia. Como dijo el poeta español, «crímenes son del tiempo y no de España». Lo mismo podrían decir el anglosajón y el portugués. Pero a pesar de todos los pesares, el sol que brilló en una playa del Caribe el 12 de octubre de 1492 sigue alumbrando para los que creen en la justicia y la reclaman. Los humildes de América, como los pastores de Belén, soportan sus carencias y dolores por la esperanza irrenunciable de una vida humana mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''RAFAEL CALDERA RODRÍGUEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=AM%C3%89RICA;_nacimiento_y_personalidad&amp;diff=5301</id>
		<title>AMÉRICA; nacimiento y personalidad</title>
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		<updated>2014-07-21T14:19:23Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Espíritu de Justicia */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Aciertos y equívocos de Colón=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La misteriosa presencia de Dios en la Historia, que es la Providencia» (''Centesimus Annus'', 59) --según la expresión insuperable de Juan Pablo II-llevó a Cristóbal Colón en su memorable viaje de 1492, desde Puerto de Palos hasta una isla del Caribe, donde llegó el 12 de octubre de aquel año. Sin entrar a juzgar lo que pudiera ser imperfecto en su conducta, era un cristiano rancio y un creyente. Y como eran cristianos también quienes lo acompañaban, oyeron Misa, confesaron y comulgaron en la preparación para acometer su gran aventura. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Colón quiso ir a la India y murió con la idea de haber llegado al Asia, atravesando el Océano Atlántico por la vía de Occidente. Se equivocó: no importa. Por otra parte, se insiste en que otros europeos antes que él habían estado en nuestro continente: tampoco importa. Por lo demás, numerosos habitantes de origen no europeo vivían en diversas porciones del territorio americano cuando llegaron los nuevos exploradores. Ello no tiene importancia para calificar su hazaña. Lo que verdaderamente importa es que ese primer viaje de Colón y sus compañeros (que habría quedado en el misterio si no hubieran logrado regresar) es, sin disputa, el hecho más importante y de mayores consecuencias ocurrido en el Universo en el segundo milenio de la Cristiandad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esos mil años no hubo otro acontecimiento cuyas repercusiones hayan sido mayores en profundidad y en extensión, no sólo para quienes estamos radicados en el Hemisferio occidental, sino para quienes moran en otros meridianos y en otras latitudes. Como dice el Senador italiano Paolo Emilio Taviani, el más acucioso de los historiadores modernos sobre la vida y sobre los viajes de Colón: «Las consecuencias del gran descubrimiento se difundieron, se multiplicaron con el correr de los años y de los siglos. Todavía hoy están vivos, y provocan nuevas consecuencias. De esta manera, el genio de Colón llegó a ser y sigue siendo, el símbolo del recodo que cambió el curso de la historia».&amp;lt;ref&amp;gt;Taviani, Paolo Emilio. ''Los Viajes de Colón'', edición castellana, I, 262.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se equivocó el Almirante genovés sobre el destino final de su viaje, pero no sobre el propósito fundamental del mismo: demostrar que la tierra era tal que podía recorrerse íntegramente, ponerse proa al Oeste para llegar a los países de Oriente. Por él, la humanidad tuvo prueba fehaciente de la unidad y continuidad del Universo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Espíritu de conquista, de aventura y de codicia=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llevó a España prueba documental de lo que había encontrado. Naturaleza viva y muerta y seres racionales lo acompañaron, para que nadie pudiera creer que estaba fabulando. Su éxito encendió en muchos el espíritu aventurero y el irrenunciable deseo de conocer que ya dominaban en su época. El escenario de los caballeros andan¬tes, que un siglo después sepultaría Miguel de Cervantes con su inmortal relato de la vida del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, se trasladó al mundo nuevo a través de múltiples expediciones que, asumiendo a plenitud el riesgo en frágiles em¬barcaciones, navegaban hacia lo todavía desconocido y echaban raíces profundas en el fértil continente americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Admitamos que no sólo los motivara la atracción caballeresca de la empresa. &lt;br /&gt;
También hizo acto de nefanda presencia la codicia dentro de la cada vez más cauda¬losa migración. Ni pretendemos afirmar que solamente la fe religiosa y el espíritu mi¬sionero impulsaron el flujo interminable de hombres y mujeres que salían de sus pro¬pios ambientes a aposentarse en un mundo distante: la ambición de fama y poder, la fiebre del oro y de los metales preciosos, el afán del enriquecimiento rápido empuja¬ron muchas voluntades. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y si es inimaginable el desprendimiento abnegado de infini¬dad de religiosos y religiosas, que lo dejaban todo por servir a Dios y extender su fe en cumplimiento del mandato evangélico, hubo también prototipos de crueldad; se cometieron crímenes repugnantes, se incurrió en ensañamientos innecesarios y cho¬cantes traiciones, que son la sombra de una luz que sigue iluminando la historia y se¬ñalando rumbos que aspiran a seguir la estrella de Belén en búsqueda incesante de la paz para los hombres de buena voluntad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Porque después del encuentro de las nuevas comarcas vino también - y era im¬posible que no viniera- el hecho fatal de la conquista. Y «los conquistadores, como dice el escritor venezolano Rufino Blanco Fombona, vistos con ojos ecuánimes no re¬sultan ni el bandolero de Heine ni menos el hermano de San Francisco. Tampoco re¬presentan al héroe paradigmático, cuyos pasos y ejemplos deban seguir los soldados de una gran potencia industrial y democrática en el siglo XX. -¿Qué son, pues? ¬En ellos vemos resplandecer virtudes del país y de la época a que pertenecen. Tam¬bién advertimos en ellos defectos nacionales contemporáneos, agravados tal vez por el teatro bárbaro y distante en que actúan y por la casi completa irresponsabilidad con que manifiestan y defienden su personalidad».&amp;lt;ref&amp;gt;Blanco Fombona Rufino. ''El Conquistador Español del SigloXVI'', Madrid 1922, pp. 9-10).&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esto que afirma de los españoles un historiador del siglo XX puede decirse, y en algunos aspectos hasta magnificarse, de los conquis¬tadores de otras nacionalidades: de los portugueses, a pesar de las diferencias que pueden observarse; de los anglosajones, que fueron más pragmáticos, pero que qui¬zás por ello mismo fueron también más recios e implacables frente a los naturales se¬ñores de los territorios que iban ocupando. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Espíritu de Justicia=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero al mismo tiempo que con fuertes acentos de barbarie se desarrollaba la conquista, frente a ella surgía de la pluma bendita del maestro salmantino Francisco de Vitoria, la defensa del derecho natural y el origen de la disciplina del Derecho Internacional; pues sostuvo en sus ''Relecciones de Indias'', en los mismos días en que apenas llegaban las primeras noticias de los descubrimientos y de la conquista, y en los propios escenarios donde brillaba el emperador Carlos V, en cuyos dominios no se ponía el sol, el derecho natural e inviolable de los indígenas sobre los territorios que ocupaban. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo puede decirse acerca del acontecimiento histórico del Descubrimiento, pero lo afirmativo de su esencia gira en torno a la presencia de Cristo, al mensaje de Cristo, a los reclamos de la moral cristiana, siempre presentes frente a las trasgresiones, a los abusos cometidos y a los excesos de poder, impuestos en numerosas ocasiones hasta por portadores oficiales de la fe cristiana. La Iglesia no tiene ningún interés en ocultar esos errores: está interesada, más bien, en denunciarlos para repararlos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dentro de los designios inescrutables de la Providencia estuvieron las circunstancias en las cuales se desarrollaron los viajes de Colón. No llegó él a las regiones en las cuales se habían desarrollado civilizaciones avanzadas en el Continente Americano, llenas de esplendor aunque también forjadas mediante procesos de conquista no exentos de las mismas y aún peores injusticias y abusos de las de quienes llegaban de Europa. Sus naves fondearon en parajes donde la feracidad de la tierra, la suavidad del clima y la arrobadora belleza del paisaje no habían producido florecientes culturas, o si acaso las hubo, habían desaparecido ante el empuje de pueblos invasores. Apenas en su cuarto y último viaje tuvo la sorpresa de encontrar a unos mercaderes que mostraban un nivel más alto de existencia. Pero no estaba en su destino penetrar para inquirir qué había sido de la civilización Maya a que pertenecían, ni qué otras sociedades avanzadas podía haber en la extensión de nuestro continente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Descubrimiento y Encuentro=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El encuentro de los dos mundos, según la expresión que se empleó más en la ocasión del Quinto Centenario, tuvo características que lo diferencian de lo que comúnmente se entiende por encuentro. El «acto de coincidir en un punto dos o más cosas, por lo común chocando una contra otra», o «el acto de encontrarse dos o más personas», según el Diccionario, tuvo un sentido unidireccional. Los indígenas, unos en estado primitivo y otros viviendo en condiciones muy adelantadas, no se motivaron ni entonces ni después para desplazarse hacia los lugares de origen de los recién llegados, mientras de los países de donde éstos provenían continuaban llegando en las siguientes décadas verdaderas oleadas humanas. Todas las sangres de todas las naciones fueron a unirse en el más fabuloso crisol del ser humano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dice la física que en los vasos comunicantes el más lleno por presión pasa a ocupar el menos lleno, en busca de nivelación. Los venidos de Europa eran portadores de variadas culturas, superpuestas en proceso de siglos. No eran españoles solamente, ni siquiera solamente europeos los que venían a América. A través de ellos se trasmitía la cultura del Egipto milenario, la severidad del hebraísmo austero, la pujanza del islamismo avasallante, la fascinación del Oriente misterioso impregnado de Buda y de Confucio. Pero todo traía un signo definitorio, incomparable: el que le imprimía al mundo nuevo que nacía la idealidad cristiana. Los hechos de conquista, por lo demás, no fueron sustancialmente diferentes de los que habían ocurrido en el resto del mundo, cuando unos grupos fueron sojuzgando a otros grupos humanos para terminar fundiéndose con ellos y adoptar su cultura; ni de los que habían formado los propios imperios existentes en México o Perú, porque en ninguna parte los hombres ha¬bían logrado eliminar la guerra, ni soñaban con una paz definitiva, ésa que se nos acerca y se nos aleja, y a veces nos parece un espejismo en el mismo inicio del siglo XXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Una nueva cultura=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los conquistadores, evidentemente, trataron de trasladar su propia civilización a las tierras para ellos desconocidas a las que les abrió camino el viaje de Cristóbal Co¬lón. No hay por qué sorprenderse de que a las ciudades que fundaban les dieran nombres europeos que sobrevivieron con frecuencia unidos a los nombres autócto¬nos. Bautizaban ciudades, es cierto, con los nombres de Santiago, de Santa Fe o de Nueva Cádiz, o Nueva Barcelona, o La Asunción; también lo hicieron los anglosajo¬nes en el Norte con Nueva Amsterdam o Nueva York, y los misioneros californianos con San Francisco, San Diego o Los Ángeles, iluminadas por el celo de unos cuantos Junípero Serra; pero la pervivencia de la toponimia original demostrará que no se trasladó el Viejo Mundo al otro lado del Atlántico, sino que ha nacido de verdad un Mundo Nuevo, en el cual por vez primera se reúnen, se mezclan, los ingredientes ét¬nicos y sobre todo culturales de los otros tres grandes continentes. Se formó lo que un gran latinoamericano, el mexicano Vasconcelos, llamó «raza cósmica». Se crearon escuelas, colegios y universidades; y es timbre de orgullo para los misioneros y para los monarcas de ultramar que lo ordenaron, el que se preservaran los idiomas nati¬vos, se dictara una noble legislación de Indias y se recogieran en anales las costum¬bres y tradiciones que conservaban quienes habitaban en América antes de la llegada de los europeos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=¿Cuándo nació América?=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, en medio de tantos hechos, muchos de ellos contradictorios y confusos, ocurridos en estos cinco siglos, surge la pregunta de cuándo nació América. No es fácil precisarlo. Todavía, en medio de lo mucho que se estudia para indagar nuestros orígenes y buscar explicación satisfactoria a nuestro acontecer, la duda surge. No basta el dato de que a los quince años del primer viaje y a los cinco del último viaje de Colón, en 1507, un cosmógrafo alemán divulgara en reconocimiento al florentino América Vespuccio, quien por lo demás, tenía méritos propios, el nombre de tierra de América o América para designar al Nuevo Mundo.&amp;lt;ref&amp;gt;Cf.  Levillier, Roberto.  ''América Vespuccio, El Nuevo Mundo. Editorial Nasa'', Buenos Aires&amp;lt;/ref&amp;gt;Nada pudieron los esfuerzos colombinos de gente como Fray Bartolomé de Las Casas, para la reparación de lo que se considera una injusticia al genovés. Simón Bolívar hubo de darle como compensación el nombre de Colombia a la creación más grande de su genio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se empezó a hablar, pues, en los albores del siglo XVI, de América como equivalente al Nuevo Mundo. Pero solamente era una denominación geográfica. Pero América, como unidad, tampoco existía para el momento del encuentro en 1492. No había siquiera, en los pueblos visitados durante los cuatro viajes de Colón ni en los encontrados en los inmediatos por los sucesivos viajeros, relación con los grandes imperios de los aztecas o los incas, ni conocimiento exacto de lo que muchos años atrás debió de haber ocurrido con la civilización Maya. Fue treinta años después del pri¬mer viaje de Colón cuando Cortés ocupó a México, en una hazaña saturada de audacia y penetrada de crueldad. Cuarenta trascurrieron para que otro extremeño, Francisco Pizarro, cumpliera una hazaña equivalente en el Perú. Si fue en el Norte, la ocupación se iba realizando por etapas, sin que exista constancia de que los espacios conquistados formaran parte de una unidad política y social. América, el Nuevo Mundo, era visto como una gran demarcación continental, pero en nuestras propias gentes no había conciencia de que formaran una comunidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un proceso de consolidación se fue cumpliendo en los siglos XVI, XVII y XVIII y vino a aflorar definitivamente en los preludios de la Independencia. Cuando va a finalizar el Ochocientos se independizan y confederan las colonias anglosajonas y adoptan el nombre de Estados Unidos de América. Su mayor poder, su mayor presencia e influencia en los acontecimientos mundiales han hecho que para los no americanos y hasta para los americanos del Centro y del Sur del Continente, el vocablo «americano» a secas se use para denominar a los anglo-norteamericanos. Cuando despunta el siglo XIX, las antiguas colonias españolas se sienten movidas a luchar también por su propia independencia política y una corriente de unidad las acerca, por encima de las demarcaciones que determinarán la formación de un número elevado de Estados. El precursor Francisco de Miranda fue un visionario de la unidad de América, considerando como talla América española. El sabio venezolano Andrés Bello, siguiendo su ejemplo, durante largos y penosos años de permanencia en Londres, editó en colaboración con otros ilustres hispanoamericanos la ''Biblioteca Americana y el Repertorio Americano'', revistas dedicadas a robustecer la conciencia de los hispanoamericanos sobre su propia realidad y sus propios problemas, y publicó la primera poesía dedicada expresamente a fomentar la literatura propia del «mundo de Colón», por lo que fue llamado por Henríquez Ureña y por otros, «libertador artístico» del Continente. Bolívar, en la cumbre de su gloria, convoca el Congreso An¬fictiónico de Panamá en 1824, inspirado en el deseo que había expresado al Libertador O'Higgins, de Chile, de hacer de nuestros pueblos «una nación de repúblicas». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mientras tanto, las antiguas colonias portuguesas conservaron, a través de una estrategia inteligente desplegada por la Casa de Braganza, su organización política unitaria, pero cuando se constituyeron en República la denominaron «Estados Unidos del Brasil», nombre que mantuvieron por unas cuantas décadas, sin que en él se hiciera expresa mención del gentilicio americano. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con el tiempo se ha ido generalizando el calificativo latinoamericano para comprender a toda el área de países de América distintos de los de lengua inglesa y holandesa. Y la unidad se ha ido expresando más y más en medio de la diversidad. No se habla ya tanto de América, sino de “las Américas”: el cognomento «panamericano» se sustituyó acertadamente por el de «interamericano». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero viene de nuevo la ocasión de señalar cómo los símbolos cristianos son de manera implícita una identificación cabal del Nuevo Mundo. Especialmente, se prestan maravillosamente para expresar lo que los latinoamericanos perseguimos en nuestra integración, a saber, la «nación de repúblicas» de que habló el Libertador Simón Bolívar, o sea, como antes dije, la unidad en la diversidad. Ningún símbolo puede para ese objetivo ser más bello que la Madre de Dios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=María y la Patria Grande=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cada uno de nuestros países venera a la Virgen María, pero cada uno lo hace bajo una advocación especial. Nuestra Señora de Guadalupe es patrona de toda la América Latina y providencialmente se manifestó a un indiecito humilde, que paternal bondad ha elevado recientemente a los altares; pero Guadalupe es, especialmente, una vivencia íntima en el corazón del pueblo mexicano. Los nombres de tantas maravillosas patronas de nuestras colectividades nacionales, como la de Coromoto en Vene¬zuela, la de Chiquinquirá en Colombia, la de Aparecida en Brasil, la de Copacabana en Bolivia, la de Luján en la Argentina, y paro de contar porque la lista es interminable, expresan una conmovedora devoción, y a la vez una afirmación de propia identidad dentro de la unidad. Visitando sus santuarios con emotiva veneración, no puede uno menos que admirar esa milagrosa presencia de Dios en la Historia de que habló Juan Pablo II. Porque ha encomendado a su Madre Santísima renovar la fe y la espe-ranza de los pueblos que gimen en medio de la pobreza y de la confusión. Es antídoto contra desesperanza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No es privilegio solamente de Lourdes y de Fátima, y de tan¬tos otros lugares donde se ha aparecido la celestial Señora para encender el espíritu creyente, donde los altos valores del espíritu prevalecen por encima de las tribulaciones. Juan Pablo II, fervoroso mariano, no tuvo mejor aliada para la evangeliza¬ción de nuestra América que la Virgen María, que le salvó la vida y que ha salvado al mundo en forma que no puede considerarse sino milagrosa. &lt;br /&gt;
Todos los compatriotas latinoamericanos saben que la Madre de Dios es una sola. Que bajo diferentes formas es la misma. Pero en sus diversas advocaciones, en la historia que a veces embellecida por la leyenda rodea a cada una de ellas, se manifiesta a cada pueblo con una personalidad diferente. Asimismo, los países latinoamerica¬nos sabemos que somos uno; que tenemos un común origen, una manera de ser común y nos compromete un mismo destino, pero cada uno de nuestros pueblos mantiene con firmeza su propia identidad dentro de la unidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los españoles dieron a las naciones mestizas que engendraron en América mu¬chos dones: los mayores, sin duda, la religión y el idioma. El idioma, preservado amorosamente por la genial visión de Andrés Bello, vínculo unificador. La religión, concebida y practicada dentro de un amplio ecumenismo, como lo ha definido el Concilio Vaticano II, nos lleva necesariamente a pensar en objetivos superiores a los egoísmos individuales y nacionales: nos obliga a buscar la paz, a esforzarnos en la solidaridad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tres lenguas se reparten casi totalmente el mundo americano. El español y el portugués son idiomas afines, entre los cuales el entendimiento y la comprensión son fáciles. El inglés, hablado como lengua materna por los grandes países del Norte y por las pequeñas comunidades del Caribe, tiende a ser cada día la segunda lengua más usada por todos los grupos humanos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todo ello nos lleva a afirmarnos cada vez más en la idea de que lo ocurrido hace quinientos años fue la apertura de una gran avenida para el futuro de la humanidad. Fue un acto de fe; y como lo dijera Miguel de Unamuno «creer es crear».&amp;lt;ref&amp;gt;Citado por Rosemblat Ángel, ''Estudios sobre el Español de América'', III, 122&amp;lt;/ref&amp;gt;El proceso de estos quinientos años no ha sido, para los países americanos, nada fácil. Pero en los peores momentos los ha salvado la fe. Hemos reparado con nuestros sufri¬mientos colectivos los pecados cometidos por los conquistadores y por sus herederos en la extorsión y en la crueldad. Pero hay que ver cómo la muchedumbre de esos pueblos, los más abandonados y oprimidos, acuden en silencio, muchas veces andan¬do en suelo áspero sobre sus rodillas, a los santuarios donde se conserva un docu¬mento inconfundible de su religiosidad. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando Colón llegó a Guanahaní, esa isla hoy casi olvidada a la que denominó San Salvador, lo primero que hizo fue besar la tierra como un acto de reconocimiento a Dios. Cuando el Papa Wojtyla besaba la tierra al llegar a cada uno de nuestros paí¬ses, estaba pronunciando, en gesto mudo, la más hermosa de las oraciones. Al fin y al cabo, la tierra es madre porque el género humano está hecho del barro al que el Creador dispuso insuflarle un alma inmortal. Y al besar a esa madre sufriente, el corazón se eleva a lo infinito, dando gracias al Padre Universal por habernos concedi-do, con la vida, el privilegio de amarlo. No importa que en la conmemoración de este medio milenio se hayan querido desempolvar  viejas controversias y echar sobre quie¬nes llevaron a América el mensaje evangélico, la imputación de errores y de crímenes que no negamos y de los cuales la propia Iglesia ha pedido reparación y penitencia. Como dijo el poeta español, «crímenes son del tiempo y no de España». Lo mismo podrían decir el anglosajón y el portugués. Pero a pesar de todos los pesares, el sol que brilló en una playa del Caribe el 12 de octubre de 1492 sigue alumbrando para los que creen en la justicia y la reclaman. Los humildes de América, como los pastores de Belén, soportan sus carencias y dolores por la esperanza irrenunciable de una vida humana mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''RAFAEL CALDERA RODRÍGUEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=COFRAD%C3%8DAS_EN_CHILE&amp;diff=5287</id>
		<title>COFRADÍAS EN CHILE</title>
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		<updated>2014-07-16T17:47:26Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Las ''Cofradías'' eran asociaciones de fieles reservadas para fines distintos, sean estos piadosos, penitenciales, caritativos, sociales y/o profesionales, las que solían regirse por un estatuto o reglamento. Estaban dedicadas a la advocación de Cristo, de la Virgen o algún Santo Patrón, advocación a la que se le puede rendir culto en una capilla, iglesia parroquial o conventual.&amp;lt;ref&amp;gt;  BUSTOS, Alejandra. Piedad y muerte en Córdoba). Editorial de la Universidad católica de Córdoba. 2005 p. 177.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Roma, hacia el 1267, bajo el  pontificado de Clemente IV, encontramos la  primera institución de personas piadosas que se hace mención,  llamada de ''Confalón'', la que tenía por función el librar a los cristianos que los sarracenos hacían cautivos. Desde esa fecha comenzaron a establecerse diferentes entidades, que se proponían una ayuda recíproca para la práctica de las virtudes cristianas; aliviar a las almas del purgatorio, con indulgencias, oraciones, limosnas; socorrer a los pobres, consolar a los afligidos, asistir a los enfermos, sepultar a los muertos; promover o conservar la devoción a María Santísima, los ángeles o santos&amp;lt;ref&amp;gt;DONOSO, Justo. Diccionario teológico, canónico, jurídico, litúrgico, bíblico, etc. Valparaíso 1855. Tomo I., p. 352&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el territorio del Chile del siglo XVI, todavía no se percibe la presencia de estas agrupaciones pías, debido a que en Santiago solo podíamos encontrar una sola parroquia; además, las investigaciones en los archivos no dan cuenta de documentos  que certifiquen la existencia de fundaciones de cofradías anteriores al 1600, pero ya para la primera mitad del siglo XVII, el Padre Alonso Ovalle en su ''Histórica Relación del Reino de Chile'', nos entrega una detallada visión de las conmemoración  de la Cuaresma y una minuciosa descripción de las procesiones que realizaban las cofradías durante la semana santa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con respecto a esta última celebración, relata la forma de como emergen desde distintos puntos de la ciudad las procesiones, así: La primera de ellas, era la cofradía de los negros, que salían de la Iglesia de La Compañía. Los hombres elevaban a la Verónica y la conducían a la plaza de Armas, frente a la Catedral. La segunda procesión, de la cofradía de los mulatos, se iniciaba en San Agustín y cargaban la imagen de Cristo con la Cruz a cuestas, este cortejo, asomaría en la plaza por la actual calle Estado. La tercera procesión venía de la Merced, eran los nazarenos vestidos con túnicas rojas, quienes traían consigo la Virgen Dolorosa y a San Juan Bautista. Las procesiones continuaban día a día, el Jueves Santo se efectuaba la procesión de sangre. En las primeras horas de la noche salían dos procesiones, una venía desde San Francisco, en la Cañada, que correspondía a los indios y la otra, procedente de Santo Domingo,  de los morenos.  Al correr las horas y al llegar la media noche, salía de la Merced la procesión de la Veracruz, compuesta por los caballeros. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el Viernes Santo encontramos la procesión de ''La Piedad'', que era organizada por la Cofradía  de Santo Domingo, como también la llamada ''de la Soledad'', que surgía de San Francisco.  El sábado Santo había tres procesiones: en una participaban los encomenderos y vecinos, era organizada por los Dominicos; la otra, del  templo de San Francisco, de indios,  llevaba en andas al niño Jesús vestido de traje indígena. Por último, la Cofradía desde la Compañía, en la que también participaban indígenas&amp;lt;ref&amp;gt;  OVALLE, Alonso de. Histórica Relación del Reino de Chile   (Roma 1646), Santiago, Universidad de Chile, Instituto de Literatura Chilena, 1969, libro 5º, cap. VII, pp.187-188&amp;lt;/ref&amp;gt;Con este relato se evidencia que las procesiones para las cofradías, especialmente las de Semana Santa y la fiesta de Corpus Christi, eran la oportunidad de mostrar públicamente el número de seguidores y el esplendor de las representaciones que se llevaban  cabo en las cuales y en la mayoría de los casos, se daban a conocer escenas bíblicas, denotando la profunda devoción y entrega de una sociedad que evidenciaba su relación de fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con posterioridad y bajo la ordenanza de los sínodos, la autoridad eclesiástica en la persona del obispo, se preocupaba del correcto funcionamiento de las cofradías, corrigiendo todos los abusos que pudiesen observarse para que estas instituciones fuesen un aporte a la vida religiosa de la comunidad. De esta forma,  encontramos que el capítulo VII del sínodo del obispo Bernardo Carrasco y Saavedra (1689), enumera ocho constituciones para reglamentar la vida de las cofradías: 1. Que no se ponga la mesa para pedir la limosna dentro de la iglesia ni en lo sagrado del cementerio sino en parte vecina. 2. Las elecciones de los mayordomos y de los demás oficiales se haga en el templo terminándolas antes de las Ave Marías y sin repique de campanas. 3. Los mayordomos deben responsabilizarse de que las procesiones de la Semana Santa concluyan antes de las nueve de la noche. 4. Se manda la reducción del gran número de cofradías. Las dos fundadas en el colegio de la Compañía, la de los indios naturales (del Niño Jesús) y la de los morenos (Ntra. Sra. de Belén) se deben agregar, la primera a la del convento San Francisco (Ntra. Sra. de Copacabana) y la segunda a la del convento de los Predicadores. 5. No se puede cantar o rezar las misas de requiem en los días domingos y fiestas de guardar. 6. El obispo favorece la cofradía de la caridad de la iglesia catedral (que entierra a los pobres solemnemente) con su presencia, la de los canónigos, los curas y del clero. 7. No solo pone a los difuntos en una sala cerca de la iglesia (velatorio) sino se va el entierro desde la casa del difunto. 8. Llevar un libro de caja sobre las limosnas y los gastos, y las dos llaves distintas de la caja de depósito tiene una el capellán y la otra el mayordomo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por su parte en el  sínodo del obispo Manuel de Alday y Aspée (1763), bajo el título decimocuarto, deplora la decadencia de las cofradías de los curatos, renueva las disposiciones del sínodo anterior y agrega otras nueve constituciones: 1. Que se forme un libro con los nombres de los hermanos, expresando el día de su entrada y su contribución anual. 2. Al que debe su cuota anual no se le costea ni la sepultura, ni la misa, ni otros beneficios, salvo que los herederos o albaceas paguen la deuda. 3. Sólo se admiten a la cofradía feligreses de la misma doctrina. 4. Para recoger la limosna no se permite poner mesas, ni en las puertas de la iglesia, ni en los cementerios por el bullicio; terminar antes de las Ave Marías y no despender bebidas de licores fuertes. 5. No se puede cantar misa de requiem cuando no está el cuerpo presente, aunque sea la del aniversario, en día festivo de precepto o domingo. 6. No se da licencia para sacar procesiones (salvo la de la Vera Cruz del Jueves Santo) sino con la condición precisa que salgan antes de las Ave Marías y se recojan, en verano a las nueve y en invierno a las siete de la noche. 7. Que no se permitan en las procesiones (particularmente de la Semana Santa) mujeres con traje penitente, disciplinándose o con cruces sobre los hombros, ni las que llaman “haspadas”. 8. En las procesiones las mujeres no deben mezclarse con los hombres. Su lugar es al final de la procesión. 9. A las rogativas públicas se pide la asistencia del cabildo secular, que éste ordene la limpieza de las calles y que los prelados regulares envíen unos doce religiosos para que asisten. Las tiendas y oficinas quedan cerradas durante la procesión&amp;lt;ref&amp;gt;FALCH, Jorge Las Cofradías en Chile en tiempos virreinales. En  Sánchez G. Marcial (Dir.) Historia de la Iglesia en Chile Tomo I, En los Caminos de la conquista Espiritual  Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2009.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A continuación, se da a conocer un cuadro que responde a las últimas investigaciones con respecto a las cofradías fundadas desde la llegada de los españoles al territorio de Chile, específicamente en Santiago sin incluir otros pueblos, muchas de las cuales han tenido un periodo de muy larga duración.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
{| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;  border-collapse:collapse;&amp;quot; cellpadding=&amp;quot;6&amp;quot;  width=&amp;quot;100%&amp;quot;&lt;br /&gt;
|+Cofradías fundadas desde la llegada de los españoles al territorio de Chile&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, pp.325-344&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
|- style=&amp;quot;font-weight:bold;&amp;quot;&lt;br /&gt;
|style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Ciudad&lt;br /&gt;
|style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Lugar&lt;br /&gt;
|style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot;  | Nombre&lt;br /&gt;
|style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Año que se tenga relación&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Santiago&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | La Catedral&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Esclavonía del Santísimo Sacramento&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1682&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Glorioso Patriarca San José&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1672&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | De Ánimas&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | San Antonio de la Caridad&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
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|-  &lt;br /&gt;
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|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Santo Domingo&lt;br /&gt;
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|-  &lt;br /&gt;
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|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Orden de la Merced&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Jesús Nazareno o Los Nazarenos &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1610&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | N. Sra. de la Piedad&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1646&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | N. Sra. de Guadalupe&lt;br /&gt;
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|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | La Santa Cruz y la Santísima Veracruz&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1617&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Compañía de Jesús&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Niño Jesús&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1646&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; |&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Cofradía de los Morenos&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1646&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | San Agustín&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | N. Sra. De Chiquinquiray&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1646&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | N. Sra. de la Consolación&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Santo Tomás de Villanueva&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1606&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
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|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Señor de la Agonía&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1680&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Nuestra Señora del Carmen&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | N. Sra. de las Nieves&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | N. Sra. de los Reyes&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | N. Sra. de Belén&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | San Benito&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | San Crispín &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | N. Sra. de la Candelaria &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Santa Rosa  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Señora Santa Ana   &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | N. Sra. de la Misericordia   &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | San Nicolása   &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | 1690&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Arcángel San Miguel &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | De los Desamparados&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
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| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | San Francisco&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Santa Ana de Río Claro&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Rosario&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | Del Sagrado Corazón&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | San Isidro&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|-  &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | &lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | De Minas y de Candelaria&lt;br /&gt;
| style=&amp;quot;border: 1px solid #777777;&amp;quot; | s/ref.&lt;br /&gt;
|}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* BUSTOS, Alejandra. ''Piedad y muerte en Córdoba (siglos XVI y XVII).'' Editorial de la Universidad católica de Córdoba. 2005&lt;br /&gt;
* CAMUS, Misael,'' &amp;quot;La Cofradía del Santísimo Sacramento de la Catedral de Santiago&amp;quot;,'' ''1682-1831'', AHICh 10, 1992&lt;br /&gt;
DONOSO, Justo. ''Diccionario teológico, canónico, jurídico, litúrgico, bíblico, etc.'' Valparaíso 1855. Tomo I.&lt;br /&gt;
FALCH, Jorge ''Las Cofradías en Chile en tiempos virreinales''. En  Sánchez G. Marcial (Dir.) ''Historia de la Iglesia en Chile Tomo I, En los Caminos de la conquista Espiritual''  Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2009. &lt;br /&gt;
* FALCH, Jorge. ''&amp;quot;Cofradía de la Candelaria de Melipilla&amp;quot;,'' AHICh 8, 1990;  'Cofradía de San José en Malloa 1670&amp;quot;, Revista Católica 1101, 1994.;  ''&amp;quot;Fundación de la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo&amp;quot;,'' AHICh 11, 1993.;  ''&amp;quot;Cofradía de Nuestra Señora de la  Candelaria de los Mulatos en el Convento de San Agustín de Santiago de Chile&amp;quot;,'' AHICh 13, 1995.&lt;br /&gt;
* OVALLE, Alonso de. ''Histórica Relación del Reino de Chile  '' (Roma 1646), Santiago, Universidad de Chile, Instituto de Literatura Chilena, 1969, libro 5º, cap. VII.&lt;br /&gt;
* RAMÍREZ, Ramón.  ''&amp;quot;La Cofradía del Rosario en Chile&amp;quot;,'' Anuario de la Historia en chile (AHICh) 10, 1992.&lt;br /&gt;
* REHBEIN, Antonio. ''&amp;quot;La Ermita y Cofradía de San Clemente en San Juan de la Frontera.  Siglo XVII&amp;quot;,'' AHICh 10,  1992.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''MARCIAL SÁNCHEZ GAETE'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=N%C3%9A%C3%91EZ_DE_HARO_Y_PERALTA,_Alonso&amp;diff=5285</id>
		<title>NÚÑEZ DE HARO Y PERALTA, Alonso</title>
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		<updated>2014-07-11T14:39:10Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Villagarcía del Llano, 1729 – México, 1800) Arzobispo y virrey.''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Villagarcía del Llano, España el 13 de octubre de 1729, probablemente el 31 de octubre, aunque algunos fechan su nacimiento el 1° de noviembre; provenía de dos familias nobles: la Peralta de Alarcón, oriunda de Cuenca, y la Núñez de Chinchilla, oriunda de Albacete.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estudió en las universidades de Toledo y Bolonia. Fue rector, catedrático de escritura y doctor teólogo del colegio mayor de San Clemente y de la Universidad de Ávila. Hablaba varios idiomas: hebreo, griego, caldeo, latín, francés e italiano. “''Era hombre de clarísimo entendimiento, de elevada inteligencia''”&amp;lt;ref&amp;gt;Serrano del Tornel, p. 313.&amp;lt;/ref&amp;gt;que pronto fue recomendado por S.S. Benedicto IV al arzobispo de Toledo donde fue canónigo; Fernando VI lo nombró su bibliotecario mayor y más tarde lo hizo canónigo de la catedral de Segovia. Fue también visitador general y administrador de la casa de huérfanos de Carlos III en esa misma ciudad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1771 fue nombrado arzobispo de México y el 12 de septiembre de 1772 tuvo lugar su consagración episcopal. Se hizo cargo de los hospitales de San Andrés y de San Juan de Dios y los mejoró; fundó el seminario de Tepozotlán, la Casa de Huérfanos y las Capuchinas de Guadalupe. Impulsó la terminación de la capilla del Pocito en la Villa de Guadalupe y las obras en la Catedral Metropolitana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de la muerte del cuadragésimo noveno virrey Bernardo de Gálvez, se le nombró virrey interino mediante la cédula real del 25 de febrero de 1787; tomó posesión el 8 de mayo de ese mismo año, cargo en el que duró unos cuantos meses, hasta el 16 de agosto cuando fue sustituido por Manuel Antonio Flores. Durante su administración fue encargado de llevar a cabo el proyecto del Jardín Botánico, propuesto por el Dr. Martín Sesé; reorganizó el Juzgado general de indios para llevar a término rápidamente las causas de los naturales y consolidó el establecimiento de las intendencias.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Asimismo, el “''arzobispo-virrey fundó algunos hospitales y fue por extremo caritativo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Serrano del Tornel, p. 314.&amp;lt;/ref&amp;gt;en efecto, la el ejercicio de la caridad fue una de sus prioridades, la cual promovía también entre sus fieles, como quedó asentado en sus Sermones: “''Este (Dios) nos dice: «Dad á proporción de lo que os ha sido dado» Da secundum datum. Esto es, proporcionad vuestras limosnas con vuestras riquezas (…) Dad pues la limosna mientras que podéis aprovecharos de ella y os es más meritoria, esto es, durante la vida…Decidme, amados hijos míos, ¿os persuadís á que en la hora terrible sea la limosna de tanto consuelo para el moribundo como la que dio durante su vida?''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Rivera, p. 307.&amp;lt;/ref&amp;gt;Le caracterizaba manejarse siempre con rectitud y fue condecorado con la gran cruz de Carlos III.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dejó escritos varios sermones que fueron impresos en Madrid por la Viuda de Ibarra en 1806: “''(…) en casi todos estos Sermones se ve un estilo claro, correcto, gravemente elegante i patético, a semejanza de los mismos clásicos. Como el Sr. Núñez de Haro había adquirido su formación literaria en Bolonia i había visitado a Roma, en una i otra ciudad había visto i aprendido la buena oratoria sagrada y la había traído a España i a México''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Rivera, p. 298.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Después de entregar el gobierno de la Nueva España regresó de lleno a sus funciones episcopales, continuando con su apoyo a instituciones de instrucción y caridad hasta su muerte, acontecida el 26 de mayo de 1800, a los 70 años de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Obras=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ''Sermones escogidos, Pláticas espirituales y Pastorales.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas= &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*“Núñez de Haro y Peralta, Alonso” en ''Enciclopedia de México''. Tomo X,  p. 5886.&lt;br /&gt;
*Rivera, Agustín. ''Principios críticos sobre el Virreinato de la Nueva España i sobre la Revolución e Independencia''. Tomo II. Tipografía de Vicente Veloz, San Juan de los Lagos, 1887.&lt;br /&gt;
*Serrano del Tornel, Emilia Baronesa de Wilson. ''México y sus gobernantes de 1519 a 1910''. Editora Nacional, México, 1958.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SIGRID MARÍA LOUVIER NAVA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUADALUPE;_Fuentes_ind%C3%ADgenas&amp;diff=5265</id>
		<title>GUADALUPE; Fuentes indígenas</title>
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		<updated>2014-06-25T17:08:53Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Valor y alcances de la tradición oral */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Tres tipos de fuentes históricas: indígenas, españolas y mestizas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La investigación sobre el tema guadalupano y sobre el vidente Juan Diego ha tenido como objetivo inmediato, a partir de los años ochenta del siglo XX, llegar a un dictamen sobre la historicidad de Juan Diego con miras a su proceso de canonización. Dadas las características peculiares del tiempo, del ambiente y de la naturaleza de la documentación, se tenían que estudiar los distintos problemas históricos respetando la índole de tal documentación. Para alcanzar tal propósito, los investigadores del asunto trataron de seguir los criterios del método usado en la Congregación vaticana para las Causas de los Santos: investigar el asunto con los criterios de la metodología crítico-histórica en archivos y bibliotecas; averiguar si las fuentes eran dignas de fe, total o parcial, y en qué medida; y ver si en tales fuentes se podían encontrar aquellos elementos que pudiesen ofrecer un fundamento histórico para llegar a un juicio sobre la historicidad del Acontecimiento Guadalupano de México y de su nexo con el indio Juan Diego.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las fuentes históricas y literarias en el caso guadalupano proceden fundamentalmente de tres matrices culturales distintas: las estrictamente indias o indígenas, las españolas y las mestizas, donde se dan cita los dos elementos anteriores en manera diversa. El tratamiento de cada fuente lo impone la fuente misma y su naturaleza, es decir: el objeto debe prevalecer sobre los “a priori” del investigador. Por todo ello, hay que tener en cuenta la historia y la cultura mexicana prehispánica, la de los conquistadores y misioneros españoles y el proceso evolutivo histórico que se da en la Nueva España desde el siglo XVI en adelante. Además, para dar un justo valor a las fuentes históricas, hay que tener en cuenta los hechos de la interculturación de los dos mundos: su lenguaje cultural, el valor de sus tradiciones y el método de su transmisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No siempre los historiadores son totalmente coherentes con estos principios que sin duda confiesan. Esto se ha visto últimamente en los escritos de algunos antiaparicionistas guadalupanos. Así, el norteamericano Staford Pool liquida a veces rápidamente alguno de los documentos por considerarlos “demasiado guadalupanos” para que sean auténticos, ya que según su tesis no podían afirmar el Hecho Guadalupano por ser éste posiblemente una creación de mediados del s. XVII y, por lo tanto, serían interpolaciones posteriores. Su tesis, que fundamenta su obra ''Our Lady of Guadalupe, a Mexican National Symbol'', es que la devoción guadalupana fue una creación del “criollismo Mexicano” contra los peninsulares españoles como referencia religiosa de una identidad y como símbolo de una posición o lucha política por una debida autonomía primero y por la independencia más tarde. De esta tesis nace el prejuicio o la afirmación repetida de la imposibilidad de que un documento con referencias explícitas guadalupanas (de cualquier origen que tenga) pueda ser auténtico o pueda afirmar el Hecho Guadalupano en el caso que se trate de una referencia indirecta o implícita.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De aquí se desprende la necesidad de fundamentar bien las afirmaciones sobre cada género de documentos y su debida comprensión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Cómo acercarse a las fuentes indígenas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El momento histórico en el que se desenvuelven los hechos guadalupanos el derrumbe del imperio mexica-azteca y de los demás reinos del Centro de México por una parte, y la transición de una civilización y forma de vida a otra nueva que está naciendo, pero que tardará aún muchos años en configurarse y la escasez relativa de documentos guadalupanos directos de la primera hora, exigen una atención particular a toda clase de posibles documentos. Sin embargo, a pesar de tal penuria en los primeros años, tenemos el recurso de noticias e informes fidedignos tempranos, tanto indígenas como españoles, pertenecientes a los primeros veinte años de los hechos, o de otros que, a partir de mediados del siglo XVI, abordaron el tema recurriendo a documentos o testigos antiguos, como es el caso de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y, sobre todo, las ''Informaciones Jurídicas de 1666'', que recogieron muchos de estos testimonios, entre ellos de gente que conoció a testigos contemporáneos de los hechos y de sus protagonistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la historia de la documentación cobran especial relieve los códices indígenas, por lo que es necesaria su interpretación adecuada. En una carta recientemente descubierta, del erudito italiano del siglo XVIII Lorenzo Boturini, se enumeran los documentos que pretende recuperar, y busca el autor la intervención de personas competentes para que le sean entregados&amp;lt;ref&amp;gt;Carta original, en el Archivo de Chimalhuacán Chalco, Edo. de México, dentro de una carpeta denominada “Códice Teresa Franco”, en honor de la investigadora del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia, México), responsable de la restauración de dicho archivo. Dimos a conocer dicha carta en la obra, ''El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego'', México 1999 y en F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo…'', Madrid 200&amp;lt;/ref&amp;gt;. Muchas fuentes indígenas fueron destruidas, como declaran dos autoridades indiscutibles de la primera hora: fray Bernardino de Sahagún y Gerónimo de Mendieta.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay una fuente documental, no siempre debidamente valorada, y que en el caso guadalupano mexicano tiene una especial importancia: la transmisión oral o la tradición. Ya en el siglo XVI un observador atento, como el jesuita padre José de Acosta, conocedor de las realidades de México y de Perú, en su correspondencia con el jesuita mexicano Juan de Tovar se preguntaba sobre el valor de las tradiciones y de la transmisión oral&amp;lt;ref&amp;gt;Garibay K., ''Fray Juan de Zumárraga y Juan Diego - Elogio Fúnebre'', 11-14.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Un siglo más tarde, el lingüista y catedrático mexicano Luis Becerra Tanco volvía sobre el mismo argumento&amp;lt;ref&amp;gt;Becerra Tanco, ''Origen milagroso del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe'', en Torre Villar - Navarro de Anda, Testimonios Históricos Guadalupanos, 323-326.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En 1578, el misionero dominico fray Diego Durán reconocía el error de haber destruido los códices indígenas&amp;lt;ref&amp;gt;''Duran, Historia de las Indias de la Nueva España e Islas de Tierra Firme'', Ed. Porrúa, México 1967, 2 vols.: t. I, 6. Abundan los testimonios sobre la destrucción de muchas antigüedades y códices indígenas. Una lista de algunos de esos testimonios puede verse en Robert Ricard, ''La conquista espiritual de México'', Fonde de Cultura Económica, México, ed. de 1986, 106-108; se citan testimonios de Sahagún, Durán, Mendieta, Dávila Padilla y Burgoa, entre otros.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La validez y fiabilidad de este tipo de transmisión han sido confirmados por los modernos investigadores nahuatlatos como Miguel León-Portilla&amp;lt;ref&amp;gt;Leon-Portilla, ''El destino de la palabra. De la oralidad y los glifos mesoamericanos a la escritura alfabética'', 19-71&amp;lt;/ref&amp;gt;. Por ello es necesario tener presente la importancia de la tradición oral como fuente histórica entre los pueblos de cultura principalmente oral, como lo eran los pueblos mexicanos. La tradición oral, en estos casos, suele obedecer a cánones bien precisos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Observaciones sobre las fuentes indígenas y sobre las fuentes “mestizas” o mixtas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el trabajo que es la referencia fundamental de esta publicación ya presentamos 27 documentos o testimonios indígenas guadalupanos de diversa procedencia, valor e interpretación&amp;lt;ref&amp;gt;González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'' , 143-189; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 247-287.&amp;lt;/ref&amp;gt;, entre los que destaca el ''Nican Mopohua''; y 8 de procedencia mixta indoespañola o mestiza, entre los que sobresalen los pertenecientes a don Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y el llamado ''Códice Escalada'', descubierto a mitad de los años noventa del siglo XX. Ante todo, hay que establecer su procedencia, su cronología, y su finalidad. Entre las fuentes indígenas la principal es, sin duda, el ''Nican Mopohua'', atribuido al escritor indio Antonio Valeriano, de cuya paternidad hoy día los mejores investigadores ya no dudan&amp;lt;ref&amp;gt;González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'', 142-189; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 247-287. Cfr. la bibliografía crítica sobre esta fuente en la obra citada. Además: Guerrero, ''El Nican Mopohua''. ''Un intento de exégesis'', Universidad Pontificia de México, 2 vols., 1998: Editorial Realidad, Teoría y Práctica, Cuautitlán, Estado de México 1998&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El documento tiene una estructura poética y se trata “''de un testimonio privilegiado del proceso de transculturación del cristianismo de Nueva España, el cual sigue manteniendo un valor y una actualidad ejemplar para la introducción a filosofías y teologías mexicanas, así como para la praxis teológica y social y para la pastoral eclesiástica en el México actual y en otros países de América.''”&amp;lt;ref&amp;gt;Nebel, ''Nican Mopohua. Cosmovisión indígena e inculturación cristiana'', 238.&amp;lt;/ref&amp;gt;Sin embargo, la cuestión acerca de la historicidad de su contenido y de cuánto en él es revestimiento literario o parte de un entorno cultural, sigue siendo discutido con vehemencia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El documento de Antonio Valeriano fue dado a conocer en su texto náhuatl por Lasso de la Vega en 1649. “''Es un texto complejo y simple a la vez, que se convirtió en el paradigma para otros relatos posteriores y que influye decisivamente en el proceso religioso de México. En este texto en náhuatl lo que más destaca, como ya lo había expresado el historiador y nahuatlato Ángel María Garibay, es el extraordinario mensaje de la maternidad espiritual de María, principalmente hacia los pobres y desamparados.''”&amp;lt;ref&amp;gt;Nebel, ''Ibidem'', 236.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por todo ello, hay que estudiar el documento en su contexto cultural, en “''la configuración literaria del acontecimiento guadalupano''”&amp;lt;ref&amp;gt;Nebel, ''Ibidem'', 238.&amp;lt;/ref&amp;gt;, “''teniendo presente las reflexiones filosóficas y recensiones teológicas del acontecimiento guadalupano''”&amp;lt;ref&amp;gt;Nebel, ''Ibidem'', 239.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y la “''cosmovisión náhuatl (tolteca-azteca) y cristiana. Cada palabra de los 218 versos del Nican Mopohua tiene sus significados dentro de la filosofía y mitología nahuas, así como dentro de la visión cristiana respectivamente.''”&amp;lt;ref&amp;gt;Nebel, ''Ibidem'', 240.&amp;lt;/ref&amp;gt;La complejidad y amplitud de la cosmovisión náhuatl y del profundo intento de enculturación cristiana por obra de los misioneros son temas que necesitan un conocimiento y un estudio atento. Para entenderlo hay que tener presentes todos los datos que nos ofrecen las fuentes históricas y literarias de los siglos XVI y XVII en la Nueva España&amp;lt;ref&amp;gt; Cfr. Guerrero, ''El Nican Mopohua. Un intento de exégesis''. Universidad Pontificia de México, 2 vols., 1998.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la interpretación de las fuentes indígenas guadalupanas hay que tener en cuenta también que éstas no son “puras” en el sentido cultural y lingüístico, sino que proceden ya de indígenas cristianos o que han entrado en contacto con el mundo cultura español y misionero. Estos contactos se reflejan en las fuentes, sea en el contenido como en el lenguaje. Por ello, para entender estas fuentes, se debe tener presente el rico mundo literario náhuatl de temas religiosos, filosóficos y de ciencias naturales, producido por indígenas y españoles después de 1521. No hay que olvidar la procedencia humanista de muchos frailes misioneros y de muchos conquistadores. Tal humanismo cristiano se encontró con la sabiduría tradicional india. Antonio Valeriano (1520-1606), autor del ''Nican Mopohua'', indígena de raza tecpaneca pura, es un ejemplo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay que notar también que la lengua náhuatl es rica en expresiones literarias para hablar poéticamente de la cosmovisión mesoamericana y narrar hechos de su historia. Esta lengua, además, era la “lengua franca” de Mesoamérica, usada por numerosos poetas, cronistas y literatos en tiempos antiguos y en los tiempos inmediatamente posteriores al Acontecimiento Guadalupano. Los hechos y el mensaje de la doctrina cristiana fueron también expresados en ella con la misma metodología, los mismos acentos y el mismo desarrollo del pensamiento filosófico de los antiguos ''tlamatinime'', los sabios mexicanos creadores de cantos, crónicas y poesía. Este aspecto de la enculturación náhuatl cristiana explica el estilo y el contenido de estos documentos indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Los “archivos orales” del Hecho Guadalupano=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la cultura náhuatl ocupa un lugar relevante la tradición oral que constituye una serie de auténticos “archivos orales”.&lt;br /&gt;
En nuestro caso, ésa se ha fijado literaria y poéticamente en el ''Nican Mopohua'', (alrededor de 1556)&amp;lt;ref&amp;gt;Guerrero, ''El Nican Mopohua. Un intento de exégesis'', I, 261-262, 607-608; González-Chávez-Guerrero, ''El encuentro'', 11-15; F. Gonzalez, G''uadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 9-19 y 247-287. &lt;br /&gt;
&amp;lt;/ref&amp;gt;y en los llamados ''Cantares de Francisco Plácido''.&lt;br /&gt;
La fijación jurídica india de los archivos orales la hallamos en las ''Informaciones Jurídicas del 1666'': excepcional porque une lo jurídico y el testimonio oral.&lt;br /&gt;
La fijación histórica india de los archivos orales la encontramos en escritos de varia tipología, como los ''Anales del indio Juan Bautista'', (1526-1586): un diario de una persona atenta a los hechos.&lt;br /&gt;
La persistencia de los “archivos orales” en la sociedad indígena se ve en numerosas tradiciones que podemos todavía escuchar hoy oralmente, como las del pueblo totonaca, ajeno a los mexicas, que trasmite la noticia del Hecho Guadalupano&amp;lt;ref&amp;gt;González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'', 289-291; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 247-28&amp;lt;/ref&amp;gt;y otras. Por todo ello es importante ver cómo se transmitían dichos “archivos orales”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Modo indígena de transmitir y conservar la información=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Los indios de la gentilidad y los inmediatos a la conquista fueron grandes historiadores''”: así se puede leer en una carta inédita, sin la parte correspondiente a la firma, probablemente de Lorenzo Buturini&amp;lt;ref&amp;gt;Lorenzo Boturini Benaducci: estuvo en México entre 1735 y 1744 con el objetivo de recoger material documentario para preparar una historia sobre los Dominios españoles en el Nuevo Mundo, por encargo real; debido a varios problemas y malentendidos fue expulsado de Nueva España y sus papeles fueron incautados; será rehabilitado posteriormente en España donde muere 20 años después, en 1755. Reunió un sólido acopio de documentos pre y post hispánicos, en especial guadalupanos.&amp;lt;/ref&amp;gt;o de alguien que lo recomienda al padre Ballesa Cervantes, encontrada dentro de una documentación importante denominada ''Códice Teresa Franco'' del archivo de Chimalhuacán Chalco (Edo. de México), recientemente descubierto. Se reconoce la autoría al caballero lombardo por el estilo literario lleno de italianismos, por la ortografía italiana aplicada a las palabras castellanas; por ejemplo las consonantes dobles típicas del italiano y por la misma caligrafía que coincide con la ya conocida de Boturini.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mundo náhuatl se transmitían las cosas memorables de sus imperios y reinos, las sucesiones de los reyes, las guerras, las leyes y los gobiernos, la historia general de sus tierras, las hazañas de sus combates y de sus calamidades, los acontecimientos más notables que señalaban la vida social, religiosa y política de su mundo por medio de una escritura pictográfica con figuras, caracteres e hieroglíficos en un papel basto de maguey, de algodón, en cueros y cortezas de árboles; se transmitían también a través de cantares, poemas épicos cantados ya que los nahuas componían sus romances en versos quebrados y prosodios. Tras la llegada de los españoles siguieron usando el mismo método, ya fuese expresándose poéticamente en un castellano mezclado con términos y construcciones nahuas, como al seguir usando su propia lengua náhuatl, frecuentemente influenciada por la estructura castellana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la carta citada, Boturini muestra la intención de recuperar algunos de estos documentos y menciona cómo los indígenas han transmitido las noticias sobre la Virgen de Guadalupe y Juan Diego:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''...y en consecuencia desto tengo averiguado que los indios han también historiado las dichosísimas apariciones de N.M. la Virgen de Guadalupe a Juan Diego y Juan Bernardino, no sólo pintándolas en mapas con hieroglíficos y caracteres, sino también escribiéndolas en versos y prosa especialmente en lengua Mexicana, por lo cual muy rendidamente se suplica a su Rvma. Poner su devoto conato para investigar algunos monumentos destos a Gloria de la señora, la cual compensará a su Rvma. En el cielo la diligencia''”&amp;lt;ref&amp;gt;Carta de Lorenzo Buturini B. al P. Ballesa Cervantes, en “Códice Teresa Franco”, Archivo parroquial de San Vicente Ferrer, de Chimalhuacán, Chalco (Estado De México), Fs. 1r-2r. No tiene fecha pero se sabe que Lorenzo Boturini estuvo en México de 1735 a 1744, por lo que este documento pudiera haber sido escrito entre estos años. Citado por González-Chávez-Guerrero, El encuentro, 284; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 247-287.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Conociendo estos datos, surge la pregunta: ¿de cuáles documentos se puede disponer y en qué cantidad están presentes?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El momento histórico que rodea la vida de Juan Diego explica la falta relativa de documentos sobre su vida; sin embargo se cuenta con el recurso a otras noticias e informes fidedignos que abordaron el tema recurriendo a testigos antiguos, como fue el caso del mestizo Fernando de Alva Ixtlilxóchitl y los testigos de las ''Informaciones Jurídicas de 1666''&amp;lt;ref&amp;gt;Las “''Informaciones Jurídicas de 1666''” es uno de los documentos más seguros, por su naturaleza, objetivo y destinatario: ahí se habla explícitamente de la veneración popular por Juan Diego, así como de rasgos de su vida y de su familia. Ver “''El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, op. cit., p. XXXIII; F. González, Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 350-362.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Tampoco se puede desconocer el hecho lamentable de que muchas fuentes indígenas fueron destruidas por varias razones: una de ellas fue, sin duda, la poca estima que algunos de los primeros españoles tuvieron hacia el indio. Incluso muchas cartas de los “protectores de indios”, nombrados a tal efecto por la Corona española (obispos y religiosos) fueron interceptadas e incluso destruidas antes de salir hacia su destino. Se puede leer acerca de este particular en varios historiadores de Indias; entre otros lo recuerdan de Fray Bernardino de Sahagún en su ''Historia General'', Fray Jerónimo de Mendieta, Fray Juan de Torquemada en su ''Monarquía Indiana'' y otros&amp;lt;ref&amp;gt;Sahagún, ''Historia General de las Cosas de la Nueva España'', Ed. Porrúa, México 1982, 18-19; Mendieta, ''Historia Eclesiástica Indiana'', Ed. Porrúa, México 1980, 630. Lo reproduce literalmente también Torquemada, ''Monarquía Indiana'', Ed. Porrúa,. Introducción de León-Portilla, México 1986, 3 vols. T. III, 449. Otras causas de la escasez de fuentes de archivo fueron robos, incendios, (por ejemplo el Archivo el del Cabildo de México de 1692), la legislación sobre el papel, su reciclaje para usos comerciales, etc&amp;lt;/ref&amp;gt;. Otra de las causas que suele señalarse fueron los saqueos y robos que reiteradamente se cometieron en los archivos de toda la Nueva España, a causa de la penuria de papel en el Reino; éste llegaba solamente de España por lo que la demanda de papel ocasionó el saqueo abundante de los archivos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Valor y alcances de la tradición oral=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde el punto de vista de la tradición oral ¿qué certidumbre y autoridad tiene esta relación o historia? ¿cómo pudieron los indios, sin escritura, pues no la usaron, conservar por tanto tiempo la memoria de tantas y tan variadas cosas? ¿Cómo se puede creer que las oraciones o arengas que se refieren en esta historia las hayan hecho los antiguos retóricos que en ella se refieren, pues sin letras no parece posible conservar oraciones largas y en su género elegantes?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en el siglo XVI el conocido padre jesuita español José de Acosta, misionero en México y en luego Perú, se planteaba estas preguntas en una correspondencia con su hermano de religión, el padre Juan de Tovar, primer jesuita mexicano:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Para tener memoria entera de las palabras y traza de los parlamentos que hacían los oradores y de los muchos cantares que tenían, había cada día ejercicio de ello en los colegios de los mozos principales, que habían de ser sucesores a estos, y con la continua repetición se les quedaba en la memoria sin discrepar palabra... así se conservaron muchos parlamentos de gente en gente, hasta que vinieron los españoles, que en nuestra letra escribieron muchas oraciones y cantares que yo ví y así se han conservado''”&amp;lt;ref&amp;gt;Garibay., ''Fray Juan de Zumárraga y Juan Diego –Elogio Fúnebre'', 286&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro sacerdote mexicano, Luis Becerra Tanco, nacido en Taxco en 1603 (72 años después de las apariciones) bachiller en artes y derecho por la Real y Pontificia Universidad de México, en la que también fue profesor de latín, portugués, italiano, francés, náhuatl y otomí, testigo en las ''Informaciones Jurídicas de 1666'', confirma las afirmaciones de Juan de Tovar cuando indica que:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Las noticias que hay en esta ciudad acerca de la Virgen María señora Nuestra, y del origen de su milagrosa imagen, que se dice de Guadalupe, quedaron más vivamente impresas en la memoria de los naturales mexicanos por haber sido indios a quienes se apareció y así la conservaron como suceso memorable en sus escritos y papeles entre otras historias y tradiciones de sus mayores, con que es necesario establecer primero la fe y crédito que deben darse a sus escritos y memorias''”&amp;lt;ref&amp;gt;Becerra Tanco entregó un testimonio escrito bajo el título de “''Origen milagroso del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe''”, testimonio que con algunas añadiduras, fue publicado en 1675, después de su muerte ocurrida en 1672.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Las pinturas y los cantares=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las pinturas y los cantares son las dos maneras por las cuales acostumbraban los nahuas conservar la memoria de sus historias, leyes, actos jurídicos y tradiciones de sus mayores. Siguiendo a Becerra Tanco, es posible conocer las características, importancia y valor histórico de estas formas de transmisión indígena.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las pinturas de los sucesos las figuraban muy al vivo, con bultos pequeños en un género de papel grueso o en pieles de ciervos u otros animales brutos que curtían y aparejaban para este ministerio a modo de pergamino blando. ¿Qué valor de autenticidad tienen estas pinturas? A estas pinturas se les daba un valor auténtico como a los escritos de nuestros escribanos públicos. Estos escribanos eran ‘sacerdotes’ versados “en sus letras y tradiciones”, diríamos hoy; ellos eran los historiadores, que gozaban de autoridad moral y crédito entre la gente.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ‘cantares’ los componían en versos los mismos ‘sacerdotes’, en un estilo poético particular; los acompañaban con interjecciones no significativas, pero que servían para la cadencia del canto. Eran enseñados ya a los niños, que son más hábiles y tienen mayor memoria; los cantaban al ritmo de varios instrumentos musicales, llamados ''teponaxtli'' unos, y otros ''tlapanhuehuetl''; se cantaban en la guerra y en los actos y celebraciones solemnes. De esta manera, estas tradiciones y acontecimientos pluriseculares pasaban de generación en generación. Estos ‘cantares’ referían historias y gestas de guerras, victorias, desgracias, hambres, pestes, nacimientos y muertes de reyes, de guerreros y de varones ilustres, el principio y fin de sus gobiernos y las cosas memorables que iban acaeciendo en cada siglo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Con respecto a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, testimonia Becerra lo siguiente:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Afirmo y certifico haber oído cantar a los indios ancianos en los mitotes y saraos que solían hacer antes de la inundación de esta ciudad los naturales, cuando se celebraba la festividad de Nuestra Señora en su santo templo de Guadalupe, y se hacía en la plaza que cae a la parte occidental, fuera del cementerio de dicho templo, danzando en círculo muchos danzantes, y en el centro de él cantaban puestos de pie dos ancianos, al son de un teponaztli, a su modo, el cantar en que se refería en metro la milagrosa aparición de la Virgen Santísima y su bendita imagen y en la que se decía que se había figurado en la manta o tilma, que servía de capa al indio Juan Diego; y cómo se manifestó en presencia del ilustrísimo señor D. Fray Juan de Zumárraga, primer obispo de esta ciudad; añadiendo al fin de dicho canto los milagros que había obrado nuestro Señor en el día en que se colocó la santa imagen en su primera ermita y los júbilos con que los naturales celebraron esta colocación […] ¡hasta aquí llegaba la tradición más antigua y más verdadera''!”&amp;lt;ref&amp;gt;Becerra tanco, ''Origen Milagroso del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe'' en Torre Villar -. Navarro de Anda, ''Testimonios Históricos Guadalupanos'', 323-326.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Valor de la tradición oral confirmada por otras fuentes=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Miguel León-Portilla&amp;lt;ref&amp;gt;León-Portilla, ''El destino de la palabra, De la oralidad y los glifos mesoamericanos a la escritura alfabética'', FCE, México 1996.&amp;lt;/ref&amp;gt;ha recogido numerosas tradiciones orales de la antigua cultura náhuatl que coinciden en los datos fundamentales al describir historias y hechos de aquel entorno cultural:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Resulta digno de atención, por no decir asombroso descubrir que hay narraciones contemporáneas en varias lenguas mesoamericanas que siguen de cerca temas de la antigua palabra y que a veces parecen lecturas, hechas casi 500 años más tarde, de una página de un códice prehispánico.''”&amp;lt;ref&amp;gt;León-Portilla, ''El destino'', 64.&amp;lt;/ref&amp;gt;Y aporta un ejemplo entre otros: “''dos indígenas analfabetos de santa Cruz y de san Juan Mixtepec, Oaxaca, respectivamente Serapio Martínez y Basilio Gómez, comunicaron un relato en mixteco de gran interés al etnólogo Thomas J. Ibach (1980). Tal narración es probablemente la mejor lectura que se conserva de la página 37 del códice mixteco prehispánico Vindobonese y de la página 2 del códice Selden (también Mixteca)''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Ibid., 64.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro investigador de la cultura totonaca y conocedor de su lengua, el padre Luis Ismael Olmedo Casas CM, encontró un ejemplo casi idéntico al mencionado anteriormente, en este caso relacionado con el Acontecimiento Guadalupano, en una comunidad indígena ajena al ambiente náhuatl y aislada casi por completo hasta el día de hoy. En San Miguel Zozocolco, Veracruz, pueblecito perdido en la sierra, entre Papantla y Poza Rica, a seis horas hacia la montaña, el padre Ismael, un doce de diciembre, fiesta de Guadalupe, tuvo la idea de preguntar a los fieles indígenas qué era lo que celebraban. Así pudo escuchar de los mismos jefes de la comunidad un singular testimonio que confirma la validez de la tradición oral de los indígenas. Vale mencionar aquí una parte que refleja la tradición de la Virgen de Guadalupe a través de las generaciones indígenas&amp;lt;ref&amp;gt;Esta tradición fue presentada por su recopilador a J. L. Guerrero, del que la hemos recogido en González - Chávez - Guerrero, El encuentro, 289-291; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'',  256-257.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Apareció en el cerro del Anáhuac una señal del mismo cielo: una Mujer con gran importancia, más que los mismos emperadores, que, a pesar de ser mujer, su poderío es tal que se para frente al sol, nuestro dador de vida y pisa la luna que es nuestra guía en la lucha por la luz y se viste con las estrellas, que son las que rigen nuestra existencia y nos dicen cuándo debemos sembrar, doblar o cosechar. Es importante esta mujer porque se para frente al sol, pisa la luna y se viste con las estrellas, pero su rostro nos dice que hay alguien mayor que ella, porque está inclinada en signo de respeto. Nuestros mayores ofrecían corazones a Dios para que hubiera armonía en la vida. Esta mujer dice que sin arrancarlos, le pongamos los nuestros entre sus manos para que ella los presente al verdadero Dios [...] su rostro no es el de nuestros dominadores ni el de nosotros, sino de ambos. En su túnica se pinta todo el valle del Anáhuac y centra la atención en el vientre de esta mujer, que con la alegría de la fiesta, danza, porque nos dará a su hijo, para que con la armonía del ángel que sostiene el cielo y la tierra (manto y túnica) se prolongue una vida nueva''”&amp;lt;ref&amp;gt;González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'', 291;  F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 247-287.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se puede ver en este testimonio la importancia de la tradición oral y su valor para la historia. Un investigador no puede desconocer el hecho mismo de la transmisión de la fe de generación en generación y a la vez el proceso de enculturación de la misma.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Algunos documentos indígenas guadalupanos=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El aporte dado por la investigación realizada consiste, entonces, en la demostración de la autenticidad de los documentos presentados con afirmaciones guadalupanas y el hecho de que éstas sean parte del documento y no interpolaciones posteriores, así como el valor de los documentos indígenas, especialmente de las crónicas o anales colocados en su estilo, tradición y modo de transmisión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ofrecemos a continuación una lista completa de los documentos indios más importantes seguidos de una pequeña descripción de su contenido y de sus características. La mayoría de estas fuentes surge del contexto náhuatl, cuya lengua es rica en expresiones literarias para expresar poéticamente hechos de la cosmovisión mesoamericana y de su historia. Como se verá, algunos de estos Anales beben en las mismas fuentes y repiten los datos, las fechas e incluso los errores de cronología, e incluso llevan nombres semejantes o casi idénticos. Por ello se deduce que los copistas se los pasaban unos a otros o al menos los tenían a la mano. Ofrezco una presentación sumaria de tan rica documentación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Nican Mopohua&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', cap.  IV, 91-120. El manuscrito más antiguo conocido se encuentra en la Biblioteca Pública de Nueva York, Col. Ramírez. Monumentos Guadalupanos (“removed from case 2”), NYPL, Ser. I, vol. 207.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
destaca como la fuente india principal.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales del indio Juan Bautista o Diario de Juan Bautista o Crónica de Juan Bautista&amp;lt;ref&amp;gt;''Los Anales de Juan Bautista'', Archivo Histórico de la Basílica de Guadalupe (AHBG), Ramo Historia, Caja 101, exp. 1, (62 fols.), pp. 11 y 12, 24, p. 13, §17, p. 17, p. 21 §49.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un documento que guarda su importancia y valor precisamente porque no tenía como objeto directo la historia guadalupana, pues aunque son llamados ''Anales'' son en realidad un diario personal realizado precisamente por un indio llamado Juan Bautista y que vivía en el Barrio de San Juan y quien mantenía una relación estrecha con los franciscanos. En este importante diario, escrito en náhuatl, Juan Bautista menciona acontecimientos que se desarrollan entre 1528 y 1586; de éstos se debe mencionar que las referencias estrictamente de carácter guadalupano son originales y no interpoladas. Su objeto directo no era la historia guadalupana, que consigna entre los hechos históricos del siglo. Confunde fechas y acontecimientos que mezcla sin orden. Juan Bautista testimonia la aparición de la Virgen en el año 1555 en Tepeyac, las celebraciones que se realizaron y las visitas de muchas personas, incluso de algunos que durmieron allí, para dar honor a nuestra Señora de Guadalupe. Expresa la devoción de todos, españoles, indios, autoridades españolas e indígenas, eclesiásticas y civiles hacia el Hecho Guadalupano, las celebraciones, procesiones, cantos y danzas indias con que se honraba a la Virgen. Parece describir cosas que se ven todavía hoy cada día. La descripción es primorosamente bella e inmediata.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales de Chimalpahin o Relaciones de Chalco-Amaquemeca o Séptima relación&amp;lt;ref&amp;gt;Bibliothèque Nationale de Paris, Col. Aubin-Goupil, Doc. 74.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su autor es Don Domingo Francisco de San Antón Muñoz Chimalpahin Quatehuanitzin, indio originario de Chalco Amaquemeca, donde nació hacia 1579, descendiente de la casa real de Chalco y de gran nobleza. Hizo sus estudios en el convento de San Antonio abad de la ciudad de México, donde transcurre gran parte de su vida. De San Antonio recibe su nombre y su educación; este indio aristócrata recibe una esmerada educación humanista por parte de los primeros franciscanos. Su pertenencia a la nobleza le permitió acceder a varios códices y escuchar testigos oculares, de los que se sirvió para componer la obra.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La obra consta de 272 páginas escritas en Náhuatl entre los años 1606 y 1631. Andrés de Santiago Xuchitototzin había recopilado el primer material por encargo del primer virrey de Nueva España y 73 años más tarde Don Domingo Francisco de San Antón Muñoz Chimalpahin Quatehuanitzin escribe la obra sirviéndose de este material.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Divide su obra en 8 capítulos diferentes llamados “relaciones”, siendo la séptima la que contiene la aparición de la Virgen de Guadalupe. Dice textualmente: “''...También entonces ocurrió la aparición, dicho sea con respeto, de nuestra querida madre, Sancta María de Guadalupe en le Tepeyácac''”&amp;lt;ref&amp;gt;Chimalpahin Cuahtlehuanitzin, ''Relaciones Originales de Chalco Amaquemecan'', Ed. FCE, México 1965, 264.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y en la página 277 de la misma obra se puede leer: “''año del pedernal, en le 4 del mes de Marzo, Miércoles de Ceniza, habiéndola ido a tomar expresamente con nuestra queridísima madre del Tepeyácac, Guadalupe, el Visurrey don Gastón de Peralta, Marqués de Falses...partió para España después de haber gobernado solamente 1 año y 5 meses''”. Esta obra es por lo tanto una importantísima fuente para el estudio tanto del México antiguo como del Virreinato de la Nueva España en su primera época.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales antiguos de México y sus Contornos&amp;lt;ref&amp;gt;''Anales antiguos de México y sus contornos'': Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México (BNAH), Col Antig. 273-274 (Originalmente pertenecieron a la biblioteca de Alfredo Chavero).&amp;lt;/ref&amp;gt;.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tal es el título con que se conoce a una importante colección de veintiséis ''Anales o Crónicas'' indias. Actualmente, casi todos los originales se encuentran perdidos, salvo el códice conocido como ''Guadalupano de Gómez de Orozco''. Con todo, disponemos de una compilación, realizada en el siglo XIX, por orden de José Fernando Ramírez, que incluye 26 copias, extractos y traducciones de los manuscritos originales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos estos ''Anales'' son de carácter histórico. Incluyen hechos y acontecimientos acaecidos tanto durante la época prehispánica como durante el periodo virreinal; en algunos casos llegan hasta el siglo XVIII. Las diferentes noticias consignadas en estos ''Anales'' están presentadas bajo los dos sistemas de calendarios diversos, indio y europeo, a veces con errores de sincronía considerables. Con todo, los diferentes ''Anales'' sirven para conciliar en el tiempo las apariciones guadalupanas con diversos acontecimientos conocidos con certeza. Por ejemplo, el cometa Halley hizo una de sus apariciones precisamente en 1531, año de las apariciones guadalupanas. Por otra parte, en 1531 se verificó un eclipse de sol, hecho que consignan varios de estos ''Anales'' en sincronía con el Acontecimiento Guadalupano. Doy una breve reseña de estos diversos ''Anales'' y de sus versiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales de Tlaltelolco y México&amp;lt;ref&amp;gt;n Biblioteca Nacional de Antropología e Historia (BNAH de México), Colecc. Antig. n. 12, 1&amp;lt;/ref&amp;gt;.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El documento pertenece a la primera mitad del siglo XVII, de autor anónimo, que aprovecha noticias e informaciones antiguas. Contiene información de 1519 a 1633. Se perciben algunos errores en cuanto la ubicación de algunas fechas. Aquí encontramos un claro ejemplo de la combinación de los calendarios indígena y europeo muy útil para buscar la sincronía de acontecimientos conocidos con certeza, como es, en nuestro caso la aparición del cometa Halley en 1531.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el mismo encontramos una importante mención guadalupana que dice: (“''1631 . En el año 11 casa fue cuando hubo eclipse de sol&amp;lt;ref&amp;gt;Consta con toda certeza no sólo que no hubo eclipse alguno en 1631, sino que sí lo hubo 100 años antes, el 28 de Marzo de 1531 y precisamente a las 15:06 del centro de México, hecho que también confirman los códices Telleriano-Remensis y Anales de Techamachalco. Es necesario precisar que este documento habla más bien de 1531. Cfr. González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'', 301; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 264.&amp;lt;/ref&amp;gt;(el sol fue comido) a las tres horas. Pronto salió otra vez, no duró mucho. Y fue cuando se trajo acá a la gran Señora del Tepeyac, Nuestra Señora de Guadalupe''”)&amp;lt;ref&amp;gt;“''1631. Ininxihuitl matlactloce calli icuac cualoctonatiuh ey horas ca iciuhca otlanez amo cenca huecauh ihuan icuac haulmohuicac in tlatocacihuapilli tepeyacac Nuestra Señora de Guadalupe''&amp;quot;&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¿Cómo se explica esa fecha de 1631? La fecha indicaría el traslado que se hizo de la imagen de su ermita en el Tepeyac a la catedral de México con motivo de la terrible inundación que inició el 21 de Septiembre de 1629&amp;lt;ref&amp;gt;Pero esta traslación no se hizo en 1631, sino el martes 25 de Septiembre de 1629, (en 1631 no se movió, permaneció todo el año en la catedral), y no se regresó sino casi 5 años después, el domingo 14 de Mayo de 1634. Cfr. González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'', 300-301; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un puebl''o,264.&amp;lt;/ref&amp;gt;, o se trata de un error de trascripción. Además las diferentes noticias consignadas en estos anales están presentadas bajo los dos sistemas calendáricos, indio y europeo, a veces con errores de sincronía considerables. Con todo, los diferentes anales sirven para conciliar en el tiempo las apariciones guadalupanas con diversos acontecimientos conocidos con certeza. Por ejemplo, el cometa Halley hizo una de sus apariciones precisamente en 1531, año del portento. Por otra parte, en 1531 se verificó un eclipse de sol, hecho que consignan varios de esos anales en sincronía con el Acontecimiento Guadalupano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de unos anales escritos por un autor indio, anónimo, de la primera mitad del siglo XVII, aprovechando noticias e informaciones antiguas. Tiene las mismas características del documento anterior, sólo que sus datos corresponden al período que se extiende desde 1519 hasta 1633. Está escrito en náhuatl, y su traducción dice: “''1631. En el año 11 Casa fue cuando hubo eclipse de sol a las tres horas. Pronto salió otra vez, no duró mucho. Y fue cuando se trajo acá a la gran Señora del Tepeyac, Nuestra Señora de Guadalupe''”. También aquí nos encontramos con un doble error: ni en ese año la imagen de la Virgen de Guadalupe fue trasladada del Tepeyac a la catedral de México (lo había sido el 25 de septiembre de 1629 con motivos de las graves inundaciones del martes anterior, el 21 de septiembre de 1629, que asolaron la ciudad de México, permaneciendo en la catedral hasta el 14 de mayo del 1634); ni hubo en ese año de 1631 eclipse de sol; lo había habido cien años antes, el 28 de marzo de 1531, y precisamente a las 15, 06 del centro de México, hecho que también consignan los Códices ''Telleriano-Remensis'' y los ''Anales de Tecamachalcos''. Es posible por lo tanto una confusión como se mencionó en la descripción del precedente documento.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales de Tlaltelolco y México o Anales de Juan Miguel&amp;lt;ref&amp;gt;En BNAH, Colecc. Antig., n. 13, 1.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De autor indio anónimo, y al igual que los anales anteriores, fueron realizados a mediados del siglo XVII, aprovechando noticias del siglo precedente. Consigna acontecimientos que van desde 1519 a 1662, así mismo con discrepancias respecto de la colocación de las fechas. Consta de sólo 4 hojas escritas en náhuatl. La mención guadalupana coincide con la referida en los otros Anales citados; su traducción es: “''1631. Aquí en este año se trajo la amada reina de Guadalupe Tepeyácac''”&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;''1631. Nican ipan in xihuitl ohualmohuicac tlazocihuapilli de Guadalupe Tepeyac''&amp;quot;.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Se deben aplicar también a este caso las observaciones hechas a los anteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales de Tlatelolco y México&amp;lt;ref&amp;gt;En BNAH, Colecc. Antig., n. 13, 1-2.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de un documento tlatepotzca, de la zona de Puebla, del siglo XVII, pero que también aprovecha información antigua. Los acontecimientos que narra pueden ubicarse en el período comprendido entre 1524 y 1686. Está escrito también en náhuatl y la traducción de la mención guadalupana es la siguiente: “''1530. En este año vino el presidente [de la Segunda Audiencia] recientemente a gobernar México. En este mismo año recientemente vino recientemente el sacerdote obispo, su reverendo nombre Fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco. Entonces se dignó aparecer nuestra preciosa madrecita de Guadalupe''”.&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;1530. Nican ipan xihuitl ohuala presidente yancuican tlatocatico Mexico za no ipan in xihuitl in huel yancuica hualmohuicac teopixcatlatoani obispo itocatzin fray Juan de Zumarraga, San Francisco Teopizqui in huel icuac monextitzino in totlazonatzin de Guadalupe&amp;quot;.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También aquí se habla de hechos ciertos con confusión de fechas. De hecho ninguno de los hechos mencionados en el texto citado sucedieron en 1530. El “presidente” era el de la Segunda Audiencia, Fray Sebastián Ramírez de Fuenleal, que llegó a México el 23 de septiembre de 1531. Fray Juan de Zumárraga, había llegado antes, sin estar todavía consagrado obispo, el 9 de diciembre de 1528, regresará más tarde a España para su consagración episcopal y vuelve en octubre de 1534. Incluso consigna luego la fundación de Puebla que fue también en 1531. Sin embargo, la cercanía de los hechos consignados con el año de 1531, resulta innegable. El valor del documento es muy importante porque habla de hechos reales, ciertos&amp;lt;ref&amp;gt;gonzález - chávez - guerrero, ''El encuentro'', 302;  F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 266.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales de México y sus alrededores o Anónimo A&amp;lt;ref&amp;gt;En BNAH, Colecc. Antig., n. 13, 1-2. Lo denominó así el nahuatlato Ángel M. Garibay K.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se trata de un documento que abarca de 1546 a 1625. Como en el caso de los anteriores echa mano de informaciones históricas sobre acontecimientos del pasado. También aquí nos encontramos con la confusión de fechas típica de la confusión de los dos calendarios manejados por aquellos cronistas indios. En relación a Guadalupe nos encontramos con un pasaje interesante que traducido del náhuatl dice: “''1556, 12 Pedernal. Bajó [descendió hacia acá] la noble señora del Tepeyácac; fue también cuando humeó una estrella''”&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;''1556, 12 Técpatl, Hualmotenohui in cihuapilli Tepeyacac zaye icuac popoca citlalin''&amp;quot;.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La confusión con el calendario europeo es evidente. La denominación indígena de 12-Técpatl corresponde a 1531; la aparición de la estrella (el cometa Halley) corresponde precisamente a aquel año.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales de México y sus alrededores o Anónimo B&amp;lt;ref&amp;gt;En BNAH, Colecc. Antig., n. 19, 2.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son Anales que se conocen también con el nombre de ''Anales de Puebla y Tlaxcala'', o ''Anónimo B''&amp;lt;ref&amp;gt;Este es el nombre que les dio el nahuatlato Ángel M. Garibay.&amp;lt;/ref&amp;gt;, de autor anónimo, elaborados en la región del estado mexicano de Puebla y comprenden los años 1524 a 1674. El texto está escrito en náhuatl, y la parte que se refiere a Guadalupe reza así traducida: “''1510 Año Pedernal. Aquí en este año vino nuevamente el Presi [dente] aquí a gobernar en México y también se dignó aparecerse nuestra Preciosa Madrecita de Guadalupe, allá en México se dignó aparecerse a un indito de nombre Juan Diego''”&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;''1510 Año Pedernal [?] Nican ipan xihuitl huala presi`te] nican tlatocatico Mexico. Auh ca no icuac omenextitzino totlazonatzin de Guadalupe ompa Mexico monextili ce macehualtzin itoca Juan Diego''&amp;quot;.&amp;lt;/ref&amp;gt;. El año está representado por un pedernal, con la fecha añadida a la manera europea de 1530, pero que se ve estaba escrita 1510 y que fue luego corregida. Nos encontramos con los mismos defectos o errores de cronología ya señalados en los documentos anteriores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales de Puebla y Tlaxcala o Códice Gómez de Orozco o Anales de Cuetlaxcoapan o Anónimo C&amp;lt;ref&amp;gt;En BNAH, Archivo Histórico, n. 1040. Lo denominó así el nahuatlato Ángel M. Garibay.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los ''Anales de Puebla y Tlaxcala o Códice Gómez de Orozco o Anales de Cuetlaxcoapan o Anónimo C'', (según lo bautizó Ángel María Garibay), fueron elaborados por un autor anónimo en Cuetlaxcoapan, Puebla. Terminado en el siglo XVIII, copiando material antiguo, es un documento muy interesante. Aunque existen errores y discrepancias en la datación que ofrece el documento, son precisamente éstas la que lo vuelven más confiables. Estos anales nos ofrecen información sobre hechos históricos comprendidos entre 1519 y 1720 (éste último año escrito, por cierto, en forma incorrecta: 17020).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El pasaje que queremos destacar es el siguiente: “''1510 […] En este año vino Presi[dente] de nuevo a gobernar en México; también este año si dignó aparecer nuestra amada Madre de Guadalupe, se dignó aparecerle a un indito de nombre Juan Diego''”&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;''1510 […] Nican ipan xihuitl huala presi nican tlatocatico Mexico. Auh ca no icuac omonextitzino totlazonatzin de Guadalupe ompa Mexico monextilli ce macehualtzintli itoca Juan Diego''&amp;quot;.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El año obviamente está equivocado, pero eso está lejos de ser obstáculo; por el contrario, es garantía de autenticidad, pues el contenido concuerda: en 1531, vino Sebastián Ramírez de Fuenleal, Presidente de la Segunda Audiencia. Un falsario jamás habría errado algo tan obvio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
tabla !!!!!!!!!!!!!!!!!!!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuadro anterior nos permite comparar los tres documentos, ver sus semejanzas y diferencias. El comentario que hace Ángel María Garibay será ampliado en un punto posterior. Baste ahora señalar que el documento llamado ''Anónimo C'' pertenece al siguiente grupo que hemos llamado de “documentos que hay que manejar con atención o dudosos” en el sentido guadalupano, aunque en el esquema ya aparece la valoración respectiva, pues son precisamente los “errores” los que le dan garantía de autenticidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Anales de Puebla y Tlaxcala o Anales de los Sabios Tlaxcaltecas o Anales de Catedral==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un texto de autor anónimo, realizado en la región de Puebla. El período que comprende va de 1519 a 1739. El original está perdido y sólo conocemos la copia realizada por Galicia Chimalpopoca. En esta copia el texto venía acompañado, en la primera parte, de sencillos dibujos del sol, la luna, una estrella, dos canillas o huesos cruzados, y dos indígenas en actitud de mirar al cielo. Había además una breve glosa en la que se leía: “los sabios Tlaxcaltecas”. También al inicio del texto antes de 1519, se ha incluido una breve descripción de la imagen guadalupana, donde se hacía mención de la altura, el número de estrellas en el manto y resplandores alrededor del cuerpo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se puede leer la noticia de la aparición de la Virgen y sobre la muerte de Juan Diego. En su traducción diría: “''Año de 1531. Los cristianos allanaron'' [fundaron o igualaron] ''Cuetlaxcoapan, Ciudad de los Ángeles. En este mismo año se dignó aparecer a Juan Diego nuestra Preciosa Señora de Gudalupe de México''”&amp;lt;ref&amp;gt;“''De 1531 años. Otlalmanque in quichtianome Cuetlaxcoapan Ciudad de los Ángeles, zan no ipan inin xihuitl in Juan Diego oquimotenextili in to tlazo cihuapilli Guadalupe México''”, en ''Anales de Puebla y Tlaxcala o Anales de los Sabios Tlaxcaltecas o Anales de Catedral'', AHMNA, n.18,1. &amp;lt;/ref&amp;gt;. El otro texto donde se refiere a la muerte de Juan Diego dice así: “''Año de 1548. Murió dignamente Juan Diego, a quien se le apareció la preciosa Señora de Guadalupe de México''”&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;''Año de 1548 omomiquili in Juan Diego in oquimotenextilitzino in tlazo Cihuapilli Guadalupe México''”, Ibid .&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos documentos deben mirarse con atención porque debido a la pérdida del manuscrito original no se puede saber si los dibujos mencionados arriba en las características complementaban alguna información vertida en los Anales o si “''Galicia Chimalpopoca los mencionó al principio de manera arbitraria. Y es también particularmente extraña la inclusión de la breve descripción de la imagen guadalupana en una sección de años previos a la conquista española. Quizá en el original la información estuvo vinculada, de alguna forma, a los datos de 1531 o de algún año posterior''”&amp;lt;ref&amp;gt;Xavier Noguez, ''Documentos Guadalupanos. Un estudio sobre las fuentes de información tempranas en torno a las mariofanías en el Tepeyac'', ed. FCE, México 1993, 55-56, citado por gonzález - chávez - guerrero, ''El encuentro'', 305&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Añalejo de Bartolache o Manuscrito de la Universidad&amp;lt;ref&amp;gt;En BNAH, Archivo Histórico, Arch. Sucs. Gómez Orozco.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También este antiguo documento, de autor anónimo, fue realizado en la Región de Puebla. Sólo poseemos una copia ya que el original se ha perdido. Recibe el nombre de ''Bartolache'' porque fue hallado en la Biblioteca de la Real y Pontificia Universidad por José Ignacio Bartolache, que copió y autentificó un fragmento. Pero el original parece constaba de 24 fojas útiles en octavo. Estos ''Anales'' históricos comprenden el período señalado entre 1454 a 1737. El documento consta haberse sacado en Tlaxcala, como dice el mismo sabio José Ignacio: “''según manifiesta la foja vuelta donde aparecen figurados o rasguñados, de muy mala figura, un indio y una india, puestos de rodillas y mirando al cielo y abajo dice así: Yxtlamatque Tlaxcala, esto es, los viejos sabios de Tlaxcala''”&amp;lt;ref&amp;gt;En González - Chávez - Guerrero, El encuentro, 305-306; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 269. puede verse esta cita que corresponde al texto mismo de José Ignacio Bartolache.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La mención Guadalupana se encuentra en dos textos que respectivamente testimonian la aparición de la Virgen y la muerte de Juan Diego. El primero en su traducción dice: “''Año caña 1531. Los castellanos asentaron [fundaron] Cuetlaxcoapan, ciudad de los Ángeles y se dignó aparecer a Juan Diego la preciosa Señora de Guadalupe de México[donde] se nombra Tepeyac''”&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;''Acaxihuitl 1531, Otlamanque in caxtiteca in Cuetlaxcoapan Ciudad de los Ángeles ihuan in Juan Diego oquimotenextili in tlazocihuapilli de Guadalupe de Mexico motocayotia in Tepeyac''&amp;quot;.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Y el segundo texto también en su traducción dice: “''Año Técpatl, 1548 Murió dignamente Juan Diego [a quien] se dignó aparecer la amada señora de Guadalupe de México. Granizó en el cerro Blanco''”&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;''Tecxia 1548. Omomiquilili Juan Diego in oquimonextilli in tlazocihuapilli Guadalupe Mexico. Otecihuilo niztac tepetl''&amp;quot;, en ''Añalejo de Bartolache o Manuscrito de la Universidad'', BNAH, Archivo Histórico, Archivo de Sucs. Gómez de Orozco&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El documento hay que tratarlo con cuidado, colocándole en su contexto y dándole por ello su justo valor. El mismo José Ignacio Bartolache escribe: “''y creo justamente, haber hecho un gran hallazgo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolache, ''Manifiesto Satisfactorio u opúsculo Guadalupano'', en Torre Villar -Navarro de anda, Testimonios, 618, citado por González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'', 306; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 269.&amp;lt;/ref&amp;gt;“''porque en este cuaderno aparecen escritos por cuenta y razón de años de nuestro Señor Dios, según se iban apuntando los sucesos ocurrentes por los viejos sabios, aquí en Nueva España''”. Por tanto estos ''Anales'', tienen sin duda una fiabilidad histórica. Su presencia está también confirmada por Diego Posada, secretario de la Universidad, junto con tres notarios. Su importancia es grande en el proceso de investigación del “Hecho Guadalupano” precisamente por la mención que hace de la aparición guadalupana, señalando la fecha exacta de 1531 y el de la muerte de Juan Diego en el año 1548. Este documento, independiente pero muy similar al anterior (''Anales de Puebla y Tlaxcala o Anales de los Sabios Tlaxcaltecas o Anales de Catedral'') parece ser copia de una fuente común, hoy desconocida.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Noticias Curiosas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta obra actualmente está perdida, pero pertenecía a la colección de Gómez Orozco. Es de autor anónimo, elaborada en la región de Puebla a principios del siglo XVIII&amp;lt;ref&amp;gt;Su portada fue reproducida por el autor guadalupano Pompa y Pompa en ''Álbum del IV Centenario''. El documento original no se ha podido localizar actualmente.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Reporta noticias copiadas de la misma fuente que los'' Anales de Puebla y Tlaxcala y del Añalejo de Bartolache'', lo que demuestra que a veces los cronistas beben en la misma fuente o la copian sin citarla.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Códice Gómez de Orozco o Anales de Cuetlaxcoapan o Anales de Tlaxcala-Puebla&amp;lt;ref&amp;gt;En BNAH, Archivo Histórico.&amp;lt;/ref&amp;gt;.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son documentos tardíos, s. XVII, pero recogen noticias precedentes, de autor anónimo, y elaborados también en la región de Puebla; nos dan noticias del período que va de 1519 a 1686.&lt;br /&gt;
El texto guadalupano que deseo destacar señala el año 1530 y dice en su traducción: “''Este año vino el Presidente [del la Segunda Audiencia ]. Recientemente vino a gobernar México. En el mismo año se dignó venir el jefe de los sacerdotes, obispo, su venerable nombre fray Juan de Zumárraga, sacerdote de San Francisco. Y también entonces se dignó aparecerse nuestra amada madrecita de Guadalupe''”&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;''Nican ipan xihuitl huala presidente yancuican tlatotatico Mexico [z]anno ipan xihuitl in huel yancuican huamohicac hualmohicac teopixcatlatoani obispo iticatzin fray Juan de Sumarraga San Francisco teopixqui in huel icuac monextitzino in totlazonatzin de Guadalupe''&amp;quot; en C''ódice Gómez de Orozco o Anales de Cuetlaxcoapan o Anales de Tlaxcala-Puebla'', Biblioteca Nacional de Antropología e Historia. Citado por González - Chávez - Guerrero, El encuentro, .307&amp;lt;/ref&amp;gt;. Como se ve, parece que beba en las mismas fuentes que los anteriores citados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Confirmación de noticias en otros códices indígenas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Existe toda una serie de documentos que no nos hablan directamente de los hechos guadalupanos, pero que nos ofrecen una serie de noticias que confirman las dadas por los otros documentos con referencias directas guadalupanas. Presento algunos significativos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Códice en Cruz&amp;lt;ref&amp;gt;En Bibliothèque Nationale de Paris, Col. Aubin-Goupil. Secc. Doc. Mex., BNP-15-17 (original).De este ''Códice en Cruz'' se conservan dos copias en la Colección Aubin-Goupil de la sección de manuscritos Mexicanos de la Biblioteca Nacional de París, una sacada por Antonio de León y Gama y la otra por el padre José Pichardo: BNP 90-22: BNP 88-5.&amp;lt;/ref&amp;gt;.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un documento de carácter histórico, elaborado en papel amate, entre 1553 y 1569, en la región de Texcoco. Comprende el período que va de 1502 a 1557. Recibe este nombre debido a que se lee en forma circular. Aunque no figura en él alusión ninguna al Acontecimiento Guadalupano, en la lámina 17, figura 4, que se refiere a 1531, hacia arriba, se figura el cometa Halley, lo cual es muy importante porque en el año 13-Caña (1531), se consignó la aparición de un cometa, hecho que coincide con otras informaciones sobre la aparición.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Códice Telleriano-Remensis&amp;lt;ref&amp;gt;Bibliothèque Nationale de Paris. Manuscrit mexicain 385.&amp;lt;/ref&amp;gt;=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El códice denominado ''Telleriano-Remensis'' fue pintado hacia 1562 ó 1563. Se trata de un documento de 50 folios de 32 a 22 cms. Su material es ritual, calendárico e histórico. Se divide en tres partes, siendo la primera un calendario de 18 meses con dibujos de los dioses que presidían en cada periodo de trece días; la segunda es un ''tonalpohualli'' o almanaque adivinatorio de 260 días. La tercera parte corresponde a unos anales históricos que cubren de 1198 a 1562 y tiene al final dos hojas escritas en español, sin dibujos, con noticias históricas de 1519 a 1557.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No alude directamente al Hecho Guadalupano, pero sí consigna en el folio 44 que “''humeó una estrella''”, con lo que confirma lo que otros códices hacen coincidir con la fecha de la aparición en 1531, en que se dejó ver el cometa Halley.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se cree que este códice es copia de una fuente hoy perdida, el códice denominado ''Huitzilopochtli'', y que parte de sus glosas castellanas fueron escritas por el padre fray Pedro de Ríos. En todo caso, se ha demostrado que el ''Códice Telleriano Remensis'' es anterior y sirvió de modelo a otro códice muy similar: el ''Vaticano A'' (Cod. Vat. Lat 3738).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Códice Vaticano 3738, también llamado códice Ríos, códice Vaticano A y codex Vaticanus.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este códice fue pintado entre 1563 y 1570, probablemente en Italia, quizá copia de una fuente común, hoy perdida, a la que se ha dado el nombre de ''Códice Huitzilopochtli''. O aún más probablemente que sea copia del ''Códice Telleriano-Remensis''. Trátase de un documento de 96 folios, de 46 por 29 cms. Su temática es ritual, calendárica, histórica y etnográfica. En el folio 88 r. (91., según las ediciones más recientes), pictografía una estrella con volutas de humo, o sea, la aparición de un cometa: el Halley. Esto confirma lo que otros códices hacen coincidir con la fecha de la aparición: 1531.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Tira de Tepechpan&amp;lt;ref&amp;gt;Bibliothèque Nationale de Paris. Col. Aubin-Goupil, Docs. 13-14.&amp;lt;/ref&amp;gt;=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La denominada ''Tira de Tepechpan'' de autor anónimo, fue elaborada en la zona del valle de México, a lo largo de varios siglos y se terminó a finales del siglo XVI. Se trata de una larga tira de papel indígena, de 6.25 metros de largo y 21 centímetros de ancho. En ella se narra, según el método indígena de contar los hechos históricos en forma pictográfica, los acontecimientos más importantes ocurridos en los últimos 300 años, de 1298 a 1596. Desgraciadamente se han perdido las partes iniciales y la final, de modo que tenemos la relación de los hechos que van desde 1300 a 1590. Incluye el asentamiento en Chapultepec, la fundación de Tepechpan y Tenochtitlán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En relación a si el códice nos da noticias guadalupanas, se ha discutido mucho sobre si en efecto contiene referencias explícitas. El documento cita el año 13-Caña, correspondiente al de la aparición guadalupana y a una procesión que se habría efectuado el 26 de diciembre de 1531. Aparecen tres figuras que parecerían ir en procesión; representan realmente al obispo Don Sebastián Ramírez de Fuenleal (Presidente de la Audiencia), a Hernán Cortés y al obispo don Fray Juan de Zumárraga. Simplemente pretenden documentar su llegada. Pero también figura en el documento, en la parte superior, un águila bien delineada, de cuyo pico emana una voluta de color azul-turquesa, que podría interpretarse como ''Cuauhtlatoa'' (Águila que habla), que como se sabe, es también el nombre indígena de Juan Diego, y por lo tanto podría verse como una alusión a él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acerca de esta águila el historiador Xavier Noguez cree que la posición de esta ave en la pictografía no concuerda con exactitud en el espacio correspondiente al año citado; más bien se ha colocado entre éste y el anterior no pudiéndose determinar si corresponde a 1530 ó 1531. Otro estudioso, Boban, cree ver contenidos bélicos en el águila, a través del uso de la voluta que sale de su pico. De una lectura glífica del conjunto se podrían deducir dos palabras: ''Cuauhtlatoa o Cuauhtlatoani'': “El que habla como águila” o “manda ruda o varonilmente”, interpretándose así dicho pictograma asociado a un ambiente militar. El otro posible vocablo sería ''Tlatocuauhtli'', para significar: “Águila que habla” o “Águila parlante”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Podemos concluir que como documento probatorio guadalupano su fiabilidad histórica ha sido discutida. Con datos tan incompletos como aislados sería aventurado citar por el momento una interpretación convincente. Para la época virreinal española el códice narra los sucesos que fueron de mayor interés para las comunidades de las zonas de Texcoco, como la llegada de las autoridades. No hay acuerdo acerca de los tres personajes y la procesión. Se ve que el documento sólo quiere documentar la llegada de ellos; algunos pretenden considerar esta procesión como el entierro de un indio principal. La realidad es que por principal que fuese, ningún indio recibía a su muerte funerales tan solemnes. El historiador jesuita mexicano padre Cuevas cree que las tres figuras son parte de una escena asociada a los acontecimientos del día 26 de diciembre de 1531, cuando Cortés y Zumárraga supuestamente presidieron una procesión al cerro del Tepeyac, sitio donde se trasladó la imagen recién aparecida de la Virgen de Guadalupe. No deja de ser una simple hipótesis sin otros fundamentos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Códice de Tetlapalco (o Códice Brooklyn, Saville Codex, Texplapalco, Tetlapalco o Telapalco o Códice Protohistórico, o Anales de la Fundación Heye)&amp;lt;ref&amp;gt;Collection of the American Indian (Heyne Foundation, Nueva York).&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es un códice obra de un autor anónimo, elaborado a mediados del siglo XVI en el Valle de México, quizá en Tetlapalco. Es una tira de papel amate de 145 por 26 cm. en sentido vertical, que contiene anales histórico-genealógicos comprendidos entre 1415 y mediados del siglo XVI. Nos encontramos ante un códice de gran valor, ya que ofrece una imagen mariana muy parecida a la Virgen de Guadalupe, cuya túnica es de color rosa asalmonado, y el de su manto verde mar pálido. Tanto la túnica como el manto son idénticos a la imagen del Tepeyac, lo mismo que la inclinación de su cabeza hacia el hombro derecho, así como los pliegues del manto, cintura y mangas. Así mismo, el códice consigna la fundación de San Marcos (1536) y en 1526, la fecha de la Santa Cruz. Resulta que la Virgen cae precisamente frente al círculo que corresponde al año de 1531 (los años se indican dentro de círculos). Independiente del significado guadalupano que se le pueda dar o negar, podría tener una interpretación guadalupana por los dibujos que ofrece y por la fecha que propone (1531). Desafortunadamente no hay glosas que expliquen estas representaciones por lo cual no se pueden precisar mejor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Códice Techialoyan K (710) de Santa María Calacohuayan: llamado también “Sutro”&amp;lt;ref&amp;gt;Biblioteca del Estado de California, Col. Adolphe Sutro K (710); o Robertson y Robertson, Catalog of Techialoyan, n. 710. p. 269.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este códice, de autor anónimo, fue elaborado en Santa María de Calacohuayan, Estado de México. Se llama también ''Códice Sutro'' en honor de Adolphe Sutro, quien lo compró entre 1880 y 1890, donándolo más tarde a la Biblioteca del Estado de California, en San Francisco, junto con el resto de materiales que hoy conforman la colección que lleva su nombre. Su datación corresponde al siglo XVIII. Es un documento en papel amate, con grandes figuras y letras. En sus orígenes se trataba de un documento de carácter notarial y jurídico para demostrar oficialmente ante las autoridades virreinales la legitimidad de las propiedades ancestrales de su propietario.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el códice encontramos una posible referencia guadalupana. Se trata de una imagen dibujada en la parte superior del folio 3v, que posiblemente sea la imagen de la Virgen de Guadalupe. Así lo plantearon Robert H. Barlow y Byron McAfee. Sin embargo, aunque esto sea cierto, hay que reconocer que se trata de algo muy tardío, porque el códice es del siglo XVIII.&amp;lt;ref&amp;gt;González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'', 312-313; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 274-27&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Comentario de Ángel María Garibay sobre los Anales.=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El eminente nahuatlato Ángel María Garibay, uno de los mejores expertos en lengua náhuatl, nos ha ofrecido en su tiempo una serie de conclusiones sobre cinco Anales reseñados más importantes: ''Chimalpahin, Juan Bautista'' y los que él llama ''Anónimos A,B,C,'' que dada su importancia resumo:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
-Los documentos son independientes entre sí: uno de la región chalca, otro de la región poblana, un tercero de región tlaxcalteca y dos de región central. Escritos simultáneamente, han sido conocidos muy tarde y todos cinco concuerdan en el Hecho Guadalupano.&lt;br /&gt;
-Son precisamente los errores de coordinación de fechas los que vienen a dar la prueba de independencia, ninguno da la fecha tradicional de 1531&amp;lt;ref&amp;gt;Chimalpahin da 1556; Juan Bautista, da 1555; el anónimo A, 1556, el anónimo B 1530 y antes 1510; el anónimo C 1510.&amp;lt;/ref&amp;gt;. No pudo depender uno de otro, dado que en la fecha todos divergen.&lt;br /&gt;
-Proceden de las regiones más cultas: Tenochtitlán, Tlaxcala y sus cercanías, y Chalco. Falta testimonio de la región del antiguo reino de Texcoco; es la más autorizada pero también la que más sufrió los rigores de la destrucción.&lt;br /&gt;
-Tienen el carácter social y público de todos los ''Anales''; por tanto no son escritos o crónicas individuales; son crónicas públicas y la historia de los hechos que contienen son bien averiguados y reconocidos como de interés público.&lt;br /&gt;
-Indirectamente probamos que son verídicos. Se puede tomar los datos antecedentes o consiguientes a la Aparición guadalupana, hacer su confronto con fuentes no indias, hispánicas, y se encuentra que concuerdan con los datos fundamentales comprobados históricamente con otros documentos. Ahora bien se debe deducir que si son verdaderos en las noticias de crónica que nos dan sobre acontecimientos sociales, políticos y religiosos, no vemos porque deben inventar cuando hablan del Hecho Guadalupano. Ahora bien, se prueba que, salvo el error de la confusión de años se tiene la nota cierta de los acontecimientos que narran. No puede dudarse de un hecho aislado si se da crédito al testimonio de los otros.&lt;br /&gt;
La reflexión que estamos haciendo cobra mayor fuerza si se tiene en cuenta que:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
a) Los redactores de los ''Anales'' no tenían preocupación de publicidad; escriben para guardar el hecho, no para darlo a conocer en forma publicitaria o de libro.&lt;br /&gt;
b) Recogen el hecho de labios de la gente, sólo cuando éste se ha divulgado y llegado a sus regiones respectivas, cuando ya ha sido sometido a la exploración y examen que hace el pueblo, y sólo después de que la fama se hizo pública y general.&lt;br /&gt;
c) La noticia recogida es para ellos algo objetivo; es decir, lo incluyen entre los demás documentos como perfectamente averiguado, con el mismo laconismo con el que afirman la aparición de un cometa, o la venida de un funcionario.&lt;br /&gt;
d) Difieren totalmente en la misma fecha castellana, aunque concuerdan en el hecho, en el lugar y en el mismo signo indígena: “''Todos con excepción de Juan Bautista, que no menciona ninguno, hablan del año pedernal, aunque con cifra discorde.''”&amp;lt;ref&amp;gt;Garibay, ''Temas Guadalupanos'', 55-56, citado en ''El encuentro de la virgen de Guadalupey Juan Diego'', 314.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo se podría objetar que: la lengua náhuatl no podía expresar el concepto cristiano de “aparición” puesto que nunca habían tenido apariciones cristianas. Ángel María Garibay responde que todo lo que puede decirse en latín o en griego, puede decirse en náhuatl. Y pone dos ejemplos: 1) Basta buscar en la biblioteca nacional en la sección de Manuscritos en Mexicano algún comentario a Job, al Eclesiastés o a los proverbios. 2) Sobran ejemplos en la literatura prehispánica donde se pueden encontrar los usos del concepto de Aparición, por ejemplo de fantasmas o de dioses.&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'' , 313-314; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 276.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Otros códices indígenas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los documentos indígenas de épocas diversas, que confirman la ''traditio'' india guadalupana y la forma de transmisión de los acontecimientos históricos, han tomado cuerpo en varias formas literarias orales, escritas y plásticas. Entre ellas existe una que podría tener su equivalente en los cantares, coplas del romancero español sobre la historia medieval, la reconquista, etc.; cada pueblo tiene este propio estilo literario de transmitir su historia épica y también aquella que más ha impresionado o hecho mella en la formación de un pueblo y en la mente popular. Presento alguna de estas formas concretas del caso mexicano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Cantares Mexicanos, el Teponaxcuícatl o Cantar del Atabal o Pregón del Atabal o Cantar de Francisco Plácido&amp;lt;ref&amp;gt;Ms. 1628 del Fondo de Origen de la Biblioteca Nacional de México (Fondo Reservado), fols. 26v.-27v.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Son un grupo heterogéneo de ''Cantares'', recogido en un manuscrito anónimo terminado en 1597, entre los cuales, el más importante para nuestro tema es el ''Teponaxcuicatl'' o ''Pregón del Atabal''. Acerca de los cantares Mexicanos el padre Cuevas dice que “''para que estos cantares no se perdiesen con el tiempo y el olvido, hubo un fraile o un su discípulo que se dedicó a coleccionarlos en le último tercio del siglo XVI. El original se encuentra en la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de México.''”&amp;lt;ref&amp;gt;''Cuevas, Álbum histórico'', 23-24. Mariano Cuevas SJ dice que el original contemporáneo de este precioso y típico cantar mexicano, no es conocido; tal vez, no estaba escrito en el tiempo en que se cantó: se perpetuó sólo de oídas entre los que escuchaban el Vate Mexicano que trasmitía al son del Teponaxtli o Atabal la más bella de las tradiciones mexicanas.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre estos ''Cantares'' se encuentra el poema o canto conocido como ''Teponaxcuícatl&amp;lt;ref&amp;gt;&amp;quot;Teponaztli, ''tambor''; es el tambor menor que se tañe llevando en peso. Cantos acompañados con este instrumento son los llamados teponazcicatl, que generalmente son mímicos&amp;quot; (garibay, ''Historia de la Literatura Náhuatl'', 905).&amp;lt;/ref&amp;gt;o Pregón del Atabal'', que es uno de los más antiguos, al menos anterior a 1597, fecha en que están copiados los manuscritos por un amanuense anónimo. Parece ser que fue compuesto por Don Francisco Plácido, señor de Azcapotzalco, que ciertamente compuso no sólo cantares indios tradicionales, sino también cantares cristianos y algunos específicamente guadalupanos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El P. Francisco Florencia en sus investigaciones afirma que el cantar fue entonado en el momento en que se llevó a la ermita de Guadalupe en el Tepeyac la sagrada imagen (tilma) desde la casa del Obispo de México. El códice Pereyra&amp;lt;ref&amp;gt;Es un cuaderno que se conserva en la colección ''Genaro García'', hoy propiedad de la ciudad de Texas.&amp;lt;/ref&amp;gt;presenta por su parte un texto que parece contradecirlo ya que habla de que en el año 1531 se realizó la entrada solemne del obispo (electo) fray Juan de Zumárraga. Sin embargo, el historiador Mariano Cuevas concluye que el canto no pudo ser entonado en la fiesta de la recepción de Zumárraga, pues el obispo franciscano electo había llegado en 1528; por lo tanto lo más probable es que se refiera a esta fiesta del traslado de la imagen de Guadalupe acaecida entre los días 12 y 26 de Diciembre de 1531, y en donde se ubicaría también el pregón del atabal.&amp;lt;ref&amp;gt;Cuevas, ''Álbum histórico'',41-43.&amp;lt;/ref&amp;gt;Según Cuevas el canto habría sido incluido en el Manuscrito de ''Cantares Mexicanos'', habiéndose quizá pedido el original o incluso, no habiéndose hallado escrito en el momento en que se cantó por primera vez, habría sido perpetuado de memoria hasta el momento en que fue asentado en el papel por algún fraile o alumno de éste en el último tercio del siglo XVI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El texto del ''Teponaxcuícatl'', traducido del náhuatl, según el padre Cuevas rezaría así:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''&lt;br /&gt;
Yo me recreaba con el conjunto policromado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De varias flores de Tonacaxóchitl que se erguían&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sobrecogidas y milagrosas&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entreabriendo sus corolas en presencia suya.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Oh Madre Nuestra Santa María!&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Junto al agua cantaba [Santa María]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soy la planta preciosa de escondidos capullos; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soy hechura del único, del perfecto Dios:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Soy la mejor de sus creaturas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tu alma está viva en la pintura &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nosotros los señores le cantemos &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
junto al libro grande y le bailemos con perfección &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
y tu obispo nuestro único padre &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
predica allí en la orilla del agua&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dios te creo Oh Santa Maria &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre abundantes flores &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y nuevamente te hizo nacer&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pintándote en el Obispado&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Artísticamente se pintó&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
¡Oh! En el venerado lienzo tu alma se ocultó, todo allí es perfecto y artísitico, Oh yo aquí de fijo habré de vivir. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quién tomará mi ejemplo &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quién conmigo irá &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oh postraos en torno suyo&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oh cantad con perfección&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que mis flores y mis cantos se desgranen en presencia tuya, [...]&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lloro y digo y advierto a mi alma que observe la verdadera razón de mi canto,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oh que se funde, que prontamente sea hecha su casa terrenal; allí morarás,&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Alma mía, flor distinguida que su aroma difunde mezclándolo al de nuestras flores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oh! Vibrantemente brotan mis cantares, [en loor] del venerado y tierno fruto de nuestras flores que son su perenne adorno. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La flor del cacao su perfume va esparciendo; difundiendo su aroma la flor Payoma los caminos perfuma; allí viviré yo el cantor.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oh! Oh! Oíd mis cantos que brotan tiernamente.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Los Cantares de los indios ante la Virgen continúan hasta hoy&amp;lt;ref&amp;gt;Cualquier visitante de la Basílica de Guadalupe lo puede constatar a diario, pero sobre todo en las grandes fiestas y peregrinaciones. Estos cantos suelen durar horas, sin señal alguna de cansancio&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
He mencionado la manera cómo los indígenas transmitían sus tradiciones y acontecimientos históricos memorables. Una de las dos formas corresponde a los ''cantares'', que se van transmitiendo de generación en generación. El polígrafo mexicano del s. XVII Becerra Tanco nos testimonia cómo él había escuchado estos cantos, en los cuales se recordaba el Acontecimiento Guadalupano, de labios de los mismos indígenas. La tesis que todavía hoy se puede constatar es que durante cuatro siglos, hasta hoy día, los indios cantaron, y siguen cantando las apariciones guadalupanas, como se puede ver en el mismo santuario de Guadalupe y en multitud de pueblos de la geografía mexicana. Se puede afirmar que antes de 1629 cantaban los indios públicamente, en la villa de Guadalupe, en el Tepeyac, la relación de las apariciones. Un testigo de fiar del siglo XVIII, el escritor Cayetano Cabrera, nos dice que “''los cantares de los indios no se habían perdido del todo, antes dejaron huella en la ciudad “cantando”, vestidos a su usanza, en sus fiestas y bacanales...''”&amp;lt;ref&amp;gt;Cabrera y Quintero, ''Escudo de armas'', No 643, citado en González - Chávez - Guerrero, ''El encuentro'', 319&amp;lt;/ref&amp;gt;, como todavía lo hacen en pleno siglo XXI.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El canto y la danza son parte del alma del indio mexicano. Un autor guadalupano como García Gutiérrez&amp;lt;ref&amp;gt;García Gutiérrez, ''Primer siglo Guadalupano,1531-1648'',imprenta Patricio Sanz, México 1931, 52, citado por González - Chávez - Guerrero, El encuentro, 319; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un puebl''o,278-279.&amp;lt;/ref&amp;gt;nos refiere lo dispuesto por los primeros concilios mexicanos acerca de los cantos y danzas de los indígenas recién convertidos. Estos concilios se proponían impulsar en los indígenas su progreso en la fe cristiana y evitar el que retornasen a la idolatría; por ello pusieron especial cuidado en purgar de sus danzas los elementos antiguos sospechosos de idolatría&amp;lt;ref&amp;gt;Primer Concilio provincial Mexicano realizado en 1555, el Segundo en 1565 y el Tercero 1585.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Insistían en que jamás se les permitiera usar de canciones en que se refieran sus antiguas historias, o donde se aludiese a su antigua religión; por el contrario proponían que solamente cantasen las que fueren aprobadas por sus párrocos y vicarios.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Becerra Tanco escribiendo en el siglo XVII precisa que hasta principios de aquel siglo los indios cantaban las apariciones, no a escondidas, sino a un paso de la ciudad de México en una plaza pública, y en una fiesta a la que solían concurrir arzobispos, canónigos y personas de las más altas dignidades. El hecho particular que señala Becerra Tanco, es que aunque estas autoridades podían y debían evitar estos ''cantares'', no los evitaron, razón por la cual se puede deducir su aprobación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Un Cantar indio citado por Ignacio Manuel Altamirano==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ignacio Manuel Altamirano, un mestizo procedente del México profundo de la sierra, que conocía la lengua y la cultura náhuatl, recoge un cantar indio guadalupano&amp;lt;ref&amp;gt;“''Ytzintla ce tepetontli. Campa Xochitl mopohuana. Oniquitac ce ixpocátl [sic, por ichpochtli]. No yolotzin quitilana''”: I. Manuel Altamirano, ''La fiesta de Guadalupe'', en de la Torre Villar - Navarro de anda, ''Testimonios Históricos'', 1160.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Altamirano, un político liberal del partido de Benito Juárez en la llamada “guerra de la Reforma mexicana”, en pleno siglo XIX, no es nada sospechoso de credulidad, nos refiere los cantares que él había escuchado entonar a los indígenas ya desde su niñez y dice: “''cantares compuestos probablemente por neófitos entusiastas, y en los cuales la medida y la rima denuncian imitación de las coplas españolas''”. Cita uno de ellos escuchado en su juventud precisamente en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Al pie de aquella colina&lt;br /&gt;
Donde la Rosa creció&lt;br /&gt;
He contemplado una Virgen&lt;br /&gt;
Que atrajo mi corazón.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Un Documento singular: el testamento indio de la hija de Juan García Martín o Juana Martín o Gregoria Morales (1559)&amp;lt;ref&amp;gt;En Biblioteca Pública del Estado de Nueva York, Col. Lenox, Secc. MS. El arzobispo de México, Francisco A. de Lorenzana, en su momento (finales del siglo XVIII) mandó traducir el texto en náhuatl a Don Carlos Tapia y Centeno, quien refiere haberse valido de una copia existente en la real Universidad, en el Museo del Caballero don Lorenzo Boturini, Inventario 8º, número 47 (Esta traducción es la que se encuentra en la Biblioteca Nacional de París). La copia de la real Universidad fue en su momento extraída por Don José Patricio de Uribe, para usarlo en su sermón del 14 de diciembre de 1777. Uribe murió el 12 de mayo de 1796, dejando el documento en poder del marqués de Castañiza, quien en 1816, lo donó a la colegiata de Guadalupe por conducto del p. Pedro de Cantón, provincial de los jesuitas. Es este el documento que se halla en la Basílica de Guadalupe, apareciendo en el Ynventario razonado de Don José Mariano Ruiz de Alarcón, bajo el número 33. Actualmente en AHNG, Caja 94, exp. 1, Ramo Historia. También en Bibliothéque Nationale de Paris, Col. Aubin-Goupil, Fons Mexicains, n. 317.&lt;br /&gt;
&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hay un testamento perteneciente a una india principal con un claro acto de fe guadalupana. Al documento se le han dado diversos nombres: tomando algunos nombres del texto; parece que el testamento es de una tal, hija de Juan García Martín, o llamada Juana Martín y también Gregoria María y Gregoria Morales. El hecho es que no se conoce con certeza el nombre de la testadora; los nombres citados están tomados del texto original. Al leer el texto, el nombre más apropiado es el de ''Testamento de la hija de Juan García Martín''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Comienza el testamento señalando la fecha de su emisión:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Hoy día sábado 11 de marzo de 1559 años [...].''”; más adelante señala su voluntad: “''[...] Yo me he quedado como hija de mi honrado padre Don Juan Martín y de todos mis hijos sólo uno ha quedado y es Francisco Martín; el que si viviese o no o dejare hijos [...] todos deben saber y comprender lo que contiene este papel [...] el modo como he vivido en esta ciudad de Cuautitlán y su barrio de san José Millán, en donde se crió el mancebo Don Juan Diego y se fue a casar después a Santa Cruz el alto (Tlacpac) cerca de San Pedro con la joven Dona Malintzin la que pronto murió quedándose solo Juan Diego [...] A los cuantos días después mediante este joven se verificó una cosa prodigiosa allá en Tepeyácac, pues en él se descubrió o apareció la hermosa Señora Nuestra Santa María, cuya imagen vimos allí en Guadalupe, la que nos pertenece a nosotros los de esta ciudad de Cuautitlán.''”&amp;lt;ref&amp;gt;González - Chávez - Guerrero, El encuentro, 323; F. González, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo'',  280. La traducción del texto fue realizada por Faustino Galicia Chimalpopoca. Cfr. Cuevas, ''Álbum Histórico Guadalupan''o, 85-86.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como puede verse el testamento menciona al indio Juan Diego, su matrimonio con Malintzin y la posterior muerte de ésta. Pero lo más importante es que refiere que al venturoso indio le aconteció “''una cosa prodigiosa allá en el Tepeyácac, pues en él se descubrió o apareció la hermosa Señora Nuestra Santa María, cuya imagen vimos allí en Guadalupe...''”. Este testamento nos certifica un dato confirmado por las otras fuentes: la ciudad de origen de Juan Diego, el hecho de que se trataría de personas pudientes y otros datos confirmados hoy por estudios arqueológicos en el lugar y por la tradición constante plurisecular que hablaba de lo mismo. Se ve clara la estima hacia el indio Juan Diego y el orgullo de la testadora de ser su paisana, así como la identificación de la ciudad india de Cuautitlán con la Virgen de Guadalupe: “''Nos pertenece a Nosotros los de esta ciudad de Cuautitlán''”. Además confiere a Juan Diego y a Malintzin el título nobiliario de Don y Doña, como entonces se usaba refiriéndose a las gentes principales entre los indios en los documentos también españoles.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El testamento dice explícitamente que fue extendido el sábado 11 de marzo de 1559. El documento fue estudiado en su día por Mariano Cuevas, quien afirma como cierta la fecha de 1559 y no la de 1656 como algunos hipotizaban, dada la clara y precisa referencia guadalupana y juandieguina. La prueba que da es el día, ya que en 1656 el 11 de marzo cayó en martes y no en sábado, y sí cayó en sábado el 11 de marzo de 1559. El documento original estaba en poder de Lorenzo Buturini entre 1736 y 1743. Lo cita en tres diferentes lugares: en su ''Catálogo del Museo Indiano'', en su ''Inventario'', y en la ''Idea de una Nueva Historia General de la América Septentrional'', refiriéndose a él como el testamento de una pariente de Juan Diego&amp;lt;ref&amp;gt;Lorenzo Boturini Benaducci, ''Idea de una Nueva Historia General de la América Septentrional'', estudio preliminar de Miguel León-Portilla. Ed. Porrúa, México 1974, 149.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Buturini lo coloca en el Catálogo del Museo Indiano, en la sección correspondiente a Guadalupe, instrumentos públicos y otros monumentos. Indica que se trata de un original en papel indiano, en náhuatl. Cree Buturini que se tata de una parienta de Juan Diego, pues escribe en el Inventario levantado el 28 de septiembre de 1743 ante el juez Don Ygnacio Joseph de Miranda: “''Un testamento que hizo una parienta de dicho Juan Diego ( a quien se apareció la Divina Sra.) en papel indiano antiguo manchado y maltratado, firmado del Escribano, de la República [...] es pieza de grande importancia a la historia de la Sra. y está envuelto en un pliego de papel de Castilla, en el cual D. Lorenzo se cansó de sacar un tanto de dicho testamento''”.&amp;lt;ref&amp;gt;''Ibidem'', No. 8-47; reportado en González - Chávez - Guerrero, El encuentro, 324-325 F. González, G''uadalupe, pulso y corazón de un pueblo'', 281.&amp;lt;/ref&amp;gt;El mismo Boturini hizo una copia del mismo en un pliego de papel “de Castilla”. No fue el único, como queda dicho.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Conclusión=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El estudio de los documentos indígenas nos obliga a usar una precisa metodología histórica aplicada en la investigación de un hecho hipotéticamente acaecido. El estudio documental llevó ''a posteriori'' a la constatación de los hechos como tales. Esto no sólo ha permitido que el proceso de la canonización de Juan Diego siguiera un afortunado desenvolvimiento, sino que también ha certificado una vez más la necesidad de buscar, analizar y comparar las fuentes históricas como método aplicable y verificable en toda investigación histórica. En efecto, la atención metodológica dada a este tipo de documentos mexicas y a su valor como testimonios históricos, la clasificación de los mismos documentos según su fiabilidad histórica guadalupana y su distribución desde el punto de vista de los aportes “guadalupanos”, es decir: de aquellos que son seguros e importantes, que confirman noticias dadas por otros códices guadalupanos, y de los que son dudosos y discutidos en su interpretación, es el camino razonable de una investigación histórica. El confronto con otras fuentes, incluso con aquellas que no buscan directamente referir el “Hecho Guadalupano” es un recurso que da confianza y credibilidad al proceso seguido en la investigación.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De frente a la posición que ve en la devoción guadalupana una “creación del criollismo” de los siglos XVI y XVIII, es muy interesante ver la presentación de algunos documentos que confirman la tradición continua sobre el lugar del nacimiento de Juan Diego y la devoción e identificación de la población india con la Virgen de Guadalupe,  como lo muestran las numerosas referencias documentales indígenas reseñadas y otras como el ''Testamento indio de la hija de Juan García Martín''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Es de gran ayuda para el estudio guadalupano, pero también para un aprendizaje de metodología histórica, la valorización y estudio de la tradición oral indígena como instrumento normal de comunicación de la propia memoria histórica, su alcance como vehículo transmisor del “Hecho Guadalupano”, y el problema de la datación siguiendo los calendarios indígenas, que al ser confrontados con el calendario occidental actual suscita diversidad de fechas, aspecto muy interesante al momento de precisar los acontecimientos realmente históricos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* AHNG (Archivo Histórico Nacional Guadalupe], Caja 94, exp. 1, Ramo Historia. &lt;br /&gt;
* ''Album Conmemorativo del 450 aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe'', Ed. Buena Nueva, México 1981.&lt;br /&gt;
* ''Album de la Coronación de la Santísima Virgen de Guadalupe'', Ed. «El Tiempo», México 1895. 2 Vols.&lt;br /&gt;
* Alcalá Alvarado, Alfonso, ''El Milagro del Tepeyac. Objeciones y respuestas desde la historia, en Libro Anual 1981-1982'', Ed. Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos, México 1984.&lt;br /&gt;
* Altamirano, Ignacio Manuel, ''La fiesta de Guadalupe.'' 1884, en Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda, ''Testimonios Históricos Guadalupanos'', Ed. FCE, México 1982, ps. 1127- 1210.&lt;br /&gt;
* ''Anales antiguos de México y sus contornos'': Biblioteca Nacional de Antropología e Historia de México (BNAH), Col Antig. 273-274 (Originalmente pertenecieron a la biblioteca de Alfredo Chavero).&lt;br /&gt;
* Andrade, Vicente De Paula, ''Estudio histórico sobre la leyenda guadalupana''. 1908. En Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda, Testimonios Históricos Guadalupanos, Ed. FCE, México 1982, ps. 1287-1337.&lt;br /&gt;
* Anticoli, Esteban, H''istoria de la aparición de la Santísima Virgen María de Guadalupe en México desde el año MDCCCI al de MDCCCXCV'', Ed. La Europea, México 1897. 2 Vols.&lt;br /&gt;
* Bartolache, ''Manifiesto Satisfactorio u opúsculo Guadalupano'', en Torre Villar -Navarro de anda, Testimonios.&lt;br /&gt;
* Becerra Tanco, &amp;quot;''Origen milagroso del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe''”, publicado en 1675, después de su muerte ocurrida en 1672: en Torre Villar - Navarro de Anda, Testimonios ''Históricos Guadalupanos'', 323-326.&lt;br /&gt;
* Biblioteca Pública del Estado de Nueva York, Col. Lenox, Secc. MS. &lt;br /&gt;
* Bibliothéque Nationale de Paris, Col. Aubin-Goupil, Fons Mexicains.&lt;br /&gt;
* BNAH, Archivo Histórico, Arch. Sucs. Gómez Orozco.&lt;br /&gt;
* Boturini Benaducci, Lorenzo, ''Idea de una Nueva Historia General de la América Septentrional'', estudio preliminar de Miguel León-Portilla. Ed. Porrúa, México 1974; Idem, ''Historia General de la América Septentrional'', estudio preliminar, notas y apéndice documental de Manuel Ballesteros Gaibrois, Ed. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, México 1990; Idem, Idea de una nueva historia general de la América Septentrional, estudio preliminar de Miguel León-Portilla, Ed. Porrúa (= Col. «Sepan Cuantos...» N° 278), México 2 1986.&lt;br /&gt;
* Bravo Ugarte, José, Cuestiones Históricas Guadalupanas, Ed. Jus, México 2 1966.&lt;br /&gt;
* Burrus, Ernest J., ''A major guadalupan question resolved: did general Scott Seize the Valeriano account of the Guadalupan Apparitions?'', Ed. Cara Studies on Popular Devotion, Washington, D.C., 1979; Idem, ''The oldest copy of the Nican Mopohua'', Ed. Cara Studies on Popular Devotion, Washington, D. C., 1981.&lt;br /&gt;
* Bustamante, Carlos María de, ''Elogios y defensa guadalupanos'', 1831-1843, en Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda, ''Testimonios Históricos Guadalupanos'', Ed. FCE, México 1982, ps. 1007-1091.&lt;br /&gt;
* Cabrera y Quintero, Cayetano Javier de, Colección de obras y opúsculos pertenecientes a la milagrosa aparición… de Nuestra Señora de Guadalupe, Imp. De L. de San Martín, Madrid 1785; Idem,'' Escudo de Armas de México: Celestial protección de esta nobilísima Ciudad de la Nueva España, y de casi todo el nuevo Mundo, María Santísima, en su portentosa Imagen del Mexicano Guadalupe, milagrosamente aparecida en el palacio arzobispal el año de 1531 y jurada su principal patrona el pasado de 1737'', Imp. Del Real, México 1746. También publicado por Ed. Talleres Offset y diseño, México 1981.&lt;br /&gt;
* Cabrera, Miguel, ''Maravilla Americana y conjunto de raras maravillas observadas con la dirección de las reglas del Arte de la pintura en la Prodigiosa Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de México'', Ed. Imprenta del Real y más antiguo Colegio de San Ildefonso, México 1756.&lt;br /&gt;
* Calderón, Luis, ''Virtudes y méritos de Juan Diego'', Ed. Tradición, México 1989.&lt;br /&gt;
* Callahan, Philip S. y Jody Brant, Smith, ''La tilma de Juan Diego, ¿Técnica o Milagro?'', traducción y notas de Faustino Cervantes I., Ed. Alhambra Mexicana, México 1981; Idem, ''The Virgin of Guadalupe. An infrared study'', Ed. Cara, Washington D. C. 1981.&lt;br /&gt;
* Carrillo Alday, Salvador,'' El mensaje teológico de Guadalupe'', en Libro Anual 1981-1982, Ed. Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos, México 1984.&lt;br /&gt;
* Carrillo y Gariel, Abelardo, ''El pintor Miguel Cabrera'', Ed. INAH, México 1966.&lt;br /&gt;
* Carta de Lorenzo Boturini B. al P. Ballesa Cervantes, en “Códice Teresa Franco”, Archivo parroquial de San Vicente Ferrer, de Chimalhuacán, Chalco (Estado De México), Fs. 1r-2r. No tiene fecha pero se sabe que Lorenzo Boturini estuvo en México de 1735 a 1744, por lo que este documento pudiera haber sido escrito entre estos años. Citado por González-Chávez-Guerrero, ''El encuentro'', 284, y F. González Fernández, ''Guadalupe, pulso y corazón de un pueblo…'', 198-202 y 283, nota 2.&lt;br /&gt;
* Castro Pallares, Salvador, ''La Aparición de la Virgen de Guadalupe, en Libro Anual 1981-1982'', Ed. Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos, México 1984, ps. 315-326.&lt;br /&gt;
* Centro de Estudios Guadalupanos, ''Cuarto Encuentro Nacional Guadalupano. 4, 5 y 6 de Diciembre de 1979, México 1980; Idem, Juan Diego, el vidente del Tepeyac (1474-1548),  México 1979; Idem, Primer Encuentro Nacional Guadalupano. 7 y 8 de Septiembre de 1976, México 1978; Idem, Segundo Encuentro Nacional Guadalupano. 2 y 3 de Diciembre de  1977, México 1979; Idem, Tercer Encuentro Nacional Guadalupano. 5, 6 y 7 de Diciembre de 1978'', México 1979.&lt;br /&gt;
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* Segala, Amós, ''Literatura Náhuatl, fuentes, identidades, representaciones'', título original: ''Histoire de la literature náhuatl, sources, identites, representations'', traducción de Mónica Mansur, Ed. Bulzoni, Roma 1989,  Eds. Grijalvo y Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México 1990.&lt;br /&gt;
* Senties Rodríguez, Horacio, ''Genealogía de Juan Diego'', Ed. Tradición, México 1998.&lt;br /&gt;
* ''Sermones Guadalupanos del Siglo XVIII'', Biblioteca Nacional de Madrid, Ms. 12459.&lt;br /&gt;
* Sigüenza y Góngora Carlos de, ''Piedad Heroica de don Hernando Cortés'', 1690, edición y estudios por Jaime Delgado, Ed. José Porrúa, Madrid 1960; Idem, ''Primavera Indiana, poema sacro-histórico. Idea de María Santísima de Guadalupe de México, copiada de fl''ores'', 1662, en Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda, Testimonios Históricos Guadalupanos'', Ed. FCE, México 1982,  ps. 334-358.&lt;br /&gt;
* Siller Acuña, Clodomiro L. ''Para comprender el mensaje de María de Guadalupe'', Ed. Guadalupe, Buenos Aires 1989.&lt;br /&gt;
* Smith, Jody Brant, ''The image of Guadalupe'', Ed. Image Books,Revised, Garden City, New York, 1984.&lt;br /&gt;
* Staehlin, Carlos María, ''Apariciones'', Ed. Razón y Fe, Madrid 1954.&lt;br /&gt;
* Tapia, Andrés de, ''Relación hecha por el señor Andrés de Tapia'', Ed. J. M. Andrade, México 1858-1866.&lt;br /&gt;
* Téllez Girón, Fray José María, ''Impugnación al Manifiesto satisfactorio del Dr. José Ignacio Bartolache'', 1792, en Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda, ''Testimonios Históricos Guadalupanos'', Ed. FCE, México 1982. ps. 651-688.&lt;br /&gt;
* ''Testamento de Elvira Ramírez'', Archivo General del estado de Colima, Registro de Escrituras Públicas ante Francisco López, Año de 1577, caja 4 exp. 10.&lt;br /&gt;
*'' Testimonio de Andrés de Tapia'', publicado y paleografiado por Francisco Fernández del Castillo, publicaciones del Archivo General de la Nación, T. XII, México 1927.&lt;br /&gt;
* ''Tira de Tepechpan. Códice colonial procedente del Valle de México'', edición y comentarios de Xavier Noguez, Instituto Mexiquense de Cultura, México 1996, 2 Vols.&lt;br /&gt;
* Torquemada, ''Monarquía Indiana'', Ed. Porrúa,. Introducción de León-Portilla, México 1986, 3 vols. T. III, 449. &lt;br /&gt;
* Torre Villar, E. de la y Navarro de Anda R., T''estimonios Históricos Guadalupanos'', Ed. FCE, México 1982.&lt;br /&gt;
* Valeriano, Antonio, ''Nican Mopohua'', introducción y traducción de Guillermo Ortiz De Montellano, Ed. Universidad Iberoamericana, Departamento de Ciencias Religiosas y Departamento de Historia, México 1989; ''Nican Mopohua'', traducción y notas de Mario Rojas Sánchez. en Libro Anual. 1981-1982, Ed. Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos, México 1984; Nican Mopohua, traducción y notas de Mario Rojas Sánchez, introducción de Manuel Robledo Gutiérrez, Ed. La Peregrinación, Argentina 1998.&lt;br /&gt;
* Vargas Lugo, Elisa, ''Algunas notas más sobre Iconografía Guadalupana, en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas'', Ed. UNAM, México 1989, ps. 59-66.&lt;br /&gt;
* Vázquez de Tapia, Bernardino, Relación de méritos y servicios del conquistador Bernardino Vázquez de Tapia vecino y regidor de esta gran ciudad de Tenustitlan, estudio y notas de Jorge Gurria Lacroix, Ed. Antigua Librería Robredo, México 1953.&lt;br /&gt;
* Vázquez Santa Ana, Higinio,'' Juan Diego. Epigrafía, iconografía y literatura popular de Juan Diego'', Ed. Museo Juan Diego, México 1940.&lt;br /&gt;
* Velázquez Primo, Feliciano, ''Tesoro Guadalupano. Noticia de los libros, documentos, inscripciones &amp;amp;c. que tratan, mencionan o aluden a la aparición y devoción de Nuestra Señora de Guadalupe'', Ed. Imprenta del Colegio Católico, Amecameca, México, 1887-1889. 2 Vols.; Idem, ''La Aparición de Santa María de Guadalupe'', Imprenta Patricio Sanz, México 1931.&lt;br /&gt;
* Vera Fortino, Hipólito, ''Tesoro Guadalupano'', Imprenta del «Colegio Católico», Amecameca, México, 1887.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=IGLESIA_Y_LIBERARISMO_EN_LATINOAMERICA&amp;diff=5264</id>
		<title>IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA</title>
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		<updated>2014-06-24T15:08:50Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Bibliografía */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;=Cuadro general de la iglesia.=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las independencias sorprendieron a la Iglesia en una “profunda siesta”&amp;lt;ref&amp;gt;METHOL FERRE’ A, Il ''risorgimento cattolico latinoamericano'', CSEO-Incontri, Bologna 1983 : “La crisi dell’emancipazione e l’anarchia ecclesiastica” (1808-1831)”, 27-33.&amp;lt;/ref&amp;gt;y desprevenida para enfrentarse con el proceso del siglo liberal que iniciaba. La misma estructura de la Iglesia, demasiado dependiente del Antiguo Régimen, sufría grandes desajustes: le faltaba un clero debidamente formado, que había perdido el ímpetu de los grandes evangelizadores de la primera hora; las diócesis y las parroquias van a sufrir largos periodos de “sede vacante”. Las mismas órdenes religiosas, protagonistas antiguas de su evangelización, se encontraban en claro declive interno. Iberoamérica contaba a finales de siglo unos 60 millones de católicos y 104 diócesis, mientras los Estados Unidos, con sólo 10 millones de católicos, contaban con 13 arzobispos y 62 diócesis&amp;lt;ref&amp;gt;WERNER, ''Orbis Terrarum Catholicus'', Friburgo 1890.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las diócesis iberoamericanas eran también territorialmente muy grandes. En América Central los católicos eran unos dos millones en 1850 y tres millones y medio en 1900, esparcidos en casi medio millón de kilómetros cuadrados y distribuidos en cinco diócesis, lo que contribuía a una situación de atrofia de aquellas Iglesias locales. Pero en Argentina&amp;lt;ref&amp;gt;En Argentina el presidente Mitre pide al papa en 1865, y lo obtiene, la creación de un arzobispado en Buenos Aires, ya que el honor nacional se resentía de que las diócesis argentinas fuesen hasta entonces sufragáneas de Charcas, en Bolivia.&amp;lt;/ref&amp;gt;, Colombia, Chile, México&amp;lt;ref&amp;gt;En marzo de 1863 Pío IX crea 7 nuevas diócesis en México y 2 arzobispados, tras encontrarse con algunos obispos mexicanos desterrados. Más tarde León XIII erigirá otras cinco diócesis y 3 sedes metropolitanas.&amp;lt;/ref&amp;gt;y Perú las sedes episcopales se multiplican a lo largo del siglo. Algunos de estos países crecen demográficamente con la ayuda del aluvión de inmigrantes europeos, en gran parte descristianizados, como Argentina y Uruguay; éste último llegará a tener un Obispo hasta 1865  y se erige en diócesis en el tardío 1878&amp;lt;ref&amp;gt;El presidente Atanasio Cruz Aguirre pide al Papa la creación de una diócesis en 1864 ; lo aprueba el Congreso en 1874 contra la oposición de los liberales que dicen : “No es creando obispos como se sirve al país. Más que la mitra vale el libro que enseña al niño a ser hombre y al paria a ser ciudadano. Más que una catedral vale una penitenciería”. Los católicos respondían: que también ellos querían escuelas, pero auténticas, y no que haya penitencierías; (cit. en E. CARDENAS, “Dispensas” citadas, p. 48)&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todos los nuevos países se da una terca hostilidad por parte de los gobiernos liberales contra la Iglesia, con leyes específicas, medidas policiacas, continuas intromisiones en la vida de la Iglesia y en sus instituciones a las que desean controlar e incluso eliminar&amp;lt;ref&amp;gt;Los gobiernos exigen que los obispos sean nacionales ;así explícitamente lo pide el presidente Carlos Antonio López de Paraguay (1842-1862.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Si bien algunos concordatos en algunos países, por cierto muy limitados en su valor y duración legislativa, intentan poner unos límites a tal hostigamiento, éste no cesa&amp;lt;ref&amp;gt;Para los textos de los Concordatos cf. ''Raccolta di Concortati su meterie ecclesiastiche tra la Santa Sede e le Autorità civili'', a cura di A. MERCATI, 2 vols., Tip. Pol. Vaticana 1954. Los Concordatos fueron: con Costarrica (7.10.1852) ; Guatemala (7.10.1852) ; Haití (20.3.1860) ; Honduras (9.7.1861) ; Nicaragua (2.11.1861), San Salvador (22.4.1862) ; Venezuela (26.7.1862) ; Ecuador (26.9.1862) e nueva versión (2.5.1881) ; Guatemala (2.7.1884) ; Colombia (31.12.1887) y añadidos (20.7.1892) ; con Ecuador relativo a la sustitución de las décimas y otros puntos (26.3.1890), (convención del 1865) ; convenciones con la R. de Colombia para aplicar el art. XXV del Concordato de 1887 (9.10.1918 ; 1.1.1919 ; 15.3.1951), y sobre la interpretación del art. 17 del Concordato (21.6.1923 ; 231.6.1923 ; 27.2.1924 ; 10.6.1924 ; 28.6.1924), circular del Nuncio Ap. Al Episcopado colombiano para la ejecución del a Ley n. 54 de 1924 (13.12.1924), convención sobre las Misiones (1.5.1928 ; 29.1.1953) ; modus vivendi e Convención con la R. de Ecuador (27.7.1937) ; convención con la R. de Haití sobre los bienes eclesiásticos ; con la R. Dominicana (16.6.1954).&amp;lt;/ref&amp;gt;. Es la política de la “separación hostil” entre la Iglesia y el Estado, que encuentra en estos Estados latinoamericanos su paradigma más cualificado. El siglo XIX es por ello un siglo de continuo forcejeo entre la mentalidad liberal y positivista del Estado y la Iglesia, para defender lo que cada cual cree que son sus derechos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo la masa popular conservó su fe católica, a veces en forma heroica, gracias sobre todo a las madres y a los abuelos (la población joven masculina de este azorado siglo es una población trashumante, en constante movilización debido a las continuas guerras). Pero esta masa carece de una verdadera catequesis y de una asistencia pastoral adecuada por lo que a veces incluso aquella grande fe se ve como envilecida y se profesa dicotómicamente. En la segunda mitad del siglo, con la violencia de las sacudidas, se va despertando el catolicismo iberoamericano. Comienza un tímido catolicismo combativo, casi inexistente en el anquilosado catolicismo de Brasil, que aparecerá mucho más tarde; por ejemplo en este país la esclavitud es abolida hasta el 13 de mayo de 1888.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fragmentación, a veces mutuamente hostil entre los nuevos países con sus cadenas de guerras civiles, influye también durante este tiempo en la suerte de la Iglesia. Su destino depende en parte de los diversos gobiernos de cada país. Durante la época virreinal (o colonial) la movilidad de obispos, misioneros, sacerdotes y religiosos era grande en todos los sentidos, ahora todos se encuentran como presos de unas fronteras hostiles, y del estatuto que les impone su pasaporte, sin poder salir a otros lugares y las diócesis sin poder recibir sacerdotes u obispos de otros países.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos factores pusieron a la comunidad eclesial en una situación desfavorable e incapaz de enfrentarse con los problemas. Muchos hombres de Iglesia ni siquiera se percataron del cambio epocal ni de las posiciones ideológicas predominantes. Sólo lentamente, a partir de mediados del siglo XIX, y no siempre con igual intensidad en los distintos lugares, la Iglesia se fue despertando de la “larga siesta”. En general la clase política y la intelectual habían dejado ya a la Iglesia. Esta clase estaba saturada de las ideas que oponían fe y razón, fe católica y progreso civil. Al máximo toleraban la fe para una edad infantil o para una clase “mujeril” de la sociedad, como algunos decían.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Diócesis y obispos=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el momento de la independencia hispanoamericana, la Iglesia estaba estructurada en siete archidiócesis metropolitanas y en 34 diócesis sufragáneas. Aquellas eran las de México, Guatemala, Caracas, Santa Fe de Bogotá, Lima, Charcas y Santo Domingo. Cuando se creó el imperio de Brasil, las circunscripciones brasileñas eran seis. En 1810 solamente algunas diócesis estaban vacantes. Los obispos generalmente no eran grandes figuras, pero todos estaban preocupados por conservar la fe, moralmente a la altura de su ministerio, caritativos, preocupados por la formación de su clero poco preparado teológicamente, y que con frecuencia les procuraba disgustos e impertinencias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El Patronato, que en estos momentos obedecía al más rígido de los regalismos, había politizado mucho el ministerio episcopal. Las Coronas, tanto española como portuguesa, escogían a los obispos que se convertían así en funcionarios reales. Esta situación fue desastrosa durante los primeros años de la emancipación. Se comprende el problema de conciencia o de oportunidad en muchos obispos, cogidos entre la espada y la pared de dos lealtades imposibles de compaginar: al Rey y a las nuevas Repúblicas, o lo que es lo mismo a su grey. En 1810, año en que comienzan los procesos de emancipación de las futuras repúblicas hispanoamericanas, los obispos criollos eran seis. El rey de España presentó entre 1800 y 1820 54 sacerdotes para obispos en Hispanoamérica, todos ellos súbditos incondicionales del Rey; de ellos sólo 18 eran oriundos de la misma. La postura de este episcopado es muy diversa y discutible. Unos pocos eran realistas convencidos; otros se movían en la indecisión; otros se decidieron por el abandono de su diócesis ante el cariz que tomaban los acontecimientos; un reducido número de obispos españoles y criollos acogió la nueva situación, permaneció en sus puestos y fueron leales a las nuevas repúblicas. Serán estos, como Lasso de la Vega, obispo de Mérida de Venezuela, Jiménez de Enciso, de Popayán (Colombia), Goyeneche de Arequipa (Perú), Calixto de Orihuela de Cusco (Perú), que se adhirieron a la causa republicana y que constituirán el puente entre Roma y las nuevas repúblicas hispanoamericanas; otros, que en un primer momento se habían mostrado realistas, pero que más tarde comprendieron la situación y aceptaron las independencias fueron maltratados por Bolívar, Sucre, por el gobierno chileno, o por el dictador paraguayo Doctor Francia. Por ello no todos los obispos estuvieron a la altura del momento, dado el acusado regalismo que había caracterizado la Iglesia española y lusitana del siglo XVIII.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esta compleja situación contribuye a la desvertebración de la Iglesia jerárquica hispanoamericana; el caso brasileño sigue otras pautas dado el proceso de su independencia de mano de la misma Corona portuguesa, que se trasladó a Brasil tras la invasión napoleónica de Portugal en 1808. En México, para 1829 no quedó un solo obispo en las 10 diócesis mexicanas, ya sea  por muerte, por huida o por vuelta a España. El arzobispo de México se había marchado a España por lo que esta archidiócesis primada quedó sin arzobispo desde 1823 a 1839. Los ordenandos tenían que ir hasta la Luisiana para recibir la ordenación. En Centroamérica, la diócesis de León de Nicaragua quedó sin obispo desde 1825 a 1849, la de Comayagua (Honduras) desde 1817 a 1844, la archidiócesis de Guatemala desde 1829 a 1843, la de Santa Fe de Bogotá desde 1804 a 1827 (salvo unos pocos meses), la de Cartagena de Colombia desde 1812 a 1831 (excepto un breve periodo). Sus pocos candidatos al sacerdocio tenían que ir a Caracas para la ordenación. En Ecuador, Cuenca estuvo sin obispo desde 1813 a 1837; en Perú sus cinco diócesis quedaron sin obispo prácticamente desde 1816 a 1835; una, la de Santa Cruz de la Sierra estuvo vacante durante 25 años. Los candidatos al sacerdocio tenían que correr mil peripecias para ordenarse lejos de su patria, y los pobres no podían permitirse el coste del viaje, como se dice una carta enviada a León XII en 1826. En las regiones del Plata en 1819 ya no quedaba ningún obispo. El primero llegará en 1830; pero la diócesis de Salta no lo tendrá hasta 1861 (lo había tenido solamente durante dos años, de 1836 a 1838).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estos datos son un botón de muestra de la penosa situación de la Iglesia durante el primer período después de las emancipaciones. Ello sumió a la Iglesia en un estado de anarquía eclesiástico. Lo mismo se puede decir de las parroquias, que quedan vacantes, los seminarios vacíos, las ordenaciones imposibles, la rapiñas de los bienes eclesiásticos continuas, los tesoros artísticos de iglesias y conventos y las ricas bibliotecas dispersados, robados o malvendidos y perdidos para siempre; el clero dividido y sin pastor y los nuevos gobiernos republicanos que se entrometen continuamente en la vida interna de las Iglesias locales. Tal era el panorama desolador que  mostraba la Iglesia hispanoamericana “''en aparente estado de disolución''”. Sin embargo, esta última afirmación, repetida por historiadores poco informados sobre el asunto como Schmidlin, R. Aubert y H. Koehler, y pasada a muchos manuales de historia eclesiástica, debe ser puntualizada caso por caso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero, a pesar de todo, las dos décadas dramáticas que van desde 1803 a 1831 son decisivas en la configuración de la futura América Latina. Se trata también de un periodo de “balcanización” durante el cual la independencia de los nuevos países permanece letra muerta en los textos constitucionales de las nuevas repúblicas. Estas se convierten de hecho, en propiedad de oligarquías de terratenientes o de burguesías comerciales, fundidas en una sólida unidad, los patriciados latinoamericanos, que se independizan del Imperio español para pasar a construir las haciendas agrícolas de Inglaterra. “''El capitalismo industrial británico se convierte en el dueño de nuestras dependientes economías agrarias. Esencialmente nada había cambiado en relación al periodo colonial. Se continuaba la misma cosa con otra cara y otro estilo, quizá con mayor dureza hacia las masas populares que pierden todas aquellas protecciones erigidas, de manera más o menos eficaz, durante el ciclo de la Cristiandad Indiana...La sociedad indiana era más estatuaria que contractual, pero la ruptura del sistema y la subsiguiente preeminencia del contrato no tuvieron el mismo significado que en Europa. Aquí, en vez de abrazar a las corporaciones y a los artesanados en la dinámica industrial, los abandonó a sí mismos, dado que las industrias se hallaban en el ultramar europeo. Nace así la política de las clientelas y el «caudillismo» como expresión de una vida social desajustada y sin salida, mientras los patriciados liberales se referían a textos constitucionales censitarios. La «siesta colonial» se transformó en un reino de «pronunciamientos», no menos colonial''”.&amp;lt;ref&amp;gt;METHOL FERRE’ A. ''Il risorgimento cattolico latinoamericano'', 30-31 (nuestra trad. de la edic. Ital.) ; cf como confirma del fenómeno del “caudillismo” y del caciquismo” y sus raíces : los estudios de E. KRAUZE, ''Siglos de caudillos'', Tusquets Editores, México D.F. 1994 ; L. ISLAS GARCIA, ''Apuntes para el estudios del caciquismo en México'', Ed. Jus, México 1962.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A pesar de todo, paulatinamente durante este período desastroso, la Iglesia hace un notable esfuerzo por reconstruir sus estructuras jerárquicas en medio de infinitas dificultades. Pudo hacerlo gracias al arraigado espíritu cristiano de los pueblos. La reorganización eclesiástica se llevó a término a partir de los pontificados de León XII, pero sobre todo de Pío VIII y Gregorio XVI, que dotarán a las diócesis vacantes de obispos superando graves dificultades diplomáticas y jurídicas con el gobierno de Madrid y adaptándose a las nuevas situaciones republicanas. El criterio pastoral acabó por imponerse a las conveniencias diplomáticas&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. LETURIA, P. De. ''Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica'', II-III, Roma - Caracas 1960. En 1827 León XII preconizó a los primeros cinco obispos de la Gran Colombia, lo que produciría la ruptura de relaciones diplomáticas con Madrid. Bolívar se mostró cauto y buen diplomático en el asunto alcanzando un procedimiento adecuado. Se nombraron más tarde vicarios apostólicos para México, Chile, Argentina, aunque los nuevos gobiernos republicanos no veían bien tal procedimiento pues deseaban el nombramiento de obispos y no de vicarios apostólicos para ver así reconocida la independencia por la Santa Sede. Ya en 1830 las dificultades habían sido superadas y el viejo Patronato español archivado.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Entre 1830 y 1900 se erigieron 10 nuevas sedes metropolitanas y 57 sedes sufragáneas con algunos territorios misionales en Argentina, Colombia y Ecuador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si bien los gobiernos estaban a veces interesados en que se erigiesen nuevas diócesis, ello se debía a motivos de prestigio. Con frecuencia pretendían ejercitar los derechos del antiguo ''Patronato'' o ''Padroado'' en los nombramientos de cargos eclesiásticos y con controles inaceptables para la Santa Sede. Por ello se tarda en la formación de nuevas diócesis, y por ello se explica la geografía de las macro-diócesis y parroquias. En la vigilia del Concilio Plenario de 1899, el continente iberoamericano contaba con 60 millones de católicos y las diócesis se habían multiplicado. Las jurisdicciones eran 104: 19 sedes metropolitanas y 85 diócesis. México contaba con 6 archidiócesis y 21 diócesis, Brasil con 2  archidiócesis y 9 diócesis. El resto de los países contaba solamente con una provincia eclesiástica cada uno, menos América Central donde las cinco repúblicas constituían una sola provincia eclesiástica. Destacaban Colombia con una archidiócesis y once diócesis, seguida por Argentina y Perú. Pero en el mismo periodo, Estados Unidos contaba con 13 arzobispados y 62 diócesis. El motivo de esta lentitud hay que buscarla en las trabas y en las fuertes hostilidades de los gobiernos liberales a las que hemos aludido.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El episcopado latinoamericano tampoco cuenta con grandes figuras episcopales que destaquen&amp;lt;ref&amp;gt;Sobre el episcopado latinoamericano del s. XIX los estudios son todavía escasos. Entre ellos cf. Fidel QUIROZ GONZALEZ, L.C., ''Radiografia de una Iglesia'' : ''la Iglesia en México según las Relationes ad Liminam de los obispos mexicanos de la segunda mitad del siglo XIX'', dissertatio d Doctoratum in Facultate Historiae Ecclesiasticae Pontificiae Universitatis Gregorianae, P. U. G. Roma 1995.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En todo el siglo XIX América Latina no contará con algún cardenal. Pío IX había designado para el capelo al obispo de Michoacán (México), Juan Cayetano Portugal, acérrimo defensor de los derechos de la Iglesia y que había intervenido en la vida política de su país como ministro bajo Santa Ana; cuando llegó a México la noticia, el designado ya había muerto. El gobierno de Perú pidió en 1861 el capelo para el arzobispo de Lima, Goyeneche, pero solamente en 1905 Pio X creará un cardenal iberoamericano y será un brasileño, Joaquím Arcoverde, arzobispo de Rio de Janeiro.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=El clero secular.=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
La situación del clero tampoco era rosa. Sin embargo, sin su presencia no se puede entender el entramado social y religioso iberoamericano en todas sus componentes. Su presencia es continua en todos los  aspectos de la vida. Forman parte de todas las iniciativas importantes, incluso políticas, y los encontramos en las más altas esferas de la vida pública. Los hay ejemplares, los hay llenos de sombras. El presbítero Víctor Eyzaguirre, que visita México a mitad del siglo, encontró que la formación del clero dejaba mucho que desear. En su relación Los intereses católicos en América se muestra impresionado por el servilismo de muchos sacerdotes y su falta de preparación&amp;lt;ref&amp;gt;J. I. V. EIZAGUIRRE, ''Los intereses católicos en América'', 2 vols., París 1859.&amp;lt;/ref&amp;gt;. El mismo juicio nos lo da Averardi, delegado apostólico en México en los tiempos de Porfirio Díaz, cuyo juicio sobre el clero es bastante severo; lo juzga “''sumamente inmoral e indisciplinado, que quizá, o sin quizá, también ha sido causante de las negativas leyes civiles que ahora están en vigor''”&amp;lt;ref&amp;gt;Cit. en R. E. CHAVEZ SANCHEZ , ''La Iglesia en México hacia el Concilio Plenario Latinoamericano (1896-1899)'', Moderante R.P. Giacomo Martina S.J., Dissertatio ad lauream, Faculad de Historia E., P.U. Gregoriana, Roma 1986.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los mismos juicios los encontramos en las relaciones de los nuncios de Brasil y de otros delegados apostólicos como Gaetano Baluddi, Lorenzo Barili y Mieceslao Ledóchowski (que vivieron en Colombia entre 1838 y 1861). Roma interviene con los obispos para que remedien el estado deplorable del clero, tanto secular como regular. Pero los mismos obispos imploran la ayuda de Roma en este sentido viendo sacerdotes comprometidos con una vida desarreglada, o con gobiernos irreligiosos. Deploran que a veces se catequiza poco, y que sus sacerdotes lleven una vida mundana o que sean ignorantes, aunque también subrayan que la mayor parte de los sacerdotes conducen una vida digna. Por ello, en la segunda mitad del siglo, los obispos comienzan a solicitar la ayuda de sacerdotes y religiosos extranjeros para la formación de su clero. Con su llegada se empieza a notar la mejoría, como en Colombia con la llegada de los eudistas franceses.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algunos obispos, sacerdotes y frailes militan con los liberales y otros con los conservadores. Hay de todo. Algunos se hallan enzarzados en la política provinciana y menuda del caciquismo. Esto lleva también a divisiones y a oposiciones con el proprio obispo. Sin embargo muchos clérigos y frailes dieron una aportación positiva en las asambleas legislativas. Pero ello no quita la ambigüedad de muchas situaciones y el partidismo político que acarreaba consigo. Con el correr del siglo buena parte de los eclesiásticos se alinea con los conservadores, dando así a veces ocasión para ataques y persecuciones de los liberales contra la Iglesia. La intervención del clero en la vida política se comprende, dado el nivel medio de su formación sobre el resto de la población; pero frecuentemente su intervención fue excesiva y anormal. El citado Víctor Eyzaguirre deplora a veces la confusión de funciones a que llega el sacerdote dado a la política, y cuyo comportamiento puede producir confusión en la gente. Otras veces reconoce los méritos de algunos eclesiásticos que han participado en la vida política y pondera su contribución positiva; algunos eclesiásticos fueron encumbrados hasta los máximos cargos del Estado y no pocos participaron activamente a la lucha por la emancipación. Los casos más celebres de Hidalgo y Morelos en México no constituyen una excepción&amp;lt;ref&amp;gt;En varios países las independencias se proclamaron en las salas capitulares de los conventos, como en Quito (en el de la Merced) y a la sombra de la protección de clérigos y cabildos eclesiásticos. La Virgen de la Merced fu proclamada “generalisima” y patrona de los ejércitos emancipadores en varias Repúblicas del Suramérica : cfr. VARGAS UGARTE, ''Historia del Culto de María en Iberoamérica y de sus imágenes y santuarios más celebrados'', 2 t., Madrid 1956.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Incluso algunos sacerdotes consideraban que debían entrar en política para defender los derechos de las personas y de la Iglesia, frecuentemente conculcados por los nuevos gobiernos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No establecemos aquí  una tipología, ni del obispo ni del sacerdote iberoamericano del periodo, pero un estudio de tal tipología sería de suma utilidad para entender este catolicismo y la historia de estos países&amp;lt;ref&amp;gt;Para el caso del Brasil cf. el trabajo de NEY DE SOUSA, ''ut supra''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. De todos modos, el siglo XIX registra una disminución de sacerdotes en las distintas regiones iberoamericanas y una desproporción cada vez mayor entre sacerdotes y habitantes. Si en 1810 se contaban unos 4229 sacerdotes diocesanos en Iberoamérica, en 1850 eran 3232 y en 1910 eran 4460. Pero la desproporción entre sacerdotes y población va creciendo cada vez más&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. los datos ofrecidos en WERNER, Orbis Terrarum Catholicus, Friburgo 1890 ; E. CARDENAS, “La vida Católica en América Latina”, en QUINTIN ALDEA - E. CARDENAS, ''Manual de Historia de la Iglesia'', X, Herder, Barcelona 1987, 560-562.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su formación dejaba mucho que desear. En Brasil era quizá la más deficiente e improvisada, dando lugar a ordenaciones precipitadas de candidatos poco preparados e inadecuados para el sacerdocio, lo que dará lugar a no pocas infidelidades&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. NEY DE SOUSA, ''ut supra''.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Los gobiernos liberales suprimen seminarios, incautan edificios, destruyen, dispersan o se apoderan de sus bibliotecas como las de México y Puebla, de valor inigualable. Esta situación afecta también a las parroquias. El ''Orbis Terrarum Catholicus'' de Werner (Friburgo 1890)&amp;lt;ref&amp;gt;Tomamos estos datos de E. CARDENAS, “Dispensas...” cit. que nos ofrece un cuadro global muy elocuente de cifras y datos; IDEM, “La vida Católica en América Latina”, o.c., 560-562.&amp;lt;/ref&amp;gt;nos da una reseña de 80 diócesis de las 104 existentes en Iberoamérica en los últimos 10 años del siglo XIX. Estas 80 diócesis contaban con 5522 parroquias, por lo se puede calcular que las parroquias de todas las diócesis podrían llegar al máximo a un total de unas 5900. En México eran 1072 en 1821, y sólo 1331 en 1893. En Colombia unas 500 en 1820 y 930 en 1900. Se calcula que el número medio de habitantes por parroquia en 1899 era de unas diez mil almas; las desproporciones territoriales a veces eran inmensas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pese a todos los límites señalados, los sacerdotes iberoamericanos no constituían un cuerpo degradado. La gente estimaba altamente al sacerdote y se fiaba de él. Frecuentemente nos encontramos con levantamientos populares contra los gobiernos liberales que vejan a los sacerdotes, como en México, Guatemala y Colombia. Mariano Cuevas, el conocido historiador eclesiástico mexicano, nos da un juicio positivo sobre el clero de México. Cuando llegó el momento de la persecución, la mayor parte del clero en todas las nuevas Repúblicas dio fiel testimonio de fidelidad y comunión con sus obispos. Muchos, a pesar de su mediocridad intelectual, desafiaron las leyes injustas y permanecieron fieles a su ministerio sacerdotal entre la gente más humilde arriesgando su misma vida. Nos lo testimonia el mismo Eyzaguirre afirmando la abnegación de muchos sacerdotes en parroquias miserables, en climas pestíferos y en condiciones inhumanas. La misma observación la encontramos en algunos delegados apostólicos como el de Centroamérica, Giovanni Cagliero en 1910, y en las relaciones de muchos obispos que reafirman la lealtad, hasta el heroísmo, de muchos sacerdotes siempre junto al pueblo desamparado de todos los que vociferaban las nuevas ideologías políticas. En Colombia, de este clero, salieron 17 obispos que sufrieron la cárcel y el destierro por la defensa de la libertad de la Iglesia y por lo tanto de la persona. La historia de sus sacerdotes mártires de las persecuciones de la primera mitad del siglo XX nos confirman en lo mismo&amp;lt;ref&amp;gt;Durante aquellos años de persecución violenta contra la Iglesia dieron su vida por la fe católica numerosos sacerdotes y seglares, de ellos 27 han sido ya beatificados. El primero fue el p. jesuita Miguel Agustín pro (25.91988), seguido por otros 25 mártires (25 sacerdotes y 3 jóvenes seglares) el 18.11.1992 y recientemente por el p. agustino Nieves. Sobre las persecuciones de la Iglesia en México cf., por ejemplo, J. MEYER, La cristiada, 3 vols., citados supra ;IDEM, ''Historia de los cristianos en América Latina siglos XIX y XX'', 94-110, 231-244.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Los religiosos.=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Otro capítulo aparte merecerían los religiosos. Todos pertenecientes a antiguas Órdenes, que como sus hermanos europeos, frecuentemente sufrieron crisis profundas que tuvieron una deplorable repercusión en Iberoamérica. No hay que olvidar que la Iglesia hispanoamericana fue en sus orígenes fundamentalmente una Iglesia “conventual” y el papel que ejercieron en esta historia evangelizadora los franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios y los jesuitas. De menor importancia son otras órdenes como los capuchinos, camilos, oratorianos y betlemitas, u otras órdenes hospitalarias llegadas más tarde o que tuvieron un menor impacto. Las independencias encontraron a estas familias religiosas muy debilitadas y muy vulnerables como sus hermanos europeos. Los jesuitas habían sido expulsados de Iberoamérica en 1759 (Brasil), 1767 (Territorios españoles) y luego suprimidos en 1773 (Breve ''Dominus ac Redemptor''). Por todo ello se da en Iberoamérica un verdadero proceso de agonía y extinción de las antiguas órdenes, sobre todo masculinas, por factores tanto internos a las mismas como externos (acciones de los gobiernos liberales)&amp;lt;ref&amp;gt;Sobre la vida religiosa femenina en el período virreinal español cf. : ''El monacato femenino en el Imperio español. Monasterios, beaterios, recogimientos y colegios. Memoria del Ii Congreso Internacional'', Manuel RAMOS MEDINA coordinador, Condumex, México D.F. 1995.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se recuperarán más tarde y llegarán refuerzos de Europa, o nuevos institutos religiosos fundados en el siglo XIX&amp;lt;ref&amp;gt;Un caso a se lo constituyen los jesuitas, numerosas veces expulsados de los distintos países y siempre perseguidos por los más radicales. Escribe Cárdenas : “El jesuitismo constituyó una ''tessera orthodoxiae'' para los católicos y conservadores y una piedra de escándalo para masones y liberales”. En algún sitio como en Perú se llegó incluso a proponer como caso de alta traición la admisión de la Compañía de Jesús. “No hicieron política, pero se hizo mucha política en torno de ellos” (Víctor Sanabria, historiador y arzobispo costarricense, cit. en Cárdenas, “Dispensas...”, 63).&amp;lt;/ref&amp;gt;, acogidos generalmente con amplia benevolencia y veneración por la gente y con rabia por los liberales masones más radicales,  como el liberal peruano Manuel González Prada que cita los nuevos institutos llegados a Lima y junto con los antiguos y los ve como una invasión pestífera&amp;lt;ref&amp;gt;Cf. en VARGAS UGARTE,'' Historia de la Iglesia en Perú, 1800-1900'', t. V, Burgos 1962.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Traen un nuevo estilo y se dedican a las misiones, a la educación y a la caridad con los más necesitados. Se inauguraba con esta nueva llegada de institutos una nueva y esperanzada fase histórica, pero al mismo tiempo se daba en Iberoamérica un nuevo fenómeno: el nacimiento y fundación de numerosos institutos religiosos, donde destacan países como México, Perú y Colombia&amp;lt;ref&amp;gt; F. GONZALEZ FERNANDEZ, MCCJ, “El carisma de la vida consagrada y la historia reciente de México”, en ''Ecclesia'', (Universidad del Mayab - México), vol. VIII, 4, octubre-diciembre (1994), 479-532 ; IX, 1, enero-marzo (1995), 69-113 ; JEFREY KLAIBER, S.J., ''La Iglesia en el Perú'', 148-185.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Cardenas, E., “Dispensas”.&lt;br /&gt;
* Cardenas, E., “''La vida Católica en América Latina''”, en Quintin Aldea - E. Cardenas, ''Manual de Historia de la Iglesia'', X, Herder, Barcelona 1987, 560-562.&lt;br /&gt;
* Chavez Sanchez, R. E., ''La Iglesia en México hacia el Concilio Plenario Latinoamericano (1896-1899)'', Moderante R.P. Giacomo Martina S.J., Dissertatio ad lauream, Faculad de Historia E., P.U. Gregoriana, Roma 1986.&lt;br /&gt;
* Eizaguirre J. I. V., ''Los intereses católicos en América'', 2 vols., París 1859.&lt;br /&gt;
* ''El monacato femenino en el Imperio español. Monasterios, beaterios, recogimientos y colegios. Memoria del II Congreso Internacional'', Ramos Medina, Manuel, coordinador, Condumex, México D.F. 1995.&lt;br /&gt;
* Gonzalez Fernandez, Fidel, mccj, “''El carisma de la vida consagrada y la historia reciente de México''”, en ''Ecclesia'', (Universidad del Mayab - México), vol. VIII, 4, octubre-diciembre (1994), 479-532; IX, 1, enero-marzo (1995), 69-113 &lt;br /&gt;
* Islas Garcia, L., ''Apuntes para el estudio del caciquismo en México, Jus'', México 1962.&lt;br /&gt;
* Klaiber, Jefrey, s.j., ''La Iglesia en el Perú'', 148-185. &lt;br /&gt;
* Krauze E., ''Siglos de caudillos'', Tusquets Editores, México D.F. 1994&lt;br /&gt;
* Leturia, P. de, ''Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamérica'', II-III, Roma - Caracas 1960. &lt;br /&gt;
* Methol Ferre’, A., ''Il risorgimento cattolico latinoamericano'', CSEO-Incontri, Bologna 1983: “La crisi dell’emancipazione e l’anarchia ecclesiastica” (1808-1831)”, 27-33.&lt;br /&gt;
* Meyer, J., ''La cristiada'', 3 vols; IDEM, ''Historia de los cristianos en América Latina siglos XIX y XX'', 94-110.&lt;br /&gt;
* Ney de Sousa, ''ut supra''. &lt;br /&gt;
* Para los textos de los Concordatos cf. ''Raccolta di Concortati su meterie ecclesiastiche tra la Santa Sede e le Autorità civili'', a cura di A. Mercati, 2 vols., Tip. Pol. Vaticana 1954. Los Concordatos fueron: con Costarrica (7.10.1852); Guatemala (7.10.1852); Haití (20.3.1860); Honduras (9.7.1861); Nicaragua (2.11.1861), San Salvador (22.4.1862); Venezuela (26.7.1862); Ecuador (26.9.1862) e nueva versión (2.5.1881); Guatemala (2.7.1884); Colombia (31.12.1887) y añadidos (20.7.1892); con Ecuador relativo a la sustitución de las décimas y otros puntos (26.3.1890), (convención del 1865); convenciones con la R. de Colombia para aplicar el art. XXV del Concordato de 1887 (9.10.1918; 1.1.1919; 15.3.1951), y sobre la interpretación del art. 17 del Concordato (21.6.1923; 231.6.1923; 27.2.1924; 10.6.1924; 28.6.1924), circular del Nuncio Ap. Al Episcopado colombiano para la ejecución del a Ley n. 54 de 1924 (13.12.1924), convención sobre las Misiones (1.5.1928; 29.1.1953); modus vivendi e Convención con la R. de Ecuador (27.7.1937); convención con la R. de Haití sobre los bienes eclesiásticos; con la R. Dominicana (16.6.1954).&lt;br /&gt;
* Quiroz Gonzalez, Fidel, l.c., ''Radiografia de una Iglesia: la Iglesia en México según las Relationes ad Liminam de los obispos mexicanos de la segunda mitad del siglo XIX'', dissertatio d Doctoratum in Facultate Historiae Ecclesiasticae Pontificiae Universitatis Gregorianae, P. U. G. Roma 1995.&lt;br /&gt;
* VARGAS UGARTE, ''Historia de la Iglesia en Perú, 1800-1900'', t. V, Burgos 1962.&lt;br /&gt;
* VARGAS UGARTE, ''Historia del Culto de María en Iberoamérica y de sus imágenes y santuarios más celebrados'', 2 t., Madrid 1956.&lt;br /&gt;
* WERNER, ''Orbis Terrarum Catholicus'', Friburgo 1890&lt;br /&gt;
* WERNER, ''Orbis Terrarum Catholicus'', Friburgo 1890.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=IBARRA_Y_GONZ%C3%81LEZ,_Jos%C3%A9_Ram%C3%B3n&amp;diff=5219</id>
		<title>IBARRA Y GONZÁLEZ, José Ramón</title>
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		<updated>2014-06-17T14:57:26Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Olinalá, 1853 – Puebla, 1917) Arzobispo.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
José Ramón Ibarra y González nació en Olinalá, Guerrero, el 22 de octubre de 1853. Sus padres fueron Miguel Ibarra y María del Refugio González, quienes poseían una finca azucarera llamada ''San José Buena Vista''. José Ramón fue el único hijo del matrimonio Ibarra González; sin embargo, tenía varias hermanas fruto del primer matrimonio de su padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los esposos Ibarra emigraron a Izúcar de Matamoros donde el pequeño Ramón realizó sus primeros estudios; más tarde se mudaron a la ciudad de Puebla para que continuara con su educación en el Colegio Franco Mexicano. A la muerte de don Miguel Ibarra, la familia trasladó su residencia a la población de Acatlán, cuyo párroco enseñó latín al joven Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1868, Ramón y su madre se mudaron definitivamente a la ciudad de Puebla. Al poco tiempo el joven Ibarra ingresó al Seminario Conciliar Palafoxiano; en este lugar sería alumno, profesor y superior. Estudió Filosofía, Teología Dogmática, Sagrada Escritura, Historia Eclesiástica, Derecho e incluso se sujetó a examen de toda la Teología con la finalidad de adelantar un año; al mismo tiempo, estudiaba Ciencias Físicas en el Colegio del Estado.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
Ante los excelentes resultados obtenidos por el seminarista, Monseñor Carlos Colina y Rubio propuso enviarlo a Roma para perfeccionar sus estudios; sin embargo, la enfermedad de su madre le impidió viajar en ese momento. No fue sino hasta  después de la muerte de ella, acaecida el 3 de abril de 1877, cuando pudo embarcarse en Veracruz rumbo a Europa. Ingresó al Colegio Pío Latinoamericano  el 20 de junio de ese mismo año, donde “''su trayectoria en los estudios fue tan brillante como en Puebla, y más aún si cabe''”&amp;lt;ref&amp;gt;Márquez, p. 13.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
En 1878 presentó el examen de Teología en la Universidad Gregoriana para obtener el grado de Licenciado en esa disciplina; recibió el grado de Doctor en 1879 y posteriormente, en 1881 el doctorado en Derecho Canónigo y Civil Romano; un año después logró también el grado de doctor en Filosofía. Algunos maestros suyos de la Universidad Gregoriana decían: “''No sabemos qué admirar más, si su talento y ciencia, o su sencillez y modestia''”&amp;lt;ref&amp;gt;Márquez, 1973, p. 14.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fue condecorado por S.S. León XIII con una medalla por sus brillantes resultados académicos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1878 se le confirieron la tonsura clerical, las cuatro órdenes menores y el subdiaconado; en 1879 el diaconado, y finalmente recibió la ordenación sacerdotal el 21 de febrero de 1880 en la Basílica de San Juan de Letrán.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Regresó a Puebla en 1882 para cumplir con su ministerio sacerdotal en diversas iglesias como la de San Pedro y el Templo del Espíritu Santo (mejor conocido como La Compañía). Al poco tiempo fue designado como profesor del Seminario, función que desempeñó sin descuidar a los fieles que acudían a él. En 1885 fue nombrado por Monseñor Mora y Daza como canónigo de la Catedral Angelopolitana y un año después fue comisionado también por Mons. Mora y Daza para fundar la academia Teojurista para lo cual adquirió junto con el canónigo José de Córdova el edificio del ex convento de Betlemitas anexo al templo de Belén. Asimismo fue designado presidente de la comisión organizadora de la primera peregrinación diocesana a la Basílica de Guadalupe que se llevó a cabo el 11 de febrero de 1887 y que actualmente se sigue realizando. A él se le debe también  la fundación del Colegio Teresiano de Puebla (hoy Colegio América), pues gestionó la llegada a esta ciudad de las Religiosas Teresianas como respuesta a una de sus constantes preocupaciones: la educación cristiana de la niñez y de la juventud.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la muerte de Monseñor Mora y Daza, el joven canónigo de 34 años fue elegido Vicario Capitular en sede vacante por el cabildo angelopolitano, y gobernó la diócesis de diciembre de 1887 a septiembre de 1888. Más tarde, una vez entregado el gobierno de la diócesis a Monseñor Francisco Melitón Vargas, renunció a todos sus cargos y emprendió un viaje a Europa con la finalidad de ingresar a la Compañía de Jesús. Sin embargo, sus planes tuvieron un giro: mientras se encontraba en España haciendo los Ejercicios Espirituales para comenzar el noviciado, recibió un telegrama de S.S. León XII donde le informaba que lo había preconizado obispo de la diócesis de Chilapa. Tenía entonces 36 años de edad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recibió en Roma la consagración episcopal de manos del Cardenal Parocchi el 5 de enero de 1890, en la capilla del nuevo Colegio Pio Latinoamericano, y tomó posesión de su diócesis mediante apoderado el 8 de mayo; más tarde, el 18 de julio, fue recibido con júbilo en la ciudad de Chilapa. “''En aquella época la Diócesis de Chilapa era extremadamente difícil: problemas internos; extensión del territorio que abarcaba todo el Estado de Guerrero; falta absoluta de comunicaciones, pues no había ni un metro de vía férrea ni de carreteras; ásperas montañas, profundos barrancos, clima cálido y hasta insalubre en grandes extensiones; enormes necesidades de las poblaciones, escasez de Clero, falta de recursos humanos, sociales y económicos…''”&amp;lt;ref&amp;gt;Márquez, 1973, p. 21.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sin embargo, la actividad del nuevo obispo fue constante: reorganizó el Seminario Diocesano; procuró el mejoramiento espiritual, cultural y social del clero; celebró tres Sínodos Diocesanos; fundó el movimiento del “Apostolado de la Cruz” junto con la Sierva de Dios Concepción Cabrera de Armida, tanto en la sede episcopal como en todas las parroquias. También fundó el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús, algunas escuelas gratuitas para niños de escasos recursos, una academia nocturna para adultos y una escuela de artes y oficios, además de la congregación de Misioneros Guadalupanos con la finalidad de evangelizar a las comunidades indígenas  e inició las obras de la Catedral de Chilapa. Asimismo, se ocupó de iniciar los trabajos de la Catedral, así como de empedrar las calles de Chilapa, abrir otras nuevas y colocar los primeros metros de vías férreas en el Estado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante más de una década se mantuvo al frente de la diócesis de Chilapa hasta que fue nombrado obispo de Puebla por S.S. León XIII el 19 de abril de 1902. Después de haber trabajado tanto por aquella primera diócesis, así se despidió de sus fieles: “''Desde que por voluntad del Señor fuimos ungidos en la ciudad Eterna por vuestro Pastor, os consagramos todo nuestro cariño; y a pesar de las penalidades propias de esta Diócesis, hemos vivido once años a vuestro lado muy contentos y muy felices, soportando las inclemencias del tiempo, la aspereza de los caminos y la pobreza, pues todo esto nos ha parecido poco, por la grandeza del amor que os profesamos. Así es que al saber que por disposición superior tenemos que dejaros, nuestro corazón se ha sumergido en la más profunda amargura''”&amp;lt;ref&amp;gt;Décima carta pastoral de Mons. Ibarra al clero y fieles de la diócesis de Chilapa, en Márquez, 1966, p. 140.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tomó posesión de su nueva diócesis el 6 de julio de 1902. Como obispo de Puebla llevó a cabo numerosas obras de carácter espiritual, educativo y material. Fundó el Hospital del Sagrado Corazón de Jesús para enfermos carentes de recursos económicos. Igualmente promovió las Conferencias de San Vicente de Paúl, los Círculos Católicos de Obreros, la Liga Católica, la Sociedad Católica y otras instituciones del apostolado seglar que tanto auge tuvieron en el México de aquellos primeros años del siglo XX. En 1909 llevó a Puebla a las Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón para que se dedicaran a la Adoración perpetua del Santísimo Sacramento, especialmente en favor de los sacerdotes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 12 de agosto de 1903 el Obispado de Puebla  de los Ángeles fue elevado a la categoría de Arquidiócesis por S.S. Pío X (aunque la erección se efectuó el 8 de febrero del siguiente año) y Monseñor Ibarra fue nombrado primer Metropolitano de la nueva Sede Arzobispal. En 1904 Monseñor Ibarra obtuvo para la Catedral Angelopolitana, la dignidad de Basílica Menor.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El incansable celo de Monseñor Ibarra por elevar el nivel cultural de su arquidiócesis le llevó a crear, además del Colegio Clerical, la Universidad Católica Angelopolitana a partir del otorgamiento –por parte de S.S. Pío X- del título de ‘Universidad’ al Seminario de Puebla. Dicha Universidad ofreció las facultades de Teología, Filosofía, Derecho Canónico, Derecho Civil, Medicina, Bellas Artes e Ingeniería, desde 1907 hasta el inicio de la Revolución de 1914. Los objetivos que perseguía Mons. Ibarra con la elevación del Seminario a rango de Universidad eran varios, como escribía al Papa: “''procurar con todo empeño el esplendor del Seminario y (…) apartar a la incauta juventud de las erróneas e impías doctrinas que en los colegios laicos muchas veces se les enseñan''”&amp;lt;ref&amp;gt;Márquez, 1971, p. 431.&amp;lt;/ref&amp;gt;igualmente, “''para que en la futura Universidad se formen Médicos, Arquitectos y Abogados, verdaderamente católicos''”&amp;lt;ref&amp;gt;Márquez, 1971, p. 433.&amp;lt;/ref&amp;gt;que, a semejanza de otros egresados, “''numerosos Abogados católicos que, recibidos entre los principales del Gobierno, han custodiado la causa católica''”&amp;lt;ref&amp;gt;Márquez, 1971, p. 431.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al igual que hizo durante su época de sacerdote en Puebla, gestionó el arribo de los Hermanos de las Escuelas Cristianas para que fundaran el Colegio de San Pedro y San Pablo como Escuela Preparatoria Católica, quienes además abrieron y dirigieron los Colegios de San Juan Bautista de Lasalle (o La Concordia), de San Ignacio y de Acatzingo. Igualmente prestó su apoyo al antiguo Colegio del Sagrado Corazón de Jesús (hoy Instituto Oriente), al Colegio Pío de Artes y Oficios, las Escuelas Pías del Portalillo y los Colegios Salesianos. Asimismo brindó constantemente su protección e impulsó las escuelas de niñas y señoritas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A raíz de la persecución desatada por la revolución carrancista y con la finalidad de atender su salud, en 1914 se tuvo que refugiar en la ciudad de México, donde pasó los años que le restaban de vida, sufriendo tanto por su enfermedad como por la persecución que sufría la Iglesia; no obstante, padeció estos sufrimientos sin quejarse y ofreciéndolos por la paz de la Iglesia y de México. Recibió los últimos sacramentos de manos de Mons. Emeterio Valverde Téllez, Obispo de León. Monseñor Ramón Ibarra y González  falleció el 30 de enero de 1917.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus restos fueron inhumados en el Panteón del Tepeyac, donde permanecieron hasta 1931 cuando fueron trasladados a la Catedral de Puebla. En un primer momento se depositaron en la cripta que se encuentra bajo el Altar Mayor, pero en 1964 fueron colocados en la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, en la misma Catedral, donde actualmente se encuentran. En 1990, S.S. Juan Pablo II lo declaró venerable&amp;lt;ref&amp;gt;Arquidiócesis de Puebla&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Márquez, Octaviano. ''Monseñor Ramón Ibarra y González''. Tomo II. JUS, México, 1973.&lt;br /&gt;
*Márquez, Octaviano (ed.). O''bras pastorales de Monseñor Ibarra''. Tomo I. JUS, México, 1966.&lt;br /&gt;
*Márquez, Octaviano (ed.). ''Obras pastorales de Monseñor Ibarra''. Tomo II. JUS, México, 1971.&lt;br /&gt;
*Valverde Téllez, Emeterio. ''Bio-bibliografía eclesiástica Mexicana (1821-1943)''. JUS, México, 1949.&lt;br /&gt;
*“Excmo. Sr. Don Ramón Ibarra y González (1904-1917)” en página web de la Arquidiócesis de Puebla. Consultado el 05/06/2014, disponible en: http://arquidiocesisdepuebla.mx/index.php/arquidiocesis/obispos-y-arzobispos/arzobispos/9-excmo-sr-don-ramon-ibarra-y-gonzalez-1904-1917&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SIGRID MARÍA LOUVIER NAVA&lt;br /&gt;
'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
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		<title>BELAUNZARÁN Y UREÑA, José María de Jesús</title>
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		<updated>2014-06-17T14:53:50Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Ciudad de México, 1772; Ciudad de México, 1857) Obispo, Religioso.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en la ciudad de México el 31 de enero de 1772; fueron sus padres Juan Bautista Belaunzarán y María Dominga Ureña. Realizó sus estudios en el Colegio de San Nicolás en Valladolid (hoy Morelia).  Recibió el hábito de los franciscanos descalzos en 1789, y el presbiterado en 1796. En septiembre de 1810,  cuando dio inicio el movimiento de Independencia encabezado por el Cura Miguel Hidalgo, José María Belaunzarán era Ministro de Terceros en Guanajuato, ciudad que cayó en poder de los insurgentes el 28 de septiembre, asesinando cruelmente a todos los defensores de la Alhóndiga de Granaditas.&amp;lt;ref&amp;gt;Alamán p. 116&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 26 de noviembre los realistas retomaron Guanajuato y en venganza por la matanza realizada por los insurgentes en septiembre, el comandante realista Conde de la Cadena, Manuel Flon, dio la orden de degüello de todos los prisioneros insurgentes en su poder. Para interceder por ellos, Belaunzarán se entrevistó con el Conde y con el general Calleja, logrando convencerlos de retractarse de su cruel orden. Durante varios meses Belaunzarán quedó a cargo de la Parroquia de Guanajuato.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al consumar Agustín de Iturbide la Independencia de México en septiembre de 1821, la Junta Inter-diocesana declaró que “por la Independencia del Imperio cesó el uso del Patronato (…) que para que lo haya en el Supremo Gobierno del Imperio sin peligro de nulidad en los actos, es necesario esperar igual concesión de la misma Santa Sede”.&amp;lt;ref&amp;gt;Orozco Farías, documento 2,  p.37&amp;lt;/ref&amp;gt;Las presiones y amenazas del rey Fernando VII  sobre la Santa Sede  impidieron que Roma nombrara sustitutos a los obispos regalistas que regresaron a España al momento de la independencia, o bien a aquellos que  fueron muriendo. El caso fue que “para el año de 1829 no había ni un solo obispo en la República mexicana”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, p.36&amp;lt;/ref&amp;gt;. En febrero de 1831 S.S. Gregorio XVI decide desafiar a Fernando VII (que amenazaba separar de Roma a la Iglesia española) y nombra seis obispos para México; uno de ellos era José María Belaunzarán, sexto Obispo de Linares (Monterrey), quien fue consagrado el 17 de julio de ese mismo año. Fernando VII no cumplió su amenaza, aunque sí expulsó de Madrid al Nuncio. En 1833, mediante el intento de establecer un “neo-patronato unilateral”,  Valentín Gómez Farías daba inicio a la persecución de la Iglesia en México.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las reformas que Gómez Farías pretendió realizar en la Iglesia mexicana encontraron la fuerte oposición de Monseñor Belaunzarán quien escribía el 8 de marzo de 1834 al Congreso su Estado: “''…Los magistrados civiles, que son los que presiden y gobiernan civilmente, en lo que es puramente temporal, las repúblicas y todos los reinos, reciben su autoridad de los pueblos, para regirlos y gobernarlos nada más que temporalmente; pero jamás se les concede por éstos autoridad alguna espiritual. Son muy distintas las dos potestades y jamás se han podido equivocar en sus funciones, sino después que la depravación Jansenística ha introducido estas  intolerables competencias. La Iglesia no la fundaron los emperadores, ni los reyes, ni los gobernadores, ni los congresos; la fundó sólo el Hijo de Dios, y la trajo desde el cielo y del seno del Padre, de quien procede por generación eterna (…) Él sólo la adquirió, no con precios corruptibles de oro y plata, como dice San Pedro: la adquirió con su preciosísima Sangre, y la fundó sin haber tomado dictamen, ni parecer, ni consejo a los reyes de la tierra; y sin contar con ellos para nada, manda a sus Apóstoles autorizados ya por Él mismo..''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, documento 5, p. 69&amp;lt;/ref&amp;gt;La respuesta del gobierno fue decretar su inmediata expulsión del país, pero la proclamación del “Plan de Cuernavaca” contra Gómez Farías impidió que esa disposición se llevara a cabo.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El general Antonio López de Santa Anna le otorgó la condecoración de la Orden de Guadalupe. Como Obispo consagró el templo de La Inmaculada Concepción para que fuera la Catedral de su diócesis. En 1839 pidió al papa Gregorio XVI le relevara como Obispo de Linares, lo cual le fue concedido. Ya como Obispo emérito cambió su residencia a la ciudad de México, donde falleció el 11 de septiembre de 1857.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Alamán Lucas. Historia de Méjico. Gobierno del estado de Guanajuato, 1989.&lt;br /&gt;
*Diccionario Porrúa, Historia, Biografía y Geografía de México, II, México, 1971.&lt;br /&gt;
*Orozco Farías Rogelio. Fuentes Históricas. México, 1821-1867. Progreso, México, 2 ed. 1965&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
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		<title>EGUIARA Y EGUREN, Juan José de</title>
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		<updated>2014-06-16T14:46:14Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* (México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(México, 1696; México, 1763) Sacerdote, Filósofo, Humanista y Catedrático==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
José Juan Eguiara y Eguren fue uno de los primeros pensadores  que salieron a desmentir los infundios de la “Leyenda Negra”,  defendiendo y resaltando la importancia de la cultura novohispana la cual, en los inicios del siglo XVII, se encontraba en pleno desarrollo. Con ello fue también uno de los formadores de la noción de nacionalidad mexicana. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De familia Vasca, nació en la capital del Virreinato de Nueva España en febrero de 1696; sus primeros estudios los realizó con maestros privados, ingresando posteriormente al Colegio de San  Ildefonso y posteriormente a la Real y Pontificia Universidad de México. En 1709, con sólo trece años de edad obtuvo el grado de bachiller en artes; el 30 de junio de 1715 alcanzó el grado de Doctor en Teología. Para 1723 obtuvo en propiedad la cátedra de Vísperas de Filosofía y en 1747 fue nombrado Rector de la Universidad. Cinco años después se le designó obispo de Mérida, pero rechazó el nombramiento debido a su ya quebrantada salud, renunciando también por tal motivo a la rectoría de la Universidad, para dedicarse por entero a la elaboración de su magna obra «Bibliotheca mexicana». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde finales del siglo XVI, varios personajes europeos hostiles a la Iglesia Católica como Teodor de Bry (1528-1598) y Cornelio de Pauw (1739-1799), habían escrito diferentes obras para denostar a España, pero sobre todo para denigrar la obra que la Iglesia realizaba en América. Buscando dar mayor fuerza a sus infundios, intentaron establecer una supuesta inferioridad de toda la naturaleza americana, abarcando desde su flora y su fauna hasta la de todos los habitantes americanos. Esas obras serían el origen de la llamada “leyenda negra”, asumida acríticamente por muchos. Tal fue el caso paradójico del español Manuel Martí, Deán de Alicante, quien publicó unas «Epístolas» en las cuales afirmaba que en América, pero especialmente en la Nueva España, no había instituciones educativas ni personas que quisieran estudiar.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Juan José Eguiara y Eguren era ya un destacado catedrático de la Real y Pontificia Universidad de México cuando llegaron a sus manos dichas «Epístolas», y para canalizar sabiamente su justificada indignación por semejantes calumnias, decidió refutarlas mediante escritos bien fundamentados. Casi inmediatamente escribió un ensayo sobre la Universidad de México, llamándola “«insigne entre las más célebres del orbe» y nombrando a 200 graduados sobresalientes”&amp;lt;ref&amp;gt;Tanck de Estrada Dorothy y Carlos Marichal, ¿Reino o Colonia? Nueva España 1750-1804. ''En Historia General de México. Ilustrada''. El Colegio de México- LXI Legislatura Cámara de Diputados, México 2000, p.420&amp;lt;/ref&amp;gt;. Pero Eguiara entendió lo que dice el refrán “calumnia, que algo queda”, y se avocó a preparar una obra de mayor empaque que refutara mejor a la “leyenda negra”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Durante los siguientes años, Eguiara preparó una réplica más amplia y contundente a Martí, «con el fin de aniquilar, detener, aplastar y convertir en aire y humo la calumnia levantada contra nuestra nación» (…) Eguiara se comunicó con colegas de todo el virreinato con el objeto de prevenirlos sobre los insultos de Martí y recabar datos acerca de los escritores de cada región. Estas redes de comunicación alcanzaron las lejanas regiones de Sonora y Yucatán y llegaron hasta Guatemala, Caracas y Cuba. En 1755 Eguiara publicó un grueso tomo titulado «Bibliotheca mexicana» que consistía de dos partes: 20 prólogos que formaban la respuesta a Martí y una bibliografía de autores «mexicanos», nombre que decidió aplicar a todos los habitantes del virreinato y no solo a los indígenas o a los moradores de la ciudad y el Valle de México. Ocho de estos prólogos versaban sobre «nuestra historia», refiriéndose a los logros culturales de los indios mexicanos antes y después de la Conquista. Otros diez de los prólogos contenían información sobre los «mexicanos» no indígenas que se habían destacado como literatos, así como descripciones de las instituciones educativas de la «América mexicana», término que usaba en lugar de Nueva España. Por primera vez, la historia cultural de la región se concebía como un proceso continuo, desde 1325 hasta 1755, incluía indios y criollos y se desarrollaba en un espacio geográfico grande, cuyo nombre era precisamente América mexicana”''&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La investigación llevada a cabo por Eguiara abarcaba ya más de dos mil autores para el año 1747, los que junto a sus «prólogos» que él llamó «Anteloquia», hicieron de su “Bibliotheca mexicana” una verdadera «summa» de la cultura mexicana. Pero Juan José Eguiara únicamente alcanzó a ver publicado el primer tomo de su magna obra, pues falleció en la ciudad de México el 29 de enero de 1763. Las honras fúnebres en su honor tuvieron lugar en la Universidad y en la Catedral, donde sus restos mortales fueron depositados.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El volumen publicado abarca de la letra «A» a la «C». El resto de la obra quedó en un manuscrito que llega a letra «J», pero ese manuscrito se encuentra en la Universidad de Austin, Texas, probablemente confiscado por las tropas norteamericanas que capturaron la ciudad de México en 1847.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Enciclopedia de México'', Vol. IV, México, 1993&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Historia General de México. Ilustrada.'' El Colegio de México- LXI Legislatura Cámara de Diputados, México 2000&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUERRERO,_Gonzalo&amp;diff=5206</id>
		<title>GUERRERO, Gonzalo</title>
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		<updated>2014-06-16T14:44:51Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* (Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano. */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==(Palos de la Frontera, 1470; Puerto de Ceballos, 1536) Padre del mestizaje novohispano.==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue un marino español y uno de los primeros europeos en asentarse en el seno de una cultura indígena. Muere luchando contra los conquistadores españoles al mando de Pedro de Alvarado. Personaje controvertido porque se «aculturó» al pueblo maya, y llegó a ser jefe de los indígenas durante la conquista de Yucatán. Especialmente belicoso contra los conquistadores, fue conocido como «El Renegado» por sus compatriotas españoles, mientras que en la actualidad en México se le denomina el «Padre del Mestizaje». &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También se le llamó Gonzalo Marinero, Gonzalo de Aroca y Gonzalo de Aroza. Muy poco se sabe de su infancia, salvo que nació en Palos de la Frontera, Huelva, España, en la octava década del siglo XV; es decir, era un poco más joven que Vicente Yáñez Pinzón cuando éste participo como capitán de la carabela «Niña» en la expedición de Cristóbal Colón que descubrió el Nuevo Mundo. La  juventud de Gonzalo Guerrero transcurrió llena de las muchas historias y aventuras que circulaban  sobre las nuevas tierras y mares recién hallados. Sin embargo antes de eso su destino no parecía encaminarle en esa dirección, sino más bien en la contraria. Fue más soldado que marino, y aparece como arcabucero en la conquista de Granada, en la campaña que acabó con la expulsión de los moros de España el 2 de enero de 1492, cuando las tropas de los Reyes Católicos, comandadas por Gonzalo Fernández de Córdoba, derrotaron al rey Boabdil de Granada, poniendo fin a ocho siglos de poder islámico en la Península Ibérica. Como arcabucero siguió al Gran Capitán a Nápoles, donde España inició su influencia en Europa y sus ejércitos conformaron las unidades que luego llegarían a ser los famosos «tercios españoles»; una experiencia que luego sería muy importante en la vida de Gonzalo Guerrero.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Probablemente en alguna de sus estancias en Palos, debió convencerse de que tenía más posibilidades de hacer fortuna en tierras americanas que en las italianas, donde el esfuerzo de los soldados era cobrado por los señores de la tierra o sus capitanes, y no por ellos. En 1508, difuntos ya la reina Isabel y Cristóbal Colón, el rey Fernando el Católico decidió recuperar parte del poder político que había cedido a los Colón en las Capitulaciones de Santa Fe (17 de abril de 1492), pues su gobierno había generado muchas revueltas y enfrentamientos, y, al mismo tiempo, acelerar la exploración y conquista de Tierra Firme eludiendo el pretendido monopolio colombino e invitando a tal aventura a todo aquel que tuviera recursos o coraje para hacerlo. Fueron creadas entonces dos nuevas gobernaciones en las tierras comprendidas entre el cabo de la Vela (Colombia) y el cabo Gracias a Dios, (en la frontera entre Honduras y Nicaragua). &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se fijó el golfo de Urabá como límite de ambas gobernaciones: Nueva Andalucía al este, gobernada por Alonso de Ojeda, y Veragua al oeste, gobernada por Diego de Nicuesa. Hacia 1510 o quizá antes, Gonzalo Guerrero fue con Diego de Nicuesa a América, viéndose allí inmerso en las fratricidas luchas por el poder entre los capitanes españoles. Ojeda y Nicuesa tramitaron cédulas de posesión de Tierra Firme, y, por perseguir la fortuna en el mismo negocio, eran rivales; se odiaban a muerte. Se disputaban los límites de sus pretendidos feudos y, sobre todo, las fértiles tierras que rodeaban el Golfo de Urabá y, aunque ninguno de ellos tuviera asegurado su nombramiento, discutían sobre mapas sus arriesgados y ambiciosos proyectos. Muchos de sus hombres pensaban que, cualquier día, uno de los dos amanecería muerto. Mientras enviaban al rey cartas repletas de promesas de nuevas y ricas tierras, y de peticiones de nombramientos regios para gobernarlas, proseguían frenéticos sus exploraciones, ya que los indios morían en las plantaciones de caña, y había que sustituirlos por nuevos esclavos a los que cada vez había que capturar más lejos, pues los que conocían a los blancos huían al verlos llegar. Fueron años de desorden, en los que una desmedida ambición provocó, en contra de las leyes españolas, crímenes y abusos contra los indígenas, y demenciales luchas de todos contra todos. En esta despiadada situación, pronto comenzó a destacar Vasco Núñez de Balboa, quien se embarcó en la expedición comandada por el bachiller y Alcalde Mayor de Nueva Andalucía Martín Fernández de Enciso, quien salió a socorrer al gobernador Alonso de Ojeda. Ojeda junto con setenta hombres, había fundado el poblado de San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía, lugar donde después se levantaría la ciudad de Cartagena de Indias.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, la proximidad de numerosos indígenas belicosos que usaban armas venenosas, con las cuales hirieron en una pierna a Ojeda, decidió al gobernador a volver a La Española, dejando la ciudad a cargo de Francisco Pizarro, que en ese momento no era más que un valiente soldado en espera de que llegara la expedición de Enciso. Vasco Núñez de Balboa, merced a su buena fortuna y a su temeraria decisión, logró encontrar el Mar del Sur. Por fin se tenía constancia de que había otro océano tras de América y, por tanto, se podía volver a intentar la vieja idea de Cristóbal Colón de llegar a Oriente navegando hacia Occidente. Núñez de Balboa funda Santa María de la Antigua del Darién, en septiembre de 1510, de la que se proclamó alcalde y repartió los cargos del cabildo entre sus hombres, entre ellos a su capitán Valdivia, al que hizo regidor. Sólo necesitaba que las autoridades españolas legitimaran lo que había conseguido por la fuerza de las armas, para lo cual siempre ayudaba enviarles como regalo una muestra, lo más cuantiosa posible, de las riquezas de la zona que se proyectaba conquistar:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“Vasco Núñez deliberó que tornase Valdivia para hacer saber al Almirante y jueces de las nuevas de la otra mar, pidiéndole que lo escribiesen al rey por que enviasen mil hombres para proseguir aquel camino... Enviaron con el dicho Valdivia 300 marcos de oro, que son 15.000 castellanos o pesos de oro, para que enviasen al rey los oficiales de esta isla, que le habían cabido de su quinto.”&amp;lt;ref&amp;gt;Bartolomé de las Casas, Historia de la destrucción de las Indias, tomo II, capítulo 42, página 576&amp;lt;/ref&amp;gt;Con Juan de Valdivia, capitán de Núñez de Balboa, enemigo de Nicuesa, va desde Darién a la isla Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de Barca, armada en Almería. Pretende ver a Diego de Almagro en La Española y presentarle recomendación de Nicuesa para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera. Parten de Darién el 15 de agosto de 1511, con buen tiempo. Pero, al amanecer del tercer día de navegación, se desató una gran tormenta. Peces voladores saltaron a la cubierta de la nave, lo que fue considerado un mal presagio. Vientos huracanados desgarraban velas y rompían mástiles, mientras olas gigantescas barrían la cubierta. El barco era presa de los desquiciados elementos que lo arrastraban vertiginosamente por un océano despiadado. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De pronto, un choque brutal y la nave se estrella. Habían naufragado en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica. Sólo una veintena de personas, dieciocho hombres y dos damas, consiguen por el momento salvar sus vidas en un pequeño batel. Sin agua ni alimentos, agotados después de la terrible lucha contra la tormenta y el naufragio, el sol los martiriza y la sed es insoportable. Saben que si beben el agua del mar morirán y los tiburones que rodean la embarcación, siguiéndoles como buitres, tendrán su festín. De la veintena que subió al batel, únicamente llegan ocho a la costa de Yucatán. Tienen un primer contacto con los Cocomes, que se mostraron bastante agresivos. Gerónimo de Aguilar, fue la principal fuente de esta historia, ya que fue el único superviviente junto a Gonzalo Guerrero, pero, a diferencia de éste, regresó y narró la aventura. Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Cocomes sacrificaron a cuatro, entre ellos a Valdivia, y se los comieron. A los cuatro restantes los metieron en unas pequeñas jaulas, hechas con ramas y de forma cúbica, para engordarlos y degustarlos en otro próximo y macabro festín en su poblado. Pero, afortunadamente, la certeza del cruel destino que les deparaban sus captores les dio fuerzas para escapar. Llegaron a la tribu de los Tutul xiúes, enemiga de los Cocomes, en la Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xaman Há, donde el cacique Taxmar los entregó como esclavos a Teohom, su sacerdote, quien, con duros trabajos y malos tratos, acabó con la vida de todos por extenuación, excepto con Gerónimo y Gonzalo. Aguilar explica bien cuál era su trabajo, que debió ser, en principio, muy similar al de Gonzalo Guerrero. No obstante, pronto vemos como la actitud de los dos supervivientes se va diferenciando. Gerónimo de Aguilar deja ver entre línea que, mientras Gonzalo Guerrero se iba «aculturando», él se mantuvo fiel a su cultura y religión, a veces con mucho sacrificio. Muy probablemente, Gonzalo Guerrero no fue tan casto como el fraile, de lo cual le sobrevendría finalmente el mal que Aguilar preveía, que el amor a una indígena, los hijos que ésta le diera y la formación de una familia, le apartaran de su cultura y de su religión. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En eso se diferencian ambos, mientras siguen pareciéndose en la realización de los más duros y penosos trabajos que, tanto el uno como el otro, pensaban que acabarían costándoles la vida. Compadecido Taxmar de los duros trabajos que realizaban sus esclavos, y enterado que los dos únicos supervivientes estaban al borde de la muerte, los reclama. También es verdad que han participado en algunos enfrentamientos con los enemigos de la tribu, en los cuales han destacado por su astucia y por sus dotes para desarrollar estrategias, prácticamente desconocidas entre los indios, para quienes su peculiar “guerra florida” era casi un deporte. Así que, sobre todo, los quiere como consejeros de guerra. Gonzalo les enseña diferentes formas de ataque y defensa, diversas formaciones en cuadros y columnas, y también cómo no todos los combatientes tienen que pelear al mismo tiempo, sino relevándose las líneas para alternar combate y descanso, a fin de no agotarse antes que los enemigos. Además, formó una rudimentaria y peculiar falange macedonia, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanzó un gran prestigio Como una de sus pertenencias más preciadas, Taxmar regala a Guerrero al sabio jefe Na Chan Can, cacique de los cheles en la ciudad de Ichpaatún, al Norte de la Bahía de Chetumal, quien, a su vez, lo regala a su Nacom (jefe de guerreros) Balam. Parece que entre ambos soldados surgió un buen entendimiento y mutuo respeto. Balam cuidaba de no agotar ni humillar a Guerrero, hasta que un día, al atravesar un río, Balam fue atacado por un caimán y Gonzalo Guerrero, en vez de aprovechar la oportunidad para escapar, se revuelve y mata al caimán, salvando la vida de su amo, quien, agradecido, le otorga la libertad. Como guerrero y hombre libre de su tribu, participa con gran éxito en varias expediciones guerreras. Se transculturiza, dejándose hacer mutilaciones y tatuajes rituales que eran propios a su rango.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há, también llamada Ix Chel Can, hija de Na Chan Can. Consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pendía una bolita que se colocaba entre los ojos de los niños para que los cruzaran y acabaran siendo bizcos, lo cual era un signo de belleza para los mayas. También sufre los rituales de mutilación, por los cuales los guerreros demuestran su desprecio al dolor y la muerte. Su aculturación e integración en el pueblo que lo había adoptado fue tan grande que, incluso, su primogénita, Ixmo, fue sacrificada en Chichén Itzá, para acabar con una plaga de langostas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1519, desembarca la expedición de Hernán Cortés en la Isla de Cozumel, quienes se enteraron que dos españoles vivían en esa ínsula y enviaron mensajeros para ofrecer rescatarlos. Bernal Díaz del Castillo narra que  en Cozumel algunos indígenas principales ''“dijeron que habían conocido ciertos españoles, y daban señas dellos, y que en la tierra adentro, andadura de dos soles, estaban y los tenían por esclavos unos caciques”''&amp;lt;ref&amp;gt;Díaz del Castillo, Cap. XXVII, p. 66&amp;lt;/ref&amp;gt;. Con dos indígenas y un grupo de soldados en un navío, envió Cortés una carta a los náufragos y algunas cuentas para que pagaran algún rescate; el primero en recibir la carta de Cortés fue Jerónimo de Aguilar ''“que entonces supimos que ansí se llamaba…y desque las hubo leído y rescebido el rescate de las cuentas que le enviamos, él se holgó con ello y lo llevó a su amo el cacique para que le diese licencia, la cual luego se le dio para que fue a donde quisiese. Y caminó el Aguilar a donde estaba su compañero, que se decía Gonzalo Guerrero, en otro pueblo cinco leguas de allí, y como leyó las cartas, el Gonzalo Guerrero le respondió: «Hermano Aguilar: yo soy casado y tengo tres hijos, y tiénenme por cacique y capitán cuando hay guerras; íos vos con Dios, que yo tengo labrada la cara y horadadas las orejas. ¡qué dirán de mí desque me vean esos españoles ir desta manera! E ya veis estos mis hijitos cuán bonicos son. Por vida vuestra que me deis desas cuentas verdes que traeís para ellos, y diré que mis hermanos me las envían de mi tierra».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
     &lt;br /&gt;
A diferencia del relato de Díaz del Castillo, sin más fundamento que la hostilidad de los indígenas hacia los exploradores españoles, en la obra “Historia de Yucatán” se afirma que Gonzalo Guerrero rechazó regresar con varias expediciones cristianas, y apoyó la expulsión de Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés (1518). Pero es cierto que en los años siguientes, los españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruzó el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán. Gonzalo Guerrero combatió a los conquistadores Montejo (padre e hijo) y a su capitán Dávila. Instruyó a sus guerreros para que no temieran a los caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos. En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia el sitio que hoy es Chetumal, donde suponían que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo encontró un lugar en abandono, y pese a que más adelante tomó a algunos mayas prisioneros, éstos lo engañaron diciéndole que Gonzalo Guerrero había muerto de forma natural, por lo que Dávila remitió informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En realidad, Gonzalo Guerrero murió en  agosto de 1536, cuando se enfrentaba a las tropas del capitán Lorenzo de Godoy para ayudar, con cincuenta canoas, a Çiçumba, cacique de Ticamaya (Honduras), en el valle inferior del Río Ulúa. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado. Luego, ironías de la vida, un disparo de arcabuz remató al que fuera arcabucero. Sus hombres le sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Todos sabían que había llegado su hora, así que ninguno intentó extraerle la flecha para no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Sólo pidió a sus más allegados que cuidaran de sus hijos y, al resto de sus hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo. Pero el combate fue encarnizado. Tuvieron que replegarse y el cadáver de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como un indio, pero barbado como un cristiano. Durante la noche, algunos de sus hombres rescataron su cuerpo y como postrero homenaje, lo lanzaron al río Ulúa, para que la corriente le llevara hasta el Océano de donde vino. El final de Gonzalo Guerrero en Puerto de Caballos, Honduras, queda relatado en la carta del Gobernador de Honduras, Andrés de Cerezeda, del día siguiente a la batalla, el 14 de agosto de 1536. Gonzalo Guerrero fue durante siglos un personaje maldito, un traidor, un renegado, un apóstata. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Era el hombre que combatió a sus compatriotas, que renegó de su patria, de su cultura, de su sangre y, lo que era en la época muchísimo peor, abjuró de su fe y negó a Cristo. Entre una nebulosa mítica o legendaria, los cronistas informados por Jerónimo de Aguilar, lo presentan como un ser extraño, raro e inquietante. No olvidemos que Aguilar, probablemente subdiácono, ya establece en sus relatos una comparación de su proceder contrario al de Guerrero. Él se mantuvo, con gran esfuerzo, casto y fiel a su rey y a su Dios; en cambio Gonzalo Guerrero había caído en la tentación de tomar mujer, formar una familia, mezclar su sangre con la de sus captores. Fue eso lo que, según Aguilar, le perdió, llevándole, poco a poco, a abrazar la cultura y los dioses de su nueva familia. Tal vez de su única familia, o de la única familia que recordaba y amaba, después de tantos años de guerras y desventuras por medio mundo. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las cosas cambiaron tras la independencia de México. Entonces, curiosamente, muchos mexicanos, algunos probablemente descendientes de conquistadores españoles y ahora libertadores, comenzaron a sentir una verdadera pasión por la cultura maya que combatieron sus antepasados. Y entre los mayas, un nombre que simbolizaba la lucha contra la potencia colonial e imperialista, que simbolizaba la lucha por la libertad: Gonzalo Guerrero. Así, Guerrero pasó de villano a héroe, de traidor a paladín de las libertades, y el &amp;quot;egregio tránsfuga&amp;quot; fue objeto de honores y monumentos, entre los cuales destacan: una laguna cerca de Bacalar lleva su nombre, la Laguna Guerrero. El 4 de abril de 2008 se exhibió el boceto del mural “La cuna del mestizaje”, de Rodrigo Siller, como pieza del mes del Museo de la Cultura Maya. Paradójicamente, al final de la avenida que se denomina Prolongación del Paseo de Montejo (llamada así en memoria del conquistador a quien combatió) de la ciudad de Mérida, Yucatán, se encuentra un monumento a Gonzalo Guerrero, héroe indiscutiblemente para los habitantes de la región; obra del escultor Raúl Ayala, y que originalmente perteneció a los propietarios de la zona hotelera de Akumal, Quintana Roo. Su vida fue llevada al cine en la versión de héroe libertario en 2013 bajo el título: “Entre dos mundos, la vida de Gonzalo Guerrero”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==BIBLIOGRAFÍA==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Díaz del Castillo Bernal. ''Historia verdadera de la conquista de la Nueva España''. Espasa-Calpe, 8 edición, Madrid, 1989&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Diccionario Porrúa'', Historia, Biografía y Geografía de México, II, México, 1971.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Enciclopedia de México'', México, 1978.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JOSE FLORENCIO CAMARGO SOSA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VARGAS_GONZ%C3%81LEZ,_Jorge_y_Ram%C3%B3n&amp;diff=5158</id>
		<title>VARGAS GONZÁLEZ, Jorge y Ramón</title>
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		<updated>2014-06-13T15:58:12Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* NOTAS */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio los hermanos Jorge y Ramón Vargas González se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, , P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Vargas González, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;Beatos  y Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Ahualulco, el pueblo de Jalisco que les vio nacer'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“''Esto ocurrió en Guadalajara en el año de 1927 y pudo pasarte a ti''”. Así comienza el precioso testimonio de una hermana de dos de los Beatos Mártires de la persecución religiosa en México en las primeras décadas del siglo XX. Se trata de la hija menor de la familia Vargas González, María Luisa, que nos ha dejado un precioso testimonio ocular de aquellos días tremendos y cuyo título es ya elocuente: “''Yo fui testigo''”&amp;lt;ref&amp;gt;Maria Luisa VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo, Talleres Gráficos Navarro Castañeda S.A. de C.V., Guadalajara, Jalisco, 1994², 54 p, en Summ., Documento XXVII, 629-644.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“En el año de 1914 llegó a radicar a esta ciudad de Guadalajara la familia Vargas González... te los mostraré uno a uno tal como vivían y se les conocía en el año 1927. El padre de familia: Dr. Antonio M. Vargas, quien radicaba en Ahualulco; la madre: doña Elvira González de Vargas, quien vivía en [la calle] Mezquitán 405, en Guadalajara; (los hijos e hijas del matrimonio): Maria (la Nina), recibida de corte [y confección] de ropa; Antonio (Toño), procurador en el Estado de Colima; Francisco (Pancho), doctor en medicina, quien estaba casado y vivía en su casa; Guadalupe (Lupe), química farmacéutica, quien tenía y cuidaba su propia botica, &amp;quot;EI Tepeyac&amp;quot;, situada en la esquina de la misma casa; Jorge, empleado de la Compañía Hidroeléctrica; Florentino (Chicho), estu¬diante de leyes; Ramón (el Colorado), estudiante de medicina; Clara (Clarita), quien estudiaba para profesora normalista en un internado de Puebla; José, quien vivia en los Estados Unidos de América; Ignacia (Nacha), quien ayudaba a su madre en los quehaceres de su casa; Maria Luisa (la Nena), la más chica de la familia y autora de este relato, quien cursaba el quinto año de instrucción primaria”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 629-630.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa será la única sobre¬viviente de los hermanos carnales a la fecha del proceso diocesano sobre el Martirio de sus hermanos.Esta familia numerosa y con raíces fuertemente cristianas dará a la Iglesia dos mártires: Jorge, el quinto de los hijos, y Ramón, el séptimo. Habría podido haber dado incluso tres, ya que Florentino, el sexto, por ese misterio insondable de la Providencia,  fue soltado por los verdugos en el último momento, al considerarlo erróneamente demasiado joven, más joven que su hermano Ramón, que era en realidad el menor de los hermanos detenidos. Hoy, las reliquias de los dos hermanos Mártires Jorge y Ramón reposan en el crucero izquierdo, cerca del presbiterio y del altar mayor, de la Iglesia parroquial de Ahualulco, donde habían nacido y se habían criado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A su lado, en dos nichos hermanados, descansan los restos mortales de sus padres. Todo allí habla elocuentemente de esta historia de testigos vivos de Cristo. No lejos de la hermosa Iglesia parroquial se encuentra el solar donde surgía la amplia casa familiar donde el papá de la familia, el Dr. Antonio Vargas tenía también su consulta médica y se desvivía con ánimo cristiano por los enfermos de la localidad. Entre los miembros de la familia Vargas destaca el obispo don Francisco Melitón Vargas, que fue rector del seminario de Guadalajara, y luego primer obispo de Colima y más tarde de Puebla de los Ángeles en 1888&amp;lt;ref&amp;gt;Vargas y Gutièrrez Francisco Melitón (1823 1896), nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, y murió en la ciudad de Puebla. Ordenado sacerdote en 1850, llegó a ser canónigo lectoral de la catedral tapatía, catedrático y rector del seminario. Electo primer obispo de Colima el 15 de marzo de 1883 por el Papa León XIII, fue consagrado en la catedral de GuadalaJara el 27 de mayo y entró en su sede el 27 de junio de ese mismo año. Sería trasladado a la diócesis de Puebla en 1888.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ciudad de Ahualulco de Mercado (Jalisco) se asienta en la cuenca alta del río Ameca y limita al este con la sierra de Ameca y al oeste de la ciudad de Guadalajara. Ahualulco se deriva de la palabra náhuatl “Ayahualulco” o Ayahualolco que que, según algunos autores, se forma por las voces Olco=Rincón, Yahualli=Coronado y Atl=Agua)- que se traduce como &amp;quot;rincón coronado por el agua&amp;quot;, “lugar coronado de agua” o “lugar que rodea el agua”, &amp;quot;donde hace remolino el agua&amp;quot;. La población es rica en historia y cultura, caracterizada por sus orígenes prehispánicos y luego por sus profundas raíces cristianas, tras su evangelización por parte de los franciscanos. De hecho su nombre original,  una vez constituida la ciudad por obra de esos misioneros se llamaba San Francisco de Ayahualolco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==JORGE VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1899; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Nació en Ahualulco el 28 de septiembre de 1899. El recién nacido fue bautizado el 17 de octubre, en la parroquia de Ntra. Señora de Ahualulco por el sacerdote Don Sabino Álvarez, con el nombre de Jorge Ramón, aunque durante su vida utilizó únicamente el primero&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 13), 493.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fueron sus padrinos el sacerdote Don Mauricio Carrillo, maestro de ceremonias de la Catedral, y la señorita María Concepción González.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los Vargas González eran gente acomodada que gozaba de una buena situación económica. Podría ser catalogada entre las familias de abolengo criollo, donde se respiraba un ambiente sano y cristiano en el que los hijos recibían una esmerada formación&amp;lt;ref&amp;gt;En ello coinciden todos los testigos: cfr. Summ., Proc., D, Test. 11, 127, § 336; Summ., Proc., D, Test. X, 140, § 373.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Jorge bebió así desde su infancia los valores humanos y cristianos de aquella tradición. Asistió, como todos sus hermanos, a la escuela parroquial y recibió la primera comunión en Ahualulco. Quiénes los conocieron lo describen como un joven reservado, pero cordial, piadoso y servicial siempre con todos. Profundamente cristianos, Jorge, como sus hermanos, pertenecía a una asociación  católica llamada “los Luises”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. X, 116, ad 5; Summ., Proc. C, Test. VI, 111, § 290;  Proc. C, Test. V, 110, ad 5; Summ., Proc. C, Test. XIV, 124, § 328.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Era, se puede decir, un joven normal, como los de su generación; le gustaba, por ejemplo y como a muchos jóvenes de su edad el deporte, sobre todo el béisbol&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268; Proc. C, Test. V11, 112, ad 5; Proc. C, Test. XIV, 124, § 327.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''En Guadalajara'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una familia acomodada como la de los Vargas González, podía permitirse cambios de domicilio para dar una mejor educación a los hijos. Por aquel entonces, Ahualulco no ofrecía escuelas o instituciones de enseñanza superior para los planes que la familia tenía sobre sus hijos. Por ello en 1914 la familia decidió trasladarse a Guadalajara. Allá se fueron la madre Doña Elvira y todos los hijos, mientras que el padre Don Antonio se quedaba en Ahualulco para continuar con su profesión médica y dirigir sus negocios. En Guadalajara se domiciliaron en una amplia casa de la calle de Mezquitán. Jorge tenía entonces 15 años y Ramón nueve y por ser pelirrojo todos le llamaban cariñosamente con el sobrenombre de ''Colorado.''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Guadalajara Jorge estudió secundaria y preparatoria, y después consiguió trabajo como empleado en la Compañía Hidroeléctrica. Nadie, por aquel entonces, hubiese podido imaginar que el joven empleado bien pronto se iba a convertir en un mártir de la fe católica. Le gustaba la caza; era servicial y caritativo con los más pobres; tenia una novia con quien pensaba casarse; se llevaba muy bien con sus padres y hermanos; era cordial con todos; fiel en su trabajo; amante de la Iglesia; iba con frecuencia a Misa y a confesarse; era devoto de la Virgen, especialmente bajo la advocación de Guadalupe; incluso rezaba el rosario todos los días. Estos son los trazos que los parientes, amigos y cuantos lo conocieron nos dan de Jorge. Son rasgos comunes a muchos jóvenes católicos de su generación&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. I, 102, § 268&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así lo recuerda su hermana más pequeña María Luisa en su declaración en el Proceso de Martirio: ''“Era de clase media alta, Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente. [ ... ] Era dócil a sus superiores y le gustaba la cacería. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliaci6n y Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el santo rosario. Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaban ordinariamente de sus estudios. Perteneció a la A.C.J.M. Estudió secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenia una novia con quien pensaba casarse”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. III, 105 106, § 274 y § 275.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Miembro activo de la A.C.J.M.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jorge ingresó muy pronto como miembro activo en la recién fundada Asociación Cató1ica de Juventud Mexicana. Como muchos jóvenes cató1icos participó con convicción y fuerza, incluso arriesgando a diario su vida, en las inquietudes de quienes miles de jóvenes católicos mexicanos que no se amedrentaban ante el flagelo de la persecución religiosa. Siempre estuvo dispuesto a todo por defender su fe y ejemplos de coherencia en su familia no le faltaron, pero por encima de ellos lo impulsaba sin duda el fuerte testimonio de su madre. Como recuerda su hermana “manifestaba que estaba primero a morir que a traicionar el amor de Dios”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C. C, Test. III,  107, § 280.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ. (Ahualulco, 1905; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ramón nació en Ahualulco el 22 de enero de 1905&amp;lt;ref&amp;gt;Cfr. Summ., Doc. Personales, 16), 494.&amp;lt;/ref&amp;gt;, y ese mismo día fue bautizado en la iglesia parroquial por el sacerdote Julián Ruiz Velasco, recibiendo el nombre de ''Ramón Vicente'', pero durante su vida únicamente utilizó el primero de éstos. Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, Ramón continuó sus estudios y al terminar la preparatoria ingresó en la universidad, en la Escuela de Medicina, siguiendo los pasos vocacionales de su padre y de su hermano Francisco. Allí destacó por su dedicación a los estudios, su buen humor, su camaradería para con todos y su bien definida y clara identidad de cató1ico practicante. Fue, como sus hermanos, miembro activo de la A.C.J.M. Su fe cristiana estaba por ello bien cimentada; para él la participación asidua a los sacramentos de la confesión y de la Eucaristía, así como el rezo diario del rosario entraban totalmente en sus hábitos de cristiano practicante. Nos lo recuerdan los testigos, que lo trataron, en el Proceso de martirio cuando afirman que: “''Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico”; “una gran fe, bien cimentada”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. Ill,  13 1, § 348; Summ., Proc., D, Test. 11,  127, § 336.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermana María Luisa declaraba de manera lacónica en el Proceso sobre su martirio: ''“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Tenía sus amistades en la facultad de medicina. No eran amantes de consumir alcohol. Amante de la paz. Frecuentaba los sacramentos. No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo, optimista, alegre. Rezaba el santo rosario”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. III,  130, § 342.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un joven respetuoso con las mujeres, centrado en sus cosas, equilibrado y caritativo con los más necesitados: son cualidades que los testigos, independientemente los unos de los otros, apuntan al describir el carácter del joven Ramón&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc., D, Test. IX,  139, § 370; Proc., D, Test. III,  13 1, § 348.&amp;lt;/ref&amp;gt;. En una palabra, Ramón tenía una buena y cordial relación con sus padres y maestros; era, lo que se dice, un muchacho sano y sin vicios, que le gustaba el estudio, las amistades y el deporte; de hecho practicaba especialmente el básquetbol que se le facilitaba por su estatura; le gustaban también los juegos de mesa. Su preocupación por los más necesitados la muestra bien pronto, pues ya como estudiante de medicina le gustaba prodigarse por los menesterosos sin cobrar por ello un peso. El joven Ramón criado así en un ambiente de clara fe católica, encontrará normal acoger en su vida a cuantos se veían perseguidos por la fe católica, y en su momento daría él mismo la vida por ella.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''La casa de los Vargas González,  refugio de sacerdotes perseguidos'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Desde que el episcopado mexicano ordenó cerrar el culto público en julio de 1926, muchos hogares cristianos abrieron las puertas de sus casas y de sus corazones a los sacerdotes perseguidos. Los Vargas González no fueron la excepción. Acogían a los sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas arriesgando así “ ''vidas y haciendas''”. Entre ellos hay que recordar al sacerdote Lino Aguirre García, futuro obispo de Culiacán&amp;lt;ref&amp;gt;Diócesis erigida por León XIII en 1883 con el nombre de Sinaloa, adoptó el nombre de Culiacán en 1959. Don Lino Aguirre García fue nombrado su obispo (el séptimo) en 1944.&amp;lt;/ref&amp;gt;, que se refugió en la casa de los Vargas González en 1926. María Luisa, llamada cariñosamente “La Nena”, recuerda aquellos momentos: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Era el mes de julio de 1926. El Callismo había decretado la restricción de cultos, los templos cerrados, las campanas silenciosas, los sacerdotes escondidos huyendo de aquí y allá, ellos no podían vivir en sus domicilios, fue así como les buscaban sus familiares casas de familias cristianas que quisieran hospedarlos; y así llegó a Mezquitán 405, el padre Lino Aguirre (después obispo de Sinaloa), su juventud, su carácter alegre y jovial, su sencillez y rectitud hicieron que bien pronto fuera como algo de nuestra familia, bromeaba, platicaba con todos, jugaba frontón conmigo que era entonces una niña y aunque con las penas propias de una persecución a Cristo vivíamos tranquilos. La vida transcurría calladamente ocultando él su sacerdocio y diciendo misa en el último rincón de la casa, fue por eso que mis hermanos lo apodaron “san Lino”. “San Lino” iba cada ocho días a cumplir con su comisión que le había asignado el obispado, estaba encargado de una casa conventual. Todos los viernes lloviera o tronara salia en su bicicleta, en pantalón de mezclilla y con su camina de obrero, abandonaba la casa a las cuatro de la tarde para regresar a las ocho de la noche [ ... ] Después de varias salidas, Jorge, que era su compañero de cuarto, le dijo: &amp;quot;No está bien san Lino que se vaya usted solo, le puede pasar algo, desde hoy yo seré su guardaespaldas&amp;quot;. Una sonrisa franca y abierta fue la contestación de consentimiento a tan bondadoso ofrecimiento y desde entonces Jorge se venia pronto del trabajo; se alistaba rápidamente y para las cuatro de la tarde, en overall y mangas de camisa salía en su poderosa bicicleta custodiando a san Lino. “Vámonos con las pecadoras, san Lino”, y san Lino repetía: Vámonos”. “Son tan pecadoras que cada ocho días partimos y duramos toda la tarde”. “Ja, ja, ja”. Contestaba san Lino por toda respuesta, cruzando el pasillo, y Jorge lo seguía a una distancia y así ocurría un día si y otro también, cada ocho días, no había excepción”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Documento XXVII,  630: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero el P. Lino tuvo que irse pronto para no levantar sospechas. Un buen día con tristeza les anunció su partida: “''Varios meses habían transcurrido durante lo cuales san Lino vivió con nosotros, pero un día estábamos en el comedor, toda la familia Vargas González que entonces vivíamos en Mezquitán 405: mi mamá, tres hermanos, tres hermanas y yo; merendábamos con alegre algarabía propia de una familia numerosa y feliz. Llegó san Lino, calladamente, ocupó la cabecera y su silencio nos hizo enmudecer; no era natural; algo iba a anunciar. Hubo un silencio aún más profundo; nos miramos; san Lino nos miró también para decir: « EI domingo me voy, tengo que cumplir una nueva comisión que me ha asignado el obispado; me voy a la barranca a asistir ahora a los seminaristas». Un rayo en seco, no hubiera sido, tan fatídico para toda la familia como semejante noticia; todos sentimos que se nos iba el sacerdote, el amigo, el hermano. Yo me atreví a preguntar: «Y, ¿se va a estar mucho?». «No lo sé, tres o cuatro meses, quizá un año; tal vez no vuelva». Jorge se adelantó: «Usted, san Lino, no se va solo, yo lo acompañaré hasta donde el secreto me sea permitido dejarlo». «Si, dijo mi mamá, acompáñalo Jorge», y luego añadió dirigiéndose a san Lino: «Aquí siempre tendrá esta casa a sus órdenes».”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  631.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Los Vargas González esconden a Anacleto González Flores'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya entrado el año de 1927, doña Elvira González recibió en su hogar a  Anacleto González Flores, columna vertebral de la resistencia cató1ica en Jalisco. Por ello la policía lo buscaba y le daba caza con ahínco. Los Vargas González sabían muy bien a lo que se exponían escondiéndole en su casa. Sin embargo asumieron aquella decisión con responsabilidad y conciencia total. Muy pronto significaría para ellos persecución, cárcel y muerte como mártires para Jorge y Ramón. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A Anacleto ''“Lo llevaban de la casa en donde estaba para trasladarlo a una casa por las colonias, cuando al cruzar Herrera y Cairo y Moro (hoy Federalismo), el coche sufrió un desperfecto; se paró. ¿A dónde ir?, los ocupantes temblaron, ¡si nos agarran aquí...! «No, no, por aquí cerca, una casa segura, ¿dónde?, ¿dónde?». Alguien dijo: «Ahí en Mezquitán viven los Vargas»  «Ahí, ahí», dijo don Nacho Martínez que era quien lo cambiaba. A pie fue conducido el jefe a su nuevo hogar. Al llegar con él, mi mamá, mi Nina y Lupe que ahí estaban se miraron asombradas y le abrieron las puertas de par en par. Por la noche cuando nos reunieron a cenar, todos nos dimos cuenta de lo acontecido. Anacleto, el Maestro, estaba en casa y se iba a quedar con nosotros por algún tiempo. Ya habíamos tenido en casa a virios sacerdotes y a grupos pequeños de seminaristas, pero nunca al jefe de los cristeros; la responsabilidad de alojarlo era enorme; pero imposible cerrarle las puertas, ¡eso nunca! Nadie protestó; la reunión fue breve; no hubo discusiones ni presentaciones; todos conocíamos al Maestro; así es que aceptamos gustosos la acogida que mi madre le brindara. Poco a poco la elocuencia, la verba y la fe del Maestro se fue adueñando de nuestros corazones.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  632.&amp;lt;/ref&amp;gt; &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Sin embargo ninguno de los hijos de los González Vargas se vio implicado en la campaña militar o tomaron las armas, como concuerdan los testigos en los Procesos de martirio: Jorge ''“no tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la religión cató1ica. Jorge era consciente del peligro que corría su vida”'', recuerda un vecino suyo en Ahualulco&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C, Test. XII (Octaviano Navarrete Yáñez, sastre de profesión),  120, § 315. Declarará que lo mataron simplemente “por odio a la fe católica”.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La familia Vargas González vivía una vida de trabajo honrado y una vida de fe católica convencida. En estos sentidos la vida de la familia transcurría normalmente. Sin embargo vivían aquella fe con todas sus consecuencias. Ello fue lo que les hizo acoger en su casa al amigo Anacleto González Flores. Anacleto, como lo habia hecho el Padre Aguirre, compartía también la recámara con Jorge. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Muy pronto ''el Maestro'' Anacleto advirtió las grandes cualidades de Ramón, quien tenía entonces 22 años de edad y cursaba ya el cuarto año de medicina. Anacleto le propuso ir a los campamentos de los cristeros para atender a los heridos. Ramón con gran franqueza le dijo que no. No por falta de valor sino porque estaba convencido de que el camino de las armas, por muy justo que fuese, no iba a resolver los grandes problemas de los derechos y de la libertad de los católicos. También Anacleto lo sabia, pero le parecía que una vez invocado aquel camino había que ir adelante. Todos se daban cuenta de que aquellas difíciles y complejas decisiones podían provocar una mayor espiral de violencia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un extraño presentimiento turbó el ánimo del ''Colorado'' la víspera de su detención y martirio; así lo confesó a su amigo Rodolfo Pérez, compañero de estudios y de su mismo equipo de básquetbol, después del partido de básquetbol que jugaron por la tarde del jueves 31 de marzo de 1927. Rodolfo le propuso que se quedara a dormir esa noche en el hospital, pero por no preocupar a su madre y a sus hermanos que estaban al pendiente si no llegaba, Ramón decidió irse a su casa, máxime que no existía un motivo concreto para temer. Sin embargo aquella casa estaba ya bajo las sospechas de la policía. El domicilio de los Vargas González en Guadalajara era ideal, por su ubicación, para esconder a sacerdotes y a otros católicos; se extendía hasta la encrucijada de dos calles, y en la esquina la familia regentaba una botica que disimulaba la salida y entrada continua de la gente, y por ello la presencia constante de católicos comprometidos con la resistencia, que acudían a informar y pedir orientación a González Flores. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Por la farmacia El Tepeyac, que era la botica que atendía mi hermana Lupe, tenían acceso todos los que querían tatar asuntos con Anacleto. Así nadie se daba cuenta del movimiento, ni de entradas ni de salida. Sin embargo, no faltaban preocupaciones; un día catearon la casa de la contra esquina. Se le avisó a don Nachito Martínez, un viejito listo como una ardilla y a los tres días llegó a la casa para llevarse a Anacleto: «Señora, dijo clavando sus ojitos saltarines, es preciso llevármelo; hay peligro; mucho peligro». Y Anacleto se despidió con la tristeza reflejada en su rostro. Habían pasado unos ocho días; lupe, mi hermana, estaba tranquilamente sentada cuidando su botica, cuando entra por sus proios pies un señor barbudo, vestido con pantalón de mezclilla. «!Don José!»  [era el nombre que había adoptado Anacleto], «Chist, chist», contestó él poniendo el índice sobre sus labios y traspsando rapidamente las puertas hasta llegar al corredor de la casa. «!Mamá, mamá, mira quién está aquí!»''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Soy yo, señora, me he venido a esta casa porque es el único lugar donde puedo moverme a mis anchas». ¿Cómo?, preguntó mi mamá. «Sí, en donde quiera que estoy me tienen encerrado en un cuarto oscuro, no puedo ni ver la luz del sol». «Pero, ¿es posible eso?». «En ninguna parte me quieren, todos tienen un miedo que ya». «Pase, don José, pase». «Mire, señora, ne le vaya a deciur a Concha mi esposa, si viniere, porque por seguirla a ella me pueden coger a mi». «No tenga pendiente, así se hará». «No crea que me voy a estar mucho tiempo, de aquí me voy para el cerro, porque en ninguna parte me quieren». «No, por nosotros no se preocupe, ésta es su casa¡». Y nuevamente Anacleto vino a formar parte de nuestra familia; se le acogió cariñosamente para ayudarlo”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, p 632-633: M. L. VARGAS GONZÁLEZ, Yo fui testigo.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El Viernes Santo de los Mártires==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El viernes l° de abril, en las primeras horas de la madrugada, llamaron a la puerta de la casa de la familia Vargas González solicitando un medicamento y Ramón lo atendió por la ventana de la botica. Momentos más tarde, con  golpes más fuertes y persistentes volvieron a llamar, anunciando que traían orden de cateo. Salió Florentino que estudiaba Leyes y conocía a mucha gente del Gobierno, pero en cuanto entreabrió la puerta fue amagado con una pistola y los esbirros se apoderaron del zaguán para introducirse inmediatamente en la casa, la cual se encontraba ya totalmente sitiada por los muros y azoteas. El que dirigía la maniobra era Atanasio Jarero, jefe de la policía del Estado de Jalisco.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya para esos momentos toda la familia se encontraba despierta. Los policías detuvieron a todos los presentes a punta de pistola. Enseguida comenzaron a catear todos los rincones de la casa. Toda la familia fue detenida, incluyendo a los huéspedes y a los sirvientes. En el ambiente se presentía una inminente tragedia y aunque muy indignados por el agresivo comportamiento de los policías, Ramón y sus hermanos mantuvieron la calma. Leámos el testimonio directo de la hermana menor de los mártires, presente en aquellos dramáticos momentos y también detenida con toda la familia: &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“A las 5 de la mañana tocan a la ventana de Herrera y Cairo y después a la puerta de Mezquitán. «¿Qué se les ofrece?», pregunta mi mamá que ya se había levantado como de costumbre, pues diario a las 4 de la mañana ya estaba rezando el rosario. «Queremos una medicina», contestó la voz desde afuera'' [...]. ''«Ramón», suplicó mi mamá dirigiéndose hacia donde dormía Ramón; «ven que quieren una medicina». «Diles que no, mamá; ya ves llegué noche y estaba estudiando». «¡Pobre gente!; sabe qué querrán». «Bueno, voy a ver». «Pero no vayas por la puerta; ve por la ventana; no te vaya a pasar algo».''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  634.&amp;lt;/ref&amp;gt;''“Para esto, ya los secretas al mando de Atanasio Jarero habían es¬calado los muros para sitiar la casa y darse cuenta de su posición. ¿Qué quieren?, preguntó Ramón desde dentro. «Una inyección de alcanfor». «Aquí está», dijo Ramón recibiendo las dos monedas, mismas que encontró Lupe después de los acontecimientos cuando fue a abrir la casa. Nuevos toques en el zaguán de la casa; ahora más fuertes y seguidos. Sale nuevamente mi mamá. «¿Qué desean?». «Señora, abra la puerta en nombre de la ley; traemos orden de cateo». ”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  635.&amp;lt;/ref&amp;gt;''Florentino Vargas está junto a su madre y pregunta: “¿dónde está la orden de cateo?. «Ésta es» , dice uno sacando la pistola (era Graciano Ochoa), seguido de Ata¬nasio Jarero. «No hay más de qué hablar» , Florentino abre la puerta y muy pronto la casa de llena de secretas.”''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Detención de todos los habitantes de la casa de la familia Vargas==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras registrar la casa y sufrir vejaciones y sobresaltos, toda la familia fue detenida por los subordinados del jefe de la policía de Guadalajara, que dirigió personalmente la operación. Continúa la hermana de los Mártires, María Luisa: ''“Mi mamá corre a la puerta donde está Anacleto y dice: «Don Jo¬sé, don José, ya están aquí, brínquese por la huerta del corral, apresúre¬se». Anacleto está visiblemente perturbado, no atina a decir ni a hacer nada. «Pero, mamá, dice Jorge (compañero de cuarto de Anacleto) si ya están ahí» ,  [...] dijo señalando a un secreta que apostado en el muro que dividía el primer patrio del segundo apuntaba hacia abajo pistola en mainterroga Florentino. «Si, a todosno...'' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''«Sabe, don José, agrega Jorge quien tenía muy buena puntería, mejor saco mi pistola y de un balazo tumbo a ése, para que usted pueda escapar».  «No, se atreve a contestar Anacleto, no, no» y ayudado por mi mamá va a salir. (…) Una voz fuerte grita desde arriba: «¿Adónde va usted?, si da un paso más adelante lo mato» . Ana¬cleto retrocede y va a esconderse debajo de la mesa del comedor que no tiene carpeta ni nada, está completamente descubierta. Entra Jarero al comedor, se agacha, coge al Maestro de la peche¬ra del pantalón lo jala, enderezándolo lo sacude un poco y agrega: ¡Éste es!, y diciendo esto, comienza cl cateo, abren cómodas y cajones, regis¬tran acá y allá. Anacleto traía las manos empuña¬das, fuertemente apretadas, entonces se acerca un secreta y le pregunta: ¿Qué trae en esa mano?. «Nada», contesta el interrogado. ¿Cómo que nada?, agrega el hombre. El Maestro abre su mano pálida, muy pálida, en ella guardaba como mil pedacitos de papel, probablemente una carta destruida en pequeñísimos fragmentos. ¿Qué es esa carta?. «No sé, es una carta de esta familia», contesta Anacleto. «¿Sí?, ¡hable!», presiona el otro golpeando al Maestro en el hombro con la cacha de la pistola y añadiendo: «Ya hablará» . En esto se acerca Ramón y le dice al golpea¬dor: «Lo que es al Maestro no le pega; lo que tenga que ver con él avén¬gaselas conmigo» . «También para usted tengo», dijo el sujeto volviéndo¬se hacia Ramón para golpearlo igualmente en el hombro [...]. La casa de Mezquitán es un batidillo aquel 1° de abril de 1927; sus moradores estamos temerosos y seguros de que se nos ave¬cina una tragedia. « Pero, Sr. Jarero, ¿también a mi mamá se la va a llevar?», interroga Florentino. «Si, a todos»”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ya en la calle, antes de partir hacia la inspección de policía, debido al tumulto reunido junto a la casa de los Vargas González,  y a que los rasgos físicos de Ramón lo distinguían del resto de sus hermanos, pudo pasar en medio de los policías sin que éstos lo advirtieran; era la oportunidad de oro que se le ofrecía para escapar; pero al llegar a la esquina de la calle lo pensó y dio vuelta atrás para unirse al grupo y ser así apresado y vejado: ''“Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico un poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en cl problema y él escaparse; por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III,  130, § 344.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Un secreta que estaba custodiando dizque la puerta de entrada y había presenciado todo, sin duda cae en la cuenta de lo ocurrido, con¬vencido de su ineficacia y colérico consigo mismo, recala con el Colorado (Ramón) a quien luego que hubo traspuesto cl zaguán le da un tremendo empujón haciéndole que pegue contra el filo de la pared para abrirle el labio superior que sangra.(…) luego partimos, y después en otro carro parten todos los hombres, a nosotras nos dejaron en la presidencia municipal. A Anacleto lo dejan en la misma inspección (ahora palacio municipal); a los Vargas los conducen al Cuartel Colorado, a Feliciano Estrada y a un mozo de nosotros de toda la vida, Bernardino Vega, también a la inspección, pero separados de Anacleto”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 636-637; también: Proc. A, Test. II,  11, § 18 (es la misma testigo María Luisa).&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las mazmorras policiales==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Todos los detenidos fueron llevados a los calabozos que la policía tenía en varios edificios de Guadalajara, auténticas mazmorras, húmedas, inmundas y malolientes. Flo¬rentino Vargas, testigo ocular, compañero de detención y de prisión de sus dos hermanos mártires, en narración recogida por su hermana María Luisa, dice: ''“De Mezquitán nos llevaron al Cuartel Colorado cerrándonos a los tres en un cuarto. Como una hora después de que nosotros llegamos, oímos rechinar de cerrojos; nos asomamos por las rejas de la puerta y vimos que en el cuarto de enfrente, encerraban a Anacleto'' [González] ''y a Luis'' [Padilla]; ''sólo nos separaba de ellos el pasillo de la entrada, así es que veíamos y apreciábamos perfectamente todos sus movimientos: Luis se sentó, quedando casi enfrente de nosotros y el Maestro con los brazos hacia atrás se paseaba nerviosamente de un lado a otro del calabozo.”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII,  642.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
María Luisa narra lo ocurrido con las mujeres detenidas: ''“Cuando entramos al calabozo, una pieza como de unos tres metros cuadrados, había allí varias personas: la mamá y las hermanas de Luis Padilla'' [otro de los Mártires], c''uya casa habían cateado según eso a las dos de la madrugada; la esposa de don Nacho Martínez, cuya casa catearon después, quien se escapó brincándose por la azotea a la casa vecina, resguardado por la sombra que a la luz de la luna proyectaba y, untado el viejito en la pared, no pudo ser visto por sus perseguidores'' [por más esfuerzos que hicieron para capturarlo no pudieron conseguirlo y se salvó, sus tres hijos jesuitas, sin duda alguna, rogaban constantemente por él]. ''Una señora Maria Luisa [Me parece que se apellidaba García España] y sus dos hijos pequeños, un niño y una niña como de 4 y 8 años respectivamente; ella estaba allí porque en su hogar habían hallado a un sacerdote diciendo misa [...]”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==María Luisa (la Nena) logra escaparse confundida con otros==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
“A'' las once de la mañana entra un hombre además del guardián del calabozo y dice: ‘«La Sra. Maria Luisa García España y sus hijos están en libertad, pueden irse». «Ándale, Nena; me empuja dulcemente mi Nina [su hermana mayor María]; corre con ellos». «Sí, sí, agrega Lupe'' [la otra hermana], ''salte como hija de la señora; pero no vayas a correr cuando te veas en la calle; te vas a Pedro Loza [una de las calles]; ahí avisas a las tías, a Pancho González Núñez'' [que entonces era magistrado] ''y a ver que se puede hacer». Yo me resisto, no quiero salir sola, máxime que la señora mencionada coge a sus hijos, uno de cada mano y yo quedo rezagada; pero al fin me atrevo; el joven calabocero me empuja hacia afuera y un intruso me intercepta a paso preguntándome: ¿Cómo te llamas? «María Luisa» , contesto yo. ¡Ah! y me deja pasar. Salgo por una puerta que había por la calle de Independencia y al llegar a la de Pedro Loza corro como un gamo; no volteo ni me detengo en las bocacalles y así a fuerza de carrera, como si me viniera persiguiendo un tropel de soldados, llego a la casa de'' [la calle de] ''Pedro Loza 313 donde vivían mis tías y Pancho mi hermano, en otra ala de la casa que era muy grande”.''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 637-638.&amp;lt;/ref&amp;gt;  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así la pequeña testigo logró escapar y salvarse. Continúa su narración: “Nos llevaron presos a todos, «Y los hombres, tus hermanos, ¿dónde están?». «No sabemos, no lo hemos sabido».‘«Sabes, ahora mismo me acompa¬ñas, voy a hablar con Ferreira a tramitar un amparo» , le dijo su hermano Pancho. Y tomándome de la mano salimos de Pedro Loza para dirigirnos al edificio que actualmente ocupa la XV. Zona militar. Pancho entró sin ninguna dificultad al interior del recinto. No hizo antesala, pues inmediatamente pasó a un gran aposento. Yo permanecí afuera esperándolo; no me dejaron pasar... Salió como a eso de las dos de la tarde. «Conseguí el amparo», me dijo sonriendo [efectiva¬mente, el amparo llegó, según supimos, pero ya era tarde; los mucha¬chos ya habían muerto]. ‘Pero, ¿dónde estarán tus hermanos?, ¿dónde?, ¿en dónde?, ¡si tan sólo eso pudiéramos saber!’”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 638.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los tres hermanos Vargas González, Jorge, Ramón y Florentino, fueron conducidos junto con Anacleto González Flores al Cuartel Colorado. El médico José Robles Martínez, vecino y amigo de los Mártires resume laconicamente los hechos de aquel día así en el Proceo del martirio: “Pensaba la gente que los habían llevado a la inspección de policía, pero los llevaron al Cuartel Colorado. EI jefe de operaciones militares era un tal Ferreira, muy sanguinario. Estuvieron prisioneros algunas horas. Como a las cinco de la mañana los tomaron presos y ese mismo día los fusilaron. Ni siquiera les ofrecieron la libertad, porque sabían que no renegarían de su fe&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. C Test. XIV,  125, § 33 1; Proc. C Test. III (su hermana María Luisa),  106, § 278.&amp;lt;/ref&amp;gt;.”  Las mujeres detenidas serían puestas en libertad por la tarde; probablemente cuando ya habían martirizado y asesinado a los Mártires.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La hora de la ejecución llegó antes de lo imaginado; como normalmente acaeció y acaecerá durante la persecución religiosa en México donde los ejecutores del Estado se dieron siempre prisa para ejecutar sus planes, saltando toda norma y apariencia jurídica, incluso de simulacro de proceso legal. También aquí el tiempo les apremiaba y les urgía matarlos cuanto antes. En un rasgo hipócrita de piedad y que habla por sí sólo, el General. Ferreira, responsable militar y policial, ordenó que fuera separado el menor de los tres hermanos Vargas González. El menor era Ramón de apenas 22 años. Esta fue la segunda magnifica oportunidad que tuvo para escapar de la muerte, del martirio. No la quiso. Hizo pasar por hermano menor a Florentino  para beneficiarle de aquel “indulto”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Proc. D, Test. III (la hermana de los mártires María Luisa),  13 1, § 345.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  El mismo Florentino dará testimonio de lo sucedido en ese momento crucial en un diálogo familiar recogido por su hermana María Luisa a los pocos días de sucedidos los hechos:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Chicho (Florentino) continúa: Así permanecimos platicando y bromeando un buen rato, cuando se acercó un soldado y yo le pregunté: &amp;quot;Oye, ¿nos matarán?&amp;quot;. &amp;quot;No, ¡qué va!, contestó el interpelado, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso&amp;quot;. Pero a los pocos minutos llega otro soldado y dice: &amp;quot;Levántese de entre éstos el más chico&amp;quot;. Ramón (el de menos edad) se pone de pie y contesta: &amp;quot;Éste es el más joven. Levántate tú, Narciso&amp;quot;, (así le llamaba a veces de cariño); me empuja y yo permanezco parado; entonces el soldado coge a mis hermanos y los saca fuera del calabozo, yo quedo solo; me asomo al cuarto de enfrente y veo que también se llevan a Anacleto [González Flores] y a Luis [Padilla Gómez]; estoy seguro que en esos momentos se llevaron a los cuatro juntos para fusilarlos. ..Después de que hubieron sacado a mis hermanos llegaron unos soldados y me sacaron a mi&amp;quot;. &amp;quot;¿Adónde?&amp;quot;, preguntamos nosotras. &amp;quot;Uno de ellos me dijo: sígueme joven, vamos al panteón de Belén”.... Me bajan haciéndome miles de preguntas acerca de la organización cristera, sobre los lideres, ¡qué sé yo!, a lo que contesté siempre: &amp;quot;No sé nada y si supiera, no se lo diría&amp;quot;. Tras de esto me formaron el cuadro varias veces dizque [dice que] para fusilarme... era nomás para asustarme. Yo insistía: 'Ya les dije que no sé nada...Me regresaron al Cuartel Colorado; yo creo que esto de sacarme lo hicieron mientras, para sacrificar a los muchachos y a Anacleto. Al volver al calabozo, lo encuentro vacío; entonces pregunto enojado: bandidos, ¿qué han hecho con mis hermanos?, a lo que uno contestó: “Ahí están boca abajo para que no se anden metiendo con curas. Eran las tres de la tarde.»&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.   &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y con fuerza concluye Florentino Vargas González: “Pero como quiera que haya sido, yo estoy seguro que murieron como dos valientes, porque ni un momento los vi acobardados y podría apostar que su último grito fue: iViva Cristo Rey!”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Doc. XXVII, 643.&amp;lt;/ref&amp;gt;.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En las últimas horas de vida de los mártires se descubre bien delineada la fuerte decisión con la que vivían su fe católica y la delicada y convencida oblación y en¬trega de sus vidas a Cristo. Tanto Jorge como Ramón, y está claro que lo mismo hay que subrayarlo de Anacleto González Flores y de Luis Padilla Gómez, martirizados juntos en el mismo lugar y día, sabían muy bien a lo que se habían expuesto y a lo que se exponían por profesar sin titubeos su fe católica y por ser activos confesores y militantes de ella.  Su fe católica pública estaba bien definida y todos ellos eran bien conscientes del grave peligro en el que se encontraban por ello; por lo que con ple¬na convicción de su fe y esperanza cristianas supieron afrontarlo sin perder la paz. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La noticia del martirio: llegan los cadáveres de los mártires a su casa&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«La noticia de la muerte de los Vargas se extendió como reguero de pólvora por toda la ciudad de Guadalajara y muy pron¬to la casa se vio llena de parientes, amigos, compañeros de los mucha¬chos, conocidos y demás; no había curiosidad en los semblantes, más, bien sombra de tristeza en unos, mezcla de asombro, dolor y enojo en otros, pero todos acudían a darles el postrer saludo a sus compañeros y amigos que a las ocho de la noche llegaron en sendas cajas, todavía bor¬botando la sangre del pecho de Ramón, por lo menos así me pareció a mi. Pero grande fue la sorpresa de todos nosotros cuando nomás llega¬ron dos cadáveres debiendo ser tres. 'Y el otro, ¿dónde está?', preguntó mi mamá. No hubo respuesta alguna.“Seguramente lo enterraron ahí donde lo mataron, como era tan hablador...&amp;quot;, argumentó la madre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Carolina González Núñez limpió los cadáveres, pero no los exa¬minó en lo absoluto; mi mamá no había querido. Jorge no llevaba zapa¬tos, le quitaron un crucifijo que traía en la mano junto al pecho. Ramón tenía el pecho levantado y la mano derecha doblada haciendo la señal de la cruz. Llegaron mis tías González y una de ellas lloraba en forma exa¬gerada; entonces mi mamá la calmó: &amp;quot;No, cállate, cállate, Clara, ¿qué es, eso? Acuérdate que nuestra misión como madres es llevar a los hijos al cielo y yo ya tengo tres&amp;quot;, (pensaba que Florentino también había muer¬to)...A las diez de la noche, Lupe se acercó a mi mamá para decirle: &amp;quot;Mamá, mamá, ven, aquí está Florentino, anda, sal a recibirlo&amp;quot;. La ma¬dre sale precipitadamente de la sala donde estaban sus hijos muertos y corre al encuentro del hijo que había perdido y al verlo entrar lo abraza diciéndole: &amp;quot;¡Ay, hijo!, ¡qué cerca estuvo de ti la corona del martirio; debes ser más bueno para merecerla!&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Profundas lágrimas de dolor de Chicho sellan en silencio la dulce queja de dolor de la madre a quien abraza conmovido y luego pregunta: “Y el Colorado, ¿dónde está”. Mi mamá lo toma de la mano y lo lleva hasta la sala en donde están sus hermanos y é1 afligido y lloroso se abraza a la caja de Ramón diciendo entre sollozos que no puede contener: &amp;quot;¡Ay, Colorado, mejor hubiera muerto yo que tú!, no voy a poder llevar la vida sin ti”».&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Veneración de todo un pueblo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
«Pero los Vargas no han estado solos. Durante toda la noche ha desfilado frente a ellos multitud de personas, no sabemos cuántas, tal vez cientos, quizás miles; todos llegan a rendir homenaje a los caídos. Muestras de cariño unos, tristeza muchos, admiración los otros, 1ágrimas las mujeres, consternación los niño [...]..En Ahualulco de Mercado, pueblito situado cerca de Guadalajara y en donde nacimos todos, reside el Dr. Vargas, quien se ha quedado ahí para acompañar a sus hermanas. Él no sabe nada de los acontecimientos ocurridos en Guadalajara, como por carta nada se podía decir y hace va¬rios meses que no visita a su familia...&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 2 de abril de 1927, mi papá se dirige tranquilamente a la esta¬ción para tomar el tren que lo conducirá a la ciudad. ‘Buenos días don Antonio, ¿a dónde va?’. ‘Voy a Guadalajara porque recibí un telegrama que dos de mis hijos están graves, espero que no sea cosa de cuidado&amp;quot;. El tren es lento, se detiene en todas las estaciones [...]. Así es de que llegaba a Guadalajara ya en la tarde; mi mamá manda una persona para que reciba a mi papá, pero no sé, cosas del des¬tino, no se encuentran y mi papá llega a su casa solo a la hora en que sa¬len los cadáveres y una muchedumbre incontenible rodea la casa y la ca¬lle de Pedro Loza está intransitable. A empujones llega don Antonio al amplio pasillo por donde ahora salen sus hijos en hombros de sus ami¬gos. Lupe, que ha salido hasta el cancel divisa a mi papá que en estos momentos extiende la mano derecha para bendecir a sus hijos que ya parten, corre hacia é1, lo abraza y tomándolo de la mano lo jala suave¬mente: ‘Ven, papá, ven, yo te lo contaré todo, tus hijos están en el cie¬1o’.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Don Antonio enjuga sus 1ágrimas y tranquilo y sereno se deja arrebatar de la multitud por mi hermana, quien lo conduce al interior de la casa para relatarle todos los acontecimientos... Cuando ésta hubo terminado su narración, mi papá exclama: &amp;quot;Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=VILASECA_AGUILERA,_Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa&amp;diff=5157</id>
		<title>VILASECA AGUILERA, José María</title>
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		<updated>2014-06-13T15:54:11Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Barcelona, 1831– Ciudad de México, 1910). Fundador de las Obras Josefinas en México.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
José Jaime Sebastián Vilaseca Aguilera nació en la ciudad de Igualada en Cataluña, España, el 19 de enero de 1831. Sus padres fueron Jaime Vilaseca y Francisca Aguilera, quienes le inculcaron el santo temor de Dios. Recibió las primeras lecciones de parte de los padres de las Escuelas Pías. Tiempo después su familia se trasladó a Barcelona donde tomó algunas lecciones de matemáticas y dibujo con la finalidad de seguir la carrera de mecánico, como era el deseo de su padre, pero su vocación sacerdotal se impuso.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A los dieciocho años de edad ingresó al Seminario diocesano como alumno externo, destacándose tanto por sus virtudes como por su dedicación en el estudio, ya que no se limitaba a leer los libros de texto sino que solía acudir a la biblioteca para consultar otros autores. En 1851, el padre Buenaventura Armengol llegó a Barcelona con la finalidad de buscar vocaciones destinadas a México, país al que había llegado en 1844 para establecer la Congregación de la Misión. El joven José María vio en esta visita la oportunidad que buscaba para convertirse en sacerdote misionero y decidió ponerse a sus órdenes. Partió de Barcelona el 27 de diciembre de 1852 rumbo a Cádiz, de donde finalmente zarpó el 1° de febrero de 1853, llegando a las costas de Veracruz el 19 de marzo. El 2 de abril de ese mismo año inició su noviciado y profesó exactamente tres años después, añadiendo el nombre de María al que había recibido en el bautismo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Posteriormente, el 20 de diciembre de 1856, cuando contaba con veinticinco años de edad, recibió la ordenación sacerdotal de manos de Monseñor Lázaro de la Garza y Ballesteros. Inició su ministerio como capellán en el hospital de San Juan de Dios; después de enfermar de tifo fue designado como confesor ordinario de las Hermanas de la Caridad y de las Hijas de María. En 1859 fue enviado como rector al seminario de Monterrey y en 1860 pasó como rector al colegio y seminario menor de Saltillo; en ambas instituciones implantó un excelente plan de estudios y un prudente reglamento de disciplina que funcionó perfectamente. De 1865 a 1870 se dedicó a las misiones en el norte del país, específicamente en los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, donde había grandes necesidades debido a la carencia de sacerdotes y a la actividad de los protestantes. Más tarde se le encargó la capellanía del hospital de San Andrés, en el cual conoció a Cesárea de Esparza y Dávalos, quien sería la primera Superiora del Instituto de las Hijas de María Josefinas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En esta época fundó el Colegio Clerical del Señor San José, el Instituto de Misioneros Josefinos y la Congregación de las Hijas de María Josefinas. En cuanto al Colegio Clerical, señala su fundador que fue abierto “''el 19 de Diciembre de 1872, con solo doce niños''” pero que al paso de trece años había “''dado a la Iglesia mexicana cincuenta y cinco sacerdotes (…) En el año 1885 llegaron a ser los alumnos internos del Colegio Clerical ciento treinta, recibiendo todos una educación eminentemente eclesiástica, conforme las disposiciones del Santo Concilio de Trento, y los recibió el Ilmo. Sr. Arzobispo al hacerse cargo del Colegio; así como cincuenta niños todavía que estaban en el Colegio que era Preparatorio del mismo Clerical''”&amp;lt;ref&amp;gt;Vilaseca, pp. 22 y 24-25.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Algo similar sucedió con el desarrollo de la Congregación de las Hijas de María Josefinas, la cual nació después de que la Srita. Cesárea de Esparza y Dávalos –cuya causa de beatificación se encuentra abierta- fuera destinada al frente de la educación de tres niñas. Al poco tiempo se le unieron diez jóvenes “''deseosas de hacer el bien como ella lo hacía, a favor de la juventud, y consagrándose a Dios (…) comenzaron a llamarse desde entonces, Hijas de María del Señor San José, y en poco más de seis meses se encontró que instruían y educaban en sus escuelas a más de 300 niñas, enseñando especialmente según sus reglas, el modo de amar a Dios''”&amp;lt;ref&amp;gt;Vilaseca, pp. 26-27.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También instaló una pequeña imprenta e inauguró las ediciones de la Biblioteca Religiosa. La motivación del padre Vilaseca para incursionar en la industria de las letras es descrita por él mismo: “''En esa triste época y tras el grito fatal de reforma (…) fue cuando a pesar de nuestra miseria y falta de conocimientos literarios sobre los diversos ramos del saber eclesiástico, comenzamos a pensar en los medios que de nuestra parte podríamos adoptar para detener en algo el mal que se desbordaba ya, como un torrente impetuoso sobre todas las clases de la sociedad, por medio de los horribles vicios que se le habían causado, de la libertad de imprenta tan pública como desenfrenada, del protestantismo que comenzó a abrir sus templos (…)''”&amp;lt;ref&amp;gt;Vilaseca, p. 6.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su imprenta religiosa publicó numerosas obras entre las que se encontró “Siete solemnes mentís contra los protestantes, el protestantismo y la francmasonería”, libro que causó la ira del gobierno provocando el encarcelamiento del padre Vilaseca, cuatro sacerdotes seculares y unos padres Jesuitas y Pasionistas el 20 de mayo de 1873. Hacia final de mes se les excarceló con la condición de no salir de la ciudad y presentarse diariamente a la alcaldía; finalmente el 15 de octubre de ese mismo año el padre Vilaseca fue conducido a Veracruz y desterrado a Europa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante su destierro dirigió sus obras a distancia y visitó a S.S. Pío IX para informarle de éstas, pedirle una especial bendición y ofrecerle un cáliz en nombre de las Hijas de María Josefinas, así como el óbolo de la Asociación. Tiempo después se entrevistó en París con el embajador de México, Manuel Romero Rubio, quien le aseguró que podía regresar a México, razón por la cual viajó a La Habana para esperar la resolución del gobierno mexicano, la cual  le fue favorable. &lt;br /&gt;
Fue recibido con júbilo el 15 de enero de 1875 en la ciudad de México tanto por los miembros de sus obras como por la sociedad en general. Sin embargo, otra prueba se le presentó un par de años después: el 25 de enero de 1877, tras meditarlo detenidamente, el padre Vilaseca se separó de la Congregación de la Misión debido a que los Superiores Paúles le orillaron a decidir entre sus obras y la Congregación. Ese mismo día profesó como misionero josefino, reiterando los votos de pobreza, castidad y obediencia. Mientras tanto sus obras prosperaron de manera notable, como se ha mencionado anteriormente: el Colegio Clerical contó con la cooperación de brillantes catedráticos; se fundaron los colegios preparatorios de México, Puebla y Huichapan; los misioneros josefinos inauguraron un periodo de misiones; las hermanas josefinas aumentaron en número y abrieron colegios en distintos lugares.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, nuevamente fue puesto a prueba debido a que le fue retirado el subsidio con el que le ayudaba el Arzobispo y además se vio obligado a ceder la casa generalicia de los misioneros. Pero como era habitual en él, supo sobrellevar estas nuevas pruebas sin quejarse, analizándolas a la luz de la fe, encontrando siempre la actuación de su patrón “''el Señor San José a favor de los misioneros Josefinos''”.&amp;lt;ref&amp;gt;Vilaseca, p. 44.&amp;lt;/ref&amp;gt;Al poco tiempo levantó la nueva casa generalicia y el templo de la Sagrada Familia -que sería testigo de la celebración de las bodas de oro sacerdotales del padre Vilaseca- en un terreno casi baldío que se le había otorgado. Misionó por muchas parroquias de México y Michoacán acompañado por un grupo de sus hijos espirituales y envió otros a predicar a las tribus indígenas de Yucatán, Chiapas, Chihuahua, Sonora y Nayarit. Asimismo, las Hermanas Josefinas se volvieron muy solicitadas para encargarse de los colegios y hospitales. La aprobación definitiva a las obras del padre Vilaseca fue expedida por S.S. Pío X el 21 de diciembre de 1907 para las Hijas de María Josefinas, y el 14 de septiembre de 1911 para los misioneros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre Vilaseca sufría de enfisema pulmonar. Ya en 1905 la enfermedad se agravó de tal manera que el médico sugirió la administración de los últimos sacramentos; sin embargo ese mismo día tuvo una sorprendente mejoría que le permitió vivir varios años más. El 1 de abril de 1910 llegó al Hospital Escandón de Tacubaya, en la ciudad de México, para bendecir la capilla y los nuevos salones; al estar orando frente al Santísimo sintió vértigo, fue conducido a su aposento y se le administraron los últimos sacramentos pero los médicos ya no pudieron hacer nada por él.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estuvo en agonía hasta el 3 de abril, día en el que finalmente falleció. Miles de personas acudieron a sus funerales repitiendo “''era un santo''”; los restos del padre Vilaseca fueron conducidos al panteón de Dolores donde permanecieron hasta el 3 de abril de 1916, cuando fueron trasladados a la cripta de las Hermanas Josefinas en el panteón Español. Actualmente su causa de beatificación se encuentra en fase romana&amp;lt;ref&amp;gt;Arquidiócesis de México&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obra(s): ''Quién es María la Madre de Dios o sea refutación de la Undécima noche de los Romanistas, titulada la Virgen María; Explicación del Ave María y de la Salve; María siempre virgen; Vida de la Inmaculada y Divina María; Manual de Meditaciones sobre las virtudes cristianas.  Reglamentos del Seminario y deberes eclesiásticos para uso delos alumnos de los Colegios Clericales; Manual de meditaciones para las Josefinas; Manual de Meditaciones para los Sacerdotes Josefinos que se ocupan en las misiones; Manual de Meditaciones para los ejercicios particulares del Colegio de Misioneros Josefinos; Manual del Ordenando; Manual de los Hijos de María; Manual para el Asilo de Párvulos; Pequeña historia sobre los hechos que motivaron la fundación del Instituto de los Hijos de María del señor San José y el de las Hijas de María Josefinas, así como de la marcha de ellos hasta el 19 de abril de 1891''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
*Arquidiócesis de México. “Causas de los Santos”. Consultado el 28/05/2014, disponible en: http://www.arquidiocesismexico.org.mx/Causas%20de%20los%20Santos.html &lt;br /&gt;
*“Fundadores”. Sitio Oficial de la Congregación de Hermanas Josefinas. Consultado el 28/05/2014, disponible en: http://hermanasjosefinas.org.mx/fundadores.php&lt;br /&gt;
*Valverde Téllez, Emeterio. ''Bio-bibliografía eclesiástica Mexicana (1821-1943)''.  JUS, México, 1949.&lt;br /&gt;
*Vilaseca, José María. ''Pequeña historia sobre los hechos que motivaron la fundación del Instituto de los Hijos de María del señor San José y el de las Hijas de María Josefinas, así como de la marcha de ellos hasta el 19 de abril de 1891''. Imprenta Religión M. Trigueros, México, 1891.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SIGRID MARÍA LOUVIER NAVA'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=TAPIA,_Andr%C3%A9s_de&amp;diff=5156</id>
		<title>TAPIA, Andrés de</title>
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		<updated>2014-06-13T15:53:15Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(León,  1498?; México, 1561) Soldado y Cronista.'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés de Tapia fue testigo presencial destacado de la Conquista de México, en cuanto llegó a desempeñar el cargo de Maestre de Campo e Intendente del Capitán Hernán Cortés. No se conocen los nombres de sus padres ni la fecha y lugar exacto de su nacimiento; probablemente nació en la provincia de León, España, hacia el año de 1498. Se sabe que, a instancias de Diego Colón, llegó a Cuba cuando Hernán Cortés preparaba la expedición para explorar y conquistar lo que sería la Nueva España.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Bernal Díaz del Castillo describe así a Andrés de Tapia: “''Y vemos a otro buen capitán y esforzado soldado que se decía Andrés de Tapia; sería de obra de veinticuatro años cuando acá pasó; era de la color el rostro algo ceniciento y no muy alegre, y de buen cuerpo y de poca barba y rala, y fue buen capitán así a pie como a caballo.''”&amp;lt;ref&amp;gt;Díaz del Castillo, Cap. CCVI&amp;lt;/ref&amp;gt;A pesar de manifestar el gran poder de observación de su autor, la crónica de Andrés de Tapia no es tan conocida y citada como la de Díaz del Castillo por dos razones: la primera es que, además de abarcar solo unos meses de los acontecimientos, su propósito fue dar a conocer únicamente la actuación de Hernán Cortés, lo cual se deduce del mismo largo título de su breve escrito: “''Relación de algunas cosas de las que acaecieron al muy ilustre señor don Hernando Cortés, marqués del valle, desde que se determinó a ir a descubrir tierra en la tierra firme del mar océano''”; la segunda razón es que su obra, cuyo original se encuentra en la Real Academia de la Historia de Madrid (letras del siglo XVI, Colección de Juan Bautista Muñoz), permaneció casi desconocida hasta que fue descubierta por  el gran historiador mexicano Joaquín García Icazbalceta, quien la imprimió por primera vez en 1858 al incluirla en su “Colección de documentos para la historia de México”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Andrés de Tapia narra en su «Relación» no sólo los hechos militares y políticos de la Conquista, sino también la impresión que le causó la religión, costumbres y  cultura del mundo indígena. Durante el sitio a Tenochtitlán, Andrés de Tapia estuvo al mando de uno de los nueve grupos en que Cortés dividió a sus tropas, y fue comisionado para recuperar la  plaza de Cuauhnáhuac (la actual Cuernavaca),  que era aliada de los españoles y había sido capturada por los de Malinalco, aliados de Cuauhtémoc. En diez días el capitán de Tapia logró expulsar a los de Malinalco y recuperar la plaza.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Posterior a la caída de Tenochtitlán en agosto de 1521, Andrés de Tapia acompañó a Cristóbal de Olid a Michoacán; expedición que concluyó rápidamente con el acatamiento del pueblo purépecha a la autoridad del Rey de España. En 1528 Hernán Cortés regresó a España para defender sus derechos violentados por Nuño Beltrán de Guzmán ante Carlos V, y llevó como acompañante a Andrés de Tapia; al año siguiente regresaron juntos a México. A su regreso Cortés nombró a Tapia mayordomo de su Palacio, y maestro de campo de la expedición que emprendió a California en 1534. En 1540 Cortés volvió nuevamente a España acompañado  por Andrés de Tapia; juntos participaron en el asedio a Argel. Tras la muerte de Cortés ocurrida en Castilleja de la Cuesta en diciembre de 1547, Andrés de Tapia regresó al año siguiente a la Nueva España donde ocupó el cargo de Justicia Mayor; murió en la ciudad de México en octubre de 1561.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un descendiente directo del Capitán Andrés de Tapia que buscaba le fueran reconocidos sus derechos, presentó el 2 de marzo de 1667 a las autoridades virreinales un escrito inédito y firmado por el mismo Andrés de Tapia en el cual decía haber sido nombrado para recibir en la ciudad de México a su primer obispo fray Juan de Zumárraga; refiere que el “''primer obispo de Tenochtitlán (el) ilustrísimo señor don Fray Juan de Zumárraga, a quien se le apareció la Santísima Virgen de Guadalupe estampándose en el ayate de Juan Diego, indio del pueblo de San Juanico, sujeto a Tlatelolco, el día doce de diciembre…''”.&amp;lt;ref&amp;gt;http://www.virgendeguadalupe.org.mx › Apariciones › Doc. Españoles&amp;lt;/ref&amp;gt;Este escrito, paleografiado por Francisco Fernández del Castillo y publicado en el tomo XII de las publicaciones del Archivo General de la Nación, 1927, es un documento probatorio de la existencia de la tradición guadalupana ya antes de cumplirse los treinta años de la fecha del Acontecimiento Guadalupano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Biliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* Díaz del Castillo, Bernal. H''istoria verdadera de la Conquista de la Nueva España''. Porrúa, México, 1985&lt;br /&gt;
* Bravo Ugarte, José. ''Historia de México''. Tomo II. La Nueva España. JUS, México, 1970&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=GUADALUPE;_Antiaparicionismo&amp;diff=5087</id>
		<title>GUADALUPE; Antiaparicionismo</title>
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		<updated>2014-06-12T17:36:41Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* Segundo momento: la memoria de Juan Bautista Muñoz- */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Siempre han existido antiguadalupanos; ya sea porque rechazan el consolador influjo de la Virgen de Guadalupe sobre los dolores de las gentes que sufren, o porque niegan lo sobrenatural de la devoción, atribuyéndolo todo a engaño de la Iglesia, de la que dicen “inventó” la aparición para ganarse la adhesión de los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El antiaparicionismo ha tenido tres momentos cruciales: a.) La llamarada de petate que levantó fray Francisco de Bustamante en 1556. b.) La tecnificación de ese antiaparicionismo con la “memoria” de Muñoz en España. c.) La carta de García Icazbalceta en México. A esto hay que agregar el escándalo promovido a raíz de la coronación de la Virgen en 1895 y la ampliación de la basílica para alargar el presbiterio y quitar el coro central, que restaba espacio y visibilidad a las multitudes, crecientes cada año. Añádase a esto la insistencia de los protestantes que atacan la devoción a la Virgen como supuesta muestra de una idolatría que se empeñan en ver dentro de la piedad católica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Primer momento: el sermón de Francisco de Bustamante&amp;lt;ref&amp;gt;-&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La primera fuente de oposición viene de un hombre desconcertante, docto, virtuoso, superior provincial de la Orden de San Francisco y con varios otros cargos de responsabilidad: fray Francisco de Bustamante, quien llenaba los templos donde iba a predicar: también estaba al tope de ávidos oyentes suyos, la capilla de San José en el convento de San Francisco de la capital, en aquel 8 de septiembre de 1556, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora. Entre esos oyentes se contaban el virrey, oidores de la audiencia y demás mandatarios de aquel México piadoso y pintoresco. Habló de la devoción y culto a la Virgen del Tepeyac. Nunca lo hubiera hecho ni puesto juntos tantos dislates. Fray Alonso de Montúfar, arzobispo sucesor de Zumárraga, dispuso una información oficial, con ocho testigos llamados a declarar y un noveno, Juan de Masseguer, que se presentó espontáneamente, movido por la indignación general que había suscitado el sermón de Bustamante. Entre sus disparates, decía que la Virgen de Guadalupe había sido pintada por un indio; que la adoraban como si fuera Dios; que tal devoción carecía de sólido fundamento y que se dieran cien azotes al primero que dijo que esta Virgen hacía milagros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El efecto de estas aseveraciones fue contrario a lo que pretendía Bustamante; lejos de apagar la devoción hacia la Guadalupana, la encendió aún más, pues la reacción fue de escándalo contra el predicador y desagravio hacia la imagen tan desconcertantemente atacada. Ocho años nada más habían pasado desde que murieran Juan Diego y fray Juan de Zumárraga, de quienes todos habían escuchado la narración de los hechos históricos, tal como hoy los conocemos. Por eso Juan de Masseguer aseveraba: “''Hubo gran escándalo en el auditorio y lo ha habido en la Ciudad''”. Bien a bien los muchos que han tratado este tema no han logrado explicar por qué Bustamante actuó así, con un exabrupto tan imprudente y ofensivo para la general aceptación de la devoción guadalupana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mariano Cuevas S.J. es quien mejor ha trazado la línea psicológica por la que Bustamante llegó a este frenético ataque, &amp;quot;''todo temblando y demudada la color. No fue obra de la cabeza, dice Cuevas, ni menos de la crítica; fue tan sólo la explosión de un corazón herido y humillado''&amp;quot;. Al llegar el nuevo arzobispo, fray Alonso de Montúfar, tomó personalmente el cuidado de la incipiente devoción guadalupana, puso de capellán de la ermita levantada por Zumárraga a un sacerdote secular, y se dio con generosidad y celo a reunir recursos para levantar un templo más digno de la petición de la Virgen, pues la anterior ermita era &amp;quot;''muy moderadita, de adobe, sin género de cal y canto''&amp;quot;. Montúfar bendijo e inauguró su templo diez años después de este sermón, en el año de 1566 y sus medidas (10 x 6 metros y casi siete de alto) eran como tres veces mayores a la ermita que levantó Zumárraga en las prisas de 1531, dos semanas después de las apariciones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El sermón de Bustamante ya entonces, fue la mejor ayuda que inconscientemente podía dar a la causa guadalupana. Promovió su culto, encendió mayor devoción y, en lo que a nosotros interesa, demostró que los ataques a nuestra Virgen provienen, no de la severidad crítica y acuciosa, sino de pasiones temperamentales y motivos mezquinos, que no alcanzan categoría como para ser llamados argumentos. Bustamante aceptó con humildad el fallo, se retiró a Cuernavaca, por lo que el arzobispo Montúfar sobreseyó la causa, archivó el proceso, que permaneció inédito hasta el siglo XIX. (v. Bustamante fray Francisco de)&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Segundo momento: la memoria de Juan Bautista Muñoz&amp;lt;ref&amp;gt;-&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Existe entre los eruditos, a partir de Juan B. Muñoz y de su fiel seguidor Joaquín García Icazbalceta, una especie de fruición por desmantelar todo lo que pueda apoyar el origen sobrenatural y a las mismas apariciones de María a Juan Diego en el Tepeyac. Se advierte un intenso regusto al desacreditar la tradición guadalupana. Ante el gozoso testimonio que desde Perú escribe el jesuita Juan de Alloza (1654), dicen que &amp;quot;''aventajó en mentiras a Miguel Sánchez''&amp;quot;. También fray Luis de Cisneros, mercedario mexicano, en su Historia de la Virgen María de los Remedios, impresa en México el año de 1621, habla ciertamente de Nuestra Señora de Guadalupe, pero no como aparecida: (sino que Dios para manifestar lo grato que le es el culto de las imágenes, obra por su medio singulares favores o milagros), diciendo que es una imagen que se venera «casi» desde que se ganó la tierra. &amp;quot;''Ese casi no puede referirse a 1531, es decir, doce años después de conquistada: tal vez se refiere a 1524, que fue el año en que llegaron los doce franciscanos a la Nueva España y, como queda dicho, pusieron una imagen en sustitución al ídolo de la madre de los dioses''&amp;quot;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se insiste, para desprestigiar la verdad histórica de la aparición, en que la Virgen quería el templo en el cerro, sin hacer caso de que expresamente le dice a Juan Diego: &amp;quot;''y para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo, que «aquí en el llano» me edifiquen un templo.''&amp;quot; Afirman pues que no respetaron la voluntad de la aparecida, y que por eso se confirma que, lejos de ser histórica su aparición, es una fábula. Hasta del preciso y precioso informe de Bernal Díaz del Castillo, que en su Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España dice: &amp;quot;''... y la santa casa de Nuestra Señora de Guadalupe, que está en lo de Tepeaquilla... y miren los santos milagros que ha hecho y hace cada día, y démosle muchas gracias a Dios y a su bendita Madre nuestra Señora por ello...''&amp;quot;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ernesto de la Torre comenta en su libro Testimonios Históricos Guadalupanos: &amp;quot;''Brillante oportunidad para decir algo que nos indicase la aparición, pues de las palabras citadas, en rigurosa lógica, lo único que se deduce es que la Virgen de Guadalupe hacía milagros en su santa casa… Dureza mental de tantos «eruditos», empeñados en negar que hiciera a México la singular merced de aparecerse a uno de sus más pequeños, Juan Diego y, en él, a todos los que el Evangelio alaba: «te doy gracias, padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a los sencillos».''”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
También desprecian el valioso y directo testimonio de Suárez de Peralta (1589) sobre la entrada del virrey a México: “''llegó a nuestra Señora de Huadalupe, que es una imagen devotísima, que está de México como dos lehuechuelas, la cual ha hecho muchos milagros (aparecióse entre unos riscos, y a esta devoción acude toda la tierra), y de ahí entró en México, y aquel día se le hizo gran fiesta de a caballo, con libreas de seda, que fue una escaramuza de muchos de a caballo, muy costosa”. Sin argumento alguno, reparan para sacar adelante su prejuicio; “Esta aparición no es la del Ayate…, aunque fuese entre unos riscos y acuda a ella toda la tierra''”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ENCICLOPEDIA GUADALUPANA''', pp. 42-44&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=REYES_OCHOA,_Alfonso&amp;diff=5043</id>
		<title>REYES OCHOA, Alfonso</title>
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		<updated>2014-06-06T17:11:40Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Monterrey, 1889; México, 1959) Escritor y Diplomático.'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
El 17 de mayo de 1889 nació Alfonso Reyes en la ciudad de Monterrey, siendo el noveno de los doce hijos  que procreó el matrimonio formado por el general  Bernardo Reyes y Aurelia Ochoa. Su padre era un destacado militar a quien el general Porfirio Díaz había dado el grado de general brigadier, y designado como  gobernador del Estado de Nuevo León, cargo que desempeñó por casi veinte años.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La desahogada posición económica y social de la porfirista familia Reyes- Ochoa, permitió dar a sus hijos una esmerada instrucción; Alfonso inició sus estudios en Monterrey y los continuó en la Escuela Nacional Preparatoria de la ciudad de México. En 1909, recién ingresado a la Escuela Nacional de Jurisprudencia para cursar la carrera de abogado, participó en la fundación del ''Ateneo de la Juventud'', al lado de intelectuales renombrados como José Vasconcelos y Antonio Caso. Dos años después y con 21 años de edad publicó su primer libro titulado “''Cuestiones Estéticas''”. En agosto de 1912 fue nombrado secretario de la Escuela Nacional de Altos Estudios, donde impartió la cátedra de Historia de la Lengua y Literatura Españolas; el 16 de julio de 1913 presentó su examen profesional y  obtuvo su título de abogado.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 9 de febrero de ese mismo año de 1913 murió su padre cuando al frente de los sublevados contra el gobierno de Francisco I. Madero, intentaba capturar el Palacio Nacional; el general Bernardo Reyes cayó en el Zócalo, atravesado por las balas disparadas por los defensores de Palacio. Finalmente la insurrección triunfó y Madero fue asesinado. El gobierno resultante de ese ''golpe de estado'' encabezado por el Gral. Victoriano Huerta, designó al joven abogado Alfonso Reyes  como ''Segundo Secretario'' de la Legación de México en Francia.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1914 la invasión de los Estados Unidos a Veracruz y la revolución de Venustiano Carranza obligaron a Victoriano Huerta a renunciar a la Presidencia. Entonces  Carranza se autoproclamó “primer jefe” y destituyó a todos los funcionarios nombrados por Huerta, incluyendo a Alfonso Reyes, quien se exilió en España donde trabajó en el ''Centro de Estudios Históricos'' de Madrid bajo la dirección de don Ramón Menéndez Pidal. Durante esos años de exilio se desarrolló como un gran escritor e investigador literario; de ese tiempo son sus obras ''Visión de Anáhuac'' (1917), ''Cartones de Madrid'' (1917) y la versión en prosa del ''Cantar de mio Cid'' (1919).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En México, a principios de 1920, el “Plan de Aguaprieta” proclamado por Obregón, Calles y De la Huerta, llevó al asesinato de Venustiano Carranza y al gral. Álvaro Obregón a la Presidencia. El nuevo gobierno nombró a Alfonso Reyes Segundo Secretario de la Legación mexicana en Madrid y posteriormente Encargado de Negocios Plenipotenciario de la Embajada de México en España (1922-1924). De 1924 a 1927 estuvo como Ministro en la Embajada mexicana en París; en 1927 Plutarco Elías Calles lo designó Embajador en Argentina, cargo que desempeñó hasta 1930 en que fue trasladado, también como Embajador, a Brasil. Seis años estuvo en Río de Janeiro y en 1936 volvió a ocupar el cargo de Embajador en Buenos Aires. Finalmente regresó a México en 1939.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En la ciudad de México presidió la Casa de España, institución formada por los republicanos españoles que se habían refugiado en México tras su derrota en la Guerra Civil Española; la Casa de España se convirtió poco después en el Colegio de México. El 19 de abril de 1940 tomó posesión de la Silla XVII como miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua, de la cual fue director en el bienio 1957-1959. También fue fundador y catedrático  del Colegio Nacional. En 1945 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes. Son varias las Universidades que le otorgaron la distinción de Doctor Honoris Causa: Nuevo León (1933), Tulane y Harvard (1942), Autónoma de México (1953), La habana (1955), La Sorbona y Berkeley (1958). Falleció en la ciudad de México el 27 de diciembre de 1959 y fue sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obras:&lt;br /&gt;
Cuestiones Estéticas: 1911                                                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Visión de Anáhuac: 1917&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ifigenia Cruel: 1924                                                                 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Égloga de los ciegos: 1925&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Reloj de Sol: 1926                                                                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuestiones Gongorinas: 1927&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Discurso por Virgilio: 1931                                                     &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tren de Ondas: 1932&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cantata en la tumba de Federico García Lorca: 1937         &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Última Tule: 1942&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los trabajos y los días: 1945                                                    &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Mi idea de la Historia: 1949&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La X en la frente: 1952                                                              &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trayectoria de Goethe: 1954&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estudios Helénicos: 1957                                                          &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crónica de Monterrey: 1960&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Oración del 9 de Febrero: 1963&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=HUERTA_GUTI%C3%89RREZ,_Ezequiel_y_Salvador&amp;diff=5032</id>
		<title>HUERTA GUTIÉRREZ, Ezequiel y Salvador</title>
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		<updated>2014-06-05T15:02:39Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* En las vísperas del martirio */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;==Beatos hermanos mártires&amp;lt;ref&amp;gt;Las Actas del proceso sobre el martirio de los hermanos Ezequiel y Salvador Huerta Gutiérrez se encuentran en: CONGREGATIO DE CAUSIS SANCTORUM, P. N. 2008, Guadalaiaren. Beatificationis seu Delcarationis Martyrii Servorum Dei Anacleti González Flores et VII Sociorum… Positio super Martirio, Romae 2003. En el presente capítulo dedicado totalmente a los dos hermanos Huerta Gutiérrez, dos del grupo de los ocho mártires de Guadalajara, se citarán solamente los documentos mostrados en la llamada Informatio y en el Sumarium  (abreviado: Summ.,) del Proceso bajo tales nombres según los casos.&amp;lt;/ref&amp;gt;==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''Antecedentes familiares'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Quien conoce México sabe muy bien que Jalisco es tierra de gente recia. Sabe también que la doblez o la mediocridad está muy lejos de ser vicio tolerado. Reciedumbre y fortaleza han pasado a formar parte también del temperamento cristiano de sus gentes. No es extraño que por ello haya sido fecunda tierra de mártires cristianos. A este pueblo pertenecía la familia formada por Isaac Huerta Tomé y Florencia Gutiérrez Oliva, vecinos de Magdalena. De esta raíz saldrán los hermanos mártires Ezequiel y Salvador.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El padre, Isaac Huerta Tomé, se dedicó con habilidad al comercio en la región de Etzatlán, Ameca y Magdalena. Poseía una recua de bestias de carga con las que transportaba los productos, sobre todo minerales, a Guadalajara y traía de vuelta las mercancías con las que comerciaba en aquellos pueblos mineros de la región. Se había casado con la señorita Florencia Gutiérrez Oliva, de Tequila (Jalisco) y habían establecido su hogar en Magdalena. Allí habían abierto un buen almacén comercial donde vendían de todo. La familia Huerta  Gutiérrez era respetada por todos y además daba ejemplo notable de vida cristiana. Participaban a diario a la misa en la parroquia y abrían sus puertas a cuantos acudían por cualquier necesidad. Doña Florencia era conocida por su generosidad con los necesitados y la firmeza de su temperamento, que tendrá una importancia e influjo notable en la educación de sus hijos. El matrimonio tuvo cinco hijos: José Refugio, Eduardo, Ezequiel, Salvador y Carmen.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==EZEQUIEL HUERTA GUTIÉRREZ. (Magdalena, 1876; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ezequiel nació en la ciudad de Magdalena (Jalisco), el 7 de enero de 1876. Fue bautizado dos días después de su nacimiento en la iglesia parroquial del lugar por el sacerdote José María Rojas, recibiendo el nombre de José Luciano Ezequiel. Fueron sus padrinos los señores Agapito Sánchez y Blasa Gutiérrez. Como se usaba en aquellos entonces fue confirmado cuando tenía solo 23 meses.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los testigos en el proceso de su martirio nos lo describen como un muchacho de temperamento tranquilo, generoso, sociable. En la medida en que fue creciendo, su sensibilidad por lo lindo y lo bello en todas sus dimensiones se manifestaba con premura. En esta sensibilidad se mostraba también su apertura hacia el sentido religioso y la piedad. En ello tuvo una parte notable su madre, que le educó en una especial devoción a la Virgen María, que le acompañaría durante toda su vida. ''“Ezequiel vivió su infancia en la población de Magdalena, Jalisco, sus papás se ocupaban de su primera educación y después en la escuela parroquial (...) Fue muy obediente y dócil con sus padres y educadores. Hizo estudios de canto del que hizo su adicción preferida (...) Tuvo una piedad muy fuerte y según tengo entendido de niño se le inculcó la devoción a la Virgen y la oración con Dios”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. II,  160, § 518.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los hijos iban a determinar un cambio notable en la vida de toda la familia Huerta Gutiérrez. Quisieron  que estudiaran en escuelas de mejor nivel de las que podían gozar en Magdalena; siendo la madre la que más insistía en ello. Por eso Don Isaac cedió ante los ruegos de la esposa y vendió sus propiedades para establecerse en Guadalajara. Dos de sus hijos, José Refugio y Eduardo, ingresaron en el Seminario de Guadalajara, que como en muchos otros lugares y no sólo de México, era uno de los centros educativos mejores del Estado, y en la práctica era una de las posibilidades que tenía la mayor parte de los hijos del pueblo de conseguir una educación media y superior notable. Así declaraba uno de los sobrinos nietos:&lt;br /&gt;
''“Cuando sus dos hermanos se fueron al seminario a Guadalajara, mi abuela prefirió irse a vivir a la ciudad y aprovechar para que los demás tuvieran una mejor educación”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. VIII,  194, § 518.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacia 1884 la familia se trasladó a Guadalajara,  en el barrio del Santuario. Ezequiel entró en el Liceo de Varones para continuar sus estudios. Enseguida sus maestros se dieron cuenta de sus cualidades musicales y de su voz estupenda, por lo que le dirigieron hacia los estudios de música, composición y canto. Enseguida empezó a mostrar sus cualidades como organista. La música sería por ello su pasión y su vocación. Entró en el coro de la catedral metropolitana y a él pertenecerá durante toda su vida. Tenía que ganarse la vida para poder seguir con sus estudios. Encontró un trabajo como sacristán en el templo de Capuchinas; allí uno de sus maestros era cantor oficial, por lo que podía seguirle de cerca. Gran parte de su vida la pasará en Guadalajara. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hermano José Refugio fue ordenado sacerdote y entonces su madre, Doña Florencia, y su hija Carmen lo acompañaron a su destino en Atotonilco el Alto. En Guadalajara permaneció el padre, Don Isaac con sus otros dos hijos, Ezequiel y Salvador, que debían continuar sus estudios. De los rasgos que vemos emerge un joven piadoso y más bien recogido. De hecho no sólo era sacristán en un templo, cantor y músico. Participaba también en la vida cristiana organizada de su ciudad; pertenecía a la Adoración Nocturna, de la que amaba llevar su gran escapulario, y a la Congregación Mariana; los testigos que le conocieron hablan de su devoción eucarística, de su amor a la Virgen de Guadalupe y de su confianza en la Divina Providencia&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. I,  153, ad 11; Test. II,  160, § 424; Test. III,  166, § 439.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La música era su gran pasión; cuando vivía en Magdalena y venía a Guadalajara no se perdía asistir a ninguna opera. No tenía vicio alguno; ni tomaba ni fumaba&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. I,  154, ad 19.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Poseía una voz estupenda y sus cualidades musicales eran notables. En varias ocasiones lo invitarán a abrirse camino en el mundo de la música. Declinará las propuestas, sobre todo cuando contrajo matrimonio pondrá ante todo el bien de su familia, y su servicio como cantor; algo que él consideraba como su vocación peculiar. En el campo de la música sus estudios fueron sencillos y puede decirse que fue en un cierto sentido autodidacta, aunque hubiese hecho algunos estudios. “''No hizo propiamente estudios superiores; estudió música, composición y canto con mucho éxito. Llegaron a ofrecerle trabajo en una compañía de ópera que venía de Italia pero él siempre sostuvo que su voz era para Dios. Él hacía sus propias partituras para diferentes voces y preparaba sus propios cantos para las iglesias, sobre todo para los días de fiesta”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. IV, p 172-173, ad 12.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La ocasión de aquel ofrecimiento de dedicarse a la ópera ocurrió cuando llegó a Guadalajara una compañía italiana; el tenor principal se enfermó y trataron de conseguir a alguien, ''“de inmediato recurrieron a mi papá que fue el más recomendado”, recuerda uno de sus hijos: “La obra salió con mucho éxito a tal grado que lo invitaban a irse con la compañía de opera italiana, pero él no se interesó. El siempre sostuvo lo que decía: que su voz era para Dios en los coros de las iglesias”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. V,  178, § 470; Test. VII, p 189-190, § 505 ; Test. VIII,  196, § 521.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Pero también estaba comprometido en la vida pública, participando y siendo miembro del sindicato de obreros católicos. Su compromiso religioso cristiano lo llevaba a veces a quitarse incluso el pan de la boca para dárselo a los más menesterosos y a preocuparse por los más necesitados de entre sus compañeros&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. VIII,  195, § 519; Test. X,  208 ad 11.&amp;lt;/ref&amp;gt;. La gente lo estimaba debido sobre todo a su exactitud en el trabajo y a que era un joven muy formal. Ya desde muy temprano se hacía respetar y por ello la gente enseguida le comenzó a llamar “Don Ezequiel”. Aquella seriedad suya inspiraba confianza en la gente. Durante la persecución religiosa incluso le confiaron la custodia de uno de los conventos&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. I,  154, § 406; Test. II,  161, ad 17 ; Test. IV,  173 ad 17 ; Test. III,  167, § 442 ; Test. V,  179, § 473 ; Test. VI,  186, § 495.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entabló una relación de noviazgo con una señorita originaria de Tepic. Se llamaba María Eugenia García, quien vivía en Guadalajara con sus padres Plutarco García y María Trinidad Ochoa. Es elocuente el recuerdo que nos ha dejado uno de sus hijos en el Proceso de martirio: &lt;br /&gt;
“''Mi papá trabajaba con mi abuelo materno y ahí conoció a mi madre. Siempre fueron de un trato muy respetuoso, sólo se veían por las tardes y cuando iban a misa; así era la usanza [...] Él tenía un gran respeto por la mujer; siempre decía que a la mujer no se le toca ni con el pétalo de una flor. Yo jamás oí de sus amigos ningún comentario negativo, jamás”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. I,  153, § 405.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Se casaron el 17 de septiembre de 1904 en el templo de las Madres Capuchinas ante su hermano, el Padre José Refugio&amp;lt;ref&amp;gt;Doc.s,  498 del Summ. Test. IV,  173, § 457.&amp;lt;/ref&amp;gt;. María Eugenia tenía entonces 16 años y Ezequiel 28 años. Eran muy diferentes los dos. Ella era de carácter fuerte, enérgico y disciplinado. Él era bondadoso, afable y muy idealista. Se complementaban mutuamente. Se fueron a vivir en la calle Independencia, número 866. Enseguida se vio la actuación de una mujer realista como María Eugenia ante el temperamento un poco idealista y romántico de su esposo. Ezequiel actuaba con frecuencia por amor al arte, sin preocuparse de exigir nada por su trabajo. Ella enseguida comenzó a pedir la firma de contratos de trabajo y el pago de los servicios correspondientes; necesitaban  entradas económicas para poder mantener a la familia. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vivieron veintitrés años casados y tuvieron diez hijos: José Ezequiel Manuel (1905), María Guadalupe (1907) que murió al cabo de un año, José de Jesús (1909), María del Carmen (1911), José (1913), José Ignacio (1915), María Teresa de Jesús (1918) que murió en 1920; Ezequiel de Jesús (1920), que entraría como hermano en la Compañía de Jesús, María Trinidad (1922) y María Rosalía (1925). Era una familia unida y donde reinaba la alegría, sostenida por la dedicación total de una madre fuerte y la sensibilidad de artista de un padre muy hogareño. De él sus hijos recordaban su trato alegre, suave y cariñoso, su elegancia en el hablar y en el trato y hasta en las correcciones, como recuerda uno de ellos: ''“Tenía estilo muy bonito para corregir que a uno hasta las ganas de cometer travesuras se nos quitaban”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. V,  181, § 481.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando José Refugio, su hermano sacerdote, fue destinado a la parroquia del Santo Nombre de Jesús, llevó a vivir consigo a sus padres. Aquella parroquia estaba cerca del domicilio de Ezequiel; ello facilitaba las visitas frecuentes y una relación más intensa con su familia. De hecho, Ezequiel iba todos los días muy temprano a oír misa acompañado por alguno de sus hijos. Luego debía asistir a una segunda misa  donde él debía participar como cantor. También le gustaba leer, y sus lecturas preferidas eran las vidas de santos, que luego él explicaba a sus hijos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Trascribimos cuanto declaraba una de sus hijas en el Proceso de Martirio a este respecto: “''Todos los días iba a misa y comulgaba, yo misma lo acompañaba, después iba a las misas que le tocaba cantar, Era una costumbre entre la familia la de rezar el santo rosario todos los días de la semana, incluyendo los domingos. (...) tenia mucha devoción a la Eucaristía por lo de la adoración nocturna, donde aprendió esa amistad con Dios, a la santísima Virgen no se diga. Le gustaba leer las vidas ejemplares”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. VIII,  196/197, § 522; Test. IX.,  203, § 537.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Un cristiano de este tenor de vida es lógico que desease manifestar su fe, sin miedo alguno. Una de sus hijas declaró en el Proceso de su martirio que para obtener precisamente el don del martirio añadía un padre nuestro en el rezo del rosario que recitaba en familia todos los días: ''Rezábamos el rosario de rodillas. Una de las cosas que me impresionaron mucho y que mi madre me contó es que cuando rezábamos el rosario, él añadía un padre nuestro para obtener el martirio ya que para él era un honor que alguno de la familia fuera un mártir. Casi todos nosotros aprendimos más de su ejemplo. Él respetaba mucho tanto a los sacerdotes como a la Iglesia''”&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. V,  179, § 474.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Un día, estando en la iglesia de Santa Teresa, escuchó a un hombre blasfemando desaforadamente. Salió y lo recriminó. Ezequiel recibió como respuesta una cuchillada en el abdomen. Se supo que el atentado había sido urdido por un músico envidioso. Ezequiel lo perdonó y nunca quiso tomar venganza. Ezequiel era un hombre profundamente sensible y delicado; no era en absoluto un mojigato ni su devoción era amanerada. Todo lo contrario; la suya era una fe recia en un  carácter fuerte y sin miedo a manifestar su fe. Así declaraba uno de los testigos: ''“Siempre observó sus obligaciones como cristiano siguiendo firmemente los mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia (...) Siempre manifestó una firme convicción en sus ideas y en su fe aun en el momento mismo que derramó su sangre. Fue torturado y hasta el momento mismo de su muerte se manifestó fuerte en sus ideales. Jamás lo escuché o supe que él haya manifestado algún desaliento o desánimo en sus convicciones hacia Dios y hacia la Iglesia”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. II,  163, § 433.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La Eucaristía: fuente de su fuerza y de su martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa fe viva, sobre todo en la Eucaristía que fue sin duda la matriz de su fortaleza en los momentos de la prueba y del martirio, la sabía transmitir a quienes lo conocían o se acercaban a él. Es cuanto emerge del testimonio de uno de los testigos que le conocieron bien, el ingeniero Miguel Francisco Saavedra Sáenz. Lo había conocido en su juventud, en Guadalajara, donde vivía con sus padres llegados desde Zacatecas en los días aciagos de la revolución. Este maduro ingeniero, recordaba ya en su ancianidad que Ezequiel era un hombre de oración y de gran convicción y firmeza en su fe. Afirmaba también que toda la vida de Ezequiel había sido un himno de alabanza y de esperanza en Dios. Le llamaba la atención la gran fortaleza con la que afrontó las torturas y el martirio, e indica explícitamente la Eucarística como la fuente de tal fuerza sobrenatural. A la pregunta precisa del juez sobre este punto en el Proceso de Martirio, el señor Saavedra respondió con fuerza:  ''“Claro, señor, claro. No sólo frecuentaba (los sacramentos), sino que los vivía y los transmitía a todos, era de una asistencia diaria a su misa, y no sólo a una sino que además de la que él oía, participaba en no sé cuantas más, porque tenía que cantar en ellas. Todos los padres y párrocos lo querían mucho y se lo peleaban para que cantara en sus misas. Yo lo conocí por su obra, por su misión, por su actuar, pero lo que sí puedo decir es que era una maravilla. Su vicio, sí señor, el canto, la música y su enloquecido amor a su Dios”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. VII,  190, § 506.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En una ciudad y región donde los franciscanos tuvieron un papel de evangelizadores pioneros, su presencia ha impregnado desde siempre la vida espiritual de muchos fieles, especialmente a través de fraternidades y asociaciones, como la Tercera Orden Franciscana. Ezequiel entró en ésta el 2 de diciembre de 1923 y en ella «profesó» el 1 de febrero de 1925, ya en plena persecución religiosa. Entramos aquí en uno de los aspectos más delicados y significativos de la vida de Ezequiel y de su esposa: su decisión de vivir una radical consagración a Dios también en el campo de una práctica de la castidad matrimonial en la forma práctica que se asemeja a la de los votos religiosos. Uno de sus últimos hijos, Ezequiel, nacido el 5 de julio de 1920, luego hermano jesuita, comunicó ante los jueces un testimonio recibido de su madre y que él mismo consideraba sumamente delicado y heroico: ''“Aquí es muy importante comunicarles a ustedes (dijo a los jueces) algo muy secreto y muy íntimo. Después que nació la última de mis hermanas, llamada Rosalía, mi padre y mi madre hicieron una promesa de castidad por mutuo acuerdo. Se separaron las camas y esto duró hasta la muerte de mi padre. Estamos hablando de los años 1925 hasta 1927. Esto yo lo tomo como una consagración de ambos y una preparación a lo que sería su martirio”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. III,  171, n. 452.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A comienzos de 1926, las medidas opresivas de los gobiernos contra la Iglesia, las continuas represiones contra los obispos, sacerdotes, y todos los fieles, llevaron a los obispos mexicanos a tomar una decisión que ha hecho época: ordenaron la suspensión del culto público, cerrando indefinidamente todas las iglesias. La medida fue como una bomba que despertó las conciencias de muchos y alarmó sobremanera al gobierno del país que decidió llevar hasta el extremo su represión sangrienta. Los sacerdotes debieron escapar o esconderse para ejercer su ministerio clandestinamente. También los dos hermanos de Ezequiel debieron seguir el camino azaroso y peligroso de la clandestinidad.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Al cerrarse las iglesias, también Ezequiel quedó sin trabajo, ya que el suyo era el de cantor y sacristán en los templos. Sin embargo, ello no le encerró en sí mismo ni le llevó a esconder su fe cristiana; todo lo contrario, fue ocasión para jugar claramente su pertenencia eclesial. En el barrio de Mezquitán de Guadalajara había un convento de monjas carmelitas descalzas, llamado “Monasterio de la Hoguera”. La familia de los Huerta y García permutó su casa con las religiosas de la calle Independencia, con su convento. Además, Ezequiel aceptó ser el guardián del templo de San Felipe Neri. Todo el mundo lo conocía y sabía cuál era su vínculo de siempre con los sacerdotes y los templos por haber sido desde siempre cantor en ellos. Además el hecho de tener dos hermanos sacerdotes,  lo ponía en entredicho. Ezequiel continuó asistiendo al culto privado en las casas y cantando en ellas. Era también una manera elemental de ganarse algo para la manutención de su familia numerosa.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Crece y se encrespa la persecución==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los dos hijos mayores de Ezequiel, Manuel y José de Jesús, eran miembros activos de la Unión Popular, movimiento de sentido católico que luchaba por la libertad política y religiosa. Los dos hermanos, junto con su primo suyo Salvador, hijo de quien también sería mártir junto con Ezequiel, entraron en la resistencia pacífica activa promovida por la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. Uno de los hijos del mártir Ezequiel así recuerda aquellos dramáticos momentos en el Proceso de martirio (12 nov. 1994):&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''“Me llamo Manuel Huerta García, soy ingeniero, tengo 89 años cumplidos; nací en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México. Soy católico. Estudié la carrera de ingeniería (...) En mi juventud pertenecí a la Adoración Nocturna; fui miembro de la A.C.J.M.; fui miembro activo del movimiento cristero en el sur de Jalisco (...) Soy padre de once hijos y abuelo de más de veinte nietos. Soy hijo del Siervo de Dios Ezequiel Huerta Gutiérrez. Conviví con él desde que nacía, hasta la edad de 18 años, Mi trato fue muy estrecho ya que fui su hijo mayor... Me siento orgulloso de ser hijo del Siervo de Dios. Yo creo que el testimonio de sus mártires siempre servirá de ejemplo para las generaciones posteriores, como para toda la Iglesia. Mi declaración la fundamento en mi convivencia con mi padre, en el trato que tuve con él en los momentos de intimidad y diálogo que juntamente compartimos, en la misma vivencia de familia que nos tocó vivir. He tenido la oportunidad de leer cuanto libro se ha publicado de los cristeros, como de las biografías que se han publicado tanto de mi padre como de mi tío Salvador (el otro hermano mártir)”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. I,  150, n. 400.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ezequiel, al igual que su hermano Salvador, no participaron en el conflicto religioso. Lo dicen claramente sus hijas María Rosalía y María del Carmen en el Proceso de Martirio; la primera declaraba: ''“Él no participó en el conflicto religioso, aunque sus hijos Manuel y Jesús sí participaron en el movimiento armado de la cristiana; al inicio sin la autorización de mi padre; después no le quedó otro remedio más que aceptar, pero él era enemigo de la violencia”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. IV,  176, n. 465 ; Test. VIII,  197, n. 523.&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 1 de abril de 1927 la ciudad de Guadalajara vivió una jornada de terror ante el asesinato perpetrado por el poder público de cuatro conocidos jóvenes católicos de la ciudad: Anacleto González Flores, Luís Padilla y los hermanos Jorge y Ramón Vargas González. Aquella misma tarde, Ezequiel fue a visitar a su hermano Salvador, tremendamente conmovido por aquellos dramáticos hechos. Llegaron dos de sus hijos, casi adolescentes, Manuel y Salvador, que se habían unido a los cristeros. Ezequiel temía también por su otro hijo José de Jesús, que tenía apenas 18 años y que se había unido también a los cristeros y servía como enlace en su intendencia y que había mostrado, como muchos de los jóvenes que se habían unido a aquellas formaciones de aguerridos luchadores, una habilidad y valor no comunes. Ante el peligro que corrían sus jóvenes hijos, las pesquisas y registros continuos de la policía en las casas, los dos hermanos decidieron que los hijos de Ezequiel debían escapar a los Estados Unidos para salvar sus vidas. Los jóvenes se rebelaron ante la decisión de su padre y tío, pero al fin cedieron ante su fuerte voluntad. El dos de abril los jóvenes tomarían el camino de La Quemada (Jalisco) para tomar el tren que les iba a llevar a los Estados Unidos. Los llevó a la estación del ferrocarril en coche Adelina, esposa del futuro mártir Salvador, junto con otros dos de sus hijos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Entre tanto, Ezequiel y Salvador se unieron aquella noche del primero de abril, a otros muchos católicos de Guadalajara para velar los cuerpos de los mártires. El dos de abril, Ezequiel quedó en casa cuidando a sus hijos pequeños, mientras que su esposa María Eugenia se había ido a velar el cadáver del mártir Anacleto González Flores. Eran las nueve de la mañana cuando unos individuos se introdujeron en la casa cerrando con llave el cancel de ingreso. Ante la protesta de Ezequiel, los intrusos respondieron con desprecio e insolencia que venían con una orden superior para detenerlo. Registraron entonces la casa, destruyeron lo que quisieron y robaron lo que se les antojó ante el terror de los niños. Llegó en aquellos momentos su esposa encontrándolo maniatado y a la casa patas arriba. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dándose cuenta de lo delicado de la situación, la señora quiso disimular y dijo que era una amiga de la familia; pero uno de los hijos al verla, le gritó: “Mamá, mamá, unos hombres están esculcando toda la casa”. Entonces, uno de los esbirros que tenían atado a Ezequiel cerró la puerta y obligó a María Eugenia a sentarse en una mecedora que había allí, en un corredor. Los esbirros sacaron entonces atado a Ezequiel y le llevaron al cuartel de la policía. No le dejaron ni despedirse ni de su esposa ni de sus hijos. Se despidieron con una mirada llena de lágrimas. Lo mejor es escuchar a sus hijos presentes: ''“Lo tomaron preso un sábado por la mañana, un día después que tomaron preso a Anacleto González. Mi  mamá y yo fuimos a visitar el cuerpo de Anacleto entre las calles Garibaldi y Moro que es donde estaba el cuerpo de Anacleto. Regresamos a la casa y mi mamá salió para velar también el cuerpo de Anacleto. Nosotros nos quedamos con mi papá cuando llegaron dos individuos, tocaron el cancel y mi papá fue a abrir y yo atrás de él. “Digan, señores”. “Venimos a revisar las llaves del agua”. Una vez que entraron manifestaron que tenían una orden de cateo y que eran policías que andaban buscando armas y parque. No encontraron nada. Llegó mi madre y ella preguntó por la señora de la casa porque se dio cuenta de que eran policías. Llegaron más policías y se llevaron a mi padre (...) Había una gran manifestación de todo Guadalajara, ya que llevaban el cuerpo de Anacleto González al panteón de Mezquitán. Yo salí con una canasta de comida para llevarle a la cárcel pero jamás lo volvimos a ver”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. II, p 161-162, n. 429; Test. IV,  174, n. 460; Test. VIII,  197, n. 424.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En aquellos momentos llegó a casa un seminarista llamado Juan Bernal. Lo detuvieron también. Será testigo providencial de lo que pasará en la cárcel con los dos hermanos futuros mártires&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. V,  180, n. 477; Test. II,  162, n. 430 ; Doc. XXVIII,  657.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Este seminarista será luego ordenado sacerdote; fundará un hospital para Leprosos, cerca del Hospital Civil. Llevaron a Ezequiel a los lúgubres calabozos de la inspección de policía, de triste memoria, llamados “Lobas”. Allí se encontrará separado sólo por un débil tabique, con su hermano Salvador. Hacia el medio día se llevaron detenido también al calabozo al hijo de Salvador, Gabriel, de catorce años, cuando llegó a la cárcel trayendo en una canasta algo de comida para su padre y su tío. Los acusaban de fabricar parque (municiones) para los cristeros. Al muchacho lo soltaron hacia la medianoche, sin darle noticia alguna sobre su padre.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Mártires de Cristo==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Empezó entonces el calvario de los dos hermanos mártires. El sargento de la policía que mandaba a aquellos sayones se llamaba Felipe Vázquez. Y como solían hacer con los demás presos cristianos, ordenó que los suspendiesen de los dedos pulgares y azotarles las espaldas, con el propósito de arrancarles confesiones sobre los movimientos de los cristeros y obligarlos a indicar donde se encontraban escondidos sus hermanos sacerdotes, y el arzobispo de Guadalajara Don Francisco Orozco y Jiménez. Los dos hermanos de sangre por su nacimiento humano, se van a convertir en hermanos gemelos de sangre derramándola por Cristo en el martirio, y naciendo el mismo día a la gloria de los mártires. ¿Cuáles fueron los rasgos más significativos de Salvador?&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==SALVADOR HUERTA GUTIÉRREZ. (Magdalena, 1880; Guadalajara, 1927)==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El cuarto y penúltimo hijo del matrimonio Huerta Gutiérrez fue Salvador.  Nació el 18 de marzo de 1880, cuatro años y cuatro meses después de Ezequiel, en Magdalena&amp;lt;ref&amp;gt;Doc. personales, 25),  499.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Fue bautizado cuatro días después de su nacimiento, el 22 de marzo, en la iglesia parroquial de Magdalena por el sacerdote José María Rojas; fueron sus padrinos Pablo Apodaca y María Huerta. &lt;br /&gt;
	&lt;br /&gt;
Uno de sus hijos, Eduardo, nos da un retrato interesante de él; sus hijos lo quisieron y admiraron mucho, por ello la fotografía que nos ofrece su hijo es ciertamente sublimada por aquel profundo afecto. Así declaraba ante el tribunal de su Proceso de martirio ''“Era alto, muy robusto, de piel muy clara, ojos muy profundos, muy dinámico; un poco reservado, alegre, difícilmente se desmoralizaba por las adversidades. Desde muy joven trabajó y siempre tuvo lo necesario para vivir, hasta alcanzar una buena posición social y económica”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. V,  24i, n. 641.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Le gustaba manipular con los objetos mecánicos; era perseverante y fuerte en sus cosas, pero era dócil, formal, tranquilo y alegre, obediente y sobre todo muy cariñoso con sus papás.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Su vocación por la mecánica==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como a su hermano Ezequiel, también le apasionaba la música. A este amor añadió el de la mecánica. Sería la profesión de su vida&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. III,  231, n. 613.&amp;lt;/ref&amp;gt;. Salvador entró en el Liceo de Varones de Guadalajara. Así lo recuerda José Huerta García, su sobrino e hijo del mártir Ezequiel: ''“Él estudió en el Liceo de Varones y creo que estudió también algo de literatura o algo así porque tenía una ortografía y caligrafía muy bonita. Se puso a aprender de lleno la mecánica con unos alemanes que lo apreciaban mucho y de los que aprendió bastante. Él inició de aprendiz, ya que así era en aquellos tiempos, pero fue muy precoz. Trabajó de joven en “La Casa Redonda” de los ferrocarriles, ahí aprendió bastante de máquinas y de mecánica en general”''&amp;lt;ref&amp;gt;Summ., Test. VI,  246, ad 12; Test. XI,  278, ad 10.&amp;lt;/ref&amp;gt;. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Acabada la escuela secundaria se vio que su camino no era el de los estudios. Sus padres lo enviaron de nuevo al campo, pensando que podría servirle para madurar su elección vocacional. Y así fue. Optó por lo que era la pasión de su vida: la mecánica. Entró a trabajar en una compañía alemana bajo la dirección de un ingeniero llamado Carlos Trowsdo, convirtiéndose luego en uno reconocido mecánico de automóviles en Guadalajara. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En cierta ocasión quisieron probar una máquina y los responsables escogieron a otro mecánico para que la pusiera en marcha. Sucedió una grave desgracia mientras la ponía en marcha: en el arranque despidió una piedra que golpeó gravemente en la cabeza al conductor, matándole. Salvador salvaba así providencialmente su vida. Estas noticias nos muestran un joven activo, inteligente, práctico y en cierto sentido independiente y con espíritu de iniciativa. Ello le facilitaría abrirse camino en la vida y encontrar un buen oficio en todos los lugares por donde anduvo. Así estuvo en Zacatecas trabajando en aquella región minera en las bombas y en otros trabajos mecánicos. También aquí le pasó algo sorprendente. Un día yendo en un elevador se rompió una de las poleas. El ascensor cayó y murieron todos los obreros que lo ocupaban menos Salvador. De Zacatecas se traslada a Aguascalientes y entra a trabajar en los talleres de la llamada “La Casa Redonda”; eran uno talleres donde se construían y arreglaban las máquinas y vagones de los Ferrocarriles Nacionales Mexicanos. Era un mecánico apreciado. Pero también aquí sufrió varios accidentes de los que salió siempre ileso. Un día, por ejemplo, se le atoró el tirante del pantalón en una de las bandas de una máquina que lo levantó hasta casi el cielo. El tirante se rompió y Salvador cayó al suelo recibiendo un gran golpe, pero la maquina no se lo tragó. Otro día se le cayó encima el frente de una locomotora, pero los golpes no resultaron graves. Parecía destinado a sacrificios mayores.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Formación de su propia familia==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En Atotonilco el Alto junto conoció y se enamoró de una joven llamada Adelina Jiménez, hija de españoles andaluces. Así cuenta uno de sus sobrinos, José, hijo del también mártir Ezequiel, y nacido en 1913,  que tenía 15 años cuando su padre y su tío fueron martirizados: &lt;br /&gt;
“Que yo sepa sólo tuvo una sola y única novia que fue mi tía Adelina, la conoció desde muy chico y como que se enamoró de ella y cuando tuvieron la edad que era permitido se hicieron novios y se casaron (...) Su matrimonio fue una maravilla; parecía como si siempre estuvieran enamorados; se gustaban mucho. Como que se adivinaban el pensamiento; se trataban con mucho respeto. Nunca los vi pelearse o estar enojados. Tuvieron diez hijos” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La familia de la joven, que era huérfana de madre, no veía de buenos aquélla relación ya que Salvador tenía diez años más que ella y  además no era de una familia tan acomodada como la de ella. Fueron novios durante tres años. Al final se casaron  un 20 de abril de 1907,  en la Capilla del Calvario de Atotonilco, en presencia de sus dos hermanos sacerdotes . Salvador tenía 27 años y Adelina 18. Dos de los cuatro padrinos de boda fueron su hermano y futuro mártir con él, Ezequiel, junto con su esposa. Se fueron a vivir a Aguascalientes donde Salvador trabajaba. Vivieron casados veinte años, hasta su martirio. Dios les bendijo con once hijos. Salvador (1908), María (1909), Guadalupe (1911), Gabriel (1913), Dolores (1914), Isabel (1917), Antonio (1919), Francisco (1921), José Luís (1924), Isaac (1924) que falleció a los 40 días de nacido, y Eduardo (1926).  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Un buen mecánico==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los dos primeros años vivieron en Aguascalientes, donde  nacieron sus dos primeros hijos. En 1909, tras la insistencia de su madre, se trasladaron a Guadalajara; allí Salvador empezó a trabajar como mecánico autónomo abriendo un taller mecánico propio, muy conocido en la ciudad. Comenzó alquilando un local para guardar los coches que le traían para reparar; más tarde tuvo que rentar un local más grande; no daba casi abasto en las reparaciones; tanto era el trabajo que tenía porque todo el mundo lo conocía como uno de los mecánicos mejores y más honrados de la ciudad. Los clientes venían de todas partes: particulares y administración pública, gente en alto como generales y empleados del Gobierno o gente normal; a todos atendía con competencia y sin distinciones . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Así recordaba uno de sus empleados y compañeros de trabajo:  “El fue sencillo, humilde, nada tenía de presumido o creído. Él sabía que tenía uno de los mejores talleres de Guadalajara, y gran clientela y, si usted lo hubiera conocido... a todos trataba igual, con sencillez, optimismo; él metía a todo, desde arreglar las máquinas de los carros, lavaba los fierros, barrer el taller, sacudir los carros, lavarlos y dejarlos limpios. Él no se ponía ningún límite para hacer lo que tenía que hacer, fuere lo que fuere” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este trato con los trabajadores de su taller era, a decir de los testigos, exquisito; enseñaba a los más jóvenes, aconsejaba a todos, y sobre todo les daba ejemplo de trabajo, orden y vida cristiana. Así lo recuerda el compañero de trabajo, entonces aún bastante joven, José Cruz Gutiérrez García: “A nosotros nos tenía mucha paciencia porque varios éramos aprendices, nos enseñaba muy bien cada una de las cosas que teníamos que aprender. Tenía todo muy bien organizado y muy limpio. Él encomendaba un trabajo y siempre él lo supervisaba. Nos daba fe y mucha confianza. Yo lo acompañaba a recoger los carros y de regreso me dejaba manejar y me daba mucha seguridad; así aprendí la mecánica y a manejar que fue después lo que me ayudó a vivir y a sacar a mi familia. Siempre ayudaba a quien llegaba y pedía ayuda; nunca se le negaba nada y siempre salía con algo. Algunas veces nos daba algo más de lo que ganábamos. Nos preguntaba sobre nuestra familia; non daba consejos; era más que un patrón para nosotros, como un padre y así lo veíamos” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Una santidad laical en la vida del trabajo diario==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Este joven mecánico vivía una vida familiar y laboral que rezumaba recia fe cristiana por todas partes. Los trabajadores de aquel taller eran conscientes de ello, y por ello lo trataban con mucho respecto. Era un hombre que tendía su mano y abría su experiencia a todos; lo demostraba en el trato con sus obreros a los que él siempre ayudaba y les enseñaba, si algo no sabían, con paciencia. Como recuerda uno de ellos “casi siempre nos estimulaba y decía: “Claro que tu puedes”. Era muy entusiasta. Ayudó mucho a sus trabajadores y a sus familias” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Llama la atención cómo aquel trabajador vivía en la presencia de Dios. Recuerda uno de los testigos: “Su relación con Dios se manifestó en cada momento de su vida, desde el amanecer en que él ofrecía a Dios su día y le ponía la intención del mes, hasta los momentos en que él trabajaba dedicándole a Dios cada uno de sus actos; él decía: ‘El trabajo es también un templo donde un también se puede comunicar con Dios.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como sus hermanos pertenecía a la Adoración Nocturna. Había solicitado entrar en la Asociación el 7 de marzo de 1921, y fue aceptado en 8 de agosto del mismo año. No había muchas asociaciones laicales por aquel entonces. La Adoración Nocturna era en México una de las más vivas. Los miembros pasaban toda la noche en guardia ante el Santísimo, o le dedicaban alguna hora en turnos durante la noche. Salvador solía pasar toda la noche. Lo hacía de rodillas. Además participaba en la vida de su parroquia, el templo de San Felipe y en el Santuario . Su hijo mayor, Salvador, recordaba que muchas veces yendo en el coche se detenía frente a cualquier iglesia y le decía: “Vamos a visitar a nuestro Señor unos minutos. Se acercaba a mi oído y me pedía le pidiera a nuestro Señor que me hiciera bueno, inteligente en lo que yo hiciera del trabajo o carrera y santo, pero principalmente más que todo y sobre todo el ser humilde”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En su casa se observaban rigurosamente los ayunos y abstinencias, y Salvador daba el ejemplo, absteniéndose durante la cuaresma de sazonar las comidas con el chile, que tanto gustaba; luego llegaba la Semana Santa que la familia vivía con una intensidad ejemplar, como una especie de participación familiar a un triduo de ejercicios espirituales y de intensa participación a los Misterios de la Pasión de Cristo; llegaba luego el día de Pascua; aquel día solemne era una gran fiesta para todos. Su casa era un hogar cristiano en el que la vida transcurría señalada por el año litúrgico. No parece exagerar si afirmamos que aquel hogar vivía una vida singular, como la experiencia de la vida de los antiguos monjes, sumergidos en un mundo de barbarie, y por ello mismo signo gozoso de esperanza y de vida nueva para rehacer una sociedad hecha añicos.&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==Un hombre recio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Que un hombre recio y sumergido en la actividad laboral con tan fuerte intensidad viviese este estilo de vida familiar, llama poderosamente la atención si se tiene en cuenta del ambiente hostil que los cristianos practicantes debían vivir por aquel entonces. Sus hijos y amigos testimonian sobre su gran fortaleza y cómo aguantaba todo, dolores físicos y morales, con rostro gozoso y sereno. Durante una carrera de coches se encontraba como juez al lado de la pista, uno de los coches manejado por una mujer se salió de la pista arrollándole y causándole graves heridas. El accidente le trajo consecuencias penosas para el resto de su vida, sobre todo en uno de  los pies que se le hinchaba al tener que estar inmóvil debido a su trabajo en el taller. Sin embargo él supo soportar todo con serenidad y fuerza. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Como mecánico sufrió otros percances y accidentes en su trabajo, a veces dolorosos, que él sufrió con entereza, como en cierta ocasión en que se le machacaron dos dedos de la mano y tuvo que ser operado de urgencia; le tuvieron que cortar un pedacito de hueso para poder coserle uno de los dedos afectados; lo hicieron sin anestesia. Ofrecía todo a Dios por los demás, especialmente por su esposa que por aquel entontes sufría de cólicos hepáticos. Esta fortaleza y entereza emerge con fuerza durante su detención y martirio. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Uno de sus sobrinos, hijo de su hermano Ezequiel, recuerda: “Una de las cosas que me impresionaron de él era su sinceridad y tranquilidad. Una vez platicando con mi papá le decía: &lt;br /&gt;
“Oye, Salvador, y si nos matan a nosotros, ¿qué pasará con nuestras familias? Él muy tranquilo contestó: «Tan simple como que se las encomendamos a Dios, desde el cielo se puede guiar mejor a la familia y que jamás les falte nada»”. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==En las vísperas del martirio==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por aquellos días su hijo primogénito Salvador se había unido a los cristeros junto con su primo Manuel. El viernes 1 de abril de 1927 fueron fusilados Anacleto González Flores y varios jóvenes católicos de Guadalajara. Así recuerda la hija del mártir Salvador aquellos momentos dramáticos: “Fue el primero de abril cuando fusilaron al maestro Anacleto González Flores. Llegaron mi hermano salvador y mi primo Manuel que andaban en la cristiada, y mi padre y mi tío Ezequiel decidieron mandarlo a los Estados Unidos. Mi padre se despidió de ellos y les dijo: «De nosotros no se apuren, si es que nos matan, pues que nos maten». Y así continua la testigo, hija del mártir: “Salieron rumbo a La Quemada para tomar el tren a Estados Unidos. Mi padre se fue al taller”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, la noticia del asesinato de Anacleto y sus compañeros estremeció a toda Guadalajara. Precisamente por aquellos días, los primos Manuel y Salvador habían venido a Guadalajara para visitar a sus padres. Aquella misma noche del viernes doloroso, los dos primos fueron al lugar donde los amigos y familiares velaban los cuerpos de los mártires. El ambiente saturado de tensión se podía cortar. En el mismo día, el futuro mártir Ezequiel fue a visitar a su hermano Salvador a su casa. Les preocupaban sus hijos mayores. Decidieron enviarlos al amanecer del día siguiente a los Estados Unidos para evitar que volviesen a la guerrilla cristera. Así fue. Adelina, la esposa de Salvador los acompañó en coche hasta la estación del tren; la debían acompañar también sus hijos María y Eduardo para evitar las sospechas de los controles que los militares habían puesto en el camino. Era el dos de abril de 1927. Así recuerda Manuel aquella impresionante despedida: “Mi tío Salvador nos despidió a mí y a Salvador, su hijo porque nos íbamos a ir a La Quemada, para tomar el tren para los Estados Unidos, pues mi padre y su hermano Salvador no querían que siguiéramos en la lucha armada. Mi tía, la esposa de Salvador, nos llevó. Fue la última vez que los vi a él y a mi papá” .&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Su hija Isabel, que entonces tenía diez años recuerda: “Como a las once de la mañana llegaron unos policías a la casa para catearla y esculcaron todo. Sólo encontraron la pistola que mi primo Manuel había dejado antes de irse a los Estados Unidos. Más o menos a esa misma hora fueron al taller de mi padre y engañándolo, dizque para la reparación de un camión del Gobierno, se lo llevaron y jamás lo volví a ver.”  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Salvador les había creído porque ya otras veces habían solicitado sus servicios mecánicos para reparar algún vehículo militar. Cuando llegó al cuartel militar, allí lo detuvieron sin explicaciones y ya no vería más a ninguno de su familia. Mientras tanto la policía había invadido su casa, sin algún mandato judicial, y la había cateado. Durante el cateo cerraron la casa con llave, sin dejar entrar o salir a nadie. Dijeron que buscaban armas y propaganda católica. Revolvieron todo y echaron patas arriba muebles, roperos y enseres, rompiendo armarios, rajando colchones, abriendo cajones... Sólo encontraron algunos rosarios y estampas religiosas que eran del hermano sacerdote de los dos mártires, Eduardo, y una pistola de Manuel, que quería entregar a su padre y se le había olvidado antes de escaparse a los Estados Unidos con su primo.&lt;br /&gt;
Los policías, tras revolver y tirar todo por tierra, se pararon en la cocina y tuvieron la desfachatez de engullir la comida que estaba preparada para los niños de la familia. Antes de irse dijeron a una de las hijas, Guadalupe, la mayor de las que estaban en casa, que mandara algo de comer a su padre a la jefatura de la policía porque lo habían detenido. Guadalupe mandó entonces a su hermano Gabriel, que entonces tenía 14 años, con algo de comer para su padre. Gabriel llvó la canasta a la jefatura, pero jamás encontró a su padre. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una vez encerrado en un lúgubre calabozo del cuartel de la policía, Salvador se encontró con la inmensa sorpresa de ver que allí se encontraba otro preso: su hermano Ezequiel. Fue una sorpresa, pero fue también un motivo de inmenso confortamiento. Dios, que había saldado una fuerte amistad entre ellos en vida, la fortalecerá en los momentos supremos del testimonio con su sangre. Juntos habían crecido, juntos habían sudado para abrirse camino en la vida, juntos habían luchado por su fe católica, y ahora juntos iban a sellar su testimonio con su sangre mezclada en aquel sacrificio supremo. En las breves horas que les quedaron de vida los dos hermanos iban ser sostenedores mutuos de aquel testimonio.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Lo recuerda José, hijo de Ezequiel: “después de que los habían matado supimos que estuvieron en el Cuartel Colorado, pero en los separos [celdas] de los sótanos que eran muy húmedos, apestosos y llenos de animales. Ahí los interrogaron, tanto a él (mi tío Salvador) como a mi padre [Ezequiel]; los golpearon y trataron de que apostataran de su fe su de su religión, pero no los convencieron y optaron por matarlos”.  El testigo  más fuerte de aquellos últimos momentos de los dos mártires, será el seminarista que había sido detenido junto con Ezequiel y quien se encontraba en el calabozo contiguo, desde donde pudo escuchar y seguir todos los acontecimientos. Su testimonio será recogido por otros allegados a los mártires que declararían años más tarde. Concretamente María Guadalupe (quien había quedado en casa cuidando a sus hermanos menores), refiriéndose a su padre Salvador, recordaba: “Parece que el tiempo que estuvo en la cárcel tuvo una conducta muy tranquila y muy serena. Él fue el que animó a su hermano Ezequiel a que confiara mucho en Dios, quien velaría por sus esposas y sus hijos. Parece que su hermano fue su único compañero de prisión según testimonio de este joven Bernal que se encontraba ahí detenido”.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==La tortura previa al martirio de los dos hermanos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ezequiel y Salvador  fueron encerrados en los subterráneos del Cuartel Colorado. Allí fueron torturados. El general Jesús M. Ferreira fue quien ordenó las torturas. Quería sacarles noticias sobre sus dos hermanos sacerdotes José Refugio y Eduardo, que andaban escondidos ante el acoso persecutorio, como la mayor parte de los sacerdotes. Quería saber también el escondite del Arzobispo don Francisco Orozco y Jiménez, quien era una de las almas del combatiente catolicismo mexicano del momento. Como en aquellos días el movimiento cristero estaba creciendo y las fuerzas federales sufrían continuos reveses, los militares querían conocer los movimientos de los mismos y creían que los dos hermanos, por su conocido significado católico, podían darles informaciones sobre los mismos. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fue un sargento, llamado Felipe Vázquez, quien se encargó de realizar las torturas, bastante usuales en los métodos de aquella policía: los colgaron por los pulgares y los azotaron en la espalda. El primero que fue torturado fue Ezequiel. No le pudieron sacar nada, también porque no lo sabía, y sobre todo no lograron que apostatara de su fe católica, que era lo que pretendían. El buen tenor tuvo fuerzas para entonar el conocido y popular canto: “¡Que viva mi Cristo! ¡Que viva mi Rey! ¡Que impere doquiera, triunfante su ley!”. Azotes, golpes y tortura lo dejaron inconsciente y acallaron su canto. Lo arrojaron así “hecho un cristo llagado” a la loba (calabozo inmundo). Así le vio llegar el desencajado y aterrorizado joven seminarista Juan Bernal. María Guadalupe, hija de Salvador declaró: “Nos contaron que lo martirizaron mucho lo pusieron en una celda y ahí vio un bulto que se quejaba y vio que era su propio hermano Ezequiel que anteriormente lo habían golpeado. Ellos a pesar de sus dolores se pusieron a cantar: «¡Que viva mi Cristo! ¡Que viva mi Rey! ¡Que impere doquiera, triunfante su ley!». Esto me lo platicó un seminarista [... ] de apellido Bernal”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ezequiel quedó medio muerto. Cuando recuperó el conocimiento se le oyó que susurraba: “Señor, ten piedad de nosotros; Cristo, ten piedad de nosotros...”. Un jesuita de Guadalajara, el Padre Ricardo Rizo Hernández , que conoció y se relacionó mucho con la familia de los mártires, declaró en su día que los mártires hubiesen podido haberse librado de la muerte y salir libres si hubiesen traicionado su fe. Y refiriéndose en concreto a Ezequiel dijo que “prefirió ir hasta el martirio antes que cometer alguna acción en contra de su fe y su religión”. Nos relata también un detalle, recogido de labios de Juan Bernal, compañero de cárcel: “Estando todo golpeado y dolorido, le dice a Bernal. «Por favor cuando me maten, te pido que en la bolsa secreta de mi pantalón traigo una moneda de cien pesos de oro, dile a mi esposa que es lo único que les puedo dejar».” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Y continúa el  Padre Rizo: “Su muerte la ejecutaron casi en secreto, ya se había levantado mucho revuelto con la muerte del maestro [Anacleto González] y sus compañeros, apenas unos días antes. Yo creo que el Gobierno ya no quería provocar más manifestaciones, por eso ni los enterraron como se debía; simplemente los echaron a la fosa y los cubrieron con tierra. Fue después que los mismos familiares trataron de saber al menos dónde estaban, pero se podía hacer nada por ellos por miedo a una represión. Según me dijo Ezequiel, su hijo, se llevaron los restos a Arandas, en el seminario de los Padres Xaverianos” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Tras Ezequiel le llegó el turno de las torturas a su hermano Salvador. Supo ser fuerte en su terrible calvario. También a él lo arrojaron semimuerto en el calabozo, junto a su hermano Ezequiel. Aquí entra el testimonio del entonces joven Bernal, que presenció aquellos momentos terribles. “El Bernal, que después fue apóstol de los leprosos en la ciudad de Guadalajara, -cuenta uno de los testigos del Proceso de Martirio, Agustín Plasencia -,  estuvo preso con ellos; él era aún muy joven; yo creo que por eso no le hicieron nada, pero él contaba que en ningún momento lo vio flaquear. Cuando lo dejaron todo ensangrentado, junto con su hermano Ezequiel, sólo se oían leves quejidos y como que rezaban. Él estaba [Bernal] en la celda de enfrente. Cuando él contaba esto se le llenaban los ojos de lágrimas, dice que jamás se le iba a olvidar cuando los vio que los dejaron en la celda de enfrente todos golpeados pero con una entereza que sólo los hombres íntegros la pueden soportar y vivir.” &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==El martirio de los dos hermanos==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El gobierno actuó con sigilo y alevosía. No quería que la gente se enterara de lo que había hecho con los dos hermanos. Tenía la experiencia de cuanto había pasado pocos días antes con el asesinato de Anacleto González Flores y de sus tres compañeros que había levantado una oleada de protestas y una serie de manifestaciones a favor de los que la gente consideró desde el primer momento, como mártires de la fe. A las tres de la madrugada del domingo 3 de abril de 1927 sacaron a los dos hermanos Huerta en el camión de la policía, la julia, como la llamaba la gente. Los llevaron al cercano cementerio municipal de Mezquitán. Allí esperaba a los dos hermanos detenidos un pelotón de soldados para fusilarlos. Los fusilarán “a la entrada a mano derecha sobre el muro del panteón mismo por la parte de adentro” . &lt;br /&gt;
Los dos hermanos perdonaron a los quienes en nombre del Gobierno de la Nación los fusilaban sin juicio, sin ley y sin derecho. “Los perdonamos, ¿verdad?, dijo Salvador a su hermano Ezequiel”. Fusilaron primero a Ezequiel, que  “en ningún momento titubeó o se le vio que haya tenido miedo a la muerte; al contrario, ante el pelotón de soldados don Ezequiel mismo se paró junto a la barda sin que nadie le acompañara, ya cuando sabe y siente el paraíso, la tierra se le hace chiquita; es una gracia que Dios le concede verdaderamente a muy pocos”.  “Tranquilo y sin amarrar de los ojos comenzó a cantar la canción de ‘Viva Cristo mi Rey [...]’; ahí le dispararon; después siguió don Salvador” . &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Estaban presentes entre otros, algunas personas identificadas como los veladores en el cementerio, Casimiro Rodríguez y Atanasio Sánchez, que alumbraban la escena con una vela; “De esto dieron testimonio los que estaban en la custodia nocturna del panteón” . “Los fusilaron en el panteón de Mezquitán el día 3 de abril de 1927, más o menos fue el fusilamiento como a la una de la mañana precisamente para no despertar sospechas, ni que la gente si diera cuenta para evitar manifestaciones como con don Anacleto y los que murieron con él. En el muro derecho del panteón y recargados sobre la misma barda, ahí los colocaron, primero fusilaron a mi papá; después mi tío Salvador muy tranquilo se quitó el sombrero y dirigiéndose a mi padre le dijo. «Me descubro ante ti, hermano, porque ya eres un mártir». Después se colocó espaldas al muro y viendo que el velador del panteón traía una vela encendida se la pidió, se rasgó la camisa y dirigiéndose a los soldados les dijo: «Les pongo esta vela en mi corazón para que no falléis ante corazón que tanto ha amado a Cristo, su Rey, su Dios». Una descarga de fusiles se oyó y mi tío cayó muerto. Después el capitán del pelotón se acercó a él y para que no quedara duda le dio el tiro de gracia en la mitad de la frente; esto lo confirmamos cuando sacamos los cadáveres”.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Solamente en 1932 los familiares de los dos mártires pudieron exhumar los cadáveres, reconocerlos y sepultarlos en la cripta de la familia Huerta en el mismo Panteón de Mezquitán. En 1952 por orden del cardenal arzobispo de Guadalajara, Garibi Rivera, serían trasladados a la parroquia del Dulce Nombre de Jesús de Guadalajara; era su párroco uno de los hermanos de los mártires, el Padre José Refugio Huerta Gutiérrez. El 20 de noviembre de 1980, las reliquias de los Mártires fueron de nuevo trasladadas a la capilla del seminario de los Misioneros Xaverianos en la colonia del Carmen en Arandas, Jalisco.  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los hermanos Ezequiel y Salvador Huerta Gutiérrez fueron beatificados como Mártires de la Fe, por mandato de SS. Benedicto XVI, el 20 de noviembre de 2005 en Guadalajara, en una ceremonia presidida por el Cardenal José Saraiva Martins C.M.F, Prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
==NOTAS:==&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
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		<title>Glosario</title>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: /* P */&lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLBUM DE LA CORONACIÓN de la Santísima Virgen de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALCALDE Y BARRIGA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALEGRE, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALTAMIRANO, Basilio Ignacio Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVA IXTLILXÓCHITL, Fernando de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALVARADO, Tezozómoc Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ HERRERA, Bernardino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLVAREZ MENDOZA, San Julio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AMÉRICA LATINA: El Término]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANÁHUAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANALES ANTIGUOS de México y sus contornos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁNGEL; a los pies de la Guadalupana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ANTUÑANO, Esteban de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[APARICIO, Sebastián de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARABESCO; estilo artístico]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARANEDA BRAVO, Fidel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁRCIGA Y RUIZ DE CHÁVEZ, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVO HISTÓRICO DEL ARZOBISPADO DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS ECLESIASTICAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARENAS Pedro De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARRANGOIZ Y BERZÁBAL, Francisco de Paula]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE PLUMARIO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTESANÍAS MEXICANAS, en la liturgia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AYORA, Fray Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZNAR Barbachano, Tomás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARTOLACHE y Díaz Posada, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASALENQUE, Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASASIO Arnaldo fray ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASÍLICA DE GUADALUPE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENZONI, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BIENVENIDA, Fray Lorenzo de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BITTI, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BORDONE Benedetto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTERO Giovanni]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTURINI BENADUCCI, Lorenzo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BRAVO Ugarte, José S.J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUSTAMANTE, fray Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BURRUS, Ernest Joseph]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABILDO ECLESIÁSTICO DE MÉXICO; sus actas capitulares]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALLES, Plutarco Elías]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALMECAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALOCA CORTÉS, San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALPAN, Convento de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAMPECHE. Capital del Estado mexicano del mismo nombre]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS COVARRUBIAS, José Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CAÑAS Y CALVO, Blas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CARRASCO y Saavedra, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL, Julio J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASAL Muñoz, Marynés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASANOVA CASANOVA, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CASTELLANOS Y CASTELLANOS, Leonardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATALÁ Y GUASCH, FRAY MAGÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO y cultura en el nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CERVANTES de Salazar Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHALMA; Santuario del Señor de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHAVEZ Jerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHIAPA DE CORZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHICHIMECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Financiamiento de la iglesia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Recepción de las encíclicas sociales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CIUDAD RODRIGO, Fray Antonio de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CISNEROS, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CLAVIJERO, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE FLORENTINO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE OSUNA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICES precolombinos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CÓDICE VATICANO B]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[COFRADÍAS EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIOS APOSTÓLICOS de Propaganda Fide]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLEGIO  VIZCAÍNAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COLÓN, Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COMPLEJO Tupí-Guaraní]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCHA, Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCEPCIÓN, DIÓCESIS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIO PLENARIO LATINOAMERICANO DE 1899]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORREA MAGALLANES, San Mateo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORTÉS, Hernán]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[COSÍO VILLEGAS, Daniel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRISTIADA ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CRUZ ALVARADO, San Atilano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
'''[[DE BRY, Theodor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[D'ANANIA, GIOVANNI LORENZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ELÍZAGA PRADO, José Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERMITA DEL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCALANTE y Escalante, Alonso M]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN; su impacto en un nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA; los primeros evangelizadores y sus métodos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE URIBE y Casarejos José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERRI Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES y Troncoso, Francisco de Asís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRACASTORO, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRANCISCANOS  en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GACETA OFICIAL del Arzobispado de México 1897-2011]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GANTE, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA DE LA HUERTA, Tadea]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ICAZBALCETA Joaquín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARIBAY y Kintana, Ángel María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GERSON, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GILLOW Y ZAVALZA, Eulogio Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GIUSTINIANI Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GLAREANUS, Henricus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ DE PORTUGAL Y SOLÍS, Juan Cayetano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GÓMEZ Loza, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZAGA Francesco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GONZÁLEZ DE MARMOLEJO, Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Atentado contra la Imagen]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Bibliografía general]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUZMÁN LECAROZ, Joseph Francisco Xavier Miguel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUANAJUATO; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUIZAR Y VALENCIA, San Rafael]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== H ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HABSBURGO, Maximiliano de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIDALGO  Y COSTILLA GALLAGA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HIJAR Y MENDOZA, Martín Alonso ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITAL DEL AMOR DE DIOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HOSPITALES Y HOSPICIOS DE LA NUEVA ESPAÑA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEI TLAMAHUIZOLTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUEJOTZINGO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUITZILOPOCHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[HUTTEN, Ulrich Von]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== I ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA ANTIGUA de los indios en el Tepeyac.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ITZCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== J ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JESUITAS (Compañia de Jesús)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; procesos de beatificación y de canonización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUÁREZ GARCÍA, Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== K ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KINO, Eusebio Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[KUBLER, George Alexander ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== L ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAICISMO en chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LA CRUZ, SOR JUANA INÉS DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAMAS, José Benito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARRAÍN ERRÁZURIZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LARROBLA, Juan Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEDESMA, Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEÓN CALDERÓN, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEVINUS APOLLONIUS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIBERALES Y CONSERVADORES; su posición frente a la Iglesia en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ, Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE HERRERA, Fray Alonso  ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LUMNIUS IOANNES Fredericus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARGIL DE JESÚS, Fray Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTÍN Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAHUAYO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAN JOAQUÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES MEXICANOS EN JAPÓN (1597, 1627 Y 1632)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIRIO Cristiano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIROLOGIO MEXICANO ( 1914- 1940)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MATRIMONIO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDINA, PEDRO DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEERMAN Arnould OFM]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MERCATOR, Gerard]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Constitución de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Reforma, Guerra y Leyes de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONARDES, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ CAMARGO, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÜNSTER, Sebastian]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NERVO,  Amado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NIÑOS MÁRTIRES DE TLAXCALA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[O´GORMAN, Edmundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANÉ,Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAYNO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEÑAFIEL Barranco, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIÓN Y MARTIRIO EN TABASCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIONES Y MARTIRIOS EN EL SIGLO XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POSSEVINO Antonio, SJ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA y religión  en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMIREZ Álvarez José Fernando]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[RAUW, Johann]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REVUELTAS Sánchez Silvestre]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RIVA PALACIO Guerrero Vicente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  San José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RULFO Juan ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUSCELLI GIROLAMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DE TAGLE, Varela Francisco Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANCHEZ DEL RÍO, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERMONES GUADALUPANOS en la formación de la identidad mexicana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERRA, Fray Junípero]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SILVANO Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SPAGNOLI Battista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TORQUEMADA, FRAY JUAN DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATADO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALADÉS,  Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALVERDE Téllez Emeterio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERACRUZ, Fray Alonso de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLAGRÁ Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[XOCHIMILCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YERMO Y PARRES, SAN JOSÉ MARÍA DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YUCATÁN EN EL TIEMPO. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZARCO, Francisco.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORITA Alonso de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
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		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;El objetivo de este glosario es facilitar el acceso a una definición de los principales términos que utilizamos en Wikipedia y en otros proyectos de la Fundación Wikimedia. Si no encuentras algún término de uso específico en Wikipedia o sus proyectos, bien puedes incluirlo en la lista para que alguien lo describa o preguntarlo en la página de discusión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
__NOTOC__&lt;br /&gt;
{{Índice}}&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== A ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ABAD Y QUEIPO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA DE SAN CARLOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE MEXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACAMAPICHTLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOLMAN; Convento de San Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACOSTA Zurita Darío]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACTOPAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ACUÑA Y MANRIQUE, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADAME Rosales, San Román]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ADORATRICES PERPETUAS; de Santa María de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁGREDA María de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUASCALIENTES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUIAR Y SEIJAS, Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUILAR ALEMÁN, San Rodrigo]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[AGUIRRE Moctezuma, Rafael ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AGUSTINOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁLBUM DE LA CORONACIÓN de la Santísima Virgen de Guadalupe]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALAMÁN Y ESCALADA, Lucas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALARCÓN Y SÁNCHEZ DE LA BARQUERA, Próspero María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALCALDE Y BARRIGA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ALDAY Y ASPEE, De Manuel]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[ALEGRE, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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'''[[ARABESCO; estilo artístico]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARANEDA BRAVO, Fidel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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'''[[ARTE SACRO EN AMÉRICA Y CHILE]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[ARTE Y PENSAMIENTO EN IBEROAMÉRICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTESANÍAS MEXICANAS, en la liturgia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ARTIGAS, José Gervasio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ASOCIACIÓN URUGUAYA DE EDUCACIÓN CATÓLICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÁVILA CAMACHO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AYORA, Fray Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZNAR Barbachano, Tomás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[AZTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== B ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BANEGAS GALVÁN, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARROCO INDIANO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BARTOLACHE y Díaz Posada, José Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASALENQUE, Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASASIO Arnaldo fray ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BASÍLICA DE GUADALUPE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BATIS SÁINZ, San Luis]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BECERRA TANCO, Luís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENAVENTE (MOTOLINIA), Fray Toribio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BENZONI, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETANZOS, Fray Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BETLEMITAS; orden religiosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BIENVENIDA, Fray Lorenzo de.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BITTI, Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BORDONE Benedetto]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTERO Giovanni]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BOTURINI BENADUCCI, Lorenzo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BRAVO Ugarte, José S.J.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUCARELI Y URSÚA, Antonio María de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BUSTAMANTE, fray Francisco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BULAS ALEJANDRINAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[BURRUS, Ernest Joseph]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== C ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABILDO ECLESIÁSTICO DE MÉXICO; sus actas capitulares]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CABRERA, Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CACES DE BROWN, Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALDERÓN DE LA BARCA, Erskine Frances, Marquesa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIO AZTECA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALENDARIOS INDÍGENAS MEXICAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CALIFORNIA; Misiones]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[CATECISMOS en México]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CATOLICISMO LIBERAL en Chile]]'''  &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CATOLICISMO y cultura en el nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CERVANTES de Salazar Francisco]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CHILE; Diócesis creadas en el siglo XX]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[CHILE; Órdenes y Congregaciones Religiosas]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CHILE: SÍNODOS DIOCESANOS Y CONCILIOS PROVINCIALES]]'''&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
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'''[[CHOLULA.  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CIHUACÓATL; Deidad femenina de la mitología azteca]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CIUDAD RODRIGO, Fray Antonio de.]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CONCILIOS Y SINODOS LATINOAMERICANOS.]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CONQUISTA DE MÉXICO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CORREA MAGALLANES, San Mateo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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'''[[CRISTIADA ]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[CUAUHTÉMOC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUAUTITLÁN; Convento franciscano y Juan Diego Cuahutlatoatzin]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[CUEVAS, Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== D ===&lt;br /&gt;
'''[[DE BRY, Theodor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEFENSA DEL INDÍGENA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DESCUBRIMIENTO DEL NUEVO MUNDO: Mentalidades culturales en el Mundo Europeo en la vigilia de 1492]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DEZA, Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DÍAZ DEL CASTILLO, Bernal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOCUMENTOS DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL DE CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DOMINICOS en la Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DONOSO VIVANCO, Justo Pastor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[DU ROUSIER, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[D'ANANIA, GIOVANNI LORENZO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== E ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ELÍZAGA PRADO, José Mariano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERMITA DEL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ERRÁZURIZ VALDIVIESO, Crescente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCALANTE y Escalante, Alonso M]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESCUDERO ESCUDERO, Alfonso María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESPAÑA; la sociedad española  en la época de los descubrimientos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ESQUEDA RAMÍREZ, San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN; su impacto en un nuevo mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EVANGELIZACIÓN DE AMÉRICA LATINA; los primeros evangelizadores y sus métodos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[EYZAGUIRRE PORTALES, José Ignacio Víctor]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== F ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Domingo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Josefa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ CONCHA, Rosa]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERNÁNDEZ DE URIBE y Casarejos José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FERRI Alfonso]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FILOSOFÍA Náhuatl]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES, Ana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES GARCÍA, San Margarito]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLOR Y CANTO DEL NACIMIENTO DEL NUEVO MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES y Troncoso, Francisco de Asís]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FLORES VARELA, San José Isabel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRACASTORO, Girolamo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FRANCISCANOS  en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[FUEROS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== G ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GALVÁN BERMÚDEZ, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GACETA OFICIAL del Arzobispado de México 1897-2011]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GANTE, Pedro de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÉS, FRAY JULIÁN]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GARCÍA ACOSTA, Andrés]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[GARIBAY y Kintana, Ángel María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[GIUSTINIANI Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GLAREANUS, Henricus]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; Descubrimientos arqueológicos en Estados Unidos]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; El Acontecimiento Guadalupano e Inculturación]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; el  problema de los &amp;quot;silencios&amp;quot;]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[GUADALUPE; El Santuario, su Culto y la Plaza Mariana]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[GUADALUPE; fuentes mestizas o indo-hispanas]]'''&lt;br /&gt;
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=== H ===&lt;br /&gt;
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=== I ===&lt;br /&gt;
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'''[[IGLESIA ANTIGUA de los indios en el Tepeyac.]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[IGLESIA Y LIBERARISMO EN LATINOAMERICA]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[INDEPENDENCIAS HISPANOAMERICANAS. EL CASO DE MÉXICO.]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[INDIOS pueblo]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[ITURBIDE, Agustín de]]'''&lt;br /&gt;
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=== J ===&lt;br /&gt;
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'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; Descendientes]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN; procesos de beatificación y de canonización]]'''&lt;br /&gt;
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=== K ===&lt;br /&gt;
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=== L ===&lt;br /&gt;
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'''[[LABASTIDA Y DÁVALOS, Pelagio  Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LACUNZA Y DÍAZ, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
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'''[[LAS CASAS, Fray Bartolomé de; ¿anti-negro?]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEDESMA, Bartolomé de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEÓN CALDERÓN, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LEVINUS APOLLONIUS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIBERALES Y CONSERVADORES; su posición frente a la Iglesia en México]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LICEO de Estudios Universitarios (LEU)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LIZÁRRAGA, DE Reginaldo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ, Gregorio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE HERRERA, Fray Alonso  ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LÓPEZ DE SANTA ANNA, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LOS ANDES, Santa Teresa de Jesús De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[LUMNIUS IOANNES Fredericus]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== M ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MAGALLANES JARA, San Cristóbal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MALINCHE; Tenépatl (Doña Marina)]]'''&lt;br /&gt;
 &lt;br /&gt;
'''[[MALDONADO MELÉNDEZ,  San Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MANRÍQUEZ Y ZÁRATE, José de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARGIL DE JESÚS, Fray Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTÍN Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIR DE ANGLERÍA, Pedro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
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&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES DE SAN JOAQUÍN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÁRTIRES MEXICANOS EN JAPÓN (1597, 1627 Y 1632)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIRIO Cristiano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MARTIROLOGIO MEXICANO ( 1914- 1940)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MATRIMONIO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDELLÍN, Diego De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEDINA, PEDRO DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MEERMAN Arnould OFM]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉNDEZ MONTOYA, San Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDIETA, Fray Gerónimo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MENDOZA  Y PACHECO, Antonio de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MERCATOR, Gerard]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Constitución de 1917; artículos antirreligiosos.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Educación desde la Revolución de 1910]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Evangelización]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Planes Políticos en los siglos XIX y XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Partido Católico Nacional.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO. Reforma, Guerra y Leyes de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÉXICO; Universidades y Colegios Mayores]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MINA, Francisco Javier]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MISIONES jesuíticas en Paraguay y Río de la Plata s. XVII y XVIII]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MODUS VIVENDI en México (1929-1992)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOLINA, Juan Ignacio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONARDES, Nicolás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONCAYO GARCÍA, José Pablo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONJAS, MUJERES y Conventos en el Nuevo Mundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MONUMENTA CARTOGRÁFICA VATICANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORA Y DE LA MORA, San Miguel de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORISCOS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELIA  (Arte Virreinal)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORELOS Y PAVÓN, José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MORIN, Bernarda]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOSQUERA Y ARBOLEDA, Manuel José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MOZÁRABE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUDÉJARES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUNGUÍA Y NÚÑEZ, Clemente de Jesús]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ CAMARGO, Diego]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUÑOZ, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MUJER en Uruguay]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÜNSTER, Sebastian]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA en Chile]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[MÚSICA  PREHISPÁNICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== N ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NAVARRETE GUERRERO, Julia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NERVO,  Amado]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NEZAHUALCÓYOTL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NOCHE TRISTE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NUEVA ESPAÑA; Virreinato de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[NIÑOS MÁRTIRES DE TLAXCALA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== O ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OCOTLÁN; Nuestra señora de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[O´GORMAN, Edmundo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OLMOS, Fray Andrés de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ÓRGANOS DE LA CATEDRAL DE MÉXICO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ORONA MADRIGAL, San Justino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[OVALLE, Alonso De]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== P ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALAFOX Y MENDOZA, Juan de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PALOMAR Y VIZCARRA, Miguel]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PANÉ,Ramón]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PÁTZCUARO;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PAYNO, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEÑAFIEL Barranco, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIÓN Y MARTIRIO EN TABASCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREGRINACIONES AL TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PEREYRA, Gómez Carlos ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PERSECUCIONES Y MARTIRIOS EN EL SIGLO XX]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POSSEVINO Antonio, SJ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POLÍTICA Y RELIGIÓN en los proyectos insurgentes y realistas de la independencia de Nueva España]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[POMAR, Juan Bautista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PRO, Miguel Agustín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA; Tercera Conferencia del CELAM (1979)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES;  Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[PUEBLA DE LOS  ÁNGELES; Ciudad ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Q ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUERÉTARO, Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUETZALCÓATL]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUINTO SOL (La cosmogonía azteca)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[QUIROGA, Vasco de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== R ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMOS ARIZPE, José Miguel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMIREZ Álvarez José Fernando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMÍREZ, FRAY JUAN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAMUSIO, Giambattista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RAUW, Johann]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REYES SALAZAR, San Sabás]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REGULES, Dardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REPISO MARTÍNEZ DE ORBE, Antonio ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[REVUELTAS Sánchez Silvestre]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RIVA PALACIO Guerrero Vicente]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROBLES HURTADO,  San José María]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO, Luis Francisco ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMERO DE TERREROS, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROMO GONZÁLEZ, Santo Toribio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSAS, Juventino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ROSS EDWARDS, Juana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUIZ DE ALARCÓN Y MENDOZA, Juan]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RULFO Juan ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[RUSCELLI GIROLAMO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== S ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAHAGÚN, Bernardino de Fray]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DE TAGLE, Varela Francisco Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SÁNCHEZ DELGADILLO, San Jenaro]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANCHEZ DEL RÍO, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SALAS, Antonia]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN JUAN DE ULÚA.  Castillo-Fortaleza]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN LUIS POTOSÍ; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SAN MIGUEL DE ALLENDE; Arte Virreinal]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA GRUTA DE LOURDES]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO NACIONAL DE LA VIRGEN DEL VERDÚN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SANTUARIO POPULAR DE SAN CONO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERMONES GUADALUPANOS en la formación de la identidad mexicana]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SERRA, Fray Junípero]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIERRA MÉNDEZ, Justo ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SIGÜENZA Y GÓNGORA, Carlos]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SILVANO Bernardo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOCIEDAD MEXICANA DE HISTORIA ECLESIÁSTICA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Domingo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SOTO, Fray Francisco de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SPAGNOLI Battista]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[SUÁREZ, Sor Úrsula ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== T ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TILMA GUADALUPANA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TELPOCHCALLI]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TENOCHTITLAN; Capital del pueblo  Azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEOTIHUACÁN]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEYAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEPEACA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TERESA DE MIER Y NORIEGA, Servando]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEXCOCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TEZCATLIPOCA;  Deidad azteca]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TLAXCALTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOLTECAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TONÁNTZIN (Cihuacóatl o Centeótl) ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TORQUEMADA, FRAY JUAN DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOTONACAS]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TOUSSAINT  Y  RITTER, Manuel]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TRATADO DE ALCAZOVAS-TOLEDO ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[TULPETLAC]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== U ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UBIARCO Robles, San Tranquilino]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ULTRAMONTANISMO EN CHILE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UNIVERSIDAD DE MÉXICO REAL Y PONTIFICIA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[UPPSALA; Mapa de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URIBE VELASCO, San David]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Los “curas constituyentes”]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música folklórica]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Música sacra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Piedad popular]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Oratorios rurales]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Primeras corrientes evangelizadoras]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Protestantismo]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Rebeliones indígenas]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[URUGUAY; Santoral]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== V ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALADÉS,  Fray Diego de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDÉS OSSA, Elisa ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALDIVIESO, Rafael Valentín]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALENCIA, Fray Martín de]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALERIANO, Antonio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VALVERDE Téllez Emeterio]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VAÏSSE, Emilio (Omer Emeth)]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Vida y Obra]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VARELA Félix; Proceso de beatificación]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VASCONCELOS  CALDERÓN, José]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELASCO Y RUIZ DE ALARCÓN, Luis de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VELAZQUEZ RODRÍGUEZ, Primo Feliciano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VERACRUZ, Fray Alonso de la]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIAJES DE JUAN PABLO II A MÉXICO]]''' &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VICUÑA LARRAÍN, Manuel ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLALPANDO, Cristóbal de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLAGRÁ Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VILLARROEL, Gaspar de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIRUELA]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[VIVES SOLAR, Fernando ]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== W ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== X ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[XOCHIMILCO]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Y ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YERMO Y PARRES, SAN JOSÉ MARÍA DE]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[YUCATÁN EN EL TIEMPO. Enciclopedia Alfabética]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=== Z ===&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAPATA  SALAZAR, Emiliano]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZARCO, Francisco.]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZAVALA SÁENZ, Lorenzo de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORITA Alonso de]]'''&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''[[ZORRILLA DE SAN MARTÍN, Juan]]'''&lt;/div&gt;</summary>
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	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=O%C2%B4GORMAN,_Edmundo&amp;diff=4995</id>
		<title>O´GORMAN, Edmundo</title>
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		<updated>2014-06-03T22:57:13Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.16.97.136: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;'''(Coyoacán 1906; ciudad de México 1995) Historiador'''.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hijo del ingeniero y pintor irlandés Cecil Crawford O ´Gorman, nació Edmundo O ‘Gorman en  Coyoacán, entonces pueblo colindante con la ciudad de México y hoy parte de ella, el 24 de noviembre de 1906. Juan, su hermano mayor, fue un célebre arquitecto y pintor. Edmundo estudió abogacía en la Escuela Libre de Derecho, recibiendo el título de abogado en 1928. Cursó después la maestría en Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y en 1951 obtuvo el grado de Doctor en Historia en la misma institución. Desde 1938 fue profesor en la UNAM; simultáneamente laboró en el Archivo General de la Nación, y en 1971 creó en la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México un Seminario de Historiografía Mexicana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Edmundo O´Gorman estudió con detalle diversas fuentes de la historia de México, como las obras del Padre José de Acosta, la Apologética Histórica de Fray Bartolomé de las Casas, la Historia de los Indios de Fray Toribio de Benavente,  Netzahualcóyotl de Fernando de Alva Ixtlixóchitl, y  la Historia de la revolución en la Nueva España, de Fray Servando Teresa de Mier. Las  reflexiones en torno a estas fuentes las publicó O´Gorman en el boletín del Archivo General de la Nación, así como en diversas publicaciones que despertaron el interés por la historiografía mexicana. En 1964 ingresó como miembro de número a la Academia Mexicana de Historia, de la cual fue su director por espacio de quince años (1972-1987). En 1974 recibió el Premio Nacional de Letras y en 1986 el Premio Nacional en Humanidades.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Seguidor del pensamiento de José Ortega y Gasset y de Martín Heidegger, al cual  llegó por medio de su maestro José Gaos, Edmundo O´Gorman argumentó desde sus primeros trabajos historiográficos  su rechazo a la historiografía positivista y cientificista. La obra donde manifiesta mejor su posición filosófica es también la más renombrada: «La Invención de América», cuya primera versión fue publicada en 1958 pero que tiene antecedentes desde 1947, cuando editó un pequeño trabajo titulado “''la conquista filosófica de América''” y en la que ya manifestaba “l''a necesidad de considerar la historia dentro de una perspectiva ontológica, es decir, como un proceso productor  de entidades históricas y no ya, según es habitual, como un proceso que da por supuesto, como algo previo, al ser de dichas entidades. (Dice O´Gorman que)Estas reflexiones me sirvieron para comprender que el concepto fundamental de esta manera de entender la historia era el de «invención», porque el de «creación», que supone producir algo «ex nihilo», sólo tiene sentido dentro del ámbito de la fe religiosa. Así fue como llegué a sospechar que la clave para resolver el problema de la aparición de América estaba en considerar ese suceso como resultado de una invención del pensamiento occidental y no ya como el de un descubrimiento meramente físico, realizado, además, por casualidad.''”&amp;lt;ref&amp;gt;O´Gorman, p. 9.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La filosofía de la historia que  O´Gorman sustentaba es historicista y relativista, pues parte de su afirmación de que “''el ser de las cosas no es algo que ellas tengan de por sí, sino algo que se les concede u otorga''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, p. 48&amp;lt;/ref&amp;gt;. Así, “''el mal que está en la raíz de todo el proceso histórico de la idea del descubrimiento de América, consiste en que se ha supuesto que ese trozo de materia cósmica que ahora conocemos como el Continente Americano ha sido eso desde siempre, cuando en realidad no lo ha sido sino a partir del momento en que se le concedió esa significación, y dejará de serlo el día en que, por algún cambio en la actual concepción del mundo, ya no se le conceda.''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, p. 49&amp;lt;/ref&amp;gt;Esta idea la ratifica más adelante al señalar que “''ni las cosas, ni los sucesos son algo en sí mismos, sino que su ser depende del sentido que se les conceda dentro del marco de referencia de la imagen que se tenga acerca de la realidad del momento.''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, p. 57&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Falleció en la ciudad de México el 28 de septiembre de 1995. Por su labor que durante muchos años desempeñó como profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México, un buen número de historiadores  han sido  formados en  la escuela del  historicismo relativista  de O´Gorman.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Obras:&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Historia de las divisiones territoriales de México&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Crisis y Porvenir de la Ciencia Histórica&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fundamentos de la historia de América&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Invención de América&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La Supervivencia Política Novohispana&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
México, el trauma de su Historia&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* O´Gorman Edmundo. ''La Invención de América''. Cultura SEP, colección lecturas mexicanas N° 63, México 1984&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''JUAN LOUVIER CALDERÓN'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.16.97.136</name></author>
		
	</entry>
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