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	<title>Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina - Contribuciones del usuario [es]</title>
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	<updated>2026-04-28T06:28:06Z</updated>
	<subtitle>Contribuciones del usuario</subtitle>
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		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=URUGUAY;_Protestantismo&amp;diff=5230</id>
		<title>URUGUAY; Protestantismo</title>
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		<updated>2014-06-18T17:46:33Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.17.12.220: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;		      	    &lt;br /&gt;
El estudio del protestantismo en Uruguay es, en buena medida, una materia pendiente, una tarea por hacer. La mayoría de los abordajes realizados hasta el momento han referido a la peripecia de cada una de las denominaciones o a determinados momentos en los que el protestantismo tuvo una mayor incidencia pública. En el primer caso, el tono apologético y de crónica ha prevalecido sobre la visión histórica, salvo raras excepciones; en el segundo, es posible advertir una visión más objetiva, pero ha abarcado períodos muy limitados. Por otra parte, los esfuerzos globalizadores han sido en la práctica, inexistentes y a veces no muy logrados, pues se han sustentado en un tono confesional, subjetivo, militante.	&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el proceso histórico de implantación de las iglesias reformadas en el país es posible distinguir dos tipos de protestantismo, uno misionero y otro de inmigración. Se ha llamado ''protestantismo de misión'' a aquel que desarrolló una importante acción proselitista en el medio, una tarea de evangelización, adaptando su estructura institucional a las realidades del medio en el que actuaba y, hecho destacado, predicando en el idioma del país. Este tipo de iglesias presentaban, en sus inicios, una relación muy estrecha con agentes de alguna ''sociedad bíblica'' y una marcada presencia urbana. En Uruguay, el caso paradigmático, en su momento, fue el de los metodistas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
''Iglesias de inmigración o étnicas'' fueron aquellas conformadas en torno a grupos inmigratorios, y cuya función principal fue la preservación del grupo en cuanto tal. En otras palabras, cumplieron un papel determinante en la conservación de la identidad, y su perfil proselitista fue muy bajo o prácticamente inexistente: lo que importaba era conservar unido al ''rebaño''. El investigador suizo Christhian Lalive D'Epinay las definió como ''&amp;quot;una confesión protestante que sirve de ideología religiosa a un grupo de inmigrantes y que cumple una misión socio-cultural que fundamenta su etnia&amp;quot;''&amp;lt;ref&amp;gt; VILLALPANDO, Waldo (ed.) Las iglesias del trasplante. Protestantismo e inmigración a la Argentina, Buenos Aires, 1970, 17&amp;lt;/ref&amp;gt;.En estos casos, la congregación religiosa se transformó en un organismo que ayudaba al inmigrante a enfrentar colectivamente el choque traumático con el nuevo medio, procurando mantener los rasgos culturales originales, como las costumbres y el idioma. Esto hizo que la integración a ese nuevo medio se produjera de forma muy lenta. Dentro de esta categoría es posible incluir a los valdenses, los anglicanos, los reformados suizos y, ya en el siglo XX, los armenios, los menonitas y otros.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por su parte, estas ''iglesias étnicas'' vivieron, en mayor o menor grado, un proceso de ''naturalización''. Este fenómeno se fue verificando en la medida en que el grupo inmigratorio comenzó a asimilarse al país receptor y empezó a dejar de lado alguno de sus rasgos de identidad (el idioma, por ejemplo). Esta crisis de &amp;quot;naturalización&amp;quot; no fue producto, por lo tanto, de una decisión voluntaria de los miembros de la Iglesia sino una respuesta a nuevas realidades, una adaptación imprescindible para la supervivencia. Por ello mismo, no estuvo exenta de tensiones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, ante el desafío de nuevos tiempos y nuevas realidades, en casi todos los casos surgieron opciones que se podrían caracterizar como ''conservadoras y renovadoras''. Aquellas pretendieron mantener las viejas tradiciones - la predicación en el idioma original, el papel central de la iglesia en la vida cotidiana, determinadas conductas y comportamientos -, mientras que los ''renovadores'' apostaron a una transformación de la iglesia, una mayor inserción en el medio, un compromiso más fuerte con las realidades socio-políticas. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Recién hacia 1835-1837 es posible encontrar ministros protestantes actuando como tales en el país. Se trató de una misión enviada por la Junta de Misiones de la Iglesia Metodista Episcopal de Estados Unidos y la integraron sucesivamente los pastores Pitts, Dempster y Norris. Su tarea se desarrolló exclusivamente entre los inmigrantes de habla inglesa y no perduró más allá de 1841, año en el que la Junta de Misiones decidió retirar al pastor Norris de Montevideo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante la ''Guerra Grande'', fruto del apoyo de los ingleses al gobierno de la Defensa, se establecieron en el país los anglicanos. Pese a la oposición de la Iglesia Católica, obtuvieron autorización para levantar un templo en 1844-1845. Como en el caso anterior, los anglicanos circunscribieron su acción a los inmigrantes que adherían a esa confesión y lo mismo sucedió posteriormente cuando se instalaron - entre 1869 y 1890 - en las ciudades de Fray Bentos, Salto y en la colonia de Conchillas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Los primeros valdenses llegados al país se radicaron en la zona de Florida, pero, a raíz de dificultades surgidas con algunos elementos católicos, en 1858 emigraron a la zona de Rincón del Rey, departamento de Colonia. Después de un período de adaptación y paulatino desarrollo, a fines de la década de 1870, comenzaron una singular y exitosa experiencia de expansión colonizadora en ese departamento y en el vecino de Soriano. Por su parte, en 1861-62 se establecieron en la misma zona colonos suizos, entre los que se destacaba una mayoría de protestantes. En ambos casos, la actividad proselitista fue prácticamente nula.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacia fines de la década de 1860 apareció un tipo de protestantismo misionero, con la presencia de metodistas episcopales de raíz norteamericana. En setiembre de 1868, Andrés Murray Milne, agente de la Sociedad Bíblica Americana - radicada en el país desde 1864 - y metodista, organizó reuniones para adultos y una Escuela Dominical en la Aguada. Esta última, pensada originalmente en idioma inglés, rápidamente pasó a ser en español. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A partir de la insistencia de Milne, en 1868 el pastor Juan Thomson se trasladó desde Buenos Aires y predicó el primer sermón protestante en español. El hecho resultó de tal trascendencia que con posterioridad, en más de una ocasión, se ha afirmado que con Thomson y los metodistas ''&amp;quot;el protestantismo se hizo uruguayo&amp;quot;.''En diciembre de 1869 los metodistas establecieron su primer templo y, un año más tarde, Thomson fue designado como pastor en Montevideo. La obra iniciada por este religioso fue rápidamente organizada y extendida por otro, el Reverendo Thomas Wood, quien en 1877 se instaló en el país.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Si Thompson fue, en muchos aspectos, el pionero, Wood debe ser considerado como el organizador de la obra metodista en el Uruguay. En un marco de fuerte debate filosófico-ideológico, Wood pasó a ser la figura emblemática del protestantismo uruguayo, destacándose como ''&amp;quot;uno de los polemistas más temibles...de la época&amp;quot;''&amp;lt;ref&amp;gt;ARDAO, Arturo, Las etapas de la inteligencia uruguaya, Montevideo, 1971, 105&amp;lt;/ref&amp;gt;.Para llevar adelante sus ideas, fundó en 1877 un periódico, ''&amp;quot;El Evangelista&amp;quot;'', que se transformó en la tribuna oficiosa del protestantismo uruguayo durante diez años. Por otra parte, su preocupación por la educación lo llevó a establecer en Montevideo más de diez escuelas de carácter gratuito y laico y a colaborar de forma determinante en la fundación, en 1888, del ''Liceo Evangélico de Colonia Valdense'', el primero en el medio rural.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En el último tercio del siglo, en el mismo momento en que se procesaba el enfrentamiento entre la Iglesia Católica y el Estado por la construcción y ocupación del ''espacio público'', los protestantes comenzaban a tener una presencia destacada en el país. En 1890, según los datos del censo levantado en la ciudad de Montevideo, un 5% de la población (10.892 personas) de la capital se identificaban como pertenecientes a alguna iglesia evangélica. A ello se le debe agregar la expansión de la obra metodista en distintos departamentos y ciudades del interior (Trinidad, 1884; Santa Lucía, 1888; Mercedes, 1900;  Salto, Durazno, etc.) y la presencia, a la que ya se ha hecho referencia, de un fuerte contingente valdense en Colonia y Soriano.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Hacia fines del siglo XIX también iniciaron su obra otros movimientos protestantes, como el ''Ejército de Salvación'' -1891-  y algunos misioneros de las ''Sociedades Bíblicas'', como el bautista Pablo Bessón y el &amp;quot;hermano libre&amp;quot; Juan Ewen -1882-. En las primeras décadas del siglo XX se establecieron otras denominaciones de tono misionero. En junio de 1908 se organizó la primera ''Iglesia Cristiana Evangélica'', de los vulgarmente conocidos como ''Hermanos Libres''. En 1911, por su parte, se fundó la ''Iglesia Evangélica Bautista.'' Asimismo, hacia 1906 se tiene el primer registro de protestantes adventistas, radicados en la zona de Colonia Suiza. Su expansión proselitista recién se produjo a partir de la década del '30. Por último, en 1909 se fundó la ''Asociación Cristiana de Jóvenes de Montevideo'', que en 1913 ya contaba con 600 socios. Si bien no se definía como protestante sino como'' cristiana'', muchos de sus cuadros dirigentes a nivel local (Monteverde, Cubiló y otros) lo eran. En la década de los '20 su actividad asumió un tono evangélico más decidido, a tal punto que mereció la condena de Mons. Juan F. Aragone, arzobispo de Montevideo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por su parte, las ''iglesias étnicas'' aumentaron su volumen en las primeras décadas de este siglo, tanto en base a su propio crecimiento vegetativo como a nuevos aportes inmigratorios. Así, por ejemplo, a los valdenses, reformados suizos, anglicanos, algunos luteranos alemanes, se les agregaron en la década del '20 los evangélicos armenios y,  después de la Segunda Guerra Mundial, los menonitas alemanes. Surgieron, además, otros grupos misioneros como los pentecostales de la ''Iglesia de Dios'', procedentes de Estados Unidos y radicados en 1935, y de la ''Asamblea de Dios'', de origen sueco, establecidos en 1938&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por último, parece necesario trazar las grandes líneas de la evolución del protestantismo uruguayo en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. En efecto, a partir de los años '50 y, en especial, de los '60, el protestantismo uruguayo vivió una profunda transformación. Por una parte, aparecieron o se expandieron nuevas denominaciones misioneras de origen, en su mayoría, norteamericano, en las que se destacó una fervorosa militancia y un profundo hincapié en lo sobrenatural. De aquí surgieron, con los años, los grupos denominados ''neo-pentecostales'', cuya inclusión dentro del movimiento protestante ha merecido más de una controversia. Hoy en día, el neo-pentecostalismo de procedencia brasileña, en especial la ''Iglesia Universal del Reino de Dios'', tiene una marcada presencia en el país. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Por otro lado, las denominaciones misioneras ''históricas'', como los metodistas, buscaron salir de su estancamiento, romper los cercos de su propio gueto, a partir de un mayor compromiso con las realidades sociopolíticas del país y de América Latina. Por último, las iglesias de ''inmigración'' vivieron sus procesos de ''naturalización'', procurando sobrevivir más allá de la etnia que les había dado sentido originalmente. En muchos de estos casos, ese proceso implicó asumir de forma comprometida la sociedad en la que estaban desarrollando su acción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En efecto, de la misma forma que la Iglesia Católica vivió un profundo proceso de renovación con el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín, el protestantismo uruguayo también transitó por un camino similar.  Hacia fines de la década de 1940 comenzaron a introducirse en América Latina las ideas de un nuevo grupo de teólogos europeos y norteamericanos (Barth, Brunner, Tillich, Nieburhr, Bonhoeffer). Esta corriente cuestionaba y trascendía los planteos del ''“evangelio social”'' y del ''“fundamentalismo pietista”'' (lo cual no quiere decir que en muchos aspectos no hayan sobrevivido en varias iglesias protestantes), a través de una revisión y renovación de la interpretación bíblica y de la eclesiología. Su influencia en las generaciones de pastores formados en la época será determinante.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En muy apretada síntesis, esta nueva postura teológica partía de la óptica de que Cristo vino al mundo no a salvar a los suyos sino a los &amp;quot;perdidos&amp;quot;, no vino a transformar su grupo sino a todos. La confesión de Cristo, por lo tanto, debe hacerse en el mundo, y en consecuencia, Iglesia y creyente deben comprometerse en él y en la historia. Barth insistió en que el pensamiento cristiano debe nutrirse de dos fuentes principales: la Biblia y el periódico; el cristiano debe actuar en el medio, y por ello debe estar informado y comprometido con lo que en él sucede. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Esa renovación no fue una postura exclusiva de un grupo dentro de una iglesia en particular, sino que se apoyaba en todo un movimiento continental. En 1961 nació, luego de la Consulta de Huampaní, la ISAL ''(Movimiento de Iglesia y Sociedad en América Latina)'' que jugó un papel nada menor en estas transformaciones, proponiendo una inserción de la Iglesia en el mundo latinoamericano, no solo como observadora de los cambios sino fundamentalmente como participante de los mismos. Para culminar, de acuerdo a modernos estudios&amp;lt;ref&amp;gt;  DA COSTA, Néstor (ed.) Guía de la diversidad religiosa de Montevideo, Montevideo, 2008&amp;lt;/ref&amp;gt;, operan en Montevideo veinte denominaciones protestantes, incluyendo cinco pentecostales y neo-pentecostales.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
AA.VV., ''Aspectos religiosos de la sociedad uruguaya'', Montevideo, 1965; AA.VV.,  ''Ejemplos de fe y poder. Bosquejos históricos y biográficos'', Montevideo, 1968; ARDAO, Arturo, ''Las etapas de la inteligencia uruguaya'', Montevideo, 1971; BORRAT, ''Héctor et al Protestantes en América Latina'', Montevideo, 1969; CASAS DE CESARI, Alicia ''Secularización, Protestantismo y Misión en Uruguay'', mimeo, Celigny, Suiza, 1987; DA COSTA, Néstor (ed.) ''Guía de la diversidad religiosa de Montevideo'', Montevideo, 2008; DELMONTE, Erika y GEYMONAT, Roger “Thomas Bond Wood. 1844-1922”, incluido en MOREIRA, Omar (ed.) ''Un Liceo en el medio del campo, Primer Centenario del Liceo Daniel Armand Ugón,'' Colonia Valdense, 1988; GEYMONAT, Roger ''El Templo y la Escuela. Los valdenses en el Río de la Plata'', Montevideo, 2008; GEYMONAT, Roger (ed.) ''Las religiones en el Uruguay. Algunas aproximaciones'', Montevideo, 2004; GOSLIN, Tomás (1956) ''Los evangélicos en América Latina. Los comienzos'', Buenos Aires, 1956; GOSLIN, Tomás ''Ubicación del metodismo en el Río de la Plata'', Buenos Aires, 1976; LAPADJIN, Pedro, ''Huellas de una iglesia. La Iglesia Evangélica y su desarrollo en Uruguay'', Montevideo, 1994; MONTI, Daniel, ''Presencia del protestantismo en el Río de la Plata durante el siglo XIX'', Buenos Aires, 1969; OCHOA, Daniel et al, “El protestantismo en el Cono Sur, incluido en ''Historia General de la Iglesia en América Latina''. ''Tomo IX. Cono Sur'', Buenos Aires, 1994; SANTA ANA Ana, Julio de, ''Protestantismo, cultura y sociedad''. ''Problemas y perspectivas de la fe evangélica en América Latina'', Buenos Aires, 1970; VILLALPANDO, Waldo (ed.)'' Las iglesias del transplante. Protestantismo e inmigración a la Argentina'', Buenos Aires, 1970; WIRTH, Juan Carlos, ''Génesis de la colonia agrícola suiza de Nueva Helvecia. Documentos y cartografía,'' Montevideo, 1980.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''ROGER GEYMONAT'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.17.12.220</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=URUGUAY;_Rebeliones_ind%C3%ADgenas&amp;diff=5229</id>
		<title>URUGUAY; Rebeliones indígenas</title>
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		<updated>2014-06-18T17:45:09Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.17.12.220: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Para abordar este tema no es posible ceñirse a los límites de la República Oriental del Uruguay. Dichas fronteras prácticamente carecieron de significado para las culturas indígenas. Además, definida “rebelión” como “''delito contra el orden público, penado por la ley ordinaria y por la militar, consistente en el levantamiento público y en cierta hostilidad contra los poderes del Estado, con el fin de derrocarlos''” (Diccionario de la Lengua Española), no puede en sentido estricto hablarse de rebeliones indígenas en Uruguay.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
No obstante, durante un prolongado lapso hubo resistencia a la presencia europea. Suele considerarse que ese período se inició en el año 1516 con la muerte del navegante Juan Díaz de Solís y concluyó en 1831 con la matanza de indígenas ocurrida en campos de Salsipuedes.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La sociedad colonial actuó a menudo dividida frente a los ataques indígenas. La Compañía de Jesús dedicó gran parte de su esfuerzo a los ''pueblos de misiones'' establecidos al norte del actual Uruguay. Los habitantes de esos pueblos precisaban del ganado que pastaba al sur de sus emplazamientos. En la búsqueda de ese recurso se relacionaron de modo frecuentemente hostil con los nómadas, especialmente con los charrúas. En ese contexto los jesuitas emplearon su poder para defender a los indígenas  de los pueblos de misiones y contrarrestar a los charrúas. Con este fin se valieron de alianzas con otros nómadas “infieles” como los ''guenoa-minuanos''. Entretanto, los charrúas eran repetidamente auxiliados desde la región de Santa Fe.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Una historia del papel de la Iglesia Católica precisa tener en cuenta que los indígenas no actuaron como unidad. Con frecuencia la defensa de unas “''parcialidades''” supuso el enfrentamiento violento con otras. Además los religiosos participaron de las divisiones de la sociedad, que tampoco tuvo una actitud uniforme al respecto. Por otra parte, hubo sacerdotes que actuaron de modo muy contradictorio con el Evangelio. Sin embargo muchos religiosos renunciaron al mundo y se consagraron a lo que creían era la defensa temporal y espiritual de los indígenas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ACOSTA Y LARA, Eduardo, ''La Guerra de los Charrúas''. Montevideo-Buenos Aires, 1998; &lt;br /&gt;
* BRACCO, Diego, ''Charrúas, Guenoas y Guaraníes'',  Montevideo, 2004; &lt;br /&gt;
* PI HUGARTE, Renzo, ''Los indios del Uruguay''. Madrid, 1993; &lt;br /&gt;
* PI HUGARTE, Renzo, ''Historias de aquella Gente Gandul''. Montevideo, 2005.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''DIEGO BRACCO'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.17.12.220</name></author>
		
	</entry>
	<entry>
		<id>https://dhial.org/diccionario/index.php?title=URUGUAY;_Santoral&amp;diff=5228</id>
		<title>URUGUAY; Santoral</title>
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		<updated>2014-06-18T17:44:37Z</updated>

		<summary type="html">&lt;p&gt;172.17.12.220: &lt;/p&gt;
&lt;hr /&gt;
&lt;div&gt;Uruguay no cuenta aún (al año 2014) con ningún santo. Actualmente se veneran: a la Beata Madre Francisca Rubatto y a las Beatas mártires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz. Son Siervos de Dios Mons. Jacinto Vera y Walter Elías Chango. La Iglesia uruguaya prosigue activamente el proceso de canonización del Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera, primer obispo de la Iglesia uruguaya.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Beata María Francisca De Jesús Rubatto=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Fundadora de las Hermanas Capuchinas - de la Madre Rubatto – es considerada la primera beata del Uruguay por haber cumplido la mayor parte de su misión en este país, si bien también  desarrolló obras en Argentina y Brasil. Los restos de la madre Francisca Rubatto descansan en la Capilla Santuario, que se levanta junto al colegio y liceo San José de la Providencia, obra de las Hermanas Capuchinas. Francisca Rubatto fue beatificada por Juan Pablo II el 10 de octubre de 1993.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Ana María Rubatto, Marieta, nació en Carmagnola, Turín, Italia, el14 de febrero de 1844  en el seno de una familia campesina y  profundamente cristiana. A los 19 años perdió a su madre y luego de vivir siete años con su hermana mayor, pasó a residir en  la casa de una viuda adinerada y sin hijos, Mariana Scoffone de Costa, para la que fue una verdadera hija adoptiva. En 1882 murió la señora Scoffone y Marietta continuó la vida que había hecho en los últimos años. En el verano de 1883, en Loano, se inició la organización de una obra religiosa, a cuya cabeza se pondría Marietta. Con el apoyo del padre capuchino Angélico Martín de Sestri Ponente, y de otros sacerdotes, incluido don Juan Bosco, Marietta Rubatto aceptó iniciar la obra que se consagraría al cuidado de los enfermos y a la enseñanza de la doctrina cristiana. Así nació, en 1885, el Instituto de las Hermanas Terciarias Capuchinas, bajo el impulso de Ana María Rubatto, hermana María Francisca en la vida religiosa. A la comunidad de Loano siguieron nuevas fundaciones en el Norte de Italia - en Voltri, Génova, San Remo y San Leonardo - y el surgimiento de numerosas vocaciones religiosas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En 1891 el padre general de los Capuchinos autorizó a los Padres Capuchinos Genoveses a encargarse de la ''Misión Capuchina del Río de la Plata'', para atender espiritualmente a los numerosos inmigrantes ligures. El P. Angélico de Sestri se embarcó en Génova y pronto escribió a la Madre Francisca sobre las posibilidades de trabajar, en Montevideo, en un Hospital Italiano en vías de fundación. Esta obra, destinada a brindar acogida a los inmigrantes pobres, era promovida por la masonería italiana, pero sus fundadores estaban dispuestos a acoger a las hermanas, “a condición de que no hicieran presión sobre los enfermos en lo atinente a prácticas religiosas”. En abril de 1892, el P. Angélico regresó a Génova, visitó a las hermanas y, con el auxilio del obispo de Albenga, convenció a la Madre Francisca a encargarse de la obra americana. El 3 de mayo de 1892, las religiosas se embarcaron rumbo a Montevideo, con algunos temores, y desembarcaron veinte días más tarde. La llegada no fue fácil. Los problemas existentes entre el obispo de Montevideo, Mons. Mariano Soler, y los administradores anticlericales del Hospital Italiano impidieron el inicio del trabajo de las religiosas. Gracias al apoyo de Mons. Ricardo Isasa, obispo auxiliar, y de los superiores de los jesuitas y de los salesianos, las Hermanas Capuchinas comenzaron sus tareas en el Hospital. A las tensiones de los inicios, la madre Francisca y sus hermanas respondieron con paciencia y tenacidad; pronto obtuvieron el rezo diario del Rosario, la instalación de una capilla y el nombramiento de un capellán  por la administración del Hospital.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A fines de 1892 llegaron nuevas religiosas a Montevideo, destinadas algunas a la atención del Hospital Italiano “''José Garibaldi''”, que se inauguraría en Rosario de Santa Fe. A partir de 1895 aumentó el número de comunidades y de obras atendidas por las Hermanas Capuchinas en la región. En 1899 la madre Francisca encabezó a un grupo de seis religiosas que se internaron en la selva para instalarse en la misión de ''San José de la Providencia'', en el estado de Marañón. La madre regresaría a Italia y las hermanas morirían a manos de los indígenas en marzo de 1901. Continuaron los viajes de la dinámica superiora, la llegada de misioneras y el surgimiento de vocaciones y de nuevas obras. La madre Rubatto murió en Montevideo, el 6 de agosto de 1904. Dejaba 200 hermanas y dieciocho casas en Europa y América.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La personalidad de la madre Francisca Rubatto imprimió su sello en el Instituto y en sus obras.  Su carácter de mujer fuerte influyó en todas sus acciones. Escribe el padre capuchino Rodolfo Toso: “''La fortaleza es una característica de los piamonteses, unánimemente reconocida: su resistencia para el trabajo agrícola no obstante las asperezas del suelo y del clima, el sentido instintivo de la realidad concreta y el saber no exagerar el optimismo; el no desalentarse en medio de las dificultades, la proverbial cortesía no ajena a la habilidad en los negocios y a la reserva sobre las cosas de la propia casa, el amor a lo concreto que interrumpe la extensa exposición con “¡basta!”, y por último el haber conquistado Italia con aquel ejército de los Saboya que hacía gala de una antigua y secular disciplina''”&amp;lt;ref&amp;gt;Toso O.F.M. Cap.,  Rodolfo.  ''Una donna forte. M. Francesca Rubatto''. Génova, 1993&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La fortaleza y la permanente alegría caracterizaron el accionar de la madre Francisca. Su fortaleza y su “''gentil tenacidad''” fueron una poderosa ayuda para ganar la confianza de los administradores anticlericales del Hospital  Italiano. Años más tarde, contaba la hermana Petrina Merello: “''Los dirigentes del hospital no entendían nada de religión..., pero la Reverenda Madre con su bondad, educación y caridad, supo ganarse el corazón de todos los que se acercaban a ella. La esposa del más contrario a la religión, que llamaba a los sacerdotes bolsa de harapos y decía que América había perdido todo su lustre después que entraron los sacerdotes, fue la primera en regalarle luego una hermosa custodia para la capilla''”&amp;lt;ref&amp;gt;Ibídem, 173&amp;lt;/ref&amp;gt;.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
La piedad eucarística, la confianza en la Divina Providencia y el espíritu mariano identificaron a la madre Francisca y a sus obras. La piedad eucarística fue una constante en la vida espiritual de Marieta Rubatto. Evocaba como una fecha de gran importancia la de su primera comunión y desde muy joven comulgaba diariamente, lo que no se estilaba en su tiempo y en su tierra, fuertemente influenciada por el jansenismo, y dedicaba una hora diaria a la adoración eucarística. La confianza en la Divina Providencia fue otro rasgo distintivo de la espiritualidad de la madre Francisca, quien la había adquirido en su trato y colaboración con la obra del P. José Cottolengo. En cuanto a su fuerte espíritu mariano, el rezo del Rosario estaba integrado en su vida y en su acción apostólica. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Beatas mártires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Madrid, 19-IX-1936) &lt;br /&gt;
Hermanas laicas uruguayas, asesinadas en Madrid en 1936, a manos de milicianos comunistas durante la Guerra Civil española por proteger a un grupo de monjas escolapias. Fueron declaradas mártires el 28 de junio de 1999 por Juan Pablo II y beatificadas el 11 de marzo de 2001. La urna que contiene las reliquias de las Beatas fue ubicada el 18 de septiembre de 2011   en el Baptisterio de la Iglesia Matriz de Montevideo, donde Dolores y Consuelo fueron bautizadas.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Dolores Aguiar-Mella Díaz nació en Montevideo, el 29 de marzo de1897, de madre uruguaya y padre español. Un año más tarde, el 19 de marzo de 1898, nació su hermana Consuelo. El padre, Santiago Aguiar-Mella, era un abogado español, asesor y amigo del empresario Emilio Reus. Su madre, María Consolación Díaz, era uruguaya y pertenecía a una acaudalada familia montevideana del Cerro. La crisis de 1890 ocasionó la ruina de Reus y tuvo penosas consecuencias para los  Aguiar-Mella. En 1899 la familia - con seis hijos - se trasladó a España y se estableció en Madrid, donde el padre instaló su estudio de abogado. Dolores tenía dos años y Consuelo, uno.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
A la muerte de la madre, Dolores y Consuelo ingresaron como alumnas pupilas al colegio escolapio de Carabanchel, donde estudiaron magisterio superior. En 1919, al terminar sus estudios, Dolores manifestó el deseo de entrar a la vida religiosa, pero problemas de salud se lo impidieron. Ingresó entonces como funcionaria en la Delegación de Hacienda y vivió dedicada a su familia y en permanente relación con las escolapias. Hizo voto de castidad y, en 1929, luego de la muerte de su padre, se fue a vivir con las religiosas. Su hermana Consuelo llevó una vida normal de trabajo y diversión. Le agradaba ir bien vestida y a la moda, llevar joyas, usar perfumes y asistir a espectáculos, observando siempre los preceptos cristianos. Al morir, era novia con un joven que había sido fusilado tres días antes, sin que ella lo supiera.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 18 de julio de 1936 tuvo lugar la sublevación del Ejército español contra el gobierno republicano que había provocado la partida del rey Alfonso XII, en 1931. Los republicanos tuvieron el apoyo de milicianos armados - sindicalistas, comunistas, socialistas, anarquistas o simplemente republicanos, todos contrarios a la monarquía. Hubo numerosos episodios de persecución a la Iglesia y a los católicos. A raíz de estos sucesos, habiendo sufrido varias amenazas, ocho religiosas escolapias abandonaron el colegio y se instalaron en un piso de Madrid, a una cuadra de la Puerta del Sol. Dolores Aguiar vivía con ellas. Consuelo, por su parte, vivió con las familias de dos hermanos casados, preocupada siempre por las amenazas que rodeaban a su hermana.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El 19 de septiembre de 1936 Dolores salió a llevar leche a otra comunidad de escolapias. Al regresar fue interceptada por cinco milicianos que la detuvieron, a pesar de que usaba brazalete diplomático. Su hermano, Teófilo Aguiar- Mella, era vicecónsul de Uruguay en Madrid. Las religiosas presenciaron lo ocurrida y avisaron a Teófilo y a Consuelo. El vicecónsul salió a hacer indagaciones y Consuelo se dirigió al apartamento con las religiosas. Al mediodía, se presentó un miliciano con un papel escrito por Dolores, en el que pedía que fuera María de la Yglesia, superiora de las Escolapias, acompañada de otra persona, para declarar. La religiosa aceptó y Consuelo la siguió, pensando que estaba protegida por el pasaporte uruguayo y el brazalete diplomático. Ambas desaparecieron. Al día siguiente los tres cuerpos, con el rostro desfigurado, fueron encontrados en la morgue del depósito municipal. Las hermanas Aguiar-Mella fueron reconocidas por los vestidos y el brazalete.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El gobierno uruguayo reaccionó de manera enérgica ante estos asesinatos y rompió relaciones diplomáticas con la República española. El caso fue presentado ante la ''Liga de Naciones'', antecesora de la Organización de las Naciones Unidas. El gobierno español especuló con un error de prensa y anunció una urgente investigación policial. Ante nuevas amenazas a ciudadanos uruguayos, tanto desde filas republicanas como nacionalistas, el gobierno de Gabriel Terra financió el retorno de los uruguayos que desearan hacerlo. La familia Aguiar-Mella regresó a Uruguay, a excepción de Trinidad, la hermana menor de Dolores y Consuelo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Las hermanas Dolores y Consuelo eran laicas cristianas piadosas y firmes en su fe. Su sobrina Consuelo Fernández recuerda a Dolores, que la preparó para la primera comunión. &amp;quot;Un día - cuenta - salimos con mi tía Dolores y los rojos nos escupieron e insultaron. Y ella les gritaba: “''¡Viva Cristo Rey, viva Cristo Rey!''”. Cuando volvimos, le conté a mi padre y él me prohibió andar con Dolores. A ella le dijo que se sacara el crucifijo, que era una provocación. Pero mi tía se negaba: “Yo nunca voy a renunciar a mi fe”, le contestó. Ella nunca cedió, se murió con la cruz en el pecho&amp;quot;&amp;lt;ref&amp;gt;''El País Digital'', Montevideo, 16 de julio de 2006.&amp;lt;/ref&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
El domingo 11 de marzo de 2001, el Papa Juan Pablo II beatificó, en la plaza de San Pedro, al sacerdote José Aparicio Sanz y doscientos treinta y dos compañeros martirizados en España entre 1936 y 1939: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, laicos casados y solteros de todas las profesiones; miembros de la Acción Católica y de otros movimientos eclesiales. Entre estos  primeros beatos del tercer milenio, se cuentan las Beatas mártires Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera y Durán=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Primer obispo de la Iglesia en Uruguay.&lt;br /&gt;
El proceso diocesano de la causa de beatificación de Mons. Jacinto Vera fue iniciado, en 1935, por Mons. Juan Francisco Aragone. Fue concluido y enviado a Roma, en 1942, por Mons. Antonio Mª Barbieri. Posteriormente se agregaron documentos en diversas instancias. Actualmente el vice-postulador de la causa, en Uruguay, y redactor de la ''positio'' es Mons. Alberto Sanguinetti Montero, obispo de Canelones.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Jacinto Vera y Durán nació el 3 de julio de 1813, en la isla de Santa Catalina, Brasil, durante el viaje en el que sus padres, Gerardo Vera y Josefa Durán, venían de las Islas Canarias a instalarse en el Río de la Plata. En 1832, a los 19 años de edad, realizó por primera vez los ''Ejercicios Espirituales'' y sintió el llamado al sacerdocio. Con el sueldo que recibía por trabajar como peón en la chacra de su padre, pagó sus primeros estudios de latín y gramática, realizados con el Pbro. Lázaro Gadea. Viajó luego a Buenos Aires, donde realizó los estudios de Teología en el seminario de los Padres Jesuitas en Buenos Aires. En 1841 fue ordenado sacerdote por el obispo auxiliar de Buenos Aires, Mons. José Mariano de Escalada.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
De regreso en Uruguay, fue nombrado teniente cura y después párroco de Canelones. En 1859 S.S. Pío IX lo designó cuarto vicario apostólico de Montevideo e inició una difícil y fructífera tarea de organización de la Iglesia uruguaya. En 1860 ordenó Ejercicios Espirituales para todo el clero; en abril de ese año salió a misionar, comenzando una labor que continuó hasta su muerte. En 1864 fue nombrado por el mismo Pío IX, obispo de Megara ''in partibus infidelium''. El 16 de julio de 1865, en la iglesia Matriz, fue consagrado obispo por Mons. Escalada. En 1870 Jacinto Vera participó en el Concilio Vaticano I. El 15 de julio de 1878 fue erigida la diócesis de Montevideo y Monseñor Vera fue nombrado,  por León XIII, su primer obispo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Junto a clérigos y laicos que lo apoyaron incansablemente, Mons. Jacinto Vera desarrollo una vasta obra: creó el Seminario para la formación del clero; impulsó la prensa católica; fundó el C''lub Católico y el Liceo de Estudios Universitarios''; trajo y apoyó numerosas congregaciones religiosas femeninas y masculinas. El 6 de mayo de 1881, durante la última de sus misiones, Jacinto Vera murió en una posada del pueblo de ''Pan de Azúcar''. Sus restos fueron velados en la catedral de Montevideo y reverenciados por una multitud durante cinco días.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Durante más de veinte años de ministerio a la cabeza de la Iglesia uruguaya, Mons. Vera realizó visitas pastorales y misiones varias veces en todo el país. Él mismo encabezó las tareas de predicación y administración de los sacramentos, y pasaba largas horas en el confesonario. Siempre manifestó inclinación por los más pobres y sencillos. La profunda piedad de Mons. Vera, el valor que daba al sacramento de la penitencia, su fidelidad al Sumo Pontífice - Pío IX y León XIII, su devoción por la Virgen del Carmen, su constante desvelo por las vocaciones sacerdotales y por la formación del clero oriental, su estímulo a la participación del laicado y su infatigable afán evangelizador peregrinando por toda la patria  hicieron que, al morir, Mons. Jacinto Vera fuera considerado santo por su pueblo. Juan Zorrilla de San Martín frente a su féretro, proclamó el sentir de todos: “''¡El santo ha muerto!''”&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En todo el Uruguay se mantiene especial devoción por el Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera. Los principales lugares en los que se lo reverencia son: la Catedral de Montevideo, donde se encuentra su tumba y  el monumento funerario, inaugurado en 1883; la parroquia Nuestra Señora del Carmen del Cordón, donde se venera su corazón; la Catedral de Canelones, que Vera hizo construir y donde sirvió como sacerdote durante 17 años; y la ciudad de Pan de Azúcar donde falleció en misión.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Siervo de Dios Walter Elías Chango =&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Joven laico, catequista e integrante de la comunidad de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen de la Aguada. En 1999 los restos de  Walter Chango fueron trasladados a la basílica de la Aguada, donde se celebran misas en su nombre cada 18 de mes. El 25 de junio de 2000, en la fiesta de Corpus Christi, el arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno, siguiendo las disposiciones canónicas de la Iglesia, declaró abierto el proceso diocesano de beatificación y canonización de  Walter Chango. El 3 de noviembre de 2001, la Congregación para las causas de los Santos decretó &amp;quot;''nulla obsta''&amp;quot; para la iniciación de la beatificación. El postulador de la causa es el Pbro. Raúl Díaz Corbo.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Walter Elías Chango nació el 1° de noviembre de 1921, en Montevideo, en una familia cristiana, siendo sus padres Pedro Chango y Teresa Rondeau. Fue bautizado en la parroquia Nuestra Señora de la Paz, el 6 de enero de 1922, y celebró su primera comunión el 8 de noviembre de 1931, en la parroquia de la Inmaculada Concepción.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
En marzo de 1933, a los 11 años,  ingresó al Colegio de la Sagrada Familia, dirigido por los Hermanos de la Sagrada Familia de Belley, para seguir el Curso Comercial de cuatro años. Fue un estudiante destacado - ganó la medalla de oro que en esos años concedía el colegio - y un compañero ejemplar, que se ganaba el aprecio de sus condiscípulos. En el colegio, era el encargado de juntar la limosna para las misiones y mostraba mucha alegría cuando la misma era abundante. Al finalizar sus estudios se empleó como administrativo, si bien trabajó poco tiempo porque pronto comenzaron a manifestarse los síntomas de la tuberculosis.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Vivió con entrega su vocación laical en la parroquia de la Aguada, donde desarrolló diversas actividades en la Acción católica y en la congregación laical dedicada a la Inmaculada Concepción y a San Estanislao de Kostka. Su director espiritual fue el padre Atilio Nicoli, quien se convirtió en un propagador entusiasta de la fama de santidad del joven Chango. Desde niño se distinguió por su amor a la Eucaristía. Se distinguió por acercar a sus compañeros a confesarse y comulgar. Durante la preparación al Congreso Eucarístico de 1938 que se realizó en Montevideo, trabajó incansablemente y escribió en su diario: “''La comunión es la vida del alma. Lejos de ella nuestra alma languidece y muere, incapaz de esfuerzo ni de mejoramiento''” (17 de agosto de 1938).&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Siguió a Cristo por la vía del sufrimiento. Estando muy abatido porque, a causa de sus frecuentes vómitos, no podía comulgar, el P. Nicoli le habló del abandono de Jesús en la Cruz. Tranquilo, tomó en sus manos un crucifijo y lo contempló. Poco después lo apretó entre sus manos y dijo  “''Muero tranquilo''”. Murió el 18 de noviembre de 1939  y  fue enterrado en el cementerio de la Teja.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando Walter contrajo tuberculosis, la familia se instaló en un barrio tranquilo, alejado del centro de la ciudad, considerando que el cambio de ambiente sería beneficioso para su salud. La casa tenía un jardín con una fuente rodeada de rosales, que Walter recorría cuando se sentía mejor. Un día, estando en el jardín con su madre, le dijo: “''Mamá cuando yo muera me has de cubrir con esas rosas''”, señalando los rosales. &lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
Cuando Walter murió, su madre recordó el pedido de las rosas y fue al jardín pero no encontró ninguna. Más tarde, algunas personas que estaban en el velatorio comentaron que se sentía un  muy agradable perfume.  En efecto, los rosales y un magnolio estaban cubiertos de flores. Los presentes cortaron las rosas para colocarlas en el féretro y florecieron nuevamente. Este hecho asombroso se repitió tres veces, hasta que se pudo cubrir por completo el cuerpo del joven. Diversas autoridades eclesiásticas presenciaron el hecho, entre ellas el entonces obispo coadjutor de Montevideo, Mons. Antonio Mª Barbieri. Entre los presentes se hallaba un compañero de trabajo de Pedro Chango, el padre de Walter, quien en ese momento inició su proceso de conversión cristiana. La corta vida de Walter Chango estuvo marcada por su fe inmensa, el amor por la Eucaristía, la  devoción por María, el amor por los pobres y los enfermos - solía repetir: “''lo que doy a los pobres a Cristo se lo doy''”- y su ansia de santidad - “''No basta que yo sea bueno, es necesario que trabaje para que sean buenos mis compañeros, no basta que yo sea honrado, también debo anhelar que sean honrados mis compañeros''”. En su penosa enfermedad dio prueba de serenidad, cristiana entereza frente al sufrimiento, profunda paz interior e incluso alegría.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Notas=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&amp;lt;references/&amp;gt;&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
=Bibliografía=&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
* ALGORTA CAMUSSO, Rafael, ''Monseñor Don Jacinto Vera. Notas biográficas'', Montevideo, 1931;&lt;br /&gt;
* ÁLVAREZ GOYOAGA, Laura, ''Don Jacinto Vera''. ''El misionero santo'' (Historia novelada), Montevideo, 2010; “Conferencia del Prof. Mario Cayota. Montevideo, 24 de enero de 1985”, en: ''Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto''. ''Discursos, homilías, artículos. Celebración del 1er. Centenario de fundación''”, Montevideo, 1982, nº 2; &lt;br /&gt;
* DE VOLTRI, O.F.M. Cap., P. Teodosio, María Francisca de Jesús. Montevideo, 1962; ''Dizionario degli istituti di perfezione'', t.6, 1978, col. 530-531; &lt;br /&gt;
* GONZÁLEZ MERLANO, José Gabriel, ''El conflicto eclesiástico'' (1861-1862). ''Aspectos jurídicos de la discusión acerca del Patronato Nacional'', Montevideo 2010; &lt;br /&gt;
* LABARTA, Sch.P., M. Luisa, ''Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz, laicas, mártires, y las primeras beatificadas del Uruguay''. Roma, 2001. ''Texto Monográfico''; &lt;br /&gt;
* MERLATTI, Graziella, ''Francesca Rubatto''. ''Donna apostólica'', Milán 2004; &lt;br /&gt;
* PASSADORE, Enrique, ''La vida de Mons. Jacinto Vera. Padre de la Iglesia Uruguaya'', Montevideo, 1997; &lt;br /&gt;
* PONS, Lorenzo A., ''Biografía del Ilmo''. ''y Revmo. Señor don Jacinto Vera y Durán, primer Obispo de Montevideo'', Montevideo, 1904; &lt;br /&gt;
* TORRENDELL LARRAVIDE, Beatriz, ''Geografía Histórica de Jacinto Vera''. ''150 años de la Misión, Montevideo'', 2010; &lt;br /&gt;
* TOSO, O.F.M. Cap., P. Rodolfo, ''Una mujer fuerte. M: Francisca Rubatto''. Montevideo, 1992; &lt;br /&gt;
* TOSO, O.F.M. Cap., P., Rodolfo ''Una donna forte''. ''M. Francesca Rubatto''. Génova, 1993; “Walter Elías Chango Rondeau”, ''Boletín de la Provincia San José'' - ''Hermanos de la Sagrada Familia de Belley'', Montevideo, nº 117, mayo 2004, 8-12.&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
&lt;br /&gt;
'''SUSANA MONREAL'''&lt;/div&gt;</summary>
		<author><name>172.17.12.220</name></author>
		
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