LENGUAS ORIGINARIAS, EVANGELIZACIÓN E IDENTIDAD

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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“Aquel que ES la Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros” (Jn.1.14).[1]La Encarnación de la Palabra trasciende infinitamente a la palabra de los hombres, pero no debemos olvidar que esta última es el medio natural de comunicación entre quienes hemos sido creados a imagen y semejanza de Quien es el Verbo Eterno del Padre.

Catureli explica que “El lenguaje exterior (el verbo exterior, como dice San Agustín) se encarna y «resuena» en el sistema de signos que constituye este idioma concreto, sea o no expresado alfabéticamente. Y como tal sistema de signos lo es por convención natural («ad placitum», según la expresión de la lógica clásica), quien no conozca el sistema no podrá comprender. La incomunicación será «casi» total.”[2]

No se puede precisar el número de las lenguas (el sistema de signos-sonidos) que hablaban los habitantes de la América precolombina; sin embargo, los investigadores señalan entre 500 y 870 lenguas indígenas distintas, agrupadas en cientos de «familias lingüísticas»; otros estudios señalan más de 600 solo para Sudamérica.[3]Sin duda alguna, la «incomunicación» entre los pueblos originarios era absoluta, contribuyendo fuertemente a su aislamiento y a su atraso tecnológico, como lo explica el Premio Nobel Octavio Paz:

“El rasgo característico de las antiguas civilizaciones americanas –la incaica y la mesoamericana- fue su aislamiento (…) Sucumbieron ante los europeos no sólo por su inferioridad técnica, resultado de su aislamiento, sino por su soledad histórica. No tuvieron nunca, hasta la llegada de los españoles, la experiencia del otro (…) Las civilizaciones americanas jamás conocieron algo que fue una experiencia repetida y constante de las sociedades del Viejo Mundo: la presencia del otro, la intrusión de civilizaciones y pueblos extraños. Por esto vieron a los españoles como seres llegados de otro mundo. La razón de su derrota no hay que buscarla tanto en su inferioridad técnica como en su soledad histórica; entre sus ideas se encontraba la de otro mundo y sus dioses, pero no la de otra civilización y sus hombres.”[4]

EVANGELIZACIÓN FUNDANTE

La España misionera «evangelizó civilizando», y «civilizó evangelizando»; así fue como nació Hispanoamérica, un conjunto de naciones «que sienten en indio y hablan en español»; un continente cuyos pueblos «comulgan por el espíritu y no por la biología». La Hispanidad es una realidad “que no se estrecha al espacio ni al tiempo, sino que es algo de superior categoría, asentado sobre la base del espíritu que lo ve todo en función de eternidad”.[5]

Los misioneros del siglo XVI comprendieron cabalmente que, para lograr encarnar el Evangelio, era ellos los que debían «indigenizarse» y no «españolizar» a los indígenas. Así lo demuestra el padre José Acosta S.J,, misionero de la primera hora entre los pueblos sudamericanos quechua y aymará: “Por lo cual no envió Cristo a sus apóstoles a enseñar a las naciones, antes de que por don del Espíritu Santo hablasen sus lenguas. Porque la fe, sin la cual nadie puede salvarse, sigue al mensaje y el mensaje es anuncio de Dios. Depende, pues, la salvación de las naciones de la palabra de Dios, que ciertamente no puede llegar a los oídos humanos si no se anuncia con palabras humanas; quien no las percibe, nunca experimentará la eficacia de la palabra de Dios…”[6]

LAS IMÁGENES SENSIBLES COMO MÉTODO DE LA «ENCARNACIÓN» DE LA PALABRA

La carencia de escritura «fonética» en absolutamente todas las civilizaciones precolombinas, llevó a los misioneros de la primera hora (especialmente en Mesoamérica) a adoptar la escritura pictográfica para transmitir el Evangelio. La escritura «pictórica» precolombina era a base de imágenes pintadas en papel amate. Ejemplos de ella son el «Catecismo pictórico»[7]compuesto por el franciscano fray Pedro de Gante (Flandes, 1478 – México, 1572), y el «catecismo testeriano»[8]compuesto por el también franciscano fray Jacobo Testera (Bayona,1470-Puebla,1543).

Los misioneros adoptaron esa escritura informándola del contenido evangélico, representando la Revelación directamente por medio de una figura para cada elemento (pictografía), o bien representando cada idea por medio de símbolos (ideografía). Los aztecas poseían «glifos» de diversas categorías (numerales, calendáricos, pictográficos, ideográficos), mismos que fueron utilizados eficazmente por los misioneros en la educación general (o informal)[9]que llevaron a cabo.

LA EDUCACIÓN FORMAL Y «CARTILLAS» DE LECTURA

Para la educación «formal», es decir, aquella impartida en las decenas de escuelas que los misioneros erigieron por todas partes, el Catecismo y el alfabeto entraron juntos.[10] Esta última usó como instrumento las «cartillas» para enseñar a leer y escribir, indispensables para una mayor enseñanza y aprendizaje en todas las disciplinas de niños y adolescentes.

Desde los primeros años de la presencia española en las islas del Caribe se llevaron desde España buena cantidad de «cartillas» de probada efectividad. “Las primeras referencias a este respecto son las de 1512 cuando la Casa de Contratación (de Sevilla) compra a Jacome Cromberger, impresor establecido en Sevilla, dos mil cartillas a dos maravedíes cada una, las cuales debía entregar a Fray Alonso de Espinar OFM que regresaba a Santo Domingo.”

En 1533 Diego de Arana, al servicio del obispo Juan de Zumárraga, “recibió de la Casa de Contratación 20 mil maravedíes para que pagara en Alcalá de Henares doce mil cartillas que se imprimían destinadas a la Nueva España”.


Ya en 1503, los Reyes Católicos en las «instrucciones» escritas que dieron a Nicolás de Ovando cuando fue enviado como gobernador de la isla de «La Española», se le indicaba: “Que se hiziese hazer una casa adonde dos vezes en cada día se juntasen a los niños de cada población, y el sacerdote les enseñase a leer, escribir y la doctrina cristiana, con mucha caridad.” Esa política educativa, cuya finalidad era «integrar» a los indígenas a la Iglesia y a la Corona, no se quedó limitada a las islas caribeñas; conforme se fueron descubriendo e incorporando nuevas tierras, las acciones educativas a la población nativa fueron también implementadas. Un ejemplo de ello es un escrito del entonces Oidor Vasco de Quiroga, integrante de la «segunda» Audiencia quien en 1531, a diez años de concluida la conquista de la Nueva España, pudo informar al Consejo de Indias que gran número de muchachos indígenas estaban “tan bien doctrinados y enseñados, que muchos de ellos, además de saber lo que a buenos cristianos conviene, saben leer y escribir en su lengua, y en la nuestra y en latín.” En resumen, la identidad de las naciones de Hispanoamérica se forjó sobre la Palabra Encarnada -el Evangelio- y la Hispanidad. Lo humano y lo sobrenatural, armoniosamente conjugados, dieron por resultado la cultura indo-hispano-católica- que, a pesar injusticias y errores, integró sin destruir a los pueblos originarios del Nuevo Mundo. José Vasconcelos expresó así esa realidad: “Bajo la acción civilizadora de los españoles se castellanizó el indio de un extremo a otro de América. Y desde entonces cada indio que habla castellano como su lenguaje nativo, es un hijo legítimo de la raza española, que está hecha no sólo de sangres afines, no solo de mestizajes generosos, sino también de formas y alianzas del espíritu.”

LA PENETRACIÓN PROTESTANTE Dentro de los múltiples intentos por acabar con la cultura identitaria de Hispanoamérica, destaca la penetración protestante pues se dirige a la raíz misma: la fe católica. Fue en la segunda mitad del siglo XIX con el triunfo de los liberales apoyados por el gobierno norteamericano, cuando se establece en México la primera comunidad protestante, pues anteriormente esa presencia se había limitado a algunos pocos extranjeros de origen anglosajón avecindados en México. El ministro de Hacienda del gobierno juarista Matías Romero así lo señaló: “Tuve que mandar por los protestantes o traerlos acá, ya que solo unos cuantos extranjeros tenían otra religión que la católica (…) Favorecí entonces una comunidad protestante regida por un mister Riley que deseaba establecer una iglesia mexicana, en competencia con la católica romana…” Esa primera y pequeñísima comunidad solo logró obtener un total rechazo de parte de la sociedad mexicana. Será hasta la dictadura porfirista (1876-1911) cuando, gracias a la acción de la acción de las logias masónicas yorkinas, y a un fuerte apoyo gubernamental como entregarles varios de los templos que habían sido confiscados a la Iglesia católica, lograron establecerse en México. algunas denominaciones protestantes norteamericanas (bautistas, presbiterianos, adventistas, metodistas, etc.) En 1920 el «grupo de los sonorenses» (Obregón, Calles y De la Huerta) se apoderaron de la presidencia de la República y acrecentaron la persecución religiosa, pues al igual que la mayoría de la clase política surgida del carrancismo, profesaban un jacobinismo fanático. En 1924 le tocó su turno a Plutarco Elías Calles en la Presidencia, y una de sus primeras acciones fue intentar, en complicidad del líder de la CROM Luis N. Morones a quien le había entregado la Secretaría de Industria y Comercio, crear una «iglesia» cismática bajo el nombre de «iglesia católica mexicana» para así engañar al pueblo que ellos calificaban como «ignorante y supersticioso». El 21 de febrero de 1921 se pretendió iniciar el funcionamiento de esa supuesta “iglesia” de factura revolucionaria. Ese día, un grupo de sindicalistas de la CROM, ostentándose como «caballeros guadalupanos», se presentaron al confiscado templo de La Soledad en la ciudad de México para hacer entrega de esas instalaciones al «Patriarca Pérez», un sacerdote apóstata que aceptó desempeñar el rol de «papa» de esa iglesia cismática. Pero como señaló el historiador Jean Meyer, “una iglesia no se funda como un sindicato”, la población, lejos de tragarse el embuste quiso agredir al «patriarca Pérez» y a sus acompañantes, quienes tuvieron que ser protegidos por la policía; así, ese nuevo intento de «protestantizar» al país del régimen de «los sonorenses», acabó en un nuevo y rotundo fracaso. Pero lejos de renunciar a sus intentos anticatólicos, Calles envió al Congreso un proyecto de ley llamado «Ley Calles» que, como auténtico «edicto de Nerón», dio origen a una sangrienta persecución la que a su vez desató la guerra Cristera (1926-1929).

EL INSTITUTO LINGÜÍSTICO DE VERANO La metodología desarrollada por los misioneros católicos del siglo XVI de unir la alfabetización con la evangelización, fue imitada por los protestantes norteamericanos del siglo XX en su intento de «protestantizar» a Hispanoamérica, empezando por México. Puede argumentarse que Jesucristo habría aceptado esa «copia» según las palabras dirigidas a sus apóstoles cuando le informaron que habían prohibido la predicación a algunos que «no eran de los nuestros»: “…no se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí. El que no está contra nosotros está con nosotros.” (Mc.9.39-40) Sin embargo, es la finalidad buscada en uno y otro caso la que hace que una metodología aparentemente similar, sea totalmente diferente: los misioneros del siglo XVI buscaron «integrar» a los pueblos indígenas a la cultura occidental cristiana, y así forjaron la identidad indo-hispano-católica de la gran nación hispanoamericana; la penetración protestante ha buscado lo contrario: «desintegrar» esa identidad para sustituirla por una anglosajona y protestante. Al concluir la Guerra Cristera y aprovechando la crítica condición en la que los mal llamados «arreglos» dejaron a la Iglesia Católica en México, Moisés Sáenz (1888-1941) y William Cameron fundaron en 1935 el «Instituto Lingüístico de Verano» con el supuesto objetivo de estudiar la fonología y morfología de las lenguas indígenas para «facilitar la educación de los grupos étnicos». El objetivo real era la penetración de las sectas evangelistas en las comunidades rurales. Patrocinado por la familia Rockefeller, el Instituto lingüístico de verano inició sus labores con el decidido y total apoyo del entonces presidente Lázaro Cárdenas. Mediante un convenio, la Secretaría de Educación Pública se comprometió con este Instituto a gestionarle todo lo necesario para la internación al país de «investigadores y técnicos» norteamericanos, e importar libre de derechos los materiales que requirieran, como aparatos radio emisores y radio receptores. La penetración protestante en el medio rural ha provocado división, ruptura de cohesión social y enfrentamientos y violencia en el seno de muchas comunidades indígenas, especialmente en el sur de México. “La evangelización protestante en Chiapas da comienzo en 1938 con acciones del Instituto Lingüístico de Verano 0LV) dependiente de la Iglesia Bautista del Sur, de Norteamérica. La primera misión estuvo encabezada por William Bentley y tuvo lugar en Yaconquintelé, cerca de Yajalón en el norte del estado. La acción del ILV, dio pie a que otros grupos religiosos norteamericanos e ingleses iniciaran su labor proselitista entre los grupos indígenas del estado de Chiapas. A fines de la década de 1940 el trabajo del ILV se extiende hacia el municipio de Oxchuc fundándose una congregación en Corralito; poco después, instalan misiones en la zona tzotzil.” Además de provocar la ruptura cultural en el seno de muchas comunidades rurales, el Instituto Lingüístico de Verano se ha visto involucrado en varios hechos de contrabando, como el denunciado en 1974 por el director de seguridad del gobierno de Colombia, que denunció al Instituto de traficar esmeraldas y otros productos valiosos. En 1980 el Instituto fue expulsado de Ecuador, Brasil y Panamá.

NOTAS

  1. La Palabra que crea, la Palabra que revela, y la Palabra que salva.
  2. CATURELLI Alberto. Escritura y Evangelización. DHIAL.
  3. https://es.wikipedia.org/wiki/Lenguas_ind%C3%ADgenas_de_Am%C3%A9rica_del_Sur. (consultado el 9 de febrero 2026)
  4. Octavio Paz. La Conquista de México. Revista Vuelta, México N° 191, pp. 12-13
  5. MONSEGÚ Bernardo. El Occidente y la Hispanidad. Ed. SER, México, 1977, p. 73
  6. José Acosta, De Procuranda Indorum Salute, Corpus Hispanorum de Pace, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1987. p. 47.
  7. Catecismo de la doctrina cristiana con jeroglíficos, para la enseñanza de los indios de México, Edición facsimilar (Madrid, 1970) / Justino Cortés Castellanos, El catecismo en pictogramas de Fr. Pedro de Gante (Madrid, 1987).
  8. Conocido también como «códice testeriano», realizado en papel amate. El original se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid.
  9. La educación «informal» fue la dirigida a toda la población y no solo a los niños; ésta usó como instrumentos las representaciones teatrales -como las pastorelas, las posadas y las escenificaciones de la Pasión-, el canto, y la escritura «pictográfica».
  10. En las escuelas elementales, además de enseñar a leer y escribir, se enseñaba a sumar y restar, un oficio (carpintería, herrería, peluquería, etc.) y el Catecismo.