PERSECUCIÓN EN CUBA
Sumario
- 1 Prólogo
- 2 Colonización y Evangelización primera de la Isla de Cuba
- 3 Situación de la Iglesia cubana antes de la independencia
- 4 La Iglesia cubana después de la Independencia
- 5 La Iglesia durante la dictadura de Fulgencio Batista
- 6 El inicio de la persecución por la revolución cubana
- 7 Características singulares de una persecución sistemática
- 8 Alivio en la persecución
- 9 NOTAS
Prólogo
La hostilidad a la Iglesia en Cuba, tanto a la jerarquía como al pueblo católico, no dio inicio con la llamada «revolución cubana», sino que se remonta a finales del siglo XIX. Lo que si dio la revolución de 1959 fue una persecución sangrienta y sistemática.
La situación que prevalecía en sociedad cubana en la década de los años 50´s, era ambivalente: en el ámbito político se vivía bajo la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1959); en el ámbito económico el sistema dominante era un «capitalismo salvaje» estrechamente relacionado con el crimen organizado.
“Batista estableció relaciones duraderas con el crimen organizado, en especial con mafiosos estadounidenses como Meyer Lansky y Lucky Luciano, y bajo su gobierno La Habana llegó a ser conocida como «Las Vegas latina».”[1]Tal calificativo y otros semejantes surgieron debido a que el glamour de la vida nocturna de la Habana estaba rebosante de casinos, prostitución y tráfico de drogas, negocios de la mafia norteamericana protegidos por policías y gobernantes corruptos.
La masonería, fuertemente arraigada en las élites políticas cubanas desde el siglo XIX, fomentaba y difundía por todas partes, junto a su tradicional hostilidad a la Iglesia, el filosofismo liberal.
Contrastando con todo lo anterior, en la sociedad cubana se daba también un proceso de renovación de la vida espiritual que poco a poco desplazaba a la santería, el vudú y el sincretismo animista.
Destacaron en esa renovación de la fe católica, las acciones de pastoral juvenil dirigidas por el obispo Eduardo Bosa Masvidal (1915-2003), alentado por el Cardenal de La Habana Manuel Arteaga Betancourt (1879-1963). A grandes rasgos, este era el panorama en la Isla de Cuba en vísperas del estallido de la Revolución Cubana en 1956 y consumada en enero de 1959.
Colonización y Evangelización primera de la Isla de Cuba
Fue en el mismo viaje de Descubrimiento cuando Colón tocó las costas del norte de la Isla de Cuba; en ninguno de los otros tres viajes volvió a hacerlo. Durante varios años el centro de operaciones de los europeos en «Las Indias» fue la isla «La Española»; desde ella la expansión colonizadora llegó a Jamaica en 1497 y a Puerto Rico en 1508.
En 1509 una expedición exploradora al mando de Sebastián Ocampo comprobó que Cuba era una isla y no tierra firme, y que era la más densamente poblada de las conocidas hasta entonces. La colonización de Cuba dio inicio en 1511 cuando arribó a la Bahía de Guantánamo la expedición exprofeso al mando de Diego Velázquez, a quien acompañaba el encomendero Bartolomé de las Casas y algunos misioneros franciscanos.
A petición del rey Carlos I-V, la Santa Sede erigió la primera diócesis cubana el 2 de febrero de 1517 en Baracoa, dedicando su catedral a La Asunción de María.[2]Los primeros templos fueron construidos rústicamente con cañas y techos de paja, pero pronto fueron sustituidos con edificios de piedra.
Los franciscanos construyeron su primer convento en la población de Santiago de Cuba, y luego en La Habana, ya que esta empezó a destacar por su condición de punto de reunión de las flotas que regresaban a España.[3]
Situación de la Iglesia cubana antes de la independencia
Con el apoyo e intervención directa militar y política de los Estados Unidos, Cuba alcanzó su independencia respecto a España el 12 de agosto de 1898; es decir, 77 años después de que lo hiciera la Hispanoamérica continental.
Durante el periodo en que Cuba siguió dependiendo de España, al igual que Puerto Rico y Filipinas, la Iglesia en estos países sufrió las políticas anticlericales que los ilustrados liberales implementaron en España: la supresión de las Órdenes religiosas regulares decretadas por José Bonaparte en 1809, y ratificadas por las «Cortes del Trienio»,[4]así como las desamortizaciones (confiscaciones) de 1837 y 1841.
“Las Cortes del Trienio en relación con los bienes del clero regular, emitieron el decreto de 1 de octubre de 1820 que suprimió «todos los monasterios de las órdenes monacales; los canónigos regulares de San Benito, de la congregación claustral tarraconense y cesaraugustana; los de San Agustín y los premonstratenses; los conventos y colegios de las órdenes militares de Santiago, Calatrava, Montesa y Alcántara; los de la Orden de San Juan de Jerusalén, los de la de San Juan de Dios y los betlemitas, y todos los demás hospitales de cualquier clase”.[5]
Un tanto mitigadas las desamortizaciones de 1841 gracias a gestiones diplomáticas de la Santa Sede, en Cuba se reflejó esa situación ambivalente con resoluciones favorables a las Órdenes religiosas de parte de los tribunales civiles. En 1859 había en la isla de Cuba 779 sacerdotes (seculares y religiosos) para una población de un millón de habitantes.
La Iglesia cubana después de la Independencia
La guerra de los Estados Unidos contra España, iniciada tras la misteriosa y nunca aclarada explosión del acorazado norteamericano «Maine» anclado en la bahía de la Habana el 15 de febrero de 1898, permitió a los Estados Unidos que las Islas Filipinas, Guam y Puerto Rico, se convirtieran en protectorados norteamericanos, y que Cuba pasara de la independencia respecto a España al control casi total de los Estados Unidos, además de instalar en la Bahía de Guantánamo, una base naval militar.
Al concluir la guerra contra España, los Estados unidos establecieron en Cuba un gobierno provisional militar el cual gobernó hasta el 20 de mayo de 1902 cuando entregó el poder a Tomás Estrada, candidato único en unas elecciones celebradas el 31 de diciembre de 1901. El 20 de mayo de 1902 fue proclamada la República de Cuba. Ambos regímenes no tuvieron relaciones diplomáticas con la Santa Sede.
Tanto la administración norteamericana como el nuevo gobierno cubano estuvieron en contra de continuar la política de conciliación para con la Iglesia del gobierno de España, adoptando en cambio una actitud de claros tintes anticlericales.
Gracias a su militancia en la masonería, en 1924 dio inicio el gobierno del general Gerardo Machado, en el que destacaron obras materiales significativas como «El Capitolio» y la carretera a Pinar del Río, pero que se caracterizó por su demagogia y por el asesinato político de sus opositores.
La economía de la isla, que seguía las pautas del más acendrado «capitalismo salvaje», además de centrar la riqueza en el monocultivo de la caña de azúcar, había generado serias injusticias sociales entre campesinos y obreros. Ese «caldo de cultivo» facilitó el surgimiento de corrientes intelectuales de ideología marxista, y de asociaciones abiertamente revolucionarias.
En esos tiempos la «Tercera Internacional» se encontraba en plena expansión. En América su centro de operaciones se encontraba en Montevideo, Uruguay dirigido por Michael Borodin, y logró captar a sus filas a un joven estudiante cubano de nombre Julio Antonio Mella (1903-1929), el cual fundó en La Habana en diciembre de 1922, la «Federación Estudiantil Universitaria» (FEU); en 1924 la «Liga Anticlerical»; en 1925 convocó el Tercer Congreso Nacional Obrero de donde surgió la sección cubana de la «Liga Antiimperialista de las Américas», y poco después el primer «Partido Comunista de Cuba».
El general Machado hizo encarcelar a Julio Antonio Mella, quien inició una «huelga de hambre», logrando con ella cambiar su encarcelamiento por expulsión y destierro a México, donde finalmente fue asesinado en enero de 1929.
Debido a la evidente e innegable identidad católica de buena parte del pueblo cubano, sostenida por su devoción a Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en 1935 el gobierno de Cuba estableció relaciones diplomáticas con el Vaticano. Llegó a La Habana el primer Nuncio en Cuba, Mons. George Joseph Caruana, arzobispo titular de Sebaste, quien permanecerá en la isla hasta 1947.
El Papa Pío XII designó el 28 de diciembre de 1941 a Mons. Manuel Arteaga Betancourt como arzobispo de La Habana. Fue consagrado el 24 de febrero de 1942 en la Catedral por el Nuncio Caruana, asistido por el arzobispo de Santiago de Cuba y por Eduardo Martínez Dalmau, obispo de Cienfuegos. Cinco años después, en 1946, el Papa Pío XII nombró cardenal de la Iglesia a Mons. Manuel Arteaga.
La Iglesia durante la dictadura de Fulgencio Batista
En 1952 Fulgencio Batista volvió a tomar posesión de la presidencia de Cuba, incrementando las alianzas con la mafia estadounidense en los casinos, donde se realizaban los lucrativos negocios de drogas y prostitución. Batista estrechó la censura a los medios de comunicación que denunciaban la creciente corrupción, implementando represiones tanto por medios físicos como judiciales.
Buscando derrocar al gobierno dictatorial de Batista, el 26 de julio de 1953 un grupo de 120 revolucionarios reclutados entre sindicalistas y universitarios al mando de Fidel Castro Ruz, intentaron tomar el Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba. El ataque al cuartel fue rechazado; unos 70 atacantes murieron y otros más fueron hechos prisioneros; entre ellos, el mismo Fidel castro.
Dada la represión violenta que el régimen acostumbraba realizar, era muy probable que la suerte de los prisioneros fuera la tortura y la muerte. El mismo Fidel Castro recordaría años después: “El arzobispo de Santiago de Cuba, (Enrique Pérez Serantes) como autoridad eclesiástica, se interesa y empieza a actuar junto con otras personalidades de esa ciudad, de las cuales la más destacada era él, para salvar la vida de los sobrevivientes. Y, efectivamente, algunos sobrevivientes fuimos salvados por las gestiones que hicieron el arzobispo y ese grupo de personalidades, ayudados por una atmósfera de enorme indignación en la población de Santiago de Cuba.” Es probable que una de esas «otras personalidades» haya sido Ángel Castro, rico terrateniente oriundo de Lugo Galicia, y padre de Fidel Castro, ya que el arzobispo Pérez Serantes, oriundo de Pontevedra, Galicia, quienes debieron conocerse y tratarse dada su muta condición de emigrados gallegos.
El hecho es que Fidel Castro fue indultado y trasladado a la cárcel de la «Isla de la Juventud», donde permaneció 22 meses. Fue excarcelado tras una campaña de amnistía nacional organizada por el mismo arzobispo de Santiago Enrique Pérez Serantes.
Según Fidel Castro, “la amnistía fue un movimiento de opinión muy amplio (…) seguramente que la Iglesia debe haberla apoyado, pero no fue el centro de esa campaña. Aunque indiscutiblemente la iglesia ganó prestigio con la acción.”
Tras su liberación, Fidel Castro se autoexilió en México donde preparó un núcleo guerrillero con la intención de regresar a Cuba e iniciar una guerra de guerrillas. Con la ayuda del argentino Ernesto Che Guevara y el apoyo económico del gobierno mexicano, Fidel estructuró en México el «Movimiento 26 de Julio» que en 1956 desembarcó clandestinamente, internándose en la Sierra Maestra. Un sacerdote de apellido Sardiñas se integró a la guerrilla en la Sierra. Fidel Castro dice: “un día, a mediados de la guerra, llegó el padre (Eduardo) Sardiñas, un sacerdote revolucionario que simpatizaba con la causa, y se incorporó a la guerrilla.”
En diciembre de 1958, en Santa Clara, los guerrilleros derrotaron a la guarnición militar de Batista; este renunció al poder huyendo a la República Dominicana. El 1° de enero de 1959, los revolucionarios entraron a La Habana en medio del júbilo de una delirante población a la que Fidel Castro prometía «pan y libertad». Para ese momento, los católicos constituían, aproximadamente, el 70% del pueblo cubano.
El inicio de la persecución por la revolución cubana
El triunfante «Movimiento 26 de Julio» estableció un gobierno provisional poniendo al frente del mismo al prestigiado abogado y magistrado Manuel Urrutia, quien afirma: “El día primero de enero fui a Santiago de Cuba llamado por Fidel Castro. Iba a tomar posesión del cargo de presidente de la república ante el heroico pueblo de aquella ciudad.”
Como varios otros simpatizantes y colaboradores del Movimiento, el presidente Manuel Urrutia no compartía la ideología comunista de Castro y el Che Guevara, pero su prestigio podría ser utilizado y servir a la estrategia marxista. Escribe Urrutia: “Castro y sus comunistas quisieron utilizarme como su servidor. Al comprender que de poco había de servirles por mi anticomunismo manifiesto, empezaron a preparar contra mi persona la campaña de descrédito, primero sutil, de rumores; después el ataque frontal, de ferocidad despiadada.” La misma estrategia sería implementada pocos meses después contra la Iglesia.
El «Movimiento 26 de julio» empezó a ser cooptado por aquellos de sus integrantes que eran comunistas disfrazados, quienes se presentaban como miembros del «Partido Socialista Popular», que en 1965 se transformó en el «Partido Comunista de Cuba», el cual se declaró oficialmente ateo.
Durante mucho tiempo Fidel Castro se había presentado solo como un revolucionario inconforme, pero después el mismo confesó que había abrazado el marxismo desde sus tiempos de estudiante: “…varios años antes de 1951 yo tenía no solo una formación revolucionaria sino una concepción marxista-leninista, socialista, de la lucha política (…) un número reducido de los que organizamos el Movimiento 26 de julio, ya teníamos esa formación.”
Al triunfo de la revolución se hizo llamar «comandante del Ejército Rebelde» y tomó el puesto de «primer ministro», responsable de los decretos revolucionarios que se empezarían a dictar contra todo lo que se opusiera a la instauración de la dictadura comunista en la Isla de Cuba.
Casi de inmediato el gobierno revolucionario entró en conflicto con la jerarquía de la Iglesia: “Las tensiones con la Iglesia comienzan cuando la Revolución choca con los sectores privilegiados (…) en primer lugar (con) el arzobispo de la Habana, que después fue cardenal -creo que lo habían hecho cardenal antes de la Revolución- tenía excelentes relaciones oficiales con la dictadura de Batista.”
Características singulares de una persecución sistemática
La estrategia contra la identidad católica del pueblo cubano siguió las pautas del «camino de Yenán», quintaescencia del perverso oportunismo marxista: “cualquier persona que reciba nuestro apoyo y no cumpla lo pedido debe ser convertida en el blanco de un ataque frontal, de ferocidad despiadada (…) Hay que inventarle todo; hay que dejarle en la miseria moral…”
Los primeros decretos contra los católicos apuntaron a la Jerarquía de la Iglesia, acusada de connivencia con la dictadura de Batista. Para evitar su encarcelamiento, el Cardenal Arteaga se refugió en la Embajada de Argentina en la Habana, pero el obispo Eduardo Boza Masvidal fue aprehendido y encarcelado el 16 de abril de 1961. El 17 de septiembre de 1960 Mons. Boza fue expulsado de Cuba junto a otros 135 sacerdotes a bordo del navío español «Covadonga».
El siguiente objetivo del régimen, cada día más abiertamente comunista, fue el de las instituciones educativas: “Los conflictos en aquel periodo … originaron la necesidad de nacionalización de las escuelas privadas, porque precisamente en aquellas escuelas, principalmente en las católicas, estaban los hijos de las familias ricas que se situaron contra la Revolución…aquello originó la necesidad de ir a la nacionalización de todas.”
Tras la confiscación de las escuelas particulares, el régimen implementó un «sistema» que puso en manos del partido comunista a toda la niñez y la juventud, pues abarcó desde los jardines de niños hasta la universidad. En ese sistema solo se podía enseñar la ideología marxista leninista. Pero la «piedra de toque» del sistema -como de todo el régimen- fue el ateísmo de Estado, el ateísmo «militante». “En el Partido comunista cubano no se admite la presencia de cristianos (…) es un partido confesional en la medida que es un partido ateo que proclama la no existencia de Dios”
Al igual que en los regímenes de partido único, lo mismo soviético, fascista y nazi, los que absorbieron a los grupos organizados juveniles como los Scouts para sustituirlos por secciones del Partido, en Cuba el castrismo estableció la «Organización de Pioneros José Martí» bajo el lema “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.
El 9 de septiembre de 1960 Castro ordenó la clausura de todos los programas católicos de radio y televisión; al día siguiente la procesión por la fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre fue atacada violentamente con palos y piedras, resultando muerto el joven peregrino Arnaldo Socorro. El 19 de septiembre de ese año, el régimen marxista prohibió todas las peregrinaciones y fiestas religiosas. Algún tiempo después también prohibió la celebración de la Navidad, la Semana Santa y los Reyes Magos.
La expulsión de sacerdotes y religiosas continuó de manera constante; para finales de 1961 quedaban en toda la Isla ya menos de cien sacerdotes. Sin embargo, el régimen castrista no cerró un solo templo, como lo afirmó el propio Fidel: “No hay una sola iglesia que se haya cerrado en el país, no hay una sola, nunca.” . En efecto, no hubo iglesias cerradas, pero quien se atrevía a entrar en una era reportado por los «vigilantes de la revolución», y veía afectada su «tarjeta de racionamiento». La práctica religiosa quedó prácticamente eliminada.
Otro hecho también diferente a las persecuciones anticristianas que se dieron en otras latitudes como en México o en España, fue que a pesar de haber sido expulsados casi todos los sacerdotes, ninguno fue torturado o asesinado. Dice Fidel: “Nuestra revolución es una revolución social profunda. Sin embargo, no se ha dado un solo caso de obispo fusilado, de sacerdote fusilado, no se ha dado un solo caso de sacerdote maltratado físicamente, torturado.”
Alivio en la persecución
La caída de la Unión Soviética el 25 de diciembre de 1991 significó también el fin «real» de la Internacional comunista. El apoyo político, militar y económico que proporcionaba al régimen cubano, fue rapidamente retirado, dejando al descubierto su fracaso socio-económico, y la miseria en que la revolución sumió al pueblo de la Isla. El régimen castrista se vio obligado a moderar las medidas persecutorias; y en 1992 Castro realizó una reforma constitucional que revirtió en buena parte las políticas del ateismo militante. En noviembre de 1996 Fidel Castro fue al Vaticano a invitar al Papa Juan Pablo II para que visitara Cuba. Como gesto de conciliación Castro eliminó la prohibición de celebrar la Navidad. Las fiestas navideñas se readuraron en diciembre de 1997.
En enero de 1998 el Papa Juan Pablo II realizó un viaje apostólico a Cuba. En cada una de las misas celebradas por el Vicario de Cisto en las Plazas de Santa Clara, Camagüey, Santiago de Cuba y La Habana, participaron cerca de un millón de personas.
NOTAS
- ↑ ENGLISH T.J. & MORROW WILLIAM. Havana Nocturne: How the Mob Owned Cuba and Then Lost It to the Revolution, , 2008, p. 46-47
- ↑ Cfr. LOPETEGUI-ZUBILLAGA. Historia de la Iglesia en la América Española. Ed. BAC, Madrid, 1965 p. 184
- ↑ Cfr.https://www.mercaba.org/Rialp/C/cuba_historia_de_la_iglesia.htm
- ↑ Fueron las Cortes que correspondieron al trienio liberal que dio inicio el 1 de enero de 1820 con el pronunciamiento del Coronel Riego, orquestado por la masonería española y que obligó al rey Fernando VII a restablecer la Constitución de Cádiz de 1812. Dicho pronunciamiento volvió a encender en la Nueva España los movimientos independentistas (Juntas de la Profesa y el Plan de Iguala)
- ↑ https://es.wikipedia.org/wiki/Desamortizaci%C3%B3n_espa%C3%B1ol