ÓRGANOS de la Catedral de México

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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El órgano es un instrumento musical cuyo sonido se genera dejando pasar aire por tubos de diferentes grosores y longitudes que van desde pocos centímetros hasta varios metros, por lo que se le clasifica como instrumento de viento. El órgano se toca con los dedos de las manos mediante uno o más teclados, y con los pies mediante unos pedales situados en la parte inferior; además tiene distintos registros (series de flautas ordenadas cromáticamente) los que se accionan mediante botones. El aire que utiliza el órgano se obtiene mediante fuelles movidos mecánicamente y en la actualidad mediante compresores.


En la Liturgia cristiana el órgano es considerado como el más adecuado instrumento para acompañar las ceremonias religiosas. “No se tienen noticias de la construcción de estos instrumentos para los templos sino hasta el siglo IX, en que se fabrica uno para Saint-Savín, Francia.”[1]Con el arribo de los primeros doce misioneros franciscanos en 1524 dio inicio el proceso sistemático de Evangelización de la Nueva España, y la música fue un elemento de evangelización muy usado por los frailes. “Pero por la dificultad de traer (órganos) desde España, se empezó a adiestrar a los indígenas en su construcción, sobre todo después de la prohibición del uso de otros instrumentos dentro de las iglesias que surgió del primer Concilio Mexicano, celebrado en 1555. De aquí que prácticamente desde el inicio del Virreinato, hubo en la Nueva España extraordinarios organeros o constructores de órganos tubulares, que fueron dejando muestras de su habilidad artesanal en todos los templos mexicanos y que se construyeran, en promedio, a ritmo de uno por semana durante los trescientos años que duró la dominación española. Por esta razón, el patrimonio cultural que representan estos instrumentos es de gran importancia, sobre todo porque su producción no terminó con la guerra de independencia, como muchos aseguran, sino que continuó durante el siglo XIX y aun el XX.”[2]


En esta tradición cultural encontramos el monumental “Órgano del Evangelio” de la Catedral Metropolitana de la ciudad de México, considerado uno de los más grandes del mundo y construido en la misma ciudad de México en 1734 por el organero mexicano José Nazarre. Pocos años antes, en 1693, había llegado, como regalo del Rey Felipe IV a la Catedral de México, otro órgano fabricado en España por Jorge de Sesma. Este primer órgano regalo del Rey de España y también de dimensiones monumentales, fue ensamblado e instalado por el organero mexicano Tiburcio Sanz.[3]El “Órgano del Evangelio” mide catorce metros de alto por diez de ancho y tres de profundidad, y como está colocado a seis metros del nivel del piso, da una altura total equivalente a un edificio de seis pisos.


Por el deterioro propio de su maquinaria que sufre desgaste, en 1817 ambos órganos fueron sometidos a una restauración completa. En 1967 un incendio que consumió toda la sillería del Coro y el Altar del Perdón, destruyó también la parte superior del órgano del Evangelio, afectando además muchas piezas de su mecanismo. “Recordemos que el plomo se afecta o se destruye fácilmente por el calor. Por ello, cualquier incendio en la nave de un templo puede perjudicar a un órgano tubular.”[4]


Para reconstruir el Órgano del Evangelio y reparar el deterioro que ya presentaba el órgano de 1693, entre agosto de 1976 y septiembre de 1977 se realizó una reparación de ambos órganos. Pero algunas filtraciones de agua que presentaban las naves de la Catedral, aunado al deterioro de las piezas fabricadas de piel de cordero que provocó la contaminación del aire que tiene la ciudad de México, afectaron el funcionamiento de los órganos, obligando a una restauración más integral. En el año 2007 se realizó un concienzudo estudio de la estructura, mecanismos y partes de los órganos a fin de realizar una restauración con estricto apego a los procedimientos de la época en que fueron construidos, para que tuvieran el mismo aspecto y la misma calidad acústica que en su origen, y salvo la adición de unos ventiladores para el suministro del aire, no fueron “modernizados” ni modificados. En 2008 dio inicio la restauración y en abril de 2009 los órganos de la Catedral de México volvieron a sonar.


Notas

  1. Esteva Loyola Ángel. Los órganos olvidados. Primer Simposio Internacional de Arte Sacro en México. Comisión Nacional de Arte Sacro, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Secretaría de Desarrollo Social, México, 1992, p.220
  2. Ibídem
  3. Cfr. http://www.analesiie.unam.mx/pdf/49_55-72.pdf
  4. Esteva, Obra citada p.223


JUAN LOUVIER CALDERÓN