BARZANA ALONSO; Apóstol de Sudamérica

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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(Belinchón, 1530 – Cusco, 1598) Religioso jesuita, Apóstol de Sudamérica, Lingüista

Protagonista de una historia evangelizadora extraordinaria en el Cono Sur

El Padre Jorge Mario Bergoglio, siendo provincial de los jesuitas de Argentina (1973-1979), antes de ser elegido Sumo pontífice de la Iglesia con el nombre de Francisco, en una conferencia pronunciada el 15 de octubre de 1977 sobre la historia y presencia de la Compañía de Jesús en Argentina, se refirió al padre Alonso Barzana y a su «epistolario conmovedor», afirmando que “el fragmento de historia que los jesuitas cubren en nuestra tierra Argentina, se coloca en el misterio de Cristo muerto y Resucitado; ya que no es un mero episodio entre otros; más bien, es un capítulo del libro apasionante que Dios va escribiendo con nuestras huellas humanas”.

Como indicaba entonces el futuro Papa, además del anuncio del Evangelio las misiones jesuitas dejaron importantes huellas en la vida y en la cultura de las naciones de esta parte sur de América Latina: Perú, Bolivia, Argentina y Paraguay, entonces regiones del virreinato de Perú.[1]

El Padre Barzana integró el segundo grupo de misioneros que, por mandato del entonces Superior General de la Compañía de Jesús, el Padre Francisco de Borja, envió al Perú en 1569. Pronunció sus últimos Votos en la Compañía de Jesús el 28 junio de 1576, en Lima, Perú. Luego de los primeros años de predicar el Evangelio en Lima y sus entornos, en la doctrina de Santiago del Cercado y en la de Huarochirí, fue enviado a la ciudad del Cusco para continuar su misión evangelizadora.

Se ganó el respeto de todos, españoles e indígenas, y fundó junto con otros dos jesuitas la Cofradía del Nombre de Jesús, con sede en la Capilla lateral del Templo de la Compañía. También evangelizó a los indígenas Uros en Arequipa. Su fama de apóstol pronto se extendió por todo el Perú. Desde Cusco, el misionero jesuita fue alargando su misión evangelizadora a lo largo del entonces inmenso territorio del Virreinato de Perú.

Su patria, su primera formación y vocación apostólica

El lugar de su nacimiento del Padre Alonso Barzana ha sido discutido entre los historiadores, entre Belinchón (Cuenca) y Baeza (Jaén, Andalucía). Sin embargo Belinchón parece ser el lugar más probable entre las dos localidades. Estudió en la recién fundada universidad de Baeza, que estuvo muy unida a la actividad apostólica y renovadora del Maestro San Juan de Ávila, hoy declarado doctor de la Iglesia, y a la formación de generaciones sacerdotales por él llevada a cabo.

El Maestro Ávila mantuvo una notable relación con varios santos contemporáneos suyos como Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja, sobre el que había ejercido un influjo fundamental en su cambio radical de vida en Granada, cuando acompañó como encargado de su amigo el Emperador Carlos V el cadáver de su esposa la Emperatriz Isabel, que debía ser sepultada en el panteón real de la catedral de Granada.

El Padre Barzana fue parte de aquel nutrido grupo de eclesiásticos formados por el Maestro Ávila y que serán un núcleo importante en la reforma de la Iglesia en España, así como de aquellos que llevarán al Concilio de Trento las ideas y proyectos de reforma del clero y la formación sacerdotal del Maestro Ávila con la institución de los seminarios. Barzana, educado en este ambiente acabará entrando en la Compañía y él mismo atraerá a otros a hacer lo mismo.

En la Universidad de Baeza, Barzana obtuvo los grados de Maestro en Artes (filosofía) y Bachiller en Teología. Fue ordenado sacerdote en 1555 y predicó en los pueblos de Andalucía. Siendo todavía estudiante de teología sintió la vocación a entrar en la Compañía, aunque su maestro Ávila, buen amigo de San Ignacio y de los jesuitas, quiso que madurase su vocación.

Luego de diez años de ejercicio del ministerio presbiteral, ingresó al Noviciado de la Compañía de Jesús el 28 de agosto en 1565 en Sevilla (España), animado también por notables maestros teólogos como el Dr. Gaspar Loarte y el Padre Diego de Guzmán.

Jesuita del primer siglo

La Compañía no tenía entonces casas en Andalucía, por lo que debió esperar hasta que fue aceptado. Las cualidades y formación que tenía al entrar en la Compañía son relatadas por él mismo en una carta de 1566, en la que dice: “Las partes naturales que tengo son razonable ingenio, memoria no pequeña, con la qual siendo estudiante aprendí mucha parte de la Scriptura. Las partes adquiridas, oy mis cursos cumplidos de Artes, Philosophía, Theología después de la latinidad, por spacio de siete años”.[2]

Santibáñez, historiador de aquella época, explica: “Era consumado teólogo, grave escriturario, y que sabía la Sagrada Escritura de memoria, con un conocimiento universal de otras ciencias”.[3]Su deseo por una radicalidad en su entrega se expresó en cinco cartas enviadas al Padre General expresando su deseo de ser enviado a misiones. Mencionaría al Padre General en carta del 14 de julio de 1567 que habiendo oído hablar del martirio del Padre Martínez en La Florida, había sentido deseos de seguir ese camino en la Compañía.

El deseo de martirio era algo muy sentido por los fieles cristianos y misioneros de entonces; este deseo manifestaba la radicalidad de la vocación de entrega a una causa de salvación universal, y subrayaba la misión entendida también como la marcha a tierras remotas a fin de «salvar las ánimas», como había hecho San Francisco Javier y otros muchos de los primeros jesuitas.

Así lo declaraba en una de las cartas que escribió manifestando su deseo de ir a misiones: “¿Dónde podría yo mejor emplearme y acabar la vida? ¿Dónde mejor hallaría los fines de nuestro Instituto? Si mayor gloria de Dios ¿dónde mayor que ver cumplido «ecce quos non noveras vocabis» etc? Si maior bien de las almas ¿dónde más ancho campo? Si mayor padescer ¿dónde padescer igual?”

A lo que agregaba usando el lenguaje de su tiempo y las concepciones teológicas que afirmaban con fuerza que «fuera de la Iglesia no había salvación»: “Ver tantos millares de millones de ánimas capaces de Dios compradas con su sangre, descender a millares cada día a los infiernos por faltar obreros, para cuya necessidad no quisiera yo ser uno, pero ver toda la Compañía empleada en ellas y toda ella fuera muy poco, pero pues no soy más de uno y tal, esto que tengo ofrezco deseoso que no quede en mis venas gota de sangre que no se emplee en el remedio de tan grandes miserias”.

A esto agregaba la expresión de su limitación, con honesta sinceridad: “Verdad es que el ser yo quien soy me desmaya y acovarda, pues esta empresa pretende otro caudal que el mío”, pero confía en el poder de Dios que escogió lo peor del mundo “y dexada la vida regalada puedo lo que no pensé: caminar a pie, dormir en el suelo, exercitar qualquier ministerio; y mi complexión natural no era mala sino sanguínea y mis imprudencias la mancaron. Lo que toca a mi virtud, oración etc., todo es mengua y miseria; confío en Nuestro Señor que si por su gracia me mandare tal empresa me dará lo que yo no tengo y es menester”.

Sin recibir respuesta, escribe una cuarta carta en la que menciona: “Muchos trabajos me speran, pero essos vine a buscar, essos deseo. No a tres años que estoy en la Compañía, pero mas a de diez y seis que estoy de coraçón en ella, impedida la execución por el consejo del P. Avila, por tener ciertas cargas que no las podía dexar; rompí con ellas después de 15 años de deseos y así a de ser después de tan largo parto de dolores y deseos algún Isaac dado de Dios. Sea padre de mi alma, sea este Isaac mío la Florida, quépame la suerte en una tierra tan ancha donde tantos millares de moradores suyos descienden sin luz al infierno y si antes de llegar me cayere la suerte con el dichoso M[ aestro] Martínez, entonces me podrán llamar con razón M[aestro] El Spiritu Santo”.[4]

Misionero en el extensísimo virreinato de Perú

Fue enviado al Perú en el segundo contingente de misioneros jesuitas en 1569. Los anteriores jesuitas se habían asentado en Lima, fundando el Colegio San Pablo y sirviendo pastoralmente a la población fundamentalmente urbana. Este segundo contingente de jesuitas les permitió desplazarse a otras regiones; es entonces cuando la Compañía en el Perú se dilata como misionera en los inmensos territorios suramericanos.

Apenas llegado a Lima, Barzana se emplea en el ministerio de la palabra, predicando tan intensamente como lo había hecho en Sevilla. Pronto pidió al superior provincial jesuita de Perú, Ruiz del Portillo, ser destinado a trabajar entre los indígenas. Así es como se le destina a predicar en las doctrinas de Santiago del Cercado, en las afueras de Lima, y en la de Huarochirí, dependiente de Lima.

“Anse cornençado a hazer misiones, conforme al horden de V.P., a los indios comarcanos; y cúpole la primera al Padre maestro Barzana”, menciona el Padre Amador en una de las primeras referencias del trabajo desplegado en las misiones llamadas «temporales» que caracterizaban la práctica jesuita en tierras europeas. Escribe el Padre Sebastián Amador a San Francisco de Borja refiriéndose al Padre Barzana: “Dizen que andan abovados tras él por ver el amor con que los trata y la fidelidad con que andan, sin pretender otra cosa que la gloria y honrra de Dios y aprovechamiento de sus almas, lo qual ellos, aunque parecen algunos ignorantes, hechan mucho de ver”.[5]

En 1571, el Virrey del Perú Francisco Toledo ordenó trabajar fundando « reducciones» entre los indios de la ciudad de Lima en el llamado «Cercado de indios», puesto bajo la advocación del apóstol Santiago. Y aquí fue destinado el Padre Barzana. El 25 de julio de 1571 se inauguró la parroquia de aquella «reducción» con una misa celebrada por el padre Alonso de Barzana con un sermón bilingüe, en español y quechua. También fue de los primeros en fundar la misión de Huarochirí, que pese a que fracasó, fue una experiencia preparatoria de las demás misiones estables, en particular, la de Juli, considerada como la primera de las « reducciones».

Poco tiempo después es destinado al Cusco, en donde le tocó la difícil misión de catequizar al último Inca, Túpac Amaru, mandado ajusticiar por el gobierno del Virrey Toledo. Era rector del Colegio del Cusco el Padre Luis López, y por carta de éste de 12 de octubre de 1572 a San Francisco de Borja, sabemos que fue el Padre Barzana quien entabló aquel difícil diálogo catequético con Túpac Amaru, al que parece que bautizó con el nombre de Carlos, y con sus capitanes, que murieron ajusticiados por mandato del virrey Toledo el 24 de septiembre de 1572.[6]

El detallado relato de la muerte de este Inca, al parecer convertido y acompañado por el Padre Barzana, el jesuita más versado en la lengua quechua, es consignado en la «Historia de la provincia jesuitica del Perú», escrita por el Padre Diego de Altamirano a principios del siglo XVIII.[7]


Su actividad evangelizadora en el mundo andino

Las «Cartas Anuas» (relaciones anuales, especie de «diario») de los jesuitas de 1574, nos muestran a Barzana consagrado al ministerio de los indios por el Cusco y sus contornos; durante la cuaresma de ese año hizo una excursión apostólica a Arequipa en compañía del Padre Luis López, de donde siguió Barzana a Chucuito y Omasuyos en la región del lago Titicaca y de la ciudad de La Paz ( Bolivia), poblada por los Aymara, cuya lengua aprendió en pocos meses.

En La Paz se encontraba cuando le fue mandado seguir hasta Potosí, donde llegó hacia julio de 1574, y se ocupó en predicar en las dos lenguas, quechua y aymara, en aquel emporio de españoles mineros y de indígenas trabajadores, en condiciones muchas veces deplorables.

Se hallaban ambos misioneros en Potosí, cuando tuvieron noticia de la llegada al Perú del Padre Juan de la Plaza, que venía con cargo de Visitador, y decidieron bajar a Lima a verse con él. Plaza había llegado a Lima el 31 de mayo de 1575, y Barzana y López hicieron su viaje en los meses siguientes, hallándose en Lima ya a principios de 1576, donde asistieron a la primera congregación provincial peruana de los jesuitas, celebrada en esa ciudad del 16 al 27 de enero de dicho año. En la cuaresma de 1576 lo hallamos dando misiones a indios por los pueblos de Mama, Guanchor, Huarochirí, Sisicaya y otros de la sierra de los Andes, no lejanos de Lima.

La primera Congregación provincial peruana tuvo una segunda fase en Cusco del 8 al 16 de octubre del mismo año 1576, y a ella se dirigieron Barzana y Luis López; los textos catequísticos los tenía ya Barzana más o menos ultimados, y a juicio de la Congregación eran aptos para imprimirse, pero esto no sucedió hasta 1583, en que con la autoridad del Concilio III Limense, presidido por Santo Toribio de Mogrovejo, fueron aprobados como obligatorios para toda América del Sur. Se procedió a la impresión, terminada en Lima el año 1585: son los primeros libros impresos en el continente sudamericano.

La «doctrina» en Juli, punto de partida de las « reducciones»

En la segunda parte de la congregación provincial, realizada en el Cusco, decidieron desarrollar una doctrina en Juli, en la orilla occidental del lago Titicaca y a una altitud de 3.884 metros, donde vivía una población de 15.000 indios, experiencia fundamental en la sucesiva fundación de las reducciones jesuíticas y de la historia de la evangelización de los pueblos andinos, y de las regiones más al oriente hacia Argentina, Bolivia y Paraguay.

Para dar principio a ella fue el Padre Barzana en 1577, junto con los padres Bracamonte, Atasco y Diego Martínez. Ya para entonces se había ganado el afecto de los lugareños en Cusco. Así describe el Padre José de Acosta su partida:

“La ida del Padre Barzana allá -a Juli- sintieron en tanto extremo los indios del Cuzco que es cosa de admiración, porque en sabiéndolo vinieron a este collegio y en toda una tarde no cesaron de llorar y dar gritos, y esotro día al amanecer ya estava la casa y iglesia llena, y por todo el camino, por espacio de una legua, saliendo yo a acompañar a los Padres, vi los indios y indias, de diez en diez y de quinze en quinze, estamos esperando, y con unas lágrimas vivas dezían cosas que enternecieran las piedras; y assí nosotros no podimos contener las lágrimas. Traían sus presentes de lo que tenían y abrazándose de los pies de los Padres, pedían llorando que no los dejásemos, pues los avíamos dado a conocer a Dios; que qué avían de hazer sin nosotros, y que ellos heran chácara rezién sembrada, que si no la regavan y cultivavan avía de perecer todo el trabajo passado; y otras cosas a este tono”.[8]

Barzana pasa pues a ser uno de los fundadores de esta importante misión, en la que destacó de inmediato en su aprendizaje y manejo del aymara. El Padre Xavier Albó considera que fue el primer jesuita en conocer dicha lengua. Evangelizó entonces en Chucuito, Yunguyo, Copacabana y en otros pueblos de la región. Las virtudes del Padre Barzana se resaltan de manera particular entre los padres de Juli.[9]

Es posible que Barzana siguiese en la región de Juli hasta mediados de 1578, en que fue enviado a fundar el colegio de Arequipa. Dificultades con el Virrey Toledo hicieron que Barzana se acogiese en un hospital durante su estadía en Arequipa; luego pasó de nuevo a la residencia de Juli, y se ocupó en dar misiones a los indios en compañía de otros jesuitas.

En estos años descubrió muchos indios no bautizados que vivían mezclados con los demás ya cristianos; por ello estuvo en Zepita, Chucuito, Yunguyo, Copacabana y otros pueblos aymaras de las cercanías del Lago, y en la provincia de Pacajes para evangelizarlos. Fue también uno de los fundadores del colegio de La Paz, inaugurado e1 29 de septiembre de 1582.

En las inmensas tierras de la actual Argentina

Por decisión de la Congregación provincial de 1582, se abrió a la Compañía un nuevo campo de trabajo en el norte de la actual Argentina. Así Barzana se desplaza en misiones «temporales» en la actual Bolivia hasta que el obispo de Tucumán Fray Francisco de Vitoria, solicita jesuitas del Perú y Brasil. Finalmente, el provincial jesuita en el Perú, Juan de Atienza, lo destina al Tucumán.[10]

Junto con otro jesuita destinado a esa región, Francisco de Angulo, estuvieron en Tarija, Jujuy, Salta y Nuestra Señora de Talavera del Esteco, una de las ciudades más antiguas fundadas por los españoles en el actual territorio argentino. A Santiago del Estero llegaron el 26 noviembre de 1585; en ese mismo año llegaron a la provincia de Tucumán.

Su trabajo se desplaza hacia la región de los Calchaquíes y el Gran Chaco. En el norte argentino y en el Paraguay se le llegaría a conocer como «el Padre Santo».[11]En Santiago del Estero se les unieron (1586) tres sacerdotes procedentes del Brasil. Con uno de ellos, Manuel Ortega, Barzana recorrió las tierras de los tobas, mocovíes, diaguitas y de los chiriguanos (del sur boliviano) y llegaron a Córdoba de Tucumán e1 2 de febrero de 1587.

En 1586 el gobernador de Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, pensó hacer una expedición a la mítica Trapalandia para la que se ofreció Barzana; no pudo ir al no ser autorizado por el superior, Padre Angulo; pero sí lo acompañó en 1588, como capellán e intérprete, en una entrada de tres meses a la región de los belicosos calchaquíes.

En 1589 trabajó en Tucumán con los jesuitas Font y Añasco. Con el Hermano Villegas recorrió los 50 pueblos de indios de aquella jurisdicción para evangelizar, y en los años de 1590 a 1592 salió con Añasco a misionar entre los indios del Chaco. Poco después en 1593 se separaron; Añasco fue a los omaguas con el P. Monroy y Barzana volvió a Santiago del Estero, donde recorrió las zonas boscosas cercanas.

El mismo Barzana describe su actividad: “El oficio es aprender nuevas lenguas, ia unas ia otras, hazer de ellas artes y vocabularios, ia catequizar munchos millares de infieles y baptizarlos, ia casar amancebados, ia andar por esos montes, i a predicar en una lengua, i a en otra. Y esto de el predicar, «predicandi nullus est finis». Aunque no tengo dientes, que seis o siete solos me an quedado arriba, con los quales todavia me entienden lo que digo. En muncho peligro vive el que a de ser su General, Provincial, Rector, maestro de novicios, consejero, portero y clausura suia [suya]. Bendito sea Jesús que nos trajo a su casa, etc.”[12]

En el Paraguay

Fue a San Miguel de Tucumán, donde conoció de cerca a los indios lules. Aquí le salieron cinco llagas en los pies y piernas de difícil curación, por lo que fue preciso llevarlo desde los bosques de los lules a Tucumán. Recuperado, pero con llagas sin curar, con Añasco emprendió un viaje pasando al Paraná, hasta Asunción y Corrientes.

En estas circunstancias, el Padre Pedro de Añasco, su compañero de misiones, describe al Padre Barzana, como “[ ... ] viejo de más de sesenta y dos años, sin dientes ni muelas, con summa pobreça, con summa y profundíssima humildad, que no ay novicio de un día de Religión [orden religiosa] que assí se quiera sugetar, pidiendo parescer en cosas que él puede dar aventajadamente, y ha dado muchos años, haziéndose indio viejo con el indio viejo, y con la vieja hecha tierra, sentándosse por essos suelos para ganarlos para el Señor, y con los casiques, indios particulares, muchachos y niños, con tantas ansias de traellos a Dios, que paresce le revienta el coraçón.

Y desde la mañana a la noche no pierde un momento ocioso: su oración retirada desde antes que amanesce por essos campos, su continuo trabajo en macear en tantas lenguas tan diferentes, y sobre todo para llevar este trabajo, el mayor regalo que el sancto viejo tiene, es una poca de harina de maís tostada, la qual hechada en agua es su vevida, porque vino ni otra cosa semejante esta tierra no los tiene por ser muy nueva, y aun el agua que aquí se veve, es como lodo desleído, porque ni fuentes ni polos ni arroyos en más de treze o catorze leguas no se hallan, sino ocho leguas de aquí, que de los vaciados, cuando el río sale de madre y riega la tierra, se hazen unas lagunas y junto a ellas está fundada la ciudad de la Concepción.

Mas en toda esta redonda no ay sino unas pocas hechas a manos para recoger el agua que llueve, y ella es tal que para llevar con algún refrigerio los intensíssimos calores que hazen, más es tomar una purga que no agua que refresque; y esto lo passa el buen viejo con tanto consuelo que no repara en estas incomodidades”.[13]

Escribió en febrero de 1594 desde Asunción al provincial Juan Sebastián que, aunque estudiaba la lengua guaraní cada día y sabía más preceptos de ella que de ninguna otra, no acertaría a pronunciarla en toda su vida. Predicó la cuaresma de 1594 en Asunción y dio varias misiones en Villarrica. Misionó a orillas del Salado y acabó tan enfermo que hubo de ser llevado a Santiago del Estero. Pudo tratarse de la parálisis o perlesía, que padeció con 64 años, perdiendo el conocimiento durante seis horas.

Las «Cartas Anuas» de 1596, impresas en 1605, nos ofrecen otra noticia de sumo interés: que Barzana fue en la ciudad de la Asunción profesor, y en calidad de tal compuso y estrenó un drama que tuvo mucha aceptación. Probablemente sería el primer drama compuesto y representado en la provincia del Río de la Plata.

Después de referir las citadas «Anuas» que Barzana regentaba la clase de gramática y que sus alumnos salían bien aprovechados de sus lecciones, afirman que cuando llegó el día de trasladar el Santísimo Sacramento a la nueva iglesia de los jesuitas, quiso el rector de la nueva iglesia celebrar el suceso con la representación de un drama: “El buen viejo, que estaba siempre dispuesto a servir en todo, discurrió el argumento y escribió el deseado drama”.

Enfermo en Cusco donde le acoge el traspaso a la eternidad

El Padre Sebastián lo mandó ir a Lima a principios de 1597 para ser mejor atendido, pero con dificultad llegó a Cusco, después de haber estado un tiempo en Salta. Al mes de llegar a Cusco murió en la víspera de la Circuncisión del Señor, el 31 de diciembre 1597, o quizás en la madrugada del 1 de enero de 1598, solemnidad de la misma, fecha que asumen Storni y el «Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús», en el Colegio de la Compañía, siendo el primer jesuita “que desde aquella Ciudad Real de los Ingas se trasladó al Paraíso”.

Tenía 70 años y 40 como miembro de la Compañía de Jesús. Su cuerpo fue enterrado en el Colegio de la Compañía, lugar de capital importancia en la historia de la evangelización del mundo incaico y andino.

Según los documentos publicados por el Padre Enrique Fernández y el Padre Gregorio Cisneros, alumno del Padre Barzana que le había enseñado el quechua, en el Libro tercero de la «Historia de la Provincia del Paraguay» se relata cómo fueron las dolencias y circunstancias del fallecimiento del Padre Barzana. Se hace mención que los indios de Concepción lo consideraban Santo y lloraron su partida más que los españoles.

Le atribuían varios milagros, aunque no se menciona cuáles. De acuerdo al catálogo de los Padres de la Compañía de Jesús:

“Mañana 1° de Henero del año 1598 en el Colegio del Cuzco de la Provincia del Perú, el feliz tránsito del Padre Alonso de Barzana, andaluz. Uno de los primeros y más queridos discípulos del padre Juan de Ávila, embiado por él a predicar por los pueblos de Andalucía y entrando en la Compañía por orden del Buen Padre Francisco de Borja passó al Perú y a las provincias de Tucumán y Paraguay donde convertía gran número de ynfieles llevándole el Señor milagrosamente a una y otra parte.

En once horas anduvo el camino de ocho días. Toda su vida fue una continua missión, yba casi siempre a pie de pueblo en pueblo expuesto a todas las inclemencias del cielo, sacole Dios y por él a muchos de evidentes peligros de la vida, aconteciole passar cinco y seis días con sola la Sactissima Communión sin comer otra cossa.

Supo los pensamientos y cosas más ocultas de los otros. Tuvo espíritu de profecia. Hablaba en once lenguas de que tuvo especial don. Quarenta años fue perseguido y maltratado visiblemente del Demonio, de quien él y otros por su medio, alcancaron gloriosas victorias. Fue regaladíssimo de la Virgen y del Niño Jesús.

Estando dolorido en la cama, el Niño que estaba en la mesa se fue a él y se puso en sus bracos con gran júbilo y goço del enfermo. Señal de la sanctidad deste apostólico varón que murió con gran paz y serenidad de consciencia a los 70 años de su edad y 40 de Compañía”.[14]

En estos recorridos apostólicos interminables y fatigosos fue consumando su salud física, sin mengua alguna de su celo apostólico y de su heroicidad en el ejercicio diario de las virtudes que adornaron a este apóstol, imitador de san Pablo y de su hermano jesuita san Francisco Javier. Sus superiores le ordenaron regresar al Perú para restablecer su salud y al pasar por la ciudad del Cusco camino a Lima tuvo que detenerse, falleciendo aquí en la madrugada del día 1 de enero de 1598 en el Colegio de la Compañía de Jesús.

Su cuerpo fue enterrado en el Colegio de la Compañía de Cusco. A Baeza, en España, llegó la noticia de que había muerto mártir en las Indias y así lo declaran algunos testigos del proceso de beatificación de San Juan de Ávila en 1624, noticia no cierta.[15]


NOTAS

  1. El Virreinato del Perú integró los territorios de las gobernaciones de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán y Santa Cruz de la Sierra, el corregimiento de Cuyo de la capitanía general de Chile y los corregimientos de la provincia de Charcas. Actualmente este territorio forma las repúblicas de Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, partes del sur de Brasil, del norte de Chile y del sureste de Perú. El Virreinato del Río de la Plata se crearía con las reformas políticas de Carlos III de 1776-1777.
  2. Transcribiremos siempre los textos originales citados en el español usado entonces.
  3. Juan de Santibáñez (1582-1659), Historia de la Provincia de Andalucía de la Compañía de Jesús, Parte 1, libro I1I, Universidad de Granada, Biblioteca Hospital Real, Caja B-50, 147v- 148v. Citado en informe de Wenceslao Soto Artuñedo, Curia Provincial de España, Enero 2016.
  4. ARSI, Hisp. 107,51: Alonso de Barzana a Borja, Sevilla, 25.09.1567. El P. Soto agrega en su informe que el provincial Avellaneda “añadió de su puño y letra una postdata autorizando su petición: Cierto él me parece suficiente y muy importante para aquellas partes, pues su vocación ha sido siempre pa[ra] conversión de gentiles quales son los de la Florida”.
  5. Carta del P. Sebastián Amador al P. Feo. de Borja, 1 de enero de 1570, Monumenta Peruana (en adelante MP) 1, p. 354.
  6. Diego de Altamirano, Historia de la provincia... escrita a inicios del siglo XVIII, dirigida a animar a los jesuitas a valorar espiritualmente a los indígenas. Un relato anterior es el de Juan de Santibáñez (1582-1659), Historia de la Provincia de Andalucía de la Compañía de Jesús, Parte 1, libro III, Universidad de Granada, Biblioteca Hospital Real, Caja B-50, 154-155.
  7. Obviamente, casi 150 años después el relato del P. Altamirano está salpicado de una retórica dirigida a animar a los jesuitas a valorar espiritualmente a los indígenas. La Historia mencionada está a punto de ser editada por la Biblioteca Nacional del Perú. Un relato anterior es el de Juan de Santibáñez (1582-1659), Historia de la Provincia de Andalucía de la Compañía de Jesús, Parte 1, libro I1I, Universidad de Granada, Biblioteca Hospital Real, Caja B-50, 154-155.
  8. Carta Anua del P. José de Acosta al P. Gral. E. Mercuriano, Lima 15 de febrero de 1577, MP JI: 269.
  9. Cf. Carta de Ramírez de Cartagena a Felipe II, con fecha en Lima, 27 de abril de 1579, en P. Pastells, S.J., Tomo 1, Madrid 1912, pp. 93. Véase también Monumenta Peruana, Tomo JI, 1958, p. 702.
  10. MP, Tomo IV, 1964, p. 12.
  11. La referencia es del P. Enrique Fernández S.J. Perú cristiano. Primitiva evangelización de Iberoamérica y Filipinas, 1492-1600 e Historia de la Iglesia en el Perú, 1532-1900. Lima, PUCP, 2000.
  12. Barzana a Ignacio del Castillo, Río de la Plata, 26 de julio del año 1593. Copia en Juan de Santibáñez (1582-1659), Historia de la Provincia de Andalucía de la Compañía de Jesús, Parte 1, libro I1I, Universidad de Granada, Biblioteca Hospital Real, Caja B-50, 152.
  13. Carta Anua del P. P. José de Aniaga al P. Gral. C. Aquaviva, Lima 6 de abril de 1594, MP V: 393.
  14. Catálogo impreso de los PP. de la Compañía de Jesús muertos en la provincia del Perú desde 1 de enero de 1598 á 11 de junio de 1629 (papeles varios, núm. 144, est. 16, gr. 6.a-Real Academia de la Historia), referido por el documento Relaciones geográficas de Indias (Madrid, 1885), Tomo II, apéndice 30, ID.: Historia del reino y provincias del Perú y vidas de los varones insignes de la Compañía de Jesús, Editor Carlos M. Gálvez Peña Fondo Editorial PUCP, 1998, p. 266.
  15. Declaración del Maestro Juan de Cisneros, en la ciudad de Baeza, 10.09.1624; Declaración del Licenciado Alonso Díaz Reyes Carleval, sobrino del doctor Belarmino de Carleval, en la ciudad de Baeza, 12.09.1624: Cf. José Luis Martínez Gil, Proceso de beatificación del maestro Juan de Ávila, Madrid BAC, 2004, 728, 734. Este sería un dato crucial para conocer el alcance de la fama de este personaje en su momento.

BIBLIOGRAFÍA

AESI-A, Fondo Alcalá, C-64, ff. 80-81; AESI-A, Fondo Alcalá C-182: Cuatro Centurias de Varones Ilustres de la Provincia de Andalucía.

ALCÁZAR, Bartolomé (1648-1721), Chrono-historia de la Compañía de Jesus en la Provincia de Toledo y elogio de sus varones ilustres, Década III, Año IX, Cap. V, § II (1569), Madrid, por Juan Garcia Infacon, 1710, pp. 272-273.

ARCHIVO ESPAÑA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS - Alcalá de Henares (AESI-A), Fondo Alcalá, C-64, ff. 80-81; Juan Santibáñez (1582-1659), Archivo España de la Compañía de Jesús - Alcalá de Henares (AESI-A), Fondo Alcalá C-182: Cuatro Centurias de Varones Ilustres de la Provincia de Andalucía de la Compañía de Jesús, compuestos por el P. Juan Santibáñez, de la misma Compañía, que han florecido desde el año de 1552 hasta el de 1650. [Copia] Madrid 1899.

ARRIAGA, Pablo José de [Ex cornmiss.] Lima 29 abril 1599, ARSI, FG 1488, 11, 5, Monumenta Peruana VI, 675-677.

ARSI, Hisp. 107,51: Alonso de Barzana a Borja, Sevilla, 25.09.1567. El P. Soto agrega en su informe que el provincial Avellaneda "añadió de su puño y letra una postdata autorizando su petición: "Cierto él me parece suficiente y muy importante para aquellas partes, pues su vocación ha sido siempre pa[ra] conversión de gentiles quales son los de la Florida".

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FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ