BARZANA ALONSO; En camino a los altares

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Apóstol y misionero, siguiendo las huellas de San Francisco Javier

El Padre Alonso de Barzana ya en su tiempo fue considerado un auténtico jesuita, seguidor del ejemplo de San Francisco Javier por su ejemplaridad de vida cristiana y su misión evangelizadora. De hecho ya desde entonces ha sido reconocido por muchos como uno de los principales evangelizadores de los pueblos del mundo incaico y andino, dando testimonio con el ejemplo de su vida y anunciando con alegría el Evangelio de Jesucristo, a imagen de Jesucristo Buen Pastor.

Su testimonio fue pues el de un misionero entregado totalmente a su labor evangelizadora y con un alto sentido misionero que lo llevó a ver en el aprendizaje de las variadas lenguas indígenas un requisito fundamental para realizar su labor apostólica, abriendo las puertas del trabajo de inculturación del evangelio en América del Sur. Entregó su vida de manera radical, predicando el evangelio de Jesucristo, con un notorio desgaste físico, asumiendo con espíritu evangélico todas las dificultades que en aquellos tiempos ello significaba.

Destacó por su obediencia a sus Superiores; también se destacó por su humildad, modestia y acentuado espíritu de pobreza, material y espiritual y marcado espíritu ignaciano, que se reflejó en el ejercicio de los diversos ministerios apostólicos que le confiaron. Fue hombre de oración y contemplación. Evangelizaba a los indios apelando a la belleza del medio ambiente en el que vivían y al mundo creado por Dios.

En uno de sus informes, el Visitador Juan de la Plaza escribe sobre el Padre Alonso Barzana: “es consultor del Provincial y lector de la lengua índica, tiene buen ingenio y juizio, tiene buena salud, talento para predicar a indios y españoles, para confesar y doctrinar indios en las dos lenguas generales de este Reino es predicador sufficiente. Tiene humildad y obediencia, es aplicado a oración y exercítala con sentimiento; es bien affecto a nuestro Instituto”.[1]

Su ímpetu evangelizador queda de manifiesto desde las cartas que escribió a San Francisco de Borja pidiéndole con insistencia ser enviado a las misiones. Queda expresado en unos apuntes que Bartolomé Alcázar le atribuye: “Ojalá (solía decir) todos los Indios del Perú, que carecen de Curas, o los abandonan, se encargaran a mi cuidado! Que yo no desistiera de su cultivo, buscándolos continua-mente por cuevas, por rocas y precipicios, hasta hazerme pedazos”.[2]

Se calcula que habrá convertido y bautizado unos 200.000 indios en 20 años de misión en las Provincias de Tucumán y Paraguay.[3]Para el historiador León Lopétegui, Barzana es el indiscutible apóstol de Sudamérica.[4]

Su vida espiritual era intensa según la espiritualidad de la Compañía. En carta de 1588 cuenta él mismo que hacía dos horas de oración, después decía misa, predicaba y seguía con las demás rutinas diarias. Esto mismo nos lo dice su compañero Añasco, junto con su vida austera, según las percibió en la misión a los indios del Chaco en la que acompañó a Barzana entre 1590 y 1592.[5]Los relatos contemporáneos describen un misionero cuya intensa vida espiritual se veía reflejada en todo, también en las duras «tentaciones» del maligno, y que reflejan un espíritu movido por una profunda experiencia de Dios y que vivía una intensa ascesis personal.

Así, el Padre Juan Baptista Iznatoraf relata que cuando le frecuentaba entre 1555 y 1560, “oi decir a los de su casa que estando en oración muchas vezes oieron en su aposento grande tropel y estellidos como de animales nunca vistos, y cosas extra ordinarias para poblado, y que el bueno de el maestro no se movia ni hacia mas sentimiento que si fuera de bronce”.[6]

El mismo jesuita cuenta el modo en que había experimentado este tipo de «mociones espirituales» estando ya en Sevilla, y que a veces, para poder descansar, “cogía su pobre manta con que se cubría para tomar algún reposo y ivase a favorecer de un padre, su vecino y gran siervo de Dios, ombre de mucho espíritu que viera en Montilla”.[7]

Los testimonios de contemporáneos tienen notable autoridad, pues la cercanía con el personaje los exime de las influencias propias del transcurso del tiempo. Así, otro venerable misionero, Gregorio Cisneros, es testigo de algunas experiencias espirituales particulares vividas por Barzana, quien según dice ya de mayor edad contemplaba a Dios en sus criaturas como las flores y el agua.[8]

Algunos testimonios más tardíos relatan que tuvo experiencias místicas como lo cuenta Alcázar, uno de sus biógrafos, con un lenguaje muy típico de la hagiografía del barroco: “Fue regaladissimo de la Virgen y el Niño Jesús; y estando dolorido en la cama, el Niño Dios se fue a el de sobre la mesa y se puso en sus brazos, diziendole con voz sensible: Alonso no te congojes: que contigo estoy; ya me tienes aquí”.[9]

La pronta redacción de la biografía inserta en la «Crónica anónima» de 1600, casi contemporánea a su muerte, puede tomarse como una prueba de la opinión pública que existía respecto a sus virtudes y talentos. Lo más importante es que su ejemplo motivó muchas vocaciones de misioneros:

“[ ... ] se puede dezir dél auer sido honrra de la Prou. del Perú y apóstol en las partes más remotas de aquel reyno, sino tanbién grande gloria de toda la vniversal Compañía, y motiuo por cuyo medio encaminó Dios nro. Sr. muchos religiossos a las Indias, lleuados de las gloriosas nueuas q. siempre llegauan a Europa de los grandiosos hechos deste padre. Fueron tales sus azañas, q. la historia de su vida y obras está repartida en todos los collegios, residencias y missiones de la Prou. del Perú, porque ningún lugar ay en él donde Dios no aya hecho exelentes fructos por su medio”.[10]

El P. Barzana entregó su vida de manera radical al anuncio del Evangelio. Su celo misionero no tenía fronteras, siguiendo el lema del «Magis» [más y más] ignaciano, el camino cristiano, que nos dirige hacia la vida plena, que se refleja en su intensidad apostólica misionera. Desde Perú y tras cumplir su misión en distintas regiones, buscó ir más allá de lo logrado; así muy pronto pide ser enviado al Collao para aprender aymara con las dificultades que ello conllevaba; desea expandir su campo de misión a poblaciones nativas en estado nómada, en el sur del continente sudamericano; le apasiona el aprendizaje de las numerosas lenguas nativas para una mejor evangelización; se propone combatir el mal (las idolatrías) que según la mentalidad de la época, tenía «cautivos a los nativos», pues veía como las idolatrías los mantenían en un estado de engaño religioso.

Por esta circunstancia habían creído en múltiples divinidades y habían hecho sacrificios humanos, e incluso, en algunos casos como los Chiriguanos, de quienes se refiere, habían sido antropófagos. Barzana se opuso fuertemente a estos cultos con la clara convicción de que la evangelización liberaba a los indígenas del peso de antiguas idolatrías, y de un mundo de miedos ancestrales y desviaciones humanas y religiosas.

Hombre de oración y contemplación: la mística expresada en la contemplación de la belleza del «Ordo Dei». Muy probablemente, catequizó y evangelizó a los indios apelando a la belleza del medio en el que se movían y al «cosmos creado por un solo Dios», frente a la divinización idolátrica de las fuerzas de la naturaleza, del sol, la luna y el mundo extraterrestre.

Supo por ello llevar a los nativos a un amor hacia la creación y contemplación y estima de la belleza del medio ambiente natural de las cordilleras y selvas de América del Sur, al que ya de por sí los naturales miraban con respeto y veneración religiosa. Usó ampliamente la persuasión de la palabra a través del aprendizaje de las lenguas nativas y de las traducciones catequéticas en las mismas, y su uso en la evangelización directa como elemento fundamental e indispensable en la evangelización, subrayando su valor humano y religioso (según algunos, habría persuadido en la fe a Túpac Amaru en el Cuzco en 1570, precisamente hablando su mismo lenguaje quechua).

La cercanía pastoral y bondad para con los indígenas es otra de las virtudes naturales y sobrenaturales del Padre Barzana, un misionero entregado totalmente a su labor evangelizadora y con un alto sentido humano que lo lleva a ver en el aprendizaje de lenguas un requerimiento fundamental para su labor apostólica.

Incansable misionero, abre las puertas del trabajo evangelizador de inculturación de la Compañía en América del Sur, pues según los relatos, desde su viaje en barco, había comenzado a estudiar la gramática del quechua de Fr. Domingo de Santo Tomás.[11]Hizo lo mismo con el aymara y el resto de las 11 lenguas que llegó a dominar.

Discípulos y compañeros jesuitas santos

El P. Barzana supo rodearse y formar otros grandes apóstoles jesuitas. Entre ellos destaca el Padre Pedro Añasco. Mestizo e hijo de un capitán oriundo de Segovia (España) llamado también Pedro de Añasco, encomendero, capitán de la hueste de Sebastián de Belalcázar, conquistador del Nuevo Reino de Ganada y de Quito.

El jesuita Pedro de Añasco era dirigido espiritual del Padre Alonso de Barzana antes de entrar en la Compañía. Desde 1590 fue misionero itinerante en Tucumán; por tres años (1590-1593) recorrió con Barzana las regiones de Bermejo y Corrientes. Más tarde, teniendo como base las ciudades españolas de Santa Fe, Santiago del Estero y Córdoba, formó parte de los equipos volantes que misionaban aquellas provincias. Como su maestro, también su capacidad de aprender lenguas era extraordinaria.

En Perú aprendió aymara y quechua, y en compañía de Barzana se lanzó al aprendizaje de una decena de lenguas menores, entre ellas el tonocoté, el kakán y el sanavirón, hoy extinguidas. Consta que del kakán o calchaquí escribió apuntes que circularon en copias para uso exclusivo de los misioneros. Tuvo fama de predicador, infatigable caminante, hombre austero y de mucha oración. Destacó por su atención especial a los enfermos, hasta que, ya agotado, se retiró a Córdoba, donde falleció a los 55 años de edad.[12]

Él y Barzana eran dos almas gemelas, dos varones verdaderamente apostólicos, llenos de celo por la conversión de los indios e infatigables en la penosa labor misionera. Así, los menologios suelen incluir las virtudes de los dos, por ejemplo, Nadasi.[13]En los años de 1590 a 1592 salieron ambos a misionar entre los indios del Chaco, y sería muy difícil decir quién fue más abnegado y quién más celoso. Nadasi los coloca inseparables “[ ... ] no sea que el olvido borre las ilustres hazañas de los varones santos”.

Como refiere el padre Guillermo Furlong: “Nada les arredraba, ni la espesura de los bosques, ni la malignidad de las fieras, ni la brutalidad de los indígenas, ni aun el estudio de tantas y tan extrañas lenguas como tuvieron que aprender”.[14]Aparece su elogio en el Menologio del Perú de 1632, junto con el de Barzana y está en varios diccionarios biográficos del Perú y Argentina.

El mismo Barzana escribe sobre Añasco desde Mataras del Río Bermejo a otro de sus «dirigido» Juan Jerónimo, en España, e1 25 de julio de 1593: “Estoy ya muy viejo y muy cubierto de canas, del todo sin dientes, he estado solo dos años en unas tierras de infieles en compañía de un Padre tan hijo de mi coraçón y tan cortado a la medida de mis deseos, como lo fue en otro tiempo para mí, mi Padre Juan Hierónimo.

Nació en los Reinos del Perú y diómelo Nuestro Señor para Sí agora 23 ó 24 años ha, recién venido yo de España; ha que está en la Compañía más de 20 años, no sabe tanta Theología como mi Padre Juan Hierónimo, pero sabe más lenguas de los indios para predicarles que no V.R. y ha traído muchas almas a su Creador.

Ama tiernísimamente a V.R., porque sabe que yo le amo, y oyó con grandísima ternura y compassión de su alma los trabajos de V.R. y con grande gozo su libertad. Quise escrevir a V.R. con su mano, porque en todo le ha dado Nuestro Señor su gracia hasta en el escrevir; llámase el Padre Pedro de Añasco, que es en mi vejez todo mi consuelo y alivio. V.R. nos encomiende a él y a mi a Nuestro Señor y cuando V.R. me escriva le responderé más largo y le daré cuenta de lo de por acá. Dios guarde a V.R. muchos años y le guarde de sí mismo todos ellos.

De Matara, pueblo de indios, de la conquista del rio Bermexo, provincia del Río de la Plata, y de Julio 27, 1593. Barcana”.[15]


Fuerte fama de santidad y tempranos pasos para su canonización

La pronta redacción de la biografía inserta en la «Crónica anónima» de 1600, casi contemporánea a su muerte, es ya una prueba de la opinión que se tenía de sus virtudes y talentos. Esta fuente lo convierte en un San Francisco Javier, pues su ejemplo motivó muchas vocaciones de misioneros:

“[ ... ] se puede dezir dél auer sido honrra de la Prou. a del Perú y apóstol en las partes más remotas de aquel reyno, sino también grande gloria de toda la vniversal Compañía, y motiuo por cuyo medio encaminó Dios nro. S. muchos religiossos a las Indias, lleuados de las gloriosas nueuas q. siempre llegauan a Europa de los grandiosos hechos deste padre. Fueron tales sus azañas, q. la historia de su vida y obras está repartida en todos los collegios, residencias y missiones de la Prou. a del Perú, porque ningún lugar ay en él donde Dios no aya hecho exelentes fructos por su medio”:[16]

El historiador de la provincia Bética, Juan de Santibáñez, redacta una hagiografía de él y, proyectándole el ideal de vida religiosa de la época, lo propone y describe como modelo de penitencia, castidad, celo apostólico, devoción ... y también de obediencia: “Su obediencia tan rara, que jamas repugnó o propuso a cosa que se le mandase. Mirava con viva fe en los superiores a Dios, y assi los llamava "Mi viceDios en la tierra. Oiendo qualquier orden de superiores, luego dezia "Hagase en mi la voluntad de el Señor. Vamos a donde nos enbiaren, que allí hallaremos a Dios”.[17]

El mismo Santibáñez concluye su elogio: “pasó de sta vida con opinión y obras de santo”, y en otro pasaje lo califica en el momento de su muerte: “Finalmente, agravado de achaques y de años, murió como santo”.[18]

Guillermo Furlong escribe: “En todos los papeles y documentos que he tenido a la vista hallo que se habla del Padre Barzana con grande elogio, siendo esto prueba la más relevante de su gran espíritu”.[19]Los testimonios de sus contemporáneos (Añasco, Baptista, etc.), los historiadores locales españoles de la época, los historiadores de la Compañía en España (Santibáñez, Alcázar), y los biógrafos y editores de las obras de San Juan de Ávila, que lo incluyen entre sus discípulos ilustres, así como varios testigos del proceso de beatificación del maestro Ávila, son testimonios de sus virtudes.

La Sexta Congregación Provincial de la Compañía en Perú, celebrada en 1637, se ocupó de dar los primeros pasos para su canonización, por lo que decidió pedir al obispo de Cusco que iniciara el proceso canónico para ella. Al mismo tiempo se pedía que se incoara también la causa del Padre Añasco y la de los Padres Juan y Pedro Romero y Juan de Viana “ne sanctorum virorum illustria facta oblivione intereant”, [para que no se olviden los hechos extraordinarios de estos santos varones] que “han trabajado en estas regiones de América”.

Obtuvo dicha Congregación que fueran consignados en el «Menologio» el recuerdo de los citados misioneros y el de los Padres Lorenzana y Aragona.[20]La fuente que más resalta la figura del Padre Barzana en tal sentido es la «Historia de la Compañía de Jesús en la provincia del Paraguay», Volumen I, del Padre Pedro Lozano, S.J.

Recientemente los obispos peruanos, pidiendo su canonización, escribían al Papa Francisco: “Como Su Santidad ha expresado en la Exhortación Apostólica «Evangelii Gaudium» y en la Carta Encíclica «Lautato Si»: De nuestra fe en Cristo hecho pobre y siempre cercano a los pobres y excluidos brota la preocupación por el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad.

Cada cristiano y cada comunidad están llamados ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que pueda integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo.

Basta recorrer las Escrituras para descubrir cómo el Padre bueno quiere escuchar el clamor del pobre” (EG, 186-187), prestando “especial atención a las comunidades aborígenes con sus tradiciones culturales” (LS, 146) y cuidando “el mundo y la calidad de vida de los más pobres, con un sentido solidario que es al mismo tiempo conciencia de habitar una casa común que Dios nos ha prestado” (LS, 232)”.

El Padre Alonso de Barzana, como misionero jesuita, recorrió grandes distancias en el servicio del anuncio del Evangelio de Jesucristo, catequizando a los indios naturales de estas tierras, administrándoles los sacramentos y atendiendo de manera especial a los más pobres, a los enfermos y descartados de nuestros pueblos más abandonados y apartados.

El Padre Alonso de Barzana es uno de los pioneros fundadores de la identidad católica y cultural latinoamericana en el Cono sur del Continente. Su figura egregia merece un lugar de honor en el «Capitolio» de los auténticos forjadores de esta identidad, algo que como en otras muchas figuras, ha quedado en el olvido de la historiografía reciente y que clama por su justa reivindicación no solamente hagiográfica, sino también humanista y cultural.[21]

El Padre Alonso de Barzana ha sido declarado «Venerable» por el Papa Francisco, tras el Proceso sobre el ejercicio heroico de sus virtudes cristianas llevado a cabo en Perú (Cusco) y en el Vaticano: Congregación de las Causas de los Santos, en 2017.

NOTAS

  1. Juan de la Plaza, Cuzco 12 diciembre 1576 ARSI, FG 1488/2/2 (antes Coll. 115), Monumenta Peruana II, 111 ss.
  2. Bartolomé Alcázar (1648-1721), Chrono-historia de la Compañía de Jesús en la Provincia de Toledo y elogio de sus varones ilustres, Década JII, Año IX, Cap. V, § II (1569), Madrid, por Juan Garcia Infaçon, 1710, pp. 272-273.
  3. Archivo España de la Compañía de Jesús - Alcalá de Henares (AESI-A), Fondo Alcalá, C-64, ff. 80-81; Juan Santibáñez (1582-1659), Archivo España de la Compañía de Jesús - Alcalá de Henares (AESI-A), Fondo Alcalá C-182: Cuatro Centurias de Varones Ilustres de la Provincia de Andalucía de la Compañía de Jesús, compuestos por el P. Juan Santibáñez, de la misma Compañía, que han florecido desde el año de 1552 hasta el de 1650. [Copia] Madrid 1899. 160.
  4. León Lopetegui, El P. José de Acosta SJ, y las Misiones, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1942, 138. También C. A. Page, Las otras reducciones jesuíticas en la provincia del Paraguay. Emplazamiento territorial, desarrollo urbano y arquitectónico entre los Siglos XVII y XVIII, Ed. Académica Española, Saarbrücken, Alemania, 2012.
  5. Barzana a Ignacio del Castillo, Río de la Plata, 26 de julio del año 1593. Copia en Juan de Santibáñez (1582-1659), Historia de la Provincia de Andalucía de la Compañía de Jesús, Parte 1, libro I1I, Universidad de Granada, Biblioteca Hospital Real, Caja B-50, 152.
  6. Juan Baptista, Iznatoraf (Jaén) 18 diciembre 1608, ARSI, Hist. Soc. 177 tomo 2, ff. 309- 310; Vocationes Illustres.
  7. Juan de Santibáñez (1582-1659), Historia de la Provincia de Andalucía de la Compañía de Jesús, Parte 1, libro III, Universidad de Granada, Biblioteca Hospital Real, Caja B-50, 149v- 150v. Parece tomar este dato de Anónimo (1600), Historia general de la Compañía de Jesús en la provincia del Perú. Crónica anónima de 1600 que trata del establecimiento y misiones de la Compañía de Jesús en los países de habla española en la América Meridional. Tomo 1: Historia General y del Colegio de Lima, editada por Francisco Mateos, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1944. Historia del Perú, 204-214.
  8. Gregorio de Cisneros al P. Claudio Aquaviva, Cuzco 20 de enero 1599. Perú 12, ff. 146- 165v (Monumenta Peruana VI, 609ss, 629-641).
  9. Bartolomé Alcázar (1648-1721), Chronohistoria de la Compañía de Jesus en la Provincia de Toledo y elogio de sus varones ilustres, Década III, Año IX, Cap. V, § JI (1569), Madrid, por Juan Garcia Infaçon, 1710, pp. 272-273.
  10. Anónimo (1600), Historia general de la Compañía de Jesús en la provincia del Perú. Crónica anónima de 1600 que trata del establecimiento y misiones de la Compañía de Jesús en los países de habla española en la América Meridional. Tomo 1: Historia General y del Colegio de Lima, editada por Francisco Mateos, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1944, 204-214.
  11. Fray Domingo de Santo Tomás, dominico (1499-1570), fue defensor y apóstol de los indios de Perú, obispo de La Plata [Sucre actual] o Charcas (1562-1570). En 1560 publicó su Grammatica o arte de la lengua general de los Indios dee los Reynos del Perú (una gramática Quechua), en Valladolid, España, y su Lexicon o Vocabulario de la lengua general del Perú.
  12. Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús.
  13. Ioannes Nadasi, o.c., p. 2, 1° Enero: Alonso de Barzana; p. 201-202, 12 abril: Pedro de Añasco.
  14. Guillermo Furlong, S.I., Alonso Barzana s.J, apóstol de la América Meridional, en Estudios 50 (1934) 57-64.
  15. Barzana a Juan Jerónimo. Matara, 27 julio 1593. Del original en AESI-A, 672 (251, Cartas NN), 12, MHSI Monumenta Peruana V, 277-280.
  16. Anónimo (1600), o.c., pp. 204-214.
  17. Juan de Santibáñez, Historia de la Provincia de Andalucía, 147v-148v.
  18. AESI-A, Fondo Alcalá, C-64, ff. 80-81; AESI-A, Fondo Alcalá C-182: Cuatro Centurias de Varones Ilustres de la Provincia de Andalucía, 160.
  19. Guillermo Furlong, Alonso Barzana s.J, apóstol de la América Meridional, en Estudios 50 (1934) 128-140.
  20. Guillermo Furlong, Ibidem, 134.
  21. En Buenos Aires tiene una calle dedicada a él; dice la Placa: «Calle Alonso de Barzana (1528-1598). Sacerdote y misionero jesuita que actuó en el Tucumán y Paraguay, dedicándose a la conversión de los aborígenes». Ordenanza N° 35.161-1979, BM N° 16.099. Alberto Gabriel Piñeiro, Barrios, Calles y Plazas de la Ciudad de Buenos Aires, origen y razón de sus nombres, Ministerio de Cultura, Buenos Aires 1983, 68. El gesto es meritorio, pero claramente muy insignificante para un personaje de la talla del P. Alonso Barzana.

BIBLIOGRAFÍA

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ARCHIVO ESPAÑA DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS - Alcalá de Henares (AESI-A), Fondo Alcalá, C-64, ff. 80-81; Juan Santibáñez (1582-1659), Archivo España de la Compañía de Jesús - Alcalá de Henares (AESI-A), Fondo Alcalá C-182: Cuatro Centurias de Varones Ilustres de la Provincia de Andalucía de la Compañía de Jesús, compuestos por el P. Juan Santibáñez, de la misma Compañía, que han florecido desde el año de 1552 hasta el de 1650. [Copia] Madrid 1899.

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Positio (pp.69-89) presenta un informe de la información recopilada por los jesuitas que fueron encargados en las Provincias de Perú, Argentina-Uruguay y España para realizar una investigación sobre la vida del Padre Alonso Barzana, S.J. Cf. Copia Publica, p. 36-54.

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FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ