Diferencia entre revisiones de «CASANUEVA OPAZO, Carlos»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
Línea 54: Línea 54:
 
*Archivo personal de Rafael Hernández, relativo a la persona de don Carlos Casanueva Opazo, en Archivo Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile.
 
*Archivo personal de Rafael Hernández, relativo a la persona de don Carlos Casanueva Opazo, en Archivo Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile.
  
Cuadernos manuscritos personales de don Carlos Casanueva Opazo, en Archivo Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile.
+
*uadernos manuscritos personales de don Carlos Casanueva Opazo, en Archivo Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile.
  
  
 
'''PILAR HEVIA FABRES'''
 
'''PILAR HEVIA FABRES'''

Revisión del 16:01 28 ene 2015

CASANUEVA OPAZO, Carlos (Valparaíso, 1874; Santiago, 1957) Sacerdote, Abogado, Educador

Carlos Casanueva Opazo nació en Valparaíso el 21 de septiembre de 1874; fue Hijo de Carlos Casanueva Ramos e Isabel Opazo Bello. Abogado, sacerdote diocesano; participó activamente en el medio periodístico, donde contribuyó a la formación de la opinión pública católica en los primeros años del siglo XX. Entre 1910 y 1919 fue director espiritual del Seminario Conciliar de Santiago, cargo desde donde prodigó su energía en la formación de jóvenes sacerdotes. Fue por treinta años Rector de la Universidad Católica de Chile, logrando consolidar dicha casa de estudios como una de las más prestigiosas instituciones de educación superior en el país.

Su vida familiar estuvo marcada por una fuerte devoción al Sagrado Corazón de Jesús y por una profunda piedad mariana. Sus primeros años escolares los cursó en Valparaíso, y a los siete años se trasladó a la capital para completar sus estudios en el Colegio San Ignacio. La exigente espiritualidad jesuita puso en él un sello que lo acompañaría toda su vida. En su juventud, las figuras del sacerdote Francisco de Paula Ginebra y del abogado Francisco Borja Echeverría fueron modelando su pensamiento social, acercándolo a la Acción Católica: ninguno de los dos mentores comprendía la acción sin las doctrinas; ninguno de los dos quería las doctrinas sin la acción.

Participó de las Confederaciones de San Vicente de Paul, de las Congregaciones Marianas y de la asociación piadosa de San Luis Gonzaga, canalizando así, desde temprano, sus inquietudes sociales y religiosas. El Patronato de Santa Filomena, obra de beneficencia y educación destinada a favorecer al vecindario que circundaba la parroquia del mismo nombre, le abrió las puertas para ayudarlo a encontrar su vocación sacerdotal.[1]

El Patronato de Santa Filomena, que se insertaba dentro del modelo de regeneración del catolicismo europeo y latinoamericano, fue una de sus obras más queridas, y en él pudo compartir su visión de ayudar al sector social de los trabajadores a través de acciones concretas. Incentivado por su padre, ingresó a estudiar Derecho en la Universidad de Chile en el año 1891, y aprobó su examen de grado en octubre del año 1895.[2]Una vez egresado, se dedicó a la práctica de la abogacía, lo que posteriormente facilitaría sus labores de administrar las finanzas y los bienes de la Universidad Católica De Chile.

En 1898, a los 24 años de edad, decidió ingresar al Seminario Conciliar de los Santos Ángeles Custodios de Santiago, y dos años más tarde, en 1900, fue ordenado sacerdote. Como tal, cumplió con rigurosidad los votos de pobreza y humildad, extendiendo su voto de pobreza a un total desinterés por los honores. Hizo voto perpetuo de no aceptar dignidades eclesiásticas, aun cuando más tarde aceptaría el cargo de Rector de la Universidad Católica, por obediencia formal al Papa.

Una de sus primeras labores apostólicas, una vez ordenado sacerdote, fue su inserción en la arena periodística. Desde esa tribuna contribuyó a formar una opinión pública católica.[3]Con el objetivo de incrementar la difusión de la doctrina católica entre la gente más modesta, el Arzobispo de Santiago, Don Juan Ignacio González, le confió la fundación, dirección y financiamiento del Diario Popular de Santiago. El proyecto consistía en crear un medio de información que estuviera en sintonía con la realidad de los más pobres, y que al mismo tiempo contrarrestara la creciente popularidad adquirida por una serie de periódicos de marcado sello izquierdista. Según la jerarquía eclesiástica, éstos no hacían más que expandir ideas contrarias a la religión y, por lo tanto, peligrosas para la sociedad.[4]

Su temprana participación en el Patronato, y un contacto permanente con los más necesitados, dotaron a Casanueva de una extraordinaria lucidez para denunciar y combatir, a través de la prensa, las precarias condiciones de vida y de trabajo de los sectores más pobres de la población. Los temas sociales y la necesidad de una buena legislación al respecto fueron una constante en sus editoriales.

Desde la tribuna periodística luchó por la pronta aprobación, por parte del gobierno, de los proyectos de leyes relativos al descanso dominical y a las habitaciones obreras. Sus denuncias buscaban plasmarse en obras de beneficencia y en una legislación social justa, lo que debía a su vez traducirse en el logro de la paz social. Adicionalmente a su labor en el Diario Popular, tomó a su cargo el periódico La Unión de Valparaíso, uno de los más prestigiosos medios de difusión del pensamiento de la Iglesia.

En 1909, el joven sacerdote abandonó su cargo en La Unión, al ser nombrado Director del Seminario Conciliar de Santiago, cargo desde el cual ejercería, durante casi diez años, una profunda influencia en la formación del futuro clero chileno.[5]Paralelamente, continuó con su activa participación en el Patronato de Santa Filomena, asumiendo el rol de guía espiritual de los obreros del Patronato, volcándose “en cuerpo y alma a la lucha contra el gran mal de los chilenos: la dejación”.[6]

Atender a los enfermos, administrar los sacramentos, buscar nuevos socios a la obra del Patronato y, sobre todo, ayudar a los ya existentes, formaba parte de su constante y entusiasta trabajo. Para Carlos Casanueva, las directrices de la Iglesia Católica debían abarcar todos los espacios de la sociedad: “la enseñanza, las obras de caridad y beneficencia, la calle y la prensa”.[7]

La educación siempre estuvo presente, tanto en sus escritos como en sus obras. Desde los tiempos del Patronato, de la dirección espiritual del Seminario Conciliar, y con mayor fuerza a partir de su nombramiento como Rector de la Universidad Católica en 1920, Casanueva conceptualizó la educación como el motor de cambios de la sociedad. Al iniciarse su rectorado, la Universidad Católica contaba con pocas y débiles facultades, y con un escaso número de alumnos; por otro lado, los medios económicos para su sustentación eran casi inexistentes. Como Rector, tuvo plena claridad acerca de la importancia de la cátedra universitaria como formadora de jóvenes generaciones cargadas de nuevas fuerzas, las que volcarían en la sociedad, más tarde, a través de su trabajo espiritual y profesional. Encauzó su energía y su acción hacia el pleno desarrollo de ciertos principios básicos que habían dado vida a la Universidad Católica,[8]haciendo de ella una identidad socialmente reconocida y con mayor presencia e influencia en la vida pública nacional.

Recogiendo los principios fundacionales de la institución, la renovó al efectuar cambios en todos los programas de estudio, y al crear cursos y facultades que respondían a nuevas necesidades. Todas estas acciones, entre otras cosas, permitieron superar la crisis económica, para luego consolidar a la Universidad Católica como una de las más importantes instituciones de educación superior en Chile. Asimismo, batalló por la formación integral, especialmente religiosa, de los jóvenes universitarios, lo que se manifestó en la consagración de esta casa de estudios al Sagrado Corazón, en el establecimiento de misas diarias, en el desarrollo de retiros, y en la facilidad para acceder al sacramento de la confesión. En 1935 inició sus funciones la Facultad de Teología, que en 1938 fue erigida canónicamente por el Papa Pío XI, quien la declaró con el poder de otorgar grados académicos, según la norma de la Constitución Apostólica.[9]La Facultad de Teología se convirtió en un centro importante de estudios teológicos y en un vínculo de unión entre todos los institutos de la Iglesia chilena.[10]

En 1953, a la edad de 79 años, Carlos Casanueva renunció definitivamente a su cargo de Rector, despidiéndose de la obra cuyo desarrollo había liderado por 30 años. La Universidad había crecido extraordinariamente, pero más importante aún era que la obra misma, dotada de un conveniente estatuto jurídico y respetada por los poderes públicos, se había ya incorporado activamente a la vida nacional.[11]Sus últimos meses de vida, Carlos Casanueva los pasó en el Hospital Clínico de la Universidad Católica, donde falleció a fines de mayo del año 1957.

Notas

  1. Casanueva, 1921
  2. Lira, 20
  3. Archivo Universidad Católica, Rafael Hernández
  4. Diario Popular de Santiago, diciembre 1902, año I, p. 1
  5. Krebs, 163
  6. Revista Filia Luminis, Santiago, diciembre 1925-abril 1926, pp. 1881-1882
  7. Archivo Universidad Católica, Cuadernos manuscritos, Carlos Casanueva
  8. Krebs, 116ss
  9. Barrios, 28
  10. Krebs, 386
  11. Hevia, 61

Bibliografía

  • BARRIOS, Marciano, La Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica, sesenta años de historia al servicio de Chile y de su Iglesia Católica (1935-1995). Ediciones Sociedad de la Historia de la Iglesia en Chile, Santiago, 1995.
  • CASANUEVA OPAZO, Carlos, El Patronato de Santa Filomena: Recuerdos íntimos, Imprenta La Gratitud Nacional, Santiago 1921.
  • CASANUEVA OPAZO, Carlos, La cuestión obrera. En el Diario Popular. Santiago, 8 de octubre de 1903.
  • HEVIA FABRES, Pilar, El Rector de los milagros. Don Carlos Casanueva Opazo 1874/1957. Ediciones Universidad Católica, Santiago, 2004.
  • KREBS, Ricardo, et al., Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile: 1888-1988. Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago, 1994.
  • LIRA URQUIETA, Pedro, Don Carlos: un apóstol de nuestros días. Editorial de la Universidad Católica. Santiago, 1962.
  • Nuestros propósitos (Editorial), en el Diario Popular de Santiago, diciembre 1902, año I.
  • Revista Filia Luminis, Santiago, diciembre 1925–abril 1926
  • Diario La Unión, 31 de enero 1907, año I.
  • Archivo personal de Rafael Hernández, relativo a la persona de don Carlos Casanueva Opazo, en Archivo Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile.
  • uadernos manuscritos personales de don Carlos Casanueva Opazo, en Archivo Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile.


PILAR HEVIA FABRES