Diferencia entre revisiones de «CHARCAS (LA PLATA); Historia de la Diócesis»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Revisión actual del 19:58 15 oct 2017

Creación del obispado de La Plata o Charcas

El establecimiento de una Audiencia Real y la creación del obispado de Charcas, se discutieron en la Corona casi al mismo tiempo. La primera, por lo distante que quedaba la Audiencia de Lima de la provincia de Charcas, para controlar la explotación minera de los cerros de Purqu y P’utuqsi, y para administrar el inmenso territorio.[1]Mientras que para la creación de un nuevo obispado en Charcas existía ya el pedido concreto del Obispo de Cuzco, Fray Juan Solano, O.P., por la imposibilidad de atender debidamente toda su diócesis por su enorme extensión.[2]Charcas era parte de su jurisdicción.

A principios de 1552, para responder a esta imperiosa necesidad, el rey Carlos I de España solicitó del Papa Julio III la erección de la diócesis de La Plata, quien accedió a la petición de crear la nueva diócesis promulgando la bula «Super specula militantis Ecclesiæ» el 27 de junio de 1552.[3]La Plata, nueva sufragánea de la diócesis de Los Reyes (Lima), tenía una amplísima extensión territorial, que no sólo comprendía el territorio de Charcas, actual Bolivia, sino que se extendía por los de Chile, Argentina y parte del Perú. “En los ejecutoriales, suscritos en Madrid, el 11 de Febrero de 1552 [1553], se señalaban los límites de este Obispado y el del Cuzco de una manera provisoria y algo rudimentaria”.[4]El nacimiento del Obispado de La Plata fue un reflejo de la importancia que la Corona concedía a la región; pero a pesar del valor económico de ésta y del consiguiente interés de las autoridades, los hechos demostrarán la gran dificultad de establecer una efectiva autoridad episcopal en La Plata.

Primeros obispos

Para ocupar la sede platense cuando fuere creada fue presentado, en principio, Fray Pedro Delgado, O.P., el 12 de marzo de 1552; días después, 19 de marzo, a través de una Provisión y una Real Cédula se le ordenaba pasar a Charcas aún sin recibir las bulas.[5]Pero, Fray Pedro no aceptó el cargo:[6]“Resistió con gran constancia y no quiso aceptar”;[7]juzgó “la indignidad que tenía para tan alto ministerio”;[8]y “como humilde religioso no quiso aceptar el Obispado”.[9]Por lo tanto, no fue preconizado, aunque el Papa Julio III expidió un Breve a favor de la provisión y colación de Fray Pedro, ordenándole aceptar, con fecha de 28 de junio de 1552.[10]

Ante la negativa de Fray Pedro, rápidamente fue presentado otro fraile dominico;[11]nos referimos a Fray Tomás de San Martín, O.P.,[12]preconizado en el consistorio de 27 de junio de 1552,[13]la misma fecha de creación del obispado, recibiendo la consagración episcopal en Madrid hacia fines del mismo año. Para tal efecto recibió del papa Julio III una bula con fecha de 27 de agosto de 1552, dando la facultad para su ordenación episcopal.[14]Al año siguiente, mientras se encontraba todavía en Madrid, el rey mandó los Ejecutoriales a las autoridades del Perú, el 11 de febrero, comunicando la presentación y provisión de Fray Tomás de San Martín como obispo de La Plata, y para que sea recibido y posesionado como tal.[15]

El nuevo obispo erigió desde Madrid su iglesia catedral bajo la advocación de la Inmaculada Concepción de María Santísima, el 23 de febrero de 1553, con los ritos y privilegios de la basílica patriarcal de Santa María la Mayor de Roma y constituciones de la catedral de Sevilla.[16]Obtuvo también, por Cédula de 11 de julio de 1552, la facultad de erigir un Estudio General en la capital de su Obispado, con los mismos privilegios de la Universidad de Salamanca; lamentablemente no lo llevaría a efecto por su muerte repentina.[17]

Fray Tomás de San Martín, que regresó al Perú a principios de 1554 para tomar posesión de su nuevo cargo, dispuso varias providencias para su nueva sede.[18]Tuvo un papel destacado en la primera etapa evangelizadora del Perú, en lo religioso y en lo social, particularmente en defensa de los indígenas junto a sus hermanos dominicos, como Fray Bartolomé de Las Casas, Fray Domingo de Santo Tomás, Fray Jerónimo de Loaysa y otros.

Falleció en Lima el 25 de agosto de 1555, antes de tomar posesión de su sede, según el testimonio de una carta de la Audiencia de Lima fechada en diciembre de 1555: “En venticinco de agosto de este año del Señor san Bartolomé murió en esta ciudad don fray Tomás de san Martín obispo de los charcas sin llegar a su obispado”.[19]Fue enterrado en la iglesia del Convento de los dominicos del Santísimo Rosario de Lima.[20]

Desde el primer nombramiento tuvieron que pasar algo más de once años, hasta que un obispo ejerciera personalmente su autoridad en la sede de La Plata, y casi nueve años desde la muerte del primer obispo; aunque en el ínterin se intentó llenar la vacante,[21]con la presentación del clérigo Lic. Fernando González de la Cuesta, en fecha de 6 de septiembre de 1558,[22]que fue preconizado el 27 de junio de 1561,[23]pero que no llegó a efectivizarse por su muerte, acaecida cuando estaba encaminándose a la sede platense. Mientras tanto, se hizo cargo del gobierno el cabildo eclesiástico, presidido por el deán Juan Ramírez Cisneros hasta el nombramiento de Fray Domingo de Santo Tomás en 1562, quien llegará a ser el primer obispo efectivo de Charcas.[24]

El Cabildo catedral

Las iglesias de Indias, que se modelaron de manera inmediata en las de España, copiaron todas las instituciones eclesiásticas, que, por lo demás, respondían al derecho eclesiástico; de ahí que la creación de un obispado y su catedral traía consigo la creación de un Cabildo, el cuerpo colegiado de clérigos que había de contribuir al esplendor del culto y de las ceremonias sagradas en el primer templo de la diócesis; además serviría al obispo como una especie de senado o consejo permanente, ayudándole en el gobierno y, en sede vacante por la muerte del obispo o traslado a otra parte, le sustituiría con ordinaria potestad.[25]

Sin embargo, en América los cabildos, en general, no respondieron a la finalidad con la que habían sido creados. En vez de favorecer las labores apostólicas, las dificultaban y consumían buena parte de las escasas rentas, y obstaculizaban la acción de los prelados. Los cabildos de hecho “no fueron muchas veces sino fuentes de discordias, crearon un serio problema por la forma en que gobernaban durante las sedes vacantes y se mostraron demasiado celosos de sus prerrogativas y de cuanto había de redundar en su provecho”,[26]como los casos de México y Perú que menciona el P. Rubén Vargas Ugarte.[27]

Una vez nombrado el obispo, éste decretaba la erección de su Iglesia y establecía su Cabildo, tomando como modelo la organización existente en Sevilla. En el caso de La Plata le cupo realizar la institución del Cabildo al primer obispo, Fray Tomás de San Martín, en 1553,[28]aunque no tuvo la dicha de llegar a su sede episcopal, como habría sido su deseo; sin embargo tomó posesión canónica de ella, confiando desde Lima el gobierno de su Iglesia al Deán (1555),[29]ejerciendo así legítima jurisdicción sobre ella.

Los primeros capitulares que constituyeron el Cabildo de la Catedral de La Plata vinieron de España con el nombramiento en mano. Algunos llegaron junto con el primer obispo, pero hubo también otros que nunca se presentaron para asumir sus cargos. Y cuando acaeció la muerte del obispo,[30]tomaron el gobierno de la iglesia charquense, nombrando como Vicario General al Deán, mientras se esperaba el nombramiento del nuevo obispo.[31]

El Cabildo de La Plata desde sus inicios provocó la preocupación de las autoridades; ya al año siguiente de su instalación (1556), las autoridades civiles y eclesiásticas de Lima habían recibido quejas de que “la dicha yglesia y hobispado estaua mal gobernado y, en la administración de los sacramentos y horas canónicas y servicio del culto divino y doctrina de los naturales, auía grandes descuydos y, mucha desenvoltura en la vida y costumbres de los sacerdotes”.[32]

El mismo Cabildo, sabiendo que el arzobispo Fray Jerónimo de Loaysa, O.P.[33],como metropolitano de ella, había abierto información sobre el asunto el 11 de noviembre de 1556, envió al Maestrescuela Lic. Antonio de Vallejo, al Tesorero Francisco Nieto y al Canónigo Miguel Serra, para pedirle el envío de un visitador.[34]

El arzobispo Loaysa nombró entonces visitador al maestrescuela de La Plata, junto con el tesorero; pero, como no cumplieron la comisión, el 28 de enero de 1557 nombró visitador, administrador y juez ordinario, al Arcediano de Lima, D. Bartolomé Martínez, quien pasó al Collao y visitó la iglesia de La Paz. Al año siguiente, cuando pretendió hacer lo mismo en La Plata, el deán Juan Rodríguez de Cisneros, algunos canónigos y clérigos se le opusieron con las armas en las manos.

La Audiencia ordenó que la visita continuase y mandó al corregidor prestase su auxilio al visitador Martínez. Los prebendados se encastillaron en la catedral y no hicieron caso de las censuras puestas por el arzobispo, ni de las provisiones reales. La Audiencia instó a que se allanase la iglesia, si era preciso, pero el corregidor, que estaba mal avenido con los oidores, desestimó la orden.[35]

El visitador tuvo que retirarse a Puquna, en espera de instrucciones. Los prebendados se envalentonaron más; uno de los canónigos, Cristóbal Rodríguez, de quien decía el tesorero Nieto en su carta al arzobispo, de 22 de enero de 1558, que “está hecho un demonio y más desvergonçado que el deán”, arrancó de las paredes los edictos de excomunión y, saliendo por un montante, los rasgó en público, escandalizando a los indios, que decían: “También tienen los padres armas y hazen puculla como los christianos”.[36]

Así la visita quedó truncada, sin realizarse. Y la situación era tan desesperante, que por la falta del debido remedio continuó, como lo expresaba el tesorero en su carta dirigida al arzobispo, que estaba dispuesto a dejar la sotana y hacerse soldado, por no sufrir más las vejaciones de los insumisos miembros del Cabildo.[37]

NOTAS

  1. Cf. R. QUEREJAZU CALVO, Historia de la Iglesia Católica, 58.
  2. Op. cit.
  3. Cf. J. METZLER, ed., América Pontificia, 668-670; este autor Prefecto del Archivo Secreto del Vaticano, transcribe y edita los documentos existentes en dicho Archivo, referentes al primer siglo de evangelización (1493-1592), por lo tanto, la fecha que indica es la única fiable, ya que es una autoridad en el asunto. Los otros autores se copian unos a otros y transmiten erróneamente la fecha exacta. Así vemos que Hernáez adelanta exactamente un año la fecha de la bula, 27 de junio de 1551 (cf. F.J. HERNÁEZ, Colección de bulas, II, 280); también Lohmann indica la misma fecha (cf. G. LOHMANN VILLENA, «Los dominicos en la vida cultural», 415); otros autores como Ángel Santos mencionan el mismo año de 1551 (cf. A. SANTOS, « Bolivia: La iglesia diocesana (I)», 547); mientras que el P. Rubén Vargas lo atrasa un día, 28 de junio de 1552, pero, a la vez dice: «Julio III el 17 de junio de 1552 erigió esta sede y nombró primer obispo» (cf. R. VARGAS UGARTE, Episcopologio, 11; ID. Historia de la Iglesia, I, 264); Gams menciona como fecha de la bula el 3 de julio de 1552 (cf. P.B. GAMS, Series Episcoporum, 160); Gil González indica otra fecha «Su santa iglesia se erigió en catedral por bula del santísimo Iulio tercero, en 5 de iulio año 1552» (G. GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro eclesiástico, II, 160); el P. José María Vargas sigue el dato del anterior autor: «La bula de erección del obispado la firmó el Papa Julio III el 5 de julio de 1552» (J.M. VARGAS, Bartolomé de Las Casas, 284); y Roberto Querejazu lo atrasa un mes, 27 de julio de 1552 (cf. R. QUEREJAZU CALVO, Historia de la Iglesia Católica, 59). Por otro lado, el P. Rubén Vargas menciona que se conserva la bula original en el Archivo Capitular de Sucre (cf. R. VARGAS UGARTE, Historia de la Iglesia, I, 264); existe también una copia del original en el Archivo Secreto del Vaticano (cf. ASV, Reg. Lat. 1817, f. 320r-322v).
  4. R. VARGAS UGARTE, Historia de la Iglesia, I, 264. El año correcto del documento sería el 1553 según E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, II, 226-227
  5. Cf. E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, I, 234-235.237-238; J. MELÉNDEZ, Tesoros verdaderos, I, 138; J.M. VARGAS, Conquista espiritual, 167.
  6. Cf. J. MELÉNDEZ, Tesoros verdaderos, I, 139.
  7. J. ARAYA, «Historia del Convento de San Esteban», 97.
  8. J. QUINTANA, «Historia del insigne Convento de San Esteban», 87.
  9. E. ARROYO, Episcopologio dominicano de México, 249.
  10. Cf. AGI, Patronato, 2, N.12; AGI, MP-Bulas Breves, 44, Breve del papa Julio III al obispo electo de La Plata, Roma, 28 de junio de 1552.
  11. Cf. J. MELÉNDEZ, Tesoros verdaderos, I, 139. Equivocadamente Gams indica 1553 como el año de la presentación de Fray Tomás de San Martín (cf. P.B. GAMS, Series Episcoporum, 160).
  12. Nació en Córdoba el 7 de marzo de 1482, estudió Artes en el Colegio de San Pablo, donde vistió el hábito dominicano a los quince años y profesó en 1498. Ordenado sacerdote, desempeñó la cátedra de su propio colegio, del que llegó a ser Regente. Obtuvo el grado de Maestro en Artes y Teología en el Colegio de Santo Tomás de Sevilla. Y pasó a Las Indias por segunda vez el 10 de enero de 1537 (cf. J.M. VARGAS, Bartolomé de Las Casas, 281); fue Vicario Provincial y después nombrado Provincial de la recién fundada Provinca San Juan Bautista del Perú en 1540, electo en 1544 y después reelecto en 1548; además fue fundador de la Universidad de San Marcos de Lima (cf. R. de LÍZARRAGA, Descripción breve, 109-110; A. GONZÁLEZ DE ACUÑA, Informe al M.R.P. Maestro General, 83r; J. MELÉNDEZ, Tesoros verdaderos, I, 97-143; A. MESANZA, Los obispos de la orden dominicana, 112-113; J.M. VARGAS, Conquista espiritual, 167; J. GARCÍA QUINTANILLA, Historia de la Iglesia en La Plata, I, 61-73).
  13. Cf. ASV, Acta Vicecanc. 7, f. 143v; ASV, Arch. Concist., Acta Misc. 10, f. 252, 19, f. 81v-82r; C. EUBEL, ed., Hierarchia Catholica, III, 167. Tenemos dos versiones de la bula de nombramiento, una breve publicada en T. RIPOLL, ed., Bullarium Ordinis Prædicatorum, IV, 38; F.J. HERNÁEZ, Colección de bulas, II, 288, y en J. GARCÍA QUINTANILLA, Historia de la Iglesia en La Plata, I, 70-71; y una segunda versión más larga publicada en J. METZLER, ed., America Pontificia, 671-673. El 10 de julio de 1553 aparece como la fecha de nombramiento en E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, II, n° 185.
  14. Cf. J. METZLER, ed., America Pontificia, 682-683.
  15. Cf. E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, II, 8-9; J. MELÉNDEZ, Tesoros verdaderos, I, 140; J. GARCÍA QUINTANILLA, Historia de la Iglesia en La Plata, I, 71-72. Según este autor los originales del pase que transcribe se encuentran en el Archivo del Cabildo de Sucre.
  16. Cf. E. JUST, Aproximación a la historia, 12; J. GARCÍA QUINTANILLA, Historia de la Iglesia en La Plata, I, 67; G. GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro eclesiástico, II, 161; AGI, Patronato 2, N.14, Copia auténtica de la Erección de la Yglesia Catedral; el decreto de erección esta publicado en F.J. HERNÁEZ, Colección de bulas, II, 280-286.
  17. Cf. G. LOHMANN VILLENA, «Los dominicos en la vida cultural», 415; J.M. VARGAS, Conquista espiritual, 167-168.
  18. Por una carta suya escrita al rey fechada en Sevilla 30 de noviembre de 1553, sabemos que todavía se encontraba en España (AGI, Indiferente 1093, publicado en J.T. MEDINA, Biblioteca Hispano-Americana, I, 301-302, atribuyendo erróneamente la autoría de la carta a Fray Domingo de Santo Tomás; D. ANGULO, La Orden de Santo Domingo, 221-222; L.A. EGUIGUREN, La Universidad, II, 447-448). El nombre de Fray Tomás aparece en la lista de los que pasaron rumbo a La Plata a principios de 1554 (cf. AGI, Pasajeros, L.3, E.1948, Fray Tomás de San Martín).
  19. Cf. J. GARCÍA QUINTANILLA, Historia de la Iglesia en La Plata, I, 69; J.M. ÁREVALO, Los dominicos en el Perú, 96 ; cf. I. PÉREZ FERNÁNDEZ, Bartolomé de Las Casas, 277. Guillermo Lohmann indica que murió el 31 de agosto de 1555, sin mencionar su fuente (cf. G. LOHMANN VILLENA, «Los dominicos en la vida cultural», 416). El cronista Meléndes dice: «dió su alma al Criador alos fines de Marzo del mismo año de 1554» (J. MELÉNDEZ, Tesoros verdaderos, I, 142); mientras que Antonio Alcedo dice: «Murió el de 1559», (A. ALCEDO, Diccionario, I, 572), otros autores también citan el año 1559 (cf. F.J. HERNAEZ, Colección de bulas, II, 286; V. GUITARTE IZQUIERDO, Episcopologio español, 64).
  20. Cf. R. de LIZÁRRAGA, Descripción breve, 110; J. MELÉNDEZ, Tesoros verdaderos, I, 142.
  21. González Dávila en la serie de obispos de Charcas coloca erróneamente después de Fray Tomás de San Martín a Fray Pedro de la Torre, que era obispo del Río de la Plata, Paraguay (cf. G. GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro eclesiástico, II, 1614).Otros autores siguen la lista también errónea de los obispos de La Plata que Antonio Alcedo presenta así: 1. Fr. Tomás de San Martín, 2. Fr. Pedro de la Torre, 3. Fr. Alonso de la Cerda, 4. Fernando González de la Cuesta, 5. Fr. Domingo de Santo Tomás, etc. (cf. A. ALCEDO, Diccionario, I, 572; F.J. HERNÁEZ, Colección de bulas, II, 286). Cabe aclarar, como ya mencionamos, que el primero en ser presentado fue Fr. Pedro Delgado, pero no fue electo; le sigue Fr. Tomás de San Martín, electo y consagrado; D. Fernando González de la Cuesta, electo pero no consagrado; Fr. Domingo de Santo Tomás, electo y consagrado, como veremos mas adelante; por lo tanto, Fr. Pedro de la Torre no fue obispo de Charcas, como ya mencionamos, sino del Rio de la Plata (Paraguay), mientras que Fr. Alonso o Alfonso de la Cerda electo en 1587, fue el tercero después de Fr. Domingo de Santo Tomás (cf. C. EUBEL, ed., Hierarchia Catholica, III, 167; R. VARGAS UGARTE, Episcopologio, 11-12). Gams al seguir a González Dávila y Alcedo comete el mismo error de incluir a Fr. Pedro de la Torre después de Fr. Tomás de San Martín (cf. P.B. GAMS, Series Episcoporum, 160). A esta lista, Quintanilla, incluye una tercera persona mas como sucesor de San Martín, a D. Servan de Cerezuela, seguido de Fr. Pedro Fernández de la Torre y D. Hernando González de la Cuesta (cf. J. GARCÍA QUINTANILLA, Historia de la Iglesia en La Plata, I, 73).
  22. Cf. E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, II, 92-93.
  23. Cf. ASV, Arch. Concist., Acta Camerarii 10, f. 108v-109r; ASV, Arch. Concist., Acta Vicecanc. 9, f. 92; ASV, Arch. Concist., Acta Misc. 10, f. 308, 19, f. 291v; R. VARGAS UGARTE, Episcopologio, 12.
  24. Cf. J. GARCÍA QUINTANILLA, Historia de la Iglesia en La Plata, I, 73.
  25. Cf. R. VARGAS UGARTE, Historia de la Iglesia, II, 166
  26. Ibid., 167.
  27. Ibid., 167-168.171-177.
  28. Cf. AGI, Patronato 2, N.14, Copia auténtica de la Erección de la Yglesia Catedral; el decreto de erección esta publicado en F. J. HERNÁEZ, Colección de bulas, II, 280-286.
  29. Cf. J. GARCÍA QUINTANILLA, Historia de la Iglesia en La Plata, I, 69.
  30. Cf. J. GARCÍA QUINTANILLA, Historia de la Iglesia en La Plata, IV, 17.
  31. ID., Historia de la Iglesia en La Plata, I, 73.
  32. E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, II, 98-99; cf. J.M. BARNADAS, «La organización de la Iglesia en Bolivia», 88.
  33. Nació el año 1498 en Trujillo de Extremadura (España), hizo sus estudios en el Convento San Pablo el Real de Sevilla y en el Convento de San Gregorio de Valladolid. En 1529 arribó a Santa Marta (Colombia). Fue nombrado obispo de Cartagena de Indias en 1537; promovido en 1541 a la nueva diócesis de Lima como su primer obispo y después arzobispo (1546). Murió en 1575 (cf. A.E. ARIZA S., Episcopologio Dominicano, 20-21; A. MESANZA, Los obispos de la orden dominicana, 83-84.96-97; E. FERNÁNDEZ GARCÍA, Perú Cristiano, 135-136).
  34. Cf. E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, II, 99; R. VARGAS UGARTE, Historia de la Iglesia, I, 257.
  35. E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, II, 99-107
  36. E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, II, 135.
  37. Cf. E. LISSÓN CHÁVEZ, ed., La Iglesia de España, II, 137; R. VARGAS UGARTE, Historia de la Iglesia, I, 257-258; J.M. BARNADAS, «La organización de la Iglesia en Bolivia», 88.

BIBLIOGRAFÍA

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GERARDO WILMER ROJAS CRESPO