CHILE; Diócesis creadas en el siglo XIX

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Situación tras la independencia

La organización eclesiástica de la República de Chile hasta 1840, estaba constituida por sólo dos diócesis: Santiago y la Santísima Concepción; ambas creadas en el siglo XVI, y sujetas a la jurisdicción metropolitana del arzobispado de Lima.

El 1 de julio de 1836, el presidente de la República Joaquín Prieto Vial (1831-1841), según la aplicación del patronato regio que hacía el gobierno de Chile, presentó un proyecto al Congreso Nacional en el cual solicitaba autorización para dirigirse a la Santa Sede con el fin de establecer en el territorio chileno una sede metropolitana y dos nuevos obispados.

Entre las razones que fundamentaban la iniciativa constaba la incompatibilidad de la nueva condición de nación independiente con la sujeción de sus obispos a un metropolitano con sede en un país extranjero. Asimismo, se consideraba el aumento de población y la vasta extensión territorial en relación con el número de obispados erigidos en la conquista, situación que impedía atender las necesidades espirituales de los fieles de las provincias situadas en las extremidades opuestas del territorio de la república.[1]

El proyecto de seis artículos fue aprobado por ambas Cámaras legislativas y promulgado como ley el 24 de agosto de 1836.[2]El ministro del Interior Diego Portales, el 25 de octubre del mismo año, de acuerdo al decreto de ley, cumpliendo instrucciones del Presidente de la República, solicitó a Manuel Vicuña, obispo de Santiago, un informe de la diócesis y su parecer a la iniciativa. Vicuña manifestó su parecer favorable.[3]

Asimismo, el gobierno presentó a don Manuel Vicuña como candidato para ocupar la silla arzobispal, previa aprobación del Senado según lo exigía la legislación del Estado chileno, resolución que comunicó el Presidente Freire a monseñor Vicuña, por nota del 9 de octubre de 1837. Por su parte, monseñor Vicuña agradeció al gobierno su presentación al cargo por carta de 11 de octubre de 1837 en la cual indicaba los motivos de su aceptación. Desde ese momento, monseñor Vicuña empezó a firmar como arzobispo electo de Santiago.[4]

En abril de 1838, el gobierno comisionó a don Francisco Javier Rosales, encargado de negocios de Chile en Francia, para que gestionara ante la Santa Sede la reestructuración jurisdiccional eclesiástica del país, y obtuviera para Chile el reconocimiento de su independencia. En efecto, el 13 de abril de 1840, la Santa Sede reconocía oficialmente la independencia de Chile y luego erigiría el arzobispado de Santiago y dos nuevas diócesis.[5]Los documentos emanados de la Santa Sede manifiestan con claridad que las decisiones tomadas eran de «motu proprio».[6]

La provincia eclesiástica de Chile

Arzobispado de Santiago

El 21 de mayo de 1840, el papa Gregorio XVI mediante la bula «Beneficentissimo divinae providenciae consilio», elevó a la dignidad de «Iglesia arzobispal» a la sede episcopal de Santiago, de la cual serían sufragáneas la diócesis de la Santísima Concepción y las otras dos Iglesias catedrales, que en breve se habrían de erigir De este modo, los obispos de Chile dejaban de depender del Metropolitano de Lima.

Como primer arzobispo fue nombrado monseñor Manuel Vicuña Larraín, quien era hasta ese momento obispo de la diócesis, a quien se le conceden todas las facultades para ejecutar las letras apostólicas.[7]El territorio de la ahora arquidiócesis comprendía las provincias de Santiago, Talca y Aconcagua, desmembrándose la provincia de Coquimbo. Monseñor Vicuña en su nueva calidad gobernó el arzobispado hasta su muerte ocurrida en 1843.[8]

En mayo de 1843, el cabildo de la catedral de Santiago eligió vicario capitular al deán José Alejo Eyzaguirre. Al año siguiente, el gobierno lo presentó como candidato para arzobispo de Santiago mientras gobernaba con la carta de ruego y encargo, sin embargo, renunció el 3 de marzo de 1845, renuncia que el gobierno aceptó al mes siguiente.

Luego, el gobierno presentó al presbítero Rafael Valentín Valdivieso Zañartu (1804-1878); Pío IX lo eligió como segundo arzobispo de Santiago el 4 de octubre de 1847, pero gobernaba la arquidiócesis desde 1845 bajo la carta de ruego y encargo.[9]Fue consagrado el 2 de julio de 1848. Entre 1845 y 1853 –antes de realizar la visita pastoral– dictó una serie de medidas tendientes a mejorar la organización de la arquidiócesis.[10]

Su carácter, capacidad y formación intelectual, junto a un conocimiento profundo de la realidad de su tiempo y de la arquidiócesis que gobernaba, le permitió hacer frente con firmeza a las diversas dificultades que debió enfrentar, y asimismo desarrollar la arquidiócesis pastoral y administrativamente. Falleció en Santiago el 8 de junio de 1878.

Obispado de la Santísima Concepción

Siguiendo los postulados de la encíclica «Sollicitudo eclesiarum», el papa Gregorio XVI (1831-1846) en 1832 nombró los primeros obispos de Chile en época republicana; para la diócesis de la Santísima Concepción a José Ignacio Cienfuegos Arteaga (1762-1845), obispo al cual se le aceptó su renuncia en 1840. Pues bien, la nueva situación de esta antigua diócesis era, por una parte, su nueva dependencia, ahora como sufragánea de la metropolitana de Santiago, y por otra, el nuevo territorio jurisdiccional por el desmembramiento de una parte de la zona meridional que pasó a formar parte de la recién creada diócesis de San Carlos de Ancud.

Gregorio XVI eligió como sucesor de monseñor Cienfuegos a Diego Antonio Elizondo y Prado (1779-1852) el 27 de abril de 1840, siendo consagrado en Santiago el 21 de febrero de 1841, quien tomó posesión de la diócesis el 2 de abril de 1841, gobernándola hasta 1852.[11]

Obispado de San Carlos de Ancud

Gregorio XVI erigió el obispado de San Carlos de Ancud el 1 de julio de 1840 mediante la bula «Ubi primum»,[12]desmembrando de la diócesis de la Santísima Concepción las provincias meridionales de Valdivia y Chiloé, con los archipiélagos de Chiloé y las Guatecas y la isla de la Mocha. Se instituye la ciudad de San Carlos capital de la provincia de Chiloé, como una nueva sede episcopal con curia y cancillería eclesiástica. También, se erige y eleva la iglesia principal de la ciudad a la dignidad de Iglesia Catedral, y en ella se establece una cátedra episcopal.

Su primer obispo fue el gran canonista don Justo Donoso Vivanco (1800-1868) elegido por Pío IX el 3 de julio de 1848. Recibió la consagración el 4 de febrero de 1849,[13]quien, sin embargo, gobernaba la diócesis como obispo electo desde 1845. Durante los siete años que ejerció el ministerio episcopal en San Carlos de Ancud, realizó una eficiente y fructífera labor pastoral y administrativa.

Realizó la visita pastoral, actividad episcopal que le entregó una visión directa de las necesidades de la diócesis, información indispensable para la organización de una nueva diócesis y para dictar disposiciones sinodales.[14]Posteriormente convocó el sínodo diocesano efectuado en 1851, el primero del período republicano chileno.[15]

Obispado de La Serena

Gregorio XVI creó el obispado de La Serena el 1 de julio de 1840, mediante la bula «Ad apostolicae potestatis fastigium»,[16]desmembrando de la diócesis de Santiago la septentrional provincia de Coquimbo, y erigiendo la ciudad de La Serena como sede episcopal con curia y cancillería. Su primer obispo fue monseñor José Agustín de la Sierra y Mercado (1777-1851), elegido por el papa el 22 de julio de 1842, y consagrado en Santiago el 9 de julio de 1843; quien tomó posesión de la diócesis el mismo año y la gobernó hasta 1851.[17]

El obispo era oriundo de la zona, pues había sido cura párroco de Vallenar y vicario de La Serena, visitador parroquial y canónigo de Santiago.[18]La actividad pastoral ya realizada en el nuevo territorio episcopal era un valioso aporte para su tarea episcopal, y realización de los actos de establecimiento de la nueva diócesis.

NOTAS

  1. La provincia eclesiástica chilena, 528-529
  2. La Provincia eclesiástica chilena, 530-531
  3. La provincia eclesiástica chilena 538-543
  4. Boletín eclesiástico del arzobispado de Santiago, vol. 1, 43-44
  5. Montaner, 416-426; Silva Cotapos, 239-241
  6. Retamal, vol. I, tomo I, 287, 297
  7. Retamal, vol. I- tomo I, 274-281
  8. Oviedo 241
  9. Silva Cotapos 246-247
  10. Concha 87-93
  11. Oviedo, 113
  12. Retamal, I-I, 294-305
  13. Oviedo, 107
  14. Rebhein (41-62)
  15. Retamal, 1983
  16. Retamal, vol. I tomo I, 284-293
  17. Oviedo, 214-215
  18. Oviedo, 214-215

BIBLIOGRAFÍA

CONCHA CONTRERAS María Inés, La sede episcopal de Santiago de Chile a mediados del siglo XIX: Aspectos de la vida cristiana a través de las visitas pastorales, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso 2007.

La Provincia eclesiástica chilena, erección de sus obispados y división de sus parroquias. Friburgo 1895, 528-543.

MONTANER Ricardo, Historia Diplomática de la Independencia de Chile, Santiago 1961,416-426

OVIEDO CAVADA Carlos, Los obispos de Chile, Andrés Bello Santiago 1996, 113; 214-215; 241;

REBHEIN PESCE Antonio, “Don Justo Donoso y su visita pastoral a la diócesis de Ancud”, Anuario de Historia de la Iglesia en Chile 1 (1983) 41-62.

RETAMAL FUENTES Fernando, Chilensia Pontificia. Monumenta Ecclesiae Chilensia, Ediciones Universidad Católica de Chile, Santiago, vol. I tomo I, 1998.

________, El primer sínodo chileno de la época republicana: Ancud 1851, Santiago, 1983.

SILVA COTAPOS Carlos, Historia eclesiástica de Chile, Santiago 1925, 239-241, 246-247.


MARÍA INÉS CONCHA