Diferencia entre revisiones de «CHILE; fiestas religiosas»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Revisión del 16:19 8 ene 2015

La multiplicidad de costumbres devocionales asociadas a las festividades religiosas refleja de alguna manera la diversidad geográfica y cultural del país. La zona norte se caracteriza por el cultivo de los bailes religiosos, semejantes a los que se practican en algunas zonas de Bolivia y Perú; no se concibe una fiesta religiosa sin música y sin danzantes. En la zona central la fiesta más característica es el Cuasimodo, procesión que acompaña el viático de los enfermos una semana después del domingo de Pascua. En la zona sur la fiesta del Nazareno de Caguach es la que mejor conserva las antiguas tradiciones, resultado de la evolución local de las formas festivas españolas.

Las fiestas de la Virgen del Carmen de la Tirana, de Nuestra Señora de Guadalupe de Ayquina y de Nuestra Señora del Rosario de Andacollo, como muchas otras del norte de Chile, se caracterizan por la presencia de bailes religiosos. Se trata de manifestaciones de devoción en las que se encuentran antiguas tradiciones españolas con las costumbres religiosas de los pueblos andinos. La preparación de las coreografías, los ensayos de las bandas musicales y la confección de las vestimentas, mantiene en actividad a las cofradías de danzantes durante todo el año, especialmente en los meses que anteceden a la fiesta; de este modo los fieles que participan en estas actividades viven la fiesta con una intensidad muy especial. Los días que dura la celebración, en el caso de la Tirana más de una semana, la música y los bailes no se detienen, constituyendo una singular manifestación de fe que sorprende a los visitantes. Algunos de los pasos y de las letras de las canciones tiene siglos de antigüedad; sin embargo, la vitalidad de estas fiestas se manifiesta también en la permanente innovación: cada año se pueden observar canciones diferentes, cambios en los vestidos o nuevas cofradías de danzantes.

En la zona central, especialmente en las zonas rurales, se celebra con mucho colorido la fiesta del Cuasimodo. El domingo siguiente a la Pascua de Resurrección los sacerdotes llevan la comunión a los enfermos de la parroquia, el viático viaja en un carruaje engalanado con ramas, flores y banderas de colores y escoltado por jinetes vestidos con el tradicional traje de huaso, reemplazando la chupalla o sombrero de ala ancha por un pañuelo que les cubre la cabeza. En algunos lugares los caballos han sido sustituidos o complementados con bicicletas ricamente engalanadas que cumplen con la misma misión de “correr a Cristo” o acompañar al Santísimo Sacramento en su trayecto. Esta muestra de devoción eucarística se debió originar en épocas en que la inseguridad de los caminos hacía prudente que el sacerdote viajara con escoltas que evitaran un posible sacrilegio. Con el paso del tiempo la función de protección perdió relevancia y la práctica se transformó en una colorida fiesta pascual que manifiesta la devoción eucarística de la población.

En el archipiélago de Chiloé la fiesta más importante es la del Nazareno de Caguach que cada 30 de noviembre, desde 1778, congrega a miles de peregrinos venidos de alguna de las islas o del continente. Los días anteriores a la fiesta comienzan a llegar por vía marítima las imágenes patronales de 20 o 30 pueblos cercanos; al desembarcar se da inicio a una procesión para trasladar la escultura hasta la iglesia donde permanecerá hasta el final de la fiesta. Una de las costumbres más llamativas es el saludo de las banderas que consiste en un acompasado flamear ejecutado por los portaestandartes de cada localidad, ceremonia que simboliza el encuentro entre los santos patrones y la hermandad de todos los habitantes de Chiloé. Al finalizar la fiesta la imagen del Nazareno sale en procesión acompañado de todas las demás imágenes que han venido a visitarlo, dan tres vueltas a la Iglesia en medio de la música de la banda. La fuerza de la devoción al Nazareno ha llevado a las comunidades de chilotes que viven fuera de la Isla a replicar la fiesta en sus lugares de residencia, como ocurre en la ciudad de Punta Arenas.

Otras fiestas importantes son las de san Pedro, con procesiones marítimas en las ciudades costeras; la fiesta de la Inmaculada que corona el mes de María, devoción que desde mediados del siglo XIX se trasladó de mayo, como es habitual en Europa, a noviembre, para hacerla coincidir con tiempo de primavera y, en los últimos años, las fiestas dedicadas a los santos chilenos: santa Teresa de Los Andes y san Alberto Hurtado, festejos en los que la juventud tiene una participación central.

Bibliografía

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FERNANDO GUZMÁN