Diferencia entre revisiones de «CRONISTAS ANTIGUOS EN URUGUAY»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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|style="border: 1px solid #777777;" | Navegante sevillano. Comandó la primera expedición que documentó el descubrimiento del Río de la Plata, por orden del rey Fernando el Católico
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|style="border: 1px solid #777777;"  | Los documentos de su viaje se incluyen en la obra del cronista Antonio de Herrera,  Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales de 1601.12 de Febrero al 3 de Marzo
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|style="border: 1px solid #777777;" | Desuello de hombres
 
|style="border: 1px solid #777777;"  | 4 al 23 de Marzo
 
  
 
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Revisión del 16:18 6 abr 2015

Numerosas son las páginas que, desde las primeras exploraciones europeas a principios del siglo XVI, han legado los cronistas extranjeros que visitaron las tierras de la Banda Oriental. Se trata de relatos detallados que describen con gran habilidad todo el entorno, muchas veces acompañados de mapas, dibujos y bosquejos. En general, estas narraciones se publicaban cuando el viajero retornaba a Europa, e incluso se traducían a otros idiomas. Se puede considerar como uno de los primeros relatos de la Banda Oriental el de Antonio de Herrera, piloto de la expedición de Juan Díaz de Solís de 1516, que fue publicado en 1601 bajo el título de Historia General de las Indias Occidentales.

Estas descripciones son una fuente histórica muy valiosa, pues eran el resultado de la mirada de un extranjero que se interesaba por aspectos que los lugareños no describían por considerarlos corrientes. Por otro lado los cronistas eran subjetivos, dejaban traslucir sus prejuicios y fantasías, a la vez que descartaban temas que no les interesaban. De todas formas esta selección se ve compensada por la gran cantidad de observaciones sobre la geografía, vida y costumbres de los territorios recorridos.

La procedencia de los cronistas fue variada, aunque en su mayoría eran europeos: castellanos, portugueses, italianos sobre todo. Los relatos podían incluir una página de un diario, debido a un breve pasaje por el puerto, hasta una crónica, memoria o informe más detallado de quien recorría la zona durante días, semanas o incluso años.

Las descripciones más antiguas fueron las de los exploradores o las de sus colaboradores, como pilotos o capellanes. También se conocen las crónicas de funcionarios reales, cronistas o personas que viajaron en misiones diplomáticas. Se suman los relatos de los miembros del clero, tanto secular como regular, así como los hombres de ciencias que viajaban para conocer lugares, culturas, flores y animales desconocidos en Europa.

La mayoría de los cronistas fueron de sexo masculino. Sólo se tiene registro de tres relatos de mujeres que, en diferentes condiciones y momentos del siglo XIX, legaron sus impresiones: el diario de la alsaciana Rose De Saulces de Freycinet, de principios del siglo; los escritos sobre “el aspecto oriental” de Montevideo de la francesa Lina Beck-Bernard de 1857; y los relatos de los candombes de africanos de 1874 de la periodista española Eva Canel.

La temática varía de acuerdo a las épocas. Los primeros viajeros se interesaban por las costas, el paisaje, la flora, la fauna y especialmente los diferentes grupos indígenas, a los que denominaron de forma muy variada, lo que dificulta su identificación.

Una vez fundada Montevideo, la mayoría de los cronistas se detuvieron en la ciudad, si bien hubo quienes recorrieron diferentes partes del territorio oriental, dejando descripciones muy detalladas y con frecuencia de carácter muy íntimo. Esto se debe a que los viajeros eran alojados en las casas de los lugareños, lo que les permitía convivir y compartir no sólo la vivienda sino también los hábitos y costumbres de las familias.

De la ciudad de Montevideo, fundada por los españoles entre 1724 y 1730, los viajeros destacaron el puerto, el cerro y la extensa muralla con la ciudadela que custodiaba una pequeña ciudad con calles en damero y casas de un solo piso. Muchos fueron los cronistas que destacaron lo rápido que crecía la ciudad y su futuro promisorio.

Algunos visitantes lograron superar la descripción física de la ciudad y sus habitantes, y analizaron su forma de vida. Fueron frecuentes las alusiones a la vida simple de los montevideanos y se destacaba que la mayor parte de la población no trabajaba. Según el cronista Antonio Pernetty: “Los españoles de Montevideo viven en el mayor de los ocios; sólo se ocupan de conversar, tomar mate y fumar un cigarro […] Los comerciantes y unos pocos artistas son las únicas personas que trabajan en Montevideo”.

Al referirse a las montevideanas, la mayoría de los escritores las consideraron bellas y destacaron su gusto por el canto, el baile y tocar diversos instrumentos. A muchos cronistas les llamaba la atención los magníficos vestidos que contrastaban con la sencillez de la ciudad.

Las descripciones de los alrededores de Montevideo y del medio rural resaltaban las bondades naturales de la tierra y la abundancia de ganado, del cual se aprovechaba principalmente el cuero. Todos los cronistas destacaban que eran muy pocas las tierras dedicadas al cultivo. En este sentido cabe citar el relato de Antonio Pineda y Ramírez de fines del siglo XVII: “Alrededor de las poblaciones y chacras se ven algunas tierras de labor, plantíos legumbres, propias del país y traídas de Europa, que han prevalecido perfectamente”.

Los cronistas se convirtieron en una importante fuente de información, no sólo para los europeos ávidos de conocer el Nuevo Mundo, sino también para los historiadores, en épocas posteriores. Muchos de estos viajeros, especialmente los científicos, actuaron como difusores de conocimientos y fueron introductores de libros y folletos, muchos de ellos desconocidos en el Río de la Plata.


CRONISTA Y FECHA DE SU ESTADÍA CARACTERÍSTICAS DEL CRONISTA OBRAS PUBLICADAS
JuanDíaz de Solís 1515-1516 Navegante sevillano. Comandó la primera expedición que documentó el descubrimiento del Río de la Plata, por orden del rey Fernando el Católico Los documentos de su viaje se incluyen en la obra del cronista Antonio de Herrera, Historia general de los hechos de los castellanos en las Islas y Tierra Firme del mar Océano que llaman Indias Occidentales de 1601.12 de Febrero al 3 de Marzo