CRONISTAS DE LA EVANGELIZACIÓN EN MEXICO (1519-1530)

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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El primer autor de ámbito mexicano a considerar es Bernal Díaz del Castillo (1496? -1584), quien participó en las expediciones descubridoras de México de 1517 (Hernández de Córdoba) y 1518 (Juan de Grijalva), y luego en la de conquista de Hernán Cortés (1519-1521).

Sus impresiones y reflexiones nos acercan al pensamiento de un soldado, poco ducho en las sutilezas de la teología, pero fervoroso creyente. Al referirse a un largo parlamento religioso que Cortés, por medio de intérpretes, hizo a Moctezuma en su palacio de Tenochtitlán, le dice que el emperador [Carlos V], “doliéndose de la perdición de las ánimas, que son muchas las que sus ídolos aquellos llevan al infierno, donde arden en vivas llamas, nos envió para que esto que ha oído lo remedie”.[1]

No es Bernal un especulativo, y no trata directamente de cuestiones teológicas en su «Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España», pero con pequeñas pinceladas expresa claramente un modo de pensar. Al describir la primera epidemia de viruelas que hubo en Nueva España, durante la conquista, afirma que murieron muchos indios de este nuevo mal, y algunos conquistadores, como Pánfilo de Narváez. Y comenta: “negra la ventura de Narváez, y más prieta la muerte de tanta gente sin ser cristianos”.[2]

Ya casi al final de la «Historia», cuando el cronista-soldado se detiene a narrar los frutos espirituales de la presencia hispánica, detalla: “se han bautizado desde que los conquistamos todas cuantas personas había,[3]así hombres como mujeres, y niños que después han nacido, que de antes iban perdidas sus ánimas a los infiernos.”[4]

El primer texto es el único que admite que algunos indios se pudieron salvar en tiempo de la gentilidad, aunque «muchas almas» fueron al infierno. Los otros dos textos van más decididamente en la línea de que los indios no bautizados, sólo por el hecho de no ser cristianos, fueron a parar a las moradas infernales. Esto implica un neto contraste con la posición del protector de los indios y primer obispo de México, Fray Juan de Zumárraga.

Poco después de la conquista llegó a México el franciscano Pedro de Gante (1479?-1572), quien nos ha dejado un breve testimonio sobre su pensamiento en torno a la condenación eterna de los no bautizados. Ya entrado en años, en 1552 escribió una relación a Carlos V donde le insiste en que los indígenas “no fueron descubiertos sino para buscarles su salvación”.[5]

Sin embargo, los abusos de los españoles impiden que frecuenten la doctrina cristiana y provocan “que ellos se vayan al infierno”.[6]Es sólo una referencia colateral, pero ilustrativa de la posición del egregio misionero.

Si nos detenemos en la figura de Fray Toribio de Motolinía (1490?-1569), que trabajó codo con codo con Zumárraga en México, observamos que su pensamiento es cercano al de Bernal Díaz y Gante. Al hablar de la religión prehispánica en su «Historia de los indios de la Nueva España», escribe: “Baste saber las crueldades que el demonio en esta tierra usaba, y el trabajo con que los hacía pasar la vida a los pobres indios, y al fin poder llevarlos a perpetuas penas”.[7]

Si se observa con atención, no hay aquí ningún reproche a los naturales. Sólo el demonio es culpable de su errónea e idolátrica religión. Pero los indios, sin ninguna culpa, van al infierno eterno, aunque quizá quepan otras interpretaciones del texto.

El último evangelizador que vamos a considerar es Bernardino de Sahagún (1499-1590), el gran conocedor del mundo cultural y religioso azteca, y más o menos contemporáneo del obispo Zumárraga. Su postura respecto a la salvación de los indios no bautizados es muy explícita, a pesar de ser admirador de muchas virtudes de los naturales prehispánicos.

Precisamente combinando ambos factores comenta: “Es, cierto, cosa de grande admiración que haya nuestro señor Dios tantos siglos ocultado una selva de tantas gentes idólatras, cuyos frutos ubérrimos sólo el demonio los ha cogido, y en el fuego infernal los tiene atesorados”.[8]

En una longitud de onda muy similar, exclama: “¡Oh, juicios divinos, profundísimos y rectísimos de nuestro señor Dios! ¿Qué es esto, señor Dios, que habéis permitido tantos tiempos que aquel enemigo del género humano tan a su gusto se enseñorease de esta triste y desamparada nación, sin que nadie le resistiese, donde con toda libertad derramó toda su ponzoña y todas sus tinieblas?”.[9]

Es decir, que para Sahagún, a pesar de tener tantos aspectos positivos, los indígenas prehispánicos habían sido señoreados a placer por el demonio. Los frutos de todas sus obras, ubérrimas, los tenía atesorados en el infierno el enemigo del género humano. Por tanto, la evangelización viene a ser el fenómeno contrario: la Providencia, con la llegada de los españoles, ha querido que los naturales “sean alumbrados de las tinieblas de la idolatría en que han vivido, y sean introducidos en la Iglesia católica, e informados en la religión cristiana, y para que alcancen el reino de los cielos, muriendo en la fe de verdaderos cristianos”.[10]

El drama interior del misionero es muy grande, pues considera la inmensa muchedumbre que no ha recibido el bautismo (según él, América constituye la «media parte del mundo»),[11]y llora porque no han conocido la salvación, y han sido portados al infierno por el demonio.

Para terminar, comentamos un fragmento de un sermón escrito por Sahagún, que no deja ninguna duda sobre su posición general, no referida a los naturales, sino a cualquier hombre o mujer, que muere sin bautismo: “¡Escucha, oh cristiano! ¡Presta atención! Sabe que todas las gentes del mundo, los que no son cristianos, todas ellas, perecen; son arrojadas allá en el infierno; allá están aprisionadas. Tan sólo se salvan los cristianos buenos”.[12]

Esta doctrina es absolutamente diversa de la de Fray Juan de Zumárraga. Si nos referimos a los instrumentos de pastoral, es ilustrativo considerar la «Doctrina cristiana» de Fray Pedro de Córdoba, publicada en 1544 a instancias de Fray Juan de Zumárraga.[13]En el prólogo de este catecismo encontramos una exhortación donde se describe dos lugares en el más allá: el cielo y el infierno.

En el cielo están los buenos cristianos. Respecto al infierno, “allí van las almas de los que no creen, que no son cristianos, y de los malos cristianos que no guardan los mandamientos de Dios. (…) En aquel lugar tan malo y lleno de tantos tormentos están todos los que han muerto de vosotros y de todos vuestros antepasados: padres, madres, abuelos, parientes y cuantos han sido y son pasados de esta vida”.[14]

Como se aprecia, no hay la más mínima duda de que exclusivamente los bautizados “buenos” pueden entrar en el cielo. Y este axioma se presenta al inicio del catecismo, como punto inicial de argumentación, para convencer a los indios de la importancia de bautizarse y comportarse como buenos cristianos.[15]

Resulta curiosa que esta Doctrina sea patrocinada por el obispo Zumárraga, de quien sabemos que unos años antes profesaba la doctrina contraria. Quizás en ese momento (1544) lo importante no era para el obispo considerar teológicamente si los infieles se habían salvado o no, sino espolear a los naturales a recibir los beneficios del bautismo.

NOTAS

  1. Bernal DÍAZ DEL CASTILLO, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, cap. XC, ed. de C. Sáenz de Santa María, Instituto "Gonzalo Fernández de Oviedo”, C.S.I.C., Madrid 1982, 182.
  2. DÍAZ DEL CASTILLO, Historia, cap. CXXIV, ed. 269.
  3. Evidente exageración, a mi juicio.
  4. DÍAZ DEL CASTILLO, Historia, cap. CCIX, ed. 648.
  5. Carta de Pedro de Gante a Carlos V, México 15 de febrero de 1552, en Cartas de Indias, Atlas (BAE 264), 93.
  6. Ibidem.
  7. Fray Toribio MOTOLINÍA, Historia de los Indios de la Nueva España, ed. de G. Baudot, (Clásicos Castalia 144), Madrid 1985, Trat. I, cap. 11, p. 173. La tremenda “sentencia de condenación” es más elocuente si se tiene en cuenta las veces que Motolinía alaba las virtudes de los indígenas. Cfr. Fray Toribio MOTOLINÍA, Memoriales, ed. de F. de Lejarza, Atlas (BAE 240), Madrid 1970, 2ª parte, cap. 3, 134-138. Sobre la actitud de este franciscano ante la cultura indígena, cfr. la tesis doctoral de Enrique del CASTILLO LAFFITTE, Evangelización y cultura nahua en fray Toribio de Motolinía (1490ca-1565ca), Universidad Pontificia de la Santa Cruz, Facultad de Teología, Roma 2005.
  8. Bernardino de SAHAGÚN, Historia general de las cosas de Nueva España, Prólogo general, ed. de A. M. María Garibay, Porrúa (Biblioteca Porrúa, 8), México 1981, vol. I, 30.
  9. SAHAGÚN, Historia, Lib. I, Exclamaciones del autor, 95.
  10. SAHAGÚN, Historia, Lib. XII, Prólogo, IV, 18.
  11. Cfr. SAHAGÚN, Historia, Lib. XII, Prólogo, IV, 18.
  12. Bernardino de SAHAGÚN, Adiciones a la Postilla, cap. 23, en Adiciones, Apéndice a la Postilla y Ejercicio cotidiano, ed. de A. J. O. Anderson, Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Históricas México, D.F. 1993, 77.
  13. Esta doctrina tiene su origen en la predicación en las Antillas de Fray Pedro de Córdoba (1482-1521) y sus compañeros dominicos. Más tarde los sermones fueron adecuados a la realidad azteca y fueron publicados en México en 1544. Hay otra edición, bastante modificada, de 1548. Para más información y bibliografía cfr. Josep Ignasi SARANYANA, La catequesis en el Caribe y Nueva España hasta la Junta Magna, en Josep-Ignasi SARANYANA (dir.), Teología en América Latina, I: Desde los orígenes a la Guerra de Sucesión, 1493-1715, Iberoamericana - Vervuert Madrid - Frankfurt am Main 1999, 37-43.
  14. FRAY PEDRO DE CÓRDOBA, Doctrina cristiana para instrucción e información de los indios, Prólogo, México 1544, ed. de DURÁN, Monumenta, I: siglo XVI, Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires 1984, 228.
  15. Sobre la importancia de esta argumentación remitimos a Pedro BORGES MORÁN, Métodos misionales en la cristianización de América, siglo XVI, CSIC, Departamento de Misionología Española 12), Madrid 1960, 328-332.

BIBLIOGRAFÍA

DÍAZ DEL CASTILLO Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, ed. de C. Sáenz de Santa María, Instituto "Gonzalo Fernández de Oviedo”, C.S.I.C., Madrid 1982

CASTILLO LAFFITTE Enrique del, Evangelización y cultura nahua en fray Toribio de Motolinía, Universidad Pontificia de la Santa Cruz, Facultad de Teología, Roma 2005

CÓRDOBA FRAY PEDRO DE, Doctrina cristiana para instrucción e información de los indios, Prólogo, México 1544, ed. de DURÁN, Monumenta, I: siglo XVI, Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina, Buenos Aires 1984

MOTOLINÍA Fray Toribio, Historia de los Indios de la Nueva España, ed. de G. Baudot, (Clásicos Castalia 144), Madrid 1985

MOTOLINÍA Fray Toribio, Memoriales, ed. de F. de Lejarza, Atlas (BAE 240), Madrid 1970

SAHAGÚN Bernardino de, Historia general de las cosas de Nueva España, Prólogo general, ed. de A. M. María Garibay, Porrúa (Biblioteca Porrúa, 8), México 1981

SARANYANA Josep-Ignasi (dir.), Teología en América Latina, I: Desde los orígenes a la Guerra de Sucesión, 1493-1715, Iberoamericana - Vervuert Madrid - Frankfurt am Main 1999.


LUIS MARTÍNEZ FERRER © «Annales Theologici»