ELÍZAGA PRADO, José Mariano

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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(Valladolid 1786; Morelia, 1842) Músico y Compositor.


Fue un niño prodigio que reveló sus aptitudes musicales a los cinco años, cuando substituyó a su padre en una lección. En cierta ocasión que el Virrey Juan Vicente de Güemes Pacheco, segundo Conde de Revillagigedo, visitó Valladolid, José Mariano interpretó para él varias piezas musicales con el clavecín, instrumento que ya dominaba. El Virrey quedó impresionado y le invitó a viajar a la ciudad de México para ingresar al Colegio de Infantes de la Catedral donde, quizá debido a su corta edad, permaneció sólo un año. A los 7 años regresó a Valladolid, y siguió sus estudios de música en el Colegio de Niños bajo la dirección de Don José María Carrasco. Ya con diez años de edad se le envió de nuevo a México, a continuar sus estudios con el maestro Soto Carrillo. En 1799 regresó a su ciudad natal y ocupó el cargo de tercer organista en el Colegio de San Nicolás, y luego primer organista y maestro de Capilla de la Catedral de Valladolid; para ese entonces, además del clavecín y el órgano, dominaba perfectamente el piano, dando clases a las jóvenes de la aristocracia local; una de sus alumnas fue Doña Ana María Huarte, futura esposa del libertador de México Agustín de Iturbide.

El escritor costumbrista Manuel Payno, en su célebre obra «Los bandidos de Río Frío» hace una breve descripción del ya afamado músico y compositor José Mariano Elízaga: “La entrada del maestro Elízaga era cada jueves un acontecimiento; hombres y señoras se ponían en pie, le estrechaban la mano, le saludaban y le decían tantas y tan afectuosas palabras, como si en años no le hubiesen visto. Era el maestro agradable, de buena figura, hombre de mundo, y correspondía a tanto agasajo con desembarazo y amabilidad, dejando contentos a todos sus amigos. Platicaba y reposaba un rato, y después, sin que nadie le rogase y sin dar a conocer cuánto le agradaban los aplausos de aquella reunión, se ponía al piano y encantaba a los que lo oían, pues poseía una destreza, una dulzura y una propiedad [...] que aun hoy, que tantos y tan insignes pianistas hay en Europa y en América, sería una notabilidad. Generalmente, en lugar de tocar las piezas de música que se usaban en ese tiempo, improvisaba y producía melodías que eran completamente desconocidas.

Tras la independencia de México y la instauración del Imperio Mejicano, Agustín de Iturbide nombró al maestro Elízaga Director de la «Orquesta Sinfónica de la de la Capilla Imperial», constituyéndose ésta en la primera orquesta en la historia de México. A la caída del Imperio, en 1824 creó su “Academia de Música Elízaga” y, simultáneamente, la “Sociedad Filarmónica Mexicana” que en 1825 se convertiría en el “Conservatorio Nacional”, primero en el Continente americano. En 1827 fue nombrado Maestro de Capilla de la catedral de Guadalajara. En 1839 regresó a la ciudad de México, y tres años después regresó a su ciudad natal, la que para ese entonces se llamaba ya Morelia; allí falleció el 2 de octubre de 1842.

Sus composiciones musicales incluyen un vasto catálogo religioso que incluye misas, oficios, maitines y misereres, así como música profana con abundantes piezas para salón; sin embargo, el nombre de José Mariano Elízaga aparece más en libros de historia que en conciertos.

Obras musicales

Dúo de las siete palabras,

Lamentaciones,

Maitines de la transfiguración,

Gran Misa,

El 16 de Septiembre.

Ínclito gran Morelos,

Seis valses,

Vals con variaciones a la memoria de Rossini,

Últimas variaciones.

Bibliografía

  • ROMERO, J.C., José Mariano Elizaga., México, 1934.)
  • Diccionario de la música española e hispanoamericana. Vol. IV
  • Enciclopedia de México. Vol. V.


JOSE FLORENCIO CAMARGO SOSA/ JUAN LOUVIER CALDERÓN