EL SALVADOR; Conquista y organización política

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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En el caso de Centroamérica, la conquista fue muy planeada ya que se dio por medio de una operación de tenaza: se hacía presión desde el norte, esto es, desde México, donde ya estaban establecidas las tropas españolas; lo mismo desde Panamá, al sur, que fue el primer punto de arribo en la conquista de Centroamérica. Tras el período de la conquista que durará menos de un siglo, se establecen definitivamente nuevos asentamientos humanos en las pequeñas villas y ciudades que ya habían sido erigidas. Estas pequeñas repúblicas, cuya actividad se centra en el cabildo, se extenderá en una fase de relaciones que van desde las ferias de origen o contenido religioso, hasta los problemas ya sea de orden económico o para la defensa del territorio. Todo esto en su conjunto es el origen de la provincia, que bajo el dominio nominal de la corona española, poco a poco va formando su autonomía. A estas provincias entonces se las llamará «reinos indianos», al frente de los cuales estaban, con la representación del rey, las Reales Audiencias, o en su caso, los virreyes. Se ve el movimiento social que es producto de las circunstancias; ha cesado el poder del capitán conquistador, ahora se abre paso a los nuevos mandatarios que son enviados igualmente por la corona española, elegidos muchas veces en función de las cualidades que en cada caso se requiere. Uno de los más serios problemas para el buen gobierno civil y religioso lo constituyó la dispersión de la población, problema al mismo tiempo económico porque también impedía la recepción del tributo. La Real Audiencia fue de la opinión, como lo recomendó fray Pedro de Gante, de hacer la congregación o reducción de los indios en sitios especiales en donde no pudiesen entrar los españoles, para que no los explotaran y les hicieran mal. Mientras que, para la población española, que aumentaba considerablemente y que además no encontraba ya más encomiendas ni repartimientos, la Real Audiencia planteó la fundación de nuevas ciudades como Puebla de los Ángeles, y otras de no menor importancia.

La Audiencia de la Capitanía General o Reino de Guatemala, tiene sus orígenes en las Leyes Nuevas de 1542, al crearse la audiencia de los Confines, que comprendía gran parte del istmo centroamericano. En 1568 quedó definitivamente configurada en la Audiencia y Reino de Guatemala, cuya capital fue la ciudad de Santiago de los Caballeros, y que abarcaba las provincias de Chiapas, Soconusco, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Utilizaremos preferentemente el término Reino de Guatemala y no el de América Central, por ser el que más se ajusta a la realidad política y social de la época hispánica. En esta realidad, aunque va omisa en muchos documentos, entra y forma parte de dicho territorio el Estado de El Salvador. Se busca entonces trasplantar un modelo ya determinado, como es el español -su forma de vida y sus costumbres sociales-, a la nueva realidad descubierta, la cual se manifestará como un terreno fértil en el cual se puede laborar en todos los sentidos. Para comprender mejor la situación es conveniente trasladarse a la sociedad española en la época de la conquista. En primer lugar, el tipo de sociedad española es fundamentalmente una sociedad testamentaria, esto es, una sociedad dividida. Los estamentos privilegiados, como es propio de la sociedad medieval, son la nobleza y el clero. La nobleza había pasado de ser rural a una urbana a finales del siglo XV. La política, aparentemente anti nobiliaria de los Reyes Católicos, había compensado la pérdida de su poder regional con gracias y mercedes, con la ocupación de la cúspide administrativa estatal y municipal. Otros nobles se desatendieron de las cosas administrativas, y vivían mejor de sus rentas agrícolas y ganaderas. De este sector nadie paso a América como emigrante en el siglo XVI. Si acaso, es preciso contar con los que fueron virreyes en México o Perú, pero estos terminaron abandonando las indias con su cese. Los primeros grandes conquistadores presentaron sus hazañas como empresas meritorias de acceder a la nobleza, con el mismo sentido con el que los títulos nobiliarios habían surgido en la baja Edad Media peninsular como recompensa a los servicios bélicos prestados contra los musulmanes. Sin embargo, la nobleza castellana no acepto esa equiparación de méritos y la palabra «indiano», surgida en el siglo XVI, vino a tener en España una connotación peyorativa, que significaba recién llegado. Fueron escasos los conquistadores que llegaron a tener un título de Castilla. La otra parte de la sociedad española, el clero, tanto el secular como el religioso, también gozaba de grandes beneficios, ya sea en cuestiones de hacienda o de justicia, ya que poseían fuero. También al interno del clero había lógicamente una serie de divisiones: primero los cardenales, luego los arzobispos, los obispos y después los sacerdotes. No es necesario decir que en el siglo XVI no hubo ningún cardenal en América. Hay que hacer notar que no es por casualidad que el clero ocupara un lugar privilegiado en la sociedad; tenían una cultura muy superior a la media de las autoridades civiles que llegaban de España, su estado religioso les forzaba a una adaptación a la dureza del medio, difícil de remontar para los funcionarios; por último, al no pretender casi nunca la promoción a ninguna sede española, esto les daba una mayor estabilidad. Este sistema administrativo que se aplicó al reino de Guatemala tiene su precedente: en el ámbito de las Antillas y de la Tierra Firme, la máxima autoridad se hallaba en manos de tres Audiencias; todas ellas dependían del rey. La más antigua era la de Santo Domingo, que fue fundada en 1511. Después surgió la Audiencia de Panamá con jurisdicción sobre Castilla del Oro, Veragua y Cartagena. El tribunal fue suprimido en 1543 y anexado a la Audiencia de Guatemala, por lo que Cartagena paso a Santo Domingo. El otro órgano de gobierno, inferior al de la Audiencia, fueron las gobernaciones. Encuadradas dentro del distrito de las audiencias, dependían de ellas las apelaciones de justicia y a veces los asuntos de gobierno. En el istmo centroamericano, Panamá se dividió en 1536 en dos gobernaciones: Panamá y Veragua.

En el avance español de esta región, una cosa que llama la atención es la  ambición de poder y de riqueza entre los mismos conquistadores, es que en algunas partes de  centroamericana, se suscitaron luchas y peleas entre ellos mismos para hacerse del control de los nuevos territorios, no así la actitud del clero que fue todo la contrario, la defensa de las poblaciones indígenas y la evangelización por medio de la doctrina y el catecismo. Hay algunos personajes que alcanzaron la fama de crueles por el trato que tenían hacia los indios, uno de ellos fue Pedrarias Dávila,  según consta el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo.  

Dávila salió de España en 1514 al mando de una formidable fuerza militar compuesta de 19 navíos en los que venían 1500 hombres armados. Traían toda clase de semillas y nuevas plantas que hasta ese momento eran desconocidas en el Continente Americano, además de ganado bovino, ovino y mular, gran variedad de aves de corral, instrumentos para la labranza de la tierra y toda suerte de herramientas artesanales. Fue recibido por Vasco Núñez de Balboa, gobernador del Darién, primer enclave español para la conquista de toda Centroamérica. También este fue un punto de salida para las expediciones hacia el sur del continente. La crueldad de Dávila se manifestó con la ejecución de Balboa en 1519 para consolidar su poder. Tal fue la ambición que no recibió al emisario de la corona española, Gil González Dávila, que se hizo cargo de la conquista de Nicaragua sin la ayuda de Pedrarias. Después de consolidar su poder en tierra azteca, Hernán Cortés decidió enviar a dos de sus capitanes a explorar la zona sur. Estos fueron Pedro de Alvarado, que se dirigió hacia las tierras del Pacifico, y Cristóbal de Olid, hacia el otro extremo, esto es, al golfo de Honduras. Alvarado salió de Tenochtitlan a finales de 1523; su fuerza militar estaba compuesta de 120 soldados de caballería y 300 de infantería, además de regular cantidad de guerreros indios aliados. Antes de emprender la marcha hacia el sur, Pedro de Alvarado sentó las bases para una alianza con el rey cakchiquel en Soconusco. En febrero de 1524 el ejercito de Alvarado entro en el territorio de los quiche. En las cercanías de Xelaju, actual Quetzaltenango, los guerreros quiche presentaron batalla, a los cuales derrotó Alvarado, no sin antes presentar los indios una férrea resistencia. Estos guerreros estaban bajo el mando de Tecun Uman. Los quiches entonces invitaron a Alvarado a su capital, Utlatan, para discutir los términos de la rendición, pero aprovecharon para llevar a cabo una última acción armada, tendiendo una emboscada al invasor. Estos pudieron defenderse y doblegar este último intento indígena. Alvarado actúo con dureza en contra de este pueblo, sometió a los jefes y a los guerreros y los condeno a morir quemados, además destruyo en su totalidad la capital de los quiches. Alvarado continúo su avance sometiendo todo pueblo o villa que encontraba a su paso, en algunos de ellos los indígenas presentaban formidable resistencia, haciendo un poco difícil en algunas regiones, el avance. Durante este periodo, los cakchiqueles, antiguos aliados de los españoles, se rebelaron contra estos debido al brutal tratamiento que recibían. Esta rebelión puso en aprietos la campaña militar española, pero al final, estos guerreros también fueron reducidos por las tropas españolas. De 1532 a 1534, numerosos soldados españoles que se habían fortificado en su nueva capital, Santiago de los Caballeros, hoy Antigua Guatemala, se desplazaron para sofocar focalizadas resistencias y para terminar la conquista en dirección al oriente en los pueblos Corti. Así, en 1544, los españoles dominaban casi toda Guatemala, excepto la región montañosa de Alta Verapaz, tierra de guerra. Este último bastión indígena caería en dominio español no por la fuerza de las armas, como lo hemos descrito anteriormente sino a través de la evangelización, empresa de la cual se hará celebre el misionero dominico fray Bartolomé de las Casas. En el caso del territorio salvadoreño, podemos decir que su conquista fue el resultado del avance de Alvarado hacia el sur, a partir del establecimiento del dominio español en la región de Escuintla, en Guatemala. En efecto, al salir Alvarado de este punto, marcho hacia la costa del Pacifico en dirección al sureste. Cerca de Acajutla, ya en territorio salvadoreño, los españoles y sus aliados indígenas se enfrentaron a un considerable número de guerreros pipiles que presentaron, como en la mayoría de los casos anteriores, dura batalla. Al final se impusieron los españoles.

Los guerreros pipiles fueron vencidos, no sin antes causar un considerable número de bajas, incluso el mismo Alvarado fue herido seriamente de una pierna por una lanza, herida que le marcará para el resto de sus días. Siguieron en su avance hacia el centro y tomaron el poblado de Tacuzcalco, después siguieron marchando hasta llegar a Azacualpa, población que los indígenas habían abandonado. Después se dirigieron a Atehuan, actual ciudad llamada Ateos, en Ahuachapán, El Salvador, donde recibieron a los enviados de los señores de Cuscatlán, capital de los pipiles, quienes traían mensajes de paz. Cuando los españoles llegaron a Cuscatlan, la hallaron casi desierta, frustrados por eso, ordenaron apresar a los que habían quedado para reducirlos a esclavitud. Alvarado regreso a Guatemala desilusionado por no haber encontrado oro ni otras riquezas que él pensaba encontraría en ese territorio. Al año siguiente los españoles volvieron a Cuscatlán y fundaron la ciudad de San Salvador, su capital actualmente. La región fue sometida totalmente después de la primera entrada de Alvarado, esto es, nueve años después. El dominio español de la región más oriental de El Salvador solo se llevó a cabo hasta 1529, cuando las tropas españolas cruzaron el río Lempa. Al año siguiente, nuevas tropas venidas de Guatemala, fundaron la ciudad de San Miguel de la Frontera. La expedición había sido enviada para evitar que Pedrarias Dávila, para entonces gobernador de Nicaragua, pudiera entrar e invadir el territorio salvadoreño a causa de su ambición de poder. Con todo esto, se dio fin al aislamiento en que vivían las sociedades indígenas, que hasta entonces solo habían tenido contacto con sus vecinos más inmediatos. La llegada de los españoles abrió un nuevo tipo de relación, lastimosamente y para infortunio de los indígenas, esta relación fue de guerra con miras a la conquista, en la cual los pueblos indígenas fueron vencidos y sometidos a dura esclavitud. Los españoles además de traer una variedad de instrumentos de trabajo y armas de guerra, portaron también numerosas enfermedades, hasta entonces desconocidas por los indígenas; en consecuencia, la población indígena experimento una baja enorme. Sobre los escombros de la antigua sociedad indígena se comenzó a levantar una sociedad de inspiración hispánica con algunos remanentes indígenas. Como es lógico en este proceso, se estructuró en la nueva sociedad sistemas económicos, sociales y culturales muy diversos. Con la mezcla de todos estos movimientos nació la nueva sociedad centroamericana.

La Capitanía General de Guatemala A mediados del siglo XVI ya se había organizado un gobierno que abarcaba todo el istmo centroamericano; a la cabeza de este gobierno estaba el rey. En 1542 se creó la Audiencia de los Confines, con sede en la ciudad de Gracias, en Honduras. Esta era independiente de la audiencia de México. Tenía jurisdicción sobre Guatemala, El Salvador, Honduras y León, casi hasta Costa Rica. Pero en 1548 la audiencia se trasladó a la ciudad de Guatemala. En el sur del istmo, la audiencia de tierra firme se estableció en Panamá. Las audiencias eran fundamentalmente órganos judiciales y centrales de gobierno y administración de la Corona, bajo la que se hallaban organismos regionales o locales como las gobernaciones, las alcaldías mayores, los corregimientos, los cabildos de los españoles y los de indios, las tesorerías, los obispados, los curatos y las milicias. Es decir, su jurisdicción no era solo civil, sino también militar y religiosa. Todos dependían del Consejo de Indias, con sede en España, y en última instancia, del mismo rey. La legislación que fue surgiendo incorporo elementos de la tradición indígena anterior a la llegada de los españoles; las costumbres indígenas se podían conservar, toda vez no fueran en contra de la Corona española. Por ejemplo, la propiedad comunitaria indígena se conservó e incluso se legalizó. De igual manera, los caciques que no combatieron contra los conquistadores, conservaron sus puestos en los pueblos de los indios. Podemos decir que el Reino o Capitanía General de Guatemala, tenía las siguientes divisiones administrativas: el actual estado mexicano de Chiapas, dividido en Chiapas y Soconusco, la actual Republica de El Salvador, con Sonsonate y San Salvador; Honduras con San Pedro Sula, Gracias a Dios, Olancho, Comayagua y Tegucigalpa; Nicaragua con Realejo, León, Nueva Segovia, Granada y Nicoya, y finalmente Costa Rica. En 1534 fue creado el Virreinato de Nueva España. Quedaba entonces oficialmente establecido el Reino de Nueva España, el que estaba dividido de la siguiente manera: cinco Audiencias; la Española, México, Guadalajara, Nueva Granada y Guatemala, la que a su vez comprendía dieciocho gobiernos, entre los cuales se hallaba la que más adelante se llamara Republica de El Salvador.


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