GREGORIO XVI; Su actuación ante el vacío pastoral en Hispanoamérica

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
Revisión del 20:02 7 jul 2019 de Vrosasr (discusión | contribuciones) (→‎NOTAS)
(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda

La invasión napoleónica a la Península Ibérica en 1808, desencadenó los movimientos de las independencias de los países latinoamericanos, las cuales para 1821 eran ya una realidad irreversible. Los nuevos gobiernos hispanoamericanos pronto pidieron a la Santa Sede el reconocimiento diplomático con todas sus consecuencias eclesiásticas. Ello comportaba una estrecha relación entre el aspecto político y el religioso.

Desde el punto de vista jurídico los nuevos gobiernos pretendían el reconocimiento total, con todas las consecuencias, y también los antiguos derechos del «patronato» ejercido por la Corona española, considerado por ellos como inherente a la soberanía nacional, ahora en manos de las nuevas Repúblicas.

Sin embargo aquellos gobiernos no caían totalmente en la cuenta de la gravedad de su pretensión y lo que ello comportaba para la Santa Sede, que debía tratar y debatir el problema con la dureza del antiguo régimen español que se empeñaba en conservar sus antiguos derechos. Estudiado el problema con aquella perspectiva propone una serie de puntos que se debían tener presentes sea en las delicadas discusiones con el embajador español en Roma como con los varios enviados hispanoamericanos que llegaban a Roma.

El proceso de acercamiento de Gregorio XVI al caso hispanoamericano se inicia en sus tiempos de Cardenal. En dicho proceso se pueden identificar dos etapas: una primera indirecta (1815-1824) y otra de conocimiento directo (1825-1830). Fue durante esta segunda etapa cuando pudo elaborar su propuesta de solución positiva al problema y será la que pondrá en práctica como Papa.[1]

A finales de 1814 el monje Mauro Alberto Cappellari llegaba a Roma como procurador general de la orden camaldulense y desde entonces comenzando su trabajo en la Curia romana, entrando como consejero de la Congregación de Negocios Eclesiásticos Extraordinarios. En la Curia va a encontrarse con el conciliador cardenal Consalvi, y también con los llamados «intransigentes».

Cappellari se inclinaba por formación y experiencia más a los segundos que al primero. Pero como consultor de la Congregación de Negocios Eclesiásticos Extraordinarios y de Propaganda Fide, podía acercarse a los nuevos problemas del mundo hispanoamericano con una actitud más realista y conciliadora. Para Cappellari todo aquel mundo problemático de las independencias hispanoamericanas le resultaba ciertamente nuevo. Así asistió a las fuertes presiones de Madrid para conservar los antiguos privilegios del Patronato y su rechazo de las independencias. No pudo cerrar sus oídos a las voces sobre la desoladora situación en que versaban aquellas iglesias que seguramente podía escuchar a través de varios cardenales de la Curia.

Se llega así a los años cruciales de 1825-1830, bajo León XII, quien tuvo en diciembre de 1823 un encuentro con el cardenal Ercole Consalvi, el experto Secretario de Estado de Pío VII, sobre los problemas más graves del momento.[2]Entre los problemas examinados se encontraban los de la administración pontificia, las relaciones con el rey Luis XVIII de Francia, la hospitalidad a la familia Bonaparte, el año jubilar 1825, la unión de la Iglesia en Rusia, la emancipación de los católicos de Inglaterra y el problema hispanoamericano.[3]

Consalvi explicó al nuevo Papa los motivos de la política conciliadora con el gobierno de Madrid, siguiendo las pautas mantenidas antaño con Napoleón, para que no se opusiera a la acción de la Santa Sede en favor de las provincias americanas, “donde la legitimidad española no ejercía ya autoridad alguna”. El cardenal añadió “que en ningún momento había pensado en el reconocimiento político, sino en salvar la religión mediante la preconización de obispos, pues se quería evitar, según las explicaciones del cardenal, que el vicario apostólico [un obispo no titular residencial], al llegar allá se encontrara con «metodistas, presbiterianos, ¡qué sé yo! aún nuevos adoradores del sol».”[4].

En el fondo, los motivos que habían movido la política de la Santa Sede durante su gestión de la Secretaría de Estado eran netamente religiosos. Un caso significativo había sido la actitud sobre el Río de la Plata.[5]Continuando en su intervención, el cardenal Consalvi observaba que “aún ahora hay lugar para seguir esta misma política, pero con una prudencia que jamás se niegue a sí misma. Vuestra Santidad sabrá conciliar la ternura de la gratitud con los deberes del pontífice”.[6]El cardenal Consalvi demostraba una vez más su aguda visión política y eclesiástica, como la había demostrado con Napoleón y en los tiempos del congreso de Viena. Moría un mes después, el 24 de enero de 1824.

Comenzaba para el papa León XII un verdadero «drama interior», como lo define el padre Leturia: el “caso hispanoamericano”.[7]Pues no podía cerrarse en posiciones filo-españolas, y a la situación pastoral cada vez más dramática de la Iglesia de Hispanoamérica: ¿cómo conjugar el legitimismo de España por una parte y las exigencias, también legitimas de las nuevas Repúblicas y de sus obispos hacia donde “gravitaban su mente y su conciencia”?,[8]como señalaba el embajador de París en Roma, Artaud de Montor. Era arduo mantener una neutralidad imposible.

En este drama aparece la figura de Cappellari que interviene en el caso por expreso deseo de León XII. Hasta entonces, la Santa Sede, bajo Pío VII y Consalvi había mantenido una latente política externa de «neutralidad». El entonces cardenal Anibal Della Genga (después León XII) había sido miembro de la comisión cardenalicia que había estudiado la propuesta de enviar un vicario apostólico para Chile.

Había sido del parecer que la instrucción para monseñor Muzi se diera dentro de los términos de la neutralidad pontificia frente al «caso hispanoamericano». Una de las instrucciones entregadas a monseñor Muzi y compartida por el futuro León XII, consistía en la habilidad que debía tener para tolerar que el nuevo gobierno chileno ejerciera, en la provisión de beneficios eclesiásticos, los derechos patronales que una vez ejercía el rey de España; además se le instruía para que no se comprometerse en asuntos políticos, y que actuara dejando claro que la Santa Sede intervenía sólo para proveer a las necesidades espirituales.[9]

Por ello se comprende la actitud de León XII en el complicado problema que se ponía a su conciencia de Papa. Ahora encontraba en los pareceres de Cappellari elementos de una respuesta más realista, donde se podía conjugar la responsabilidad del Papa como pastor universal y las reclamaciones intransigentes y legitimistas del Rey de España. Fue en aquellos momentos (1825-1826) cuando se va perfilando con mayor claridad la posición de Cappellari, motivada por razones pastorales ante un continente con sus diócesis casi sin pastores y vacantes.

El grave cargo de conciencia que vivieron los obispos de Hispanoamérica entre el paso del antiguo régimen al nuevo régimen nació porque todos ellos habían sido nombrados por el patronato español que los obligaba al juramento de fidelidad a la corona, mientras que bajo el régimen republicano se les exigía aceptar la independencia si querían continuar en las nuevas repúblicas, el ejercicio del ministerio episcopal y el gobiernos de sus diócesis.

Entre ellos se encuentra el arzobispo de Lima, Bartolomé María las Heras, (obispo de Cuzco por 17 años y arzobispo de Lima por 15 años), quien el 3 de diciembre de 1822 escribía a la Santa Sede: “se halla impuesto de que en la América del Sud se ha variado su gobierno político y civil, con cuyo motivo también ha padecido alteración la disciplina de la Iglesia, se han relajado algunas prácticas piadosas, y, lo que es peor, han sido arrojados de sus sillas muchos obispos que exactamente llenaban su ministerio [...]. Dentro de Lima se cuentan muchos conventos de religiosos: cuatro tiene la orden de santo Domingo, tres la de san Francisco, igual número la de san Agustín, y otros tres la de la Merced, dos de la Buena-muerte, dos san Francisco de Paula, dos los betlemitas, y uno grande san Juan de Dios [...], han tenido una gran parte [en los excesos de disciplina] en que el pueblo de Lima haya sucumbido al general San Martín las noticias que se habían esparcido de que el gobierno de España suprimía la mayor parte de los conventos religiosos, y de que los pocos que resultasen permanentes, hera [sic] perdiendo sus excepciones y quedando sujetos al ordinario [...] abrazaron inmediatamente todos los medios y arbitrios capaces de sustraerles y ponerlos independientes de un mando que, como ellos decían, los trataban mal y deseaba del todo destruirlos”.[10]

Algunos de los pocos obispos que habían permanecido en sus sedes se hundían en aquel mar de tormentas y clamaban al Papa por una solución, como se expresaba el obispo de Mérida de Venezuela, Lasso de la Vega, escribiendo directamente a Pío VII el 20 de octubre de 1821. En ella decía: “Que males se hayan seguido, [tras el comienzo del proceso emancipador] ninguno podrá contarlos. Referiré los de la Iglesia, la expulsión, y emigración de los arzobispos y obispos, de suerte que en realidad, diré estoy sólo. Falta el arzobispo de Santa fe, y el de Caracas: han muerto los obispos de Santa Marta, Guayana; huye el de Cartagena; el de Popayán y el de Quito siguen el partido contrario a la República[...]”.[11]

La Curia romana entre dos fuegos

La Curia romana, en medio de seguir la neutralidad, y el problema jurídico con España, que por aquel entonces conservaba todavía esperanzas de reconquistar sus posesiones ultramarinas, no tiene más remedio que enjuiciar la situación y tomar medidas al respecto. Aquí vemos la intervención de Simón Bolívar, asesorado por su vicepresidente Francisco de Paula Santander, que toma cartas en el asunto de manera pragmática, también empujado por la situación política crítica en que se hallaba la Gran Colombia (Colombia, Ecuador y Venezuela).

El libertador buscó entonces los contactos con Roma y el apoyo del clero católico. De esta actitud nueva de Bolívar dan testimonio el obispo de Mérida Lasso de la Vega, y el de Popayán Jiménez de Encino, en informes de 1823 mandados a Roma.[12]Lo mismo se ve en las notas del enviado de la Gran Colombia a Roma, Ignacio Sánchez de Tejada, que entregara al cardenal secretario de Estado, cardenal Giulio Della Somaglia.[13]

León XII procura entonces poner en práctica los consejos del viejo Consalvi queriendo dar una respuesta positiva a cuanto las diócesis de la Gran Colombia habían hecho saber por medio del enviado Ignacio Sánchez de Tejada.[14]La Gran Colombia fue el primer país beneficiado, después de Chile, en recibir una efectiva respuesta pastoral de la Santa Sede sobre el problema jurídico-pastoral de sus iglesias.

“Esta ventaja de la Gran Colombia respecto a otros países del hemisferio, tiene dos puntos de partida: el primero fue por obra y mérito de la continuidad que sus gobernantes le dieron a la misión Sánchez de Tejada ante el gobierno pontificio durante la década 1820-1830. (La Gran Colombia fue el único país que desde el comienzo y hasta después de su reconocimiento mantuvo una única persona ante la Santa Sede); la segunda fue por la clarividencia de Bolívar y la atención de los obispos, porque fue Bolivar, el único líder de la Independencia que supo "aprovechar" de los buenos oficios de los pastores de la Iglesia para pedir el beneficio pastoral de la Santa Sede”.[15]

León XII en el mes de noviembre de 1824 pide a los prelados, secretario de la Congregación de Negocios Eclesiásticos Extraordinarios, Giuseppe Antonio Sala, y a Rafael Mazio, secretario «de las cartas latinas» y conocedor del problema, la preparación de una ponencia sobre el caso de la Gran Colombia.[16]Al consultor Cappellari le tocó examinar dicho material, que llegó a sus manos el 8 de enero de 1825 acompañado por una carta de Sala en la que le pedía con urgencia su estudio y su parecer.

Por entonces Cappellari tenía escasos conocimientos del problema hispanoamericano. Sin embargo se aplicó al estudio del mismo y el 29 del mismo mes podía entregar su parecer, tras examinar los informes que, desde Londres, los representantes de Venezuela y de la Nueva Granada, Fernando Peñalver y José Mana Vergara, le remitieron al Papa el 27 de marzo de 1820 por medio del nuncio en París monseñor Macchi.[17]

Pero también hay un dato nuevo que muestra la estrategia pragmática de Bolívar: permite que los obispos, ya pasados a la causa republicana, puedan comunicarse directamente con la Santa Sede. Entre ellos encontramos a los obispos de la Gran Colombia: Rafael Lasso de la Vega, de Mérida de Maracaibo,[18]y Salvador Jiménez de Enciso de Popayán.[19]

Según Leturia, este informe escrito un mes después del enviado por Lasso de la Vega, no alcanzó el correo que el obispo de Mérida utilizaba para hacer llegar su correspondencia a Roma (Cartagena, Jamaica, Burdeos) y, por lo tanto, es posible que no hubiera llegado a Roma con aquella correspondencia. Esta fue una duda que mantuvo monseñor Jiménez y entonces envió copia de su memorial poco después, el 5 de junio de 1824, con ocasión de la ascensión al trono pontificio de León XII.[20]

Por ello esta relación no se encuentra entre el material entregado a Cappellari el 26 de enero de 1825, aunque se le había pedido su estudio el ya 8 de enero del mismo año. Sobre el informe de Jiménez de Enciso y sobre su pedido, el padre Cappellari emitió su voto, a manera de apéndice, al que ya estaba en imprenta.[21]

Integraba también el material de estudio la encíclica de León XII del 24 de septiembre de 1824,[22]así como una copia de la carta del vicepresidente de la Gran Colombia, Francisco de Paula Santander, dirigida al Papa del 1 de agosto de 1822 y de la cual, por la duda de que no hubiera sido recibida en Roma, el obispo de Mérida enviaba una copia.[23]

En su carta, De Paula le manifestaba al Santo Padre que, entre las innumerables calamidades que por tanto tiempo han afligido a su pueblo, está como más sensible, la interrupción de la comunicación con el padre común de los fieles, la cual pasa a ser uno de los primeros deberes de su responsabilidad.[24]

No se encuentran entre los materiales de la ponencia, los informes elaborados por los obispos emigrados a España, como los del arzobispo de Caracas Narciso Coll y Prat. Se trata de los informes que, por expreso interés del cardenal Consalvi, había pedido la nunciatura de Madrid a los obispos emigrados de Hispanoamérica: fray Hipólito Sánchez Rangel de Mamas, el de Narciso Coll y Prat de Caracas y Bartolomé María de las Heras de Lima. Estos informes se encuentran en: Asv, Arch. Nunz. Madrid, 270, fasc. Relazioni. Fueron incluidos en los despachos del 17 y del 30 de noviembre y 31 de diciembre de 1822, respectivamente.

Era de esperarse que el informe de Coll y Prat (elaborado el 11 de noviembre de 1822) integrara el paquete de la ponencia sobre la Gran Colombia, pero no ocurrió así, lo que demuestra cómo estas relaciones no alcanzaron mayor relevancia en la curia pontificia, dada la distancia tanto geográfica como cronológica que transcurrió entre el exilio de los prelados y la redacción de los mismos; a lo que agrega el padre Leturia que estos informes no ofrecían al cardenal Consalvi una acción inmediata en favor de las Iglesias americanas porque los prelados no eran criollos, no vivían en sus sedes y sus informes no nacían de un acuerdo con las nuevas autoridades políticas de aquellas repúblicas.[25]

Del conjunto de la documentación aparecía cómo la autoridad civil no estaba contra la Iglesia. Esta afirmación la hacía explícita el padre Pacheco en su informe de 1822 dirigido al papa Pío VII, y que fuera recopilado por el experto para Hispanoamérica monseñor Mazio en su informe del 18 de abril de 1823. El franciscano Pacheco en aquella ocasión transmitía el pensamiento del líder revolucionario de Buenos Aires, Gregorio Funes, quien sostenía que “Su. M. Cattolica non ha più diritto alcuno di nomina, [...] i vescovi debbono attendersi dal sommo pontefice”.[26](Su Majestad Católica – El Rey de España- no tiene ya algún derecho de nombramiento, […] los obispos deben atenderse del sumo pontífice).

Cappellari, después de estudiar la documentación, la remitió de nuevo a la secretaría de la Congregación de Negocios Eclesiásticos Extraordinarios, manifestándole su parecer acerca del problema que se quería resolver.

El parecer del Cardenal Cappellari para la ponencia del 2 de Marzo de 1825

El parecer de Cappellari toca los dos aspectos fundamentales del problema, relacionados entre sí, el político y el eclesiástico, que luego expone.[27]En cuanto a la dimensión política no se le escapa lo intrincado del problema que indica a partir de los informes del obispo Lasso de la Vega y de los cabildos de Cartagena y de Bogotá. En aquellos momentos existía ya un enviado pontificio para Chile con el título de vicario apostólico y se preguntaba si los eclesiásticos que habían escrito a la Santa Sede (obispo y cabildos catedralicios podían dirigirse a él con sus dudas o si debían mejor dirigirse directamente a Roma).

Cappellari, tanto ahora, como más adelante en otra respuesta suya de 1826, ve inseparables los dos aspectos del problema hispanoamericano, el político y el religioso, precisamente por las dimensiones eclesiológicas que entrañaban,[28]por lo que su mente ya se muestra clara respecto al punto de referencia para su juicio: Roma.

“Que las dos dimensiones se implicaran una a la otra, lo descubre Cappellari en el modo cómo el gobierno republicano buscaba, por objetivos políticos, el establecimiento de relaciones comerciales y de peticiones pastorales a la Santa Sede, como lo reflejaban las súplica de los diputados de Venezuela y Nueva Granada, Peñalver-Vergara; Esta mutua relación y el particular deseo del gobierno la descubría Cappellari igualmente en la petición que, el 16 de junio de 1822, el ministro Zea, por medio del nuncio en París, le hiciera llegar al Santo Padre para pedirle el reconocimiento político de la nueva república y el establecimiento de relaciones políticas y comerciales. En este mismo sentido, Cappellari quiere entender la carta del vicepresidente Santander a Pío VII del 1 de agosto de 1822, de la cual una copia llegó a la curia en el informe de monseñor Lasso y en la que el vicepresidente habla de la ocasión propicia para expresar su deseo y el del pueblo colombiano de comunicarse con el sumo pontífice. Subraya en su carta que entre las calamidades del tiempo, la más sensible es la incomunicación con el padre común de los fieles, por lo tanto se siente en la necesidad de establecer relaciones con el Papa y para ello envía, revestido de todas las facultades, al abogado José Echavarría, para celebrar convenios y firmar concordato. A este intento se une la adhesión al nuevo régimen político del obispo de Mérida y de los Cabildos de Bogotá y de Cartagena que aparece en el conjunto de las relaciones y de las cuales se detallará cuando se hable del segundo aspecto del asunto. Concluye el elenco de las intervenciones en las que se ve el interés político en los asuntos eclesiásticos, con la afirmación que a tal situación colaboró la Santa Sede cuando no aceptó e incluso hizo que se retirara de Roma el enviado plenipotenciario de aquella república, Sánchez de Tejada, hecho que tiene todo un fondo político”.[29]

Sin embargo no se le escapaban las implicaciones políticas de un tal reconocimiento implícito de la nueva situación, tanto con España como con otras potencias que todavía no reconocían a los nuevos Estados, y al mismo tiempo la reacción de éstos ante cualquier decisión al respecto tomada por la Santa Sede.[30]Por ello proponía reiterar la antigua neutralidad declarada en tiempos de Pío VII cuando el Secretario de Estado Consalvi daba una respuesta al nuncio en París (Macchi) ante la petición en 1822 del enviado de la Gran Colombia, Francisco Antonio Zea, cuando se pedía la provisión de sedes vacantes y la estipulación de un concordato.[31]

Ahora, aquellas antiguas situaciones se habían complicado todavía más en cuanto que las nuevas Repúblicas seguían su curso y algunos prelados, entre ellos Lasso de la Vega y Jiménez de Enciso se mostraban partidarios de la nueva República (la Gran Colombia, creada por Bolívar y Santander).

“Decía don Mauro que la opción republicana del obispo Lasso resultaba peligrosa para la Santa Sede, no por su posición en sí misma, sino por haberse utilizado para su favor, las palabras que el Santo Padre le había escrito en la carta del 19 de noviembre de 1823; y así, presentándose como «uno degli apostoli dell'independenza», hacía entender a sus fieles, en la carta pastoral de 1824, que el santo padre estaba de acuerdo con los cambios políticos allí operados, y esto dejaba a la Santa Sede en una posición de total embarazo frente a otras cortes de Europa. En la carta que León XII le escribía a Lasso de la Vega, el 23 de noviembre de 1823, le decía: «esto ciertamente al paso que nos da un especial motivo de regocijarnos en el Señor, excitándonos a aquella caridad de Padre con que abrazamos toda su Grey, como si estuviese presente f...] con mayor vehemencia [lo sentimos] para que vengamos al socorro de las necesidades espirituales de tales fieles. Y así tus peticiones [... ] con toda diligencia ya se examinan, a fin de que podamos proveer en el Señor, lo más útil y conveniente a esas Iglesias; y esperamos hacerlo dentro de breve tiempo»; en la misiva el santo padre le daba noticia del envío de un vicario apostólico para Chile quien iba con facultades para todo el territorio de las antiguas colonias españolas”.[32]

Lo mismo que el obispo Lasso de la Vega había decidido, también lo decidió el obispo de Popayán Salvador Jiménez de Enciso. De su posición daba noticia al Santo Padre en el informe del 19 de abril de 1823. El paquete mandado por monseñor Jiménez no llegó a Roma junto con los de Lasso, por las razones ya indicadas. Monseñor Jiménez en su escrito manifestaba las razones que lo llevaron a decidirse por la causa republicana.

Cappellari sintetiza en cinco motivos las razones que llevaron a Jiménez de Enciso a convertirse a la causa republicana: haberse encontrado en situación de no poder escapar de las armas republicanas; no abandonar en la desolación a su grey e impedir, de esta manera, que se diera en la Iglesia de Colombia un cisma; aquella República «licet non jure», de facto se había ya erigido y emancipada después de insignes victorias; el ejemplo que le daban obispos como el de Lima y otros obispos, [sin decir el nombre, pero que de seguro se trataba de Lasso de la Vega de quien conocía la carta enviada al Papa el 19 marzo de 1823] que obedecían a los respectivos gobiernos independientes; por último, aparecía como una de las razones para su conversión a la causa republicana la revolución política que se vivía en España (hacía directa mención del trienio constitucional español 1820-1823).[33]

No se le escapaban a Cappellari las consecuencias o reacciones que podía traer consigo –en sentido opuesto- la publicación del breve pontificio del 24 de septiembre de 1824 (legitimista en su tono) tanto por parte de Madrid como por parte de los gobiernos independientes americanos. De hecho insinuaba una mirada más hacia el futuro que no hacia el pasado, y por ello al hecho mismo de las independencias con todas sus consecuencias y dejar por ello puertas abiertas para futuras negociaciones, hasta el reconocimiento de los futuros estados.

De todos modos, insistía en la antigua posición de la Santa Sede de permanecer sobre el nivel religioso sin entrar en los debates políticos en curso siguiendo en tal asunto cuanto Pío VII había subrayado en carta al obispo Lasso de la Vega el 7 de septiembre de 1822[34]y dado también en su tiempo al enviado pontificio para Chile[35]. La Santa Sede debía por ello dejar clara su neutralidad en el debate político entre el legitimismo español y la realidad de las nuevas Repúblicas, y poner en evidencia su preocupación pastoral en línea con las instrucciones dadas en su tiempo al obispo Muzi enviado a Chile como vicario apostólico.[36]

Cappellari reconoce las implicaciones políticas del aspecto religioso, lo que exigía por parte de la Santa Sede un cuidadoso estudio de todos los aspectos, ya que una aprobación de uno de ellos sin más, llevaba de hecho a desconocer la autoridad de los antiguos obispos ausentes, al reconocimiento también de la independencia y de la concesión sin más a las nuevas autoridades del antiguo derecho de patronato. Todo el intrincado asunto le lleva a proponer una neta diferenciación entre la atención espiritual de los fieles y las tareas administrativas de la Iglesia.

Por ello, Roma debía intervenir en el asunto. Se superaba así la directiva dada por León XII en su carta del 19 de noviembre de 1823 al obispo Lasso de la Vega,[37]de tratar los asuntos con el vicario apostólico de Chile.[38]La comunicación que directamente había comenzado el obispo de Mérida con la Santa Sede andaba ya muy avanzada para pretender, ahora, echarla para atrás; además la correspondencia había progresado ostensiblemente, pues ya se había superado el primer momento de la correspondencia en la que se hablaba de la subsistencia de aquellas Iglesias, a una pormenorizada información sobre la situación de su Iglesia y de las diócesis vecinas que comprendía los aspectos administrativos, eclesiales, pastorales, ministeriales y misioneros.

En las negociaciones que llevaba adelante con la Santa Sede ya se trataba de peticiones importantes de las que no se podía postergar su respuesta, que sería lo que hubiera ocurrido en caso de haberse aconsejado la vía de Chile para continuar el diálogo. Esto era lo que reflejaba la correspondencia intercambiada entre Lasso de la Vega y Pío VII entre 1821-1823 y sobre la cual se basaba Cappellari para desaconsejar que aquellos negocios cambiaran de ruta y comenzaran a viajar por Chile. Y con ello también el evidente «zigzag» en las respuestas de la Santa Sede a las dudas de los obispos hispanoamericanos como Lasso de la Vega, y también tenida cuenta de la imposible comunicación con un representante pontificio lejano e imposible de alcanzar dadas las circunstancias (guerras en curso, lejanía, inexistencia de correo, etc…).[39]

Cappellari concluía pues con un buen sentido de realismo a la hora de enjuiciar la manera de actuar de la Santa Sede, que será la nota distintiva de su actuación, una vez convertido en Papa, en relación al caso hispanoamericano, distinguiendo claramente la respuesta pastoral exigida y la atención eclesiástico-administrativa, sin entrar en cuestiones políticas.[40]

Daba también su parecer sobre la petición del obispo de Popayán, Salvador Jiménez de Enciso, que había llegado tarde a Roma, y que sería por ello analizado posteriormente.[41]El obispo pedía un legado o un vicario apostólico con amplias facultades con el título de Patriarca de la iglesia de Colombia, así como se había hecho en Francia en tiempo de la Revolución y de Bonaparte; en lo demás seguía las mismas líneas de Lasso de la Vega. Cappellari observará que la situación no era la misma y añadía algunas observaciones laudatorias sobre las observaciones del obispo Lasso de la Vega y daba explicación sobre las facultades dadas ya a monseñor Muzi para la Gran Colombia.[42]

NOTAS

  1. Cf. Álvaro LÓPEZ V, 293-345.
  2. Cf. A. DE MONTOR, Leone XII, I, 134-155; P. LETURIA, Relaciones.,., II, 234-237.
  3. De este importante colóquio no se conserva una versión oficial; cf. A. DE MONTOR, Leone XII, I, 134-135. LETURIA, Relaciones..., II, 235, nota 22.
  4. A. DE MONTOR, Leone XII, I, 168-169.
  5. Artaud de Montor dice Paraguay, mientras que Pedro de Leturia se refiere más ampliamente a la provincia del Río de la Plata, de la cual hacía parte el Paraguay. Agrega el padre Leturia que cuando Artaud de Montor prefiere decir Paraguay puede haberse dado por la investigación que Bonpland adelantaba por aquel tiempo;
  6. A. DE MONTOR, Leone XII, I, 168-169; LETURIA, Relaciones..,. II, 235.
  7. Cf. LETURIA, Relaciones..., II, 235.
  8. Cf. A. DE MONTOR, Leone XII, II, 240-244; LETURIA, Relaciones..., II, 235.
  9. AA.EE.SS., A. III, Colombia, 284,1822-1825, 68; P. LETURIA, Relaciones..., II, 235; LETURIA,- BATLLORI, La primera misión pontificia a Hispanoamérica..., 107.
  10. LETURIA, Relaciones..., III, 206-227.
  11. A. R. SILVA [compilador], Documentos para la Historia de la Diócesis de Mérida, 6 vols, Mérida 1908-1927, VI, 16-19.
  12. A. R. SILVA, Documentos..., VI, 16-77.
  13. Asv, Segr. Stato, Esteri, 279, fase, 5, busca 592,1824-1829.
  14. Cf. LETURIA,II, 288-291.
  15. A. LÓPEZ V., o.c., 302, n. 23.
  16. LETURIA, II, 288. Monseñor Mazio se había interesado bajo Pío VII sobre los problemas de Hispanoamérica: LETURIA, II, 288.
  17. El original latino en: Asv, Segr. Stato, Esteri: publicado por P. LETURIA, III, 16-20. Traducción española también en: LETURIA, La acción diplomática de Bolívar ante Pío VII, 95-101; A. FILIPPI, Bolívar y la Santa Sede. Religión, diplomácia, utopía (1810-1983), Caracas 1996, 130-134.
  18. A. LÓPEZ V., o.c., 303-346. Lasso de la Vega escribió a Roma en diversas ocasiones; los materiales entregados a Cappellari para el estudio en 1825 fueron: la carta del 20 de octubre de 1821, el informe del 19 de marzo de 1823 donde integraba informes del cabildo eclesiástico de Bogotá y Cartagena. El informe del cabildo de Santa Fe de Bogotá con fecha 18 de marzo de 1823 se encuentra en su versión original en: Asv, Segr. Stato, Esteri, 281, busca 600, 1826-1830; todo el paquete de estos materiales se encuentran en una síntesis en Italiano en Asv, Segr. Stato, Esteri, 281, busca 600, 1826-1830, cuyo título es: Affari eclesiastici delle diocesi di Merida, Cartagena e Santa Fe appartenenti alía nuova república Americana de Colombia; y dos cartas de 1824, la primera del 19 de febrero y la segunda del 19 de mayo. Estos materiales se encuentran en: Asv, Segr. Stato, Esteri, 281,1814-1821, que es el texto en latín de los dos primeros, igualmente una copia del segundo documento en ID., 279, busca 592, 1824-1829 y de los cuales existe traducción española en A. R. SILVA, Documentos..., VI, 16-19, 59-69; LETURIA, La Acción diplomática de Bolívar..., 149-150; A. FII,IPPI, Bolívar y la Santa Sede, 134-136. Las cartas posteriores están en: Asv, Segr. Stato, Esteri, 281, busta 600, 1826¬1830, la primera y texto español de ambas en A. R. SILVA, Documentos..., VI, 84-86, 93-96. Los informes del obispo Lasso de la Vega son del 19 de marzo; el obispo quería de esta manera mostrar su especial devoción a San José a quien había sido ofrecido cuando era pequeño, como le contaba a León XII en la carta del 19 de mayo de 1824.
  19. El informe del obispo de Popayán (19 de abril de 1823); su texto en latín en: Asv, Segr. Stato, Esteri, 279, fase. 5 bis, busta 592, 1824-1829; igualmente en 281, busta 600, 1826-1830; traducción española en P. LETURIA, La emancipación hispanoamericana en los informes episcopales a Pío VII, 170-184; ID., El Ocaso del patronato español, 223-231.
  20. LETURIA, III, 271.
  21. Como se lee en AA.EE.ss., A. II, Colombia, fase., 284, 1822-1825, 69r-70v.
  22. Todo el material se encuentra en AA.EE.SS., A. II, Colombia, fase., 284, 1822-1825, 28 r-70v, es este el material imprimido que le anunciaba el secretario de la Congregación monseñor Sala, el mismo es precedido del informe del obispo de Caracas, monseñor Coll y Prat (páginas 1-9) y de Fernando Caycedo (páginas 15-18); inmediatamente está el manuscrito al que se refiere monseñor Sala en la carta que le escribiera al padre Cappellari; Id., 73r-106v, lo diferencia del material imprimido que en el manuscrito sigue el orden cronológico según fueron llegando, los diversos materiales, a Roma a comenzar de la carta Peñalver- Vergara del 27 de marzo de 1820.
  23. Cf., Asv, Segr. Stato, Esteri, 281, busta 600, 1826-1830: affari ecclesiastici della Diocesi di Merida.
  24. AA.EE.SS., A. II, Colombia, fase., 284, 1822-1825, 36r. (es una síntesis de la misma que pasó como parte del material para la ponencia del 2 de marzo de 1825), su original latín en: Asv, Segr. Stato, Esteri, 281, 1814-1821; copia igual en AGN, Scs. EOR, 81, caja 123, carpeta 467, Legaciones y consulados.
  25. Cf., LETURIA, Relaciones..., II, 169. El informe de monseñor Coll y Prat se encuentra igualmente en Asv, Segr. Stato, Esteri, 270, Relazioni; una sinópsis y juicio del informe se encuentra en LETURIA, Relaciones..., III, 183-198; apartes del mismo en A. GUTIÉRREZ, La iglesia que entendió el libertador..., 154-155; A. FILIPPI, Bolívar y la Santa Sede, 138-143.
  26. Publicado por LETURIA, Relaciones..., III, 10. Afirmaciones parecidas se encuentran en la carta que Simón Bolívar le remitiera a monseñor Jiménez en 1822 cuando lo invitaba a regresar y permanecer en su diócesis, en la ocasión le decía que «el mundo es uno, la religión otra», en Asv, Segr. Stato, Esteri, 279, busta 592,1824-1829.
  27. Cfr. voto en: Asv, Segr. Stato, Esteri, 281, busca 600, 1826-1830; publicado por P. LETURIA, III, 283-296; el original de las actas de aquella importante reunión del 2 de marzo de 1825 se encuentra en AA.EE.ss., A. III, Colombia, fase, 285, 1825, 6r-25r., es la sección N° 95; también en AA.EE.ss., Rapporti delle sessioni, XI, fase, 2, doc., 2, Sess. N° 95, 2-III-1825, 28r-70v: Affari trattato in questa sessioni: Nuova repubblica di Colombia. Provvidenze delta Santa Sede per la nuova Repubblica di Colombia. ÁLVARO LÓPEZ V., El papa Gregorio XVI y la reorganización de la Iglesia Hispanoamericana…, 306ss da amplia razón del mismo y da cumplida referencia de las exposiciones en propósito de los obispos Mario y Sala: AA.EE.SS., Rapporti delle sessioni, XI, fase, 2, doc., 2, 59v.
  28. AA.EE.SS., Rapporti dalle sessioni, XI, fase, 2, doc., 2, 59 v-60r.
  29. A. LÓPEZ V., o.c., 309, nota 42; cf., AA.EE.SS., Rapporti dalle sessioni, XI, fase, 2, 60, con sus respectivos remitentes a páginas donde la ponencia ubica las diferentes intervenciones del nuevo gobierno (páginas 1, 2, 7,17 y sobre todo el sumario de todos las relaciones, desde la página 18 hasta la página 63. Los números de páginas indicados en este paréntesis corresponden al legajo de la ponencia enviada a Cappellari y no a la numeración continuada del archivo que se consulta.
  30. AA.EE.SS., Rapporti delle sessioni, XI, fase., 2, doc., 2, 66..
  31. Cfr. en LETURIA- BATLLORI, La primera misión pontificia..., XXIX-XXXI; LETURIA, III, 231.
  32. A. LÓPEZ V., o.c., 310-311, notas 42 y 43; cf. en: A. R. SILVA, Documentos..., VI, 87-89; igualmente en: A. FLLIPPI, Bolívar y la Santa Sede, 143-145; LETURIA, El Ocaso del patronato..., 273-274. El original en latín de esta carta se encuentra en: Asv, Segr. Stato, Esteri, 281, 1814-1821. y publicado por LETURIA, Relaciones..., 111, 275-277.
  33. Cf., AA.EE.SS., Rapporti delle sessioni, XI, fase., 2, 69v. El informe de monseñor Jiménez de Enciso se encuentra en original latín en: Asv, Segr. Stato, Esteri, 281, busta 600, 1826-1830; ID., 279, 5 bis, busta 592, 1824-1829; el mismo en traducción española en LETURIA, El Ocaso del patronato español..., 223-231; ID., La Emancipación..., 170-174.Cf., AA.EE.SS., Rapporti delle sessioni, XI, fasc., 2, doc., 2) es una página escrita a mano y sin numeración que lleva la fecha del 28 de enero 1825 y se encuentra ubicada entre las que llevan el número 22-23 del archivo). En el apéndice el padre Cappellari dice que recibió el paquete el 26 de aquel mes de enero [pudo haber errado el amanuense en la fecha] y remite la noticia de lo que contenía el paquete; cf., AA.EE.SS., Rapporti delle sessioni, XI, fase., 2, doc., 2, 69r-70v.
  34. A. R. SILVA, Documentos para la historia de la Diócesis de Mérida..., VI, 57-58; J. F. BLANCO-R. AZPURRUA, Documentos para la vida pública del libertador, VIII, 525-526; A. FILIPPI, Bolívar y la Santa Sede, 136-137.
  35. ÁA.EE.SS., Rapporti delle sessioni, XI, fase., 2, doc., 2, 5lv (en la numeración de la ponencia corresponde a la página 48); sobre el breve y las instrucciones dadas a monseñor Muzi cf., p. LETURIA-M. BATLLORI, La Primera misión pontificia a Hispanoamérica 1823-1825..., 52-93.
  36. “Esta posición la concluía de estudiar la carta de los agentes Fernando Peñalver y José María Vengara del 27 de marzo de 1820 y de considerar la actitud humilde y comprensiva que tuvo Sánchez de Tejada hacia el Papa cuando al verse obligado a salir de Roma, dijo ‘la Santa Sede non poteva agire diversamente’” ( Á. LÓPEZ V., o.c., 314, nota 52); LETURIA, El Ocaso del patronato..., 96; A. FILIPPI, Bolívar y la Santa Sede, 131. El original del informe, en latín, se conserva en: Mv, Segr. Stato, Estera, 281, 1814-1821; y una copia del mismo se encuentra en: AA.EE.SS., Rapporti dalle sessioni, XI, fasc. 2, doc. 2, 28v-30v.; transcripción completa del mismo en LETURIA, Relaciones..., III,16-20.); AA.EE.SS., Rapporti dalle sessioni, XI, fasc. 2, doc. 2, 62.
  37. Todo se refiere a la carta de Lasso del 20 octubre de 1821, a la respuesta del papa Pío VII del 7 de septiembre de 1822 y al informe del obispo, como respuesta al pedido del sumo pontífice, del 19 de marzo de 1823; materiales que el padre Cappellari recibiera como parte del material de la ponencia para analizar. Este material se encuentra en: AA.EE.ss., Rapporti delle sessioni, XI, fase, 2, doc., 2, 32r-36r, 36v-41v. Una parte de estos papeles, es decir las páginas 32r-36r, son copia de una síntesis en italiano preparada por monseñor Mazio que se encuentra en: Asv, Segr. Stato, Esteri, 281, busta 600,1826-1830. Su título es: Affari ecclesiastici delle Diocesi di Merida, Cartagena e Santa Fe; appartenenti ella nuova Repubblica Americana di Colombia.
  38. A. R. SILVA, Documentos..., VI, 88; LETURIA, El Ocaso del Patronato..., 274; A. FILIPPI, Bolívar y la Santa Sede, 144.
  39. En AA.EE.SS., Rapporti delle sessioni, XI, fase., 2, doc., 2, 49; Asv, Segr. Stato, Esteri, 281,1814-1821; LETURIA, III, 275-277; A. R. SILVA, Documentos..., VI, 88; 93-95;lo mismo subraya Francisco Pomarés, agente eclesiástico en Roma de varios obispos de Hispanoamérica, AA.EE.SS., Rapporti dalle sessioni, XI, fase, 2, doc., 2, 63.
  40. Á. LÓPEZ V., o.c., 318-333,examina luego el aspecto eclesiástico del “voto” de Cappellari: peticiones de la Iglesia de la Gran Colombia a la Santa Sede: 1821-1825, análisis de cada una de ellas, respuestas dadas a cada una de ellas, con los comentarios a cada punto por parte de Cappellari.
  41. Cuando a Cappellari le fue remitida la relación de Jiménez de Enciso, el 26 de enero de 1825, le fue escrito que había llegado una notificación desde Colombia. Haga el favor de examinarla, para conocer si sea necesario de añadir algún apéndice a su voto que ya se encuentra en la imprenta: en AA.EE.SS., A. III, Colombia, fase., 284, 1822-1825, sln.
  42. Cf., AA,EE.SS., Rapporti delle sessioni, XI, fase., 2, doc., 2, 70.


FIDEL GONZÁLEZ FERNÁNDEZ