HISTORIOGRAFÍA ECLESIÁSTICA CHILENA

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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La historia de la Iglesia ha sido cultivada en Chile desde los tiempos del dominio español, sea como parte de la historia general del reino, sea para dar a conocer la labor de la Iglesia y de sus ministros a lo largo del tiempo, o ambas cosas a la vez. Quizás la obra más conocida sea el libro del jesuita P. Alonso Ovalle, S. J. Histórica relación del Reino de Chile, y de las misiones y ministerios que ejercita en él la Compañía de Jesús, publicada en Roma en 1646, y que, tal como reza el título, comprende un relato de las realizaciones de dicha orden, además de una descripción del territorio y una historia política.

Su coetáneo y hermano de religión, el P. Diego de Rosales, autor de una Historia General del Reino de Chile, escribió también una obra sobre la Conquista Espiritual de Chile, de la cual solo sobreviven fragmentos con biografías de algunos religiosos de la Compañía. Ya en el siglo XVIII, el jesuita Juan Bernardo Bel escribió una Breve Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús en Chile (1593-1736) atribuida originalmente a Miguel de Olivares S. J. cuya Historia Militar, Civil y Sagrada de Chile también enfatiza la obra de sus hermanos en religión.

Menos difundidas son las obras históricas de los franciscanos: el Coronicón Sacro-Imperial de Chile de Francisco Xavier Ramírez, o.f.m., concluido en los primeros años del siglo XIX, se refiere latamente a la labor evangelizadora de la orden seráfica. Algo semejante sucede con la Descripción Historial de la Provincia de Chiloé, de Pedro González de Agüeros o.f.m., publicada en Lima en 1790, cuya segunda parte está dedicada enteramente a la labor misional de los franciscanos en el archipiélago.

Consolidada la Independencia del país, Andrés Bello, en su calidad de rector de la Universidad de Chile, se propuso estimular el cultivo de la historia mediante la confección de memorias anuales relacionadas con el pasado nacional. El primero de estos trabajos relativo la historia eclesiástica corresponde a la Memoria sobre el servicio personal de los indígenas y su abolición, presentada por el presbítero José Hipólito Salas en 1848 y premiada por la Facultad de Teología. En ella, Salas destacaba la labor de la Iglesia y de los religiosos en la defensa de la libertad de los indígenas, que, a su juicio era un antecedente de la libertad política por la cual lucharon los criollos a partir de 1810.

Por el mismo tiempo, el presbítero José Ignacio Víctor Eyzaguirre, decano de la Facultad de Teología terminaba la redacción de su Historia Eclesiástica, Política y Literaria de Chile; una obra de gran envergadura, publicada en tres tomos en 1850. La obra fue traducida al francés y editada en Paris en 1855. También Eyzaguirre destacaba la labor de los misioneros en atraerse la voluntad de los indígenas quienes irían identificando la doctrina cristiana con la base de su independencia. Estas historias buscaban dar un interpretación trascendente a los acontecimientos históricos, pero se alejaban de las orientaciones impuestas por Bello sobre la necesidad de relatar los sucesos a partir de la revisión de las fuentes, de manera de que la interpretación del pasado se base en documentos.

Consciente de este imperativo, el arzobispo Rafael Valentín Valdivieso encomendó a Eyzaguirre reunir documentos para poder conocer el pasado de la Iglesia chilena, como efectivamente hizo, y él mismo en sus viajes por Europa, hizo sacar copias de la correspondencia de los obispos, documentos relativos a cabildos eclesiásticos, catedrales, casas de religiosos, reales cédulas y otros documentos de interés. Buena parte de estos papeles fueron publicados en la Colección de Documentos Históricos del Archivo del arzobispado de Santiago, editada por Elias Lizana y Pablo Maulén entre 1919 y 1921.

El arzobispo Valdivieso instó a su sobrino, Crescente Errázuriz, de aprovechar esta documentación para redactar una historia de la Iglesia en Chile. Este, sin embargo, solo se abocó a la tarea años más tarde cuando escribió su libro, Los Orígenes de la Iglesia Chilena 1540-1603 aparecido en 1873. El motivo para escribir fue la publicación del primer tomo de Los Precursores de la Independencia de Chile, de Miguel Luis Amunátegui, que dejaba mal parada a la Iglesia en el período hispano.

Este debate historiográfico fue parte del conflicto entre los católicos y las tendencias secularistas en la época que desembocó en la aprobación de las llamadas “leyes laicas” durante el gobierno de Domingo Santa María. Errázuriz, no continuó con este proyecto de historia eclesiástica, y sus libros posteriores se refieren a los sucesivos gobernadores de Chile desde Pedro de Valdivia, si bien en todos ellos se deja bien parada a la Iglesia.

Una de las constantes de la historiografía eclesiástica chilena en los años siguientes fue la defensa de los derechos de la Iglesia frente al regalismo estatal, y la valoración de su labor educativa y cultural. Lo primero se aprecia, por ejemplo, en las biografías del obispo Rafael Valentín Valdivieso, del obispo de Concepción, José Hipólito Salas y del obispo de La Serena, José Manuel Orrego, escritas, respectivamente por los presbíteros Rodolfo Vergara Antúnez, Espiridión Herrera y Juan Ramón Ramírez y, remontándose más atrás en el tiempo, el estudio de Carlos Silva Cotapos sobre el obispo José Santiago Rodríguez Zorrilla, todas ellas publicadas en la segunda década del siglo XX.

Lo segundo, aparece también en la mencionada obra de Ramírez y con más fuerza en la Historia Eclesiástica de Valparaíso de Vicente Martín y Manero de 1890, cuyo eje central es destacar la labor de la Iglesia a través de sus establecimientos educacionales. Además de estos libros, están los numerosos artículos de índole histórica aparecidos en la Revista Católica, fundada por el obispo Manuel Vicuña en 1843 como órgano de expresión del arzobispado de Santiago, y que, con algunas interrupciones y cambios, continúa hasta el presente.

La reforma de las órdenes religiosas tradicionales, impulsada por el arzobispo Valdivieso, las dejó a en buen pie para escribir y dar a conocer la labor realizada, lo que tenía como objeto refutar las críticas de los historiadores liberales y entusiasmar a las nuevas generaciones. Conforme a las exigencias de la historiografía, estas obras estaban basadas en documentación original conservada en archivos europeos. Es el caso de la Historia de los Agustinos en Chile de Víctor Maturana (2 vols. Santiago, 1904), de la Historia de las Misiones del Colegio de Chillán del P. Roberto Lagos (Barcelona, 1908), la historia sobre Los primeros Mercedarios en Chile 1535-1600 de Policarpo Gazulla (Santiago, 1918). A la serie hay que agregar dos obras de religiosos extranjeros que sirvieron en Chile: la Historia de la Compañía de Jesús en Chile del español Francisco Enrich (2 vols. Barcelona 1891), y la Historia de la Provincia Dominica en Chile, (Concepción, 1898 y Santiago, 1985) del italiano Raimundo Ghigliazza. A este período de florecimiento de la historiografía eclesiástica corresponde también los estudios de Reinaldo Muñoz Olave sobre la diócesis de Concepción, el Diccionario Biográfico del Clero Secular de Chile. 1535-1918 (Santiago, 1922), continuado posteriormente por Raimundo Arancibia Salcedo y Marciano Barrios Valdés, y la Historia Eclesiástica de Chile de Carlos Silva Cotapos (Santiago, 1925)

Con la separación de la Iglesia y el Estado formalizado en la Constitución de 1925, aminoraron las tensiones que habían marcado la época anterior y la historiografía eclesiástica pierde su carácter apologético. Una institución importante para el cultivo de la historia de la Iglesia fue la Pontificia Universidad Católica de Chile, a través de la Facultad de Teología y el Instituto de Historia fundado por Jaime Eyzaguirre como centro de Investigación.

La primera, inaugurada en 1935, impartió desde sus inicios, un curso de historia eclesiástica. Entre sus profesores que han cultivado este género se incluyen el obispo Carlos Oviedo O.M., quien llegó a ser decano de dicha Facultad, los padres Gabriel Guarda, O.S.B., Julio Jiménez S. J., Luis Olivares, o.f.m., Mauro Matthei, O.S.B., Marciano Barrios Valdés, Javier González Echenique, Fernando Retamal Fuentes y Antonio Rehbein, cuyos aportes se comentan más adelante. La Facultad tiene dos publicaciones seriadas: los Anales, que nació como parte de la Revista Universitaria y, que desde la década de 1960, se transformó en una colección de monografías, y Teología y Vida, que se concibió como servicio a la actividad pastoral y que en los años 70 se transforma en una revista teológica.

En los Anales se han dado a luz los tres trabajos de Marciano Barrios sobre Historiografía Eclesiástica Chilena (1987, 1990, y 1995) y dos importantes series documentales: las Cartas e informes de misioneros jesuitas extranjeros en Hispanoamérica, seleccionadas, traducidas y anotadas por Mauro Matthei y publicadas en cinco volúmenes entre 1969 y 2001, y la Chilensia Pontificia recopilada y traducida por Fernando Retamal, dada a luz en ocho volúmenes entre 1998 y 2006. Esta última obra reproduce documentos, emanados de la Santa Sede o dirigidos a Roma por las autoridades eclesiásticas locales, publicados en su idioma original y traducción castellana, que tratan sobre los más diversos aspectos de la marcha interna de la Iglesia chilena y las relaciones con el Estado; cronológicamente, cubren desde 1561, fecha de la creación del obispado de Santiago, hasta el 2005, si bien el énfasis está en la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del XX. Además de las obras anteriores, se han publicado en los Anales algunas tesis de licenciatura en Teología e Historia sobre temas de historia eclesiástica.

El Instituto de Historia fundado en 1961 reunió a un conjunto de investigadores de la historia de la Iglesia. Al obispo Oviedo, Gabriel Guarda y Javier González, ya mencionados, se agregó el P. Walter Hanisch Espíndola, S.J. El anuario Historia, publicado a partir de ese año, incluyó estudios y documentos sobre esta especialidad, un énfasis que se fue perdiendo en los decenios siguientes. A esta revista se agregaron algunos libros como fueron el del obispo Oviedo sobre La Misión Irarrázaval en Roma (1962), el de Miguel Guzmán y Octavio Henríquez, sobre Francisco de Paula Taforó y la vacancia arzobispal de Santiago (1962), y la monografía sobre la parroquia de Peumo del Padre Hanisch (1963).

Algunos de los autores en este grupo fueron desarrollando líneas de investigación que mantienen en el tiempo. Carlos Oviedo se fue concentrando en el estudio de los obispos y los sínodos chilenos. Al asumir como arzobispo de Santiago, impulsó la elaboración de un Episcopologio Chileno, ayudado en esta tarea por Marciano Barrios quien dirigió al equipo de colaboradores. Los cuatro tomos publicados en 1992, tratan sobre los prelados del período hispano, destacando la biografía de Manuel de Alday elaborada por Javier González. La continuación de la serie, con las biografías de los obispos del período republicano no llegó a materializarse. Por su parte, el P. Hanisch orientó sus esfuerzos a la historia de la filosofía en Chile y a la de los religiosos de la Compañía de Jesús en Chile hasta su expulsión y a sus trabajos y vicisitudes en el destierro.

Por último, Gabriel Guarda se ha preocupado de la labor evangelizadora de los laicos durante el período hispano, además del estudio de los edificios destinados al culto, reflejo de su formación como arquitecto. Recientemente dio a luz una contundente historia de la Iglesia hasta la Independencia con el título de La Edad Media en Chile (2011) en la cual aborda los distintos aspectos de la labor eclesial, tratando por separado la labor misional entre los indígenas y la atención espiritual de los españoles. Las obras de estos tres autores – Oviedo, Hanisch y Guarda- se caracterizan por su sólida base documental, tomada de fuentes de archivos nacionales y extranjeros

En el caso de los franciscanos, la riqueza de sus archivos ha sido puesta en valor por el P. Rigoberto Iturriaga, que ha editado una serie de opúsculos, más de cien en número, en los que se publican documentos y monografías relativas a la orden, entre los cuales cabe destacar aquellos relacionados con la labor evangelizadora de los seráficos en el sur de Chile.

Testimonio del interés por la historiografía eclesiástica es la fundación de Sociedad de Historia de la Iglesia en Chile creada en 1982 al alero del Seminario Pontificio Mayor por iniciativa de Marciano Barrios y con el apoyo de Antonio Rehbein, ambos de la Facultad de Teología, junto con el P. Jorge Falch del Seminario. Sus miembros se reúnen regularmente y publican el Anuario de Historia de la Iglesia en Chile, del cual han aparecido 30 números hasta el año 2013 El Anuario incluye una bibliografía de las publicaciones relativas a la especialidad. Esta institución ha impulsado la edición de una Historia de la Iglesia en Chile, obra colectiva dirigida por Marcial Sánchez Gaete, de la cual han aparecido tres tomos (2009-2011) que cubren cronológicamente hasta el primer cuarto del siglo XX. Antes que una obra de síntesis, se trata de un conjunto de monografías que abordan algunos de los principales aspectos del tema general.

Con una perspectiva metodológica más avanzada, René Millar y Lucrecia Enríquez se han adentrado con éxito en algunos temas específicos. Comenzando con sus trabajos acerca de la Inquisición en el virreinato del Perú, el profesor Millar ha derivado sus investigaciones al estudio de casos de santidad y falsa santidad, el contexto social en que se producen y los dilemas que plantean a las autoridades religiosas. Por su parte, la profesora Enriquez, investigó las carreras eclesiásticas de los prelados chilenos en el siglo XVIII y la importancia que tiene para este efecto las relaciones en la corte de Madrid, para luego extender sus intereses a las relaciones entre la Iglesia y el Estado a comienzos del siglo XIX, tema que ha sido y está siendo abordado por otros autores.

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JUAN RICARDO COUYOUMDJIAN