IDEOLOGÍAS EN EL MÉXICO PORFIRISTA Y REVOLUCIONARIO

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
Revisión del 19:25 16 oct 2016 de Vrosasr (discusión | contribuciones) (→‎NOTAS)
(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda

LA IDEOLOGÍA POSITIVISTA

El positivismo es una ideología surgida de la mente de Augusto Comte (1798-1857), quien redujo la realidad del ser humano a lo empíricamente verificable, absolutizando así a la experiencia.

Según el positivismo solo sería válida la ciencia experimental, por lo que despreció a la razón, a la moral, a la religión, las cuales, según él, eran “estadios superados”, pero cuyos restos constituían un lastre para el progreso, por lo que era necesario eliminarlos.

El positivismo llegó a México en las maletas ideológicas del Dr. Gabino Barreda (1818-1880), quien conoció a Comte en París en 1848. Desde 1867 hasta 1878, Barreda fue director de la Escuela Nacional Preparatoria donde se formaban los futuros profesionistas mexicanos, afirmando que el Positivismo constituía “el más seguro preliminar de la paz y del orden social”, por lo que todos los alumnos tenían que cursar matemáticas, física, química, astronomía y cosmografía, mientras fueron eliminadas todas las materias humanistas, independientemente de los estudios que posteriormente quisieran seguir en alguna «escuela» (Medicina, Derecho, etc.) pues la Universidad había sido clausurada definitivamente por Maximiliano en 1865.

La educación positivista del porfirismo “creó una generación de fríos, indiferentes y comodinos, que no tuvieron más dios que el estómago y la bolsa. Las escuelas secundarias y la preparatoria, fueron mina de pedantes, negadores de todo y fríamente enfrentados a la vida con una actitud que puede encerrarse en el verso de un poeta de aquellos días: ni amor al mundo, ni piedad al cielo.”[1]

Pero no todos aceptaron el modelo único de instrucción impuesto por el influyente grupo porfirista de «los científicos». Frente al positivismo y «los científicos» surgió el «Ateneo de la Juventud Mexicana», grupo de jóvenes intelectuales fundado en 1909 por Antonio Caso que buscaba denunciar las falacias del positivismo y advertir de sus consecuencias.

En el «Ateneo de la Juventud» militarán jóvenes destacados como José Vasconcelos, Alfonso Reyes y Nemesio García Naranjo. Crítico del positivismo y reciamente consiente de la realidad que le tocó vivir, Antonio Caso fue siempre contrario a las manifestaciones meramente materiales de un progreso que no hacía sino fomentar la ambición de muchos hombres públicos sin escrúpulos.

“Nuestro siglo –nos dice Caso– es codicioso, rencoroso, arbitrario, sanguinario, perverso. Pero todos los siglos lo han sido también. [...] Progresamos en otros órdenes [...] más no como sujetos de moralidad. Hoy hay tan pocos santos como siempre. Hoy hay tantos malvados como siempre. [...] Nuestra ciencia y nuestra industria realizaron progresos estupendos. [...] Ayer, nuestros abuelos cabalgaban sobre caballos y mulos; nuestros padres cabalgaron sobre el vapor aprisionado sabiamente en las calderas de las locomotoras; nosotros cabalgamos sobre la electricidad domesticada en los aeroplanos; nuestros hijos o nuestros nietos cabalgarán sobre un rayo de sol de estrella a estrella; y, a pesar de tantas conquistas industriales y científicas, Caín seguirá degollando a Abel, y Jesucristo implorará desde su cruz vacía, el ánimo de seguirlo heroicamente, desdeñando las variedades de la codicia y la farsa para ocupar un sitio, siquiera fuere pequeño y apartado, en las laderas sacrosantas del Gólgota”.[2]

LOS CIENTÍFICOS

El ya mencionado grupo de «los científicos» fue la versión política del positivismo porfirista, y fue encabezado por el influyente Ministro de Hacienda José Ives Limantour En total acuerdo con Porfirio Díaz, en 1892 Limantour formó el Partido Unión Liberal, y en el discurso de fundación afirmó que ese partido tenía el propósito de establecer la dirección «científica» del gobierno y el desarrollo «científico» del país. Por eso de forma irónica el influyente grupo de Limantour, formado por latifundistas y burócratas, fue llamado de «los científicos», aunque entre ellos no hubiera algún químico, biólogo, físico o matemático.

El mismo Ives Limantour, de padres franceses que hicieron una enorme fortuna comprando a precios irrisorios más de 400 edificios (conventos, hospitales, escuelas, asilos, etc.), confiscados a la Iglesia por los gobiernos liberales, era un abogado graduado en la Escuela Nacional de Jurisprudencia.

El general Porfirio Díaz pudo permanecer en el poder durante treinta años gracias a su habilidad para controlar a estamentos importantes como el ejército, la masonería, e incluso a algunos obispos. En esa labor fue especialmente importante el apoyo del grupo positivista de «los científicos», que también utilizaron sus influencias políticas en beneficio propio, y colaboraron a establecer muchas de las injustas condiciones sociales que posteriormente desencadenarían la larga revolución fratricida.

En la década siguiente ya en plena revolución, las ideas del positivismo influyeron lo mismo en los constituyentes carrancistas de 1916, que en los gobiernos militares revolucionarios que provocaron entre otros conflictos la sangrienta persecución religiosa y la Guerra Cristera.

LA IDEOLOGÍA DEL ANARQUISMO

La etimología de «Anarquía» es: ausencia de autoridad. Pero su categoría ideológica es la libertad; reduce la realidad personal y social a la libertad, y luego absolutiza la libertad. La libertad es todo, por lo que también puede ser llamado «libertarismo». Justicia, verdad, solidaridad, etc., deben quedar sometidas a la libertad, entendida como hacer lo que se apetezca sin restricción ni responsabilidad alguna. Como doctrina política, el Anarquismo es la abolición del Estado, entendido como gobierno y por extensión la abolición de toda autoridad, jerarquía, institución o control social, las que son consideradas indeseables y nocivas.

Los padres del Anarquismo como doctrina ideológico-política fueron: el revolucionario francés Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), y el revolucionario ruso Mijaíl Bakunin (1814-1876). Proudhon es conocido sobre todo por la célebre frase “la propiedad es un robo”, la que sostiene en su libro «Qu'est-ce que la propriété?» (1840), frase que es un monumento al contrasentido, pues el robo no podría darse sin propiedad.

Bakunin decía profesar el ateísmo más radical pero en realidad más que a-Teo, su pensamiento era anti-Teo, como se trasluce en su libro «Dios y el Estado» donde expresa incluso una admiración por Lucifer, a quien considera un revolucionario en el cielo contra el poder de Dios, de quien dirá “Un jefe en el cielo es la mejor excusa para que haya mil en la Tierra.”

Tanto Proudhon como Bakunin se relacionaron con Carlos Marx en París, pero ambos rompieron con él y acabaron fuertemente enemistados; y ello no por sus coincidencias sobre la eliminación de la propiedad ni por su materialismo y ateísmo, sino porque Marx proponía la «dictadura del proletariado» como medio para alcanzar la «sociedad sin clases», mientras que Proudhon y Bakunin se oponían a dicha dictadura porque implicaba una autoridad, aunque ésta fuera la de los proletarios.

El medio revolucionario que proponía el anarquismo era pues, destruir cualquier autoridad, ya fuera civil, militar o religiosa, y el ejemplo de la Revolución francesa les sugería que la violencia era el camino más rápido para lograrlo.

EL PARTIDO LIBERAL MEXICANO

La ideología del anarquismo llegó a México en 1860 por medio del anarquista griego Plotino Rhodakanaty (1828-1890), quien fundó en Chalco la escuela «La Social» y el «Club Socialista». “A su llegada a México y para involucrarse en la discusión política escribió un panfleto titulado «Cartilla Socialista», o sea el catecismo elemental de la escuela de Carlos Fourier: el falansterio, en donde explicaba los principios de una sociedad agrícola utópica, resultado de la comprensión de la armonía del universo, además de atacar a las instituciones humanas como causantes de los males sociales”.[3]

Pero la influencia de Rhodakanaty en el México porfirista fue bastante marginal. Serían los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón quienes impulsarían de manera importante el anarquismo en México. El hermano mayor de los Flores Magón, Jesús, no fue anarquista y se distanció de sus hermanos por el apoyo que él dio a Francisco I. Madero y su revolución que proponía un gobierno democrático y un Estado de derecho.

Ricardo y Enrique Flores Magón empezaron a figurar en el panorama político de México por medio de la fundación de dos periódicos:

«Regeneración», en el año 1900, «El hijo del Ahuizote», en 1902. En ambas publicaciones proponían la abolición del Estado y de la propiedad privada mediante una revolución social, política y económica de carácter libertario.

Por sus continuos ataques al gobierno, Porfirio Díaz persiguió a los Flores Magón quienes tuvieron que exiliarse en los Estados Unidos, donde fundaron el «Partido Liberal Mexicano» en Saint Louis Missouri en 1906.

Al estallar la Revolución encabezada por Francisco I. Madero en 1910, “Enrique y Ricardo Flores Magón, los socialistas radicales fundadores del Partido Liberal Mexicano (PLM) no se unieron a Madero porque Madero era un millonario y porque «quiere establecer una república burguesa como los Estados Unidos. Su Partido es puramente político y capitalista y enemigo natural del PLM.».”[4]

El 29 de enero de 1911, José María Leyva, Simón Berthold y William Stanley, dirigiendo a un grupo de anarquistas armados pertenecientes a la IWW (Industrial Workers of de World), invadió la Baja California para establecer la «República Socialista de Baja California», la cual estuvo presidida por el norteamericano Dick Ferris. Nunca se supo si este grupo de filibusteros era realmente socialista o si bajo ese disfraz buscaba anexar la Península a los Estados Unidos.

El hecho es que Dick Ferris y su grupo tuvieron el control de la Península de Baja California de enero a junio de 1911, y que el nombre de los hermanos Flores Magón como implicados en dicha «república» surgió en esos meses. “Las referencias al líder del PLM son hasta el mes de mayo, cuando (Ricardo) Flores Magón se presenta como líder del movimiento”.[5]

El 14 de junio de 1911 Ricardo Flores Magón fue detenido por las autoridades norteamericanas y, junto con su hermano Enrique, Librado Rivera y Anselmo L. Figueroa, fueron acusados de violar las leyes de neutralidad de los Estados Unidos y promover la rebelión de Baja California. Después de la derrota en Baja California, la Junta Organizadora del PLM continuó sus actividades en California, sin embargo para entonces el PLM se había dividido; otro grupo de tendencia moderada y cercano a Madero se constituyó en la Ciudad de México, editó su propia versión de «Regeneración», y se deslindó de la «Junta Revolucionaria Anarquista de Los Ángeles».

En respuesta, con los principales integrantes en la cárcel, la Junta en California publicó un manifiesto el 23 de septiembre de 1911 con rasgos claramente anarco-comunistas, desde el que convocaban a los revolucionarios mexicanos a luchar contra la Autoridad, el Clero y el Capital.

El 16 de marzo de 1918, Ricardo Flores Magón y Librado Rivera publicaron en los Estados Unidos un manifiesto dirigido a los anarquistas del mundo, el cual motivó que ambos fueran encarcelados y sentenciados a 21 años de prisión en la penitenciaria de Mc Neil Island, en el estado de Washington, acusados de sabotear el esfuerzo bélico de Estados Unidos.

LA IDEOLOGÍA SOCIALISTA

Será hacia 1830 cuando la ideología socialista irrumpirá casi simultáneamente en Francia e Inglaterra, surgida del pensamiento de Henri de Saint Simón y Robert Owen. La categoría ideológica del socialismo es la clase social, que en su versión más radical, el marxismo, se precisa como la clase proletaria, la cual es absolutizada al extremo de querer hacer del proletariado la única realidad humana y social. La «dictadura del proletariado» sería solo el medio para imponer esa utopía.

La ideología socialista-marxista pasó de la teoría a la práctica al triunfo de la revolución bolchevique en Rusia en octubre de 1917, siendo reinterpretada por Vladimir I. Lenin dando así origen al «marxismo-leninismo». Para hacer realidad el ideal marxista de la «revolución mundial», Lenin fundó en Moscú en 1920 la «Tercera Internacional», la cual tenía ya como antecedentes la «Primera Internacional» fundada en París en 1848 por el mismo Carlos Marx y trasladada a Londres en 1864 con el nombre de «Primera Internacional de Trabajadores», la que quedó casi en el papel.

Posteriormente, en 1889 se formó en París la «Segunda Internacional», que tuvo una mayor presencia mediante sus congresos llevados a cabo en Bruselas, Zurich, Londres y Paris; en este último consolidó su nombre y estructura con un Comité Central presidido por Federico Engels.

LA CASA DEL OBRERO MUNDIAL

En México la ideología socialista llegó de la mano de los anarquistas, pero pronto se diferenció de ellos. El 22 de septiembre de 1912 el colombiano Juan Francisco Moncaleano y el mexicano Agustín de Haro y Tamaríz fundaron la «Casa del Obrero Mundial», de inspiración socialista, pero la acogida a un grupo de españoles exiliados pertenecientes a la organización anarquista española «Confederación Nacional del Trabajo», le dio a la Casa del Obrero Mundial una preminencia ideológica anarco-sindicalista.

Desde sus primeros días de existencia, la Casa del Obrero Mundial se declaró enemiga del Presidente Madero y de su gobierno, a quien calificaban como «el Zar de América», y a quien le incendiaron su casa durante los trágicos acontecimientos de la «decena trágica» (febrero de 1913).

Durante los primeros 20 años del siglo XX, la Casa del Obrero Mundial fue el principal foco de difusión de las ideologías socialista y anarco-sindicalista. En 1915 La Casa del Obrero Mundial se unió a la revolución de Venustiano Carranza formando los «Batallones Rojos» (Acta de Santa Brígida, 17 de febrero), para combatir a las fuerzas revolucionarias de los caudillos populares Francisco Villa y Emiliano Zapata, ya entonces en lucha a muerte contra Carranza.[6]

EL PARTIDO COMUNISTA MEXICANO

En marzo de 1919 Adolfo Santibáñez y Timoteo García, para entonces dirigentes de la Casa del Obrero Mundial, convocaron a la realización de un congreso socialista a celebrarse en la Ciudad de México el 25 de agosto de ese mismo año. En dicho Congreso participaron “los más destacados exponentes de las corrientes que dominaban la escena obrera de entonces: los anarco-sindicalistas, cuya figura más relevante era Jacinto Huitrón (…)los líderes amarillos de la CROM, Luis N. Morones y Samuel O. Yúdico, que andaban en busca del partido que no habían podido organizar hasta entonces; los socilaistas revolucionarios de orientación marxista, entre los que se encontraban José Allen y Eduardo Camacho, del grupo de Jóvenes Socialista Rojos; Manabendra Nat Roy y su compañera Elena Trent.”[7]

El Congreso decidió formar el «Partido Nacional-Socialista» (sic) y vincularse a la Segunda Internacional, pero en octubre el Secretario General del Partido, el estadounidense José Allen, citó una urgente sesión extraordinaria en la cual los participantes tomaron tres decisiones: 1. Cambiar el nombre del Partido Nacional-Socialista al de «Partido Comunista Mexicano»; 2. Vincularse a la Tercera Internacional y no a la Segunda; 3. Enviar a Moscú al revolucionario hindú Manabendra Nat Roy para que participara en el Congreso de la Internacional Comunista a celebrarse en marzo de 1920.[8]

CONCLUSIÓN

Desde el gobierno de Venustiano Carranza (1914), los llamados «gobiernos emanados de la revolución» sostuvieron un discurso formado por un “batidillo” de las ideologías liberal-anarquista, positivista y socialista (con variantes de énfasis en alguna de ellas, según las circunstancias), pero siempre profundamente anticlerical.

NOTAS

  1. Garibay Ángel Ma., Presencia de la Iglesia en México, JUS, México, 1992, p. 78
  2. Caso Antonio, El Problema de México y la ideología nacional. Ed. Universidad de Texas, 2008 ( Edición original: Cultura, México, 1924)
  3. https://es.wikipedia.org/wiki/Plotino_Rhodakanaty (consultado el 22 -9-16)
  4. Schalarman H. L. Joseph. México, tierra de volcanes, Ed. Porrúa, 14 ed. México, 1987 p. 492
  5. El impacto del maderismo en Baja California, 1911, p.91.
    http://www.ejournal.unam.mx/ehm/ehm18/EHM01804.pdf (consultado el 22-09-16)
  6. Cfr. Garciadiego Javier y Kuntz Sandra, Historia General de México (Ilustrada), Tomo II, El Colegio de México y la LXI Legislatura Cámara de Diputados, México, 2010, p.295
  7. Martínez Verdugo Arnoldo, Historia del comunismo en México, Grijalbo, México, 1985, p. 24
  8. Cfr, Íbid, p. 44

BIBLIOGRAFÍA

Garibay Ángel Ma., Presencia de la Iglesia en México, JUS, México, 1992

Caso Antonio, El Problema de México y la ideología nacional. Ed. Universidad de Texas, 2008

Martínez Verdugo Arnoldo, Historia del comunismo en México, Grijalbo, México, 1985

Schalarman H. L. Joseph. México, tierra de volcanes, Ed. Porrúa, 14 ed. México, 1987

VV.AA. Historia General de México (Ilustrada), Tomo II, El Colegio de México y la LXI Legislatura Cámara de Diputados, México, 2010


JUAN LOUVIER CALDERÓN