LA CAJA OBRERA; Banco Uruguayo

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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El origen de «La Caja Obrera» se vincula al Círculo Católico de Obreros de Montevideo, y representó una valiosa realización del cristianismo social.


1901 fue un año conflictivo en Montevideo, de grandes huelgas y fuerte incidencia de anarquistas y socialistas. En este ambiente se reunió el II Congreso de los Círculos Católicos de Obreros, en octubre de 1902. El 7 de octubre, Miguel Perea y Elbio Fernández se refirieron al tema del ahorro y el crédito para los trabajadores: “La organización del crédito no toma en cuenta al trabajador. Sólo se dispensa a quienes poseen la fuerza de la solvencia económica u ofrecen fiadores con tal condición (…). El hombre modesto no puede recurrir a los Bancos”.


Tomando como referencia las cooperativas de crédito fundadas en Alemania, el Congreso resolvió que los directores de los Círculos Católicos apoyaran la fundación de “instituciones de crédito popular” y el establecimiento de cajas de ahorro.El primer proyecto fue aprobado a fines de 1903, y una comisión integrada por Elbio Fernández, Cayetano Muttoni, el Pbro. Fernando Damiani, Evaristo Novoa y Fernando Dumoulin Varonne, fue encargada de llevarlo a la práctica.


El 21 de marzo de 1905, con el respaldo del arzobispo de Montevideo, Mons. Mariano Soler, quedó constituido el primer directorio de La Cooperativa de Ahorro y Crédito La Caja Obrera: Miguel Perea, presidente; Elbio Fernández, vicepresidente; Eugenio O’Brien, secretario; Alejandro Gallinal, Alfredo Arocena y Cayetano Muttoni, vocales. Pronto surgieron las Cajas Populares de Pando (1907), San José (1909), Trinidad (1913) y Durazno (1914). También se impulsó la formación de sindicatos agrícolas, para promover actividades cooperativas de comercialización, fraccionamiento y colonización de tierras.


El 18 de julio de 1905, La Caja Obrera comenzó a funcionar, modestamente, en una pieza del edificio del Club Católico. La confianza del público fue inmediata: se sucedieron los depósitos y se otorgaron créditos a artesanos y agricultores, con el único respaldo de su solvencia moral. El banco introdujo importantes novedades: la atención al público los domingos, para evitar la pérdida de jornales, y el amplio uso de la alcancía metálica llamada «La Alcancía del Hogar», con llave custodiada en el banco, que permitía desarrollar el ahorro en la propia casa, creada por la «W. F.[Walter Francis] Burns Company» de Chicago.


A la primera etapa de creación de la institución, entre 1910 y 1932, siguió – una vez superada la crisis del 29 - la primera expansión, que se extendió hasta 1947. En este período, el banco se instaló en su propia sede, perfeccionó la estructura interna de gestión, abrió sucursales en diversos barrios de Montevideo y apoyó a las Cajas Populares, promovidas por el P. Horacio Meriggi, SDB, en el interior del país.


A fines de los años 40, la prosperidad derivada de la Segunda Guerra Mundial y el progreso de la industria, provocaron importantes transformaciones en el país. Entre 1948 y 1959, La Caja Obrera vivió una nueva fase de crecimiento, lanzando un eslogan que echaría raíces en la sociedad uruguaya: “Banco La Caja Obrera, su banco de confianza”. El buen trato y el clima cordial que se vivía en la institución se vieron potenciados por la multiplicación del número de sucursales y la dimensión que adquirió la figura del «gerente de sucursal», dedicado no solo a recibir bien a los clientes, sino a acercarse a los clientes potenciales y ofrecerles sus servicios.


El espíritu humanista y cristiano caracterizó la historia de La Caja Obrera, de manera expresa hasta la década de 1960. Los objetivos de la institución eran la estabilidad y el bienestar social de las familias, y la promoción del trabajo y el ahorro. El reclutamiento de nuevos funcionarios, cuyo ingreso se resolvía por concurso, se hacía a través de los empleados o antiguos empleados del banco, o sus familiares, y se tenían muy en cuenta los antecedentes relativos a valores morales, vida ordenada y vocación de trabajo. Además, los funcionarios del banco cobraron asignaciones familiares, primas por casamiento y nacimiento de hijos, mucho antes de que esos beneficios fueran reconocidos por ley. Incluso se distribuía entre el personal una parte de las utilidades de la empresa.


A los momentos críticos de la década de 1960 - corridas bancarias y quiebra de empresas - siguieron políticas de fusión con otras entidades bancarias. La crisis política de Uruguay y la región, que culminó con el golpe de Estado de 1973, tuvo también efectos financieros y La Caja Obrera, siempre bajo dirigencia cristiana, no fue ajena a ellos. El creciente protagonismo del gremio bancario, la Asociación de Empleados Bancarios del Uruguay (AEBU) sería un desafío para una parte de los funcionarios del banco, acostumbrados a una relación directa con la empresa. En los años 80 La Caja Obrera pasó a ser un banco gestionado por el Estado. Sería reprivatizado más tarde, lo que conduciría a su desaparición, el 29 de noviembre de 2001.


BIBILIOGRAFÍA

CHAGAS, Jorge y Gustavo TRULLEN, Banco La Caja Obrera. Una Historia (1905-2001), Montevideo, 2009;

FERNÁNDEZ CALVO, Daniel, “Las Alcancías de la Caja Obrera” en Instituto Uruguayo de Numismática, Boletín electrónico Nº 2, marzo de 2012, pp. 4-6 http://www.monedasuruguay.com/bib/bib/sitio02.pdf (consulta: 27/10/2012);

JACOB, Raúl, La Historia de los Bancos en Uruguay: Balance y Perspectivas, Montevideo, 1985; Libro del Cincuentenario de la Fundación del Banco La Caja Obrera, Montevideo, 1955;

POSE SDB, Francisco, Corazón y Evangelio para los Humildes del Campo. Semblanza, testimonio y mensaje del padre Horacio Meriggi, Montevideo, 1986.


SUSANA MONREAL