LIMA: COLEGIO DE SAN PABLO

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Los inicios

El Colegio Máximo de San Pablo, centro de formación de los jesuitas en el Perú, pero abierto también eventualmente a religiosos de otras órdenes, se fundó el mismo año de la llegada de la Compañía a Lima (1568), y su primer rector fue el padre Diego de Bracamonte.

Comenzó a funcionar con cuarenta alumnos de los cursos de Humanidades. El pabellón de Humanidades —una vez concluido— estaba situado en lo que es hoy el edificio de la Biblioteca Nacional, con frente a la avenida Abancay de Lima. En la cuadra de la Botica de San Pedro de Lima se instalarían la farmacia, las enfermerías, la biblioteca, los salones de clase y las habitaciones privadas de los estudiantes; en tanto que la parte central, que da a la calle de Gato de Lima (cuarta cuadra del jirón Azángaro), venía ocupada por la residencia de los sacerdotes. El primer claustro se comunicaba con la capilla de la Penitenciaría, con la iglesia grande y con la capilla de Nuestra Señora de la O.

La vida académica en el Colegio

Las clases comenzaban a las 7:45 a.m. Durante dos horas los estudiantes más jóvenes aprendían la gramática latina, mientras que los mayores leían a los clásicos de la antigüedad (poetas y oradores). A las 10 sonaba la campana y todos acudían a la capilla para media hora de servicio religioso. El resto de la mañana se empleaba en ensayos, juegos y otras actividades.

Por la tarde la primera clase comenzaba a las 2:30, seguida de media hora de recreación. Había otra clase, de 4:00 a 5:00. Los estudios de Letras se cumplían regularmente en cuatro años, de los que dos se dedicaban a la Gramática, uno a la Literatura y otro a la Retórica. Entre los profesores de San Pablo descuella el ya citado padre Pablo José de Arriaga, autor del «Arte Retórica», impreso en Lyon en 1619, texto utilizado durante mucho tiempo en las escuelas jesuíticas. En el siglo XVIII se usó también la Gramática ilustrada del padre José Rodríguez, limeño, que alcanzó a tener hasta diez ediciones y se adoptó como texto incluso en España.

Para pasar el curso de Artes (o Filosofía), los retóricos rendían examen oral (no era usual el escrito) ante un jurado de tres profesores. Los alumnos que hubiesen estudiado en el Colegio de San Martín y luego ingresaban a la Compañía debían también pasar —después del bienio del noviciado— por otros dos años de juniorado en San Pablo. Los cursos de Artes y de Teología constituían las denominadas «facultades mayores».

El trienio de Filosofía abarcaba las asignaturas de Lógica, Física, Metafísica, Teodicea y Ética. Usualmente dictaban los cursos tres profesores, siguiendo las enseñanzas de Aristóteles y la Escolástica. Los estudios de Teología se absolvían en cuatro años. Comprendían Teología Fundamental (o Propedéutica), comúnmente llamada «De locistheologicis» (Lugares Teológicos), Teología Dogmática (que incluía diversos tratados como Cristología, Gracia, etc.), Teología Moral, Sagrada Escritura.

Para estos cursos había cinco o seis sacerdotes, que explicaban («leían», según el lenguaje de la época) las doctrinas de Santo Tomás de Aquino. En San Pablo se seguía usualmente las doctrinas teológicas del Doctor communis (Santo Tomás) —como deseó el propio San Ignacio de Loyola—, práctica confirmada por los decretos de las sucesivas congregaciones generales.

En algunos puntos específicos, donde la enseñanza tomista era dudosa o existían razones de peso para discrepar de ella, la Compañía adoptó la enseñanza del Doctor eximius, Francisco Suárez, quien había tenido como condiscípulos o alumnos en España a jesuitas que fueron luego profesores en el Colegio Máximo de San Pablo. Entre aquéllos citemos a Juan de Atienza,[1]y Juan Sebastián de la Parra; y entre los alumnos a Pedro de Oñate,[2]y Diego de Torres Bollo, el fundador de la provincia jesuítica del Paraguay.[3]

Cabe añadir —para acrecer el prestigio de Francisco Suárez en el Perú— que la Universidad de San Marcos creó en 1725 la cátedra de Suárez, confiada a padres mercedarios, que se ofrecieron a dictarla.

El examen final de Teología era oral y para los jesuitas duraba dos horas. Se llamaba examen «ad gradum» (pues de él dependía la concesión del grado o profesión solemne), con votación individual y secreta de los cuatro padres examinadores.

Trascendencia del Colegio

Si bien San Pablo no contó con una pléyade de humanistas famosos, en Teología sí produjo un núcleo de excelentes catedráticos y autores.[4]Nos limitaremos a enumerar los principales: los hermanos Alonso[5]y Leonardo[6]de Peñafiel, nacidos en territorio de la audiencia de Quito; Nicolás de Olea, limeño;[7]José de Aguilar,[8]también limeño, notable orador; Juan Pérez de Menacho —el teólogo peruano de más hondura—;[9]Diego de Avendaño,[10]insigne autor de «Thesaurus indicas», entre otros.

El célebre Padre José de Acosta,[11]dictó algún curso en San Pablo en los comienzos de la vida del colegio, mas la obediencia lo mantuvo casi todo el tiempo en cargos de gobierno mientras residió en el Perú (1572-1586).

Periódicamente se presentaban en público los estudiantes más aventajados en talento, fuesen o no jesuitas. A estos actos concurrían autoridades, profesores de otros claustros y los propios miembros de la Compañía. Estos certámenes duraban prácticamente todo un día. Por la mañana los sustentantes defendían las proposiciones de Filosofía o Teología (hasta 50 tesis), y por la tarde se ceñían a un tema monográfico.

Dada la especial solemnidad que revestían estos actos académicos, se usaba la capilla de Nuestra Señora de la O, que para el caso servía de «salón general». Había en el Colegio Máximo de San Pablo dos secciones que merecen ser destacadas: la biblioteca y la farmacia.

Desde la preparación de su venida al Perú, los jesuitas pusieron interés en armar una nutrida biblioteca para la formación de sus estudiantes. Es curiosa la referencia que hallamos en una carta del primer provincial, Jerónimo Ruiz del Portillo,[12]cuando aún se encontraba en Sevilla (mayo de 1567) esperando la flota para viajar al Perú. “Aquí en Sevilla –escribe al Padre General, San Francisco de Borja— por orden del Rey nos dan lo que menester hemos para vestir, camino, pasaje, comida, hasta la Ciudad de los Reyes con toda largueza, que de las sobras tengo comprados cerca de doscientos ducados de libros”. Ese fue probablemente el primer lote de la que habría de ser magnifica biblioteca del Colegio de San Pablo.

Como lo ha demostrado Luis Martín en su obra «The Intellectual Conquest of Peru» (Fordham University Press, 1968), San Pablo llegó a formar –entre compras, obsequios y legados hereditarios– una notabilísima biblioteca de las disciplinas que entonces se cultivaban en los países europeos. Incluso de San Pablo, como centro distribuidor, partían los volúmenes a otros colegios jesuíticos de Sudamérica y del propio Virreinato.

Solamente Chuquisaca recibió en 1627 más de un centenar de libros provenientes de San Pablo de Lima. Además de la gran biblioteca, los estudiantes disponían de otra menor, sobretodo de autores grecolatinos y obras filosóficas y teológicas de más frecuente consulta. La biblioteca de San Pablo, la mejor abastecida de todo el Virreinato, sumaba —al producirse la expulsión en 1767— algo más de 25 mil volúmenes, no sólo de Filosofía y Teología, sino también de Derecho, Historia, Geografía, Astronomía, Matemáticas, etc.

La actual calle de Botica de San Pedro,[13]evoca una importante función social del Colegio de San Pablo. Los primeros jesuitas que [San Francisco de] Borja envió al Perú trajeron consigo no sólo libros, sino también medicinas adquiridas en Sevilla. Se destinaban a atender las emergencias del largo y pesado viaje transatlántico, pero más aún para formar la que habría de ser la mejor farmacia de todo el virreinato peruano.

Fue el hermano coadjutor Agustino Salumbrino, de nacionalidad italiana, quien instaló la botica de San Pablo e hizo de ella, hasta que murió en 1642, un núcleo eficaz de distribución de medicinas y de atención al público: botica, dispensario y enfermerías llegaron a ser una dinámica central de bien social que ganó justa fama en Sudamérica.[14]El nombre de la calle Cascarilla (que alude a la quinina), con que se conocía la cuadra de la actual Biblioteca Nacional en Lima, rememora el provechoso significado que para la salud pública tuvo el Colegio Máximo de San Pablo.


NOTAS

  1. Juan de Atienza (Tordehumos, Valladolid, España, 1546 -, hijo de Bartolomé de Atienza, jurista de Carlos V. Estudió derecho en Salamanca; entra en la Compañía de Jesús en 1564. Ocupa cargos importantes en España; llega a Lima en 1581 como rector del Colegio de San Pablo, y bajo el provincialato del P. Baltasar de Piñas funda el Colegio de San Martín, la primera escuela o colegio secular de Lima, confirmada por el Papa Sixto V en 1585, y de la que el P. Atienza es el primer Rector. En 1580 había sido elegido provincial de los jesuitas en Perú. Cf. Herbermann, Charles, ed. (1913). "Juan de Atienza". Catholic Encyclopedia. New York: Robert Appleton.
  2. Pedro Escobar de Oñate (Valladolid, Enero de 1567 - Lima, 31 de diciembre de 1646). Jurista jesuita. Nació en enero de 1567, en Valladolid, hijo de Escobar de Oñate y Mariana de Sosa. Fue bautizado en la Iglesia de San Juan Apóstol de Valladolid. Novicio jesuita desde 1586. Llegó a Perú en 1592, donde hizo su segunda profesión en 1603. Dirigió el Noviciado de San Antonio Abad de Lima de 1604 a 1609. Asistente del Provincial Sebastián de la Parra hasta 1615 en que se le nombra Provincial en Paraguay, ejerciendo el cargo de 1615 a 1624. Fundó los Colegios de Buenos Aires, Concepción, Corrientes, Mendoza y San Miguel. De vuelta al Perú, fue profesor en el Colegio Máximo de San Pablo de Lima y fue examinador sinodal del Arzobispado de Lima, además de Calificador del Tribunal del Santo Oficio. Cabe destacar que cuando era el encargado Provincial de los Jesuitas del Paraguay y del Río de la Plata, adquirió la Estancia Jesuítica Jesús María, el 15 de enero de 1618, y fue quien le dio su nombre. Es por ello que en la Ciudad de Jesús María, Córdoba se celebra el día del Origen. Su Fundador debería de ser Pedro de Oñate. Obra: De contractibus, 4 tomos, Roma 1646-1654.Cf. Bibl.: Tauro del Pino, Alberto, en Enciclopedia Ilustrada del Perú, PEISA, Lima 2001.
  3. Diego de Torres Bollo, (Villalpando (Zamora, España) 1550 – Sucre ( Bolivia), 8.VIII.1638, sacerdote, jesuita, provincial, rector, misionero. “Fue uno de los Superiores más insignes que ha tenido la Compañía de Jesús en Sudamérica, rector de todos los colegios del Perú, primer provincial de las provincias del Nuevo Reino de Granada y del Paraguay”. Fue el primer provincial del Paraguay, después de haber sido el rector de los colegios del Cuzco y de Quito y de haber sido el vice-provincial de Nueva Granada. Se hallaba en Panamá cuando le llegó la orden de pasar al Río de la Plata o Paraguay, y de organizar la nueva provincia y establecer las reducciones de indios guaraníes; fue el gran defensor de la libertad de los indios contra las exigencias de los encomenderos e íntimo amigo y consejero del visitador Alfaro. Su enorme experiencia en tantos cargos en América Hispana desde Panamá hasta Buenos Aires le dio amplitud de espíritu con que supo organizar acertadamente cuando emprendió durante su provincialato de ocho años (1608-1612) y le capacitó para elegir con acierto a los hombres más adecuados para cada obra. (Real Academia de la Historia: DB-e).
  4. Muchos de estos maestros jesuitas fueron tomistas y «suaristas» en filosofía y derecho, llevaron a América tal corriente filosófica y jurídica: Cf. Gustavo Flores Quelopana, Suarismo de los Hermanos Peñafiel, Sociedad Peruana de Filosofía.
  5. Alonso o Ildefonso de Peñafiel (Rio Bamba, Perú, 1594-Guancavelica 1657), es hermano de otro ilustre jesuita, Leonardo de Peñafiel, hijos del capitan Leonardo de Peñafiel, corregidor de Quito y de Riobamba, y de Doña Lorenza de Araujo. Alonso estudia filosofía y teología en el colegio de San Pablo de Cuzco y en la Universidad de San Marcos de Lima. Siendo jesuita en 1610, enseña Humanidades, Filosofía y Teología en Cuzco y en Lima. Su curso de Filosofía fue adoptado en los colegios del Perú. A petición del Virrey, el conde de Chinchón, compuso la obra «Obligaciones y excelencias» sobre las tres órdenes militares de Calatrava, Santiago y Alcántara, que su discípulo Pedro de Pinedo publica en Madrid en 1643. Famoso por su elocuencia, solamente se conservan algunas de sus composiciones poéticas. Parece que también preparó para ser publicado un volumen sobre la teología natural (teodicea). Según Milko Pretell García (Lima): “El padre jesuita abraza la concepción nominal conceptualista sobre el tema de los universales. La lectura de su obra deja ver una fuerte influencia del padre Hurtado de Mendoza como de Francisco Suárez; sin embargo, desarrolla de manera personal su doctrina llegando a manifestar que la realidad se encuentra constituida únicamente de entes individuales, particulares y singulares, oponiéndose de esta manera a las dos grandes doctrinas establecidas en los claustros intelectuales del Perú, el escotismo y el tomismo". Sus obras impresas conocidas son: Cursus integri philosophici tomus primus: complectens Disputationes de summulis, de vniuersalibus, Lyon, Philippe Borde, Laurent Arnaud & Claude Rigaud, 1653 [Lyon BM 22591; Palma BP]; Cursus integri philosophici tomus secundus: complectens Disputationes XVI in libros Aristotelis de physicoauditu, Lyon, Philippe Borde, Laurent Arnaud & Claude Rigaud, 1654 [Lyon BM 22591; Palma BP]; Cursus integri philosophici tomus tertius, Lyon, Philippe Borde, Laurent Arnaud & Claude Rigaud, 1655 [Lyon BM 22591; Palma BP].
    Sobre este ilustre personaje: Manuel Mendiburu, Diccionario histórico biográfico del Perú (Lima, 1940), VIII, 364; Diccionario Histórico-Cronológico de la Universidad Real y Pontificia de San Marcos (Lima,1940), I, 229; Luis Eguiguren, Las huellas de la Compañía de Jesús en el Perú (Lima, 1956); Rubén Vargas Ugarte, Historia de la Compañía de Jesús en el Perú, vol. II (Burgos, 1963); Teodoro Hampe Martínez, Sobre la Escolástica virreinal peruana: El P. Leonardo de Peñafiel, comentarista de Aristóteles (1632), en La tradición clásica en el Perú virreinal, ed. Teodoro Hampe Martínez (Lima, 1999); Sommervogel VI (1895), 469-470.
  6. Leonardo de Peñafiel (Riobamba, 1597; Chuquisaca, 1657), también jesuita, hermano de Alonso de Peñafiel; estudió en los colegios jesuitas de Riobamba y Quito. Ingresó al Noviciado de jesuitas de Quito y pasó a terminar sus estudios en el Colegio Máximo de San Pablo de Lima. Ordenado sacerdote, fue profesor de Artes en el Colegio Máximo de San Pablo, pasó luego al Cuzco donde fue durante 20 años profesor de teología del Colegio jesuita del Cuzco, tras lo cual regresó a Lima para enseñar la misma materia en el colegio de San Pablo. Fue elegido provincial del Perú en 1656. Falleció cuando realizaba la vista de las haciendas, iglesia y colegio de la Compañía de Jesús en Chuquisaca.
    Sus obras publicadas conocidas son: Disputationes theologicas in primam partem divi Thomae, de Deo uno, Lyon, 1663-1666,2 vols.; Disputaciones scholasticae et morales de virtute fide divinae, de que infidelitate, haeresi et poenis haereticorum, Lyon, 1673; Tractatus de incarnatione verbi divini, Lyon, 1678. Bibl. sobre él: Teodoro Hampe Martínez, “Sobre la escolástica virreinal peruana: el P. Leonardo de Peñafiel, comentarista de Aristóteles (1632)”, en La tradición clásica en el Perú Virreinal, UNMSM, Lima 1999; Alberto Tauro del Pino, Enciclopedia Ilustrada del Perú, PEISA, Lima 2001.
  7. Nicolás de Olea (Lima, 12 de septiembre de 1635 -ibíd., 27 de marzo de 1705) filósofo jesuita. Era hijo de Domingo de Olea y Constanza de Aguinaga y de la Roca. Hizo estudios de Artes en el Colegio Real de San Martín, y luego de iniciados sus estudios de Teología en la Universidad de San Marcos en 1651, decidió ingresar a la Compañía de Jesús en 1652 (emitiría sus votos en 1658); concluyó sus estudios en el Colegio Máximo de San Pablo de Lima, al terminar sus estudios defendió conclusiones teológicas en una actuación pública dedicada al Virrey Alba de Liste. Fue profesor de Gramática y Humanidades en el Colegio Real de San Martín. En el Colegio San Bernardo del Cuzco fue Prefecto de Estudios y catedrático de Prima de Teología. Allí aprendió la lengua quechua e hizo su segunda profesión en 1659. Volvió a Lima como profesor y Prefecto de Estudios en el Colegio Real de San Martín. De 1682 a 1686 acompañó como Consultor al Provincial jesuita Martín de Jaúregui a las diferentes fundaciones jesuitas de la Provincia del Perú.
    Fue Rector del Colegio Máximo de San Pablo de Lima de 1692 a 1695, del Colegio de San Bernardo del Cuzco de 1695 a 1698 y del Noviciado de 1698 a 1701. Fue también luego profesor del Colegio Máximo de San Pablo donde enseñó Gramática; Artes y Teología. Es considerado buen filósofo escolástico, seguidor de las ideas de Santo Tomás de Aquino, con una buena apertura mental demostrada en sus citas de Tomás Campanella, Giordano Bruno, Tycho Brahe y otros autores. Es quien introduce la filosofía de René Descartes en el Perú.
    Entre sus numerosas obras se conocen: Panegírico a Diego Benavides de la Cueva; Compendium universiveteris, 1675; Manual de Filosofía, 1687; Curso de Artes, 1693; Summa Tripartita Scholastica e Philosophiae sive Cursus philosophicus en Logicam, Phisicam et Metaphisicam Aristotelis, 2 volúmenes,1693,1694; Resoluciones Morales y Absolución de Dudas; Informe sobre la fundación del monasterio de Jesús María; Declaración de las constituciones de la real y militar orden de Nuestra Señora de la Merced; Memorial de la vida del padre Juan de Alloza. Biblio gr.: Tauro del Pino, Alberto, en 'Enciclopedia Ilustrada del Perú, PEISA, Lima 2001; 'Barreda Laos, Felipe. Vida Intelectual del Virreinato del Perú, Lima 1964.
  8. José de Aguilar, (Lima, 7 de agosto de 1652 - Panamá, 20 de febrero de 1708), sacerdote jesuita. Estudió en el Colegio Real de San Martín. Ingresó al Colegio Máximo de San Pablo de Lima en 1666. Fue ordenado sacerdote en 1685. Como profesor de Artes y Teología ganó prestigio por lo que el Arzobispo Melchor de Liñán y Cisneros lo nombró examinador sinodal. El Santo Oficio lo nombró Calificador. Fue rector y catedrático de prima de Teología en la Universidad San Juan Bautista de Chuquisaca. Regresó a Lima para asumir el rectorado del Colegio Real de San Martín en 1699. Nombrado Procurador de la Compañía de Jesús en Roma en 1707, murió en el trayecto a Roma cuando pasaba por Panamá atacado por fiebres malignas.
    Los manuscritos que llevaba consigo fueron entregados al padre Pérez Ugarte, pero el navío en que los llevaba fue capturado por corsarios ingleses, perdiéndose en manos de estos piratas. Sin embargo a su regreso a Lima, Pérez Ugarte encontró los borradores de muchas de las obras perdidas, por lo que pudo publicar parte de los manuscritos confiados a su persona.
    Sus obras recuperadas son: Cursus Philosophicus, 3 volúmenes, 1701; Tractationes posthumae in primam parten Divi Thomae, 5 volúmenes, 1731; Sermones varios, tomos I y II, Bruselas, 1684-1704; tomos III y IV, Sevilla, 1701-1704; Sobre el Gran Patriarca San Ignacio de Loyola, Madrid, 1715. Bibliogr.: Tauro del Pino, Alberto, Enciclopedia Ilustrada del Perú, PEISA, Lima 2001; Barreda Laos, Felipe, Vida Intelectual del Virreinato del Perú, Lima, 1964.
  9. Juan Pérez de Menacho (Lima, 5 de febrero de 1565 – Lima, 20 de enero de 1626), teólogo jesuita, hijo de Esteban Pérez e Isabel Menacho. Ingresó al Noviciado jesuita en 1583. Se ordenó sacerdote en 1598. Catedrático de Teología en el Colegio San Bernardo del Cuzco de 1598 a 1601, y en el Colegio Máximo de San Pablo de Lima de 1601 a 1621. En la Universidad de San Marcos de 1601 a 1605 y de 1620 a 1624. Fue calificador y consultor del Tribunal del Santo Oficio, consejero de los virreyes Luis de Velasco, Marqués de Salinas; Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey; y Juan de Mendoza y Luna, Marqués de Montesclaros. Tomista, sin embargo siguió también en algunos puntos a San Agustín y a los neoplatónicos. Según Felipe Barreda Laos, Pérez de Menacho consideraba que el mal no es una privación sino una entidad real.
    Sus obras conocidas en títulos abreviados: Commentarii Summa Theologiae Santo Thomae, 6 volúmenes; Theologia e moralis tractatus, 2 volúmenes; Tractatus Preceptis Eclesiae; Privilegios de la Compañía de Jesús; Preeminencias de las iglesias catedrales respecto de sus sufragáneas; Censuras y bulas de la Santa Cruzada; Conciencia errónea; Consejos morales; El decálogo; Vida, virtudes y revelaciones de Rosa de Santa María; Privilegios de los indios. Bibliogr.: Alberto Tauro del Pino, Enciclopedia Ilustrada del Perú, PEISA, Lima, 2001; Felipe Barreda Laos, Vida Intelectual del Virreinato del Perú, Lima 1964.
  10. Cf. nota 3.
  11. José de Acosta (Medina del Campo, España 1539 – Salamanca 15 febrero 1600), jesuita, misionólogo-teólogo, antropólogo y misionero en México y en Perú; participa al III Concilio de Lima, cooperando en la preparación de su Catecismo Trilingüe (castellano, quechua y aymara) y a los “Confesonarios”. Obras más conocidas: De promulgando evangelio apud barbaros sive de procuranda Indorum salute; Peregrinación del hermano Bartolomé Lorenço; Historia natural y moral de las Indias; Compendio histórico del descubrimiento y colonización de Nueva Granada. Es considerado uno de los mayores tratadistas de la época sobre temas relativos a las gentes y a la evangelización en el Nuevo Mundo
  12. Jerónimo Ruiz de Portillo, (Logroño, La Rioja, España), c. 1532 – Lima (Perú), 3.II.1590), primer provincial jesuita de las Indias y del Perú. Entró en la Compañía de Jesús en Salamanca en 1551 perteneciendo a la primera generación de jesuitas españoles, habiendo sido alumno de su Universidad. Fue ministro en 1554 del noviciado de Simancas, y luego rector y maestro de novicios (entre 1555 y 1559), dirigiendo en sus primeros pasos a algunos jesuitas que fueron notables, en los años fundacionales de la Compañía en España. Superior de la primera casa de los jesuitas en Valladolid, del Colegio de Medina del Campo y viceprovincial de Castilla, antes de que fuese enviado a establecer la Compañía de Jesús en Perú, siendo el primer provincial en Indias, mandado por san Francisco de Borja a petición del virrey del Perú y confirmado por Felipe II en marzo de 1566.
    Sería Jerónimo Ruiz de Portillo el que recibió el oficio de provincial de todos los jesuitas que se encontrasen en las Indias Occidentales del Rey Católico. Antes de embarcarse hacia Perú, estudió en Sevilla, puerta de las Indias, la lengua quechua del Perú: una de las muchas que había aunque la consideraban la general. Portaba en sus manos, además de las lógicas instrucciones de su superior general, las bulas del papa Pío V por las cuales extendía los mismos privilegios de los jesuitas en las Indias orientales a los de las occidentales. Ruiz de Portillo fue habilidoso en la orientación de los trabajos de los jesuitas en el Perú, impulsó el desarrollo de la doctrina de Juli en la región del lago Titicaca. Consideraba que los jesuitas tenían que estar en la ciudad de Potosí (en Bolivia) por la elevada concentración de indios procedentes del virreinato del Perú. Demostró gran interés, de acuerdo con lo ordenado por Borja, en el conocimiento de las lenguas indígenas del quechua y el aymara. Favoreció la construcción de los jesuitas en Cusco.
    Terminaba su gobierno el 1 de enero de 1576 con un notable número de religiosos en las provincias, con nuevos proyectos fundacionales en La Paz, el citado de Potosí y Arequipa. Fue elocuente predicador siendo calificado como la “trompeta de Dios”. Murió en Lima; había recibido el oficio de rector en los colegios de Cusco (entre 1577 y 1581) y Potosí (1582- 1587). Fue sin duda el primer apóstol jesuita del Perú. Obras conocidas: Cartas de Jerónimo Ruiz de Portillo, en Monumenta Peruana. Monumenta Historica Societatis Iesu, 1-5, vols. 75, 82, 88, 95, 102, Roma, 1954-1970. Bibl.: E. Torres Saldamando, “Padre Jerónimo Ruiz de Portillo, primer Provincial en el Perú”, en Revista Histórica, 1 (1906), págs. 445-455; F. Zubillaga, Métodos misionales de la primera Instrucción de San Francisco de Borja para la América española”, en Archivum Historicum Societatis Iesu, 12 (1943), págs. 58-88; B. Blum, “Portillo of Peru”, en Mid-America, 30 (1948), págs. 105-132; F. B. Medina, “Ruiz de Portillo, Jerónimo”, en Ch. O’Neill y J. M.ª Domínguez (dirs.), Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús, vol. IV, Roma-Madrid, Institutum Historicum Societatis Iesu, Universidad Pontificia Comillas, 2001, pp. 3437-3438. Notas de Javier Burrieza Sánchez.
  13. El nombre de San Pedro, que ha prevalecido sobre el de San Pablo, se debe a que los padres del Oratorio de San Felipe Neri, encargados del culto en la iglesia jesuita a raíz de la expulsión de la Compañía, poseían un hospital para sacerdotes puesto bajo la advocación de San Pedro. Estaba situado en la primera cuadra del jirón Chachapoyas, junto al antiguo colegio agustino de San Ildefonso en Lima.
  14. El hermano jesuita Agostino Salumbrino (1564–1642), farmacéutico, viviendo en Lima observó cómo los Quechuas usaban la corteza del árbol llamado cinchona para curar los escalofríos producidos por las fiebres. Era la quinina, que es una medicina para tratar la malaria. Fueron los jesuitas los primeros a llevarla a Europa observando sus cualidades curativas médicas. Al principio fue usada contra la diarrea. En Roma fue usada por los jesuitas para curar la malaria o paludismo a partir de 1631. El paludismo era entonces una enfermedad endémica, también en Roma rodeada de abundantes zonas pantanosas, y causante de numerosas muertes entre toda la población. Salumbrino mandó a Europa algunos extractos de aquella corteza, revolucionando la medicina anti paludismo y siendo prácticamente la única hasta mediados del siglo XX.

BIBLIOGRAFIA

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VV.AA. Enciclopedia Ilustrada del Perú, PEISA, Lima 2001


ARMANDO NIETO VÉLEZ S. J.

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