MÉXICO. Partido Católico Nacional.

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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En el documento titulado Unión Político-Social de los Católicos Mexicanos dado a conocer en 1909, el padre Bernardo Beorgoend S.J., proponía la creación de un Partido político que fuera capaz de unir a todos los católicos mexicanos con la finalidad de tener una presencia en el medio legislativo, a semejanza del «Zentrum» en Alemania, o de los «Cristianos Sociales» en Austria, o de los católicos que en Bélgica con su «Partido Católico» habían tomado como base la concordia y la unión. Así lo señala Andrés Barquín: “…debemos recalcar que en el programa del Partido Católico Nacional, había muchas ideas del P. Bergoend, siendo de él el lema del Partido: «Dios, Patria y Libertad».”[1]

Con ese propósito, “El 3 de mayo de 1911 se reunieron en la casa del Sr. Gabriel Fernández Somellera, 5 de Bucareli 134, los licenciados Manuel F. de la Hoz, Rafael Martínez del Campo, Alejandro Villaseñor y Villaseñor, Francisco Pascual García, R de la Barrera, Victoriano Agüeros, Fernando Segura y Carlos Díez de Sollano, ingeniero Pedro G. de Arce, doctor Rafael SantaMaría, Roberto Gayosso, Trinidad Sánchez Santos, Luis García Pimentel, Emanuel Amor, Andrés Bermejillo, Miguel Cortina Rincón y Manuel León, acordándose, después de varias discusiones respecto al nombre que se repitieron en sesiones posteriores, la fundación del Partido Católico Nacional (…) El 5 de mayo de 1911, el periódico El Tiempo daba a conocer la noticia y hacía oficial el lanzamiento del Partido. El 24 de mayo, el candidato a la Presidencia de la República, Francisco I. Madero (↗) declaraba: «Considero la organización del Partido Católico de México, como el primer fruto de las libertades que hemos conquistado. Su programa revela ideas avanzadas y el deseo de colaborar para el progreso de la Patria de un modo serio y dentro de la Constitución».”[2]


La presencia del nuevo Partido no provocó necesariamente reacciones de unión y simpatía: “Con no poca extrañeza mezclada de temor vieron algunos de los nuestros la aparición del Partido Católico Nacional. ¿Qué van a hacer esos hombres, dijeron, que, rompiendo añejas tradiciones se presentan en la lucha de donde nos habían alejado venerables enseñanzas?”[3]Sin embargo, el nuevo Partido alcanzó pronto relevancia: “Bien organizado bajo la dirección de Gabriel Fernández Somellera, Félix Araiza, los Elguero, Francisco Villalón, etc., el Partido llegó a tener 783 centros y 485,856 miembros en toda la República, en donde Tabasco fue su punto débil. En las elecciones de 1912, el Partido Católico ganó 4 gubernaturas, 75 diputaciones y más de una docena de importantes presidencias municipales.”[4]


La base para la fundación y organización del Partido Católico Nacional la constituyeron el «Círculo Católico de México» y los «Operarios Guadalupanos»; el primero debía ganar adeptos y el segundo aportar el programa, el cual estuvo inspirado en aquel redactado por el jesuita Bergoend. Entre los integrantes del Partido había representantes del viejo conservadurismo, poco simpatizantes de las nuevas realidades democráticas; pero también había entusiastas partidarios de ampliar los espacios de participación y representación política con la finalidad de impulsar una legislación más favorable a los intereses de los trabajadores y pequeños propietarios.


En 1912, el grupo conservador-integrista de Fernández Somellera, Francisco Elguero, Eduardo Tamaríz y Pascual García se apostó por derrocar al gobierno del Presidente Madero, a pesar de la advertencia pública del Episcopado Mexicano de considerar inaceptable el desconocimiento de un gobierno legítimo. El alzamiento militar de «La Ciudadela» que dio inicio a los sangrientos acontecimientos de la «Decena Trágica» y el asesinato del Presidente Madero y el Vice-presidente Pino Suárez, crearon un vacío de poder que intentó ser ocupado por el autor intelectual del magnicidio: el general Victoriano Huerta.


Para dar tintes de legalidad a su gobierno, el general Huerta convocó a un amañado proceso electoral; el Partido Católico Nacional le hizo el juego participando en él mediante el lanzamiento de la candidatura de Agustín Navarro Flores. Ese respaldo implícito al gobierno de Huerta que hizo la dirigencia integralista del Partido Católico Nacional, provocó al interior de éste su fractura y cuando tardíamente, en 1914, trató de deslindarse de Huerta perdió su registro. La percepción equivocada de una complicidad entre católicos y huertistas en el asesinato de Madero es una de las causas que desencadenaron la persecución religiosa de la revolución carrancista ↗.[5]

Notas

  1. Cfr. Andrés Barquín y Ruiz. Bernardo Bergoend S.J. Ed. JUS, México, 1968.
  2. Cfr. Eduardo J. Correa. El Partido Católico Nacional y sus directores. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1991.
  3. Cfr. Francisco Banegas Galván. El porqué del Partido Católico Nacional. Ed. JUS, México, 1960.
  4. Andrés Barquín, Op. Cit, pp. 51 y ss.
  5. Cfr. Laura O´Dogherty Madrazo. De Urnas y Sotanas. Ed. CONACULTA, México, 2001.


Bibliografía

  • Barquín y Ruiz, Andrés. Bernardo Bergoend S.J. Ed. JUS, México, 1968.
  • Correa, Eduardo J. El Partido Católico Nacional y sus directores. Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1991
  • Banegas Galván, Francisco. El porqué del Partido Católico Nacional. Ed. JUS, México, 1960
  • O´Dogherty Madrazo, Laura. De Urnas y Sotanas. Ed. CONACULTA, México, 2001

MANUEL DÍAZ CID