Diferencia entre revisiones de «PARIA; La Obra Pía (1559-1825)»

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BENIGNO UYARRA CÁMARA, O.SA.'''
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'''©''Revista Peruana de Historia Eclesiástica'', 3 (1994) 69-112'''
 
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Revisión actual del 10:35 5 abr 2020

Primera etapa de la Obra Pía

El fundador de la misma fue el capitán Lorenzo de Aldana.[1]«General», le llama una vez Calancha;[2]fue comisionado para negociar título de rey para Gonzalo Pizarro ante Carlos V, en 1546. Por sus servicios recibió encomiendas en el virreinato del Perú, en la Provincia de Paria (actual Bolivia). «Paria», en la lengua general de los incas significa gorrión (el gorrión de los Andes, distinto del europeo).

La obra se inicia mediante una escritura ante Gaspar Hernández, escribano de S.M., con fecha del 3 de abril de 1559, registrada en Arequipa. Al mismo tiempo, la orden de San Agustín también ponía en marcha, el 27 de abril del mismo año, dos conventos en esa Provincia de Paria, situados en Challacollo y Capinota.[3]

Por decisión del donante, mientras él vivió, el que miraba de cerca esta institución en favor de los naturales y, por encargo del fundador, era el prior de Challaccollo; desde lejos y con visitas periódicas, supervisaba el Padre provincial, residente en Lima. De hecho será el «Patrón Principal» de la obra; servicio que le será compensado. Aunque delegara la supervisión en otros religiosos, nunca renunció a esta fiscalización, como veremos siglos después.[4]

Esta primera etapa de la Obra se prolonga hasta la muerte de Lorenzo Aldana (1571). Una cosa será la administración de la Obra Pía y otra el manejo de los conventos de la Provincia de Paria. Esos dos conventos se rigen como los demás de la provincia agustina, en el mismo estilo de vida común.

La geografía de la administración de la Obra Pía se resume así: “A la Provincia de Paria que nos dio el ilustre bienhechor (sic) Lorenzo de Aldana, vecino encomendero deste repartimiento, que cae en Potosí i la ciudad de Chuquiago, i se estiendeasta la villa de Cochabamba, con riquísimas administraciones de ganados mayores i menores, dispuestos para santos efetos [...] Los principales pueblos desta Provincia son: Paria o Challacollo, Toledo, Coa, Urmiri y otros muchos anejos; a esta predicación fueron por prior el P. Fray Cristóval Vadillo, i por compañeros los padres Fray Marcos García i Guillermo Ruiz”.[5]

En esta etapa se llegó a una producción no menor de 22 000 pesos de renta anual, y hasta hoy gozan de merecida fama los quesos de Paria. “En este Capítulo (1560) se admitió oficialmente la Provincia de Paria; quedará el tratar de ella, cuando se expresen las grandes rentas para socorros de indios que nos dio en administración el ilustre limosnero i gran vasallo del Rey, Lorenzo de Aldana”.[6]

Segunda etapa de la obra pía

Se origina esta con motivo doble: celebra la Provincia el Capítulo correspondiente a 1571 y muere en ese mismo año el fundador Lorenzo de Aldana, cuya Obra era “digna de un Emperador Católico, que nos confiara el Capitán L. de Aldana y que, aunque la admitió antes, de palabra, el P. Juan de San Pedro, no estaba aún aceptada por el Definitorio [Consejo]”.[7]

Sirva como bisagra de las dos primeras etapas, el interesante aporte a la contabilidad que imprime a la obra el P. fray Luis López de Solís. Desde el 27 de abril de 1559 (fecha de fundación), hasta el 13 de agosto de 1574, gracias a la buena administración que los conventos vecinos imprimieron a la Obra. Los dos conventos nombrados antes habían partido con 3 000 pesos corrientes y habían recibido, en esos 15 años (11 de la primera etapa y 4 de la segunda), 53 000 pesos, asegura el P. López de Solís, quien trabajó en sus estrenos sacerdotales en esa zona como doctrinante y da ese preciso dato.

Cierto que ese mismo éxito no les acompañará siempre, como veremos lo que sucede en el bienio de 1796-1797). “Este pueblo (Challacollo) tenía 2 400 indios tributarios que doctrinaba nuestra Orden, con solo el estipendio de seiscientos pesos ensayados, i asisten en él, continuamente dos i tres religiosos; acuden a barretear el cerro de Potosí, i anse menoscabado mucho”.[8]

El 5° convento de la Provincia es el de Challacollo, del que ya dijimos fue el P. Cristóbal Vadillo su primer prior, “i el primer Vicario de Capinota, el Maestro Fray Luis López. Dióles el Rey mil i trecientos i quince pesos corrientes para el sustento de los Religiosos, informado del gran fruto que se azía en aquellos bárbaros”.[9]

El convento de Capinota tenía un anexo, llamado Charamoco, de indios uros (Uru: QhasQutsuñi), población preincaica peruana y boliviana alrededor del lago Titicaca, en el que doctrinaba el padre de Itapaya. A una legua de este hay otro anexo, el de Siracaya, que administraba el cura de Capinota. Pero el de Challacollo es el más importante de la Provincia de Paria, que tiene una pequeña población llamada también Paria, separada de aquella por varios kilómetros, como lo asegura el P. Avencio Villarejo en su obra: «Los agustinos en Perú y Bolivia».[10]

Finalmente, al oeste de Challacollo, y a cuatro leguas de distancia, está el pueblo de Toledo –que se citará con relativa frecuencia en la administración de la Obra Pía– cuyos indios, en contraste con los uros, “son lustrosos, ábiles, políticos, limpios y bien ajustados; son los más destos Indios, ricos, porque tienen muchos ganados de la tierra; para que fuesen maestros de aquellos Uros, pero no pudo, (como ni los religiosos an podido) aprovechar jabón para blanquear a un Etiope; algo menos bárbaros están oy, pero siempre sin policía”.[11]

El Capítulo siguiente (1563) dará nuevo destino al P. Vadillo, y otros 4 agustinos harán el relevo; entre ellos está el P. Marcos García antes de su ingreso, como pionero, en Vilcabamba. En ese tiempo, el vicario del convento de Capinota fue el P. Jerónimo Gavarrete, acompañándole Fr. Juan de Saldaña. El Segundo Concilio Limense (1567) prohibió que los indios uros practicasen en sus hijos alargar artificialmente su cabeza, operación que llaman «Caytu Uma» o «Palta Uma».

Al fundar este «mayorazgo» para su alma, el capitán De Aldana había visto el estilo evangelizador de los agustinos en esa zona y por eso les confió también –para después de su muerte– la administración. “La suerte principal [rédito anual de las propiedades que avalan la fundación, nos dirá Calancha], fue de más de 4 000 pesos de renta, impuesta en casas de Arequipa, Potosí y Chuquisaca, i cerca de 4 000 cabezas de ganado ovejuno i más de 1 000 de vacas, cuyo procedido quiso que se gastase un tanto en multiplicar esta renta i las estancias, i otro en los efectos que ahora se verán”.[12]

Fue aumentando tanto este patronazgo, “que en renta impuesta a 10 000 y a 14 000, como se usaba, llegó a tener en Chuquisaca, Potosí y Cochabamba, más de 8 000 pesos de renta; esto se rebajó, cuando mandó su Majestad que se redujesen a 20 000 (la suma de los 24 000 de antes) i lo que ha ido añadiendo la Orden ha sido en esta razón. Tienen de ordinario las estancias de Sto. Tomás y Caricari, 20 (mil) cabezas de ganado ovejuno i en las de Quicola, Sacabamba i Chacauyo; en la jurisdicción de Cochabamba o Villa de Oropesa: 6 507 vacas de que hacen los mejores quesos del Perú, de manera que la renta toda, rinde un año con otro, de 22 000 pesos para arriba, que se gastan en pobres, y en los demás efectos dichos y que se dirán”.[13]

Tercera etapa de la obra pía

A partir de 1584 se inicia otra etapa. El P. Luis López de Solís (provincial por 2ª vez) y el P. Pablo Castróví, dejan voluntariamente la Obra Pía: “Fue el motivo huir de manejar tanta gruesa de rentas i réditos, que siendo más carecer de los intereses que resultaban a la Orden del patronazgo, que ocasionar a los administradores el peligro de la codicia; tanto como esto anteponen los siervos de Dios el bien del ánima, al mayor interés de las riquezas”.

Admitió la dejación el virrey Conde del Villar.[14]¿Se siguieron cumpliendo las cláusulas del capitán Aldana? “Enriquecían ellos (los criados del virrey de turno) i padecían los pobres; propia condición de los codiciosos, i común afán de los desvalidos”.[15]El P. Castróví, por aver cooperado en la dejación [de esta administración], cargó de manera en este excrúpulo [...], que rindiéndole la pena i la melancolía, perdió el juicio i estuvo loco veynteaños [...], asta el año de mil i seyscientos i cuatro”.

Dice el P. Calancha: “Oíamosle los que teníamos las celdas junto a la suya [...] El P. Pablo ya avía vuelto a su juicio i hablava cuerdo, devoto i jovial... Pidió permiso al Superior para hablar con el nuevo virrey (Conde de Monterrey), sobre la situación de la Obra Pía. El correría con los gastos de la demanda, con decir misas por las ánimas i que su limosna emplearía para este oficio de mediador. Tenía el bien intencionado fraile 80 años; lo hacía para paliar los males de los Indios, su pobreza, sus enfermedades”. “Ponderó el Virrey las razones y sus causas”, y lamentablemente, en esos meses, murió el virrey.

Decía el P. Pablo Castroví: “Que el clamor de los Indios vozeava a los oídos de Dios” y no cejaría “asta sacar del cautiverio a los pobres Indios”. El nuevo virrey entró en Lima el 21-XII-1607, Juan de Mendoza y Luna 3er Marqués de Montesclaros, XI virrey del Perú (1607-1615). Volvió a la carga el P. Castroví; fueron consultados teólogos y juristas y la misma Audiencia; la sentencia de la demanda recayó a favor de los agustinos.

Se mandó restituir los bienes del patronazgo y el encargado de recibir la administración fue el P. Francisco Poblete, OSA, hermano del que introdujo en el Perú la devoción a Ntra. Sra. del Prado. Tal vez delante del devoto Cristo del Señor de Burgos, en la iglesia agustina de Lima, el P. Castroví dio gracias a Dios por esta feliz culminación, donde mediaban grandes intereses: “Ya puedes, Señor, dejarme morir en paz, pues e visto la salud que deseaba [...], por haber visto a los pobres Indios... El mismo día le enmudeció Dios, [...] que no habló más hasta pocos días antes que muriese”.

Había sido dos trienios prior de Cochabamba, secretario provincial del P. Pedro de Cepeda (1563), quien, en 1568 se embarcó para participar en la reforma de la Provincia de Aragón, que buscaba la estricta observancia. El P. Castroví también fue prior de Challacollo (Paria), uno de los 35 conventos que Calancha nos recuerda en las tres primeras décadas de presencia de los agustinos en el Perú.

Cuarta etapa de la obra pía

En 1607 retomaron la Obra los agustinos; era el año siguiente de la muerte del obispo Luis López de Solís. Permanecieron en esta tarea de servicio al indio hasta 1825. La Enciclopedia Espasa hace este comentario: “A la Obra Pía de Paria consagró la casi totalidad de sus bienes y encomiendas Lorenzo de Aldana, al servicio de los indios; mayorazgo que subsistió hasta 1825”.[16]

Adelantaremos algunos datos que minimizan la administración oficial del bien 1796-1797: habilitación de tres hospitales en Challacollo, Capinota y Toledo, donde además de la atención médica, recibían ropa y alimentos los indios. Uno de los galenos atendía Challacollo, Toledo y sus anexos; el otro, los enfermos de Capinota y anexos. “Estudió más su caridad (la de Aldana), i mandó también sustentasen a todos los Indios muchachos, niños, pobres, incurables, viejos, ciegos y lisiados, dándoles frazadas, ropa i todo lo necesario para la vida humana”.[17]

La administración que rinde el P. Manuel Albarracín es muy precisa en todos los aspectos contables tratados en el bienio (1796-1797), sin mezclar ese tiempo –exclusiva responsabilidad de él– con los años que van desde 1786 hasta 1795, en diciembre: serán estos tiempos de vacas flacas. Calancha afirma también: “Dejó [Lorenzo de Aldana] un tanto para el adorno de las iglesias i decente ornato del culto divino”.[18]

Como se nota por la lectura del manuscrito sobre la administración de Paria –del Archivo de Ntra. Sra. de Gracia de Santiago de Chile– que abarca de 1786-1797, el patrón principal de la Obra Pía es el P. provincial, mientras que al principio lo era el prior de Challacollo, que pasó después a llamarse segundo patrón, como se ve en la justificación de gastos del bienio citado.[19]

Un buen número de agustinos dedicaron parte de su vida a este servicio o ministerio de la caridad al más pobre; tal vez el más famoso haya sido el 4° obispo de Quito que debe estar gozando de la gloria desde el día 5 de julio de 1606. En esta cuarta etapa de la Obra Pía de Paria, otra vez tendrán que buscar los agustinos a los uros que huían para no pagar el tributo. En un momento asignó la Obra, a pesar de la prohibición del testador Aldana, 1 000 pesos para pagar ese tributo.

Así pudieron cumplir los pobres de Challacollo y, algo menos, se asignó para el mismo fin, a los indios de Toledo y Capinota. “Otras muchas ayudas de costa les dan entre año, así de plata como de novillos para sus sementeras; vacas las pascuas i quesos las cuaresmas; visten a los pobres, así viejos como niños, i a los impedidos i lisiados; i distribuyese mucho en dar a los que cruzan la laguna, por desenamorarlos de ella... Está muy aumentado este Patronazgo, y si por algún accidente o temporal, viene a menoscabo, mandan los prelados, (como sucedió este año pasado), [tal vez en 1637, que es el anterior a la publicación de la Crónica de Calancha], que no se saquen las colectas que a la Orden le vienen i se gasten en saldar la quiebra i bolverlo en su aumento”.[20]

Serán recordados como trabajadores en esta tarea, en las dos etapas 1ª y 2ª: Luis López de Solís, Alonso Pacheco, Nicolás de Tolentino, Juan de San Pedro, Juan de Saldaña (enterrado en el pueblo de Toledo) y muchos otros más.

Agustinos que trabajaron por la obra pía de Paria entre 1786-1797

1. Fr. Agustín Virreira (folio 34r). Fue secretario de visita hecha en Cochabamba por el P. Gregorio Suero, que en 1798 actuaba como visitador provincial.[21]

2. Carlos (Jiménez) Sancho (f. 15r). Fue maestro de novicios (1778), secretario provincial (1782) prior de Arequipa. Visitador de la Obra de Paria. Saca debidamente de la Caja (de la Plata=Sucre), en 1780 la cantidad de 400 pesos. Lo hace con autorización del Sr. Fiscal, con el fin de redimir una deuda que la Obra reconoce en relación con la Cofradía de Ntra. Sra. de la Concepción de Cochabamba. Se impusieron en la Hacienda de Vincuntaya, 16-IX-1780.

3. Diego de la Peña Dueñas. Profesó el 8-K-1760[22]. Fue elegido provincial el 21-VII-1793. Ejercía el cargo todavía el 30-IX-1796. (f. llr, 12r y 13r). Junto a su firma estará la del P. Secretario Manuel de Zea Guzmán (en realidad era sólo pro-secretario).

4. Gregorio Suero. Profesó el 27-III-1758. (f. 34r y 50v). Fue visitador provincial para la Obra de Paria en Cochabamba (1798).

5. Hipólito de Antezana (f. 9r y passim). Con el P. Manuel Albarracín forma el dúo más citado en el DDDP [Documentos Dispersos de Paria]. Fue prior de Oruro (1778). Rindió Manuel Albarracín cuentas por él, en el tiempo que atendió como vicario provincial de la Obra Pía (1787-1794; ambos inclusive), por haber muerto inesperadamente en 1794, el P. Antezana. La frase textual: “Fallecimiento violento”, puede significar: «Muerte inesperada». Pero motivó este deceso que fuera plenamente responsable del bienio 1796-1797, presentando también la poco fluida administración de años anteriores.

6. José Recalde (f. 23v, 33v y 48r). Le nombró el P. provincial como vicario provincial de la Obra. Cumplió en el oficio, desde el lugar de La Plata (Chuquisaca), en donde era prior. Entre sus tareas estaban: ser procurador de Corte, en la Audiencia de La Plata y colector de principales y sus réditos, en el partido de La Plata. Era lector jubilado.

7. Juan Antonio Rivero (f. llr.). Fue secretario de visita del P. Manuel Velaochaga, en Paria y por 1788. Antes en 1778 ejerció de lector de teología de vísperas en nuestro colegio de S. Ildefonso. También fue notario de Provincia, en 1789.

8. Manuel Albarracín (f. 14r y passim). Ya hemos dicho que complementó y presentó la administración correspondiente al P. Antezana. En 1795 tenía el nombramiento de interino. Es el responsable del bienio 1796-97. Tenía el título pastoral de «predicador». Ejerció como vicario provincial y 2° patrón de la Obra. El f. 48v le llama erróneamente Pedro. Se le cita indirectamente cuando se le menciona por el oficio que desempeña delegadamente. La conclusión suya, que se encuentra en el f. 47r, respecto a cómo se trabaja en las escuelas de la Obra Pía, es excelente.

9. Manuel de Zea Guzmán (f. 13r). Firma y rúbrica como pro-secretario del P. provincial Diego de la Peña. Tal vez se trate del «Manuel», prior del convento de Mizque, en 1778.

10. Manuel Méndez (f. 14r), profesó el 4-1-1761. Así como el P. Albarracín fue administrador interino en 1795 de la Obra Pía, este lo fue también algunos meses –en 1794– al morir ese año el P. Antezana. El P. Méndez fue prior de Cochabamba, y en la Orden tenía título de maestro.

11. Manuel Therón (f. 35v.). Fue secretario provincial en 1778; después de ese año fue laureado con el título de maestro de la Orden. Fue prior del convento grande de Lima pro 22-V-1788. Provincial entre 1789-1793 y en otras ocasiones. Rector provincial por el 24-VIII-1798. Firma como provincial la hoja de profesión de Fr. Manuel de Jáuregui 18-1-1792. Por cierto, se acostumbraba que fuera también firmada por el maestro de novicios; pero esta vez no se cumplió este requisito.

12. Manuel Uriona (f. 16v). Profesó el 19-V-1771. Hizo el descargo de una porción importante de la Obra Pía, la correspondiente al partido de La Plata (Sucre), siendo procurador de la misma Obra en aquel partido. Fue lector jubilado.

13. Manuel Velaochaga (f. llr). Profesó el 25-XII-1760. Fue visitador provincial para la Obra Pía en 18-XII-1788. Antes había sido definidor [consejero] general.

14. Melchor Suárez (f. 30v). Profesó el 18-IX-1766; Aparece en la administración de Paria por la presencia de un recibo de un misal para la capilla de Sacabamba. El recibo está fechado el 1-1-1795.

15. Tomás Astuy (f. 2r). Profesó el 9-V-1743. Electo provincial el 21-VII- 1778; también fue visitador provincial en 1771. El día 2-XII-1771 dialogó en la ciudad de La Plata (Sucre) con el fiscal Sr. don Tomás Álvarez de Acevedo ante don Juan José Toledo, escribano de su Majestad y de Cámara, sobre el pleito que promovió en defensa de los interesados (los indios), el Sr. don Miguel Martínez de Escobar y Coronado como fiscal protector general; fue seguido en esta Audiencia en donde se pusieron las capitulaciones y pactos expresos, y las reglas de la distribución que debían cumplirse con las rentas piadosas, conforme a las intenciones del fundador el capitán don Lorenzo de Aldana.

Conforme a lo decidido en esa fecha, se efectuará la tan nombrada en el manuscrito DDDP: “Escritura de Transacción, que juntamente con las Capitulares respectivas, serán en esos tiempos la fuente jurídica que acompañará al proceder de los administradores y supervisores de la Obra Pía” (f. 24r).

NOTAS

  1. Lorenzo de Aldana (Cáceres, 1508- Arequipa, Perú, 1571) militar, explorador y conquistador español, nombrado por el gobernador Francisco Pizarro como teniente de gobernador de Quito de forma interina, desde 1538 hasta 1542.
  2. Escritura hecha en Arequipa: 12-X-1568.
  3. Se ocupa del tema Mörner, en La afortunada gestión de un misionero del Perú (Sevilla: Escuela de Estudios Hispano Americanos, 1972). El misionero es Rodrigo de Loayza, OSA, pero el tema tratado indica que son los pasos dados, en otro viaje diferente, en 1577, tras el que retornó al Perú, desde Madrid. En esa ocasión llevó el encargo de conseguir limosnas para culminar los conventos e iglesias comenzados y, además, conseguir más religiosos, “que sean también escogidos en letras y suficientes para púlpito”, porque eran ya muchos los fallecidos últimamente.
    Los elogios no pueden ser más finos, tanto para la orden: “Por el buen exemplo que an dado y dan y por el fruto grande que hace esta Orden en la conversión de los Yndios y en la predicación evangélica...”; y en loor de Fr. Rodrigo: “Persona muy aprovechada en vida y costumbres y (que) se ha ocupado en visitar esas casas y en predicar con mucho provecho que a echo por su buena doctrina y exemplo”. (Carta a su Majestad de la Audiencia de Charcas, recomendando a la persona de Fr. Rodrigo de Loayza: 15/IX/1577. Citada por Roberto Levillier, La Audiencia de los Charcas, I (Madrid: Imprenta de Juan Pueyo, 1918) 144 y ss.
  4. El escritor y académico de la historia Mariano Joaquín de Carvajal y Vargas, autor del discurso: Glorias del Perú (1773), se ocupa de nuestro biografiado en su denso discurso pronunciado en ocasión de su ingreso a la Real Academia de la Historia de Madrid.
  5. En otra carta de la Audiencia de Charcas, se encomienda a S.M. Felipe II: “La virtud, religión, ejemplo, letras y doctrina del Maestro Fr. Rodrigo de Loayza, de la orden de S. Agustín”: Roberto Levillier, La Audiencia de los Charcas, t. II (Madrid: Imprenta de Juan Pueyo, 1922), 124. En el gobierno inconcluso del P. provincial Fr. Luis Próspero Tinto (elegido en 1576), después del corto gobierno del P. Luis Álvarez de Toledo, el P. Rodrigo fue presentado para maestro de la orden, otorgándosele dicha distinción algunos años después.
  6. Bonifacio Moral, O.S.A., le incluye en su “Catálogo de escritores agustinos españoles, portugueses y americanos”, Ciudad de Dios (1905): 228-231.
  7. Lo mismo hace Rafael Lazcano, O.S.A., en Bibliographia Missionalia Augustiniana: América Latina (1533-1993) (Madrid: Revista Agustiniana, 1993).
  8. Edición, estudio preliminar y notas de Lucila Castro de Trelles. Lima, 1992.
  9. El P. Juan de San Pedro, además de otros muchos cargos, fue nombrado definidor de la Provincia Peruana y procurador de la misma en Madrid y Roma, en 1571. Viajó a dichos lugares en abril de 1572, según se desprende del P. Luis López de Solía.
  10. El P. Avencio Villarejo, agustino, tiene varias obras temáticas de su experiencia en el Amazonas, como: Memorias de un misionero: la aventura de un agustino en la selva (Lima: PEISA, Ed. Inca, 2000); Así es la selva (Iquitos: CETA, 1988). Así es la selva: estudio monográfico de la Amazonia Nor-oriental del Perú (Lima: San Martí y Cía., 1953).
  11. Antonio de la Calancha, Bernardo de Torres y Manuel Merino, Crónicas agustinianas (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1972), 680.
  12. También este «Memorial» se encuentra en el tomo 94 de la Colección de Fuensanta: Ramírez de Arellano, “Colección de documentos”, 164-222. Las palabras encomilladas corresponden a la provisión N° 39 de dicho «Memorial».
  13. Antonio de la Calancha, Coronica moralizada del Orden de S. Agustín en el Perú (Barcelona: Pedro Lacavalleria, 1639), 802.
  14. Fernando de Torres y Portugal y Mesía Venegas y Ponce de León (Villardompardo, Jaén, ? - Jaén, 18 de octubre de 1592), I Conde de Villardompardo. Y tras varios altos cargos en España fue el VII Virrey del Perú (1585 - 1589).
  15. Calancha, “Coronica moralizada”, 1142.
  16. Calancha, “Coronica moralizada”, 1465-1466.
  17. Calancha, “Coronica moralizada”, 1466.
  18. Calancha, “Coronica moralizada”, 1467 y s.
  19. Calancha, “Coronica moralizada”, 1467.
  20. Calancha, “Coronica moralizada”, 1469.
  21. Se citan los folios de los agustinos de Paria que componen el Documento llamado DDDP.
  22. Calancha, “Coronica moralizada”, 1470. (Del estudio del Documento DDDP, en el bienio 1796-97, son menos de 5 000 pesos anuales, en cada uno de esos dos años. ¿Malos tiempos, como se repite varias veces en el manuscrito? Hoy día no nos convence esa razón).

BIBLIOGRAFÍA

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BENIGNO UYARRA CÁMARA

©Revista Peruana de Historia Eclesiástica, 3 (1994) 69-112