Diferencia entre revisiones de «PERIODISMO CATÓLICO EN URUGUAY»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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Revisión del 15:38 13 abr 2015

El 13 de julio de 1860 se publicó el primer periódico católico del Uruguay. Se trataba de «La Revista Católica», una publicación que se editaba dos veces por semana (jueves y domingo). Si bien no era un órgano oficial, representaban la tendencia oficial de la Iglesia Católica en el país. Estaba bajo la dirección y patrocinio de Guillermo Rivero.

En su prospecto el editor comentaba que le llamaba la atención que en una sociedad tan ilustrada en materia política como la montevideana, no hubiera una publicación religiosa que además de la finalidad moral permitiera a las familias católicas difundir las ideas del evangelio: “Nuestro objeto pues es llenar este vacío lamentable por cierto en una sociedad tan cristiana y por consiguiente tan civilizada como la de Montevideo”.

En un país pequeño como el Uruguay, con escaso número de pobladores y un pequeño número de sacerdotes, sostener una publicación de estas características se hizo difícil. A pesar de los esfuerzos económicos y culturales de su primer director, así como de su sucesor Francisco Xavier de Acha, el 26 de octubre de 1862, luego de 240 números, la publicación debió cerrar y nuevamente se generó el vacío al que se refería Guillermo Rivero en el Prospecto de 1860.

Tendrían que pasar más de ocho años y nuevas polémicas para que los católicos tuvieran una nueva publicación. Se trataba de «El Mensajero del Pueblo. Periódico semanal. Religioso, literario y noticioso». El 1º de enero de 1871 se publicó el primer número bajo la dirección del Pbro. Rafael Yéregui. Al igual que «La Revista Católica» buscaba ser un órgano de difusión para las familias católicas, con el objetivo de unir “… lo ameno de la literatura y la variedad de noticias á la parte doctrinal y en un tanto árida que formará el fondo de nuestro periódico…”.

Esta publicación salió todos los domingos durante los cinco años siguientes, pero nuevas dificultades de diversa índole llevaron a su cierre en 1876. Nuevamente el país quedaba sin un medio de prensa católico, en un contexto de secularización de tono cada vez más radical.

En 1878 el Papa León XIII erigió la diócesis de Montevideo y nombró a Jacinto Vera como primer obispo. Vera adoptó una serie de medidas que buscaban contrarrestar la creciente secularización. Para ello fundó en 1880 el primer Seminario diocesano con el objetivo de contar con un lugar para la formación del clero en el país. Paralelamente buscó la difusión del catolicismo, especialmente en el interior del país, y para ello consideró fundamental el apoyo a la prensa. Desde el Club Católico se fundó el periódico «El Bien Público», bajo la dirección del poeta Juan Zorrilla de San Martín y la gerencia de Antonio Rivero.

En el primer número sus editores señalaban: “El Bien Público saldrá a luz a responder a la evidente conciencia pública; será un órgano de moralidad para la familia y de adelanto para la sociedad… Concluiré Sres. inculcándonos una vez más que, como ciudadanos y católicos, tenéis un deber que llenar; tenéis que cooperar a su santa propaganda que hemos iniciado…”.

Este periódico se convirtió en el primer órgano de prensa católica estable, ya que el primer número salió a luz el 1º de noviembre de 1878 y se editó hasta 1963. Incluso tuvo su continuador en el «BP Color», que se imprimió entre el 22 de febrero de 1965 y el 13 de enero de 1971. Este último fue el primer diario uruguayo en formato tabloide, pionero en técnicas de impresión.

«El Bien Público» trasmitía temas doctrinales combinados con noticias de actualidad y artículos polémico-apologéticos, que rivalizaban con el diario «La Razón», también fundado en 1878, un periódico liberal bajo la dirección de Daniel Muñoz que se publicó por más de cuatro décadas. En el duro año de 1885, «El Bien Público» tuvo serias dificultades con el gobierno uruguayo, por su actitud crítica ante la Ley de Matrimonio Civil Obligatorio. Fue censurado y debió cambiar temporalmente de nombre; pasó a llamarse «El Diario Católico».

Paralelamente a la publicación de este periódico, se editaba «La Semana Religiosa», publicación semanal que se convertiría en el «Boletín Eclesiástico de la Diócesis». Como en los casos anteriores, el objetivo era acercar la fe a las familias cristianas. En este sentido en su primer número afirmaba: “… será una revista exclusivamente religiosa, cuyo fin principal es llevar al hogar católico una lectura que, a la vez de instituir a las familias en sus deberes religiosos, les hará conocer algo del movimiento católico universal…”.

Teniendo en cuenta lo ocurrido con «El Bien Público», en el editorial se comentaba que no buscaba ser un periódico de polémica sino una revista que estuviera al alcance de las familias y les acercara artículos de publicaciones europeas, que aportaran una lectura no sólo instructiva sino también amena

En junio de 1918, la Curia Eclesiástica se planteó la necesidad de un boletín estrictamente oficial; se inició entonces la publicación del «Boletín Eclesiástico. Boletín Oficial de la Arquidiócesis». Esta nueva gaceta se editó mensualmente hasta diciembre de 1965. Por un lado se cumplía con un largo anhelo de la Iglesia; por otro lado se generaba un vacío, ya que en ese mismo mes dejó de editarse «La Semana Religiosa». Era evidente que los recursos no eran suficientes para sostener dos publicaciones, por lo que se priorizó la existencia de un boletín oficial.

En el primer número de 1918 se explicaba: “Esta nueva Revista llenará, seguramente un vacío, harto tiempo reclamado por los intereses puramente sacerdotales de este país; pues «La Semana Religiosa», si bien se ha considerado siempre como el Boletín Oficial de la Arquidiócesis, es evidente que, dado el carácter que tuvo desde su fundación –la de servir, a la vez, para el Clero y para el pueblo- no podía, sin alterar su programa, dedicarse por entero y exclusivamente a lo que solo tuviera atingencia con las materias y asuntos genuinamente sacerdotales…”.

«El Boletín Eclesiástico» tuvo una vida prolongada; se editó por más de 47 años con un total de 542 números. A fines de 1965 salió el último ejemplar y nuevamente la Curia quedó sin su medio de comunicación. Casi un año y medio más tarde, en el contexto del Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica resolvió imprimir una nueva publicación llamada «Vida Pastoral». En este caso se trató de una publicación bimensual que se mantuvo durante más de veinte años.

«Vida Pastoral» era administrada por la Curia Eclesiástica y dirigida por el Secretariado General del Episcopado. Constaba de dos secciones: una documental de carácter oficial que difundía los documentos provenientes de Roma y todos aquellos que se consideraran de interés; la segunda se centraba en la publicación de escritos originales o de otras revistas internacionales que se consideraban importantes para los fieles católicos. A esta revista debían suscribirse todas las parroquias, casas religiosas y colegios católicos, así como también todos aquellos sacerdotes del clero diocesano.

Si bien estas no fueron las únicas publicaciones periódicas católicas que hubo en Uruguay, fueron las de mayor importancia, ya sea por su impronta como por su tiraje. Otros ejemplos del periodismo católico uruguayo son: «El Demócrata»(1873), «El Amigo del Obrero» (1900-1951), «Tribuna Social» (1933-1934), «Tribuna Católica» (1935-1957), «Revista de la Asociación Contribución al Culto» (1927-1932).