SANTUARIOS NACIONALES; Uruguay y Venezuela

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
Revisión del 11:53 13 mar 2021 de Vrosasr (discusión | contribuciones) (Página creada con «URUGUAY: Virgen de los Treinta y Tres En el antiguo pueblo de Pintado –hoy Villa Vieja– a unos veinte kilómetros al oeste de la ciudad de Florida, en la república…»)
(dif) ← Revisión anterior | Revisión actual (dif) | Revisión siguiente → (dif)
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda

URUGUAY: Virgen de los Treinta y Tres

En el antiguo pueblo de Pintado –hoy Villa Vieja– a unos veinte kilómetros al oeste de la ciudad de Florida, en la república del Uruguay, se erigió a fines del siglo XVIII una capilla que recibió el nombre de Capilla del Pintado. En ella se rendía culto a una Virgencita que, según los informes más probables, había sido enviada por los jesuitas desde Paraguay a mediados del mismo siglo.

Cuando a principios del siguiente siglo, el vecindario del Pintado logró la construcción de una parroquia, los principales pobladores se consagraron a su patrona la Inmaculada, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján. Su primer párroco, el presbítero Santiago Figueredo, en vista de la pobreza y aridez de aquellos terrenos, resolvió trasladar la parroquia a otro lugar más cómodo y propicio para el culto de la Virgen.

Acudió al Cabildo de Montevideo y una vez obtenido el permiso, los vecinos del Pintado se trasladaron a la que hoy es la ciudad de Florida. En este lugar se construyó otra capilla y se colocó a la Virgen de Luján. Al pie de esa imagen el 25 de mayo de 1825 se inició la historia por la independencia de Uruguay.

“La noble tierra de los uruguayos, hermosa por el verdor de sus praderas y por sus cuchillas suavemente onduladas, se ufana de ser antigua sede de piedad mariana, la que, así como sugiere a los cristianos sentimientos religiosos, de la misma manera lleva con facilidad a todos los ciudadanos al recuerdo de la libertad conquistada y a los comienzos de la Patria naciente”.

Con estas palabras comienza el papa Juan XXIII la bula con la que declara patrona principal de Uruguay a la Virgen de los Treinta y Tres, cuando fue coronada canónicamente en la Piedra Alta en 1961. Un poco más adelante, después de hablar del origen de esta devoción continúa diciendo: “Finalmente en nuestros días –lo que nos causa gran alegría– todo el pueblo de la República venera con amor ardiente a la misma Virgen, la cual, si de veras ocupa el centro del templo, con razón mayor se debe afirmar que vive en los ánimos y en las mentes de todos”.

Esta pequeña imagen de la Virgen, talla de madera de origen guaraní del siglo XVIII, y que representa la Asunción de María, mide tan solo treinta y seis centímetros de alto. Está tallada en madera de cedro y procede –según la tradición– de las misiones del Paraguay de los padres jesuitas. La sagrada imagen fue colocada en la iglesia de Florida Blanca e inmediatamente sus habitantes le rindieron un culto filial.

El nombre de la Virgen podría parecer un poco extraño a quien no conoce su historia. El origen de esta advocación de la Virgen de los Treinta y Tres está ligado a la gesta emancipadora de los uruguayos. La devoción no tuvo en su origen ningún acontecimiento extraordinario, ninguna señal que va más allá del orden natural de las cosas.

A comienzos del siglo XIX los pueblos latinoamericanos habían comenzado la historia de la insurgencia que dio a luz a las nuevas repúblicas hispanoamericanas. Y en Uruguay ocurría lo mismo. Era el año de 1825. La lucha de la insurgencia estaba encabezada por un valeroso grupo de patriotas, casi en su mayoría criollos, como los insurgentes de la época en el resto de los países iberoamericanos, todos ellos –al igual que su pueblo– católicos y devotos fervorosos de la Virgen María.

Como es natural, al iniciar la arriesgada campaña para alcanzar la independencia, quisieron poner el éxito de su empresa en manos de María. Así que los caudillos acudieron a la parroquia, participaron en la santa misa y, al terminar, inclinaron su bandera tricolor delante de la imagen de la Virgen pidiéndole su bendición. El número de aquellos caudillos insurgentes era precisamente treinta y tres, y desde entonces el pueblo uruguayo ha designado con el nombre de «Virgen de los Treinta y Tres» a la pequeña imagen de la iglesia parroquial de Florida.

En 1857 Manuel Oribe regaló a la Virgen una corona de oro, en acción de gracias por haberse salvado él y su familia en un naufragio. Él decía que a la Virgen de los Treinta y Tres debía esta gracia y que siempre se encomendaba a ella. En 1894 Mariano Soler, primer arzobispo de Montevideo, ordenó colocar ante el nicho que guardaba la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres en la Catedral de Florida, una placa de mármol que dice: “Ante ella los Treinta y Tres inclinaron su bandera e invocáronla también los convencionales de la independencia”.

En 1961 monseñor Humberto Tonna solicitó al Papa la coronación para la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres. El papa Juan XXIII concedió esa gracia el 8 de marzo de 1961. El 21 de noviembre de 1962 el Papa designó patrona de Uruguay a la Virgen de los Treinta y Tres. El 25 de agosto de 1975 el Poder Ejecutivo declaró monumento histórico a la Catedral de Florida y a la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres.

En abril de 1987, en ocasión de la primera visita del papa San Juan Pablo II a Uruguay, la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres presidió la celebración de la misa abierta oficiada por el pontífice en Tres Cruces. Presidió también la ceremonia de ordenación de 13 sacerdotes celebrada por el Papa en Florida el 8 de mayo de 1988.

Él mismo en su ángelus del 28 de junio de 1992 compartió su experiencia de ese lugar: “Recuerdo con emoción mi visita a Nuestra Señora de los Treinta y Tres, el 8 de mayo de 1988, durante el viaje apostólico a aquella querida Nación: contemplando la santa imagen recé por América Latina, pues –como había subrayado aquel mismo día, al recitar el Regina Coeli– «la Virgen María, Reina de los Apóstoles, la que con su fe y ejemplo de vida, precede a los heraldos del Evangelio, nos hace sentir la hermandad de todos los pueblos que en esas tierras benditas han acogido la palabra y el bautismo de Cristo...»” .

Su fiesta se celebra el segundo domingo de noviembre. Como en todos los países, sobre todo en América, el santuario ha sido centro de reunión, tanto en las fiestas como en las desgracias del pueblo.

Según testimonios muy antiguos, siempre que había pestes y secas se hacían procesiones de rogativas con la Virgen de los Treinta y Tres. Luego de obtenida la gracia, se rezaba la misa de acción de gracias y se daba la bendición con el Santísimo. Ocasiones especiales de rogativas fueron las desgracias colectivas, como el cólera en 1866, o epidemias como el tifus y la viruela. La primera peregrinación nacional se realiza el 15 de agosto de 1908, organizada por la Congregación Mariana Mayor de Montevideo.

En 1945 el obispo diocesano Mons. Miguel Paternain tuvo la feliz idea de hacer un recorrido llevando la imagen de la Virgen de los Treinta y Tres por toda la diócesis, casi medio Uruguay. El recorrido que duró del 6 al 28 de octubre de 1945 dio lugar a pequeñas misiones populares en las grandes ciudades por donde pasó: Minas, Treinta y Tres, Melo, Tacuarembó, Paso de los Toros, Durazno, Sarandí y Florida.

En los pequeños pueblos y a lo largo del camino –en largos trechos no existía aún la carretera– se congregaba la gente con inusitado entusiasmo. En todas partes fue hermosa ocasión para unir la devoción a la tradición patria, con homenajes típicos de caballadas, desfiles de carretas y carros.

Desde entonces la peregrinación ha constituido una celebración clásica en toda la diócesis, y se realiza el segundo domingo de noviembre. El esquema tradicional de misa solemne por la mañana y procesión por la tarde por las calles de la ciudad, ha ido evolucionando. Ahora se realiza una gran concelebración al aire libre, en el parque donde se leyera el acta de la Declaratoria de la Independencia Nacional en 1825.

Las largas caminatas han sido sustituidas por celebraciones más reposadas, en base a la lectura y meditación de la Palabra de Dios. Desde hace algunos años se realiza, fundamentalmente para jóvenes, una caminata de 13 kilómetros de recorrido llevando la imagen de la Virgen, rezando, cantando y reflexionando sobre la temática del año.


VENEZUELA:

Nuestra Señora de Coromoto Santa María de Coromoto en Guanare de los Cospes es la patrona de Venezuela, de la diócesis de Guanare, y desde el 19 de noviembre de 2011 Patrona Principal de la arquidiócesis de Caracas, luego de que la Santa Sede aprobara su designación.1

Se acepta como una advocación mariana venerada tanto en la ciudad de Guanare, (capital del Estado Portuguesa en Venezuela), donde apareció hace 368 años y le dejó su imagen a un indio de la tribu de los cospes llamado Coromoto. Esta imagen, que mide 2,5 centímetros de alto por 2 centímetros de ancho, está expuesta para su veneración en la Basílica Menor Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto, construida en el lugar de su segunda aparición.

La ciudad de Guanare fue fundada el 3 de noviembre de 1591 por el capitán Juan Fernández de León, en un sitio inmediato al río de su nombre, bajo la denominación de «Ciudad del Espíritu Santo de Valle de San Juan de Guanaguanare». Entre los indios que vivían en la región de Guanaguanare, había un grupo llamados «los coromotos».

Cuando llegaron los españoles y se hizo el reparto de tierras e indios en encomiendas, los coromotos se internaron en la selva, montañas y valles situados al noroeste de la ciudad de Guanare. En esos apartados lugares se mantuvieron los coromotos muchos años, perdiéndose completamente su memoria entre los pobladores de la Villa del Espíritu Santo, hasta que llegó la hora de su conversión, mediante la poderosa mediación de la Santísima Virgen María.

Un español honrado y buen cristiano, llamado Juan Sánchez, obtuvo en propiedad los terrenos de Soropo, situados a cuatro o cinco leguas de Guanare, en la margen derecha del Guanaguanare. Juan Sibrián y Bartolomé Sánchez se le unieron para trabajar juntos en la tala de los montes, siembra de los conucos y cría de los ganados.

La historia de una aparición mariana Un día de 1651, el cacique Coromoto y su mujer atravesaban una corriente de agua y vieron una Señora de extraordinaria belleza que les dijo en su idioma: “Vayan a casa de los blancos y pídanles que les eche el agua en la cabeza y así poder ir al cielo”. Casualmente un español llamado Juan Sánchez pasó por ahí y el cacique Coromoto le relató lo sucedido.

Sánchez entonces le pidió que se alistara con la tribu, que él pasaría dentro de ocho días a fin de enseñarles todo lo necesario para bautizarlos. En efecto, cuando regresó los indígenas marcharon con él a un ángulo formado entre los ríos Guanaguanare y Tucupido, donde les repartieron tierras e iniciaron la catequización, a fin de prepararlos para el bautizo. Varios indígenas recibieron el bautismo, no así Coromoto, quien echaba de menos la selva donde él era libre y no tenía que obedecer a los blancos.

Esto le hizo preparar su huida del campamento. Sin embargo, el sábado 8 de septiembre de 1652, la Señora volvió a aparecer en su bohío, en presencia de Coromoto, su mujer, su cuñada Isabel y un sobrino de esta. El cacique cogió una flecha y apuntó para matarla. Como la señora se le acercó, Coromoto lanzó la flecha e intentó empujarla, pero ella desapareció, dejándole en la mano un pequeño pergamino con su imagen grabada.

Por la tarde del sábado 8 de septiembre de 1652, dispuso Juan Sánchez reunir a los indios que trabajaban en Soropo, en vista de lo cual el español instó al cacique a que se juntara con sus compañeros y asistiera a los actos religiosos que iban a celebrarse en el caney, que para estas reuniones tenía dispuesto junto a su habitación.

Coromoto se negó rotundamente a esta invitación, y mientras sus compañeros oraban, él con gran enojo y rabia intentó irse aceleradamente hacia su pueblo. Pero, habiendo transcurrido unos instantes desde su llegada a la choza junto a su esposa, su cuñada y su sobrino, la Señora volvió a aparecer de modo visible y corpóreo en el umbral del bohío del indio.

De ella salían copiosos rayos de luz que bañaban el estrecho recinto de la choza, tan potente “como el sol de mediodía”, según describió Isabel, cuñada de Coromoto. Bajo la influencia de estos inesperados resplandores, el cacique volvió la cara y al instante reconoció a la misma Bella Mujer que meses antes había contemplado sobre las aguas de la plácida corriente en sus montañas, y cuyo recuerdo jamás había podido borrar de su memoria.

El indio pensaría, probablemente, que la Gran Señora venía para reprocharle su mal proceder e impedirle la fuga. Tras unos instantes de silencio el cacique rompió el silencio y dirigiéndose a la Señora le dijo con enojo: “¿Hasta cuándo me quieres perseguir? Bien te puedes volver, que ya no he de hacer lo que me mandas”.

Estas palabras inconsideradas mortificaron de gran manera a la mujer del cacique, la cual riñó a su marido diciendo: “No hables así con la Bella Mujer, no tengas tan mal corazón”. El cacique, montando en cólera y encendido en rabia, no pudo por más tiempo soportar la presencia de la celestial Señora, que permanecía en el umbral dirigiéndole una mirada tierna y cariñosa. Desesperado, dio un salto y coge el arco para tirarle una flecha diciendo: “Con matarte me dejarás”. Adelantándose entonces la Virgen hacia el cacique, él se abalanzó sobre ella para asirla del brazo y echarla fuera quedando todo envuelto en tinieblas.

El cacique, fuera de sí y mudo de terror, permaneció largo rato inmóvil, con los brazos extendidos y entrelazados, en la misma posición en que quedaron cuando hizo ademán de asir a la Bella Mujer. Tenía una mano abierta y otra cerrada que apretaba cuando podía, pues algo tenía en ella, y en su corto sentir creía que era la «Bella Mujer» a quien había atrapado.

La india Isabel, sin entender dijo a su cuñado: “¿Sabes lo que ha sucedido?” Balbuciente y tembloroso, el indio contesto: “Aquí la tengo cogida”. Las dos mujeres añadieron: “Muéstranos para verla”. El cacique se acercó entonces a las ascuas que todavía ardían, alargo la mano, la abrió. En su mano había una diminuta imagen que emitía rayos de luz.

El indio envolvió la milagrosa imagen en una hoja y la escondió en la paja del techo de su choza, diciendo: “Ahí te he de quemar para que me dejes”. El niño Juan corrió a avisarle a Juan Sánchez, quien con dos de sus compañeros fueron al sitio de la aparición y recogieron la preciosa reliquia.

El sobrino de Isabel corrió a avisarle a Juan Sánchez, quien con dos de sus compañeros fueron al sitio de donde apareció la mujer y recogieron el pergamino que había dejado. La imagen fue alumbrada por Sánchez con apenas un cabo de cera negra. Esta luminaria ardió día y noche sin consumirse, desde las 12 del domingo hasta el martes por la tarde. Hecho considerado por los testigos como milagroso.

Dieron parte a las autoridades civiles y eclesiásticas, quienes, a pesar de no creerlo, resolvieron llevar el pergamino a la Iglesia de Guanare en 1654, donde permaneció en un relicario hasta 1987, cuando fue incrustada en el pedestal de la imagen de madera en que yace hoy día en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Coromoto, construido en el lugar de esta segunda aparición.

El cacique Coromoto, al ver que la Señora no había logrado nada con él, huyó a la selva donde lo mordió una serpiente venenosa. Entonces comenzó a pedir el bautismo, el cual le fue administrado por alguien que pasaba por allí. Al bautizarse se convirtió en apóstol entre los indígenas, pidiendo a estos que no se separaran del misionero y que se bautizaran, y luego falleció, según referencias recogidas de la tradición local. Como consecuencia de aquella gracia, los indios cospes formaron una comunidad de fieles muy fervorosa, y en el lugar una linda iglesia.

Juan Sánchez mandó que fuese recogida la imagen, la cual colocó en su casa. Allí la Virgen era venerada por todos los pobladores de la región de Guanare. En el año 1654, por orden del vicario Diego de Lozano, la imagen fue llevada al templo de la ciudad de Guanare.

La reliquia mide 27 milímetros de alto por 22 de ancho. El material de la estampa pudiera ser pergamino o papel de seda. La Virgen aparece pintada de medio cuerpo, está sentada y sostiene al Niño Jesús en su regazo. Su apariencia es de ser dibujada con una fina pluma, trazada como un retrato en tinta china a base de rayas y puntos.

De las palabras que la Virgen dijo al cacique y a los indios cospes desde la primera de sus apariciones de que “salieran a donde estaban los blancos para que les echara agua en la cabeza para ir al Cielo”, se deduce que la Virgen se constituyó en misionera de los indios venezolanos. Mas no hizo sus apariciones solo para convertir a los indios, sino que dejó su retrato en esta tierra privilegiada para que la iluminara en la sucesión de los tiempos.

<Coronación y Patronazgo de Venezuela En 1807, el presbítero José Vicente Unda terminó la construcción de la Iglesia de Guanare. En 1942 el Episcopado Venezolano proclamó a Nuestra Señora de Coromoto, Patrona de Venezuela, patronazgo confirmado en 1944 por Pío XII. El 14 de mayo de 1949, la iglesia de Guanare fue elevada a Basílica Menor por el mismo Sumo Pontífice. En ella se custodiaba la reliquia dejada por la Virgen en la mano del indio Coromoto.

A los 300 años de su aparición, el 11 de septiembre de 1952, fue coronada su Sagrada Imagen por el cardenal Manuel Arteaga Betancourt. En 1976, bajo el patrocinio de la Congregación de las Siervas del Santísimo, la M. Guadalupe, M. Elizabeth, monseñor Alfonso Vaz, monseñor Ángel Polacini y otras personalidades, constituyeron la Asociación Civil Venezuela a la Virgen de Coromoto para la edificación del Templo Votivo Nacional a la Virgen, en el sitio de la última aparición. Allí se trasladó la reliquia de la Virgen, y se colocó en un lugar especial para la veneración de los fieles.

En enero de 1996 el templo fue elevado a la categoría de Santuario por monseñor Oriano Quillici, nuncio apostólico en Venezuela, que fue inaugurado en febrero del mismo año por San Juan Pablo II, en su visita a Venezuela, y en 2007 el papa Benedicto XVI lo elevó a Basílica Menor.

Estudio sobre la pintura de la Virgen Entre el 9 y 15 de marzo de 2009 la pintura de la Virgen fue sometida a un tratamiento de conservación. El examen ha dado lugar a hipótesis razonables sobre el rostro de la Virgen en esta pintura, como ha sucedido con otros casos de reliquias venerables objeto de estudios.

En este caso, Mons. Valero Ruz, V obispo de la diócesis de Guanare, en una rueda de prensa destacó que de ese modo se habría probado que en el mundo hay solo dos reliquias marianas de este estilo, auténticas y originales: la Virgen de Guadalupe, en México, y la Virgen de Coromoto, en Guanare.

El obispo explicó que la restauración de la reliquia había sido realizada por los expertos Pablo González, Carmen Díaz y Nancy Morella Jiménez, esta última responsable de restaurar el Acta de Independencia de Venezuela, acompañados por el Sr. José Luis Matheus de la Fundación María Camino a Jesús y el padre Manuel Brito.

Igualmente, el obispo indicó que: “el proceso de restauración tardó cinco días y que se efectuó en un laboratorio instalado en el Santuario Nacional en Guanare”. El equipo interdisciplinario, al realizar el estudio microscópico detectó elementos o hallazgos que hasta ahora eran desconocidos, por ejemplo, en el ojo izquierdo. Se comprobó la autenticidad de la reliquia como algo inexplicable, y se encontraron hallazgos sorprendentes: presencia de varios símbolos indígenas, la Corona de la Virgen y el Niño son típicamente indígenas.

Los ojos de la Virgen –que miden menos de 1 milímetro– tienen presencia de iris y al observar en profundidad el ojo izquierdo, tiene características de un ojo humano, se diferencia con claridad el orbe ocular, el conducto lacrimal, el iris y un pequeño punto de luz donde se pudo observar una figura humana con características especiales, hasta ahora se pensaba que los ojos de la Virgen eran unos simples puntos.

Los restauradores explicaron que: “El PH del agua donde se mantuvo sumergida la imagen por 18 minutos para ser desprendida del vidrio, dio 7, es decir un agua visiblemente amarillenta, verdosa, pero con un PH inexplicablemente neutro”.

Uno de los expertos, Pablo González, explicó que: “la reliquia está adherida en el papel, se observan trazos perfectos y en relieve, pero lo asombroso es que el papel no absorbió la tinta”. “Para la época, solo existía la tinta china y está más probado que ésta, al ser trazada en un papel de algodón, similar a una servilleta, no solo se adhiere, sino que se expande, cosa que no ocurrió con la imagen de la Reliquia y que científicamente no tiene explicación”.

Pablo González también agregó que: “Se utilizaron técnicas de vanguardia en lo referente al control de humedad, iluminación y temperatura. Hicimos uso de los más sofisticados equipos para garantizar un trabajo perfecto: cámara de humidificación, equipos de control de humedad y temperatura y los reactivos químicos adecuados para la restauración”.

Testimonio del obispo Mariano Martí Hay un precioso testimonio del insigne obispo Mariano Martí Estadellá, cuando habla de su visita pastoral a Guanare, dice textualmente: “En el siglo pasado se apareció Nuestra Señora en diferentes parages de estas vezindades, y en la Quebrada nombrada Coromoto, distante de el sitio donde está la Iglesia del pueblo viejo y de este pueblo nuevo como una legua -de cada uno de estos pueblos viejo y nuevo. En el año 1652, según dize este Cura, se apareció esta Nuestra Señora de Coromoto en el sitio donde hoy está la Iglesia de dicho pueblo viejo”.

Y más adelante: “Dice este Cura que haviéndose aparecido esta Divina Señora en forma humana con rayos de luz, y tirándole… un indio enojado porque esta misma señora sacava de los... a los indios y cogiendo dicho indio a dicha Señora, cuando la cogió, no quedó en sus manos otra cosa que una imagen, de Nuestra Señora, muy pequeña, pintada, con el niño Jesús en los pechos de la misma Señora, y tan pequeño, que una copia (que dizen no corresponde al original, por ser grande) era como un peso fuerte, y el original, que está en Guanare, tal vez no será más una peseta".

Esta alusión del obispo Mariano Martí en su visita oficial, editada por la Academia Venezolana de la Historia, es algo así como el primer reconocimiento oficial de la jerarquía al hecho coromotano, de que quede constancia por escrito.

Patronazgo nacional oficial El patronazgo nacional de la Virgen de Coromoto llegó en el tiempo designado por Dios, 1° de mayo de 1942. Los considerandos del histórico decreto son elocuentes, claros y confirmatorios de la elección popular.

“Episcopado Venezolano. Considerando:

1) Que la aparición de la Santísima Virgen María en tierras de Guanare a la tribu de los Cospes hace tres siglos según rezan la historia y la tradición, es un gaje de exquisita misericordia de la excelsa Madre de Dios para con nuestros hermanos indígenas, una gloria que enaltece y anima nuestra piedad, y una prenda de maternal amor que empeña la gratitud nacional. 2) Que el pueblo venezolano ha reconocido tan feliz acontecimiento con demostraciones elocuentes de encendida fe, expresada principalmente en las numerosas peregrinaciones o romerías que de todos los confines de la República se realizan anualmente al Santuario de Guanare, y confirmada en los monumentos piadosos que se han levantado en honor de Ntra. Sra. de Coromoto, como son las parroquias, templos y altares que le han dedicado en testimonio de filial amor. 3) Que es profundamente consoladora la rapidez con que en toda la extensión de nuestra Patria se propaga el culto de la Santísima Virgen bajo la susodicha advocación, gracias a los singulares favores que Ella ha dispensado a sus fervorosos devotos. 4) Que esta devoción ha reavivado visiblemente la Fe cristiana en nuestros pueblos y se ha traducido en notable mejoramiento de las costumbres entre las multitudes de creyentes. 5) Que la gran mayoría de los venezolanos pide que sea proclamado el PATRONAZGO NACIONAL de la Santísima Virgen de Coromoto: (“elección como en las democracias”).

DECRETA:

1.- La Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Coromoto, es declarada y proclamada PATRONA de Venezuela, quedando así, de modo especialísimo, bajo su maternal protección toda nuestra República, con sus diócesis, estados e instituciones. 2.- De acuerdo con el canon 1.276 del Código Canónigo, será elevado este decreto al conocimiento de la Santa Sede, para su confirmación. 3.- Anunciase en las parroquias de nuestra diócesis a los fieles esta proclamación con solemnes repiques de campanas y celébrense solemnes festividades en honor de la Santísima Virgen de Coromoto. El venerable clero aproveche esta ocasión para instruir más y más a los fieles sobre la verdadera devoción a la Santísima Virgen María, reafirmando la fe y amorosa confianza en nuestra celestial patrona. 4.- En los templos de la República, el último domingo de mayo, cántese un TEDEUM en acción de gracias al Dios de las infinitas misericordias, por la incomparable merced que ha otorgado a nuestra patria dándole por patrona protectora a la excelsa Reina del Cielo.

Dado en Caracas, en el Salón de las Conferencias Episcopales, el 1° de mayo de 1942.

FELIPE RINCÓN GONZÁLEZ. LUCAS GUILLERMO CASTILLO Arzobispo de Caracas Arzobispo coadjutor ACACIO CHACÓN ARTURO CELESTINO ALVARES Arzobispo de Mérida Obispo de Calabozo SIXTO SOSA MARCOS SERGIO GODOY Obispo de Cumaná Obispo del Zulia MIGUEL ANTONIO MEJIA ENRIQUE MARÍA DUBUC Obispo de Guayana Obispo de Barquisimeto GREGORIO ADAM RAFAEL ARIAS Obispo de Valencia Obispo de San Cristóbal FRANCISCO ITURRIZA PEDRO PABLO TENREIRO Obispo de Coro Obispo auxiliar de Cumaná CONSTANTINO GÓMEZ VILLA ENRIQUE DE FERRARI Vic. Ap. Del Caroní Prefecto apostólico del Orinoco”.

El 7 de octubre de 1944 su Santidad Pío XII ratificó el decreto del Episcopado Venezolano y ratificó a Ntra. Sra. de Coromoto el título de Patrona Celestial de toda la República de Venezuela. Esta ratificación no se supo en Venezuela sino hasta mayo de 1948 en que Mons. Lucas Guillermo Castillo lo comunicó al clero y pueblo de Venezuela.

NOTAS

BIBLIOGRAFÍA

III Conferencia General del CELAM. Documento de Puebla. Bogotá: CELAM, 1979.

Basílica Menor Santuario Nacional Nuestra Señora de Coromoto, «Historia de la Aparición». Disponible en http://www.santuariobasilicacoromoto.com/historia-virgen-coromoto.html

Francovich, Guillermo. Tito Yupanqui, escultor indio. La Paz: Librería Editorial Juventud, 1978.

Iglesia Uruguaya, «El Santuario Nacional de la Virgen de los Treinta y Tres». Disponible en https://iglesiacatolica.org.uy/santuario-virgen-de-los-treinta-y-tres/

Intendencia de Florida, «Florida cuenta con monumento a la Virgen de los Treinta y Tres» (24 de agosto de 2007). Disponible en http://www.florida.gub.uy/wps/wcm/connect/imf/imf/noticias/virgendelos33/

Juan Pablo II, Discurso a rectores en Santuarios de Francia, Bélgica y Portugal (Roma, 22 de enero de 1981). Disponible en http://www.vatican.va/content/john-paul-ii/es/speeches/1981/january/documents/hf_jp-ii_spe_19810122_rettori-santuari.html

Martí, Mariano y Lino Gómez Canedo. Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas. 1771-1784. Caracas: Academia Nacional de la Historia, 1989.

Metzler, Josef. America Pontificia, III. Ciudad del Vaticano: Librería ed. vaticana, 1995.

París García, José Gregorio. El Tiempo de los Tiempos. Alcobendas, Madrid: De Buena Tinta, 2013.

Ramos Gavilán, Alonso. Historia de Nuestra Señora de Copacabana. La Paz: Academia Boliviana de la Historia, 1976 y 1977.

 . Historia del célebre Santuario de Nuestra Señora de Copacabana y sus milagros e invención de la Cruz de Carabuco. Lima: Geronymo de Contreras, 1621.

Rodríguez Demorizi, Emilio. Relaciones Históricas de Santo Domingo, vol. I. Ciudad Trujillo: Editora Montalvo, 1942.

Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, «Nuestra Señora de los Treinta y Tres». Disponible en https://www.corazones.org/maria/america/uruguay_33.htm

Utrera, Cipriano de. Universidades de Santiago de la Paz y de Santo Tomás de Aquino y Seminario Conciliar de la Ciudad de Santo Domingo de la Isla Española. Santo Domingo: Imprenta Franciscana, 1932.

Vargas Ugarte, Rubén. Historia del Culto de María en Iberoamérica y de sus imágenes y santuarios más celebrados. Madrid: Talleres Gráficos, 1956.


RAÚL FERES Director Nacional de Pastoral de Santuarios y Piedad Popular (Chile)