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SANTUARIO URUGUAYO-ARGENTINO EN TIERRA SANTA


Muy cerca de Belén existe un santuario mariano dedicado a Nuestra Señora del Huerto, construido gracias al aporte económico de los católicos uruguayos y argentinos. El «Hortus Conclusus» (Huerto Cerrado) se levanta en los mismos jardines donde, según una piadosa tradición multisecular, el rey Salomón habría compuesto el «Cantar de los Cantares». Según el poeta uruguayo Juan Zorrilla de San Martín, se trata de “la más hermosa y definitiva consagración de dos naciones hispanoamericanas ante el mundo civilizado por el cristianismo”.

La marianidad del fundador El primer arzobispo de Montevideo, monseñor Mariano Soler nació en San Carlos (Maldonado, Uruguay) el 25 de marzo de 1846, solemnidad de la Anunciación. Fue bautizado como Mariano Salmiro Encarnación, aunque nunca utilizó sus dos últimos nombres.

En 1854 Soler se salvó milagrosamente de morir ahogado, según consignó en el primer libro de visitas de la Basílica de Luján, el 23 de julio de 1882: “Siendo de la edad de ocho años, caído en un pozo del arroyo de San Carlos (R.O.) donde me estaba bañando, después de inútiles esfuerzos por salir del peligro, y casi sin sentido por el agua que había tragado, al terminar una Salve a la Santísima Virgen, me vi puesto en salvo de una manera tan extraordinaria que siempre lo he atribuido a una gracia singular de la Madre de Dios...”. Mariano, porque nació el día de la Encarnación del Verbo en el seno virginal de María, devino más mariano aún porque María le salvó la vida.

El «Huerto Cerrado» y la «Fuente Sellada» En su libro «Hiperdulía», Soler glosa Ct 4, 12-13: “Huerto cerrado eres, María, Huerto cerrado, Fuente sellada; y tus perfumes, aromas de Paraíso”. Y a continuación explica: “Muchos creen que el Huerto Cerrado y la Fuente Sellada, figuras de María, ya no existen en el lugar originario, conservándose solamente en la memoria de las tradiciones. Pero no es así: ese Huerto y esa Fuente existen, para perpetuo honor de la fecundidad virginal de María.”

“ETHAM. A diez kilómetros de Jerusalén, y a corta distancia de Belén, existe un pequeño oasis rodeado por un árido desierto, en el lugar denominado por los árabes Urthas, que es el antiguo Etham de la Biblia; y es el sitio más ameno y fértil de toda la Judea, que, como todos lo saben, semeja un desolado páramo. En mis viajes a Tierra Santa tuve la satisfacción de visitar ese lugar, que además de ameno es clásico en las Sagradas Escrituras; y la impresión que experimenté no se me borrará jamás. ¡Un jardín en medio del desierto, un vergel florido cercado de áridas montañas! Es la imagen de María, bella, hermosa e inmaculada, en el desierto árido de este mundo.”

“Encuéntranse en este lugar tres grandes recuerdos clásicos del reinado de Salomón: los estanques, la fuente sellada y el huerto cerrado, con la particularidad de que el Huerto Cerrado y la Fuente Sellada, que existen en las inmediaciones de Etham, son figuras bíblicas de María; pues afirman los Santos Padres, al glosar estos parajes de la Biblia, que María es Huerto y Fuente por su fecundidad, por habernos dado el Salvador del mundo; pero Huerto «cerrado» y Fuente «sellada» por su virginidad”.

A continuación, Soler describe los tres estanques de Salomón, que contenían “en total «cuarenta y dos millones doscientos treinta mil» litros de agua”; la Fuente Sellada, llamada así porque “cuando se ve correr el agua, ya está fuera de su nacimiento”, signo de la fecundidad perpetua de María a través de los siglos; el Huerto Cerrado, “cerrado materialmente por las montañas altísimas que lo circundan”, y con una espléndida y exuberante vegetación gracias a las aguas de la Fuente Sellada que serpentean por el valle y no se secan jamás.

Ese lugar aún hoy es conocido por los árabes como «Bestan Suleiman», Jardines de Salomón, y se halla en el fondo de un valle rodeado por montañas. En una de las laderas occidentales se levanta la aldea de Urthas u Ortás, que hacia 1897 contaba con unos 600 habitantes.

La inspiración Durante el gobierno de Máximo Santos (1882-1886), en Uruguay se vivió una de las más violentas persecuciones anticlericales. El obispo de Montevideo, Mons. Inocencio María Yéregui, ordenó suprimir las predicaciones en todos los templos del país durante la Semana Santa de 1885. Fue la primera y única vez que sucedió algo así en el país. Mariano Soler, blanco predilecto de aquella persecución, llegó a recibir amenazas de muerte. El obispo, para protegerlo, decidió enviarlo fuera del país.

El 9 de mayo de 1885 Soler viajó a Roma, y desde allí emprendió su primera peregrinación a Tierra Santa. Posteriormente realizaría un viaje por América para recaudar fondos para el Colegio Pío Latinoamericano. Estando en Tierra Santa, un fraile llamado Lavinio lo llevó a visitar los «Jardines de Salomón». Al señalar aquel rincón fecundo y hermoso, el guía árabe de la excursión mencionó las palabras inspiradoras: “¡Huerto cerrado...! ¡Fuente sellada...!”. Entonces Soler vivió lo que él mismo llamó un “momento solemne”, una experiencia religiosa inefable que lo acompañaría el resto de su vida:

“Al oír esas palabras, así... de improviso, en aquel lugar... en presencia de aquel mismo «Huerto» y de aquella «Fuente», que constituyeron el encanto y las delicias del gran Rey que hacía tres mil años, las había celebrado como imágenes y figuras de María en lo que constituyen de la Virgen Madre toda su divinal grandeza, ¡Ah!... entonces mi espíritu se estremeció conmovido en el paroxismo de un gozo soberanamente celestial. ¡Sí; se exaltó mi espíritu! … Palabras que son intraducibles, porque jamás podré describir la impresión sublime que en aquel momento dichoso se apoderó de todo mi ser. Parecíame oír en notas angélicas el cantar divino: «Hortus conclusus, ¡Oh! María, Hortus conclusus, Fons signatus; emissiones tuae paradisus!». Mientras que como en vaporosa y perfumada nube se presentaba envuelta la imagen de María del Huerto, embalsamando el ambiente de aquel Edén terrenal, en cuyas flores la Virgen dejará al pasar, estampada su bella y celestial figura.”

Como parte de aquella fuerte conmoción religiosa, el sacerdote relata que le pareció “que veía flotar sobre las flores de aquel edén la imagen de «María del Huerto», que reclamaba la erección de un Santuario de parte del Instituto Religioso, único que en el cristianismo lleva la gloria de su nombre: «Las Hijas de María del Huerto»”. Aquellas religiosas, junto con las monjas Visitandinas o Salesas, habían sido las dos primeras congregaciones femeninas que se establecieron en el Uruguay, el 18 de noviembre de 1856.

La imagen de Nuestra Señora del Huerto fue pintada en el año 1500 en el muro de un huerto de Chiavari, cerca de Génova, y en 1829 dio el nombre a la nueva congregación religiosa que fundó el P. Antonio María Gianelli. Hacia 1890, las Hijas de María del Huerto se encargaban en Montevideo del Hospital de Caridad (conocido como Hospital Maciel), el Manicomio, el Asilo de Huérfanos, los Asilos maternales y otras instituciones de enseñanza y caridad en todo el país.

León XIII y el Santuario Siendo ya obispo de Montevideo, Mons. Soler fue a ver a León XIII y le dijo: “Padre Santo: al viajar por Palestina, me encontré con el delicioso Edén de Salomón, denominado «Hortus Conclusus», mencionado en el Cantar de los Cantares que, como Vuestra Santidad sabe, es figura de la Santísima Virgen. Al observar que allí no existía monumento alguno dedicado a María, concebí el proyecto de erigirlo. Mas, como entre todos los Institutos consagrados a María, el único que con su advocación recuerda esa figura del «Hortus Conclusus», es el de la Religiosas de Nuestra Señora del Huerto, creí que aquel lugar estaba destinado para un Santuario a la gloria de su Titular”.

Además, Soler recordó al Papa que Santo Toribio de Mogrovejo, arzobispo de Lima, había sido el primero que, en unas letanías a María, compuestas por él y aprobadas por Paulo V, había introducido la invocación: “Hortus Conclusus, ora pro nobis”. Entonces León XIII dijo a Soler: “Pues bien, si Santo Toribio ha sido el primero en honrar a María en las letanías con la invocación simbólica de Hortus Conclusus, usted tendrá el honor de ser el primero en procurar se le erija un Santuario en el mismo lugar simbólico de su maternidad virginal, en «Hortus Conclusus», y en ningún lugar se encontrará mejor María del Huerto”.

La autorización del Sultán de Turquía Inicialmente los musulmanes se opusieron al proyecto del santuario, invocando la preferencia que la ley acordaba a los turcos para la adquisición de tierras en Palestina. El principal opositor fue el jeque beduino de Ortás. Para comenzar la obra del santuario era necesario obtener el «firmán» o autorización del Sultán de Turquía, Abdul-Hammid II.

Con ese fin Soler pidió ayuda a varias personas. Luego se unió a una caravana, y durante treinta y ocho días recorrió el desierto de Arabia, siguiendo las huellas de Moisés durante el éxodo del pueblo hebreo, desde Egipto hasta la Tierra Prometida. Cuando regresó a Jerusalén por el Mar Muerto, todos los obstáculos habían desaparecido: el jeque de Ortás se había adherido al proyecto, el terreno del futuro santuario ya estaba libre y desmontado, y gracias al patriarca armeno-católico Azarián, se había obtenido la autorización del Sultán, fechada el 17 de marzo de 1897.

La construcción Aquel mismo día, Soler se dirigió solemnemente con una comitiva al «Hortus Conclusus» y colocó la piedra angular del santuario. Debido a las necesidades económicas y a la magnitud de la obra, tuvo que acudir a los católicos argentinos, y en ambas márgenes del Río de la Plata se crearon comisiones para recaudar fondos.

El 19 de abril de 1897, Soler recibió en Roma el palio arzobispal. El 28 de junio arribó a Montevideo con la cuchara de plata y marfil que utilizó para sellar con cemento romano la piedra angular del santuario. El 31 de julio siguiente fechó una carta circular pidiendo ayuda económica para la construcción del santuario. Todos los obispos argentinos manifestaron su adhesión al proyecto y recomendaron la obra.

En diversas oportunidades, Mariano Soler reiteró los antecedentes de su proyecto para promover la generosidad de los bienhechores. La obra avanzaba según los recursos que se enviaban a Palestina. En setiembre de 1898, Soler detallaba los importantes trabajos preparatorios que ya se habían realizado. Se había tallado la montaña en una extensión de 70 metros de largo por 36 de ancho y 17 de alto para asentar el edificio, para lo cual se empleó un año de trabajo y 2.000 kilos de pólvora. Alrededor de todo el terreno comprado se había construido, con piedra de sillería, un gran muro de 70 metros de largo por 13 de alto, para separar el edificio del jardín y formar la plataforma del santuario.

Se había construido un puente de 80 metros de largo por 7 de alto y 3,5 metros de ancho, sobre 16 arcos. El puente atravesaba todo el jardín, y servía para la comunicación del santuario con la villa inmediata de Ortás. Además se construyó un gran muro central que cubría el frente de la montaña en la parte que serviría de terraza del edificio y un gran canal para desagüe de las lluvias torrenciales del invierno, que atravesaba el valle, a fin de no invadir el Huerto propiamente dicho.

La monumental obra quedó terminada en cinco años. El santuario propiamente dicho quedó ubicado entre los dos cuerpos del edificio, uno para las religiosas del Huerto y otro que serviría de asilo u hospicio. El capellán tenía su casa aparte con hospedería, separada del santuario con el jardín por medio.

La inauguración A ambos lados del gran portal del santuario, están empotradas en el muro dos piedras de mármol de cuatro metros de longitud. En la derecha, hay una inscripción-leyenda en francés con el significado del santuario. En la izquierda, están grabados los escudos argentino y uruguayo unidos en el monograma de María coronada. Debajo de los escudos, Soler hizo escribir, en español y en francés: “MCMI. En homenaje a Jesucristo Redentor, en este clásico Huerto Cerrado, símbolo de la Virgen Madre prefigurada en el Cantar de los Cantares, los católicos de las repúblicas Argentina y del Uruguay en Sud América han erigido este Santuario dedicado a Nuestra Señora del Huerto”.

La comunidad religiosa tomó posesión del «Hortus Conclusus» el 12 de noviembre de 1901; la superiora era la Madre María Felipina Prefumo. La solemne inauguración se realizó el 2 de julio del año siguiente. Para la ocasión, el cardenal Mariano Rampolla envió a la superiora el siguiente telegrama: “El Padre Santo envía la bendición a las Religiosas y asistentes a la fiesta inaugural del Santuario Hortus Conclusus”, consagrando así el título de santuario mariano.

El 25 de marzo de 1903 -cumpleaños de Soler- fue inaugurado el Asilo de Huérfanas, con cinco niñas armenias de Belén que, al año siguiente, ya eran veintiséis; las religiosas tuvieron que rechazar a varias por falta de local. Además atendían a muchos enfermos de Ortás en el dispensario. El sostén económico, en aquellos años iniciales, provenía de los bienhechores americanos.

El santuario «Hortus Conclusus» fue la primera obra de monseñor Soler como primer arzobispo metropolitano del Uruguay. “La erección del arzobispado de Montevideo y la del Santuario uruguayo-argentino en Tierra Santa - escribió Zorrilla de San Martín - se identifican, como el cuerpo y su sombra, por designio de Dios”.

NOTAS: