Diferencia entre revisiones de «SAN MARTÍN, FRAY TOMÁS DE»

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(Palencia, 1482 – Lima, 1555). Obispo, Religioso, Fundador de la Universidad de San Marcos


ORÍGENES Fray Tomás de San Martín, nació el 7 de marzo de 1482, en la ciudad de Córdoba (España). A los 12 años de edad comenzó los estudios de artes (actualmente, estudios de secundaria), en el Convento Dominico de San Pablo, en Córdoba y a los 16 años ingresó en la Orden Dominicana en el mismo Convento; hizo su profesión religiosa el 24 de marzo de 1498, con el nombre religioso de Fray Tomás de San Martín. Estudió filosofía y teología en el Convento de San Pablo, distinguiéndose por sus dotes intelectuales e inquietud por llegar algún día como misionero al Nuevo Mundo, del cual, “por este tiempo, llegaban repetidas noticias de la latitud de la tierra que se había descubierto, y de la necesidad que había de predicadores" . Terminó sus estudios académicos con el grado de Lector en las Ciencias Sagradas, y ejerció, en el mismo centro de estudios, la función de profesor. En 1525, en competencia con trece maestros de su categoría, obtuvo la cátedra de filosofía, en el Colegio Mayor de Santo Tomás de Sevilla. Dos años más tarde, en 1527, fue promovido como Regente suplente de dicho Colegio, cuya función desempeñó varios años. MISIONERO EN EL PERÚ Por entonces llegó del Nuevo Mundo a España, fray Vicente Valverde, dominico, para promover misioneros en los conventos españoles, y comprometer a los frailes que quisieran cooperar en la evangelización del vastísimo y famoso Imperio de los Incas. Por aquellos días, Fray Tomás de San Martín ya estaba a punto de partir como misionero a la isla La Española, con Fray Francisco Martínez y seis Religiosos más. En atención a la carencia de misioneros en el Perú, de la cual habían oído hablar a fray Vicente Valverde, decidieron cambiar de rumbo.

El 10 de enero de 1537, este grupo misionero se hizo a la mar, en la nave de Sebastián de Porras, con rumbo al Perú. De acuerdo a las normas de gobierno conventual, los religiosos dominicos que pasaban entonces al Perú, tenían que estar sujetos a la autoridad del Prior Provincial de la Provincia de Santa Cruz, de la isla La Española.

FUNDACIÓN DE LA PROVINCIA El grupo misionero del que formaba parte Fray Tomás de San Martín, desde el día de su llegada al Perú, vio y constató que la distancia del Perú a la isla La Española, era enorme y les imposibilitaba toda comunicación. Entonces, este grupo misionero, de acuerdo con sus hermanos dominicos que ya habían llegado al Perú, entre 1529 y 1537, acordaron que fray Francisco Martínez y Fray Agustín de Zúñiga, viajaran a Roma, para hacer conocer el caso al Mtro. General de la Orden, y proponerle la creación de una nueva Provincia. Llegaron pocos días antes de la inauguración del Capítulo General de Lyon (Francia), convocado por el Mtro. General de la Orden, Fr. Agustín Recuperato, el año 1540. Los Capitulares, luego de escuchar a los misioneros delegados del Perú, aceptaron la propuesta de fundar una nueva Provincia, independiente de la Provincia de Santa Cruz de la isla La Española. Así es como surgió la fundación de la Provincia Dominicana de San Juan Bautista del Perú, por decreto del Maestro General de la Orden, Fray Agustín Recuperato, con fecha 4 de enero 1540, señalándole como campos de misión, desde Panamá, hasta el Rio de la Plata (Argentina). Para el gobierno de la nueva Provincia, integrado por veinte frailes dominicos, el Maestro General nombró como Provincial a Fray Tomás de San Martín, y, en atención a las excelentes cualidades que había demostrado, durante los años de su dedicación a la docencia académica, en los Conventos de España, determinó que la duración de su cargo como Provincial, fuera de ocho años. ACTIVIDADES Durante los años de su Provincialato, Fray Tomás de San Martín, gestionó, en los conventos dominicos de España, el paso de 4 grupos de misioneros. El año 1540, llegó al Perú el primer grupo, integrado por 13 frailes, en la nave de Juan de la Puebla. En 1543, llegó el segundo grupo, integrado por 5 dominicos, en la nave de Antón Sánchez. En 1546, el tercer grupo integrado por 35 misioneros; arribaron 10 en la nave de Diego Quesada, 10 en la nave de Pablo García y 15 en la nave de Blas Gallego, y posteriormente, en 1553, llegó el cuarto grupo integrado por 20 religiosos, en la nave de Martín Rivera . FUNDACIONES Con estos frailes misioneros, Fr. Tomás de San Martín fundó 18 Conventos y 30 Doctrinas, en el Perú y en el Alto Perú (Bolivia). Con excepción de los grupos misioneros que llegaron a evangelizar en Colombia, Ecuador, Chile y Argentina, entre los años de 1540 y 1553, a los dominicos, que llegaron Perú, en estos años, se les encuentra misionando, en la costa, por el valle de Lima, Palpa, Pachacamac, Valle de Chancay, Atabillos, Aucallama, Trujillo y otros pueblos; en la sierra misionaban en Cusco, Ayacucho, Chucuito, Valle de Jauja, Tarma, Huaylas, Charcas, Chuquiabo, Potosí, llave, Zepita, Acora y Yunguyo. Estos conventos, casas religiosas y doctrinas, fueron verdaderos focos de evangelización, desde cuyos claustros salían los misioneros itinerantes a evangelizar, administrar los sacramentos, instruir y defender a los indios de la' explotación y abuso de los encomenderos. En el proceso de su gobierno, el año 1544, Fr. Tomás de San Martín celebró el Capítulo Provincial Intermedio. En esta asamblea deliberó con los Capitulares, sobre la cruel persecución que estaban sufriendo algunos frailes, por cuestionar y oponerse a los encomenderos que explotaban sin compasión a los indígenas que trabajaban en las mitas mineras, obrajeras y otras. Asimismo, informó de la restringida labor evangelizadora que venían realizando los misioneros a causa de las guerras civiles entre españoles y la abierta oposición de los encomenderos. PACIFICADOR Además de los múltiples trabajos en el gobierno de la Provincia Dominicana, tan extensa y activa, Fray Tomás de San Martín, urgido por las circunstancias y su ardiente caridad, aceptó intervenir en los' problemas políticos de su tiempo. Desde el año 1537, fray Tomás de San Martín y sus hermanos dominicos eran testigos de la dolorosa situación de los indígenas y de las guerras civiles, en las que andaban metidos los conquistadores Francisco Pizarro y Diego de Almagro. En 1538, el Rey-Emperador Carlos I-V envió como su delegado a Cristóbal Vaca de Castro, para dirimir el pleito; pero, ante la sangrienta rebeldía de los litigantes, el Delegado real no pudo llegar a su destino, se quedó en Popayán (Colombia). De día en día la situación iba agravándose. La intervención del dominico Fray Vicente Valverde, Obispo del Cusco, de alguna manera convenció a Francisco Pizarro para cesar en la guerra; pero su hermano Hernando Pizarro no dio el brazo a torcer y prosiguió la guerra contra Diego de Almagro, hasta lograr derrotarlo y ejecutarlo en la batalla de Salinas (Cusco), el 8 de julio de 1538. Los almagristas, en un gesto de venganza, sutilmente asaltaron la casa del gobernador Francisco Pizarro, en Lima, y de una estocada lo asesinaron, el 26 de junio de 1541. Cristóbal Vaca de Castro al enterarse de esta situación, desde Popayán escribió una carta, dándole poder a Fray Tomás de San Martín y a otras personas de autoridad, para ejercer la justicia, restablecer la paz e imponer el vasallaje al Delegado del Rey. En la citada carta se lee: “Por esta presente que doy y otorgo todo mi poder... según que lo tengo de su Majestad, a vos, el Regente Fray Tomás de San Marín, al señor Obispo del Cusco, Fray Vicente Valverde, a Gómez de Alvarado... para que por mí y en mi nombre y en nombre de su Majestad, podáis tomar la vara de la justicia y de acuerdo con el Cabildo y Regimiento de la Ciudad de los Reyes, elijan a la persona o personas que convengan... para que tengan a su cargo la justicia y la administración de la Ciudad” .

La sagacidad y prudencia de Fray Tomás de San Martín dieron oportunidad al enviado Vaca de Castro, para iniciar su gobierno en el Perú y vencer a los desafíos de Almagro del Mozo y de los almagristas revoltosos, en las llanuras de Chupas, el 16 de setiembre de 1542. La rebelión no terminó con la muerte de Almagro el Mozo, sino que los encomenderos empezaron a provocar la violencia y el rechazo a las ordenanzas, que el Delegado del Rey trataba de hacer cumplir. Frente a esta situación de rebeldía, el Rey-Emperador Carlos I-V, escribió una carta a Fray Tomás de San Martín, en la cual le da a conocer su preocupación: “Sabed que Nos fuimos informados que había necesidad de ordenar y proveer algunas cosas que convenía a la buena gobernación de las Indias y buen tratamiento de los naturales de ellas, y con mucha deliberación y acuerdo, mandamos hacer ciertas ordenanzas para ello, de las cuales algunos traslados impresos, van con ésta... Allende de que haréis cosa digna de vuestra profesión y hábito, conforme al buen celo que siempre habéis tenido al bien de esas partes, nos tenéis de ello por servido... Yo el Rey” . Las ordenanzas sobre la "buena gobernación y el buen tratamiento de los naturales”, provocaron una vez más la reacción y protesta de los encomenderos; principalmente, del encomendero Gonzalo Pizarro, dueño y señor de muchas propiedades en el Cusco y Las Charcas (Bolivia), y sobre todo, porque le animaba la pretensión de hacerse proclamar emperador del Perú. Dentro de este ambiente de violencia y ambición, Fray Tomás de San Martín hizo todo lo posible para apaciguar los disturbios. Pero todo fue en vano. Las revueltas terminaron con la desgraciada muerte del Virrey Blasco Núñez Vela; que sucedió en el cargo al Delegado real Vaca de Castro. Con estos antecedentes se desató la tercera guerra civil (1544-1548). Ante esta situación de oscuros horizontes, Fray Tomás de San Martín informó al Rey de lo que estaba ocurriendo. El Rey no tardó en enviar como Delegado al licenciado Pedro de la Gasca. Fray Tomás de San Martín y el Arzobispo de Lima Fray Jerónimo de Loayza actuaron como delegados para dialogar con Gonzalo Pizarro y pedirle que permitiera entrar a la ciudad de los Reyes, al nuevo Virrey. La respuesta del encomendero pretencioso fue positiva. Y así, Pedro de la Gasca, entró y tomó posesión de su cargo, en forma pacífica y solemne, el 24 de agosto de 1547. La Gasca, como su predecesor, Blasco Núñez Vela, trató de dar a conocer y hacer cumplir las “ordenanzas impresas”, proclamando el vasallaje al Rey, el respeto a la libertad de los indios, la suspensión de las encomiendas que habían caído en condición de perderlas, por los malos tratamientos a los indios, y el estorbo a la enseñanza de la doctrina cristiana. El Provincial Fray Tomás de San Martín, de acuerdo con La Gasca, remitió a los Conventos y Doctrinas las «ordenanzas impresas», para que los frailes dominicos las dieran a conocer y difundieran. Este paso agitó con mayor violencia la ira de los encomenderos. En su rabia, declararon la persecución a los misioneros dominicos. A Fray Pedro de Ulloa le ataron con grillos y cadenas, lo metieron en una mazmorra sin luz y allí le dejaron morir. Otra víctima fue Fray Francisco de San Miguel. Estando de camino de Piura a Lima, recibió la noticia que los encomenderos lo perseguían para matarlo. En aquella cruda realidad, fue socorrido por un indio caritativo. En este ambiente de persecución y muerte a los frailes dominicos, el Provincial Fray Tomás de San Martín no dejó de recurrir al diálogo con los rebeldes. A pesar de estas diligencias razonables, se llegó al enfrentamiento armado, entre las huestes de La Gasca y el bando de los encomenderos, en el valle de Sacsahuanca, a cuatro leguas del Cusco, el día 9 de abril de 1548. El enfrentamiento terminó con el rendimiento y la entrega voluntaria de los encomenderos Gonzalo Pizarro y su Maestro de Campo, Francisco Carvajal. La misión de Fray Tomás de San Martín, como pacificador, fue ciertamente muy grande. En su quehacer predominaba el vivo anhelo de reconciliar y poner armonía entre los contendientes; pero los resultados no siempre fueron de paz, sino de sacrificio. ELECCIÓN El año 1548, el Provincial San Martín convocó a los Priores y delegados conventuales, para celebrar en el Convento de Santo Domingo del Cusco el primer Capítulo Provincial electivo. Los capitulares teniendo en cuenta la magnífica labor que venía desempeñando Fray Tomás de San Martín, lo eligieron Prior Provincial, para un periodo de cuatro años más. Fray Tomás propuso entonces a la Asamblea Capitular la fundación de un Estudio General en el Convento de Nuestra Señora del Rosario (Convento de Santo Domingo), en Lima, para la formación cultural y religiosa de la juventud, principalmente de los jóvenes con vocación sacerdotal. La propuesta fue bien acogida y aprobada por unanimidad. En dicha Asamblea se aprobó también la sugerencia de seguir fundando nuevos conventos, doctrinas y escuelas, en los campos de misión, tanto en la costa como en la sierra. UNIVERSIDAD A fines del año 1550, el Provincial Fray Tomás de San Martín debía viajar a España, para asistir al Capítulo General de Salamanca y tratar de otros asuntos importantes de la Orden en el Perú, como el de gestionar en la Corte real el paso del Estudio General Dominico a la categoría de Universidad. Informado el Cabildo Límense de este proyecto, brindó su apoyo a Fray Tomás de San Martín, y puso en sus manos algunas «instrucciones» que debía dar a conocer al Rey, a cuyas instrucciones añadió la solicitud oficial del paso del Estudio General Dominicano a la categoría de Universidad. “Porque -dice el Cabildo- estas partes están tan remotas de España y los hijos de los vecinos naturales, enviándolos a los estudios de España, sería hacer grandes gastos y por falta de posibilidad, algunos quedarían ignorantes, pedimos a Su Majestad tenga por bien y haga merced que, en el Convento de Santo Domingo, se haga Estudio General con los privilegios, exenciones, y capitulaciones que tiene el Estudio General de Salamanca". Más aún, para acompañar en sus diligencias a Fray Tomás de San Martín, el Cabildo nombró como delegado al Capitán Jerónimo de Aliaga. El Rey, atento a la fructuosa labor evangelizadora, docente y pacificadora que venía realizando el Provincial y sus hermanos dominicos en el Perú, y respondiendo a los justos anhelos del Cabildo limeño, accedió gustoso a su solicitud; autorizó que el Estudio General Dominicano pasara a la categoría de Universidad, mediante la Provisión real del 12 de mayo de 1551, firmada en Valladolid. En dicho documento se lee: “DON CARLOS, por la Divina Clemencia, Emperador, semper augusto, Rey de Alemania y Doña Juana, su Madre, y el mismo Don Carlos, por la gracia de Dios, Rey de Castilla. Por cuanto Fray Tomás de San Martín de la Orden de Santo Domingo, Provincial de dicha Orden en las Provincias del Perú, nos ha hecho relación que en la Ciudad de los Reyes de las dichas provincias, está hecho y fundado un Monasterio de su Orden en el cual hay buen aparejo para hacer un Estudio General, el cual sería muy provechoso en aquella tierra, porque los hijos de los vecinos de ella serían doctrinados, enseñados y cobrarían habilidad, y nos suplicó fuésemos servidos de tener por bien que en el dicho Monasterio hubiese el dicho Estudio General con los privilegios, franquezas y libertades que ha y tiene el Estudio y Universidad de la ciudad de Salamanca, o como la nuestra merced fuese. Nos, por el bien y noblecimiento de aquella tierra, hémoslo habido por bien. Por ende, por la presente, tenemos por bien y en nuestra merced y voluntad que en el dicho Monasterio de Santo Domingo de la dicha Ciudad de los Reyes, por el tiempo que nuestra voluntad fuere, entre tanto que se da orden, como que esté en otra parte, donde más convenga en la ciudad, pueda haber y haya el dicho Estudio General, el cual tenga y goce de todos los privilegios, franquezas y exenciones que tiene y goza el Estudió de la dicha ciudad de Salamanca, con tal que en lo que toca a la jurisdicción, se quede y esté como ahora está, y que la Universidad del dicho Estudio no ejecute jurisdicción alguna, y con los que en allí se graduaren no gocen la libertad que el Estudio de Salamanca tiene, de no pechar los allí graduados. Mandamos a nuestro presidente y oidores de la nuestra Audiencia Real de las dichas provincias del Perú, y a otras cualesquiera nuestras justicias de ellas, y de las otras Islas y Provincias de las nuestras Indias, que guarden y cumplan esta nuestra Carta y lo en ella contenido, y contra el tenor y forma de ella, y de lo en ella contenido no vayan ni pasen, ni consientan ir, ni pasar en tiempo alguno, por alguna manera. Dada en la villa de Valladolid, a XII días el mes de mayo de mil y quinientos y cincuenta y un años. LA REYNA. Yo, Juan de Sámano, Secretario de sus Majestades la hice escribir por mandato de su Alteza, en su nombre. El Marqués, el Licenciado Gutiérrez Velásquez, el Licenciado Tello de Sandoval, el Doctor Hernández Pérez, el Doctor Rivadeneira, el Licenciado Briviesca. Registrada Ochoa de Luyando, el Canciller Martín Ramoin”. El nombre primitivo de la primera Universidad peruana fue: «Estudio General de Ntra. Señora del Rosario», posteriormente (1574) fue denominada «Universidad de San Marcos». ESCUELAS Y CASAS En entrevista con el Rey, Fray Tomás de San Martín le dio a conocer también la conveniencia y necesidad de fomentar la educación de la niñez. El Rey, en un gesto de gozosa aceptación, expidió la Cédula real del 10 de mayo de 1551, en la cual, asigna tres mil pesos de oro, para el fomento de las sesenta escuelas que había fundado en las Doctrinas esparcidas a todo lo largo y ancho del Perú. El interés de este buen religioso no se limitaba solamente a la educación de los niños, sino también a la educación y formación de las niñas. Le sugirió al Rey: “Se podría hacer en la Ciudad de los Reyes y en la ciudad del Cusco, dos casas, donde las niñas fueran instruidas y adoctrinadas, hasta la edad en que pudiesen elegir estado”. Más aún, en carta al Rey le hace ver la necesidad de congregar a los indios, en los pueblos, sede de las Doctrinas, con la finalidad de facilitar su instrucción en la doctrina cristiana, promover su desarrollo cultural y sobre todo, velar y proteger a los Indios del abuso de los encomenderos. “Yo he visto -le dice al Rey- morirse de hambre gran cantidad de indios, que pasaban en número, más de veinte mil... los amos les compraban cada fanega a dos pesos... y su amo la vendía en Las Charcas a cuarenta o cincuenta castellanos. Esto es fuerza”, (es un abuso). Esta acertada disposición tuvo muy buena acogida por los Doctrineros dominicos y Doctrineros de los diversos institutos religiosos que misionaban en diversos países de las Indias, por lo que mereció ser felicitado por el Rey Carlos V. OBISPO El año 1552, después de la celebración del Capítulo General de Salamanca, Fray Tomás de San Martín y su compañero Fray Isidro de San Vicente, empezaron a recorrer los conventos españoles, promoviendo misioneros para el Perú. Cuando Fray Tomás de San Martín estaba en estos afanes, le sorprendió la noticia de haber sido preconizado primer Obispo de Las Charcas, en el Alto Perú (Bolivia), por el Papa Julio III, el 17 de junio de 1552. El 23 de febrero de 1553, fue consagrado Obispo en Madrid, y ese mismo día, firmó el acta de erección del Obispado de Las Charcas. Antes de emprender su viaje de regreso al Perú, desde Sevilla escribió una carta al Rey dándole a conocer la situación de rebelión en Las Charcas, y la necesidad inmediata de establecer una Real Audiencia en la ciudad y distrito de Las Charcas. La razón principal de esta solicitud fue: "Porque al no haber Audiencia en esta Ciudad, se encastillan todos los malhechores, como se ve por experiencia, en esta rebelión que ahora de nuevo acaeció, [alude probablemente a la de Hernández Girón] y así, por evitar tanto mal, cuanto se ofrece cada día, como porque todas aquellas provincias sean bien gobernadas y regidas... sería razonable y cosa bien convencible que vuestra Majestad la mandase proveer... De Sevilla, últimos días de noviembre de 1553. El Obispo de Las Charcas”. (Una rúbrica). Después de un largo viaje marítimo, recién llegado a Lima Fray Tomás de San Martín, cayó gravemente enfermo y murió el 29 de marzo de 1554, afligido por la pena de no compartir con sus hermanos misioneros y feligreses las alegrías y penas, los proyectos y obras que anhelaba realizar como buen pastor de almas. La promoción de Fray Tomás de San Martín al Obispado de Las Charcas, hizo que renunciara al cargo de Provincial que venía ejerciendo. En su reemplazo fue elegido Provincial, Fray Domingo de Santo Tomás, el distinguido autor del primer Catecismo en Quechua, de la primera Gramática Quechua y del primer Vocabulario Quechua. ESCRITOS Fray Tomás de San Martín no publicó ninguna obra, sólo se conservan de su puño y letra los manuscritos siguientes: — Catecismo para la enseñanza de los Indios. — Relación de los sacrificios que los indios hacen a sus dioses en tiempos de sementeras, cosechas y trabajos públicos.

— Parecer sobre el escrúpulo de si son bien ganados los bienes adquiridos por los conquistadores, pobladores y encomenderos de Indias, etc. — Carta al emperador Carlos V pidiendo la fundación de una Real Audiencia en la ciudad y distrito de La Plata o Las Charcas.

A través de esta reseña podemos apreciar la gran figura de Fray Tomás de San Martín, como evangelizador itinerante, amante de la cultura, audaz, pacificador y celoso defensor de los indígenas. Fue humilde en su grandeza y servidor incondicional de los primeros años de la historia virreinal o del llamado periodo histórico colonial del Perú.

HOMENAJE PÓSTUMO

El 12 de mayo del año 2006, con motivo de los 456 años de la fundación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el cuerpo docente y estudiantes universitarios rindieron homenaje a su fundador, Fray Tomás de San Martín, erigiéndole un monumento en la plazuela principal de la Ciudad universitaria.

El monumento al ilustre dominico Fray Tomás de San Martín, recuerda a las nuevas generaciones universitarias, al gestor de la primera Universidad peruana, al fundador de 60 escuelas para la instrucción de los indios, y al promotor de casas adecuadas para instruir y proteger a las niñas y adolescentes indígenas... Escribió el Dr. Pedro Oliveira, Rector de la Universidad de San Marcos: “Fray Tomás de San Martín, nació con alas de águila, su vida puede ofrecerse a las nuevas generaciones, como manantial inextinguible de saludables enseñanzas”. Las obras que realizó en su vida son el mejor testimonio.

NOTAS



GUILLERMO ALVAREZ PERCA, O.P.

©Revista Peruana de Historia Eclesiástica, 11 (2008) 7-18