ULTRAMONTANISMO EN CHILE

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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El ultramontanismo fue la doctrina de adhesión a Roma en la defensa de las libertades e independencia de la Iglesia frente al Estado. El término refiere al vocablo francés que hace referencia a más allá de las montañas (de los Alpes) y que aspiraba a centralizar la Iglesia católica universal en torno a su figura central, el Papa. En Chile, este movimiento ya estaba articulado hacia 1848 en un grupo de sacerdotes en torno a la curia arzobispal encabezada por el arzobispo Rafael Valentín Valdivieso (1857-1878) y apoyados mayoritariamente por el Partido Conservador (fundado en 1857).


El alineamiento de la Iglesia con Roma rechazaba la mediación del Estado y buscaba una vía directa de relación con la autoridad papal que hasta entonces habían estado mediadas por la monarquía española. Los ultramontanos eran republicanos que concordaban con la soberanía que legítimamente ejercía el Estado sobre el territorio y los ciudadanos, y que aceptaban las libertades modernas en la medida en que ese Estado fuera católico, como lo consagraba la Constitución Política de 1833. Defendían la propiedad de la Iglesia y sus derechos como anteriores al Estado y eran opuestos al regalismo como doctrina que definía las relaciones entre la Iglesia y el Estado por la dependencia de la primera al segundo.


El regalismo defendía el patronato (Real Patronato) entendido como la cesión de derechos otorgados por el papado a la corona a cambio de protección a la Iglesia y que posteriormente, desde el siglo XVIII, se había entendido como un derecho adquirido directamente de Dios. La defensa ultramontana fue expresada a través de la Revista Católica, creada en 1843 y sus principios doctrinarios estaban contenidos en la encíclica Syllabus Errorum de 1864, que repudiaba al liberalismo y la secularización de las instituciones.


La filiación con Roma y la defensa de la autonomía de la Iglesia se tradujo en una lucha por excluir la intervención del Estado en sus asuntos internos y en un proceso de reorganización eclesiástica emprendida por el obispo Valdivieso que aspiraba a sentar las bases de un gobierno eclesiástico centralizado, jerárquico y operativo en todo el territorio del país a la vez que se articulara con la soberanía nacional[1]. Una primera expresión de reforma fue, en 1835, separar al Seminario del Instituto Nacional, lo que le devolvió su autonomía y permitía formar a sus alumnos de acuerdo a fines eclesiásticos.


Se buscaba que la Iglesia fuera un cuerpo homogéneo, uniforme y obediente a la jerarquía arzobispal y pontificia. Este proceso significaba a la vez definir las competencias y atribuciones dentro del clero y entre las jurisdicciones eclesiástica y civil, que expresó sus tensiones en el asunto del sacristán el año 1856 por el recurso de fuerza, presentado por dos eclesiásticos ante los tribunales civiles en reclamo de la orden de excomunión emanada por la autoridad eclesiástica. El conflicto era una disputa por el patronato que podría haber terminado en el exilio del arzobispo; pero también afianzó las relaciones de la curia santiaguina con Roma en defensa de los derechos de la Iglesia a remover y suspender a funcionarios eclesiásticos de sus cargos. Asimismo, evidenció el debate ideológico del siglo que derivó en la formación del sistema de partidos políticos en torno al eje religioso.


El Partido Conservador fue defensor de la independencia de la Iglesia frente al regalismo estatal y en oposición al Partido Nacional. Se formó el Partido Liberal opuesto al autoritarismo del Ejecutivo y el Radical que defendía las libertades públicas y la separación de la Iglesia y el Estado[2]. La actitud ultramontana se tradujo en defender la autonomía de la Iglesia frente al Estado en el contradictorio marco de la unidad de ambos poderes. Desde la década del ’70, el movimiento en contra del ultramontanismo exigía la secularización de las instituciones, desarrollar la enseñanza laica y una reforma legal para extirpar de la legislación civil las disposiciones recogidas de la canónica.


La muerte del Arzobispo Valdivieso en 1878 desató el enfrentamiento en el nuevo nombramiento que provocó la suspensión de las relaciones diplomáticas entre Chile y la Santa Sede en 1882. La Iglesia era una gran fuerza social y por lo mismo potencialmente también política, por lo que los gobiernos liberales resistían su independencia y liquidar el régimen de patronato. El conflicto llegó a su punto más álgido con la discusión y promulgación de las leyes de cementerios y matrimonio civil (1883-1884). Ambas significaban que el Estado chileno se había convertido en una institución laica y fueron el paso decisivo en dirección a la separación entre la Iglesia y el Estado, planteada en el proyecto de reforma constitucional el año 1883 y establecida definitivamente por la Constitución de 1925.


NOTAS

  1. Serrano, 2008
  2. Scully, 1992


Bibliografía

ALIAGA,F. La Iglesia en Chile. Su contexto histórico, Santiago 1989

BARRIOS,M. La Iglesia en Chile. Sinopsis Histórica, Santiago 1987

COLLIER, La construcción de una república, 1830-1865. Política e Ideas, Santiago 2005

DONOSO,R. Las ideas políticas en Chile, México 1946.

EYZAGUIRRE, J. Historia de las instituciones políticas y sociales de Chile, Santiago 1977

HEISE,J. Historia de Chile. El periodo parlamentario, 1861-1925, Santiago 1974

KREBS,R. Catolicismo y laicismo. Seis estudios. Bases doctrinarias del conflicto entre la Iglesia y el Estado en Chile. 1875-1885, Santiago 1981; ID., La Iglesia en América Latina en el siglo XIX, Santiago 2002

SERRANO, S. ¿Qué hacer con Dios en la república? Política y secularización en Chile (1845-1885), Santiago 2008

SCULLY, T. Los partidos centros y la evolución política chilena, Santiago 1992

VIAL, G. Historia de Chile (1891-1973), Santiago 1981.


FRANCISCA RENGIFO