PALAFOX Y MENDOZA, Juan de

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
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(Fitero, 1600; Osma 1659) Obispo, Político, Escritor.


Nació en la Villa de Fitero, Navarra, España, el 24 de junio del año 1600, hijo natural de Don Jaime de Palafox y Rebolledo, futuro Marqués de Ariza y de Doña Ana de Casanate y Espés. Don Jaime de Palafox confió la educación de su hijo Juan a los jesuitas del Colegio de San Gaudioso, en Tarazona. Posteriormente estudió Humanidades y Cánones a la Universidad de Huesca y en la de Alcalá, donde llevó una vida disipada que le hizo aprovechar muy poco en sus estudios. Quería seguir la carrera de las armas, pero obedeciendo a su padre se matriculó en la Universidad de Salamanca para proseguir sus estudios. En Salamanca abandonó la vida licenciosa y dada su gran capacidad intelectual, culminó brillantemente sus estudios de bachillerato; ante esto, su padre lo nombró gobernador del marquesado de Ariza y tutor de sus hermanastros.


Participó en las Cortes de Aragón donde se le dio el cargo de fiscal del Consejo de Guerra. Seducido por las cosas del mundo, el joven Palafox se dio a todo género de vicios y desenfreno de pasiones, pero la muerte de su hermanastra Lucrecia y la acción de la gracia de Dios le hicieron reflexionar. Leyó entonces las obras de san Roberto Belarmino y de San Agustín, hizo una confesión general de sus pecados y descubrió la llamada de Dios a recibir las órdenes sagradas.


A los 29 años de edad, Juan de Palafox fue ordenado sacerdote y se impuso así mismo una estricta regla de vida tomando como «Superiora» a la Santísima Virgen María, consciente de que “nadie fue al Padre sino por el Hijo, y nadie fue al Hijo sino por la Madre”. Obtuvo los grados de licenciado y doctor en Cánones por la Universidad de Sigüenza en 1633, y Felipe IV le otorgó una plaza en el Consejo de Indias. Posteriormente el Rey lo propuso para el obispado de la diócesis de Puebla de los Ángeles, a lo cual S.S. Urbano VIII emitió la bula pontificia correspondiente. Ante muchas peticiones que recibió de algunos de sus parientes, Palafox respondió: “la dignidad episcopal no tiene parientes sino acreedores, y éstos son los pobres, cuyas son las rentas”. El nuevo obispo de Puebla llegó al puerto de Veracruz el 24 de junio de 1640, y tomó posesión de la diócesis el 22 de julio.


Como Visitador de la Audiencia y Cancillería Real de México destituyó al Virrey Diego López Pacheco, y del 10 de junio al 23 de noviembre de 1642 desempeñó el cargo de Virrey, Gobernador y Capitán General de la Nueva España; fue presentado por el Rey ante la Santa Sede como arzobispo de México. Como obispo y virrey, don Juan de Palafox concentró en sus manos el poder espiritual y el poder temporal, pero eso no le hizo olvidar un solo momento que “la única razón del reinar es el servir” (Sto. Tomás). Formó las ordenanzas de la Universidad de México, de la Audiencia y de los abogados; levantó doce milicias para la defensa de las costas y restableció el comercio con el Perú y las Filipinas. En cuanto pudo solicitó al Rey ser relevado del cargo de Virrey, proponiendo al Conde de Salvatierra como la persona idónea; igualmente suplicó se le permitiera dejar el arzobispado de México para retomar el obispado de Puebla de los Ángeles.


En Puebla erigió, en 1644, el colegio de San Pedro y San Pablo (hoy Seminario Palafoxiano) al que dotó de una excelente biblioteca de más de cinco mil libros de ciencia y filosofía; reinició los trabajos de construcción de la Catedral, concluyéndola y consagrándola el 18 de abril de 1649. Erigió también el Palacio Episcopal y 36 templos; estableció un hospital para mujeres, un colegio para niñas y un hogar para mujeres pobres; fundó también el convento de religiosas dominicas de Santa Inés.


Como en toda realidad humana, la acción del obispo Palafox no estuvo exenta de tensiones y conflictos, y como él tenía el anhelo de corregir vicios del clero novohispano, asumió con celo su autoridad episcopal exigiendo acatamiento a ella de parte de las órdenes religiosas que existían en la diócesis de Puebla de los Ángeles. Y como la Compañía de Jesús había recibido de la Santa Sede diversos privilegios, los jesuitas se negaron a acatar algunas indicaciones de Palafox como fue la obtención de un permiso expreso del obispo para poder confesar y predicar. Tanto el obispo como los jesuitas tenían numerosos partidarios en la ciudad y el conflicto llegó a las calles, amenazando incluso la paz social. En una carta fechada el 25 de mayo de 1647 al Papa Inocencio X, Palafox denunciaba el uso que los jesuitas estaban haciendo de los privilegios que gozaban y pedía al Romano Pontífice que pusiera remedio. La respuesta de Inocencio X fue mediante un breve de fecha 18 de mayo de 1648, en el cual apoyaba al obispo en todos los puntos de jurisdicción en disputa, pero también le exhortaba a tener un trato más amable y moderado hacia los jesuitas.


El gran obispo de Puebla supo también conocer, valorar y promover a los indígenas, como lo prueba su magnífica obra «Virtudes del Indio». Desde sus responsabilidades como obispo de la Puebla de los Ángeles y virrey de Nueva España, Palafox y Mendoza manifestó su profunda preocupación por el bienestar y la cultura del pueblo. Su generosidad para con los pobres y necesitados llegó al punto de dejarlo con una deuda de 130 mil pesos, lo que le llevó a decir: “ya no me ha quedado que dar limosna otra cosa sino la Palabra de Dios”. Fue autor de varios libros y promotor del arte y la cultura. Trasladado a la diócesis de El Burgo de Osma, España, Don Juan de Palafox y Mendoza falleció en esa ciudad el 1° de octubre de 1659.


El proceso de beatificación de Don Juan de Palafox dio inicio en 1666 pero fue interrumpido varias veces por diversas circunstancias; por ejemplo, el 1699 por la muerte del obispo de Sevilla, promotor de la causa retrasó la introducción del expediente ante la Santa Sede hasta 1726. El exilio de los Romanos Pontífices durante el periodo napoleónico y la posterior guerra por la unidad italiana fueron otras causas de interrupción del proceso. Sin embargo ninguno de los pasos aportados perdió validez, incluyendo el milagro estudiado y aprobado, que fue la inexplicable curación a la luz de la ciencia del sacerdote Lucas Fernández de Pinedo ocurrida en 1766. Lucas Fernández era párroco de Fuentemolinos (Soria, España) y había sido desahuciado por los médicos tras cuarenta días de lucha contra la tuberculosis, que en esa época era una enfermedad incurable y mortal.


Desahuciado el párroco hizo su testamento, recibió los últimos sacramentos y se despidió de sus parroquianos; a su lecho llegó un sobrino suyo que también era sacerdote y le llevó una reliquia de Palafox. El enfermo la recibió, se encomendó a Palafox y se quedó dormido, mientras los síntomas de la enfermedad que, desde muchos días atrás lo tenían insomne, desaparecieron instantáneamente. Despertó cuatro horas después perfectamente sano. Así lo testimoniaron el médico de Fuentemolinos y otros dos más que lo habían tratado. La detallada documentación de esa curación inexplicable respaldó el milagro necesario para su beatificación, y el 27 de marzo de 2010, después de más de tres siglos, el Papa Benedicto XVI autorizó la promulgación del Decreto de su beatificación. La ceremonia correspondiente se realizó en el Burgo de Osma el 5 de junio de 2011.


Escritos

Sitio y socorro de Fuenterrabía y sucesos del año 1633

Santo de escoplo y martillo

Historia real sagrada

Varón de deseos

Trompeta de Ezequiel

Naturaleza y virtudes de los indios


Bibliografía

Sánchez Espinoza Víctor, Arzobispo de Puebla. Con Júbilo. Primera carta pastoral, Puebla, 2010.

Portillo Capilla Teófilo. Palafox, el reformador. Secretaría de Cultura, Gobierno del Estado de Puebla. Puebla, 2011

JUAN LOUVIER CALDERÓN