Diferencia entre revisiones de «NUEVO MUNDO; Teorías escatológicas de fray Gonzalo Tenorio»

De Dicionário de História Cultural de la Iglesía en América Latina
Ir a la navegaciónIr a la búsqueda
 
Línea 178: Línea 178:
 
   
 
   
 
[[VILLANUEVA,_Tomás_de,_O.S.A|VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]
 
[[VILLANUEVA,_Tomás_de,_O.S.A|VILLANUEVA, Tomás de, O.S.A]]
 
[[MATRIMONIO_EN_CHILE|MATRIMONIO EN CHILE]]
 
 
   
 
   
 
[[EUCARISTÍA;_distribución_a_los_indios|EUCARISTÍA; distribución a los indios]]
 
[[EUCARISTÍA;_distribución_a_los_indios|EUCARISTÍA; distribución a los indios]]

Revisión actual del 10:02 8 jul 2019

Teorías providencialistas sobre el descubrimiento y conversión de Las Indias

Un hecho tan extraordinario como el descubrimiento de un mundo hasta entonces desconocido, y la conversión casi simultánea del mismo, impresionó hondamente a los contemporáneos, que lógicamente trataron de darle una explicación. Lo que intentaron explicar fue: 1) por qué se descubrieron las Indias; 2) por qué estas tareas se encargaron a España, y 3) posibles consecuencias de este descubrimiento y conversión para España.

Las teorías fueron múltiples, que aquí las señalaremos solo brevemente, pero en todas ellas se ve latente un sentido providencialista-misional de la obra de España en América. Estas teorías no sólo se desarrollaron en España, sino que también se formularon en América. Por ello Gómara pudo escribir: “Lo más grande desde la creación del mundo, a excepción de la encarnación y la muerte de Aquel que lo creó, es el descubrimiento de las Indias.”

A la pregunta del por qué se descubrieron las Indias, respondieron los contemporáneos que se debió como premio a las virtudes del indio, a la observancia de la ley natural, única que conocían. Esta teoría la defendieron algunos de los dominicos. En contraposición con esta visión tan optimista está la de aquellos que vieron en el Descubrimiento de América un castigo de Dios a los naturales por sus idolatrías, vicios y pecados. Pero Dios decidió cambiar las cosas con la llegada de los españoles.

Una tercera opinión fue la teoría de la compensación. A raíz de la propagación del protestantismo en parte de Europa, se perdió la misma para la Iglesia. Para Sahagún y Mendieta vieron en las Indias un simple desquite por parte de Dios de lo que perdía la Iglesia en Europa. Pero realizado el descubrimiento de América, también los escritores de la época se preguntaron por qué su conversión se comisionó casi exclusivamente a España.

También aquí las teorías fueron varias: en primer lugar fue una recompensa a los Reyes Católicos, no sólo por sus méritos personales, sino por haber luchado en España contra los moros y porque ayudaron a Cristóbal Colón, como quiere Bartolomé de las Casas. Para otros el premio fue para Felipe II, que se dedicó con todo su empeño a la conversión de las Indias durante su largo reinado. Y una tercera opinión fue la de Acosta y Sahagún, que vieron en los españoles una aptitud, la más conveniente, para dedicarse a la conversión de las Indias.

Por todo ello se deducía que las consecuencias para España al encargarse de la conversión de las Indias tenían que ser gravísimas, pues Dios quedaba comprometido en ello, y por lo tanto tenía que prestarle su cooperación. Si los naturales o España correspondían o no a este designio de Dios serían premiados o castigados. De aquí surgieron algunas teorías que trataban de solucionar estas gravísimas consecuencias.

La primera fue que Dios cooperó en la conquista y conversión de las Indias. Pues si Dios preparó el camino para el Descubrimiento de América, es de suponer que aún lo preparase mejor para su conversión. Así opinaba el P. Acosta, y decía que Dios preparó el camino del cristianismo cuando el imperio romano estaba en su mayor auge. Pero el futuro de las Indias dependía de la correspondencia al plan divino sobre las mismas.

Y aquí se originó una división de opiniones: para unos era un mito la conversión de los indios, mientras que para otros su conversión fue una realidad, por lo que podían esperar algún premio. En cambio, para otros el futuro de España era algo incierto, pues hubo –decían– muchas fallas en la conversión de las Indias.

Si la conversión de las Indias era un hecho real, el cristianismo pasaría al Nuevo Mundo, con todas las consecuencias que ello suponía. Teoría defendida hasta por los compositores del Tercer Catecismo Límense (1582-1583), que decían que la conversión de las Indias era no sólo un signo escatológico, sino que Dios mandó descubrir el Nuevo Mundo precisamente porque estando ya el mundo en vías de terminarse, era menester que los indios se convirtiesen antes que aquel llegase a su fin.

Es este ambiente en el que se movieron muchos pensadores de entonces, tanto de España como de América, teorías interesantes para la historia del pensamiento, todas ellas con un gran sentido providencialista de la historia. Tal es el caso del franciscano Fr. Gonzalo Tenorio.[1]


Biografía de fray Gonzalo Tenorio (1602-1682)

Este fraile criollo de mediados del siglo XVII fue un fecundo escritor y teólogo. Fue un hombre de mucho valor y por eso el arzobispo de Lima el 26 de julio de 1659, le recomendaba al Rey de España para obispo. Antes de ingresar a la Orden franciscana se había graduado de Bachiller en Teología y Artes en la Universidad de San Marcos, en la que fue catedrático, como lo fue después en la Orden franciscana. Desempeñó varios cargos, como Custodio, Provincial y Comisario General interino. Por orden del virrey intervino en la composición de las tierras de indios en Moquegua, en lo que procedió “con mucho ajustamiento”, dice el arzobispo.[2]

La más completa información biográfica de este franciscano la hallamos en la carta anteriormente citada del arzobispo de Lima al Rey, que dice así:

“Del Orden de San Francisco: Fr. Gonzalo Tenorio. Es natural de Jaén de Bracamoros, en el Obispado de Quito, de edad de 57 años; hijo legítimo de padres nobles e limpios, de quienes he oído de que lo fueron de los Conquistadores de este Reino y de el de Chile; y que el Sr. Rey D. Phelipe tercero, padre de V.M., mandó que fray Gonzalo, siendo de 12 años, se criase en este colegio de S. Martín, a costa de su Real Hacienda, hasta que acabase sus estudios; y que entonces el Virrey informase por él; los cuales continuó con mucho lucimiento, de suerte que habiéndose graduado de Bachiller en Teología y de Maestro en Artes, llevó por oposición, en esta facultad, una cátedra en esta Universidad, a los veintiún años de su edad; y después, a los veinticuatro, otra cátedra de la misma facultad, y entonces de entró en la Religión [Orden], donde profesando y estando ordenado de sacerdote, leyó 14 años continuos Teología con mucho lucimiento; y es lector jubilado de su religión [orden] y ha sido un trienio custodio y otro trienio Provincial en esta Provincia, y en este tiempo exercitó por dos años el oficio de Comisario General de ella, y de las demás del Perú; y a tres años y más que anda entendiendo, por orden del Virrey, en el desagravio de los Indios y ha procedido con mucho ajustamiento.”[3]

Fue, pues, un descendiente de conquistadores del Perú y Chile. Sus padres se llamaron Lorenzo Núñez Tenorio y María Núñez de Tuesta, según la Información de toma de hábito.[4]No solamente fue un intelectual, sino que también estuvo un tiempo dedicado a la obra misionera, en compañía de Fr. José Tamayo, en las misiones del Cerro de la Sal.[5]Pero lo que le atrajo la atención de los escritores de su tiempo fue por sus teorías teológicas sobre temas que expuso con motivo de haber sido nombrado procurador de la Causa de Beatificación de San Francisco Solano.[6]

Aunque la doctrina de la Inmaculada Concepción gozó de honda devoción a fines del siglo XVII en España e Hispanoamérica, sin embargo, el hecho de haberle envuelto el P. Tenorio en un marco apolítico y mesiánico, le atrajo muy serias críticas contra sus escritos en los ambientes teológicos. También pretendió haber recibido numerosas revelaciones divinas; su providencialismo fue tan exagerado que llegó a considerar su propio libro como una parte integrante de los planes de la Providencia.

Le faltó modestia y ello dañó su imagen, pues decía que Dios elegía a los humildes ( criollos) de este mundo (indiano) para confundir a los sabios (de España). El P. Tenorio se defendió con vigor contra sus críticos teológicos. Cuando en 1663 viajó a España, los acusó de tenerle prejuicios por ser criollo; y ello trajo consigo que las autoridades no permitieran publicar sus enormes 16 volúmenes conservados hoy en un convento franciscano de Andalucía.

Escritos de fray Gonzalo Tenorio

Aparte de algunos escritos menores, la obra fundamental donde expone sus teorías teológicas son los 16 tomos que se conservan en el convento franciscano de Chipiona (Cádiz) y un juego incompleto en los Archivos del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Madrid.[7]El punto central de las teorías escatológicas-providencialistas de Fr. Gonzalo fue su ardiente devoción a la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y su conciencia clara de ser criollo americano, descendiente de españoles nacido en las Indias.

La monarquía universal de Cristo había comenzado con la creación. Su gobierno se interrumpió con la caída de Adán y Eva y fue restaurado en forma parcial por la Redención. Durante la tercera edad, tendría lugar de nuevo la plenitud del reinado de Cristo. El principio de la tercera edad, el reino milenario, tendría lugar cuando la Iglesia proclamara la Inmaculada Concepción como dogma, creencia que gozaba de una gran popularidad en España desde la década de 1620.

La Virgen María se convirtió en el prototipo del reinado universal de Cristo. El plan providencial se revelaba en la historia. Mientras los judíos habían sido el pueblo elegido del Viejo Testamento, España y las Indias españolas eran el pueblo elegido del Nuevo Testamento. Su visión de la conquista y de la empresa misionera, ya de fines del siglo XVII, es novedosa y llamativa.

La base de la interpretación de P. Tenorio era su defensa de la entonces ya desacreditada teoría del cristianismo prehispánico. Atacó al representante de la ortodoxia política, Juan de Solórzano Pereyra (1575-1655), quien con numerosos argumentos racionales destruyó el cristianismo prehispánico. Según Fr. Gonzalo, la respuesta indígena a la primera prédica del Evangelio en tiempos de la iglesia primitiva fue única. Rechazaron la verdadera fe.

Por ello fue necesaria una segunda prédica en tiempos de los españoles, en que los indios fueron obligados a aceptar el Evangelio. Si no aceptaban la prédica tendrían que soportar la esclavitud, que en definitiva sería para su propio bien, puesto que estarían sirviendo a la nueva raza elegida e iban a ser instruidos en los principios de la verdadera fe.

Como religioso franciscano, el P. Tenorio tenía experiencia misionera en el Perú y, por tanto, era consciente de los defectos de la tarea misionera. De aquí que haya identificado la prédica española del Evangelio en las Indias con la segunda de las tres prédicas universales. Tanto la primera como la segunda eran imperfectas en su realización. Todavía tenía que venir el tiempo de los grandes males, al que España se iba acercando y al cual seguiría la lucha contra el Anticristo. Sólo hasta que éste fuera vencido, comenzaría la tercera edad con la implantación del reino milenario, cuando la conversión de toda la humanidad se alcanzaría totalmente.

Bastante pesimista en cuanto a la España de su propio tiempo que empezaba a hundirse en la decadencia, insinuó la posibilidad de que Dios repudiara a la raza elegida del Nuevo Testamento, de la misma forma en que Dios había vuelto sus espaldas a la raza elegida del Viejo. Pero nunca le abandonó la esperanza de que rejuveneciera. Existía la convicción implícita de que las Indias serían el instrumento del renacimiento de España.

Usó muchos de los argumentos simbólicos de carácter barroco para indicar el interés de Dios y de la Virgen María en las Indias. Estando en la cruz, Cristo había vuelto la cabeza hacia el occidente, con la espalda, es decir, de frente a Roma y España. La Virgen María a sus pies encauzó el río de la gracia hacia el sur, hacia el reino del Perú, baluarte de la iglesia indiana.

Hay incluso algunas sugerencias de Fr. Gonzalo de que el gobernante universal en la tercera edad pudiera proceder de las Indias. Durante el tiempo de los grandes males que precederían a la proclamación de la Inmaculada Concepción, el Papa tal vez se refugiaría en España o en el Perú. Lo que Tenorio parece decir, pero nunca lo dice en forma explícita, es que las Indias reemplazarían a la España decadente durante la culminación de la tercera edad del mundo.

Estas atrevidas teorías debieron ser motivo más que suficiente para que sus trabajos no fueran publicados nunca. Aunque la doctrina de la Inmaculada Concepción gozó de honda devoción a fines del siglo XVII en España, el que Fr. Gonzalo Tenorio la envolviera en un marco apocalíptico de tanta controversia, había de estar destinado a provocar una gran hostilidad en los círculos teológicos. Por tanto, la Junta de Teólogos de la Inmaculada prohibió la publicación de la obra del P. Tenorio.


Sin embargo, en contraste con el P. Francisco de la Cruz –fraile dominico muerto en la hoguera en Lima en 1578– el franciscano Gonzalo Tenorio parece moderado. Éste nunca llevó una vida desarreglada moralmente como el dominico, ni tampoco fue acusado de practicar magia ni brujería como lo fue el dominico.

La escatología de fray Gonzalo Tenorio aplicada a España

La doctrina providencialista de Fr. Gonzalo está inspirada en la Biblia, y consecuentemente ve la historia como una tesis teológica. Para este franciscano la historia de España es una «vocación o elección» por parte de Dios. Sin embargo, esta elección es enteramente gratuita, basada en la liberalidad divina. Fray Gonzalo señala cuatro hechos para probar sus teorías:

a) Protección de la fe católica. Para este escritor, España y la Casa de los Austrias defendieron siempre la fe católica contra los ataques y errores de los judíos y de los mahometanos. Por ello Dios premió a los Reyes de España con un gran imperio, el más extenso del mundo. Por eso recomienda al Rey de España: “Es verdad que vemos al pueblo cristiano y católico cubierto de vicios y pecados desde los pies a la cabeza, pero os rogamos sobre todo que conservéis la fe, porque así tendréis el fundamento para sobreedificar la ciudad de Dios: con el rocío celestial, la raíz, que es la fe, podrá germinar.” El autor pronostica un final incierto para España, aunque no descarta un futuro glorioso.
b) La teología de la «Razón de Estado» para España. El autor no quiere equiparar el reino católico en el sentido que pensaba Maquiavelo, para quien la «Razón de Estado» era ley suprema de gobierno. Para Fr. Gonzalo Tenorio, España debía “procurar el estado de la razón”, es decir, era totalmente contrario a las tesis del «Príncipe» de Maquiavelo. La misión de España en la historia era eminentemente evangelizadora.
c) Los otros dos hechos por los que España había sido elegida para tan alto destino eran la devoción del rey de España a la Sagrada Eucaristía y a la Madre de Dios. “Por su veneración a la Eucaristía favoreció Dios temporalmente a la Casa de Austria.” Igualmente pensaba nuestro autor sobre la devoción a la Virgen María, especialmente al Misterio de la Inmaculada Concepción de María, pidiendo al Papa que lo declarara como dogma de fe. Si esto llegara a suceder, sería el comienzo de la monarquía universal de España.


Misión providencial de España

Para este franciscano, los Reyes Católicos Fernando e Isabel constituían el inicio del momento cumbre de Carlos V. Por el matrimonio de los dos se consiguió la unidad política de España, y con la conquista de Granada se alcanzó la unidad religiosa de España, y todo ello presagiaba la formación del Reino Único compuesto de varios reinos pero bajo una sola Monarquía. Con Carlos V y Felipe II llega a su máximo esplendor el imperio y monarquía universal. El autor llama a Carlos V el «nuevo Abraham», padre de muchas naciones.

Mas esa época de esplendor ya se había acabado, y más bien España entraba en un período de decadencia, que comprendía los reinados de Felipe IV y Carlos II, es decir, los años contemporáneos al autor. Éstas eran algunas de las ideas de Fray Gonzalo referentes al siglo XVII. Siguiendo la doctrina de Santo Tomás de Villanueva y del abad Joaquín de Fiore, divide la historia del mundo en seis edades. Con el siglo XVI se completa la sexta edad y comienza la edad del apocalipsis.

Esto se comprueba por la casi total apostasía de la fe cristiana en gran parte de Europa, a excepción de España e Italia. El resto del mundo era pagano, hereje o cismático. La Iglesia Católica esta angustiada con todas estas aflicciones que precedían a la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Como muestra del estilo profético de Fray Gonzalo Tenorio traemos los siguientes párrafos:

“O queridísima España que en otros tiempos era el terror de todos los enemigos, fortaleza de la Iglesia y señora de las naciones; ¿cómo te presentas ahora tan vil, que no eras capaz ni de resistir a los salteadores, que no lo son de oficio, y te asolan por doquier? ¿Dónde están aquellos soldados valientes, robustos y guerreros, cuyo solo nombre infundía terror a todo el mundo? Desaparecieron todos; no ha quedado ninguno... Por nuestros pecados el Señor nos los arrebató a todos...No temo la infancia del Rey (Carlos II), ni la regencia de la madre; temo por los niños de cien años, en cuyas manos se ha puesto el gobierno; en ellos domina la idolatría por su inmoderada avaricia.

El Profeta (Isaías) no se refiere tanto a los príncipes que son niños en edad, cuanto en costumbres, ni a las mujeres por el sexo... sino a los varones afeminados, como son los que actualmente gobiernan... Gran plaga es esta, pero es mucho mayor la de los predicadores, que, en lugar de infundir miedo al pueblo para que se convierta, lo engaña, anunciando paz, paz y seguridad, para que el pueblo duerma tranquilo y sea dominado más fácilmente por los enemigos que le amenazan. Esta peste pésima está asolando cruelmente las Curias (de obispos) y son víctimas casi todos los predicadores; porque temen ser desterrados de la Corte no se atreven a cumplir con su oficio.”

A continuación sigue el autor con unas hermosas páginas sobre los ataques a España y a las Indias por parte de sus enemigos tradicionales, y el mismo autor se constituye en testigo de ello cuando dice:

“Esta envidia dio comienzo en tiempo de Fernando, al unificar tantos reinos bajo la corona de los Reyes de España; pero llegó al máximo en tiempo de Felipe IV. Lo vimos ya el año 1624. Los pueblos trazaron contra él vanos planes; a saber, los pueblos de Holanda y Bélgica. Siendo herejes y rebeldes en la fe, no quisieron que reinara sobre ellos su Príncipe natural y enviaron una numerosa y bien abastecida flota al reino del Perú, para desbaratar allí su poder, si les hubiese sido posible invadir aquel reino, que es el nervio de esta Monarquía.

Se presentaron tan de improviso en el puerto del Callao, que si hubieran desembarcado inmediatamente sus tropas, sin duda, hubieran ocupado aquel reino; pero Dios les cegó, porque, aunque airado por nuestros crímenes, se acordó de su misericordia. Por donde, rehechos los ánimos, fácilmente pudimos evadir aquel peligro.

Hablamos de lo que vimos con nuestros ojos y palpamos con nuestras manos en tiempo del Marqués de Guadalcázar (1622-1629). A continuación, unos años después, en tiempo del Marqués de Mancera (1639-1648), vimos otra no menor flota de herejes, enviada por los mismos, para apoderarse del reino de Chile. Fijaron su pie en el pueblo que se llama Valdivia, pero el Señor desbarató sus planes...

Vimos ya en 1662 la representación que los extranjeros hicieron de Felipe IV: rodeado de extranjeros que maquinaban contra él, uno simulaba quitarle la montera, otro la capa, un tercero le arrebataba la vestimenta exterior, vulgarmente llamada ropilla, otro le despojaba de su calzado y los demás, cada cual se disponía a apoderarse del resto; dejándole desnudo. Y cada uno se decía para sí: Esta parte del reino es para mí...

Hemos visto ya Cataluña entregada a Francia. Portugal sublevada. Cómo los ingleses, después del suplicio inicuo de su Rey, piratean cruelmente nuestras naves y las Islas que caen hacia el occidente. A los Franceses hostiles haciendo guerra y queriendo apoderarse de Fuenterrabía; y lo peor de todo, hemos visto ya, en nuestra misma casa, los reinos de España divididos entre sí, quedando sola la región de Castilla.”

Para el autor, la decadencia de la misión providencial de España era un hecho, y lo mismo podría pasar en la empresa de Indias. La ostentación y la avaricia habían traído la perdición de los españoles en Indias. El autor recuerda haber conocido en su tiempo de tres a cuatro carruajes en Lima y ahora, dice, había miles de ellos.

El oro y la plata que los españoles habían sacado del Nuevo Mundo eran también la causa de la decadencia de España en el siglo XVII. Todo el mundo estaba esperando en Cádiz el oro, la plata y las piedras preciosas que llegaban de América. “España ha fornicado con todos los reinos de la tierra y a cuenta de las mercancías ha heredado las costumbres depravadas de aquellos.”

Tenorio tampoco ahorra palabras admonitorias hacia sus hermanos de hábito de las Indias. Ellos, que debían dar el ejemplo de pobreza apostólica al pueblo, habían abandonado su primitivo espíritu y se dedicaban a los negocios como el resto de la gente. El colmo de todo es que los Visitadores oficiales eran enviados desde España por las autoridades mayores de la Orden. El franciscano sentía que esto se podía aplicar a su amada Provincia de los Doce Apóstoles de Lima.

Con estas lamentaciones Fray Gonzalo cree que se había abandonado el espíritu primitivo de la conquista y conversión de las Indias. Y para detener esta decadencia de España, el franciscano insiste en que el Rey pidiera al Papa la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de la Virgen.

La escatología de fray Tenorio aplicada a las Indias

Nuestro autor insiste en que la Fe ha sido introducida en las Indias por uno de los doce Apóstoles y cita a autores [ya conocidos y clásicos «indianos» o americanistas como]: Acosta, Gómara, Oviedo, Salazar, Maluenda, Pedro Mártir, Herrera, Torquemada, Mexía, Gregorio García, Ramos y Calancha, etc. Aunque no se sabe cuál de los doce, pero la opinión general es que fue Santo Tomás.

Para defender esta tradición se sirve de un doble argumento: los textos bíblicos que hablan de la universalidad de la predicación apostólica, y las huellas de la fe cristiana encontradas a la llegada de los españoles. Insiste en que él mismo ha visto estas huellas entre los indios del Perú. Sus habitantes fueron llamados a la fe en tiempos de los apóstoles, y su respuesta fue positiva, pero en algunas regiones fue más eficaz que en otras. Aquí en América no lo fue tanto, pues la mayoría permanece fría a la nueva Fe.

Entre las consecuencias de esta repulsa, Fray Gonzalo expone éstas: que sus habitantes se vieron obligados a recibir el Evangelio por la fuerza. Así este franciscano criollo se ve obligado, por defender sus teorías providencialistas, a justificar “la conquista a causa de la evangelización” por parte de los españoles en el Nuevo Mundo, pues dice: “… y en pena y castigo os certifico que, pasados muchos siglos y transcurridas las centurias, vendrán a vosotros por mar los Españoles y ocuparán esta tierra y os obligarán volentes et nolentes a entrar en la Iglesia y en penitencia seréis esclavos suyos en vuestra misma región.”

Y más adelante confirma Fray Gonzalo sus teorías diciendo: “Estos hombres venidos de otras tierras en naves, os subyugarán y vilipendiarán más que si fuérais esclavos, obligándolos en vuestras propias tierras a trabajar sobre vuestras fuerzas y entonces abrazaréis por fuerza la fe, que voluntariamente despreciasteis en un principio.

Así lo ha comprobado la experiencia, porque tan mísera servidumbre como la que vemos en estos hombres, sumamente desgraciados, nunca hemos leído haya existido desde el principio del mundo... Sufren, no obstante, pacientemente esta pena, comentando entre sí la conminación del Apóstol; pues muchas veces les he oído en su idioma huchaymi, que en latín significa juste patimur, nuestra es la culpa, porque nuestros padres desecharon la verdad.”

La dificultad está en cómo la servidumbre de los indios contribuye a su salvación. Y la solución está en que ellos reciban la verdadera Fe. Con esta visión salvadora, Fray Gonzalo Tenorio tiene que conciliar los dos extremos aparentemente irreconciliables: la imposición de la Fe por la fuerza, y la dócil aceptación de la Fe por parte de los americanos. Así, tiene que aceptar la violencia de la conquista para poder recibir la predicación apostólica, pero en la actualidad –dice– es signo de la merced divina y de una verdadera conversión de las Indias.

Por lo tanto es un decidido partidario de la tercera fase de la Evangelización de las Indias, la de la «hora undécima» trasladada a América, y esta puerta es la devoción a la Virgen María. Teme por Roma, “mas como la Iglesia Romana no ha de perecer, cabe dudar cual será el lugar dónde se refugiará el Pontífice en su fuga. El lugar reservado sólo Dios lo sabe; mientras tanto es libre a cada uno desear para su patria tanta distinción y honor [...] Por todo ello, si Roma ha de ser destruida, España infestada y Francia sepultada en el olvido, nada tiene de extraño que anhele que esta fuga de la mujer sea hacia estas regiones de América.” Y remarca su criollismo con estas palabras: “Es incongruente querer negar a las Indias lo que Dios y la naturaleza les ha concedido.”

Para Fray Gonzalo, la tercera fase de la predicación del Evangelio está caracterizada por su universalidad y apostolicidad, así como por una floración exuberante de la fe cristiana “plena en sus finitos.” Esta tercera edad sería el inicio del reino temporal mesiánico; las dos anteriores, por el contrario, eran compatibles con la infidelidad y la caída.

Pretende fundamentar sus teorías en las Sagradas Escrituras, pues dice en una parte: “No se puede creer que la conversión tan numerosa de los meridionales (esto es, las Indias), reservada por altísimos designios al final de los tiempos, no haya sido predicha en las Sagradas Escrituras.”

Y como una deducción de su principio remarca: “Por lo cual, como también aquellas gentes fueron creadas por Dios a su imagen y semejanza redimidas por la sangre de Cristo, no hay por qué excluirlas de los castigos descritos en la profecías sagradas, o de las bendiciones y liberaciones prometidas en las mismas [...] La conversión que ha comenzado es presagio de la mies copiosa que se recogerá al final. Esta predicación ha dado comienzo a la hora de undécima, coincidiendo con la beatificación de la inmunidad de María por la solemnidad de su fiesta instituida por Sixto IV, en signo y prenda de que cuando tenga lugar la canonización sobrevendría la conversión plena y universal, o la gran cena nupcial, a la hora duodécima.

Cuando las Islas Británicas abandonaban la Iglesia y la fe de Cristo, el Señor indujo a las Indias Occidentales a entrar en el banquete de la cena y trasladó a aquellas regiones su Iglesia. En corto tiempo arraigó en ellas tan firmemente la fe que piadosamente podemos creer que ellas son los últimos de quienes se dice en la parábola: Y serán los últimos los primeros y los primeros los últimos. A ellas les favorecen hasta los cuerpos celestes; pues ya hasta el Austro se dirige hacia aquellos reinos, apartándose de Roma y de España [...].”


Juicio de fray Gonzalo Tenorio sobre su obra

El exagerado providencialismo del autor lo extiende también a sus escritos, concebidos especialmente para las Indias. Una de las características de Fr. Tenorio es que escribe con persuasión de ser un «autor iluminado», de haber recibido algunas revelaciones o «luces», razón por la cual sus escritos no fueron publicados. Aunque no cayó en manos de la Inquisición, sí fue muy criticado –como ya se ha dicho– por los teólogos de España de entonces. Mas él se defendió así:

Se nos arguye en sexto lugar de la inutilidad, vileza y poca importancia del libro y del autor, el cual aunque oriundo de padres españoles, es nacido en el reino del Perú, lo cual basta para el completo menosprecio del autor y del libro. ¿Ha podido salir quizás algo bueno de América? ¿Qué estudios o letras pueden salir de allí? Gotitas minúsculas caídas en el inmenso piélago de sabiduría de los reinos de Europa, de donde bebieron un poquito estos indianos!....[8]

Nos disponemos a responder a esto; y en el comienzo mismo de la respuesta se nos ocurre la objeción idéntica que se le presentó a Cristo: ¿Puede salir algo bueno de Nazaret? Cuando lo que había salido era el mismo Cristo, Dios-Hombre,...vino a iluminar a cuantos se hallaban en tinieblas...y no le comprendieron.”

Y así sigue quejándose, creyendo que no se le tenían en cuenta sus escritos por venir de un «indiano»: “Me molesta esta objeción y con una lícita y santa impaciencia no aguanto a soportarla; deploro en esto la desdicha de este reino, el más feliz del mundo... o infelicidad suma la de los indianos, cuyo infortunio llega a tanto, que debiendo ser alabados, son menospreciados por la misma raíz de cuya substancia han germinado.”

Y termina su apología con estas palabras: “Vean pues y examinen diligentemente (los españoles) si la mina [talento] que fue depositada en manos de los indios ha adquirido cinco o diez minas más, o ha sido hallada en el sudario sin ganancia alguna de sabiduría o de inteligencia y juzguen entonces, según lo actuado y visto, aprobando la ganancia o reprobando el ocio; porque si desechan la negociación antes de todo esto, serán tildados de sumamente injustos, porque habrán juzgado no según lo alegado y probado, sino a tenor de sus propios caprichos.”

NOTAS

  1. Borges, Pedro. “El sentido trascendente del descubrimiento y conversión de Indias”, en “Misionalia Hispánica”, 13. Madrid, (1956), 141-177; Zaballa, Ana de y González Ayesta, María Cruz. “La Nueva Jerusalén en el bajomedievo y en el renacimiento hispanoamericano”, en “Anuario de Historia de la Iglesia”, no. IV. (1995), 199-233; Saranyana, Josep-Ignasi y Zaballa, Ana de. “Joaquín de Fiore y América”, 2a ed. Pamplona: 1995.
  2. Heras, Julián. “Los franciscanos defensores del nativo”, en “Revista Peruana de Historia Eclesiástica”, Lima, N° 3 (1994) 145-164; AGI, Lima, 303; ASFL: Registro 19, N° 42 (Información del hábito de Fr. Gonzalo Tenorio); Córdova Salinas, “Crónica”, 460,1003; Arroyo, “Comisarios Generales del Perú”, Lima, 1950, p. 182; Mendiburu, “Diccionario”, Lima, 1890, VIII, 17; Medina, “Biblioteca Hispano-Americana”, Santiago, 1902, VI, 210.
  3. AGI, Lima, 303.
  4. ASFL, Registro 19, N° 42; Eguiluz, A., “Father Gonzalo Tenorio, OFM, and hisprovidentialist-eschatological theories on the Spanish Indies”, The Americas, XVI (n. abril, 1960) p. 329-56; Phelan, John Leddy. “El reino milenario de los franciscanos en el Nuevo Mundo”. Instituto Investigaciones Históricas UNAM. México: 1972, pp. 169-173.
  5. Córdova Salinas, Crónica, 460.
  6. AIA, Madrid, IV (1915) 137.
  7. Phelan, John Leddy. “El reino milenario de los franciscanos en el Nuevo Mundo”. Instituto Investigaciones Históricas UNAM. México: 1972, p. 171.
  8. cf. 1 Cor1, 27-29.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTE

Archivo General de Indias (AGI).

Archivo Ibero Americano (AIA).

Archivo de San Francisco, Lima (ASFL).

Borges, Pedro. “El sentido trascendente del descubrimiento y conversión de Indias”, en “Misionalia Hispánica”, 13. Madrid, (1956), 141-177.

Córdova Salinas, Diego O.F.M. “Crónica de la Religiosísima Provincia de los Doce Apóstoles del Perú”, Lima, 1651 (ed. con notas e introducción de L. G. Cañedo, Washington, Academy of American Franciscan, 1957.

Heras, Julián. “Los franciscanos defensores del nativo”, en “Revista Peruana de Historia Eclesiástica”, N° 3. Lima, (1994), 145-164.

Phelan, John Leddy. “El reino milenario de los franciscanos en el Nuevo Mundo”. Instituto Investigaciones Históricas UNAM. México: 1972.

Saranyana, Josep - Ignasi y Zaballa, Ana de. “Joaquín de Fiore y América”, 2a ed. Pamplona: 1995.

Zaballa, Ana de y González Ayesta, María Cruz. “La Nueva Jerusalén en el bajomedievo y en el renacimiento hispanoamericano”, en “Anuario de Historia de la Iglesia”, no. IV. (1995), 199-233.


JULIÁN HERAS DIEZ

©Revista Peruana de Historia Eclesiástica, 4 (1995) 155-168